1 ANGLERÍA, Pedro Mártir de. Décadas del Nuevo Mundo. Trad. de Agustín Millares Carlo. México, José Porrúa e Hijos, 1964, Lib. II, cap. IV, p. 21.

  2 FERNÁNDEZ DE OVIEDO, Gonzalo. Historia General y Natural de las Indias. Edición y estudio preliminar de Juan Pérez de Tudela. Madrid, Editorial Atlas, 1959, Lib. IV, cap. II, t. I, p. 197.

  3 PIETSCHMANN, Horst. El Estado y su evolución al principio de la colonización española en América. México, Fondo de Cultura Económica, 1989, p. 109. Por otra parte, es de precisar que cuando se produce el arribo del primer viaje de Colón en 1492, el objetivo prioritario de la empresa como tal, y de los Reyes Católicos, es expansivo y económico. Lo que no significa que el ánimo de evangelizar las nuevas tierras no estuviera presente, pero será recién a partir de 1493, con las bulas «Inter Caetera» o Bulas Alejandrinas, que éste se hará patente. Aunque es preciso indicar que la búsqueda de este tipo de respaldo en la Iglesia, tuvo detrás intereses igualmente políticos y económicos, pues estaba encaminada a consolidar la soberanía de las tierras que se descubriesen en el futuro y a la exclusividad en el comercio y la navegación en dichos territorios y sus mares aledaños. Véase RUMEU DE ARMAS, Antonio. «La libertad del aborigen americano», en Estudios sobre política indigenista española en América. Valladolid, Seminario de Historia de América de la Universidad de Valladolid, 1975, t. I, p.49-50.

  4 ICAZA DUFOUR, Francisco de. «De la libertad y capacidad del indígena». En Revista de Investigaciones Jurídicas. Año 17, México, 1993, p. 37. En tal sentido, ha precisado Silvio ZAVALA, que cuestiones como la justicia de los títulos de la invasión española, con todo lo que eso implicaba, es decir, la apropiación de los bienes y tesoros encontrados en los nuevos territorios, así como la justicia de la guerra efectuada contra los indios, forman parte del primer ciclo de problemas que tuvieron que afrontarse, apenas producido el arribo de los españoles a las costas americanas. Véase Las instituciones jurídicas en la conquista de América. Madrid, Centro de Estudios Históricos, 1935, p. 1-10.

En este contexto, se explica el hecho de que, a la vuelta del primer viaje de Colón, los Reyes Católicos se preocuparan por conseguir la consagración papal de sus derechos sobre las tierras descubiertas y por descubrir. Además de producir el efecto deseado, la respuesta papal no puso en tela de juicio la capacidad racional de los naturales de los territorios recién descubiertos, pero tampoco la afirmó de manera contundente. En cualquier caso, se sostiene que las gentes «...que pacíficamente viven, y que según dicen andan desnudos y no comen carne ; y (...) las tales gentes, habitantes de las antedichas islas y tierras, creen en un Dios creador que esta en los Cielos, y parecen bastante aptos para recibir la fe católica y serles enseñadas buenas costumbres...». De este modo, la soberanía concedida por el Papa Alejandro VI, estuvo subordinada a la evangelización de los habitantes. Cf. MORALES PADRÓN, Francisco. Teoría y leyes de la Conquista. Madrid, Ediciones Cultura Hispánica, Centro Iberoamericano de Cooperación, 1979, p. 165-179.

  5 El derecho especial más característico es el previsto, por ejemplo, en D.28.3.7, que se refiere al testamento de los militares. Véase el prólogo de Alejandro Guzmán Brito en BRAVO LIRA, Bernardino, Derecho común y Derecho propio en el Nuevo Mundo. Santiago de Chile, Editorial Jurídica de Chile, 1989, p. XI.

  6 Ibid., p. XII.

  7 El pasaje del libro I de las Instituciones de Ulpiano, conservado en D.1.1.6, dice: «El derecho civil es aquel que ni se aparta en todo del natural o de gentes ni se adapta totalmente a él. Así pues, cuando añadimos o sustraemos algo al derecho común, lo convertimos en derecho propio, es decir, civil».

