| LA SEGUNDA
CAMAPAÑA RESTAURADORA.
DE GUÍA A YUNGAY
1. Primeras medidas del gobierno
de Gamarra
El mismo 25 de agosto quedó organizado el ministerio del nuevo gobierno: Gobierno y
Relaciones Exteriores, don Benito Lazo; Hacienda, don Manuel Ferreyros y mientras llegaba
del Ecuador, el oficial mayor José de Mendiburu; Guerra y Marina, el oficial mayor
Bernardo Soffia.244 Este ministerio tenía una particularidad: en él figuraba
don Benito Lazo ministro del precedente régimen de Orbegoso. ¡Singular persistencia
ministerial! Pero explica en parte esta anomalía la circunstancia de que, en realidad,
Lazo no aparece firmando sino las primeras comunicaciones del régimen de Orbegoso cuando
se emancipó de Santa Cruz; las demás, ya desembarcada la expedición chilena y
renaciente la influencia que sobre Orbegoso ejercían los agentes santacrucinos llevan
otra firma, lo que hace suponer la separación entre Orbegoso y Lazo cuando éste
percibió la hostilidad de aquél para el Ejército Restaurador.
Las primeras medidas del flamante gobierno fueron conciliadoras: montepío para las
familias de los caídos en Guía, llamado a los militares y marinos reconociendo sus
empleos y grados a los que se presentaran. Además comenzó la organización de un
ejército nacional: fue nombrado general en jefe del ejército, La Fuente; quedaron
derogados los derechos contra la introducción de productos chilenos y argentinos; se
hicieron exequias en todas las iglesias por las víctimas de Yanacocha y Socabaya
ordenándose dobles generales de campanas por dos días; fue organizada la guardia
nacional nombrándose al coronel Mendiburu Inspector General; Chorrillos quedó habilitado
como puerto mayor; los funcionarios y demás empleados de la lista civil y de hacienda
fueron declarados a medio sueldo.245
Pero la preocupación inmediata de Gamarra tenía que ser la situación del Callao. Una
mañana de agosto se dirigieron al Callao don Manuel Tellería, Fiscal de la Corte
Suprema, don José Maruri de la Cuba de la Corte Superior, don José Cáceres y don
Aniceto Corvacho miembros del Venerable Cabildo de la Iglesia Metropolitana, don Tomás
Vallejo, don Bernardo Barbarán y don José Antonio Cobián individuos de la
Municipalidad, en comisión para persuadir al gobernador del Callao sobre la necesidad de
unir sus fuerzas al Ejército Restaurador. Así que llegaron a la línea del sitio se les
dio un corneta para que hiciera al acercarse a la fortaleza la señal de paz; y con él
avanzaron hasta tres cuadras de la fortaleza. Salieron entonces de allí dos oficiales a
encontrar a los dos coches de los comisionados y advertidos del objeto del viaje les
respondieron que el gobernador del Callao no reconocía el gobierno de Lima y que no
recibía a persona alguna de su parte. Se le repuso que no el gobierno sino las
corporaciones solicitaban la entrevista y la respuesta fue igualmente inhibitoria.246
En el Callao, Nieto había sido autorizado por Orbegoso, todavía prófugo, con la
investidura suprema; y convencido de que en su débil posición era inútil tratar con los
chilenos, decidió hacer la guerra en el norte para lo cual salió en un buque pequeño
que burló a la escuadra bloqueadora, desembarcando en Supe y emprendiendo previa reunión
de dispersos, marcha sobre la Libertad.247
2. Orbegoso en el Callao. La declaración del 1° de septiembre
Orbegoso en tanto, a salvo ya en el Callao, redactó una profesión de fe política:
Para que no pueda jamás interpretarse mis sentimientos respecto del actual estado
de los negocios de mi patria decía voy a ponerlos por escrito y con el deseo
de que sean publicados al género humano.
1° Con el ejército chileno invasor del
Perú no entraré de modo alguno en otro tratado que no sea desocupar el territorio
peruano sin exigir condición alguna.
2º Le haré la guerra por todos los medios que me sean posibles.
3º Exijo del general Santa Cruz que batiendo o no batiendo al ejército chileno deje al
país en entera libertad de reunir su Congreso y que éste sin coacción y en una absoluta
libertad disponga de su suerte.
4° Exijo que no pueda ser yo elegido Presidente ni bajo otro título Jefe de la Nación y
que se me permita vivir sin ejercer destino público al lado de mi familia.
5º Si para entera tranquilidad del país fuese preciso que yo esté fuera me someto a
salir del país.
6° Las fuerzas de que puedo disponer actualmente y hasta terminar la empresa de libertar
enteramente al país estarán en mis manos o en las de un jefe peruano que yo elija hasta
que se reúna el Congreso y delibere libremente.
7º Si el general Santa Cruz se negara a permitir la libre reunión del Congreso peruano,
si de algún modo lo coactara, yo con todas las fuerzas peruanas le haré la guerra hasta
el último lo mismo que al ejército de Chile. Esta es mi resolución y obro conforme a
ella enteramente. Fortaleza de la Independencia, 1° de septiembre de 1838. Luis
José de Orbegoso.248
Orbegoso, débil en otros momentos,
pecaba ahora de obstinación. A pesar de los sucesos de julio que lo obligaron a
comprometerse a salvar al Perú de Santa Cruz, seguía hablando su vieja convicción de
que había que destruir primero a los chilenos para luego imponer condiciones a Santa
Cruz. Pero ¿podía ya Orbegoso enfrentarse a Chile, al gobierno de Gamarra y a la
Confederación? ¿Santa Cruz se iría tranquilamente del Perú acatando a ese Congreso que
con tanta arrogancia quería imponer desde su encierro del Callao un hombre impotente?
3. Cartas entre Orbegoso y Gamarra. (Diálogo de la pasión que simula y de la
terquedad rencorosa)
Con fecha 3 de septiembre, Gamarra escribió una carta a Orbegoso, después de que una
nueva gestión conciliadora de Bulnes fracasó.
Si Santa Cruz había dado pruebas fehacientes de avidez por el poder, Gamarra estaba desde
1836 jugando el juego del desinterés. Con la hostilidad del vecindario de Lima, al frente
de un gobierno vacilante, sus zorrunas protestas tenían que hacerse más vivas. En esta
clase de movimientos de flanco era más ducho que en el ataque este hijo de escribano.
Si Ud. cree que yo he venido con el ejército de Chile dispuesto a hacerme cargo del
mando supremo o de cualquiera otro destino que no sea el de hacer la guerra al
conquistador del Perú, se equivoca altamente, le decía. Ud. ha visto las
cartas que yo he escrito a mis amigos asegurándoles mi desprendimiento y la resolución
en que he estado de volver a desterrarme de mi patria si en esto sólo consistía el
restablecimiento de la paz y la unión con el ejército de Chile. Ha visto Ud. también
que a mi llegada me he ofrecido a servir bajo las órdenes de Ud. y que de mi corazón se
habían disipado todas las prevenciones anteriores. Bajo ese concepto debe Ud. creer
también que mi colocación en el mando que hoy ejerzo ha sido el sacrificio mayor que
pude haber hecho en mi vida.
Narraba en seguida lo ocurrido. Ansío cada día por descargarme del mando tan luego
como pueda hacerlo con decencia y en bien del Perú. En la alocución que hice a las
corporaciones y pueblo de Lima al día siguiente de haber prestado juramento les protesté
con el lenguaje de mi corazón que si Ud. se presentaba en ese acto a tomar el gobierno,
sería el primero que le rendiría obediencia. Le aseguro a Ud. que esta disposición de
mi ánimo no ha variado; y que estoy decidido a influir en mis amigos y en todos los
buenos peruanos para que se haga Ud. nuevamente cargo del gobierno si se resuelve a seguir
una marcha que salve de sus compromisos con la República entera, en consonancia con los
votos de los pueblos libres.
Negaba, sin embargo, luego, la legitimidad de Orbegoso, perdida desde la división del
Perú en dos Estados. Ambos gobiernos, el de Callao y el de Lima, eran de hecho: la
necesidad y la conveniencia y no las fórmulas constitucionales inspiraban las palabras de
cordialidad de esta carta. Recapitulaba con algunas expresiones duras los sucesos más
inmediatos desde julio y ponía ante Orbegoso un dilema: o se rendía a Santa Cruz
capitulando con él la entrega de estos departamentos a su dominación o abrazaba
cordialmente a sus hermanos los peruanos juramentados para pelear por la Independencia.
Terminaba por decirle que él, Gamarra, concurriría con sus amigos a que Orbegoso
presidiera el Perú hasta la reunión de un Congreso siempre que se pusiera de acuerdo en
los puntos siguientes: 1° Mantenimiento de la Constitución y de los cuerpos ya
reorganizados. 2° Guerra al usurpador del Perú hasta lanzarlo del Perú y reducirlo a la
impotencia de hacer una nueva invasión. 3° Alianza con Chile. 4° Exclusión de los
agentes o adictos de Santa Cruz de los puestos políticos. Hágame Ud. la justicia
de reputarme como un buen peruano y que a este renombre deseo sacrificarlo todo.249
Esta carta fue llevada el 4 de septiembre por un parlamentario al Callao.
Orbegoso contestó con fecha 5. Recordaba otra carta concebida en análogos términos que
recibió en 1834, en análogas circunstancias. Afirmaba que si había Gamarra venido o no
con los chilenos a asaltar el mando lo decían los resultados. Evocaba la actitud del
pueblo el 28 de enero. Decía que en el tratado de La Paz no se estipuló la cisión del
Perú sino la reunión de un Congreso del norte y otro del sur; y que este tratado fue
posterior al que Gamarra celebrara con Santa Cruz y en virtud del cual entró al Perú.
