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ALMA MATER
© UNMSM. Fondo Editorial

ISSN versión electrónica 1609-9036

Alma Mater    1998;  (15) : 171-181


RESEÑAS


Carlos Eduardo Zavaleta
El gozo de las letras
(Lima: Pontificia Universidad Católica del Perú, 1997. 554 pp.) 


La producción de un hombre de letras suele dispersarse en razón de los medios,las obligaciones, los compromisos y el tiempo. Constituye un gesto de generosidad para con el lector el reunir en libro una selección de aquellos textos publicados en diferentes periodos y espacios. Mayor virtud si el autor agrega a la colección algunos trabajos inéditos.

Este es el caso de Carlos Eduardo Zavaleta, quien ha recolectado en El gozo de las letras una amplia gama de temas hacia los que ha dirigido su atención en los últimos 40 años. Se trata de artículos de diversa dimensión y profundidad, cuya variedad tiene que ver con la naturaleza del destino de la publicación, el que puede estar configurado tanto por una reseña o comentario periodístico, como por un artículo crítico en revista académica, contando, además, con las modalidades de la conferencia, la ponencia, el prólogo y la entrevista. Cada forma discursiva posee sus particulares exigencias en cuanto a tono, extensión o densidad, así como en lo referente al protocolo y al ritual que le son más acordes.

Una visión se va imponiendo en el proceso de lectura de sus ensayos y es la de una activa y reveladora conciencia autobiográfica. Esta no es aquí solamente la historia de una vida, pues de lo que se trata es de la historia de una vocación, de cómo se ha hecho realidad, de qué proyectos y esperanzas sigue nutriéndose. Pero lo esencial de esta exteriorización vital es que la anima un enérgico sentido de pertenencia a una realidad de cultura como la nuestra.

Zona relevante en el tratamiento autobiográfico del libro es la que está conformada por la llamada Generación del 50 y el lugar que le corresponde al autor en ella. Zavaleta es un acucioso analista de su propia generación y gracias a sus apreciaciones ingresamos en múltiples estratos de la historia cultural del país. Le interesa especialmente determinar las funciones y responsabilidades que su Generación ha asumido en el contexto de la literatura peruana. Hay en él una persistente voluntad de justicia en términos de reconocimiento y de restitución en lo que a este conjunto de escritores se refiere.

En cuanto a nuestra literatura, Zavaleta busca su desarrollo y consolidación. Con tal objetivo se dedica a señalar logros o alcances obtenidos en el camino de la perfección artística por los escritores peruanos. Para él la literatura es la lucha por la configuración artística del lenguaje y de la estructura. Se trata de una vía de fracasos y de éxitos individuales, cuyo conjunto interesa más que las acciones particulares. Zavaleta cultiva la idea de una continuidad en el aprendizaje colectivo, en la que lo alcanzado por unos sirve de sustento a los que vienen. Es así como se construye una historia de la literatura narrativa contemporánea del Perú alrededor del progresivo dominio de la competencia artística. Por momentos se tiene la impresión de que lo ideal para el escritor sería una historia de la literatura peruana sin nombres. Sin embargo, es claro que procura identificar y mostrar con precisión quién logró qué en la literatura nacional. O, más precisamente, a quién hay que agradecer por el éxito del presente.

Ezra Pound proponía en El A-BC de la lectura (Buenos Aires: Ediciones de la Flor, 1968, págs. 32-33) que los estudios literarios deberían encargarse principalmente de los escritores que habían hecho algún descubrimiento técnico notable y de aquellos que emplean tales procedimientos igual o mejor que sus inventores. En tal sentido, si bien Zavaleta se muestra intensamente preocupado por lo que hay de descubrimiento e innovación técnica en nuestra literatura, cabe indicar que una parte considerable de sus observaciones en este campo se oriente hacia la línea del aprendizaje y aplicación creativa de avanzados recursos artísticos procedentes de la literatura internacional.

Aunque el concepto de evolución sostiene sus apreciaciones críticas, el autor no cae en el prejuicio de suponer que las obras anteriores en la serie histórica son necesariamente mediocres. Reconoce que también valen por sí mismas como piezas únicas y que las obras maestras están por encima de su lugar histórico.

Bajo la premisa sustentada a través de los años de que lo esencial en la narrativa está en "renovar las formas de contar" (pág. 190), podemos arriesgamos a distinguir en sus artículos qué es una buena novela para Zavaleta. Dentro de una composición minuciosa, y, sobre el fondo o tapiz del argumento rigurosamente estructurado, la acción aparece como el elemento generador de todo componente del relato. Se exige que la caracterización profunda de los personajes, plenamente integrados en su ambiente y en su lenguaje, resalte por su autenticidad, liberándose de la obligación de ser simples ilustrados "de las ideas del autor" (Pág. 434). A todo ello se remiten frases como: "argumentos sólidos", "trabazón novelística", "levantar un mundo de ficción", "dibujar personajes inolvidable", etc. Principios clásicos en la tradición novelística occidental, pero en un escritor atento y respetuoso frente a los deberes de experimentación e innovación que constituyen el meollo de todo trabajo en literatura.