  8 BRAVO LIRA, op. cit., p. XIII. Desde otra perspectiva ORESTANO ha señalado que para el Derecho romano clásico el ius commune aparece como resultado de la contraposición con el ius militare, en orden a las especiales disposiciones que regulaban el testamento de los militares, tal como se desprende de D.7.28.3; D.3.29.1. De manera que el ius militare se opone al ius commune como ius singulare, lo cual no significa otra cosa que ambos conceptos son correlativos y se explican uno en función del otro. No habría necesidad de determinar la existencia de un ius commune si no existiese un ius singulare. No existiría una norma calificable como ius singulare si no existiese una norma más general que en esta relación deviene como ius commune. Ver: ORESTANO, Ricardo. Ius Singulare e Privilegium in Diritto Romano. Contributo storico-dommatico. Tolentino, 1937, p. 24-27. Mas de cualquier forma, lo que interesa a nuestros efectos es que el ius commune es usado como un complejo de normas que regula de manera general, es decir, en tanto representa un derecho que vale uniformemente para todos aquellos a quienes no se aplica la norma del ius singulare.

  9 En realidad la expresión ius Romanum cumple una función sistemática y universalizante. Con ella se alude al conjunto de problemas personales y espaciales o de relación con el sistema jurídico; así mismo, el concepto es utilizado para confrontarlo con la realidad externa al sistema (de manera dinámica), para incluirla en éste o excluirla. Ver: CATALANO, Pierangelo. Diritto e Persone. Torino, G. Giappichelli Editore, 1990, p. 90.

 10 Refiriéndose al ius commune, Sandro SCHIPANI advierte que: «tal ius encuentra en la designación ius Romanum, la expresión sintética, puntual, operativa, que fija el perfeccionamiento de la unidad del sistema de Justiniano» en devenir expansivo. Véase «Il Diritto Romano nel Nuovo Mondo». Estratto da Il Diritto dei Nuovi Mondi, Génova, CEDAM, Casa Editrice Dott. Antonio Milani, 1994, p. 56-57.

 11 GARCÍA GALLO, Alfonso. Estudios de Historia del Derecho Privado. Sevilla, Universidad de Sevilla, 1982, p. 28.

 12 BATAILLON, Marcel, y SAINT LU, André. El padre de las Casas: la defensa de los indios. Barcelona, Editorial Ariel, 1976, p. 76. En opinión de estos autores, la reina Isabel conjuró a sus sucesores, en un codicilo célebre, no sólo a respetar la obligación de evangelizar a los indios, sino que también insiste en que sean tratados con humanidad. «Sea su principal fin ...procurar inducir y traer a los pueblos de ellas y los convertir a nuestra Santa Fe Católica ...y no consientan ni den lugar a que los indios vecinos y moradores de las dichas Indias y Tierra firme ganadas y por ganar, reciban agravios algunos en su persona y bienes, mas mando que sean bien y justamente tratados...» Codicilo de Medina del Campo, 23 de noviembre de 1504, citado por: BRAVO LIRA, Derecho común y Derecho propio en el Nuevo Mundo, p. 196.

 13 Ibid., p. 197.

 14 Loc. cit.

 15 GARCÍA, Antonio. «El sentido de las primeras denuncias». En La ética en la conquista de América. Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1984, p. 72. Fueron las reales cédulas fechadas en Alcalá de Henares el 20 de marzo de 1503 y en Zaragoza el 29 de marzo del mismo año, las que organizaron el sistema de trabajo forzado a través de las encomiendas, como se puede ver en KONETZKE, Richard. Colección de documentos para la formación social de Hispanoamérica, 1493-1810, vol. I (1493-1592), Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1953, p. 9. Los indios serían reunidos en aldeas, catequizados y civilizados bajo la autoridad de un español encomendero, que les garantizaba también justicia y protección; a cambio, serían sometidos a un servicio forzado, por turno, bajo las órdenes de los caciques.

 16 LAS CASAS, Bartolomé de. Historia de las Indias. Madrid, Aguilar, s. f., Lib. 3, cap. IV, p. 25.

 17 SCHIPANI, Sandro. «Il Diritto Romano nel Nuovo Mondo», p. 70.

 18 Loc. cit.

 19 CATALANO, Pierangelo. Diritto e Persone, p. 167.

 20 La palabra «persona», siguiendo a Albanese, es de origen etrusco, y alude originariamente a la máscara teatral. En su aplicación jurídica se utiliza para designar al ser humano en cada una de sus posibles roles, es decir, como varón o mujer, libre o siervo, ciudadano o extranjero. Véase ALBANESE, Bernardo. Le persone nel Diritto Privato romano. Palermo, Pubblicazione del Seminario Giuridico dell’ Università di Palermo, 1979, p. 8.