Dejaba constancia de su fidelidad a los principios de la revolución de julio del 38, y de
su espíritu pacifista ante los chilenos que le impidió atacarlos en condiciones
favorables cuando desembarcaron en Ancón. Decía que el general Santa Cruz, cuyos
proyectos habían sido ayudados, por los chilenos, sin saberlo, no habría podido oponerse
a la decisión de los peruanos, y si hubiera venido un choque habríanse levantado los
pueblos como un solo hombre. Declaraba que no se uniría a él (Gamarra) en quien veía el
primer enemigo de la patria, la causa de todas sus desgracias; no transigiría con los
chilenos porque habían invadido el país, vertido la sangre de sus hijos y traído muchas
calamidades; no se uniría a Santa Cruz porque su sistema era contrario a los deseos y a
los intereses de los peruanos. Este pabellón nacional en su pureza está
enarbolado, clavado diré mejor en estos torreones... ni Ud. ni el ejército chileno ni el
general Santa Cruz tienen poder para arrancarlo. Moriré si es preciso abrazado de
él. Se refería luego a que era increíble sostener ya que los chilenos habían
venido a trabajar en favor de los peruanos. No era el general Santa Cruz ni su causa lo
que el ejército peruano defendió a las puertas de la capital. El ejército invasor
conducido por Ud. ha venido a hacer la guerra a los peruanos, a esclavizarlos, a
destruirlos. El resultado de la invasión, aparte de inmensos males al país, había
sido engrandecer el poder de Santa Cruz, rodearlo de la opinión y darle fuerza moral que
no tenía. Y en cuanto a la proposición concreta que le hacía Gamarra contestaba que si
no fuera el jefe de la patria proclamado libre y unánimemente, si no hubiera hecho formal
protesta de abstención política, si fuera capaz de creer en Ud. alguna vez buena
fé, si viera la salvación del país pendiente de la humillación que se le
proponía contestaría siempre: nadie tiene el poder de degradarme, nada en el mundo
es capaz de envilecerme.250
4. Operaciones militares desde Lima. Combate de Matucana
En Lima los coroneles Frisancho y Torrico empezaron a organizar los batallones Cazadores y
Legión Peruana. Castilla al frente de un escuadrón de caballería y dos compañías de
infantería chilenas se dirigió a Chancay a reunir soldados dispersos, combatir
montoneros, adquirir caballos, relacionarse con el vecindario del departamento de Huaylas.
La Fuente, jefe del ejército del norte, se embarcó en Chorrillos con dos compañías del
Carampangue y 56 cazadores a caballo para ocupar el departamento de La Libertad (29 de
agosto). Algunos soldados fueron destacados a los alrededores de la capital para barrer
con los montoneros Rayo, Jiménez, Remolina y otros. El anuncio del avance del ejército
protectoral situado en Tarma y las guerrillas en Matucana, hicieron que fuera destacada
una columna de poco más de 200 hombres al mando de los coroneles Plasencia, Torrico y
Sesse. Llegada a la aldea de Matucana esta columna hallábase el 18 de septiembre, día de
la independencia chilena, celebrando un te-deum cuando fueron avistadas tropas enemigas.
Torrico montado en un caballo sin ensillar dictó las providencias para el combate. La
columna confederal que estaba mandada por Otero hubo de retirarse. A pesar de que en su
parte oficial Otero afirmó haber triunfado, el alto comando protectoral le reprendió
porque por primera vez las tropas habían vuelto la espalda al enemigo; y Santa Cruz
afirmó en su manifiesto de 1840 que este combate sin trascendencia quebrantó la moral de
su ejército y cambió en incertidumbre su arrogancia.251
5. El norte por la Restauración. Actitud de Huaraz. Significado de Vidal. Siete
presidentes simultáneos en el Perú
En tanto, La Fuente había llegado a Trujillo proclamándose a su llegada la
Restauración. Las haciendas de Orbegoso fueron arrasadas y su familia vejada. Prefecto de
La Libertad fue nombrado don José M. Lizarburu, a pesar de su antigua enemistad política
con Gamarra.252 Sobre Piura destacó La Fuente al coronel Iguaín, y luego fue
él mismo entrando en negociaciones con Rázuri; hubo un levantamiento principalmente de
negros encabezado por un oficial del ejército boliviano llamado Urbina y todo terminó
favorablemente a la Restauración, después de un tiroteo con las tropas veteranas de La
Fuente (30 de septiembre). Este nuevo derramamiento de sangre peruana fue agitado como
bandera política por Orbegoso y Santa Cruz.
De otro lado el general Castilla logró ponerse en contacto con don Juan B. Mejía, que se
dirigió a actuar en Huaraz. Mejía escribió a Castilla haciéndole ver la necesidad de
la unión entre los norperuanos antisantacrucinos y los restauradores chileno-peruanos,
dándole varias razones: a) sin dicha unión Santa Cruz los destruiría y continuaría
oprimiendo al Perú; b) ella obligaría a Nieto, que estaba en aquellos momentos en el
norte, a transar y a unir sus huestes contra Santa Cruz; c) Santa Cruz, que estaba
reuniendo sus fuerzas en Tarma y Jauja, estaba decidido a atacar Lima que sucumbiría sin
la unión; d) esa unión era la única forma de acallar la animosidad de los pueblos
contra el ejército chileno; e) los peruanos que habían en Tarma y Jauja y que sólo
temían a los chilenos se decidirían a actuar contra Santa Cruz, inclusive Morán. No
importaba si Orbegoso desaparecía de política. Encargado del acuerdo fue el general
Vidal.253
Mientras Nieto significaba el nacionalismo irreductible; Guarda, gobernador del Callao, el
nacionalismo simulado pues en realidad estaba intacta su lealtad a Santa Cruz; en Vidal se
encarna el nacionalismo desengañado y acatando los hechos consumados. Por alguien había
que decidirse: Santa Cruz o los chilenos. Guarda más tarde se decidió por Santa Cruz.
Vidal entonces por los chilenos. Nieto y Orbegoso, en cambio, porque no se decidieron,
quedaron pronto eliminados.
El 27 de septiembre el departamento de Huaylas proclamó Jefe Supremo de la República al
general Vidal; éste aceptó su cargo sólo en forma momentánea hasta una nueva asamblea.
Reunido nuevamente el vecindario acordó enviar una carta a Orbegoso para que pusiera sus
fuerzas a órdenes de Gamarra; y como comisionado marchó don Juan B. Mejía. Orbegoso
repuso que el acta de Huaraz le daba un triunfo a Santa Cruz porque su causa aparecía
bella al lado de la de los invasores.254 Entonces fue publicado un acuerdo de
Huaraz declarando traidor a Orbegoso y sujeto a la pérdida de sus bienes y honores.
Con la fugaz elección de Vidal llegaron a siete los presidentes que tuvo entonces el
Perú: Orbegoso, del Estado Norte; Gamarra, de la República resurrecta; Santa Cruz,
Protector de la Confederación; Riva-Agüero puesto por Santa Cruz al frente del Estado
Norte en vez de Orbegoso; Pío Tristán, Presidente del Estado Sur; Nieto que hizo sus
correrías por el norte con despachos de Jefe Supremo expedidos por Orbegoso; y Vidal.
En Ica el general Salas tuvo encuentros parciales con tropas peruanas orbegosistas que ya
se manifestaban santacrucinas.
En total, pues, en octubre Trujillo, Huaylas e Ica reconocieron al régimen de Gamarra; y
las tropas confederales habían sufrido su primera derrota. Los pocos emigrados
antisantacrucinos remanentes en el Ecuador penetraron al territorio peruano, mientras que
orbegosistas o santacrucinos del norte llegaban al Ecuador como emigrados. De otro lado,
frente al Callao se iniciaba el sitio. Este sitio era nominal: por mar a causa de la
actitud de loa barcos extranjeros y por tierra a causa de la escasez de tropas de
vigilancia entraban provisiones al Callao. El sitio no pasó de algunos tiroteos, de
ocultas instigaciones para que la guarnición se sublevara y del ofrecimiento que hizo
Orbegoso al general Cruz encargado de las operaciones para que se fuera por las tardes a
tomar el fresco, en la fortaleza.
6. Eliminación de Nieto. ¡Que la patria haga libremente su papel de
mesalina!
Nieto, desembarcado en Supe, avanzó sobre Trujillo llegando a Virú, donde se le reunió
el general Sierra, prefecto del departamento, porque Trujillo ya habíase pronunciado a
favor de la Restauración chilenófila. Desde Virú escribió a La Fuente, que le había
pedido que se entendieran. Díjole que sentía repugnancia invencible para darle el
título de amigo, pues él (La Fuente) había contribuido auxiliando a los chilenos a
privar al Perú de su independencia; que lucharía contra Santa Cruz y contra los
chilenos; que mientras que La Fuente estuviera codeado de chilenos, secundándolos en sus
planes que no eran otros que usurpar la superioridad comercial del Perú, arruinar sus
puertos y deshonrar el nombre peruano, no cabía un entendimiento.255
En el camino de regreso a Santa vio Nieto que se sublevaba su columna. Dirigióse a Paita,
donde tampoco encontró acogida; el vecindario ante tanto confusionismo de ideas y
multiplicidad de facciones se había proclamado neutral. Después de amargas peripecias se
dirigió a Guayaquil.256
Una carta muy típica, entre dolorida e irónica, escribió Nieto a su amigo Juan Manuel
Grau sobre sus últimas andanzas: Noche maldita fué para mí la de nuestra última
despedida. Perdí mis cazadores, mis ordenanzas, un ayudante que se cansó de perderse
conmigo y yo me perdí también en el camino sin embargo de teacher por guía al
Imperdible o al que jamás se había perdido. Sancho decía que hay horas menguadas y yo
aseguro que no sólo hay horas sino años, períodos, épocas si se quiere para algunos
hombres y naciones. Mi patria padece largo tiempo y yo con ella porque la adoro tanto o
más que un joven loco a su querida y ya no encuentro el remedio para salvarla y salvarme
a mí y casi estoy tentado de hacerla hacer libremente el papel de Mesalina y obrar yo
como Aristipo, no por cierto en cuanto a la amistad pero sí en cuanto al amor a la
Patria. ¿Os parece bien? Sigo mi ruta. Llegué a Paita bien comido y mal dormido y
gravemente estropeado. Huve de bolver a Piura para una función de armas a la que decían
se había resuelto su leal guarnición y esperaba la contestación de una nota que dirijí
al gobernador sobre el particular, con el rocinante envridado cuando hete aquí que se
presenta el santo advenimiento y deja estupefactos a todos... Con este motivo suvo o monto
(no sé el término técnico marino de que debo hacer uso aquí) en Nuestra Señora
del Carmen y vengo a esta ciudad en el mismo tiempo que tardó Jesu Cristo en
resucitar y suvir a los cielos conducido por el último vástago del Congreso del Perú
con la sola diferenca de haver vajado a los infiernos pues el calor que se experimenta se
parece algo al de aquellas tierras según lo que tú mismo me has dicho.257
Una vez en Guayaquil, Nieto se negó reiteradamente a las instancias de don Manuel
Ferreyros para que entrara en tratos con Gamarra. Seguía pensando que la única solución
para los problemas del Perú era un Congreso.258
7. Dificultades del gobierno de Gamarra con los extranjeros. (Las vísperas
sicilianas, el bloqueo del Callao, el caballo del Dr. Mac Lean)
Los vínculos entre el gobierno de la Confederación y los extranjeros eran palmarios. Los
tratados celebrados con Inglaterra y Estados Unidos; los honores otorgados por el rey de
Francia a Santa Cruz; las consideraciones especiales guardadas al comercio y aun la
influencia que en el ánimo del Protector tenían algunas personas como el propio Wilson,
cónsul general británico, explican este ligamen.
