REACCIONES EXTREMAS FRENTE A LAS DIFICULTADES DEL HABLA DEL NIÑO

 

El niño podría no estar progresando en cuanto a formar y enlazar las palabras en forma adecuada; a pesar de tener la facultad auditiva normal y pese a que los padres le hayan dado la atención debida a la lentitud en cierta edad en particular.

¿Qué hacer en estos casos? En primer lugar, se debe investigar el motivo o causa del problema y no malgastar los nervios en preocupaciones todavía no justificadas. En algunos casos los errores o dificultades en la articulación del habla pueden deberse a trastornos funcionales, tal como ocurre con las dislalias y, en otros casos, pueden ser causados por anomalías estructurales como las disglosias.

Las dislalias pueden corregirse con facilidad y rapidez, pero si esta corrección no se hace durante el tiempo oportuno, el niño será víctima de las burlas de sus compañeros de escuela, lo que hará que se sienta disminuido y dando lugar a que desarrolle una timidez o un sentimiento de inferioridad, que dejará una huella indeleble para el resto de su vida.

En el caso de las disglosias, que felizmente son pocas, no desaparecen y requieren un tratamiento especial, incluso con intervención quirúrgica delicada en ciertos casos.

Frente a estos problemas los padres suelen reaccionar de distintas maneras. Algunos consideran al niño afectado como a alguien que tiene una "atrocidad", excediéndose en echarse la culpa o atribuyendéndola a su pareja o, incluso, al mismo niño, tomando así cierta distancia o indiferencia ante el problema.

Esta actitud hace que los padres pasen por alto el defecto o lo consideren como algo de que avergonzarse en vez de actuar y tomar las medidas correctivas convenientes, como el acudir a un especialista para que examine al niño. Por ejemplo, si ocurriera un accidente en el que el niño se fractura el brazo, ¿qué padre o madre no acudiría inmediatamente a un médico para que lo examine y atienda? Pero, paradójicamente esto no suele ocurrir cuando se trata de las dificultades del habla.

Por otro lado, las circunstancias del hogar a menudo suelen generar y/o contribuir al patrón defectuoso del habla. Esto es más razón todavía para que los padres pongan atención en el niño y se preocupen por mejorar las relaciones anómalas existentes en el hogar. Sin duda, en esto el especialista puede ayudar a resolver rápidamente el problema, pero si los padres no se preocupan y permiten que el niño siga así, la dificultad del habla se irá arraigando hasta el grado en que será difícil y hasta imposible corregirlo.

El otro extremo de la reacción que los padres expresan ante estas dificultades es el de asumir una congoja exagerada sobre dicho problema, de tal modo que el niño se da cuenta de que es objeto de mucha perturbación. Le hacen sentir como a una persona diferente, como que tiene que hablar de otro modo. Esta presión adicional, por lo general suele empeorar más el defecto del niño.

En vez de recurrir a estos extremos, es mejor que los padres tengan paciencia y ejerzan un control afectuoso y comprensivo sobre el pequeño. Se debe evitar en lo posible estar corrigiendo y regañándole continuamente. Criticar la forma de hablar del niño no sólo es disparatado, sino peligroso. Disparatado porque no le ayuda a superar la dificultad, por el contrario, la empeora. Es bueno más bien alejar de la mente del niño el problema que tiene con el habla, pues, cuando su mente está apartada del impedimento, generalmente puede hablar de manera normal.


EVITANDO FRUSTRACIONES AL NIÑO

Es conveniente indicar a los hermanos del niño con dificultad que lo traten con cariño, comprensión y tolerancia. Deben evitar estar siempre corrigiéndolo e interrumpiéndolo cuando trata de hablar. De esa manera se evitan las inquietudes y frustraciones que pueden empeorar y hacer difícil y hasta imposible la corrección y tratamiento del defecto.

Así, los padres y todos los que rodean a esta clase de niños deben brindarles un ambiente de comprensión y cariño para que superen su problema, pero sin llegar al extremo de asumir una actitud sobreprotectora, cuyas consecuencias podrían ser más negativas para el afectado.

Es recomendable también hablarle al niño desde la infancia, leerles lecturas de acuerdo con su edad, ayudando a desarrollar el lenguaje verbal, el pensamiento lógico y promoviendo, además, la adquisición de las habilidades sociales. De esta forma el lenguaje se va convirtiendo en el instrumento imprescindible para sus relaciones interpersonales, para su adaptación y ajuste social y para la compleja representación cognoscitiva.

Por eso tal vez, más que cualquier otro instrumento o medio, la capacidad del niño para hablar y comunicar sus pensamientos, deseos y necesidades en forma clara, influirá, en gran medida, en el logro de sus aspiraciones y metas personales y, en suma, en su felicidad.

Esta capacidad, aparte de la buena disposición biológica que pueda tener el niño, depende fundamentalmente de la cantidad y calidad de estimulación lingüística que los padres puedan brindarle desde su temprana infancia.

Así, los padres vienen a ser los propiciadores de la estimulación inicial del lenguaje en sus niños. El cariño, apoyo y comprensión que le brindan en este proceso, especialmente cuando enfrentan dificultades, constituyen para el niño un bálsamo reconfortante y tranquilizador para sus inquietudes y frustraciones, estimulándolo así a seguir adelante con un nuevo y denodado optimismo en la superación del problema.

En este proceso de adquisición, la expresión verbal clara y adecuada de los padres debe ser un modelo intencionalmente ejercido sobre el niño. De esa manera va corrigiendo y superando sus defectos bajo la influencia de sus padres y de quienes lo rodean.

  

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