LA EVOLUCIÓN GAMARRISTA EN LA POLÍTICA CHILENA



1. Reaparición de Gamarra

Gamarra había comprendido el desaire inmenso que Chile le hiciera al separarlo de la expedición restauradora. En Portales no había causado efecto alguno la carta servil que le dirigió por intermedio de Bujanda; y con la dureza de un enemigo rencoroso e implacable, habíale calificado aún en su correspondencia oficial.162 A un tipo sicológico como Bujanda, tales agravios habíanle llevado al despecho y al resentimiento; pero Gamarra sabía olvidar y perdonar cuando quería. Cuando supo la muerte de Portales envió una atenta comunicación al agente diplomático chileno en Quito, Ventura Lavalle, con su condolencia, y aun rindió a su enemigo públicamente otros homenajes.163 

     De otro lado, todos sus esfuerzos en el norte fracasaron. El comisionado que mandó a Trujillo en 1837 para hacer una revolución militar a su favor cayó junto con sus instrucciones en poder de Orbegoso.164 

En tanto que la expedición restauradora encabezada por La Fuente actuaba en el sur, el gobierno de la Confederación se glorió de haber impedido que Gamarra en un pequeño buque saliera de Guayaquil a la costa norte del Perú; el cónsul confederal y el gobierno ecuatoriano actuaron activamente para ello y el buque fue detenido por deudas.165

     Convencido al fin Gamarra de que no era posible actuar en el norte decidió el viaje a Chile. Ya desde 1836 había pensado en este viaje; pero, felizmente para él, no lo realizó en aquellos momentos en que sus enemigos tenían una privanza absoluta en el gobierno chileno. Aún en marzo de 1837 pudo escribir Pardo a La Fuente que si Gamarra iba a Chile, estaría en una posición desairada.

     Gamarra se embarcó mientras la expedición restauradora fracasaba. Había hecho buena amistad con el ministro chileno Lavalle, y éste había trasmitido a su gobierno informes muy favorables acerca de su persona.166 Llegó a Valparaíso el 17 de enero de 1838 en la barca inglesa “Cigar”, acompañado del general Salas y de los coroneles Layseca y Torrico y del teniente coronel Frisancho.167 Los periódicos de Valparaíso y Santiago llenaban entonces sus escasas páginas con relatos, acusaciones y justificaciones alrededor de la campaña que tan desastrosamente acababa de concluir.

     Bujanda, el más fiel de los amigos de Gamarra, no estaba a su lado ahora. Cuando vio fracasados sus planes contra Santa Cruz, proscrito entre los proscritos y aun descubierto en su labor de acercamiento al enemigo, Bujanda cayó en un gran abatimiento. Una relación de la época lo pinta paseando por las calles de Valparaíso, solo, con las manos en los bolsillos, pensativo, taciturno, disgustado de sí mismo, de los suyos y de la política, agobiado bajo el peso de sus recuerdos, de sus rencores y de sus meditaciones. Enfermo de ictericia, fue a convalecer en la hacienda de un amigo, en septiembre de 1837. El dueño de esa hacienda componía arsénico para la caza de buitres. El muchacho que Bujanda había traído de Costa Rica recogió las drogas de botica de su patrón al regresar a la ciudad, y puso entre ellas el papel del veneno. A los dos días de estar en Valparaíso se le antojó a Bujanda naranjada con crimor y en lugar de esta sal equivocadamente se sirvió el arsénico. Murió el misma día, 9 de octubre, a las 10 de la noche. En su testamento dejó a Gamarra como albacea; última prueba de su adhesión.168

     Pero Gamarra tenía además otros buenos amigos, y pronto adquirió algunos más. Se estableció en Santiago y ya en febrero decía que el gobierno lo había honrado con algunas confianzas. Los peruanos continuaban, sin embargo, desunidos y el gobierno chileno se ocupaba de la organización de la nueva campaña con extrema lentitud. Pardo continuaba aliado de Vivanco y conservaba su influjo palatino; José Domingo Allende, uno de los amigos de Gamarra, los llamaba “la sabandija palaciega y compañía”.169 La Fuente se entendió pronto con Gamarra y reconoció que éste sería el general que marcharía a la cabeza de los peruanos.


