1 F. Nietzsche, Así habló Zaratustra. Barcelona, Editorial Planeta-Agostini, 1992, p. 164-165.

 2 «Estando estas tierras remotísimas y tan apartadas de las cabezas supremas de la república, tanto de la real como de la pontificia, ofrecen ancho campo a la licencia y apetito de justicias y magistrados, y a que crean que les es lícito hacer cuanto les venga en talante...De aquí las sediciones y los tumultos y la perturbación total de la república, y el remedio enteramente tardío si llega. Buen testimonio es este reino del Perú, tantas veces agitado de alteraciones y guerras civiles, y movido como proceloso mar de vientos contrarios.» José de Acosta, De procuranda indorum salute. En: Obras del Padre José de Acosta, Madrid, 1954, Biblioteca de autores españoles, Tomo LXXIII, p. 464-465.

 3 Bernard Lavallé, Las promesas ambiguas, ensayos sobre el criollismo colonial en los Andes. Lima, PUC-IRA, 1993, p. 50.

 4 Cf. Silvio Zavala, Servidumbre natural y libertad cristiana según los tratadistas españoles de los siglos XVI y XVII. Buenos Aires, 1944, p.62.

 5 Bartolomé de las Casas, Apologética historia de las Indias, Madrid, 1958, BAE, T. CV. Particularmente caps. XXIII, XXIV, XXIX y XXX. Cf. también: Apologética historia sumaria, México, FCE, 1967, con prefacio de M. León-Portilla.

 6 Madrid, 1967, vol.II, lib.III, cap.3, p.28-29.

 7 Madrid, 1956, BAE, T.XCII, lib.XI, cap.3, p.11-13.

 8 Acosta... De procuranda indorum..., op.cit. p.517, 601, 602.

 9 «A los hijos de español y de española nacidos allá dicen criollo o criolla, por decir que son nacidos en Indias. Es nombre que lo inventaron los negros». Inca Garcilaso de la Vega, Comentarios Reales de los Incas. Mexico-Lima, FCE, 1991, Tomo II, Lib. IX, cap. XXXI, p.627.

 10 Ibidem.

 11 Ibidem.

 12 Ibidem.

 13 Bernard Lavallé, op. cit., p. 46.

 14 Fr. Reginaldo de Lizárraga, Descripción breve de toda la tierra del Perú, Tucumán y Río de la Plata. Madrid, 1968, BAE, T.CCXVII, p. 101-102. Habría que añadir en este punto que Lizárraga coincide con Acosta (De procuranda... op.cit., Lib.IV, cap. VIII, p.517) y con Guaman Poma (Nueva Corónica..., op.cit., T.II, f.537).

 15 Popayán, 20-V-1635, Archivo General de Indias, Quito, 605. Cit. por B. Lavallé, p. 49.

 16 Cit. por Bernard Lavallé, op. cit., p.26, de la Biblioteca de la Real Academia de la Historia (Madrid), Lima, 1-VII-1550, Colección Muñoz, T.67, f. 189r-189v. Según Lavallé, unos meses más tarde los oidores de Lima lo confirmaban: «...ninguno tiene amor a las cosas de acá...» (Lima 15. II. 1551)

 17 Lavallé, op. cit., p.111.

 18 Antonio González de Acuña, Informe a nuestro reverendísimo Padre General de el Orden de predicadores Jhoan Baptista de Marinis..., Madrid, 1659.

 19 Antonio de León Pinelo, Paraíso en el nuevo mundo... Lima, 1943, edición de Raúl Porras Barrenechea, 2 vols.

 20 Lavallé, op. cit., p. 121-122.

 21 José Eusebio del Llano Zapata, Memorias histórico-físicas, crítico-apologéticas de la América meridional. De los cuatro volúmenes originales, sólo queda el primero en la Biblioteca Nacional de Lima. Sobre el contenido de los restantes tomos, ver reseña de Barreda y Laos, Vida intelectual del virreinato del Perú. Lima, UNMSM, 1964 (3ª edición), p. 206-219. Cf. también sobre el contexto, Elías Trabulse, Ciencia y tecnología en el Nuevo Mundo. México, Fondo de Cultura Económica & Colegio de México, 1994, caps. III y IV, p. 72-146.

 22 Hipólito Unanue, Observaciones sobre el clima de Lima y su influencia en los seres organizados, en especial el hombre. Lima, Comisión Nacional de Cooperación Intelectual, 1940.

 23 José de Acosta, Historia natural y moral de las Indias. En: Obras del Padre José de Acosta, op. cit., Tomo LXXIII, p. 3-247.

 24 Acosta, De procuranda indorum salute. En: op. cit., p. 389-608.

 25 Inca Garcilaso de la Vega, Comentarios Reales de los Incas, México-Lima, FCE, 1991, Edición, índice analítico y glosario de Carlos Araníbar, 2 vols.