No obstante, sus nítidas preferencias por la arquitectura del conjunto, hay un componente que ejerce particular fascinación en Zavaleta, y éste es el perfil artístico del estilo. Estilo no como un fin en sí, pues va como instrumento subordinado al conjunto, pero valorado, en cambio, como el único factor que puede distinguir cuándo un narrador es ya un escritor. La prosa novelística, definida por Zavaleta como el lenguaje de la "descripción exacta" (pág. 432), excluye la noción de estilo como artificio sobrepuesto al lenguaje natural. Estilo y tema conservan una relación de adecuación mutua, cuyo orden niega al estilo una existencia previa a la escritura, bajo el postulado de que es en la "urgencia de la narración" (pág. 433) donde se encuentra el origen de todo acontecimiento de estilo. Los hechos de palabra, el hacer en tanto decir singular, la lengua individual, desde la perspectiva de la autenticidad narrativa y del proyecto artístico, fueron una motivación radical en la constitución de los principios generacionales del autor. Consciente de la rapidez con que un estilo se hace monótono y envejece, Zavaleta sabe distinguir cuándo un escritor alcanza la maestría como artista, En un comentario sobre James Joyce anota que su "dedicación -al lenguaje (...) le ha valido el sitial de estilista, el mayor de que puede gozar un escritor" (Pág. 506). Es claro que para Zavaleta la creación verbal constituye tarea fundamental del novelista.

Dos etapas o maneras críticas sobresalen en esta colección de ensayos. Una, la del joven escritor que ejerce con solvencia el trabajo crítico académico, sustentando sus opiniones exhaustivamente en la discusión de la tradición erudita sobre el tema y en el preciso examen del texto. En este periodo, cuando Zavaleta ejerce la crítica literaria procura metódicamente dar cuenta de los contextos, carácter, significado y valoración de la obra. Su tono es analítico, distante, impersonal. Ejemplares por su complejidad y riqueza son los trabajos que dedica a W Shakespeare, J. Joyce, T.S. Eliot, W Faulkner y E. Heming\vay En estos casos, el conocimiento crítico, el punto de vista personal y la observación objetiva, permiten que la obra examinada esté en disposición de ser valorada equilibradamente. La segunda manera, el momento en que Zavaleta decide hacer crítica como escritor y no como crítico especializado, se distingue por el abandono del aparato metodológico para permitir el acceso de una tonalidad subjetiva más flexible e informal, en la que, en muchos casos, la persona autobiográfica participa de forma predominante en el ejercicio crítico, proporcionando interesantes apuntes sobre la propia obra o polemizando abiertamente en contra de las cegueras e injusticias de los críticos frente a determinado escritor. El cambio consiste en preferir la mayor injerencia del procedimiento literario evocativo, imaginativo en la captación del objeto crítico y en optar por una comunicación más íntima con él. En este terreno constituye un modelo su exposición sobre José María Arguedas, en la que el tejido analítico acerca de la obra se ve fortalecido por la memoria personal del encuentro y amistad con el novelista. Entre el grupo de artículos inéditos de ese sector quisiera mencionar el que dedica a Raúl Porras Barrenechea, fechado en 1997. Excelente homenaje a la persona moral y al escritor. Es inevitable considerar este ensayo como una reivindicación ante la irrespetuosa imagen que alguien ajeno al sentido del tacto y de las proporciones hizo no hace mucho sobre el maestro sanmarquino. De otro lado, el diagnóstico periodístico de 1981 titulado "La cultura española en la transición democrática" (1975-1980 contiene un pasaje descriptivo que no permite apreciar la técnica literaria de Zavaleta de involucrarse en la captación del personaje y entorno. En el citado artículo, el ingreso de Borges a una conferencia en Madrid (1980) recibe el siguiente tratamiento: "El primer contacto fue una atestada conferencia sobre la metáfora. Ver y oír a un ciego siempre será motivo de inexplicable temor, quizás de culpa por impedirle ver, y de alivio por no se nosotros como él. Pero el ciego Borges es un espectáculo sólo al principio trágico. Luego es admirable, su cabeza de pajarillo inquieto sigue el compás de las voces, aunque sus labios esbocen a cada rato sonrisas para nadie, o demasiado duraderas, quedándose huérfanas en el aire. Así, sonriendo destiempo, abre la conferencia por unos minutos y enseguida invita al diálogo en el cual los demás parecen, extrañamente, más tímidos que él. Viene la primera pregunta y él responde como literato y como hombre. Cita a un tigre amarillo, viejísimo en las letras, y cuenta que el amarillo es el color suyo, el de los medio ciegos, que no ven casi otra luz". (Págs. 418-419). Podemos comparar esta escena con una similar que figura en el recuerdo escrito en 1996 de la llegada de Aldous Huxley a una conferencia en Nueva York (1954): "en medio de una ruidosa audiencia, la luz amarillenta del escenario perfiló a un hombre muy alto y delgado, apenas viejo, gachos los hombros y como arrastrando las dos alas rugosas de su abierto saco; hundió todavía más la cabeza al oír la ovación. Y luego anduvo tímidamente, ingenuo y cegatón, rozando los pies el suelo y con una sonrisa de incomodidad y azoro; avanzó, torcida la cabeza a un lado, se guareció tras el pupitre, inclinó un ojo saledizo sobre los libros que depositaba, y en un gesto bravío, alzó por fin sus ojos y brillaron muchas arrugas en sus párpados. La ovación arreció por un minuto largo y luego cesó.

