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ALMA MATER
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ISSN versión electrónica 1609-9036

 

Alma Mater Nº 16, 1999

Tabla de contenido


Goethe y la vocación por
el Derecho
(*)

Estuardo Núñez

 

Los siguientes tres artículos seleccionados por Alma Mater son una muestra de la vasta producción crítica desarrollada por Estuardo Núñez desde 1932.

Ya se ha anotado sabiamente que siempre será posible estudiar la figura de Johann Wolfgang Goethe en relación con cualquier problema humano, por ser tan peculiar de este gran poeta alemán de todos los tiempos su extraordinaria universalidad.

En el desenvolvimiento de su larga vida, fructífera en grado sumo, trató o tocó los temas, directa o indirectamente, estuvieran o no dentro del campo literario. La profusión de su obra, su penetración intelectual, su intuición maravillosa, dejan un amplio margen para que, a su sombra, pueda cobijarse cualquier estudio o meditación humana. En forma específica, Goethe incursionó en campos completamente extraños a lo literario: allí quedan sus investigaciones sobre ciencias físicas y naturales: óptica, anatomía, botánica, química, mineralogía y hasta geografía e historia, consideremos o no estas dos últimas disciplinas como ciencias estrictas.

DERECHO Y LITERATURA

Pero podrá decirse: ¿y sobre el Derecho qué escribió o qué opinó? Además, se piensa que no existe nada más extraño al derecho que la literatura, y sin embargo un filósofo del derecho de estos días, Gustav Radbruch, en su Vorschule der Rechtsphilosophie (Verlag Scherer, Heidelberg, 1947), escribió un capítulo sobre la "estética del derecho" y un largo párrafo acerca del Derecho y la poesía. Allí recuerda Radbruch una frase de Goethe dirigida a un amigo de estudios en que exalta la utilidad de ambas actividades, aduciendo que son tan enemigas una con otra, como lo serían los dioses Mammon y Cristo. No obstante al lado de los que así piensan en una oposición irreductible, están los poetas que han alternado su culto literario con las funciones de la magistratura o con el ejercicio de la abogacía, que no son pocos aquí y en muchas partes.

De otro lado, el derecho es un motivo frecuente en la literatura universal, y desde luego en la peruana o hispanoamericana. Me vienen a la memoria los nombres de Clorinda Matto de Turner, el de Enrique López Albújar y los de Andrés Bello y Ciro Alegría. Frecuentemente, las obras dramáticas plantean problemas jurídicos, acogiéndolos o resolviéndolos, desde la época de la antigua tragedia griega y de la comedia romana. A medida que el teatro se emancipa de la influencia religiosa prevaleciente en la época antigua y medioeval, cae precisamente en los tiempos modernos bajo la égida influyente y decisiva del Derecho. Shakespeare tiene dos comedias específicas de tema jurídico: Medida por medida y El mercader de Venecia. No digamos nada del Quijote sobre el que se ha escrito más de una monografía jurídica. El teatro español del siglo de oro fue nutrido igualmente por conflictos de derecho, como puede verse claramente en Fuente Ovejuna y La Estrella de Sevilla de Lope de Vega. Tirso de Molina no le queda a la zaga, ni Alarcón. Y lo mismo en el teatro más reciente de Hauptmann, de Ibsen, de Bernard Shaw, Pirandello u O´Neill.

Se explica que así sea, puesto que si el punto de partida del teatro antiguo fue la existencia de un Destino todopoderoso, al que estaban sujetos los hombres y las voluntades humanas en forma irrevocable, en la época moderna el punto de partida son los conflictos humanos, sobre la base del reconocimiento de la libertad y la autonomía de la voluntad del individuo. Asimismo, el derecho vinculado al sacerdocio o la liturgia religiosa en los primeros tiempos de la humanidad, fue adquiriendo independencia progresiva hasta regularse, en Roma, la vida jurídica, sin ingerencia extraña. En último término, la fuente común para lo literario y lo jurídico es el hombre y sus problemas.