 26 Felipe Guaman Poma de Ayala, Nueva Corónica y Buen Gobierno, México, FCE, 1993, Edición y prólogo de Franklin Pease y vocabulario y traducciones de Jan Szeminski, 2 vols.

 27 Acosta, Historia natural y moral de las indias. En: op. cit., p. 3-4.

 28 Ibid., Lib.I, cap. XIV, p. 23.

 29 Cf. Giordano Bruno, La cena de las cenizas. Madrid, Alianza Universidad, 1987, Introducción, p. 33 y Primer diálogo, p.60-81. Ver también Acosta, Historia natural y moral. En: op. cit., p. 26 y 39: «...nuestra fe, que nos enseña, que todos los hombres proceden de un primer hombre».

 30 Cf. Bartolomé de las Casas, obra indigenista. Edición de José Alcina Franch, Madrid, Alianza Editorial, 1985, cap. 3: Controversia Las Casas-Sepúlveda, p. 163-280.

 31 Cf. Acosta, Historia natural y moral. En: op. cit., Lib. VI, caps. I y XIX., p. 182-183 y 198-199.

32 Ibid. p. 26 y 32. Ver también cap. XXXIV, p.129: «Halláronse, pues, animales de la misma especie que en Europa, sin haber sido llevados de españoles. Hay leones, tigres, osos, jabalíes, zorras y otras fieras y animales silvestres...que no siendo verosímil que por mar pasasen en Indias...y embarcarlos consigo hombres es locura...(pero)...conforme a la divina Escritura, todos estos animales se salvaron en el arca de Noé, y de allí se han propagado en el mundo.»

 33 Ibid., caps. III-IX, p. 40 y ss.

 34 Ibid., p.32, 33, 34.

 35 Ibid., p. 27, 28 ss.

 36 Ibid., cap. XXXVI y ss., p.130, ss.

 37 Ibid., p.38.

 38 Acosta, De procuranda indorum... En: op. cit., Proemio, p. 390 y 522-523.

 39 Acosta, op. cit., lib. II, cap. XI, p.49.

 40 Loc. cit.

 41 Federico Guillermo José Schelling, La esencia de la libertad humana. Buenos Aires, 1950, p. 39-152.

 42 «El romanticismo fue una reacción contra la Ilustración y, por tanto, estuvo determinado por ella: fue uno de sus productos contradictorios, tentativa de la imaginación poética por repoblar las almas que había despoblado la razón crítica, búsqueda de un principio distinto al de las religiones y negación del tiempo fechado de las revoluciones. El romanticismo es la otra cara de la modernidad: sus remordimientos, sus delirios, sus nostalgias de una palabra encarnada. Ambigüedad romántica, exaltación de los poderes y facultades del niño, el loco, la mujer, el otro no racional, pero los exalta desde la modernidad.» Octavio Paz, Los hijos del limo, Ed. Oveja Negra, 1974. Ver también José María Ripalda, «Ilustración y romanticismo»: En: Romanticismo y marxismo. Madrid, FIM, 1994, p.11-26.

 43 Acosta, Historia natural y moral. En: op. cit., lib. II, cap. XIV, p. 52.

 44 Acosta, op. cit., libro V, Prólogo..., p. 139.

 45 Loc. cit.

 46 «Los conectores (inglés shifters, francés embrayeurs) son una clase de palabras cuyo sentido varía con la situación; al carecer estas palabras de una referencia propia en la lengua, sólo reciben un referente cuando están incluidas en un mensaje... sólo toman valor por referencia a un locutor emisor y al tiempo de la enunciación... El criterio esencial es, pues, el remitir necesariamente al discurso... se reservará el nombre de conectores para las unidades del código que remiten obligatoriamente al mensaje.» Jean Dubois y otros, Diccionario de Lingüística, Madrid, Alianza Editorial, 1979, p. 135-136

 47 Franklin Pease G.Y., El pasado andino: ¿Historia o escenografía? Lima, Cuadernos de Investigación, PUC-IRA, 1994, p.4.

 48 Ibid., p.7.

 49 Ibid., p.7-8.

 50 Ibid., p.12.

 51 Ibid., p.13-14.

 52 Cf. Kurt Spang, Fundamentos de retórica. Pamplona, Ed. Universidad de Navarra, 1979, p. 82-83.

 53 Ibid., p. 32-33.

 54 Ibid., p. 41.

 55 Aristóteles, Retórica. Lib. I, cap. 3, 1358a/1359a. En Obras, Madrid, Aguilar, 1964, p. 124.

 56 «Como por el arte de la retórica se persuade la verdad y la mentira, ¿quién se atreverá a decir que la verdad debe hallarse inerme en sus defensores contra la mentira, y que, por tanto, los que intentan persuadir falsedades deben saber en el exordio de la oración hacer al oyente benévolo, atento y dócil; y los que exponen la verdad han de ignorarlo?» San Agustín, De doctrina christiana, Lib. IV, cap. 2, y 3. En Obras de San Agustín, Madrid, BAC, 1957, T. XV, p. 263.