Con grandes anteojos de aros negros, sus manos largas, lechosas y femeninas alisaron los cabellos grises. Entonces pareció un ciego, desarmado ante una cercana pero invisible audiencia. Su andar y ahora su voz tenían la inseguridad y el rubor, quién sabe la humillación, de un niño torpe. Había una gran paradoja entre el incurable autor, irónico y sabiondo, y este hombre real, huidizo ante el público" (Pág. 473).

En ambas modalidades la actividad crítica de Zavaleta se halla en búsqueda de lo simbólico, de lo trascendente. No gusta del juego literario, lo que es explicable en un escritor inclinado hacia los tonos graves y trágicos de la vida.

El gozo de las letras de Carlos Eduardo Zavaleta podrá ser apreciado como un amplio repertorio de métodos, ideas y valoraciones en torno a la literatura. 0 como un archivo de precisas acotaciones autobiográficas. En lo personal, considero, sobre todo, debe ser reconocido como el testimonio de una reflexión permanente sobre la palabra en tanto signo insoslayable de cultura.

Eduardo Hopkins Rodríguez


Carlos Eduardo Zavaleta
El precio de la aurora
(Lima, Ricardo Arigulo Basombrío, 1997. 215 pp.)


Con una continuidad encomiable, Carlos E. Zavaleta nos entrega su séptima novela. El precio de la aurora.

Creemos reconocer en esta elaborada y madura ficción algunas de las constantes temáticas y estructurales del autor, pero, al mismo tiempo, la obra nos sorprende y nos envuelve con su bien manejada dosis de suspenso, de tensión y con su insuperable capacidad para mostrar las motivaciones últimas y deseos acuciantes de los personajes que animan la narración.

Desde el punto de vista de las acciones, el relato novelesco gira alrededor de un dinámico trío de personajes (Merche, Ada y Alfonso) que entrecruzan y enfrentan sus vidas en el premonitorio Madrid de 1975, año en que muere el Generalísimo Franco, cerrando toda una época y abriendo otra en la agitada historia contemporánea de España.

La novela está construida por un narrador en tercera persona, externo a los sucesos que hilvana, pero con un conocimiento profundo y agudo de Merche, una joven española de Toledo, que vive modestamente en Madrid, en compañía de su hermana Anamari, su amiga Mili, y de Ada, una joven estudiante peruana, a través de la cual llega a conocer a Alfonso Méndez, un ejecutivo peruano exitoso, mundano, novio de Ada, con un misterioso y atractivo pasado político, que abandona a su novia y se embarca en una nueva, absorbente y definitiva aventura amorosa con la joven Merche, a quien aparta de su estrecho refugio doméstico y la transporta a otros mundos que trascienden, incluso, el ámbito cosmopolita de la capital española.

Otro acierto de la novela es que al contraponer a personajes peruanos con españoles, recrea con una notable verosimilitud los registros idiomáticos de los seres de la ficción novelesca, y así se vuelven más realistas y convincentes a los ojos y oídos de los lectores de ambos lados del océano.

En cuanto al universo representado, El precio de la aurora tiene el acierto de fusionar la vida cotidiana y banal de algunos seres casi marginales, con la vertiginosa dinámica laboral, política e internacional de esos agitados años del último cuarto del siglo XX, en que se desarrollan hechos que tendrán enormes repercusiones en el rumbo que tomarán, años más tarde, España, los países hispanoamericanos y el mundo entero, al producirse el colapso del llamado sistema socialista. Incluso, en el caso peruano, el año 75 también es simbólico porque en él se derrumba la denominada experiencia revolucionaria del General Velasco y sube al poder un militar que desmontará el esquema social y político velasquista e implementará un plan para restaurar el camino democrático por el que ahora transitamos. Ecos de estos sucesos cruciales también se perciben en la novela.

Si la joven Merche encarna el encanto de la belleza seductora y la fuerza de la pasión amorosa dispuesta a luchar y vencer a Ada -su rival peruana que acaba en la muerte-, Alfonso Méndez, también peruano, pero con muchos años de residencia en Madrid y aun en Miami, representa al hombre de mundo, con un largo y rico historial personal, laboral y político, que seduce, primero a Ada, y luego, en forma definitiva, a la inquieta y decidida Merche.