El gobierno de Gamarra se encontró, en primer lugar, con una nota del cónsul Wilson
exigiendo protección a las personas y propiedades de los súbditos de S. M. B.
refiriéndose en especial a las mercaderías depositadas en los almacenes del Callao,
plaza sitiada por el ejército chileno aliado de aquel gobierno y, por lo tanto,
susceptible de saqueo. Igual solicitud hicieron los señores Suillard, agente francés, y
Bartlett, agente yanqui.
El gobierno de Gamarra dio con fecha 30 de agosto un decreto prohibiendo el comercio de
los extranjeros al por menor y ordenando la clausura de sus tiendas, en el plazo de ocho
días.
Al mismo tiempo decretó que las mercaderías extranjeras depositadas en los almacenes del
Callao fuesen trasladadas al puerto de Chorrillos, orden contra la cual protestaron los
agentes ingleses y franceses; éste último ofendido por la deportación de un médico, la
prisión de dos franceses, la captura de un caballo, se dirigió también al jefe chileno
considerando responsable al gobierno chileno de las medidas reclamadas: Bulnes declinó la
jurisdicción.
En esos días salió un pequeño semanario: El Periodiquito. No dejaba de haber cierta
gracia en sus páginas donde revivía el tipo de periodismo entronizado por El Telégrafo
de Lima durante el primer gobierno de Gamarra basado en apodos, charlas entre personajes
populares, versos, etc. Santa Cruz era Jetiscan; Orbegoso mula
grande, elefante, alfajor de tres tapas, Fray Luis de
Chuquisongo; Guarda, gobernador del Callao, pavo novio y dama
soldado; Nieto, Gallineta; otros generales de Santa Cruz, Huevo-huero, Ama seca,
Tartamudo, cabritilla, Veloverde. Desde el número 2 El Periodiquito comenzó a amenazar a
los extranjeros mediante supuestos diálogos entre el inglés y una limeña en
que el inglés defendía a Santa Cruz.259 Los acusaba de esparcir rumores
contrarios al gobierno, de entrar en suscriciones sediciosas, de repartir pasquines; sobre
todo, de alabar a Santa Cruz.260
También apareció en forma de volante un papel impreso titulado Compatriotas
con el objeto de incitar al pueblo de Lima cuando se diera la voz al asesinato
de los extranjeros, repitiendo con ellos las Vísperas Sicilianas. No dejaron de oírse en
la calle intermitentes gritos de mueran los extranjeros. Los agentes
diplomáticos y consulares se reunieron en casa del Dr. Cañedo, ministro de Méjico,
decano de aquel cuerpo y acordaron firmar un protocolo, ir en corporación donde la
autoridad suprema para solicitar que procediera a la averiguación y castigo de los
autores del volante y del periódico mencionados y que tomara las medidas necesarias para
hacer efectivas las seguridades de los súbditos y ciudadanos extranjeros (10 de
septiembre). Después de esta entrevista el canciller peruano, Dr. Lazo, ofició al cuerpo
diplomático aseverando que se adoptarían las medidas convenientes para descubrir al
autor de la hoja anónima; pero que en cuanto a El Periodiquito la imprenta era libre y
las leyes daban acción a los agraviados para que acudiesen a los jurados para lo cual los
impresos llevarían siempre el nombre del impresor. Reunido nuevamente el cuerpo
diplomático firmó un nuevo protocolo diciendo que la reclamación había tenido
carácter internacional y por tanto no podía haberse dirigido a los tribunales, que
debía habérsele dado curso sin menoscabo de la libertad de imprenta y que las medidas
prometidas no eran suficientes. Vino entonces un cambio de notas con la cancillería hasta
que el cuerpo diplomático protestó de la conducta del gobierno en este incidente.261
Con motivo de la declaratoria del bloqueo del Callao el 11 de septiembre los agentes de
Francia, Estados Unidos y la Gran Bretaña habían solicitado prórroga de algunos días.
El 13 se dirigieron al general en jefe del Ejército Restaurador, general Bulnes,
declarando que no reconocían el bloqueo; e instados a explicar la causa de su conducta
respondieron que faltaba al bloqueo una declaración formal y que el Callao no estaba bajo
el dominio del general Santa Cruz a cuyo gobierno solamente había declarado Chile la
guerra. Esto motivó la declaración de guerra del gobierno chileno a Orbegoso (17 de
octubre de 1838) y el decreto oficial del bloqueo del Callao de la misma fecha.262
Las necesidades de la requisa crearon pronto otro incidente. Una partida de soldados
chilenos estaba una tarde en el puente de Lima deteniendo a cuanto caballo pasaba con o
sin jinete. El médico escocés Guillermo Mac Lean fue también detenido; se resistió a
consentir en la requisa y fue herido levemente en la cara. El cónsul general inglés
protestó airadamente de este atropello ante el gobierno peruano y significativa
reiteración ante el general Bulnes.263
El 2 de octubre la corbeta británica Ymogene atracó al costado de la corbeta
chilena Libertad. Al día siguiente, el almirante Ross, jefe de la escuadra
inglesa, atracó la fragata Presidente al otro costado intimando orden al
comandante García del Postigo de no mover sus buques hasta que el ultraje a Mr. Mac Lean
no fuera reparado. Ante las promesas de perseguir a los culpables y las amenazas de
represalias hechas por parte de Bulnes, el cónsul Wilson obtuvo el apaciguamiento de Ross
que salió con su escuadra a Chorrillos. Las conclusiones del sumario practicado
indignaron a Wilson limitándose la cancillería a acusar recibo de su nota y a ponerla en
conocimiento del jefe del ejército chileno. La demora en la causa ordinaria seguida a un
inglés llamado Bultes dio nuevos pretextos de quejas a Wilson.
El gobierno de Gamarra, pues, si bien significó el entronizamiento de la intervención
chilena, significó asimismo una resistencia frente a los demás extranjeros.264
8. Convención militar de subsidios. Bulnes, general en jefe del ejército
Durante estos meses, el gobierno de Gamarra firmó algunos documentos importantes para la
campaña. Uno de estos fue la convención militar de subsidios (entre Bulnes y el
canciller Lazo con fecha 12 de octubre). El Perú quedó obligado a proporcionar al
Ejército Restaurador, sin cargo alguno para Chile, los recursos de todo género que eran
necesarios para las operaciones de la guerra, debiendo empezar a correr por cuenta del
primero los gastos originados por el ejército desde su desembarco. Les sueldos del
ejército y la marina chilenos serían los mismos que disfrutaban en Chile; y debían
además ser de cuenta del gobierno del Perú el suministro de rancho, hospitalidades y
vestuario sin cargo alguno ni descuento de sueldos o haberes de ella. Los sueldos y
gratificaciones de los jefes, oficiales y empleados en el ejército y escuadra de Chile
serían los mismos que gravaban en el Perú los de sus respectivas clases, siempre que no
fuesen inferiores a los de Chile, en cuyo caso disfrutarían los señalados en sus
nombramientos o despachos. El pago de los jefes, oficiales y empleados mencionados
correría por cuenta del gobierno del Perú sin cargo alguno al de Chile desde el mes
inclusive en que zarpó la expedición de Valparaíso. El Perú quedaba obligado a pagar
el flete de los trasportes que condujeron al Ejército Restaurador, y a trasportar de su
cuenta a Chile el ejército una vez terminada la campaña. Quedaban a disposición del
gobierno peruano la Santa Cruz y el Arequipeño. Los refuerzos
serían considerados en la misma forma que la estipulada en este convenio. Los artículos
de guerra y boca y los suministros que se hicieren por Chile para el uso y consumo del
ejército o por vía de préstamo o suplemento al Perú serían pagados por éste.265
Si de un lado el canciller Lazo a nombre del gobierno de Gamarra cumplía con cargar sobre
el escuálido fisco peruano los gastos del ejército chileno y de la campaña
restauradora, de otro lado quiso dar apariencias autónomas a su gobierno. Por decreto de
15 de octubre, alegando Gamarra que las fuerzas peruanas y chilenas debían marchar bajo
un solo jefe, y que las atenciones de la administración no le permitían ser general en
jefe de las fuerzas unidas cuyo supremo mando y dirección debía ejercer en la campaña
inminente, nombró para el arduo cargo de general en jefe al general Bulnes. Designación
innecesaria y formulista pero acorde con los compromisos contraídos al iniciarse la
expedición.266
Por decreto de 10 de octubre convocó también Gamarra un Congreso nacional que debía
reunirse en Lima el 9 de diciembre siguiente y cuyos diputados serían elegidos conforme a
la Constitución de 1834 y a las leyes dictadas por la Convención de ese año. En las
provincias bajo la autoridad de Santa Cruz los naturales y vecinos de ellas que residían
en Lima elegirían provisionalmente los respectivos diputados como se había hecho para el
Congreso de 1822.267
9. La opinión en Chile. Refuerzos para los Restauradores
El propósito de Gamarra y los suyos era la guerra, la guerra implacable. Las
circunstancias los ayudaban. Un desastre del ejército chileno, aunque no hubiera sido
decisivo, habría provocado en Chile un movimiento y acabado con los ministros que
mantenían la guerra.268 Ese desastre no se produjo. Chile mandó refuerzos.