EDUCACIÓN JURÍDICA:
GOETHE, ABOGADO

En la familia de Goethe era tradicional la dedicación al Derecho. En la línea materna, los Textor habían sido magistrados por muchas generaciones. En la línea paterna, el padre Dr. Johann Gaspar Goethe inauguraba una secuela de abogados que pretendía ver continuada en su hijo único Johann Wolfgang. Sin descuidar una integral formación humanista, que incluía el dominio de lenguas muertas y modernas, la educación del futuro poeta estuvo dirigida hacia el derecho. El 1765, a los 16 años, el joven Goethe es enviado a estudiar derecho en la Universidad de Leipzig, ya que en su ciudad natal –Frankfort del Main– no se impartía enseñanza jurídica superior. De su aproximación al Derecho, en esa época, dan razón las Memorias de Goethe en esta forma:

"Los juristas, habituados desde jóvenes a un estilo abstruso, que se conservaba del modo más barroco en todas las instancias, desde la escribanía del Juzgado hasta el Supremo Tribunal de Ratisbona, no podían llegar fácilmente a una cierta libertad, tanto más cuanto que los asuntos que tenían que tratar estaban en íntima relación con las formas exteriores y, por consiguiente, con el estilo".

Por aquella época, no eran los estudios del Derecho, en Leipzig, por especulativos y áridos, los que podían atraer el interés de un espíritu sediento de nuevas experiencias espirituales y pletórico de vitalidad, ansioso de elementos en qué desbordar su fantasía. Por lo demás, ya Goethe al lado de su padre había adquirido nociones jurídicas fundamentales, de modo que la enseñanza de Leipzig, en gran parte incidía sobre conceptos para él conocidos. Los 3 años de estadía en Leipzig no fueron mayormente fructíferos en cuanto se refiere a la formación en el Derecho. Mejores resultados brinda su reanudación de dichos estudios en la Universidad de Estrasburgo.

"Aquí la enseñanza –dice en las Memorias–, por la influencia de Francia, estaba orientada hacia lo práctico y en el sentido de los franceses, a quienes gusta atenerse a lo existente. Se procuraba dar a todo el mundo ciertos principios generales, ciertos conocimientos previos, pero abreviándolos todo lo posible, y sólo se enseñaba los más necesario".

Pero su inquietud excedía las fronteras de una sola rama del conocimiento. Creaba poesía, estudiaba literatura antigua y moderna, insistía en investigaciones de medicina y anatomía, empezaba ciertos ensayos científicos en el plano de la botánica, la química o la física, estudiaba las características de la arquitectura gótica alemana. No obstante, el 6 de agosto de 1771, a los 22 años, Goethe obtuvo el título de abogado en la misma universidad de Estrasburgo. Para su disertación escogió "un tema de carácter general en que se mezclaba la historia eclesiástica con el derecho político". El tema era raro y atrevido. Siguiendo los pasos de Rousseau en El Contrato social. "Goethe pretendía demostrar que el Estado tiene no sólo el derecho sino la obligación de establecer un Culto que deben acatar tanto el clero como los laicos", dice Bielchowsky en su conocida biografía. Lo curioso es que acentuó el tono revolucionario de su tesis, a fin de que la censura le impidiese la publicación. En efecto, el Decano le propuso dejar la disertación inédita y plantear otro tema de examen a juicio del jurado. Y así se hizo. La antedicha disertación fue destruida a continuación por el autor, con gran contentamiento suyo.

VICISITUDES EN LA PRÁCTICA DEL DERECHO

Concluidos los estudios, el joven doctor Goethe regresó a Frankfort, en donde el padre habría de iniciarlo en la actividad del derecho. Pero hubo ya una fundamental oposición de intenciones. El padre empeñado en hacer del hijo un jurisconsulto; el hijo insistente siempre en su propósito de ser un gran poeta. En Frankfort se iniciaron sus prácticas de abogado. A los pocos meses –notando seguramente pocos resultados positivos– el padre, deseoso de completar su formación profesional, le consiguió una plaza de letrado en el Tribunal de Apelaciones de Wetzlar, pequeña ciudad cercana a Frankfort. Pero, de la primera estación de abogado, nace su drama Goetz de Berlichingen y de la estadía de varios meses en Wetzlar, se brinda a la posteridad la creación del Werther. Ni el abogado practica el derecho ni el auxiliar del Tribunal acude a los expedientes. La gloria le había dado cita distinta. Su prestigio literario era ya definitivo y no había posibilidad alguna de vacilar. Su vocación era clara y definitiva. El Derecho quedó abandonado por el resto de su vida. Al poco tiempo, en 1775, Goethe establecía su residencia en Weimar, en donde habría de llegar a ser el árbitro de los destinos literarios y culturales de Alemania y de Europa.