El intenso y conflictivo idilio que ambos viven nos permite acceder al conocimiento de los varios mundos en los que se desenvuelve, como pez en el agua, el avezado ejecutivo y seductor Alfonso. Así, descubrimos que no sólo se mueve con éxito en el mundo frívolo de las modelos, de los cosméticos y de los desfiles de modas en fastuosos ambientes madrileños, sino que, además, se da tiempo para cultivar sus antiguos vínculos con la política limeña y sigue de cerca y con interés los sucesos que ocurren en el Perú entre febrero y agosto de 1975.

Introduce, por supuesto, a Merche como modelo en el glamoroso mundo de los cosméticos y aun es capaz de conjurar ciertas intrigas de algunos de sus envidiosos colegas españoles que se resisten a la idea de ser dirigidos por un ejecutivo peruano, y hasta mantiene nexos con los movimientos políticos del país vasco, y en todas estas agitadas andanzas lleva consigo a Merche y con ella se marcha, finalmente, a New York el día memorable que entierran a Franco, hito y señal de una, nueva vida para los personajes y para la Historia con mayúsculas.

Zavaleta, con El precio de la aurora, supera, una vez más, los encasillamientos cronológicos y los determinismos temáticos e ideológicos, y reafirma su vigencia en la actual escena de la novelística peruana y latinoamericana.

Antonio González Montes


Carlos Eduardo Zavaleta 
Pálido, pero sereno
(Lima, Fondo Editorial de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, 1997; 419 pp.)



La publicación de Pálido, pero sereno viene a mostrarnos, según lo ha advertido ya Washington Delgado, lo más depurado de la obra literaria de Carlos Eduardo Zavaleta, nombre mayor e indesligable de la Generación Peruana del 50.

La novela, donde Zavaleta hace gala de un depurado conocimiento literario y de un manejo, casi natural, de formas y estilos diferentes, narra la historia de Pablo, un muchacho provinciano que, librándose de los atavismos de su entorno -con mucho de trabajo y algo de suerte-, logra una expectante situación económica que le permite enfrentar los grandes fantasmas de su infancia, encarnados, principalmente, en Javier -Javíbora-, su tío materno.

La obra, dividida en cinco libros y 46 capítulos, tiene un formato circular que empieza con la vuelta de Pablo a Lima, ya con cincuenta años, fama y fortuna; el enfrentamiento definitivo con el tío Javier, cuyo linchamiento es sólo una sombra imprecisa en los diálogos tortuosos con su madre anciana y Lucía, la novia tantos lustros postergada; y finaliza con el triunfo final sobre Javíbora -ajusticiado por el pueblo-, la muerte de la madre -egoísta e injusta hasta en el desfallecimiento- y la satisfacción del matrimonio de Pablo y Lucía, que enfrentan el reto del futuro en común sin las angustias e incertidumbres de tantos años.

En el devenir de la novela, asistimos al desarrollo de la personalidad del protagonista, que de ser un niño que miraba sorprendido el atardecer en Chimbote se convierte en el hombre consciente de la miseria humana que, sin embargo, empeña sus fuerzas y esperanzas en un generoso pacto con la vida.

Pálido, pero sereno es un recorrido por todos los sentimientos humanos, desde la infinita solidaridad de los pueblos hasta las más humillantes y degradantes muestras de egoísmo y avaricia. Personalidades enfrentadas van tejiendo el armazón de una novela que aspira a mostrarnos lo más variado del alma humana y las mil y una vueltas que las existencias de los hombres van dando en este carrusel, en esta mascarada, de la vida.- Zavaleta convierte a los personajes en metáforas, en representaciones de las virtudes y de los defectos humanos. Desde el probo, inteligente y correcto Pablo, la siempre alegre y vital Elaine, la fiel y eterna Lucía, hasta el sobre protegido David, la madre injusta y egoísta, y el tío Javier, voraz y miserable, todos los personajes, que son innumerables y pueden, muchos de ellos, adquirir ciudadanía propia dentro del imaginario de Zavaleta, asisten al autor en la elaboración de un mapa universal del alma humana, donde coexisten almas intachables e insobornables, como Lucía y Elaine; vidas en eterno conflicto ético, como la de Pablo; y personajes oscuros e incapaces de redención, como Javíbora. Cualquiera que ingrese al recorrido vital de la novela, encontrará un impresionante desfile de personajes que busca dibujar, a veces a profundidad y a veces a grandes trazos, el mar inconmensurable de seres que habitamos, este fin de siglo, el planeta. La dicotomía, la idea de "el mundo dividido", se encuentra marcadamente establecida en la novela; los contrastes entre la ciudad y el campo, entre lo artesanal y lo industrializado, entre una capital virreinal y decadente como Lima y una ciudad cosmopolita como Nueva York, entre la Norteamérica de las hamburguesas y la Europa devastada, pero siempre impresionante, de la post guerra, entre el liberalismo nórdico y los prejuicios tercermundistas, entre la generosidad y la rapiña, van abriendo un abanico de contraposiciones que colabora en gran medida con la intención abarcadora del autor, con la visión totalizadora de un universo que no es exclusivamente justo ni injusto, que connota una insaciable voluntad de fuerzas contrarias afanadas por alcanzar la hegemonía y que se resuelve con pequeños triunfos de la bondad y de la generosidad, siempre acechados por la infinita capacidad destructora del hombre. La victoria, como la vida, nunca es definitiva; siempre espera, con la paciencia del cazador, la sombra del fracaso y de la muerte.

