¿QUÉ DEBEN HACER LOS PADRES PARA AYUDAR AL NIÑO A SUPERAR SU DEFECTO?

 

La edad más indicada para el tratamiento o la "curación" de los defectos del habla en los niños, se extiende hasta los 4 ó 5 años de edad. Por eso, cuanto antes y más temprano los padres asuman una actitud positiva hacia el tratamiento del niño, será mucho mejor, ya que en esta etapa del desarrollo es más fácil erradicar o superar el problema, precisamente porque los mecanismos neurofisiológicos y psíquicos que sirven de base a la adquisición y desarrollo del lenguaje verbal son todavía dúctiles y flexibles.

Cabe señalar que durante esta etapa, denominada como edad preescolar, las indicaciones que prescriben o dan para el niño los terapeutas del lenguaje, pueden ser las condiciones bien controladas en el seno de la familia.

Otro hecho que favorece al tratamiento es que el niño en edad preescolar no ha sobrepasado la etapa egocéntrica. Esto quiere decir que el niño no toma en cuenta las críticas o actitudes de los demás con respecto a su persona, ni tampoco hay niños de la misma edad que puedan hacerle bromas crueles sobre su forma de hablar. Los únicos que ejercen influencia en las opiniones y actitudes de los niños en esta etapa, son los padres.

Esta es la razón por la que en dicha etapa se pueden obtener buenos resultados terapéuticos, apelando tan sólo a la orientación de la familia o de los padres, para que éstos sean capaces de controlar los factores que inciden negativamente en el habla del niño.

Bajo estas consideraciones, las orientaciones y consejos que se dan a los padres de niños con trastornos del habla, están dirigidas a poner atención a los siguientes aspectos:

a) Control y corrección del habla del niño.

b) Restablecimiento de la confianza del niño en sí mismo.

c) Procurar la estabilidad emocional del niño.

d) Enseñanza de los hábitos de higiene y salud.


Cada uno de estos aspectos debe ser enfrentado comprensiva, afectiva y solidariamente por los padres, propiciando una atmósfera familiar de tranquilidad y ayuda para el niño afectado. De esta manera, el soporte familiar constituirá un ambiente adecuado para superar el problema.

 
a. Pautas para el Control y Corrección del Habla del Niño

Estas pautas están relacionadas con las siguientes indicaciones que los padres deben tomar en cuenta:

  • No llamar la atención del niño sobre su forma de hablar. Se debe recordar que el niño en edad preescolar está pasando por la etapa egocéntrica y, como tal, no percibe o no toma en cuenta las actitudes críticas de los demás hacia su persona, excepto la opinión y las actitudes de sus padres, quienes sí influyen sobre su comportamiento. Por eso los padres deben evitar sensibilizarlo negativamente, llamándole la atención en forma autoritaria sobre su defecto, lo cual, en vez de mejorarlo suele empeorarlo.

  • Poner atención y paciencia para escucharlo y comprenderlo cuando tartamudea o aflora el defecto del niño al hablar. Esto es muy importante, puesto que el niño necesita que lo atiendan y comprendan lo que comunica o lo que quiere decir con su lenguaje defectuoso. Cuando no se le brinda atención, se le genera tensión y frustración y, consiguientemente, desajustes emocionales. También se le puede hacer sentir como diferente a los hermanos e, incluso, rechazado.

  • Tratar de hablarle en forma correcta y clara, con el propósito de que el niño se forme imágenes acústicas adecuadas. Esto debe realizarse a manera de comentarios de lo que dice el niño, tratando de vocalizar y verbalizar bien las palabras. Por ejemplo, cuando un niño dice a su padre:"Dame la Telota para jugar", es conveniente que el padre le repita la frase diciendo:
  • "¿Quieres la PELOTA para jugar?"      

Esta forma de corrección, enfatizando la correcta pronunciación: "PELOTA", permite al niño tomar conciencia de su error para ir progresivamente corrigiéndose. En otro caso, cuando un niño cuenta algo que le ha ocurrido, por decir, con su "pelota", y al expresar esta palabra tartamudea la sílaba "PE", convendría repetirle la palabra comentándole en la forma siguiente: "¿Ah, entonces Pablito te quitó tu PE-LO-TA?, y tú ¿qué hiciste?"

De esa forma se le aclara la palabra "PELOTA" y se le va motivando a que cuente otras cosas, estimulándolo a conversar para ir corrigiendo sus errores de pronunciación.