También envió al señor Egaña como ministro ante el flamante gobierno de Lima: nuevos
motivos de recelos para los restauradores porque Egaña no era de su grupo.269
La llegada de don Felipe Pardo a Chile y las cartas de Martínez servían en tanto para
desprestigiar a Gamarra; decían que tanto él como La Fuente eran aborrecidos por los
pueblos, que sin ellos Santa Cruz habría perecido, que el Ejército Restaurador estaba
cerrado por los montoneros, que no tenían un real y que sembraban los caminos de
desertores y enfermos. Otros hallaban en Gamarra excesiva blandura, pues había dado
puestos a gentes que tenían un pasado culpable de santacrucismo u orbegosismo.
La nueva misión Egaña tenía como origen la persistencia de la Gran Bretaña para
plantear sus buenos oficios y como objeto nominal observar atentamente la situación
del Perú, estudiar la opinión de sus habitantes con respecto al sistema federal y
calcular las probabilidades de suceso en la empresa de la Restauración. Pensaba el
gobierno (chileno) que el reconocimiento de la Confederación propuesto por la potencia
mediadora no podía fundarse sino sobre la suposición de que los medios empleados para el
establecimiento de aquella habían sido justos y legítimos.270
10. El ambiente de Lima durante la primera ocupación chilena
Lima vivió unos días curiosos durante este tiempo. Abundaban las bolas. Los
montoneros pululaban por los alrededores: Bao en Canta, Rivas y Giménez en Yauli; y por
otro lado, en diversos sitios, Ninavilca, Rayo, Remolina... Las campanas repicaban y
había música callejera ante el menor anuncio favorable a los restauradores: la noticia
del pronunciamiento del sur, la actitud de Vidal, la entrada de La Fuente en Trujillo, el
combate de Matucana. La recluta era incesante. El teatro estaba clausurado. Las
contribuciones abundaban; y a algunos propietarios se les exigía 200 pesos o la entrega
de un caballo. El baile del 18 de septiembre se hizo notar por la inasistencia de la
sociedad más encumbrada, de la cual concurrió sólo la señora La Fuente. Las prisiones
abundaban; Necochea, García del Río, Aparicio, Ross, Díaz de la Peña, Ganosa, Loyo,
Herrero, Solar, Samudio, Quiroz, Guido, Álvarez, Galdeano, Aramburú, Reyna, Telles,
Perla, la señora Valle Riestra, las señoritas Úrsula Valdés, Carmen Manrique de Lara,
Armaza y Rivero son nombres de perseguidos. Antiguos amigos de la Restauración como
Martínez y Rodulfo estaban escondidos.271
11. Nuevas derrotas de los argentinos
Si había surgido una fuerte amenaza en el norte para Santa Cruz, nuevamente el peligro
del sur habíase ya desvanecido. Santa Cruz había declarado terminada la campaña contra
los argentinos demasiado prematuramente, pues a principios de junio de 1838 fuerzas
argentinas empezaron a amenazar Tarija. Pero una columna boliviana alcanzó a dispersar y
perseguir a una división argentina en el punto llamado Iruya (11 de junio de 1838). Al
grueso de las tropas invasoras, mandadas por el coronel Gregorio Paz, pudo también vencer
el general boliviano Brown en compañía del general OConnor, hacendado de la
región en la acción de Montenegro (24 de junio de 1838). En realidad, no hubo
resistencia argentina en Montenegro. El avance de los bolivianos fue conocido en el
campamento argentino por la polvareda que delató su marcha; hubo tiroteo mientras los
bolivianos subían una meseta en pos de sus enemigos pero luego ellos se dispersaron en
las alturas, los huecos y las ensenadas. La persecución fue larga. Gran cantidad de
almofreces, petacas, caballos cansados, jergas, aperos quedaron abandonados por los
fugitivos. Los coraceros para atravesar el río de Cuyambuyo arrojaban las corazas para
aligerarse.
La sequía y una plaga de langostas fueron alegadas luego por el general argentino Heredia
para explicar la paralización de la campaña. En realidad, ella se produjo por la
inferioridad de las fuerzas argentinas, tropas de tipo montoneril, y por la pobreza y las
dificultades políticas en que estaba el gobierno del Plata. El 12 de noviembre de 1838 el
general Alejandro Heredia fue asesinado por una partida de militares; no faltando con tal
motivo acusaciones de culpabilidad contra Santa Cruz.272
12. Plan frustrado de invadir Chile
Después de la muerte de Heredia, concluida, entonces así, la campaña contra los
argentinos, el general OConnor buscó hombres prácticos de los caminos a Chile y
con ellos formó un itinerario de las jornadas desde Tupiza a Copiapó, atravesando la
quebrada de Antofagasta por una abra que cae a la costa tan honda que se podía pasar en
carruaje y por la cual se llevaban corderos desde Atacama al mercado de Copiapó. Este
itinerario constaba de dieciocho jornadas cómodas. Escribió OConnor a Santa Cruz
al respecto manifestándole que no había quedado un soldado en Chile y que si daba la
orden de llenar de numerario las cajas de los cuerpos por dos meses, él se comprometía a
situarse con el ejército del sur en cualquier punto de la república de Chile. Santa Cruz
repuso que la proyectada diversión estratégica era inmejorable pero que contando con un
buen ejército esperaba escarmentar a los insolentes invasores.273
13. Santa Cruz ante la invasión chilena y la defección norperuana
La noticia de la defección de Orbegoso se publicó por el órgano oficial del
Protectorado el 11 de agosto. Venía Santa Cruz de Bolivia y, antes de seguir viaje a
donde las necesidades de la guerra con Chile lo llevasen, se ocupaba de dictar
providencias administrativas; creando nuevas provincias, una Corte Superior en el Cuzco,
un colegio de mujeres también en el Cuzco, reemplazando por sus nulos resultados la
institución de los Protectores de Indios, prohibiendo el abuso en el pedido de bagajes
menores al pasar el ejército por los pueblos, prohibiendo que los indios fueran obligados
a la fundición de barras, etc. Fogosamente proclamó Santa Cruz a los pueblos nor y sur
peruanos: la victoria de los chilenos habría sido inevitable sin la defección de
Orbegoso; los chilenos traían la humillación y la ruina; no era tiempo de tratar de
arreglos políticos que haréis a vuestro arbitrio y como más convenga a los
intereses de los Estados, cuando hayáis obtenido una paz honrosa; la actitud de
Orbegoso sólo provocaría la conquista y la anarquía; el ejército Perú-Boliviano era
invencible. También escribió a Orbegoso una extensa carta refutando la que éste le
había dirigido después de su pronunciamiento.274
Santa Cruz despachó al norte una división al mando del general Herrera que tenía el
título de general en jefe del ejército del Norte y Presidente del Estado Surperuano; con
motivo de las críticas que se habían hecho a este nombramiento y ocupado Herrera en la
guerra, fue nombrado presidente del Sur, Pío Tristán. Invocando el hecho de que Orbegoso
había cesado en su autoridad legal al defeccionar y que había contrariado los votos y
las resoluciones del Congreso de Huaura, única fuente de su poder, para cuyo cumplimiento
le fueron delegadas las facultades respectivas, nombró Presidente provisorio del Estado
Norperuano al mariscal don José de la Riva-Agüero y como vicepresidente al general de
brigada don Pedro Bermúdez (Decreto de 11 de agosto de 1838).275 Con fecha 18
de septiembre convocó a la reunión de una asamblea para determinar la suerte del país:
debía reunirse una asamblea del norte en Lima y otra del sur en Cuzco, efectuándose las
elecciones 15 días después de que terminara la guerra contra el enemigo común.276
14. Santa Cruz planea y prepara la independencia del sur del
Perú
Entre los decretos que dio Santa Cruz en el Cuzco, el que convocó a sendas asambleas en
Lima y Cuzco tuvo una virtualidad a la que no se ha prestado la debida atención. Ya con
fecha 13 de marzo había convocado un Congreso Plenipotenciario en Arequipa para que se
pronunciara sobre la continuación o disolución de la Confederación.
Este decreto había tenido como origen principal la oposición existente en Bolivia contra
el pacto de Tacna, de la que había sido un reflejo las discusiones del Congreso de 1837.
El doctor Buitrago, uno de los que habían redactado dicho pacto, fue su más ferviente
opositor. El señor Torrico empleó en vano su dialéctica para defenderlo y tuvo que
declarar a nombre del Congreso que jamás se consideraría el pacto. Pero el
acta fue falsificada y en vez del pacto no se considerará jamás se puso
no se considerará por ahora. Y fue así como el Congreso de 1838 reunido
extraordinariamente en Cochabamba, que mereció el nombre de canalla
deliberante, atemorizado con la prisión de algunos diputados y la presencia de
Santa Cruz aprobó este pacto (31 de mayo de 1838). Sin embargo vino la convocatoria al
Congreso de Arequipa, luego transformada a los congresos especiales del Nor y Sur Perú y
Bolivia. ¿Por qué esta convocatoria sucesiva?
Es que no había dejado de influir sobre el ánimo de Santa Cruz la actitud de Orbegoso,
de Nieto y del Norte. Volvía a rumiar ahora aquella vieja idea de la segregación del
sur, nacida cuando Bolívar aceptó la fundación de Bolivia y soñó la federación de la
nueva República con el Perú; sostenida por Lazo prefecto de Puno en 1826; perseguida por
el propio Santa Cruz en aquel año, desde su sitial de Presidente del Consejo de Gobierno
del Perú; conversada para derribar a La Mar, entre Santa Cruz, Gamarra y La Fuente;
intentada por los amigos de Santa Cruz en 1829, según lo revelaron las prisiones hechas
en Arequipa ese año por Castilla y Amat y León; defendida por el deán Valdivia desde
las columnas de El Yanacocha en 1836 en oposición a la idea de Confederación;
reaparecida en las negociaciones entre Olañeta y Nieto en 1838.
Convengo escribía Santa Cruz a Calvo, encargado del mando en Bolivia en
que la fusión del sur (del Perú) con Bolivia no será acaso conveniente; pero al fin
quiero saber cuál es el partido al que Ud. se inclina en el caso de deshacerse la
confederación. La independencia del sur a la que estoy dirigiendo todas mis medidas,
creando intereses propios, es en verdad lo que más conviene a la seguridad de Bolivia;
siendo ese mismo el resultado más cierto de la Confederación si durase algunos años.