Párrafo aparte merecen los monólogos interiores de la madre de Pablo. Grimanesa, mujer obsesionada, injusta, egoísta e implacable, marca de manera indeleble el carácter del protagonista, quien, sin embargo, mantiene un constante ánimo de comprensión y tolerancia con una mujer plagada de resentimientos y amarguras. Ella, vieja y tullida, relegada en una silla de ruedas por la propia tiranía de la vejez y de la corrupción del tiempo, elabora un discurso íntimo y personal donde justifica sus actitudes y se redime, desde su personalísima visión del mundo, de las injusticias y atropellos que cometiera. Estos monólogos constituyen, sin lugar a dudas, el más impresionante logro y el mayor aporte de la novela.

Con Pálido, pero sereno, Zavaleta nos presenta la obra más importante de su producción literaria y nos enfrenta a nuestros monstruos y fantasmas, personales y sociales, con la habilidad de un escritor que ha hecho de este oficio un modo de vida provocador e irrenunciable, y con la sabiduría de un maestro acostumbrado a conducir a sus alumnos por los senderos de la Verdad y de la Belleza.

José Luis Mejía


Virgilio Roel
El desarrollo económico según los mercantilistas, fisiócratas y liberales clásicos
(Lima: Universidad Nacional Mayor de San Marcos, 1997, 88 pp.)

Virgilio Roel es doctor en economía por la Universidad de San Marcos y ha realizado estudios de postgrado en la Universidad de Berlín y en la Escuela Holandesa de Economía de Rotterdam. En este, su más reciente libro, explica, compara y critica los planteamientos vertidos por las tres grandes escuelas de pensamiento económico capitalista, desde el siglo XVI hasta fines del XIX. Los análisis que hace de la primera y tercera escuelas son especialmente interesantes por los posibles paralelos con nuestra historia cercana, El mercantilismo vio, conveniente la creación de monopolios estatales, a la vez que consideró al empresario privado carente de las aptitudes indispensables para alcanzar el éxito sin la protección activa de los gobernantes y percatándose de la importancia de la balanza comercial, propugnó disminuir las importaciones y aumentar las exportaciones, a través de diversos mecanismos arancelarios. Cabe preguntarse si estos consejos del siglo XVI nos suenan tan cercanos, ¿a qué se debe que nuestro país, como consecuencia de su aplicación, no desarrollase en la forma que lo hicieron las hoy potencias europeas-

Por otro lado, las máximas de los liberales clásicos han perdido aún menos su actualidad, según ellos la prosperidad nacional se da: cuando los salarios y la demanda laboral aumentan continuamente incrementándose en consecuencia la capacidad de ahorro, si para el gobierno tanto industria como agricultura son prioritarias y se promueve la inversión respetando la propiedad privada. Constriñe en cambio el desarrollo: la ausencia de alternativas para escoger un trabajo (lo cual ocurre si el desempleo crónico obliga a aceptar cualquier ocupación, con independencia de que se cumpla o no en esta, la adecuada revelación entre la formación técnica o profesional que el trabajador posee y la remuneración que le es ofrecida), una escasa libertad en el comercio agrícola (consecuencia de la intermediación especulativa ) y que el crecimiento industrial se vea revertido (cuando por ejemplo, un bajo poder adquisitivo limita las posibilidades de consumo en las personas).

Todo esto solventado mediante citas, en uno de los más esperados, reveladores y accesibles aún para el lego, libros de economía publicados en los últimos años.

Alejandro Valencía-Arenas


José Sánchez García
Personalidad Bordeline y Narcisista
(Lima: Universidad Nacional Mayor de San Marcos, 1997, 363 pp.)

Si bien este libro emerge en el ámbito de los estudios psiquiátricos y está dirigido a especialistas, el autor utiliza un lenguaje que en lo posible evita los obstáculos para la comunicación con el lector no iniciado.

La obra de José Sánchez García en un fin de siglo en donde apenas destacan grandes figuras en el campo de la psiquiatría, como las producidas décadas atrás en Europa y los Estados Unidos, tiene el gran mérito de remitirnos confrontándolos, en un meticuloso análisis y síntesis, a los aportes, en algunos casos opuestos en otros complementarios entre sí, que en torno al estudio de la personalidad Bordeline y Narcisista se han realizado en este siglo.

Entre los neuróticos que por lo general aparentan normalidad y los sicóticos, se extiende un continuum que roza los bordes de ambos; es la "Personalidad Bordeline" en donde, combinadas o no con causas genéticas, suelen ser factor detonante las actividades de los padres en relación con el niño durante los primeros 26 meses de vida.