2. Gamarra y La Fuente contra “la sabandija palaciega”. Preparativos para la expedición y gestiones ante el gobierno chileno

Por conductos muy seguros, mediante oficiales extranjeros de toda confianza o dentro de cajones de artículos comerciales o bajo cubiertas insospechables, Gamarra y La Fuente mandaban y recibían cartas del Perú. Las noticias que llegaban eran muy halagadoras. Santa Cruz había dado un decreto ordenando la confiscación de las frutas de Chile que llegaran al Perú después del 27 de febrero; pero este decreto, según tales noticias, no había sido cumplido ni lo sería tampoco. Inclusive los amigos de Lima estaban conquistando a Orbegoso, que había reasumido el mando del Estado Norperuano; y no dejaban de tener esperanzas. Una carta desde Lima a Izquierdo, activo corresponsal de Gamarra en Valparaíso, decía textualmente en uno de sus párrafos: “Aquí se trabaja mucho por conducto de su amiga (la Cañete) para conquistar al salvaje grande y también hay otras empeñadas en lo mismo (las Rábagos) y Ud. sabe lo que pueden las limeñas”.170 El general boliviano Ballivián había fugado de su prisión en Chile; pero en los círculos peruanos de Valparaíso se sospechaba que había estado en tratos con el gobierno chileno. Maliciosamente eran enviadas al Perú noticias de que la partida de Gamarra era inminente con tropas de desembarco. A Lambayeque y Piura eran escritas cartas que decían que Chile admitiría frutos del Perú sin más derechos que los consignados en el tratado Távara, siempre que vinieran de puertos que hubiesen desconocido la autoridad de Santa Cruz.

     Por su parte Gamarra se interesaba en comprar dos buques o uno que pudiera llevar 300 hombres. Al fin su agente Izquierdo pudo comprarle firmando las escrituras con nombre de otra persona el bergantín “San Antonio” en 9900 pesos, de los cuales 1000 debían ser dados al contado y el resto en un plazo de tres meses. No era nuevo este bergantín; pero no ofrecía peligro e Izquierdo calculaba que pudiera llevar 200 hombres. Pero Gamarra quería dos buques más. Los tratantes aprovechaban de la demanda y hacían difícil la compra; y por eso Izquierdo llegó a poner avisos vendiendo el “San Antonio” para que vieran que no lo necesitaba.171

     Gamarra estaba también en estrechas relaciones con José Domingo Allende, que redactaba el periódico El Eclipse de Paucarpata, algunos de cuyos artículos revisó y cuyos ejemplares se encargaba de vender.172 

Mientras Gamarra actuaba en Santiago, La Fuente en Valparaíso discutía con el gobernador de este puerto, Victorino Garrido. Creía Garrido que bastaba con 1900 hombres para formar la expedición; pero La Fuente sostenía que eran necesarios 2000 hombres, 200 caballos y 3000 fusiles y 500 sables para tomar el departamento de La Libertad. Otra cosa obsesionaba a La Fuente: tener libertad para crear una autoridad peruana, independiente de la autoridad chilena, y un ejército propio que la sostuviera. Con franqueza decía que no quería volver a ser el juguete que fue con Blanco. Si no él por su cuenta, y Gamarra si pensaba lo mismo, marcharía al Perú con fuerzas propias en los buques de guerra.173 El rol que debían desempeñar las tropas peruanas en relación con el ejército chileno y la autonomía que debía tener la autoridad política peruana en cuanto a su origen, en cuanto a sus fuerzas militares y en cuanto a la facultad de nombrar autoridades civiles subalternas: he ahí el eje de aquellas conversaciones. La Fuente insistía en que debía haber acuerdo entre las autoridades chilena y peruana con independencia de ambas en lo que respecta a sus fuerzas militares o más bien sus inmediatos servidores; la autoridad chilena no debía entrometerse en el nombramiento de autoridades civiles, que debía quedar a cargo del general peruano o sea de Gamarra; éste debía mandar el ejército y de consiguiente mandar formar los cuerpos donde conviniere, siempre de acuerdo con la autoridad chilena.174 Impaciente, y como seguían las buenas noticias del Perú inclusive las que trajo Mendiburu de Guayaquil, llegó a escribir a Gamarra: “Dejando a Ud. toda la responsabilidad de los arreglos que Ud. debe de hacer con el gobierno, para que no nos burlen como en Paucarpata, me he decidido a marchar en los buques que según me acaba de decir Garrido saldrán el martes sin falta”.175

Pero pasaba el tiempo y a nada práctico se arribaba. El gobierno chileno ni llegaba a un arreglo con los emigrados para actuar conjuntamente, ni organizaba la expedición anunciada sólo para julio, ni los dejaba en libertad para actuar por su cuenta sobre las costas peruanas suministrándoles únicamente buques. La Fuente decía a Gamarra que descubría “un gato encerrado en el Ministerio respecto a nosotros”. En tanto, a él llegaba la noticia de que Pardo anunciaba misteriosamente que pudiera ser que fuese con Garrido.176 