Más, en ese caso, ¿renunciaremos a toda indemnización por todos nuestros sacrificios?
Arica sería un buen compensativo pero imposible de obtener por voluntad. En queriendo
tomarlo por la fuerza, tendríamos que luchar otra vez, dando sin duda un buen motivo para
la reunión del Perú, a que siempre debemos oponernos como el mayor de nuestros
enemigos.277
Tal era el pensamiento político de Santa Cruz en aquella época. Directa o indirectamente
resultaba ahora un enemigo de la unidad del Perú como reacción contra la intransigencia
nacionalista de este país.
Entre tanto, debía vencer a los chilenos. El norte volvía hacia él los ojos, convencido
de su impotencia ante los invasores que habían excitado la indignación lidiando con
Orbegoso y el repudio con sus exacciones. El Callao tenía tanta importancia que si caía,
la guerra resultaría muy larga y azarosa. Por fin, se unió, pues Santa Cruz a las
divisiones Herrera, Otero y Morán. Para la custodia del sur quedó una división a cargo
de Cerdeña. Numerosos particulares habían escapado de Lima cuando entraron los chilenos
y habíanse unido al ejército confederal: Riva-Agüero, Tristán, Echenique, Saco, Pardo
de Zela, etc. Teniendo Jauja como baluarte, el ejército confederal llegaba con sus
avanzadas hasta Santa Eulalia donde estaban los generales Herrera y Otero; y la vanguardia
hasta Chaclacayo con Morán.
15. Orbegoso se alía nuevamente con Santa Cruz
Después de su primera impresión de rabia ante la actitud de Orbegoso, Santa Cruz varió
de táctica. Su periódico oficial dijo en un editorial que Olañeta había sido nombrado
como ministro plenipotenciario donde Orbegoso con el fin de allanar todas las
desavenencias y arreglar las relaciones posteriores.278 Santa Cruz escribió
particularmente a Orbegoso en tono muy distinto al que había empleado en la respuesta que
le dirigiera públicamente, después de la defección; le ofreció amistad y un arreglo
razonable en los negocios públicos. Con fecha 20 de septiembre díjole que había visto
su profesión de fe política escrita en las fortalezas el 1° de septiembre, que se
conformaba con gusto con todos sus artículos y que no quedaba en qué pensar más que en
hacer la guerra a los invasores. A García del Río escribió con fecha 2 de octubre
diciéndole que lo autorizaba para dar a Orbegoso cuantas garantías quisiese de su
amistad particular y sobre los asuntos públicos; venzamos a los chilenos
decía y luego nos será fácil entendernos entre amigos cuyos fundamentos
están enteramente ligados sobre el fundamento de la seguridad común.
Orbegoso lanzó una proclama a los peruanos anunciándoles la buena nueva. Recordaba los
móviles y el significado del movimiento de julio tantas veces repetidos y recordaba
también su desvinculación de ese movimiento (Os dije en 30 de julio que cedía a
vuestro impulso a destiempo... Vuestro celo os hizo elegir un mal momento). Repetía
además sus denuestos contra Chile y Gamarra y decía luego: S. E. el Presidente de
Bolivia que había recibido de sus sicofantas las primeras noticias de nuestra
regeneración como de nuestra defensa y parecía obrar contra nuestros intereses y vuestra
voluntad pronunciada ha arrojado la venda de sus ojos y conocido nuestra moderación y
nuestra justicia. Sus últimos documentos lo comprueban: me ha escrito particularmente con
fecha 18 y 20 de septiembre (y aquí publicaba lo ya expresado). Amigos: A S. E. el
general Santa Cruz puesto a la cabeza de un ejército numeroso, aguerrido, disciplinado y
compuesto en su mayor parte de peruanos había reservado la providencia la gloria de
castigar el orgullo de nuestro enemigo y los suyos; de vengar los ultrajes de la Patria y
la sangre derramada el 21 de agosto. Pero esta gloria no es comparable a la otra que la ha
brindado la fortuna al mismo tiempo. Nada es proporcionar bienes a los pueblos para
arrebatárselos luego, ni una victoria fácil basta para ilustrar. Salvar la libertad
paira afirmarla, ser su custodio, concederla a los pueblos, hacer felices las generaciones
y emplear el poder para engendrar la paz, es representar a Dios sobre la tierra y este es
el puesto que la fortuna ha prestado al general Santa Cruz. Conviniéndose con mi
declaración de fé política, él la ha profesado; y es imposible que se proponga cambiar
la inmensa gloria de que va a cubrirse con la excecración de todo el mundo y las
maldiciones de todos los pueblos libres de la tierra... Yo estoy seguro de encontrar en el
general Santa Cruz la garantía que demanda el honor nacional y mis venerandos y gratos
compromisos. Sin esto, en torno del pabellón nacional pereceríamos el resto de los
ciudadanos armados en defensa de la patria; y si su exterminio estaba decretado, sería la
obra excluxiva de la fatalidad, para vivir en la inmortalidad y en la gloria. No será
así. La Providencia pone al arbitrio del general Santa Cruz la victoriosa aclaración de
su conducta. El va a hacer ver que un error de concepto, la artificiosa adulación de los
encubiertos, interesados enemigos de la patria y esa guerra de cuya responsabilidad le ha
salvado la conducta de los invasores, le hicieron ver en las necesidades públicas la
exigencia de una autoridad monstruosa. Compatriotas: Cooperemos todos a la destrucción
del común enemigo y que en su derrota vea el mundo castigado la perfidia más atroz de un
ejército que, bajo el colorido de ayudarnos a la fuerza a recobrar la libertad, clavó en
nuestros pechos sus aceros alevosos... Cesen para siempre nuestros males. Oigamos la
deliberación del cuerpo soberano que ha de pronunciar nuestra futura suerte. Cantemos
himnos a la libertad y a la victoria y aprovechemos las dolorosas lecciones que nos ha
producido el infortunio.279
Con esta esperanza no exenta de recelos, Orbegoso rechazó una nueva gestión de paz que
hizo el plenipotenciario Egaña.280
16. El ejército chileno-peruano evacúa Lima
Ante la noticia de la llegada de Santa Cruz a Tarma, en Lima se comprendió que la batalla
era inminente. El 29 de octubre se realizó una junta de guerra en el palacio de Lima con
la concurrencia de Gamarra, Bulnes, Castilla, Cruz, Garrido, Torrico y Plasencia.
Convínose en aquella junta en el peligro de esperar al enemigo. Las enfermedades
diezmaban al ejército al extremo de tener más de mil hombres fuera de combate o sea la
cuarta parte del efectivo; las tropas peruanas carecían de disciplina suficiente; los
montoneros rodeaban a la capital y no permitían alejarse del centro a los que estaban en
ella o de sus cuarteles a los que estaban acampados en los pueblos y haciendas vecinas,
impidiendo la entrada de provisiones; espías de todas las clases sociales daban a Santa
Cruz minuciosas y constantes informaciones, esparcían noticias alarmantes y traían y
llevaban correspondencia; las extorsiones y excesos afligían y enojaban al pueblo; la
guarnición del Callao podía atacar al ejército chileno por retaguardia. Se acordó, sin
embargo, aparentar que se aguardaría al enemigo en una posición a vanguardia que se
delinearía; y marcar otra posición en Aznapuquio para ocuparla y combatir en caso de que
Santa Cruz obrase con rapidez. Si no se producía este caso, el ejército se retiraría a
la línea de Huaraz a Lima donde el clima era más sano y las subsistencias más numerosas
y donde además la topografía favorecía la guerra defensiva dando tiempo así para
reponer y disciplinar la tropa y reforzarla con los nuevos auxilios que el gobierno de
Chile prometía enviar; Santa Cruz, en tanto, sufriría los efectos del clima de Lima al
que no estaban acostumbrados los soldados de Bolivia ni los de la sierra peruana y
tendrían al fin que emprender una campaña larga y penosa.281
Los lugares mencionados fueron marcados por Gamarra acompañado por Plasencia y Torrico.
Después de algunos movimientos de tropas de acuerdo con aquel plan, en otra junta de
guerra (3 de noviembre) con la presencia de Gamarra, Bulnes, Castilla, Cruz, el
plenipotenciario Egaña y el secretario general Barra se ratificó la decisión de la
retirada. Los enfermos y el equipo sobrante de la tropa fueron embarcados en Chorrillos;
inutilizadas las máquinas de la fábrica de pólvora se pusieron a bordo la mayor parte
de sus piezas; se acopió bestias de silla y se recogió todo el ganado vacuno de los
valles inmediatos; se previno a la división sitiadora del Callao que marchara a
Aznapuquio y a la escuadra que pasase a Ancón dejando en Chorrillos una goleta con
advertencias para los barcos que llegaran de Chile o del norte. Se tomaron las
precauciones para evitar un golpe de mano o de sorpresa.
El 8 de noviembre la agitación militar fue el anuncio visible de la retirada. A las
cinco, dada la señal convenida, desfiló por la capital, saliendo por el puente, la
artillería tirada y luego el resto del ejército. Castilla quedó en la plaza con un
batallón y un escuadrón de cazadores para proteger la salida de los rezagados o
extraviados. El batallón se retiró a las diez de la noche y el escuadrón a las doce. A
esa hora el general en jefe regresó a la plaza y comunicó a Castilla la orden de salida
final. Según el historiador Bulnes, los muchachos de Lima cantaban al pasar el ejército
aquellas coplas populares:
Desde estas torres
sobre estos muros
lamento y lloro
de noche y día
la sangre ilustre
que el araucano
derramó en Guía.
La demora de Santa Cruz en avanzar sobre
Lima, perdiendo una oportunidad admirable para batir a sus enemigos, fue muy censurada.
