NOTAS (1) La labor periodística de Bryce confirma esta visión desmitificadora de Europa. Sus textos revelan siempre la presencia de un cuidadoso observador de la realidad europea, cuyas opiniones siempre dejan constancia de una mirada extranjera sobre esa realidad circundante. Véanse, por ejemplo, artículos como "El mercado del lugar común", "El París que yo viví" o "Para una larga vida de ternura" en Crónicas personales; o textos más recientes como "La ternura de los españoles", "Disparos en la espalda con abrigo"; o "Flautas, indias, camellos, terroristas". (2) Hay, por ejemplo, una enorme cantidad de comentarios y testimonios sobre la experiencia europea como producto de viajes al Viejo Mundo de muchos escritores peruanos, pero el tema está lejos de ser una preocupación central en sus obras como en el caso de Bryce. Véase al respecto el ilustrativo estudio de Estuardo Núñez La imagen del mundo en la literatura. (3) Ribeyro también es autor de un texto muy ilustrativo sobre el tema, "Peruanos en París", incluido en su libro de artículos La caza sutil (l975). (4) Es significativo que Bryce destaque el carácter errante de la vida de James y su dificultado "para sentar raíces" pues en él ve el novelista peruano un espejo de las semejantes circunstancias vitales que forjaron su obra en Europa. En su antes citado artículo"La hora 25", Bryce destaca los veinticinco años de su vida transcurridos en Europa, años durante los cuales (a la manera de James), son muchos los países que "lo han visto pasar" París, Peruggia, Grafath, Barcelona, Madrid y donde durante largo tiempo no fue más que "un peruano en Europa" (66) hasta convertirse en escritor. Véanse también los comentarios que en torno al exilio de James que hace Harry Levin "Literature and Exile". Essays in Comparative Literature. (St. Louis: Washington University Studies: 14-15). (5) Entre la abundante bibliografía existente en torno a Hemingway y la Generación Perdida consúltense los trabajos recientes de Humphrey Carpenter, Geniuses Together: American Writers in Paris in the l920s y la biografía de Michael Reynolds, Heminway: The Paris Years. (6) A su vez, conviene recordar, como bien ha señalado Ana María Barrenechea, que Rayuela se sitúa en la tradición novelística que arranca de Cervantes (tradición que, como hemos visto, tampoco es ajena a Bryce) en la que "al abrir la novela a la vida, la incluye en su totalidad: los hombres con sus acciones y sus pasiones, con sus problemas y sus imaginaciones, y también los productos de lo que imaginan..." (Barrenechea 69). El vitalismo de Cortázar es sin lugar a dudas un importante punto de diálogo con la obra de Bryce. (7) Véase al respecto la entrevista de Cecilia García Huidobro "Alfredo Bryce Echenique: A caballo entre dos continentes" Revista de la Universidad Católica de Chile 31 (1991). (8) Véanse las opiniones el escritor argentino expresadas en torno a la necesidad de rescatar el humor como elemento central de nuestra literatura en Julio Cortázar, "América Latina: exilio y literatura", Eco 205 (l978): 59-66. Sin duda esa es un opinión plenamente compartida por Bryce. El escritor peruano comenta en la entrevista antes citada con García Huidobro que "Los latinoamericanos se entienden muy bien a través del humor, probablemente lo que más rápido atraviesa entre nosotros es el humor". (9) Un posible "retorno" en el caso de Bryce, por ejemplo, es su anunciado interés por escribir una novela (iniciada ya en varias ocasiones, pero más tarde dejada de lado por el escritor para explorar su experiencia europea) que tiene como escenario un exclusivo colegio británico y en la que sus protagonistas son adolescentes de la alta burguesía limeña. Habrá pues en el escritor una nueva exploración de la educación sentimental, cuyo punto de partida son sus dos primeros libros. (10) Véase mi análisis a "Muerte de Sevilla en Madrid", relato de La felicidad ja ja (1974) con singular personaje peruano también en Europa, aparecido en La casa de cartón de Oxy 18 (Lima: invierno-primavera de 1999). (11) Todas las citas de esta novela de Bryce provienen de la edición de Tantas veces Pedro (Madrid: Cátedra, 1981). (12) Las cursivas son de Bryce.
|