“La sabandija palaciega” continuaba, al parecer, en auge. Ahora el plan de Vivanco y Pardo, ya desligados de La Fuente, era acaso dar prepotencia en la campaña al jefe chileno, llevar a Pardo de director de la guerra e influir en el nombramiento de la autoridad peruana que no sería ni Gamarra ni La Fuente. Ambos, La Fuente en Valparaíso ante Garrido, y Gamarra en Santiago ante el presidente insistían, en cambio, sobre “los derechos incuestionables del Perú sobre formación de un ejército nacional e independiente en el nombramiento de sus funcionarios”.


3. Gamarra se retira de la expedición

A principios de mayo, en medio de estas conversaciones, se publicó el manifiesto del presidente Prieto explicando por qué Chile desaprobaba el pacto de Paucarpata; y en este manifiesto, escrito por Pardo, habían referencias a Gamarra en relación con la alianza que había celebrado con Santa Cruz en 1835 para confederar al Perú con Bolivia. Gamarra interpretó esta alusión como “una descarga brusca”, como un rompimiento. Inmediatamente se dio de baja entre los expedicionarios. “Mi presencia en la campaña puede ser ya embarazosa para ellos y azarosa para mí. El horizonte está pues despejado, Ud. puede tomar las resoluciones más convenientes”, escribió a La Fuente el 8 de mayo.177 A su vez La Fuente se empeñaba simultáneamente ante el ministerio de Guerra chileno reclamando de nuevo los tres mil fusiles y 500 sables que le pertenecían por haberlos pagado con sus propios fondos y que habían sido incluidos en la primera expedición. El plan de La Fuente era, después de obtener este armamento, marchar con él sobre Piura formando con los emigrados una compañía o batallón sagrado del que Gamarra sería el Comandante, él (La Fuente), el mayor, Salas y Castilla los capitanes y todos los demás, soldados rasos, hasta que lograran formar cuerpos. Con un golpe de mano “admiraríamos a la posteridad”, decía La Fuente a Gamarra, agregándole que era lo único que les quedaba frente a “los desatinados pensamientos del gabinete para excepcionarnos”. “Que marche en hora buena la expedición y nosotros aprovechémonos de nuestra marcha para contribuir a la independencia de nuestra patria como podamos y por donde podamos. Que lleven a Pardo de director de la guerra y aunque lleven al mismo demonio, nuestros votos serán porque ellos sean felices”. En último caso, si le negaban sus tres mil fusiles, tenía un amigo que le ofrecía mil. Aun cuando Gamarra no lo aprobase, pensaba realizar este plan, a pesar de que a nadie se lo había comunicado aún.178


4. El primer triunfo de Gamarra


El gobierno chileno se encontró con que Gamarra se retiraba de la expedición y con que La Fuente quería marchar por su cuenta. ¿Cómo podía carecer el segundo Ejército Restaurador de los dos jefes más importantes que estaban en la emigración? De por medio se interponían los recelos de Pardo y Vivanco; pero el gran amigo de ellos, Portales, había muerto, y el gobierno chileno no podía solidarizarse indefinidamente con prevenciones de política interna peruana.

La expedición debía marchar. Cierto es que el propio general chileno nombrado para dirigirla, el general Manuel Bulnes, que se había distinguido por su denuedo combatiendo con los araucanos, había creído al principio que eso no llegaría a ocurrir. Pero Chile había mantenido la guerra con Santa Cruz, estaban ya ligados a ella no sólo sus intereses sino también su honor. Y no cabía sino repetir la aventura de 1837 aumentando sus eventualidades favorables, mandando al Perú un ejército más numeroso y llevándolo al norte; porque pasaba el tiempo y Santa Cruz seguía gobernando tranquilamente el Perú y Bolivia, en tanto que numerosos indicios evidenciaban que a la aproximación de un nuevo Ejército Restaurador habrían sublevaciones y pronunciamientos, sobre todo, precisamente, en el norte; por lo menos una nueva exhibición bélica podía dar a Chile garantías y seguridades.