17. Entrada de Santa Cruz a Lima
El 9 quedó Lima en acefalía. A las 8 de la mañana del 10 llegó la división Morán y
la muchedumbre la detuvo y sin considerar la formación de las columnas se arrojó sobre
ella abrazando y besando a los soldados y hasta unos les daban de comer y otros les
obsequiaban con licores. Luego siguió la división Herrera acogida entusiastamente, pero
con menos fervor. Pero cuando entró Santa Cruz, el entusiasmo se hizo frenético. Las
gentes lo detenían y abrazaban; otros se arrodillaban levantando sus manos al cielo; la
comitiva apenas podía dar un paso; al llegar a la plaza mayor donde se había estacionado
el ejército recibiendo siempre agasajos y aplausos, tantos corrieron hacia el Protector
que se produjo una conmoción y poco faltó para derribarlo del caballo y aun sofocarle;
nada podían los edecanes ni la misma tropa para cuidarlo. El Palacio estaba desierto, sin
sillas, alfombras, catres, sofás ni alumbrado y Santa Cruz hubo de alojarse en casa de
don Juan Bautista de Lavalle. Tras de él entraron los Lanceros y Guías de la escolta, la
división Armaza, habiendo precedido a la caballería parte de la división Vigil.282
El número total del ejército fue calculado por relaciones particulares en 6000 hombres.
Una vez más el pueblo de Lima revivía sus recepciones cortesanas. Como a San Martín en
1821, a Bolívar en 1824, a Luna Pizarro en 1827, a Orbegoso en 1834, recibía ahora a
Santa Cruz. ¿Y el pronunciamiento del norte? ¿Y la impopularidad de Jetiskan
que había influenciado hasta al propio Orbegoso llevándolo a sublevarse contra su propio
gobierno, a ser revolucionario malgre lui como aquel medecin malgre lui que pintó
Moliere?
Hay que recordar que los chilenos habían entrado a Lima derramando sangre peruana. No
sólo los amigos de la Confederación sino los amigos de Orbegoso y Nieto estaban contra
ellos. Santa Cruz había lanzado proclamas y decretos tranquilizadores. Orbegoso habíase
puesto otra vez en entendimiento con él. Sin los productos de la aduana del Callao, sin
las barras de Pasco, sin el apoyo del comercio extranjero, harto disminuido por lo demás,
la situación económica del gobierno de Lima había sido desesperada y había suscitado
muchas exacciones. Un ejército extranjero ocupante de una ciudad hostil no es tampoco
nunca un modelo de moderación; y ya no estaba al frente del ejército chileno Blanco
Encalada con sus arrestos de paladín sino Bulnes, soldado genuino.
18. Orbegoso entrega las fuerzas del Callao a Santa Cruz. Versión de Orbegoso
Orbegoso había transado con Santa Cruz sin mandarle un plenipotenciario para firmar un
convenio y sin exigirle una declaración pública de sometimiento a la profesión de fe de
1° de septiembre.
Desde Tarma Santa Cruz le pidió ocho piezas de artillería con todos sus útiles y
municiones y también una columna compuesta de la infantería que tenía de guarnición el
Callao. El mismo día en que Santa Cruz entró a Lima envió al mariscal Necochea al
castillo del Callao a pedir la tropa y el armamento diciendo a Orbegoso que los enemigos
estaban en Infantas decididos a batirse y que eran urgentes esos auxilios. Orbegoso a
pesar de que no había recibido contestación de algunas notas envió los auxilios esa
misma noche con el general Guarda, gobernador de la fortaleza. En el Callao quedaron los
enfermos, algunos marineros y el desventurado presidente del Estado Norperuano que no
había querido ni mandar sus tropas en persona ni regresar a Lima libertada, no obstante
que muchos vecinos habían ido a esperarlo. Cuando Santa Cruz obtuvo las tropas del Callao
hizo entender a Orbegoso que su ánimo al aceptar la declaración del 1° de septiembre no
había sido el de dejar las fuerzas bajo las órdenes del propio Orbegoso; y que creía
que todos sus ofrecimientos serían cumplidos reuniendo, después de la derrota de los
chilenos, una Asamblea en cada Estado. Al mismo tiempo hizo ir al mismo jefe que estaba a
cargo de la tropa, como gobernador de la fortaleza y con la prevención que Orbegoso
quedase a sus órdenes.283
¿Por qué Orbegoso se despojó ingenuamente del único resto de fuerza que quedaba bajo
su poder? El haber convenido en deshacerme dice él mismo en uno de sus
escritos de aquella época de la guarnición del Callao sin una garantía real que
hubiese asegurado el cumplimiento de los ofrecimientos del general Santa Cruz y confiado
únicamente en su firma, es el único cargo contra mí que no parece del todo infundado...
Ciertamente cometí un error que después trajo funestos resultados a la Patria; y sin el
que tal vez ahora no estarían los enemigos gozándose en la suerte de sus víctimas. La
premura con que el general Santa Cruz me mandó decir que iba a batir a los enemigos en
circunstancias en que despavoridos habían salido de la Capital, en retirada, con fuerzas
muy inferiores en todo a las que habían traído y el peligro de que se embarcasen aún
perdiendo su caballada y sus bagajes, no me dieron lugar para asegurar las previas
garantías que debía exigir antes de mandar la tropa. Por otra parte ¿cómo había de
persuadirme que el general Santa Cruz faltase tan abiertamente a un compromiso que había
estampado bajo su firma y que le había producido nada menos que ser recibido de los
pueblos como defensor, como aliado en lugar de caudillo de una causa detestada
generalmente? Su misma posición, su rango, su fama, la gloria de que iba a cubrirse, eran
otras tantas garantías para mí. Obré ligeramente, lo confieso, y sufro las
consecuencias de aquel error y las sufrí desde entonces mismo.284
La divergencia que surgió entonces giró alrededor del deseo que Orbegoso tenía de
conservar el mando de sus tropas, como presidente del Estado Norperuano hasta que se
reuniera la representación nacional; este era uno de los puntos de su declaración de 1°
de septiembre a la que se había sometido Santa Cruz.
19. La entrega de las fuerzas del Callao. Versión de Santa Cruz
Años más tarde Santa Cruz aludió a estos hechos. A él no le fue dable dijo
reconocer a Orbegoso como presidente del Estado Norpe-ruano. El título de Orbegoso
provenía del alzamiento que hizo contra la Confederación; aceptarlo era declarar anulada
la autoridad protectoral y disuelta la Confederación, en cuyo caso Santa Cruz no tenía
derecho para estar en Lima ni para combatir a los chilenos. Conforme a los decretos
expedidos por las asambleas de Sicuani y Huaura, sigue diciendo Santa Cruz, él era la
sola autoridad legal de los Estados del Perú; y los actos ilegales y tumultuarios de
julio no eran bastantes para destruirlos. El anuncio publicado en El Eco del Protectorado
sobre el posible envío de un comisionado ante Orbegoso, aparte de carecer de valor
estrictamente oficial, se refería a la misión de atraerlo otra vez a su deber e impedir
su unión con los chilenos. Respecto a la carta privada a Orbegoso, decía Santa Cruz:
Contestaré a aquel cargo confesando paladinamente que en medio de la multitud de
negocios graves que llamaban mi atención cuando escribía la carta agitado por la idea de
fatales consecuencias para la causa pública, de la pérdida del Callao y deseoso de
conciliar en cuanto fuese posible las pretensiones del general Orbegoso, no me fijé mucho
en la naturaleza de todas las que contenía el papel que dió a luz acerca de su
profesión de fé política: en aquel momento en que todo era incierto y en que no
debíamos pensar en más que debelar al enemigo, no hice alto en la solicitud del general
Orbegoso de permanecer en las fortalezas como autoridad independiente hasta que se
reuniese la Representación Nacional; y juzgando que esta reunión sería el objeto
importante de sus aspiraciones, no dudé en prometer mi aquiescencia a sus demandas, pues
yo también anhelaba reunir la Representación Nacional de los tres Estados. Este fué mi
error, que tal vez merezca alguna disculpa, tanto por las circunstancias ya expresadas
cuanto por la consideración de ninguna seguridad que la interposición de fuerzas
enemigas ofrecía para la correspondencia; lo cual me obligaba a no entrar en tantos
pormenores y a contraerme tan sólo a las materias de interés general. Además,
dejar al Callao atrás en situación dudosa, era cometer un craso error militar.285
¡Doblez de político!, se dirá incrédulamente ante esta defensa. Todos los
ofrecimientos y seguridades antes de lograr la guarnición del Callao y el olvido de ellos
al conseguir ese objeto. Tal vez fuera así. Pero es cierto que las necesidades de la
guerra no permitían la bifurcación del mando ni era conveniente ya el separatismo del
Callao. Además, esa guarnición estaba en realidad por Santa Cruz. Orbegoso era
prisionero de ella, con mera libertad de hablar y de escribir; como había sido prisionero
de la oligarquía militar gamarrista en palacio durante los primeros días de su
presidencia, antes del 4 de enero de 1834. Santa Cruz había ascendido a los jefes del
Callao: Manuel Guarda y Francisco X. Panizo, a generales de Brigada; Juan José Panizo a
capitán de navío; Domingo Valle Riestra a capitán de fragata; Enrique Pareja a coronel;
Miguel Saldívar a capitán de Corbeta.286 Ninguno de los agraciados había
protestado. Con el coronel Guarda estamos en comunicación, decía el general
Herrera en una nota que fue publicada.287 Una carta de Pedro Astete en el
Callao a Santa Cruz le daba seguridades de que en el castillo era difícil una
sublevación a favor de Orbegoso y de que este mismo no la deseaba, salvo el caso de estar
influenciado por aquella señora de Lima.288 En último caso,
¿cómo los jefes, oficiales y tropas incorporados al ejército confederal no protestaron
ni entonces ni después por haber sido alejados de Orbegoso?
20. La soledad de Orbegoso
Viéndose sin fuerzas, burlado, excedente, desocupado, Orbegoso se dirigió al gobernador
de la plaza del Callao, Guarda. Ocupada decíale la mayor parte del
país por los enemigos invasores de nuestra Patria. Vencido el ejército peruano en la
batalla de Guía. Desconocida por S. E. el general Santa Cruz (que se halla a la cabeza de
un fuerte ejército para batir a los mismos invasores) la autoridad peruana y no teniendo
medios de exigir su reconocimiento, han cesado mis compromisos públicos y mi presencia
pudiera desde hoy ser perjudicial a la causa nacional y a su defensa contra la invasión.