 21 ORESTANO, Ricardo. Il problema delle persone giuridiche in Diritto Romano. Torino, G. Giappichelli, 1968, p. 9.

 22 En textos sin contenido técnico-jurídico, «persona» viene utilizada también para indicar colectividad de hombres (persona civitatis, persona coloniae). No obstante ello, en todo caso se trata de un uso metafórico que alude siempre al hombre como equivalente de persona: Ver CATALANO. Op. cit., p. 169.

 23 «Así pues, como todo derecho haya sido constituido por causa de los hombres, trataremos primero del estado de las personas, y después de las demás cosas, siguiendo el orden del Edicto perpetuo y aplicándoles títulos adecuados y conexos, según lo permita la naturaleza de la cosa» (Trad. de Alfonso García del Corral).

 24 SCHIPANI, Sandro. Derecho Romano: codificación y unificación del Derecho. Bogotá, Universidad del Externado, 1983, p. 55-56.

 25 La carga de la «sistemática», viene referida a la función desarrollada por algunas categorías jurídicas, en el sentido que sirven para institucionalizar una tipología y orden en la experiencia jurídica. Permiten constituir categorías expositivas que ordenan normas e instituciones en torno a los núcleos expresados por ellas, tendientes a su vez a convertirse en conceptos jurídicos generales. En tal sentido, el concepto jurídico de persona incluye el tratamiento de libres y esclavos (Gaio 1.9 ss.; J. 1.3 ss.), comprende además el tratamiento de la patria potestad, del matrimonio y de la adopción (Gaio 1.55; J. 1.9 ss), de la manus (Gaio 1. 143 ss.; J.1.13 ss.) y de la curatela ( Gaio 1. 198 ss.; J.1.23). Véase SCHIPANI, Sandro. Derecho Romano: codificación y unificación del Derecho, p. 32-42.

 26 La bula Sublimis Deus es el fruto de un proceso de reacción en contra del trato inhumano que se venía dando a los aborígenes, el mismo que incluía la creencia de que los indios no eran capaces para la fe y no tenían la capacidad para vivir por sí solos, sino que requerían estar permanentemente sometidos. Ver: HANKE, Lewis. El Papa Paulo III y los indios de América. México, Editorial Jus, 1992, p. 19-23. En torno a la idea de la incapacidad de los indios, Alberto de la Hera advierte citando al Padre Remesal que: «Para que no hubiese que les argüir (a los que hacían grandes estragos entre los indios) vinieron a negar un principio tan caro y evidente como que los indios eran hombres, y con esto respondían a quienes les afeaba el término que usaban ellos y el robarles sus personas, hijos y haciendas, como quien no tenía más dominio sobre lo uno o lo otro que las fieras del campo. Esta opinión diabólica tuvo principio en la isla Española, y fue en gran parte para agotar los antiguos moradores de ella, y como toda la gente que se repartía por todo este nuevo mundo de las Indias pasaba primero por aquellas islas, que era en este punto entrar en una escuela de Satanás para deprender este parecer y sentencia del infierno. Lleváronla muchos a México y sembráronla por la comarca, y principalmente los soldados que entraban a descubrimientos y conquistas y nuestra provincia de Guatemala estuvo bien infeccionada de ella». LA HERA, Alberto de. Los Derechos espirituales y temporales del Nuevo Mundo. México, Editorial Jus, 1992, p. 102-103.

 27 SCHIPANI. S. «Il Diritto Romano nel Nuovo Mondo». p. 70-71. En igual sentido, LA HERA, Los Derechos espirituales y temporales del Nuevo Mundo. p.95

 28 Traducida del latín al español por el Padre Mariano Cuevas, S.J., Documentos inéditos del siglo XVI para la historia de México. México, D.F., Biblioteca Porrúa, 1975, doc. XVIII, p. 84-86.