  • El niño tartamudo no tartamudea nunca perma- nentemente, y su tartamudez varía mucho en intensidad según las circunstancias, existiendo incluso algunos períodos en que el niño habla normalmente. Por eso, cuando éste está pasando por un buen momento, es conveniente que los padres, especialmente la madre, le hagan hablar lo más que puedan, pero de una manera estimulante y motivante, mas no presionándolo.

  • Si el defecto del habla es bastante marcado, es bueno estimular al niño a que realice distintas actividades de psicomotricidad, tales como actividades manuales y de otros tipos. Es bueno, también, hacerles cantar canciones infantiles para que tengan experiencias positivas del habla, ya que el canto obedece a mecanismos neurofisiológicos distintos del habla, observándose que la tartamudez cesa cuando cantan, incluso cuando imitan y hablan solos. De allí que es recomendable que se estimulen esta clase de actividades que son fáciles de enseñar, pero siempre con paciencia y cariño, ingredientes que no deben estar ausentes en la relación padres-niño.

  • Los padres deben establecer con mayor frecuencia conversaciones con el niño, con el propósito de ir corrigiendo sus errores. Además, deben hacer que éste observe e imite los movimientos de los labios, la lengua y la boca que los padres hacen al articular las palabras, ayudando de ese modo, por un lado, a formarle imágenes acústicas correctas y claras y, por otro lado, a establecer progresivamente sus praxis articulatorias en forma adecuada.


b. Pautas para Restablecer la Confianza del Niño en Sí Mismo.

El niño reacciona emocionalmente ante su habla de- fectuosa. El miedo y la vergüenza son sentimientos comunes generados por este trastorno. De allí que no hay nada peor, por ejemplo, para un niño tartamudo, que el sentirse inseguro en todo lo que hace. El hecho de hablar defectuosamente les crea sentimientos de inferioridad, pero si a este sentimiento se le agrega, además, el hecho de creerse inferior en todos los aspectos con relación a los demás, se le rodea al niño de un círculo vicioso del cual le será cada vez más difícil salir.

En estas situaciones, la actitud comprensiva y afectuosa de los padres desempeña un papel reconfortante y re- vitalizador de la confianza del niño en sí mismo, para cuyo efecto deben adoptar o tomar en cuenta las siguientes medidas:

  • Es conveniente disminuir en lo posible las obser- vaciones, correcciones y "castigos", limitándose a lo estrictamente indispensable y conveniente, pero teniendo cuidado de no caer en la sobreprotección del niño, lo cual tendría efectos contraproducentes.

  • Deben prevenir los celos del niño con defecto del habla hacia uno de los hermanos. Para ello es necesario dedicarle atención en forma mesurada, manteniendo el clima de las relaciones familiares en una forma correcta y satisfactoria.

  • Si lo que pretende hacer el niño no perturba el orden y la tranquilidad que debe primar en el hogar, se le debe permitir que lo haga. Pero si perturba y altera, debe corregírsele. Por ejemplo, si el niño quiere ponerse la camisa amarilla en vez de la roja, déjelo. Pero si trata de cortarle las mangas o fregar el piso con ella, obviamente debe corregírsele. Lo mismo se hará con otras conductas inadecuadas, tal como ocurre con aquellas "malas costumbres", como "meterse el dedo a la nariz", "fastidiar a los demás en la mesa durante el al- muerzo", etc. Sin embargo, cuando se está tratando de restablecer la confianza del niño en sí mismo, es conveniente que dichas correcciones sean hechas de manera cuidadosa, oportuna y prudente, sin recurrir a gritos, castigos e insultos que pueden generar inseguridad y sentimientos de minusvalía en el niño con defecto del habla.

  • Es importante que los padres introduzcan una actividad elogiable y gratificante en la vida del niño, con el propósito de destacar sus cualidades y logros con relación a los demás (fútbol, dibujo, música, gimnasia, etc.). Por ejemplo, una ayuda eficaz puede ser el elogiarlo por el dibujo que realizó y mostrarlo a los familiares y otros visitantes cuando vienen a la casa.

Lo esencial es crear en el niño el sentimiento de que puede ser superior en "algo" a los demás, aunque se sienta inferior en otros aspectos.

Ese tipo de actividades servirán también para enfrentar situaciones críticas que suelen producirse eventualmente. Por ejemplo, si el niño tartamudo de 6 ó 7 años de edad vuelve llorando a casa porque le han dicho "tarta", su madre deberá decirle, sin negar el defecto que tiene: "¿Y acaso el que te dijo ‘tarta’ dibuja mejor que tú?" Esta respuesta inmediata de la madre le enseñará el valor que el niño posee y en el cual se puede considerar superior a sus compañeros y, especialmente, frente al niño que le ofendió (incremento de su autoestima).