Al tiempo de cesar mi autoridad por las razones dichas, he protestado contra todo acto que
ataque la soberanía y los derechos del pueblo peruano. Réstame encargar a U. S.: que en
nombre de la Nación y por mí, dé las gracias a la heroica guarnición que bajo las
inmediatas órdenes de U. S. ha sostenido con denuedo el honor peruano dentro de estos
muros hasta el 8 del corriente en que los enemigos levantaron el sitio. ¡Ojalá la Patria
premie los servicios de los bravos que se han distinguido y la Posteridad los recuerde con
el entusiasmo que inspiran! Mis votos son, señor Jeneral, porque todos los peruanos se
unan para arrojar a los invasores y que disfruten algún día de paz, libertad y dicha.
Con sentimientos de aprecio distinguido es que me despido de U. S. suscribiéndome su
atento Servidor. Luis José Orbegoso.289
Hay en esta nota un inconsciente tono entre trágico y bufo. Principia Orbegoso por
reconocer el ascenso dado a Guarda por Santa Cruz cuando Guarda mandaba las tropas
orbegosinas. Da las gracias a una guarnición que lo había abandonado y pide premios para
ella.
Pero ahora, en Orbegoso dialogando con su propio espíritu atribulado se despierta una
fiebre de escritor. La soledad y la desgracia son sus musas. Y entonces redacta una
Protesta a la Nación. Allí recuerda su ilusión en la Confederación Perú-Boliviana de
derechos equivalentes, desvanecida con el pacto de Tacna y los incidentes posteriores. La
revolución de julio ajena a su voluntad pero que le puso en el trance de optar entre los
peruanos y sus opresores. La batalla de Guía, señal de los propósitos proditorios de
Chile. El golpe de caballo que sufrió y la entrada al Callao ocho días después de la
batalla. El arreglo con Santa Cruz y su engaño. El cese de su autoridad por falta de
medios materiales. Más en mi carácter de última autoridad legal
agrega protesto solemnemente ante la nación y el mundo contra todo acto
atentatorio a la soberanía del pueblo, a la independencia y a la dignidad del
Perú. Prosigue en seguida declarando que se ha negado a secundar al ejército
chileno a pesar de ofertas reiteradas de reconocerlo como presidente, hechas hasta el día
antes de abandonar el asedio. Tampoco ha sido posible ajustarme con S. E. el
Presidente de Bolivia contra cuyo régimen humillante se han pronunciado los pueblos con
entusiasmo y cuyos principios son reprobados por todas las naciones del continente
americano como opuestos a las luces del siglo. El abatirá el orgullo chileno; esto está
en el orden de las cosas. Si él entonces no desconoce su posición, si no se alucina con
quiméricas e irrealizables esperanzas dejará a mi patria en libertad para disponer de
sí propia y de este modo ganará lauro inmortal. Más si, por el contrario, se obstinase
en violentar la tendencia popular, su dominación será tan precaria como la de todos los
que han pretendido sobreponerse a la voluntad nacional. Algo más agrega todavía:
el país puede utilizarlo pero con la condición de que no volverá a ejercer el mando
supremo. Reclama luego la unión sagrada contra Chile; pero sin ingerencia extraña.
Soy hombre prosigue y no he podido hacer más en desempeño de la
misión que me confiaron los pueblos y que acepté no por miras personales sino para
cooperar al restablecimiento del pabellón bicolor, en su gloría primitiva y el de las
instituciones patrias. Ahora doy la última prueba de consagración a la causa pública
separándome de la tierra querida donde ví la luz primera: alejándome de los lugares
donde yacen las cenizas de mis abuelos: entregando mis hijos a la orfandad: abandonando
cuanto tengo de caro y sagrado en el mundo: mi familia saqueada, insultada y arrestada en
mi propia casa por las bayonetas enemigas y tratada indignamente por ellas. Dejo mi
corazón en la Patria: en la Patria por la cual solo he vivido, por la cual solo he
continuado viviendo. Termina expresando su gratitud a los compatriotas por la
confianza depositada en él en distintas circunstancias; y su deseo de consagrarles sus
últimos días que ha querido perdonar la muerte en las jornadas en que la fortuna
traicionó el valor de los defensores del Perú.290
Al saber Santa Cruz la actitud de Orbegoso, le escribió pidiéndole que no publicara su
protesta pues se vería obligado a ventilar en público la cuestión suscitada. Orbegoso
le contestó increpándole la falta de cumplimiento de su palabra y asegurándole que si
daba publicidad a la cuestión, él por su parte haría lo mismo con los documentos
clásicos que desde el año 35 no había publicado por conservar (a Santa Cruz) su
prestigio como americano, como jefe y como amigo. Santa Cruz solicitó entonces una
entrevista con Orbegoso que se había asilado en la fragata francesa
Andromede. Aquel patético encuentro entre estos hombres que tantas
responsabilidades y esperanzas comunes habían tenido se realizó ante García del Río a
bordo de la Andromede, en la misma bahía de donde había salido Freire
alucinado con los dos barcos de su expedición funesta y de donde arteramente Garrido
había robado la escuadra peruana. Dos horas duró aquella charla pero no redundo en
ningún acuerdo y su sombría violencia debió ser un contraste con la impasibilidad de
las aguas verdinegras que le servían de proscenio.291
En esos días circularon proclamas firmadas con el nombre de Orbegoso incitando a los
peruanos a unirse al Ejército Restaurador contra Santa Cruz. El 26, todavía en la bahía
del Callao, a bordo de la Andromede Orbegoso escribió con tal motivo una
nueva protesta. Mi conducta agregaba desde que mis enemigos invadieron
el país, hasta que levantaron el sitio del castillo el 8 del corriente, debe haber
marcado a mis compatriotas mis principios. Todo el que sienta correr en sus venas sangre
peruana y abrigue nobles sentamientos está obligado a hacer la guerra a los invasores de
la patria; que la han hollado, derramado a torrentes la sangre peruana, saqueado las
propiedades, encendido la anarquía y que aún aspiran a degradarnos, colonizarnos y
destruirnos. Bien lejos yo de aconsejar a mis compatriotas unirse a sus bárbaros y
crueles enemigos, he preferido expatriarme dejando a mi familia en la orfandad antes que
conservar, (transigiendo con ellos en la humillación de mi patria) mi puesto y mis
particulares intereses.
Estos son mis sentimientos y los serán constantemente. ¡Ojalá que mis compatriotas
animados del santo ardor que inspira el patriotismo, se unan todos para arrojar del suelo
peruano al ejército invasor que tiene sumida la patria en consternación y amargura!
A bordo de la fragata Andromede en el Callao, 26 de noviembre de 1838.
Luis José Orbegoso.292
Nótese que en toda esta literatura pública, Orbegoso acalla su resentimiento contra
Santa Cruz y exhala su resentimiento contra los chilenos. En el fondo es la misma actitud
que tuvo antes del pronunciamiento de julio y que inspiró su declaración de 1° de
setiembre: acabar ante todo con la invasión chilena.
Pero no por eso Orbegoso resulta aliado de Santa Cruz. La prueba está en la frustrada
entrevista de la Andromede y en su viaje mismo. Más tarde llegó a afirmar
que el desprecio manifestado por Santa Cruz a la opinión netamente peruana, restó
popularidad a su causa desde los días siguientes a su triunfal recepción en Lima;
empezando la gente a considerar la guerra como un asunto de dos ejércitos extranjeros.
Embarcado en una goleta mercante, Orbegoso salió del Callao el 4 de diciembre con destino
a Guayaquil.
Siguiente
____________________________________
244 Don Manuel Ferreyros estaba todavía en Guayaquil. No
aceptó el ministerio de Hacienda. Alegó en carta particular a Gamarra repugnancia a
dicho cargo desde sus conversaciones en Puno, Lampa, Cuzco y Lima en otra época y en
Guayaquil más recientemente. Aún sin su horror al caos de la hacienda peruana que
los gobernantes y la avaricia extranjera deben haber enmarañado, más y más, él
era mediano administrador de Hacienda y le faltaban conocimientos para
ministro del ramo, se sentía incapaz y no miedoso. (Ferreyros a Gamarra, 6 de octubre de
1838, original en la BNP.)
245 El Peruano, N.º 2, 28 de agosto de 1838, N.º 3 de 31 de agosto, N.º 4 de 4 de
septiembre.
246 Al público, hoja suelta; sin pie de imprenta ni fecha.
247 Memoria cit., p. 46.
248 Protesta hecha por el general Orbegoso desde el castillo de la Independencia a donde
se ha acogido y cuya copia ha venido a esta capital por varios conductos. Imp. del Estado
por E. Aranda. Reproducido en Al pueblo americano, Guayaquil, 24 de noviembre de 1838,
firmada por Orbegoso en el ejemplar de la BNP.
249 Carta escrita por S. E. el presidente provisorio Gran Mariscal D. Agustín Gamarra al
de igual clase militar Exmo. Sr. D. Luis José Orbegoso (Hoja suelta sin fecha y sin pie
de imprenta).
250 Al público americano, Guayaquil, 29 de octubre de 1838, Imp. de Manuel I. Murillo.
251 Plasencia, Diario, pp. 21 a 25 con un mapa. Santa Cruz, manifiesto, p. 164.
Oficialmente y en cartas privadas los santacrucinos sostuvieron que los vencedores habían
sido ellos: cartas de Herrera a Vivas, Jauja, 30 de septiembre; Otero, 31 de septiembre,
de Santa Olaya a Vivas.
252 Lizarburu a Gamarra, 28, 30 de octubre, 22 de diciembre. Archivo de la BNP.
253 Mejía a Castilla, 12 de septiembre de 1838 desde Huaraz. Archivo de la BNP.
254 Plasencia, pp. 32 y 33.
255 D. Nieto a La Fuente, 6 de septiembre de 1838. Archivo de la BNP.
256 Memorias cit., pp. 45 y 48.
257 Nieto a Grau, Guayaquil, 5 de octubre de 1838. Archivo de la BNP.
258 Ferreyros a Gamarra, Guayaquil, octubre (en la BNP). Ferreyros no coincidía con la
opinión de Nieto por temor a que se repitiesen los desórdenes del año 22.