El autor estudia el diagnóstico, la posible medicación y nos presenta las características típicas del Bordeline, algunas de los cuales citamos a continuación:

"Necesidad de ser amado y ser el centro de atención, pensamiento vago en situaciones no estructuradas, alta socialización bajo la forma de adaptación superficial, intentos de suicidio (preferentemente cortes en la muñeca) para llamar la atención y relaciones interpersonales próximas perturbadas, con tendencia a la depresión ante una persona importante".

Es de notar que no sólo muchos de los grandes literatos encajan en esta clasificación, sino que, además, dados los altos niveles de estress a que nos somete la sociedad postmoderna, los casos Bordelaine tienden a multiplicarse.

Por último trata de la personalidad Narcisista, dividida en tres subgrupos, de los cuales dos serían casos neuróticos y el tercero encajaría dentro del espectro Bordeline.
(Alejandro Valencia-Arenas).



Alfonso Cisneros Cox
Voces íntimas
Lima, noviembre de 1996


Versos como agua tranquila, niebla ligera de mar, o arena fina, presentes en los tres hai kai de la primera página nos anuncian el tono y la voz que iremos disfrutando con la poesía de Alfonso Cisneros Cox en su más reciente poemario.

Poesía de contemplación de objetos y paisajes naturales a los que se hace hablar de tanto mirarlos. "Vieja botella / el tiempo conserva / tu claro sonido", o esta otra delicada joya: "En el ocaso / sólo el ropaje blanco / de la noche", conforman la primera sección Lomas.

En Láminas, brevísimas instantáneas connotan la presencia humana:

"Volteas ligera / cegada por el sol / y tus cabellos" (Secuencia), "Han cambiado / de agua / tus ojos" (Pausa) o se humanizan las cosas "Lentamente / las hojas se enjuagan / la espalda" (Rocío),

Natura viva, Sendas de Kioto y Estancias de la memoria (a más íntima de las secciones: "Si pregunto / mi voz se quiebra / en la penumbra") continúan la demostración de levedad y contención característica de este género de composición poética en base a 17 sílabas distribuidas, generalmente, en tres versos, de muy remoto origen y que tuvo a Matsuo Basho (1.6441694) como su más alto exponente. Voces mínimas, de Alfonso Cisneros Cox, un libro para beber, lenta, sosegadamente.

Sonia Luz Carrill


Mario Vargas Llosa
Cartas a un novelista
Barcelona. Editorial Ariel, 1997



Cartas a un novelista, nos recuerda -por su nombre- las Cartas a un joven poeta de Rainer Marla Rilke. Se trata de un conjunto de textos (redactados en forma epistolar), que simulan ser las cartas de respuesta que Vargas Llosa le dirige a un amigo imaginario, interesado en convertirse en novelista. Pero, ¿quién es en realidad, ese amigo- ¿Es alguien que conocemos y cuyas cartas, cuyas "estimulantes misivas", a decir de Vargas Llosa sólo logramos descifrar por ciertas referencias contenidas en el libro- ¿Es tal vez el mismo escritor que inventa este artilugio -una suerte de desdoblamiento- para hacer, a partir de esta forma original una introspección y exponer sus ideas sobre la vocación, la creación, las técnicas narrativas- 

No tenemos una respuesta única. Pero sabemos que los destinatarios de las cartas del libro, al fin de cuentas, somos todos los que al leer estos textos vamos conociendo mejor lo que es el mundo de los escritores, el oficio de escribir historias y los recursos técnicos aplicables. Vargas Llosa da testimonio en esta obra de sus convicciones acerca de su oficio, con un lenguaje claro, con un razonamiento preciso y las comparte con nosotros. Se muestra como un escritor moderno, conocedor de los más diversos secretos, gajes y pericias de la actividad narrativa. Sus cartas son confesiones, disquisiciones sobre los elementos fundamentales de toda narración.

En cada carta se acerca a un aspecto notable: el significado de escribir: una suerte de sacerdocio, una voluntad, pero al mismo tiempo una rebeldía y hasta una servidumbre; la fuente de donde proceden las historias de los escritores; 'el poder de persuasión' de una novela (Parafraseando a Vargas Llosa: toda novela debe tender a ser una realidad autónoma, una mentira que pasa por verdadera, por verosímil. Para lograr la verosimilitud de una historia, el escritor debe escoger un lenguaje apropiado y hacer uso de las técnicas más convenientes al propósito de lo que va a contar).

Además, se ocupa del rol del narrador y su posición frente al espacio narrado (punto de vista espacial), del manejo del tiempo en las novelas, partiendo de la premisa de que en la vida de todos los seres humanos existe un tiempo real y uno psicológico, este último más afín a lo que es el tiempo de las novelas(En este punto, el autor de los Cuadernos de don Rigoberto plantea la existencia en toda novela de cráteres o tiempos vivos' y de 'tiempos muertos') .

Analiza seguidamente la relación entre el tiempo del narrador y el tiempo de lo narrado ('el punto de vista temporal'), el nivel de realidad en la novela: lo real y lo fantástico que pueda contener, lo mítico (A esta altura, Vargas Llosa, se interesa, entre otros, por Alejo Carpentier y El reino de este mundo.