 29 LA HERA. Los Derechos espirituales y temporales del Nuevo Mundo, p. 180-181.

 30 KONETZKE. op. cit., p. 145.

 31 Instrucción al comendador frey Nicolás de Ovando, gobernador de las islas y tierra firme del Mar Océano. En: KONETZKE, op. cit., p. 4-5. La afirmación es similar a la contenida en las Leyes Nuevas: « ... Nos deseamos que los indios se conviertan a nuestra santa fe católica y sus ánimas se salven. (...) direís de nuestra parte a los caciques que Nos queremos que los indios sean muy bien tratados como nuestros buenos súbditos y vasallos...».

 32 SCHIPANI, «Il Diritto Romano nel Nuovo Mondo», p. 71. Es importante anotar, según precisión de este mismo autor que, las Nuevas Leyes «costituiscono un rinnovato sforzo di traduzione in un complesso organico di disposizioni, destinati all’ aplicazione, della ininterrotta linea del diritto comune, del suo unitario concetto di uomo, che quindi non si modifica, ma viene consapevolemente riacquisito».

 33 ZAVALA, Silvio. Las instituciones jurídicas en la conquista de América, p. 56-57.

 34 GARCÍA-PELAYO, Manuel. Estudio preliminar a Juan Ginés de Sepúlveda, Tratado sobre las justas causas de la guerra contra los indios. México, Fondo de Cultura Económica, 1979, p. 4-5.

 35 Ibid., p. 7.

 36 ZAVALA, Silvio. La filosofía política de la conquista de América. México/Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica, 1947, p. 58.

 37 Tratado sobre las justas causas de la guerra contra los indios, p. 59 y 67.

 38 Ibid., p. 69.

 39 Ibid., p. 9

 40 Ibid., p. 12.

 41 Citado por CASTILLA URBANO, Francisco. «Juan Ginés de Sepúlveda: en torno a una idea de civilización». Revista de Indias. Vol. LII, núms. 195/196. Madrid, 1992, p. 336.

 42 GARCÍA PELAYO, Manuel, op. cit., p. 8.

 43 Ibid., p. 9.

 44 SEPÚLVEDA, op. cit., p. 111.

 45 Ibid., p. 12.

 46 Para Sepúlveda la ley divina y la natural obligan a que «...a estos bárbaros contaminados con torpezas nefandas y con el impío culto de los dioses, no sólo es lícito someterlos a nuestra dominación para traerlos a la salud espiritual y a la verdadera religión por medio de la predicación evangélica, sino que se los puede castigar con guerra todavía más severa» (Ibid, p. 117).

 47 Ibid., p. 133

 48 Ibid., p. 173.

 49 SANCHO IZQUIERDO, Miguel, y HERVADA, Javier. Compendio de Derecho Natural. Navarra, EUNSA, 1981, t. II, p.268.

 50 ICAZA DUFOUR, «De la libertad y capacidad del indígena», p. 36.

 51 VITORIA, Relecciones sobre los indios y el derecho de guerra. Buenos Aires/México: Espasa Calpe Argentina, S.A., 1947, p. 105.

 52 Vitoria llega a decir: «Por lo que creo que el que parezcan tan insensatos y obtusos, proviene de su mala y bárbara educación, lo que es admisible si consideramos que entre nosotros no faltan rústicos poco diferentes de los animales». Ibid. Primera parte, p. 61.

 53 Ibid., p. 104.

 54 Ibid., p. 102.

 55 La cita es directamente a las Instituciones de Justiniano, cuando se afirma que: «El derecho se divide en civil o de gentes. Todos los pueblos regidos por leyes y costumbres tienen un derecho que en parte les es propio, y en parte es común a todos los hombres; pues el derecho que cada pueblo se exclusivamente, es propio de los individuos de la ciudad, y se llama derecho civil; mas el que una razón natural establece entre todos los hombres y se observa en casi todos los pueblos, se llama derecho de gentes, es decir, de todas las naciones» (I.1.2.1)

 56 La definición que nos provee el Digesto, y que reproducimos para un mejor manejo del problema es: «Derecho natural es aquel que la naturaleza enseñó a todos los animales, pues este derecho no es peculiar del género humano, sino común a todos los animales, que nacen en la tierra o en el mar, y también a las aves» (D.1.1.1.3).