259 No conoce Ud. decía el N.º 2 que la plebe cuando lleguen a su
colmo las medidas que UU. ponen hoy en planta para trastornarlo todo a mano armada
atacaría a UU., los saquearía y haría de UU. un San Francia que nadie podría
evitar? No, no, señorita, nuestras Escuadras... Malditas sean sus escuadras
¿valdrían éstas cuando llegase el caso de darles un golpe de mano?
260 Pero señorita ¿qué es lo que han hecho los señores extranjeros en Lima?
No guardar neutralidad, ingerirse en las contiendas y diferencias de los peruanos,
atizar el odio y rencor de los partidos y procurar que el país nunca pueda tener orden ni
arreglo. Algunos han usado de tan poca delicadeza y decoro que se han jactado de causarnos
males y para que ellos sean más efectivos y más crueles se han plegado al usurpador del
país, al tirano Santa Cruz, por él están decididos abiertamente. La otra noche estuvo
aquí, don Guillermo y disparató tanto y ensalzó tanto a su amigo como él llama al
idiota jetón que tuve un mal rato... Pobres de los peruanos si en Inglaterra u otra
nación tuviesen el más ligero desliz; no los tolerarían un momento; pero nosotros
estamos condenados a que en nuestra casa todos los extranjeros quieran mandar (El
Periodiquito, N.º 3. Ver en el número 5, El inglés y la limeña y en el
N.º 6 Diálogo entre una señorita limeña y un mercachifle.
261 Colección de los tratados, convenciones, capitulaciones, armisticios y otros actos
diplomáticos y políticos celebrados desde la Independencia hasta el día, por Ricardo
Aranda, tomo x, Imp. del Estado, Lima, 1907, p. 239 y siguientes. Reproducido en Las
relaciones entre Méjico y el Perú. Archivo Histórico Diplomático Mejicano, 1923, tomo
4, p. 37 y siguientes.
262 El Peruano, N.º 13 de 5 de octubre de 1838, N.º 22 de 6 de noviembre. Oficios de
Bulnes cit. Sotomayor Valdés, iii, p. 427.
263 Las notas de Wilson que se conservan en el Archivo de Límites son de una dureza
extrema. El gobierno las publicó en forma parcial e incorrecta, según el propio Wilson
(El Peruano, N.º 7). Inclusive el agente británico llegaba al sarcasmo personal.
El Sr. Lazo dice en su nota de 15 de Septiembre aduce un cargo al
infrascrito por la omisión de haber protestado contra el armamento de los castillos del
Callao donde están situados los almacenes de la Aduana; pero seguramente el Sr. Lazo que
era el único ministro del gobierno del general Orbegoso a tiempo que en la mayor parte se
verificaba esta obra, no habría consentido en tal acto de ingerencia con la defensa
militar de una nación para resistir a la invasión próxima a su territorio por un
ejército extranjero; tampoco las circunstancias de haberse efectuado esta invasión bajo
el carácter de una Restauración chilena varía en nada la cuestión viéndose que la tal
proyectada Restauración chilena fué solemnemente protestada y resistida como una
invasión por el gobierno que entonces sirvió el señor Lazo. (En el Archivo de
Límites.)
264 Estoy siempre fijo en mis opiniones respecto de las fuertes potencias
escribía Ferreyros a Gamarra nada de tratados ni de cónsules y agentes
diplomáticos ni de estaciones: ni un buque de guerra extraño quiero en los puertos
americanos. Que el niño ataque el pan del gato o este quiera quitar su pan al niño
¿cuál de los dos saldrá en todo caso arañado? (Ferreyros a Gamarra, desde
Guayaquil, 18 de diciembre de 1838. En la BNP.
265 Aranda, colección de tratados cit. Tomo iv, 1892, pp. 47 a 49. Cuéntase que La
Fuente, uno de loa principales restauradores en su vejez era senador cuando se discutió
el tratado de alianza con Bolivia. Habiendo opinado que este tratado traería a los
chilenos otra vez al Perú, alguien le interrumpió diciendo que él los había traído en
1838. La Fuente repuso: Los trajimos bien pagados. Ahora vendrán como
invasores.
266 El Peruano, N.º 18 de 23 de octubre de 1838.
267 El Peruano, N.º 15 de 12 de octubre de 1838.
268 Izquierdo a Gamarra, 7 de octubre de 1838. Archivo de la BNP.
269 Este señor, como Ud. conoce, es testarudo, no lo creo su amigo y tal vez quiera
variar la influencia política me parece que muy a destiempo y siendo también muy
pusilánime y cobarde quiera tentar otro Paucarpata. Por de contado, la pandilla de Pardo
y Vibanco será la primera en rodearlo y lo que pueden decirle Ud. lo conoce,
(ídem, id.). En su carta siguiente Izquierdo insiste en que a pesar de la ocupación del
norte y la victoria de Matucana, Egaña está prevenido en contra de Gamarra (17 de
octubre).
270 Mensaje del Presidente de Chile el 1° de junio de 1839.
271 Diario de los sucesos ocurridos en Lima (El Eco del Protectorado, N.º 121 a 128 y
N.º 132). Cartas particulares, archivo de la BNP.
272 Memorias de OConnor cit., pp. 270, 277, 282 con algunos detalles de testigo y
actor. El Eco del Norte, 28 de julio de 1838; El Araucano, 2 de noviembre de 1838. En
carta de Allende a Gamarra, aludiendo al asesinato de Heredia y a la posibilidad de que la
mano de Santa Cruz estuviera oculta allí, decíase: Pero con esa muerte el único
que ha perdido es Santa Cruz porque cualquiera que reemplace a Heredia no será tan
borracho, tan ladrón y tan cobarde como el finado. (Archivo de la BNP.) Una
relación del asesinato publicada en El Mercurio de Valparaíso de 12 de marzo de 1839,
concluye diciendo: Por lo que a mí toca, creo que el general Heredia ha sido
víctima de sus excesos y sus excesos efecto de las circunstancias tormentosas y
complicadas en que lo puso la falta de recursos.
273 OConnor, Memorias cit., pp. 283 y 284.
274 Carta citada más atrás a propósito de la expedición Freire.
275 El Eco del Protectorado, N.º 122 de 19 de septiembre de 1838.
276 El Eco del Protectorado, N.º 124 de 22 de septiembre de 1838.
277 La proscripción y la defensa de Mariano Enrique Calvo, p. 4, Carta de 26
de septiembre. Calvo publicó también su respuesta lo que sí no me parece
político ni llano es tratar de hacer una nación compacta del sur y de Bolivia. Ya he
dicho a Ud. en mis anteriores lo que siento a este respecto y ahora para no volver a
tocarlo, sólo recordaré a Ud. que en esto mismo pensó Ud. antes de la Confederación,
en época por supuesto más favorable que la presente para emprenderlo: entonces todo el
sur huyendo del despotismo y de la anarquía al mismo tiempo que de la supremacía de Lima
clamaba por unirse a nosotros y parece que algo tuvo Ud. que trabajar para que la Asamblea
de Sicuani no se pronunciase en este sentido: entonces Bolivia, orgullosa y deslumbrada
con los triunfos de Yanacocha y Socabaya habría visto la cosa si nó con agrado, por lo
menos con poca repugnancia: ahora es todo lo contrario, los pueblos del Perú si es de
creer a los que han venido de ellos, empezando desde el señor Torrico, están cansados de
la intervención boliviana; nos ven como a sus conquistadores y opresores; los de Bolivia
nunca han podido digerir esta amalgama; y después de todo lo ocurrido con motivo del
pacto de Tacna, éste sería un nuevo y más precioso pretexto para que retozasen los
malvados... ¿Cómo se haría la fusión? ¿Conservando Bolivia alguna superioridad o
cediéndola al sur? Tan malo es lo uno como lo otro y conservar un justo medio es tan
imposible como inútil y perjudicial: conservando el sistema representativo no haríamos
más que traer a nuestros congresos una semilla infernal de anarquía y desorden; en una
palabra, si por nuestra pequeñez y nuestros principios republicanos no podemos pensar en
agregarlo como conquista, mejor es tratar de consolidar la independencia y separación del
norte que nos proporciona casi todos los bienes de la unión sin exponernos a sus
males.
278 El Eco del Protectorado, N.º 125 de 26 de septiembre de 1838.
279 Al público americano. Documentos interesantes sobre los actuales acontecimientos del
Perú, Guayaquil, Imp. M. I. Murillo, 24 de noviembre de 1838. Fechada el 26 de
octubre. También incluye una carta a Santa Cruz fechada el 28 de octubre, en los mismos
términos.
280 Sotomayor Valdés, ob. cit., iii, p. 404.
281 Diario Militar cit., p. 44.
282 El Eco del Protectorado, N.º 125 de 26 de septiembre de 1838.
283 Memorias de Orbegoso, Paz Soldán, p. 321. Breve exposición de Guayaquil, julio de
1839, cit., pp. 28 y 29.
284 Breve exposición de Guayaquil, julio de 1839, cit., pp. 30 y 31.
285 Santa Cruz, manifiesto cit., pp. 170 a 173.
286 Decreto de 18 de septiembre, en El Eco del Protectorado, N.º 124 de 22 de septiembre
de 1838.
287 Tarma, 8 de septiembre, en El Eco del Protectorado, N.º 124 de 22 de septiembre de
1838.
288 1° de Noviembre de 1838. Ver también la carta del misino Astete a Herrera, 31 de
octubre (Archivo de la BNP.)
289 Protesta: Debiendo los peruanos tener conocimiento de los documentos siguientes,
que no fué posible publicar en Lima, en las fechas en que tuvieron lugar y que sólo
corrieron manuscritos, con el riesgo de ser confundidos con otros apócrifos que inventó
la perfidia de los enemigos de aquel país, se ha aprovechado de la primera ocasión para
darlos a la prensa. Guayaquil, Imp. de M. I. Murillo, 17 de diciembre de 1838.
(Ejemplar entregado a la BNP por don Pedro Orbegoso.)
290 Protesta cit.
291 Paz Soldán, ob. cit., p. 229. Orbegoso no cita esta entrevista ni en su Manifiesto de
Guayaquil en 1839 ni en sus Memorias publicadas por su hijo don Pedro y por Paz Soldán.
292 Protesta cit., publicado en Guayaquil, 17 de diciembre de 1838.
|