TRASTORNOS DEL HABLA Y SU MEDIO AMBIENTE

 

La familia, la escuela y el medio en general, son quienes realmente influyen y hacen a un ser humano más o menos capaz para hablar y desenvolverse en su medio. Cada una, a su vez, influye de una manera particular, marcando las bases para el desarrollo y desenvolvimiento futuro del individuo, tal como ocurre con el influjo familiar, cuya importancia es mucho más crucial para los niños con trastornos del habla.

Bajo esta consideración, abordaremos la situación del niño con defecto del habla, tanto en la familia como en la escuela, para finalmente referirnos a las actitudes que dichos niños asumen frente a su lenguaje y a los demás, condicionando su grado o nivel de ajuste o adaptación al medio en el que interactúan.


EL NIÑO CON TRASTORNOS DEL HABLA EN LA FAMILIA

La familia es el medio psicológico donde el niño va encontrando progresivamente los estímulos y las respuestas para su maduración y desarrollo armónico. En ella es donde por primera vez va adquiriendo la necesidad y la capacidad de comunicarse, es decir, donde el niño da los primeros pasos por la senda de la comunicación humana. Pero, toda alteración en las relaciones familiares pueden retardar o frenar su desarrollo afectivo o emocional, dando lugar, a veces, a los trastornos del habla como un síntoma más de ese desequilibrio.

De allí que las condiciones afectivas que priman en el hogar como producto de las relaciones entre sus miembros, padres e hijos, influyen gravitantemente en la adquisición y desarrollo del habla, que es uno de los aspectos del desarrollo integral del niño.

Cabe señalar que, para que aparezca y se desarrolle el habla, es preciso que el niño exteriorice una necesidad emocional para comunicarse, como una forma de abrirse a los demás. Esta necesidad es aprendida en el seno íntimo y afectivo de la familia, donde los padres, especialmente la madre, lo inician en el proceso de socialización y comunicación a través del lenguaje verbal. Obviamente, cuando no se dan esas condiciones propiciadoras, el niño tiene problemas para la adquisición del habla, siendo esta la causa del retraso y, en el peor de los casos, de los trastornos del lenguaje verbal.

Es bueno saber también que el desarrollo del habla no tiene un curso evolutivo uniforme, sino que hay irregula- ridades o desfases que pueden deberse a una diversidad de causas. Por ejemplo, en algunos niños, después de haber alcanzado un nivel lingüístico acorde con su edad, reaparecen en su lenguaje formas y modalidades expresivas propias de edades anteriores. Así, un niño de 4 ó 5 años vuelve a hablar como lo hacía a los 3 años o como lo hace el hermanito menor, por quien se siente desplazado en el cariño y atención de los padres.

Con esta "vuelta" o regresión a un lenguaje infantil, pretende fortalecer sus vínculos afectivos y recuperar la primacía en el grupo familiar. Indudablemente, cuando los padres no comprenden y no saben proceder de manera adecuada ante estas conductas verbales o "solicitudes" de atención, le generan tensiones y frustraciones, dando lugar a la aparición de trastornos del habla u otros tipos de desajustes de conducta, como un síntoma que puede afectar el desarrollo de la personalidad del niño.

En otros casos, suele suceder que pese a la aparente estabilidad afectiva que prima en la familia, surge
"inexplicablemente", sin causa aparente, el trastorno del habla en el niño, motivando lógicamente reacciones de desconcierto y desajuste en la familia. Como tal, los padres se resisten a aceptar el problema, manifestando ante esto, de manera encubierta comportamientos y actitudes de sobreprotección hacia el niño. Todo esto no hace sino rodear al afectado de un ambiente familiar que agrava más el defecto en lugar de facilitar la mejoría y su tratamiento oportuno.

Así pues, el clima afectivo que hay en la familia, así como las actitudes de los padres hacia el niño con defecto del habla, influyen de manera importante y crucial en la situación o estado del mismo y, consiguientemente, en sus actitudes hacia el tratamiento.