 57 La definición de las Instituciones de Justiniano se reafirma en el Digesto, así: «Derecho de gentes es aquel que usan todos los pueblos humanos; el cual fácilmente se diferencia del natural, porque éste es común a todos los animales, y aquél sólo a los hombres entre sí» (D.1.1.1.4).

 58 «Derecho civil es aquel que ni se aparta del todo del natural o del de gentes, ni en absoluto se conforma con él y así, cuando añadimos o quitamos algo al derecho común, hacemos el derecho propio, esto es, el civil» (D.1.1.6).

 59 PANEBIANCO, Massimo. «La recezione del ius gentium in America Latina». En Cultura Iberica e Diritto Romano. Sassari, Università di Sassari, Società Sassarese per le Scienze Giuridiche, 1980-81, p. 152. De cualquier forma esta línea de razonamiento discrepa ampliamente con la expuesta por Guzmán Brito, para quien Vitoria desarrolla una perspectiva de la ciencia del Derecho natural desarrolla una perspectiva de la ciencia del Derecho natural independizada del Derecho civil romano. Ver Prólogo a BRAVO LIRA, op. cit., p. XXVIII.

 60 La idea de la comunicación natural está presente en documentos oficiales. Esto se desprende de la Carta de Carlos V de 1543, a los caciques indios. Veamos: «Y porque nos deseamos tener con vosotros toda amistad y buena confederación, para que habiendo conformidad, todos sirvamos a Dios como debemos, les hemos dado todo nuestro poder cumplido [a los portadores] para que puedan con vos [los caciques] hacer cualesquier concordias y asientos, para que haya entre nos y vosotros verdadera amistad, y mucha benevolencia, y entre nuestros súbditos y los vuestros, toda hermandad y compañía; y vuestras tierras gocen de lo que en nuestros reinos Dios ha criado, que allá no tengáis, y lo que en los ingenios y la industria de nuestros súbditos en todos los siglos ha hallado, e inventado. De lo cual creemos, que cuando tengáis entera noticia, tendréis mucho contentamiento. Y también esperamos que como la suma sabiduría de Dios en todas las partes del mundo cría cosas de mucho provecho para los hombres, y en cada provincia de da a los naturales de ella ingenios e industria bastante, habrá algunas cosas en esa vuestra tierra, de que nuestros reinos sean aprovechados y reciban beneficio; por lo cual huelgan de os ir a ver y llevar las cosas». ZAVALA, Silvio. Las instituciones jurídicas en la conquista de América, p.15.

 61 PANEBIANCO, op. cit., p. 153.

 62 HERNÁNDEZ, Ramón. «La hipótesis de Francisco de Vitoria». En La ética en la conquista de América. Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1984, p. 362.

 63 VITORIA, op. cit., Tercera parte, p.108.

 64 Ibid., p. 104.

 65 Ibid., p. 46.

 66 «Por lo que creo que el que parezcan tan insensatos y obtusos, proviene de su mala y bárbara educación, lo que es admisible si consideramos que entre nosotros no faltan rústicos poco diferentes de los animales»

 67 Vitoria afirma que son razones de caridad las que influyen en la necesidad de gobernar a quienes por su condición de barbarie se encuentran prácticamente en un estado de amencia o idiocia: es por su bien. (Ibid., p. 119-120). Ver igualmente el comentario sobre este punto en: ZAVALA. La filosofía política de la conquista de América, p. 100.

 68 LAS CASAS. Historia de Indias, Lib. I, cap. XLVI, t. I, p. 233.

 69 Es significativo el hecho de que Las Casas se apoyara en Cicerón para el desarrollo de su posición sobre la unidad jurídica de la consideración del hombre. Como sostiene Guzmán Brito, «a través de Cicerón hablaba la estirpe romana, dominadora del mundo entonces conocido, y que en consecuencia pudo haber concebido una suerte de noción de superioridad por sobre las demás estirpes al modo en que los griegos la concibieron para sí, en razón de su ostensible y evidente primacía cultural. Cicerón mismo no ocultaba el sentimiento de la superioridad política del pueblo romano...», pero ya vemos que esa suprema valoración fue plenamente compatible con la idea de que lo que verdaderamente define al hombre como tal es su razón, y que cualquier definición del hombre vale para todos, porque «nada hay tan semejante, tan igual a otra cosa como todos los hombres entre nosotros mismos» (Cic., De Legibus 1,10,29). Ver: GUZMÁN BRITO, Alejandro. «La igualdad natural de todos los hombres en el pensamiento jurídico romano de la época clásica». En Revista de Estudios Histórico-Jurídicos. Valparaíso, 1991, p. 27-29.