LA OBRA DE GOETHE Y EL DERECHO

El derecho meció la cuna o inspiró los años de aprendizaje de grandes poetas y escritores como Goethe, Schiller, los hermanos Grimm en Alemania, y el gran bardo Torcuato Tasso, en Italia.

Dentro de la vida de Goethe, precisamente fue Tasso un poeta preferido y un tema predilecto. La primera aproximación al autor y al hombre se operó en virtud de una coincidencia biográfica. Tasso había sido destinado por sus familiares a la carrera del derecho, pero su vocación irreductible por la poesía le hizo contrariar la decisión de sus ascendientes y le trajo amargas divergencias familiares. Exactamente el caso de Goethe como estamos viendo. De aquí la simpatía por el personaje, que más tarde lo eleva a la categoría principal dentro de su drama Torcuato Tasso.

Pero en otro drama terminado en Italia, Ifigenia en Táuride desenvuelve el tema propiamente jurídico. En realidad es un poema ideológico, que glorifica la idea del derecho internacional y la veracidad y la justicia como sustento de este derecho. Y agrega Albert Haas:

"Es la obra de un gran poeta que era de estado activo y que creía en la humanidad y su progreso. Es, en forma simbólica, la historia del origen de la civi-lización como idea moral de justicia internacional".

Para Goethe, el extranjero no puede seguir siendo el "hostis", el enemigo o el disminuido legalmente. El derecho internacional público y privado lo iguala ante la ley común, mientras se mantenga en el plano de lo lícito. Ese derecho internacional que ampara a todos los hombres, hace inviolables, sin diferencias, al griego como al bárbaro, a los nacionales y extranjeros, mientras hayan cumplido y respetado los deberes humanos: el respeto al derecho del prójimo, la veracidad en las relaciones entre individuos, aunque las creencias o los orígenes fueren distintos.

En otras obras como Egmont o Goetz de Berlichingen se realizaba el ideal de la justicia social frente a la imposición del despotismo o la incomprensión de los gobernantes.

No llegó Goethe a ser un jurista. Pero a lo largo de toda su obra le obsesiona siempre la idea de la justicia. En su mencionado drama Goetz de Berlichingen plantea el conflicto entre la personalidad y el orden jurídico y exalta la rebeldía contra el derecho, cuando éste se aparta de la idea de justicia. Con todo, más tarde, conversando con Eckermann, pronunciará su repetida frase: "prefiero la injusticia al desorden", tan esgrimida por los conservadores. Acaso podría interpretarse jurídicamente su pensamiento: es preferible la injusticia que puede afectar al individuo, que la destrucción del orden jurídico, en que se sustenta la sociedad. O lo que es lo mismo: perezca el individuo pero sálvese la sociedad. Estaba en acción la idea histórica del derecho. Un contemporáneo suyo, Savigny precisamente, había escrito en 1814, un volumen sobre la vocación del siglo por la legislación y la ciencia del derecho y había fundado una escuela y un punto de vista nuevo para enfocar los problemas jurídicos. Ese punto de vista se nutría de la misma inquietud que había informado en otro terreno, el movimiento del "Sturm und Drang". Pero Goethe era de una naturaleza excepcional; su vocación no podía desplegarse sólo sobre una rama específica de la cultura; su vocación incidía en la cultura toda, en su integridad y en su universalidad. Era el poeta en el más alto sentido de la palabra. Si cultivó el derecho y fue abogado, no podía empero dejarse ganar por él, no podía consagrarse a su culto. Y así fue fiel a su propia vocación, como buen señor de su pensamiento y de su destino.