 57 Ibid., IV, 4, 6, p.269.

 58 Ibid., IV, 19, 38, p.311.

 59 Ibid., IV, 26, 56, p.339.

 60 José A. Rodríguez Garrido, Retórica y tomismo en Espinosa Medrano. Lima, PUC-IRA, 1994, p.14, 16, 17, 19 y 22.

 61 Ibid., p. 14.

 62 «Deseosas fueron siempre las letras de que las apadrinaran las armas. No se qué hechizo se tiene la braveza de estas, que se arrebata la serenidad de aquellas, haziendolas que vinculen el mayor lustre de la escuela en arrimarse a los asombros de la campaña. Y si se apura el discurrir, diré que no cualquier ciencia se inclina al patrocinio de las armas, sino en especial la Theología de los Thomistas y genuinos Dicípulos del Doctor Angélico». Cit. por Rodríguez Garrido, ibidem.

 63 Rodríguez Garrido, op. cit., p. 16-17.

 64 Acosta, De procuranda indorum... En: op. cit., p. 461.

 65 Ibid., p. 513 y 544.

 66 «...algunos han llegado a pensar que sin la fe y con sólo el conocimiento de razón natural pueden conseguir su salvación, cuya sentencia aunque ellos son católicos, es tan abiertamente herética que no hay cosa más contraria a la fe que decir que sin la fe nadie puede salvarse.». Ibid., p. 546.

 67 Ibid., p. 552.

 68 Ibid., Proemio, p. 391-392.

 69 Acosta, Historia natural y moral. En: op. cit., lib. V, cap. III, p.142.

 70 Loc. cit.

 71 Acosta, De procuranda indorum..., op. cit., Proemio, p.392-393.

 72 Loc. cit.

 73 La clasificación de peruanos y mejicanos en este «segundo género de bárbaros» hecha por Acosta, proviene directamente de la caracterización dada por el dominico fray Bartolomé de las Casas, debido a su incapacidad para crear un sistema de escritura: «A la segunda clase de bárbaros pertenecen aquellos que carecen de un idioma literario correspondiente a su idioma materno (idioma literario que, entre nosotros, es el latín), y así no saben exponer en él lo que piensan. Por lo cual son considerados rudos y faltos de letras y erudición». Juán Ginés de Sepúlveda-Bartolomé de la Casas, Apología. Madrid, Editora Nacional, 1975, p.126.

 74 San Agustín, De vera religione, caps. XXXVI y XXXVII, prgs. 66, 67, 68. En Obras de San Agustín, Tomo IV, p. 151-153.

 75 Acosta, Historia natural y moral, op. cit., p. 141. En De procuranda indorum salute, Acosta había clasificado tres géneros de idolatrías, siguiendo la taxonomía de Juan Damasceno. Cf. p. 559-561.

 76 Acosta, Historia natural y moral, p. 142.

 77 Acosta, De procuranda indorum...En: op. cit., p. 518-519.

 78 Acosta, op. cit., lib. VI, cap. I, p.182.

 79 «...en realidad son hombres, aunque parezcan irracionales.» Acosta, De procuranda indorum... En: op. cit. p. 410.

 80 Ibid., p.520.

 81 Cf. José Luis Suárez Roca, Lingüística misionera española . Oviedo, Pentalfa Ed., 1992, cap. I, p. 11-37.

 82 San Agustín, Contra los académicos. Lib. I, cap. 1, prg. 3. En Obras de San Agustín, Tomo III, p. 66.

 83 Cf. San Agustín, De vera religione, op.cit., cap. XXXVI, p. 151- 153.

 84 A diferencia de las idolatrías de los griegos, más referidas a «las invenciones de los poetas» debido posiblemente a que su lengua escrita les permitía acceder a universales abstractos. En ellos, la idolatría no se debería a un simple «...error del vulgo, antes los más excelentes de los poetas y los retóricos y aun de los filósofos mostraron admiración a semejantes bagatelas. ¿No es el divino Platón quien diserta largamente de los dioses mayores y menores, o mejor dice delirios?» Acosta, op. cit., p. 560.

 85 Acosta, De procuranda indorum... En: op. cit., p. 405.

 86 Acosta, Historia natural y moral. En: op. cit., lib. VI, cap. IV, p.185.

 87 Loc. cit.

 88 «Signum est enim res, praeter speciem quam ingerit sensibus, aliud aliquid ex se faciens in cogitationem venire». Obras de San Agustín, T. XV: De la doctrina cristiana..., edición preparada por B. Martín, O.S.A., Madrid, BAC, 1957, lib. II, cap. I, p. 112.

