"UN JOVEN, UNA SOMBRA"

Marco Martos
 

En 1983 la Municipalidad de Lima otorgó a Carlos Eduardo Zavaleta el primer premio de novela por Un joven, una sombra, relato que ahora, casi diez años más tarde, la comuna por fin se decide a editar, cumpliendo así un deber que adquirió públicamente. Los amantes de la literatura debemos agradecimiento al municipio en pleno y a quienes han impulsado la impresión de la ficción ganadora, porque así, en este terreno, salen de la incuria de la anterior administración municipal, incapaz de percibir que las obligaciones adquiridas por un municipio lo comprometen plenamente, aun cuando cambien los alcaldes y los regidores.

El texto que ahora el público puede leer, está escrito con ese lenguaje terso que caracteriza toda la obra de Zavaleta y es una novela de espacio universitario ambientada en el San Marcos de los años cincuenta, y específicamente en la Facultad de Medicina, San Fernando. Zavaleta conoce bien ese territorio escogido para la ficción, pues fue estudiante de medicina antes de ser un hombre de letras.

En la historia literaria contemporánea existe una saga de novelas de tema universitario que Zavaleta conoce bien. El comienzo de Un joven, una sombra recuerda una escena de El árbol de la ciencia, de Pío Baroja: una clase magistral en el anfiteatro de medicina, dada a jóvenes bisoños, cachimbos, como decimos en el Perú. En ambos libros está la tensión, la expectativa de los jóvenes que suponen que esa clase es la entrada a la adultez y que al mismo tiempo arrastran en sus conductas, en el parloteo, en la cháchara, en la burla, mucho de lo infantil que se niega a abandonarlos.

Otros antecedentes ilustres de la novela de Zavaleta son Por una nueva vida, del novelista judío norteamericano Bernard Malamud, y El diciembre del decano, de Saul Bellow, también judío y norteamericano, ganador del premio Nobel.

En el Perú no abundan las novelas de tema universitario. De algún modo puede considerarse como tal a Una piel de serpiente, de Luis Loayza, uno de los ilustres contemporáneos de Zavaleta, y a Conversación en la Catedral, de Mario Vargas Llosa. Es con este último texto que se puede establecer un parangón. Mientras Vargas Llosa narra los entretelones políticos, la formación de células del partido comunista, el enfrentamientos con la dictadura de Odría, Zavaleta escoge un momento inmediatamente posterior, el de la distensión inicial que caracterizó el segundo gobierno de Prado, a partir de 1956. Pero la política no aparece en el primer plano. Un joven, una sombra es lo que técnicamente se llama una novela de espacio, es decir, que privilegia, no un acontecimiento ni un personaje, sino que los acontecimientos y los personajes cobran valor porque se mueven en torno a la vida universitaria. Zavaleta, como le habría gustado a Unamuno, maestro universitario y novelista de polendas, hace la intrahistoria de la vida peruana de la época de Prado, en lo que respecta a la universidad. Nos sabe colocar en el centro de las pasiones y las frustraciones de los universitarios y nos proporciona deleite extremado, porque es un maestro en el manejo del lenguaje y un gran conocedor de la técnica novelística.

 

(El Peruano, 21 octubre 1992)

 



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