 70 LAS CASAS. Historia de Indias, Lib. II, cap. LVIII, p. 334.

 71 Ibid., prólogo, t. I, p. 14-15.

 72 LAS CASAS. De regia potestate. Edición crítica bilingüe por Luciano Pereña, J. M. Pérez-Prendes, Vidal Abril y Joaquín Azcarraga. Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1969, p. 16.

 73 Según Bartolomé de las Casas: «El continente, que son todas estas regiones indianas, es felicísimo y favorable a la naturaleza y condición humana ...». A ello agrega: «todas estas indias son las más templadas, las más sanas, las más fértiles, las más felices, alegres...y más conforme su habitación a nuestra naturaleza humana, de las del mundo». En Apologética Historia Sumaria. México, Instituto de Investigaciones de la Universidad Nacional Autónoma de México, 1987, Vol. I, p. 169 y 108.

 74 «Como pues aquestas naciones sean de su naturaleza tan benignas, quietas y mansas y ajenas de ser perturbadas sus ánimas de la ira, que es pasión impeditiva del entendimiento, manifiesto es que por la carencia natural que tiene della, por esta causa natural no podrán ser impedidos en los actos del entendimiento natural». De donde Las Casas deduce no solamente la capacidad intelectiva de los indios, sino su especial aptitud para la vida intelectual y científica, así sostiene: «...porque aquestas gentes por la mayor parte (...) son para las ciencias más que otros hábitos». Ibid., p. 166-167,190-191.

 75 HOYOS CASTAÑEDA, I.M. El Concepto jurídico de persona. Pamplona, Ediciones Universidad de Navarra, 1989, p. 35.

 76 Ibid., p. 527.

 77 HANISCH ESPÍNDOLA, Hugo. «La defensa de la libertad en el Derecho romano». En Revista de Estudios Histórico-Jurídicos, IX, Valparaíso, 1984, p. 13.

 78 Ibid., p. 13-14.

 79 Jurista del tiempo del emperador Adriano (117-138), también fue contemporáneo de Pomponio y Gayo. La obra de este autor fue citada frecuentemente por juristas posteriores y utilizada, más tarde, en el Digesto de Justiniano. Ver: GARCÍA GARRIDO, Manuel. Diccionario de jurisprudencia romana. Madrid: Editorial Dykinson, 1982, p. 318.

 80 «Mas por todas las leyes son declarados reos los esclavos, excepto por la ley Julia de la violencia privada, porque en virtud de esta ley los condenados son castigados con la confiscación de la tercera parte de los bienes, cuya pena no es aplicable al esclavo. Y lo mismo se ha de decir en cuanto a las demás leyes, en que se impone pena pecuniaria, o también la capital, que no corresponde a las penas de los esclavos, así como la relegación. Tampoco la ley Pompeya sobre el parricidio, porque el primer capítulo comprende a los que hubieren matado a sus ascendientes o cognados, o a sus patronos, cuyas circunstancias por lo que se refiere a las palabras de la ley, no concurren en los esclavos; pero cuando la naturaleza es común se les castiga igualmente también a ellos. Asimismo Cornelio Sula fue autor de que el esclavo no deba ser admitido como reo por la ley Cornelia sobre las injurias, pero le amenaza extraordinariamente una pena más dura».

 81 Jurista del siglo II d.C., fue contemporáneo de los emperadores Marco Aurelio y Cómodo. Escribió un libro de Instituciones. Ver: GARCÍA GARRIDO, Manuel, op. cit., p. 140.

 82 «Libertad es la natural facultad de hacer a lo que le place a cada cual, salvo si algo se prohíbe por la fuerza, o por la ley. La esclavitud es una constitución del derecho de gentes, por la que ninguno está sujeto contra la naturaleza del dominio ajeno (...)».