Por eso los padres que son comprensivos y tolerantes, sobre todo prudentes y cautos en sus comportamientos con el niño, le brindan un mejor apoyo y estimulación para superar el problema, incluso acudiendo al especialista, ya que esto no es una cuestión que debe enfrentarse en forma casera, sobre todo cuando el defecto tiende a progresar.

 EL NIÑO CON TRASTORNOS DEL HABLA EN EL MEDIO ESCOLAR

Cuando el niño inicia la escolaridad presentando el defecto en el habla, esto por lo general constituirá un handicap (desventaja) para su integración social y para conseguir el rendimiento escolar en proporción a su capacidad.

En el medio escolar, el niño puede sentirse fácilmente marginado por los compañeros que, a veces, ni le entenderán cuando se expresa, esto es, si se trata de un defecto severo. Con frecuencia le dirán que habla mal y lo humillarán, creándole nuevos traumas e inhibiciones que irán comprometiendo y empeorando la situación del niño.

Si los efectos de estas experiencias negativas son bastante traumatizantes, no solamente le harán disminuir ostensiblemente su rendimiento escolar, sino también le generarán otros desajustes de conducta, incluso comportamientos fóbicos a la escuela y a las relaciones sociales.

Estos niños suelen presentar correlativamente al defecto del habla, ciertas conductas como distraibilidad, poca concentración y dificultades en la lecto-escritura. También suelen tener fallas en la percepción, orientación espacial y en la discriminación auditiva.

Cuando estos defectos o errores que comete el niño no son muchos o no son marcados, los padres no suelen darles importancia y no procuran ponerles remedio sino hasta cuando llega a la edad escolar, situación en la que se hacen más patentes sus manifestaciones, afectando otras áreas del comportamiento.

El ambiente escolar es, entonces, una fuente de tensión y frustración para esta clase de niños, empeorando y haciendo difícil el tratamiento del problema. Para evitar todo esto, es conveniente realizar el tratamiento lo más tempranamente posible, antes que ingrese el niño a la escuela. Esto es lo correcto y más conveniente, ya que dentro del ambiente de confianza del hogar, bajo un tratamiento bien planeado, el niño tiene la posibilidad de ir superando su defecto sintiéndose capaz y notando su progreso, lo cual no es posible cuando está expuesto a continuos impactos emocionales traumatizantes, como suele ocurrir en la escuela.


ACTITUD DEL NIÑO FRENT
E A SU HABLA DEFECTUOSA

El niño, en muchos casos, no sabe en qué momento pronuncia mal, debido a que no discrimina todavía el sonido correcto del incorrecto, lo cual suele ocurrir a los 5 ó 6 años aproximadamente.

Pese a esto, él "sabe", intuye o se da cuenta de que habla mal o con defecto; que no habla igual que los demás niños. Además, en el contexto familiar, así como en la escuela, se lo van haciendo notar sutil o manifiestamente. Frente a esta situación, el niño puede reaccionar con tensión y frustración, manifestándose agresivo, comportamiento que es una reacción lógica ante la contrariedad.

Otra forma de reaccionar del niño ante su incapacidad para expresarse correctamente, es el retraimiento y la timidez. En estos casos el niño evitará todos los contactos y posibilidades de relacionarse con los demás, por temor a tener que hablar y no saber expresarse en forma correcta. En el peor de los casos, el niño que sufre algún trauma o humillación por esta causa, va cerrándose cada vez más, disminuyendo su confianza en sí mismo y en sus posibilidades de superación, con un grado creciente de inseguridad que, en suma, afecta el desarrollo de su personalidad integral.

Esta es la razón por la que los padres deben asumir una actitud comprensiva, afectuosa y tolerante con el niño, buscando también la ayuda del profesional especialista para tratarlo oportuna y eficazmente, evitando consecuencias futuras en la vida del niño.

   

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