GOETHE Y SAVIGNY

Friedrich Karl Von Savigny (1779-1861) nació como Goethe en Frankfort del Main, el mismo día, aunque 30 años después de Goethe (1779). Había hecho estudios de derecho también en Wetzlar, sede del tribunal de Apelaciones –en el cual hizo su práctica jurídica el joven Dr. Goethe–, al lado de su tutor Von Neurath, famoso abogado y asesor del Tribunal. Luego estuvo en Jena, a un paso de Weimar, como oyente de las lecciones de Hegel. Al fundarse en 1810, la Universidad de Berlín, Guillermo de Humboldt lo llamó a su lado y le encomendó la cátedra de derecho romano. Era afín a Goethe en su persona y en su concepción de la cultura. Existe una carta de Bettina Brentano (su cuñada) a Goethe en que la primera traza la semblanza de Savigny y el cuadro de su inquietud espiritual renovadora y comprensiva. Su discípulo Jacob Grimm –famoso investigador literario–, anota que en la biblioteca particular de Savigny, "ya numerosa y elegida, vi muchos libros extraños a la ciencia del derecho, entre otros, la edición de los Minnesingers alemanes de Bodmer, que más tarde tanto me ocupara". Y su hermano Guillermo Grimm, agrega: "¡Por cuántas cosas despertó nuestro interés! ¡Cuántos libros conocimos en su biblioteca! ¡Con qué encanto nos leyó algunas veces pasajes del Wilhelm Meister y poesías de Goethe!".

Rudolf Von Jhering, ocupándose de la figura de Savigny, (en Tres vidas ilustres: Hugo, Savigny, Jhering, Buenos Aires, 1945), precisa aún más la compenetración de los dos genios, el de la literatura y el del derecho:

"Para la historia de la jurisprudencia este nombre (Savigny), no pesa menos que el de Goethe para la historia de la poesía y la literatura alemana, pudiendo uno imaginarse que el destino quiso moldear al uno sobre el otro; tan exactamente paralelos son sus destinos respectivos. Sólo pocos meses faltaron para que el término que la naturaleza puso a su existencia material hubiera sido el mismo".

VIDAS PARALELAS

Traza Jhering el curso de las vidas paralelas. En la cuna de ambos"hicieron guardia los duendes de lo vulgar, de lo estúpido, de la impureza del lenguaje, del dogmatismo sectario", impe-rantes en el siglo XVIII alemán, lo mismo en la literatura que en la jurisprudencia y el derecho.

"Ambos contaban 24 años cuando dieron el primer golpe, que bastó para herir en el corazón a aquellos monstruos, el uno con Goetz y Werther, y el otro con El derecho de la posesión; en ambos casos, apartán- dose de lo tradicional y de los prejuicios dominantes".

El pensamiento jurídico de la época fosilizado y fragmentado, desnaturalizado y desvitalizado, determinó sin embargo resultados distintos: la aversión de Goethe por el derecho y la reacción de Savigny, en pos de una nueva concepción del mismo.

Goethe se impuso profundizar en la raíz alemana de la literatura y la poesía, proyectándose hacia la literatura universal. Savigny aconsejó que para conseguir la estructuración de un derecho nacional alemán, debía estudiarse detenidamente la aplicación de las leyes y de la jurisprudencia romana y el desenvolvimiento de la historia del derecho romano hasta la actualidad.

Mientras Goethe se evadió del derecho hacia la acción literaria, Savigny emprendió la regeneración de la jurisprudencia con empuje juvenil y precoz madurez. El destino los conduce por senderos diferentes, pero en cuanto a su posición exterior, la vida de Savigny (como ministro de legislación de Federico Guillermo IV de Prusia), se desenvuelve en el mismo nivel que la de Goethe (como primer ministro del ducado de Weimar), e igual que éste, lucía una figura majestuosa, dignidad, aplomo y autoridad ejemplares. Su vida transcurrió para el uno y el otro, hasta la prolongada ancianidad, sin graves preocupaciones y plena de poder y de honores. Este paralelismo es tan significativo como en el caso de Alejandro de Humboldt, otro dilecto espíritu goethiano, y de su hermano Guillermo. Si bien Goethe viajó por España y el mundo hispanoamericano en las personas de Guillermo y de Alejandro de Humboldt, podríamos afirmar también que Goethe realizó su vocación jurídica en la persona de Federico Carlos de Savigny.

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* Artículo publicado en la Revista Jurídica del Perú, 1950.

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