¿Cómo no recordar lo real maravilloso- Ambroslo Fornet, estudioso de la obra de Carpentier, ha dicho que en el sistema de lo real maravilloso, mito o historia cohabitan. Vargas Llosa, escribe en este sentido: "El mito es una explicación de la realidad determinada por ciertas convicciones religiosas o filosóficas, de modo que en todo mito hay, siempre, junto al elemento imaginario o fantástico un contexto histórico objetivo".

Por último, explica lo que son las llamadas 'mudas' o cambios en los puntos de vista temporal, espacial o en el nivel de realidad - técnicas usadas con maestría por escritores contemporáneos - y el recurso de la 'caja china', es decir, contar una historia de la que se van derivando otras historias, hijas de la primera y el recurso del 'dato escondido', en otras palabras, suprimir hechos importantes con la finalidad de crear intriga, distinguiéndose el dato escondido elíptico y aquél en hipérbaton, sin olvidarnos de los 'vasos comunicantes' que vienen a ser episodios que suceden en dos planos distintos, pero que están de alguna manera unidos, con el objetivo de producir un cierto efecto totalizador.

Vargas Llosa se refiere a cada uno de estos elementos, empleando ejemplos provenientes de sus amplias lecturas: Faulkner, Melville, Hemingway, Henry James, Virginia Woolf, Gustave Flaubert, Proust, Cervantes, etc. Una conclusión sustancial de su análisis, es que el escritor debe alcanzar un equilibrio, la justa medida, en la utilización de los recursos de que se puede valer y para ello lo que tiene que hacer, ante todo, es ejercitarse al máximo. Por consiguiente, al amigo imaginario, aspirante a novelista le recomienda, no sin una cierta ironía, olvidarse de todo lo que le ha ido explicando y escribir.

Eduardo Orrego Acuña


Marcos Yauri Montero 
El hombre de la Gabardina. 
(Lima. Ediciones Azalea, 1966, 148 pp) -


Una de las características temáticas que presenta la novela, desde su aparición en el siglo XVI, es el contraste y la confrontación entre personajes que pertenecen a épocas diferentes. Se trata de la disputa entre quienes afirman y defienden la tradición y quienes pretenden y sienten la necesidad de imponer un nuevo orden. Donde quiera que se mire, en el campo de la novela ha de encontrarse, con diversas variantes, la misma estructura temática. El hombre de la gabardina, la novela de Marcos Yauri, también la registra.

En el marco especial de la ciudad de Huaraz, el personaje principal, que es reconocido como el "Forastero", encuentra que su terruño ha cambiado radicalmente después de muchos años de ausencia. Un nuevo mundo ha surgido. Nuevas edificaciones han sido levantadas sobre lo que fue la vieja ciudad destruida en el terremoto de 1970. Se desenvuelve un movimiento agitado, nutrido y agresivo de gentes y vehículos, que contrasta con el ritmo quieto y cordial que el "Forastero" evoca de la antigua cuidad. Hay manifestaciones de una situación política y social que parecen anunciar una próxima catástrofe. La ciudad se halla resguardada por el ejército, frente a la amenaza de un ataque terrorista. Se observa en las calles expresiones de la crisis económica que asola al país.

Este panorama aparece como la configuración del motivo de la inversión del mundo o del pachacuti, que marca el tránsito de una época a otra en la concepción andina del mundo. Pero también aparece como la configuración del motivo de la irrupción de la modernidad que disuelve los valores tradicionales de la vida provinciana, comunal, cordial y aún cortés, que aparece en la literatura europea de principios del siglo XIX, para instaurar valores individuales, egoístas.

En 'El hombre de la gabardina', se desarrolla asimismo el motivo de la pérdida de la ilustración, de la pérdida del culto al libro. Con los cambios la vieja ciudad ilustrada, culta amante de los libros y la música académica, así como también conectada y sostenida por el bagaje de las canciones, narraciones y rituales de los ancestros quechuas, ha devenido otra ciudad, mercantil, iletrada.

La nueva ciudad aparece bajo las manifestaciones de lo extraño, de lo ajeno. El retorno del personaje principal al mundo familiar, de la infancia y la juventud que debía haber significado el reencuentro eufórico con lo propio, después de haber permanecido alejado en lugares en los que se ha sentido desterrado, se presenta en cambio como la desagradable y chocante experiencia con un mundo extraño.

Se trata de una experiencia inquietante y horrorosa, que entraña la transformación de algo que el sujeto consideraba como lo más suyo, como lo más precioso de sí, en una cosa, literalmente hablando, desagradable y hostil, que se resiste a integrar y a aceptar.

El personaje principal de la novela tiene la condición de un sujeto efectivamente desterrado que, al regresar a la tierra natal, se percibe en una situación de destierro aun más radical: la de ser un extranjero en su propio terruño.