  • Los padres deben evitar los cambios bruscos que afecten la vida del niño, por ejemplo, no es conveniente ponerlo en la escuela cuando ha comenzado a tartamudear o cuando tiene un defecto en su lenguaje, o cambiarlo de escuela cuando se va adaptando ya a dicho medio.

  • Si el niño ya está asistiendo a un Centro de Educación Inicial o a un Jardín, o al primer grado de Educación, y se muestra contento y con deseos de ir, se debe mantener esa situación. Pero si reacciona negándose a ir, no lo debe obligar, por el momento.

  • Los padres deben evitar las grandes fiestas infantiles donde van muchos niños de diferentes edades y con poco control de los mayores. En esta clase de reuniones, muy a menudo, un niño de 7 a 10 años de edad, al burlarse del defecto del habla de un pequeño, es capaz de desencadenar un cuadro difícil de compensar, razón por la que es preferible evitar estas fiestas grandes.

Sin embargo, conviene ir a pequeñas reuniones o fiestas familiares, donde las actividades de los niños son mejor controladas, aunque ellos crean sentirse en completa "libertad".

  • Es bueno que los padres vayan de paseo o de vacaciones con la familia a lugares tranquilos, sin agitación y estímulos que puedan provocar tensión e inseguridad al niño.


c. Pautas para Procurar la Estabilidad Emocional del Niño.

Es bien sabido que el aspecto emocional tiene una relación estrecha con el habla. Por ejemplo, se dice que ante una gran emoción hasta el adulto "pierde el habla". Por esta razón se deben establecer las normas sanas de convivencia familiar, basadas en el amor, en la comprensión y respeto entre sus miembros. Con tal propósito se sugiere tomar las siguientes pautas, orientadas a propiciar la estabilidad emocional del niño y superar el defecto del habla en una forma adecuada y oportuna:

  • Los padres no deben discutir delante del niño y, en general, en presencia de los hijos. Cuando no se ponen de acuerdo, deben posponer la discusión para otro momento y lugar propicio, donde puedan hacerlo privadamente.

Esto es muy importante de tener en cuenta, ya que las discusiones, especialmente aquellas cargadas de irascibilidad, agresividad y violencia, son acontecimientos traumáticos que mayor repercusión psicológica negativa producen en los hijos, empeorando el defecto del niño, incluso pudiendo ser la causa de dicho problema.

  • Los padres no deben permitir delante de sus hijos la interferencia de terceros (abuelos, tíos u otras personas) con respecto al establecimiento de la disciplina y educación de los mismos. Estas interferencias generalmente suelen ocurrir en hogares donde se encuentran los abuelos, quienes, facultados por sus experiencias, intervienen a veces o la mayor parte de las veces, contraponiéndose a las normas que quieren establecer los padres. Esto da lugar a que los niños pierdan el respeto a la autoridad legítima y natural de los padres, generando por tanto comportamientos de insubordinación. Por ello es importante que los padres deslinden claramente los roles dentro del hogar, con el propósito de establecer la armonía o equilibrio adecuado bajo el principio de la autoridad bien entendida, la cual, lógicamente, corresponde a los progenitores.

  • Los padres deben ejercer sus roles y funciones de una manera complementaria, tratando de establecer las normas disciplinarias y de educación de los niños en forma coordinada y consistente, de tal foma que no se produzcan contradicciones y contraórdenes entre el padre y la madre, evitando inseguridades y dificultades para los hijos, especialmente para el niño con problemas del lenguaje.

  • Cuando el padre está presente en el hogar, su opinión y decisión será respetada delante de los niños. Si la esposa no está de acuerdo, la deliberación o discusión se deberá hacer posteriormente y a solas, evitando siempre que los niños estén presentes.

  • Si el padre no está presente, cuando vuelva del trabajo deberá respetar y seguir las medidas adoptadas por la esposa. Si no está de acuerdo con ella, también discutirán sus puntos de vista fuera de la presencia de los hijos.

  • Cuando se quieran adoptar las medidas correctivas con el niño, es preferible evitar el uso del castigo "activo", tal como pegar, tirar de los pelos, pellizcar, golpear y otros de índole físico. Para tales correcciones es más conveniente adoptar aquellas que podemos denominar como castigos "pasivos", como suprimirles las cosas que le producen deleite o placer al niño, por ejemplo: la televisión, las golosinas, el cine, el patinar, etc.

  • Una vez que los padres han adoptado el castigo, no deben modificarlo ni dar marcha atrás; es decir, deben mantenerse firmes. Más tarde deberán asegurarse que el niño haya comprendido
  • la razón que lo indujo a tomar esa decisión.