 83 Claudio Trifonio fue miembro del consejo imperial de Septimio Severo, emperador entre los años 193 y 211 d.C.

 84 «Si lo que el señor debió a un esclavo, se lo pagó ya manumitido, aunque creyendo que le estaba obligado por alguna acción, no lo podrá, sin embargo, repetir porque pagó una deuda natural; porque así como la libertad se contiene en el derecho natural, y la dominación fue introducida por el derecho de gentes, así se ha de entender naturalmente en la condición la razón de lo debido, o de lo no debido».

 85 «A veces aún los nacidos esclavos se hacen ingenuos por disposición del derecho en virtud de un hecho posterior, por ejemplo, si un libertino hubiere sido restituido por el príncipe a su condición natal. Porque se los restituye ciertamente a aquella condición natal en que estuvieron todos los hombres en un principio, no a aquella en que nace cuando hubiese nacido esclavo; pues éste, por lo que se refiere a todo el derecho, es considerado lo mismo que si hubiese nacido ingenuo; y ni su patrono puede ir a su sucesión. Y por esto no suelen los emperadores restituir a cualquiera su condición natal, sino consintiéndolo el patrono».

 86 Jurista del siglo III d.C. Escribió una obra de instituciones en 16 libros, una obra de Digestos en 7 libros y algunas otras obras monográficas. Fue contemporáneo del emperador Antonino Caracalla. Ver: GARCÍA GARRIDO, Manuel, op. cit., p. 234.

 87 SCHIPANI, Sandro. «Il Diritto Romano nel Nuovo Mondo», p. 64.

 88 Tal es el caso de la real cédula del 20 de junio de 1500, en la cual los reyes mandan que todos los indios que Pedro Torres tenía en depósito, «...los cuales agora mandamos se pongan en libertad», y se restituyan a los países de su naturaleza. Ver KONETZKE, op. cit., p. 4. Este mismo discurso está presente a lo largo de todas las normas que se han ocupado del problema de la libertad de los indios, incluyendo las Leyes Nuevas.

 89 SCHIPANI, op. cit., p. 66.

 90 Loc. cit.

 91 ALBANESE, Bernardo. Le persone nel Diritto Privato Romano, p. 19.

 92 SCHIPANI, op. cit., p. 61.

 93 GUZMÁN BRITO, Alejandro. «La igualdad natural de todos los hombres en el pensamiento jurídico romano de la época clásica», p. 17-18.

 94 Loc. cit.

 95 ZAVALA, Silvio. La filosofía política en la conquista de América, p. 42.

 96 ARISTÓTELES. Política. Lib. I, cap.1, citado por BACIERO, Carlos. «Conclusiones definitivas de la segunda generación», en La ética en la conquista de América. Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1984, p. 420.

 97 GARCÍA-PELAYO. Estudio preliminar a Tratado sobre las justas causas de la guerra contra los indios, p. 9

 98 Ibid., p. 67.

 99 Ibid., p. 69

100 Ibid., p. 23.

101 Es la que caracteriza su posición frente al problema de la libertad de los aborígenes americanos y, como precisa García Pelayo, la raíz de su distanciamiento con la Escolástica, «pues si la ley natural está escrita en el corazón de todos los hombres, aunque sean griegos o escitas, si es conocida directamente por la razón sólo por la calidad del ser humano, es evidente que dentro de esta naturaleza no puede encuadrarse aquella que divide a los hombres en señores y siervos por naturaleza. La doctrina de Sepúlveda respecto a los indios arrastra dentro de sí esta contradicción». Ibid., p.24.

102 Ibid., p. 83-85.

103 Ibid., p. 85. Adviértase el viraje que hace Sepúlveda para buscar respaldo, más allá del pensamiento aristotélico, en la ley natural y divina.

104 La base de este razonamiento es el concepto de superioridad cultural presente en el pensamiento de Sepúlveda. Esta perspectiva lo lleva a sostener que es comprensible, si se conoce «...las costumbres y la naturaleza de una y otra gente, que con perfecto derecho los españoles imperan sobre estos bárbaros del nuevo mundo e islas adyacentes, los cuales en prudencia, ingenio, virtud y humanidad son tan inferiores a los españoles como los niños a los adultos y las mujeres a los varones, habiendo entre ellos tanta diferencia como la que va de gentes fieras y crueles a gentes clementísimas, de los prodigiosamente intemperantes a los continentes y templados, y estoy por decir que de monos a hombres». Ibid., p. 101.

105 Ibid. p. 87.

106 Ibid., p. 159.


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