Y desarrolla un discurso nostálgico y evocador del pasado cuyos ejes son la familia y la antigua ciudad. En una primera aproximación, se puede decir que el recorrido narrativo de rememoración busca compensar el malestar causado por la pérdida de la ciudad amada.

Uno encuentra que ese recorrido tiene como propósito recuperar el bien arrebatado. De esta manera 'El hombre de la gabardina' se presenta a la vez como el testimonio del desarraigo que se sufre en el propio terruño y el dolor de la pérdida de la tierra natal, así como el relato de su recuperación vía evocación.

Los motivos a los que hemos aludido son recurrentes en el campo de la novela, pero en la de Yauri adquieren una disposición distinta. Uno de los temas de la novela moderna, por ejemplo, es el desplazamiento de personajes pertenecientes a la provincia o próximos -al mundo rural hacia la ciudad, de la periferia al centro, al cual hallan despersonalizado y confuso. En la novela de Marcos Yauri se desarrolla un recorrido inverso. El personaje principal se transporta del centro urbano, donde vive una experiencia de desarraigo, a la periferia, a la provincia a la cual encuentra despersonalizada caótica.

También se repite de una manera distinta el tema del narrador que explora un mundo extraño y desconocido. El rasgo que en este aspecto marca la diferencia es el hecho que el nuevo mundo desconocido y extraño ha sido antes conocido y familiar.

En la novela de aventuras del siglo XIX se asocia la noción de civilización con el mundo urbano y el progreso, en 'El hombre de la gabardina' se vincula a ese universo con la noción de barbarie.

Pero en este último aspecto no habría que considerar la novela de Marcos Yauri como una novela regresiva, que postula un retorno al pasado. Está implícito que el pasado no retorna y que el tiempo transcurre de manera irreversible. Se rechaza el orden establecido en el presente, pero se acepta que es inevitable, a la vez que se señala que también llegará el momento en que deje lugar a una nueva disposición del mundo.

Santiago López Manguiña


Joyas en la Biblioteca de Letras 
Reciente Inventario en la histórica Facultad de Letras de la UNMSM


Joyas bibliográficas, ediciones Príncipe, así como obras de reciente publicación, tesis universitarias y otros documentos, constituye el valioso patrimonio de la Biblioteca de la Facultad de Letras y Ciencias Humanas, una de las más antiguas facultades de la UNMSM.

Reciente inventario llevado a cabo por un equipo dirigido por la Lic. Gloria Samamé Mancilla, Jefe de Biblioteca, ha puesto de manifiesto en toda su magnitud la riqueza documental que significa la existencia de 34,369 títulos que suman 45,245 ejemplares integrados ahora en cinco bases de datos.

Diariamente alumnos de distintas facultades de nuestra universidad, así como investigadores y alumnos de otras instituciones nacionales y extranjeras consultan este vasto universo de conocimiento humanístico, entre cuyos volúmenes destacan, por ejemplo, los catalogados como Intangibles, caracterizados así por corresponder a ediciones anteriores al año 1920 y que suman, 2440 ejemplares.

Una rápida mirada a esta colección nos revela títulos como Novelas ejemplares, de Miguel de Cervantes, Madrid 1613, que editada por Juan de la Cuesta y luego de múltiples autorizaciones pudo "Venderse en casa de Francisco de Robles, librero del Rey, nuestro señor". Encontramos también la cuarta edición de la Gramática de la Lengua de la Real Academia, de 1796; Las guerras de Chile de Mendoza de Monteagudo, de 1660, en una edición de 1880- Historia de la vida del hombre, colección fechada en 1789; Juicio crítico de los principales poetas españoles de la última era de Gómez de Hermosilla, aparecido en 1848 Obras escogidas de Francisco de Quevedo, en edición de 1874 o La Dorotea de Lope de Vega, editado en 1886, entre muchos otros.

La elaboración de las cinco bases de datos, colección Dewey, LC, Intangibles, así como, Tesis y Folletos en un tiempo breve, ha sido posible por el trabajo en equipo conformado por Marcelino Pacotaipe, Néstor Romero, José Orosco, Luis Molina, Dennis Soria, Carlos Astocaza, Fidel de la Barra, Mariel Castillo, bajo la dirección de la bibliotecóloga Samamé y con el apoyo de los trabajadores contratados Tula Miranda, Gabriela Sátichez, Carlos O Neill y Narcisa Peredo. También se unieron a este esfuerzo, en forma gratuita y voluntaria, Karim Zevallos y Homero Tuya.

Recorrer los estantes de esta entrañable Biblioteca de Letras nos hace reconocernos en uno de los rasgos más definidos de la Decana de América. Esto es que, sin estudios humanísticos no es posible la vida académica. Tradición y modernidad conviven en estas colecciones donde hallamos tanto obras de antigua data como aquellas recientes que van perfilando el pensamiento de este fin de siglo. En la actualidad la biblioteca brinda el servicio de búsqueda computarizada, Internet, base de datos en CD Rom y acceso al correo electrónico para profesores y alumnos.

Sonia Luz Carrillo

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