Para esto es necesario que los padres eviten las actitudes ambivalentes frente al niño, es decir, no deben mostrarse permisivos y prohibitivos a la vez. Esto requiere una coordinación y apoyo mutuo entre los padres para la aplicación consistente de las medidas correctivas, evitando así las contraórdenes, como el hecho de que el padre prohíbe y la madre aprueba una misma cosa, lo cual es inconveniente y nocivo para la educación y formación del niño, especialmente para los que tienen defectos del habla, en quienes estas actitudes pueden acrecentar su inseguridad emocional.

  • Las madres deben comprender que sus emociones (cólera, alegría, tristeza, ansiedad y preocupaciones) son trasmitidas a sus niños de una manera mucho más eficaz que cualquier influencia.

El niño aún pequeño siente, esto es, se da cuenta de muchas cosas que suceden en su perimundo y, cuando éstas son negativas, se afectan y traumatizan. Por eso la madre debe saber controlarse y no manifestar sus preocupaciones, ansiedades y temores frente a lo que el niño tiene, ya que esto le sobrecarga de tensión, produciéndole mayor inseguridad y, por tanto, empeorando el defecto del habla.

  • Siempre que los padres deben tomar decisiones inesperadas, tales como el cambio intempestivo de domicilio, tratamiento médico del niño, etc., deben evitar comentarios que exciten negativamente su imaginación, generándole tensiones emocionales que puedan empeorar el problema del habla.

  • Es bueno propiciar el contacto del niño con la naturaleza y con otros niños de su edad, con el objeto de promover su socialización y brindarles experiencias agradables que le generen la necesidad emocional de comunicarse y "abrirse" a los demás. En esto siempre deberá cuidarse de no exponer al niño a situaciones de estrés o relaciones sociales no convenientes con otros niños, tal como se señaló anteriormente.


d. Pautas para Enseñar los Hábitos de Higiene y Salud en el Niño

El niño con defecto del habla merece de sus padres las mismas atenciones que éstos le dan a cualquiera de sus hermanos, tal como en lo que se refiere a la enseñanza-aprendizaje de los hábitos de higiene y salud. Esto, en razón de que el niño tiene deficiencias sólo para verbalizar correctamente lo que piensa y necesita, no habiendo otro impedimento que lo limite para aprender dichos hábitos.

En estos casos, los padres deben actuar tratando de comprender lo que quieren decir, vocalizándoles correctamente las palabras a manera de comentario de lo que dice. Por ejemplo, cuando el niño, al pedir el desayuno, tartamudea la sílaba "DE", la madre o el padre deben repetirle en la forma siguiente:

¿Quieres tomar DE-SA-YU-NO?, bien, pero dime ¿ya te has lavado la cara, las manos, .... , te peinaste?

De esta forma se le va induciendo a aprender las actividades o hábitos de higiene antes de sentarse en la mesa y tomar su desayuno. Aquí, el ejemplo de los padres es muy importante para que el niño siga y aprenda dichos hábitos.

Por otro lado, es también importante que aprenda a respetar los horarios de los alimentos adoptados en la familia. Por ejemplo, puede suceder que el niño pida desayuno a las 11 de la mañana, en este caso deberá hacerle entender que ya tomó desayuno y lo que le corresponde es el almuerzo a las 12 del día o a la hora en que la familia está acostumbrada a almorzar. De allí que es recomendable que los padres ordenen las actividades y hábitos del niño de una manera regular, tratando que los horarios establecidos sean respetados en la familia.

Todo esto se les debe enseñar con paciencia, tolerancia y, especialmente, en base a ejemplos, para que el niño sepa desenvolverse en la mesa durante las comidas, así como en los otros hábitos de higiene y salud de índole personal. Pero todo esto se debe realizar evitando caer en la sobreprotección y la dependencia en todo lo que quiera hacer el niño. De ese modo se le permite que aprenda a desenvolverse adecuadamente.

Es importante que los padres promuevan y estimulen al niño a que haga ejercicios físicos y espirituales de acuerdo con su edad. Estas actividades tienden a incrementar y promover la salud y los fortalece psicológicamente. La gimnasia, por ejemplo, tiene un efecto saludable sobre la personalidad. En lo físico, mantiene y aumenta la agilidad y fuerza corporal, mejorando su postura y posición, contribuyendo también al mejor funcionamiento de los diversos órganos. En el aspecto mental, promueve el descanso útil y reparador, tras el cual mejora el humor, la atención y, en general, revitaliza toda la actividad psíquica.

 

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