 89 «...se ha de considerar en las cosas lo que son, no lo que aparte de sí mismas puedan significar». Ibid. I,4,4.

 90 Loc. cit.

 91 Loc. cit.

 92 Cf. Platón, Teeteto, p.208b-210b. Ver también Aristóteles, Metafísica, lib. Z, cap.15.

 93 «Las palabras habladas son signos o símbolos de las afecciones o impresiones del alma...las afecciones mentales en sí mismas, de las que esas palabras son primariamente signos, son las mismas para toda la humanidad, como lo son también los objetos, de los que esas afecciones son representaciones, semejanzas, imágenes o copias.» Aristóteles, Obras, Madrid, Aguilar, 1964 (trad. P. Samaranch), De la expresión o interpretación, p. 258.

 94 San Agustín, De doctrina christiana, op.cit., II, 3, 4, p.115.

 95 Ibid., II, 5, 5 y III, 29, 40, p.117 y 237.

 96 Ibid., II, 12, 17, p.131.

 97 Ibid., II, 10, 15, p.129.

 98 Ibid., II, 11, 16, p.129.

 99 Cf. Suárez Roca, Lingüística misionera española, passim.

 100 San Agustín, De doctrina christiana, op.cit., II, 10, 15, p.129.

 101 Ibid., II, 6, 7, p.119.

 102 «El conocimiento humano tiene por objeto a las cosas naturales primero en cuanto a la forma, y secundariamente a la materia en cuanto que dice en relación a la forma. Y así como toda forma, en cuanto tal, es universal, así la relación a la forma no hace conocer a la materia sino con conocimiento universal...De ahí se sigue que nuestra mente no puede conocer al singular directamente(...) la mente se introduce accidentalmente en los singulares, en cuanto se continúa o tiene su prolongación en las facultades sensitivas, que tienen por objeto lo particular.» Santo Tomás de Aquino, Quaestiones disputate, vol. I, De veritate. quest.10, art. 5: «Si nuestra mente puede conocer las cosas materiales singularmente». En Clemente Fernández S.I., Los filósofos medievales (selección de textos), Madrid, BAC, 1979, T.II, p.289.

 103 «Una cosa es conocer las reglas del enlace o de la conexión y otra conocer la verdad de las premisas... aquí se juzga únicamente de la conexión en sí. En la verdad de las premisas se atiende a las proposiciones en sí mismas y no a su conexión» San Agustín, De doctrina christiana, op. cit., II, 34, 52, p. 177.

 104 «Falso es la significación de una cosa que no es como se indica». San Agustín, De doctrina christiana, op. cit., II, 36, 53, p. 179.

 105 «...existe conexión lógica, no sólo entre las verdaderas conclusiones, sino también entre las falsas...Pero la verdad de las sentencias se ha de buscar en los Libros santos y eclesiásticos». Ibid., II, 31, 49, p. 173.

 106 «La cara inteligible del signo permanece dada vuelta hacia el lado del verbo y de la cara de Dios...El signo y la divinidad tienen el mismo lugar y el mismo momento de nacimiento.» Jacques Derrida, Gramatología, Buenos Aires, Ed. Siglo XXI, 1971, p.20.

 107 San Agustín, De doctrina christiana, op.cit., III, 5, 9, p.205.

108 «...todos los cristianos sin excepción son obligados por derecho divino a profesar explícitamente todos los artículos de la fe que están encerrados en el símbolo...» Acosta, De procuranda indorum... En: op. cit., p. 553. Como es conocido, la etimología de la palabra «símbolo», proviene del latín «Symbolum», que significa «signo de reconocimiento». Ello sugiere la idea de que se trata de una especie que remite al genus signo. El símbolo (especie), remitiría pues a una entidad genérica, o forma sustancial suprema, así como la palabra de Santo Tomás es «adverbio del Verbo Divino». El «Verbo Divino», no es pues una palabra cualquiera, es aquella palabra que no es signo de nada, sino aquello de lo cual todo es signo. No es una señal de algo, como el adjetivo «signalis», sino el sustantivo «signa», modelo o logos de lo creado. Tal es el sentido de la teoría del signo de San Agustín como de Santo Tomás, según la teoría clásica del conocimiento mediado por especies. Cf. Oscar A. Quezada Macchiavello, El concepto Signo Natural en Ockham. Una aproximación histórico-semiótica a los problemas filosóficos de la pasión, la intención y la suposición. Lima, UNMSM, 1997, Tesis presentada para optar el grado de Magíster en Filosofía.

109 Acosta, De procuranda indorum... En: op. cit., p. 393.

 


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