Pero si la expedición debía marchar al Perú, necesitaba de jefes peruanos de crédito y experiencia. Vivanco era demasiado joven y de jerarquía inferior; nombrarlo era provocar inmediatamente la anarquía entre los propios emigrados y proscritos. La Fuente había sido utilizado ya una vez y aunque en verdad a él no podía inculpársele por el fracaso, no había demostrado grandes dotes militares ni tampoco gran arraigo en la opinión peruana. La Fuente había tenido una actuación abnegada sufragando de su peculio una gran cantidad de armamento; y arriesgando para ello su crédito personal y la fortuna de sus hijos, como dijera con el énfasis de la época en su exposición contra Blanco. Tenía, en este momento, decisión y valor. Pero era, digámoslo de una vez, muy mediocre.179 Lo que se necesitaba, ya que la experiencia reciente demostraba que la Confederación no podía caer con una simple demostración de fuerza, era un jefe conocedor del terreno; hábil para escoger las posiciones, organizar y conducir tropas y resolver los problemas de la guerra y de la política; capaz de inspirar fe y respeto por su edad y su posición personal. Todo ello se reunía en Gamarra. El mismo La Fuente, sea por conciencia de su inferioridad o por abnegación patriótica, lo había reconocido como jefe demostrando haber olvidado los rencores de 1831. Gamarra había sido un soldado distinguido de la Independencia y no era un secreto que había escogido el campo de batalla en Ayacucho y dispuesto la carga de caballería que se dio en esa épica jornada. Había gobernado luego el Perú durante cuatro años, en contraste con la fugacidad de los demás presidentes. Tenía sombras su conducta con Santa Cruz; pero los hechos anteriores a 1835 y aun los que ocurrieron después de la fugaz alianza que celebraron, demostraban que más bien existía entre ellos una profunda e indestructible rivalidad que el penoso y largo destierro del cuzqueño y el espectacular encumbramiento del aymara habían exacerbado. Los hombres de gobierno de Chile al tratar a Gamarra se dieron cuenta de que se encontraban ante un hombre maduro, listo, calmado. Desde los días de Portales y ahora mismo, afectaba gran desprendimiento y falta de pretensiones personales. Mientras La Fuente molestaba pidiendo con insistencia su armamento, Gamarra había conversado y discutido serenamente en Santiago. Tal como estaban las circunstancias no podían desdeñarlo. Lo importante en aquel momento era derrocar a Santa Cruz. ¿Un nuevo encumbramiento de Gamarra, suponiendo que surgiera después de la victoria, significaba, como decían Pardo y Vivanco, el regreso de la vieja política peruana, la imposibilidad de regenerar al país imprimiéndole rumbos distintos de los que le habían llevado a la anarquía y a la humillación? Al fin y al cabo, eso no importaba tanto a Prieto, Tocornal y demás gobernantes chilenos. ¿Significaba un peligro para Chile? No era probable si Chile ayudaba a aquel encumbramiento; Gamarra no parecía hombre de caprichos sin causa; en todo caso sería un asunto que el porvenir esclarecería. De otro lado, mantener el principio de la subordinación absoluta de las autoridades peruanas a las chilenas ¿no era algo antipático y contraproducente?

Todo esto fue seguramente medido y pesado por Tocornal, Prieto y Garrido entre el 8 y el 12 de mayo. Bulnes era simpatizante decidido de Gamarra. El insulto a Gamarra que había puesto Pardo en medio del manifiesto del gobierno chileno no era sino un torpedo para hacer volar la amistad entre ellos. Prieto, escribía a Gamarra su leal amigo Izquierdo, seguramente no había leído el manifiesto en el que había puesto su firma y ni por la imaginación se le había pasado la idea de esta ofensa. Ahora, insistía Izquierdo, debía Gamarra acercarse al gobierno más que nunca. Si se separaba, conseguían su plan los enemigos. Del Perú seguían viniendo buenas noticias; inclusive las de que Gamarra reconcentraba la opinión a su alrededor y que se esperaba su próximo viaje. Estas noticias fueron habilidosamente puestas en conocimiento de Prieto y de Tocornal; Pardo, que no era caudillo, no podía mostrar pruebas de esta especie. Gamarra seguramente siguió el consejo de Izquierdo. Ni siquiera refutó lo dicho en el manifiesto: ello hubiera sido un paso en falso.180 Un impreso acusando a Pardo de connivencia con Santa Cruz y que fue llevado para el “visto bueno” de Gamarra quedó inédito. Bulnes influyó en el gobierno. Los oficiales firmaron además un acta declarando que querían seguir las operaciones con Gamarra. En fin, Gamarra demostró tener respaldo personal y al mismo tiempo tino y discreción. Cedió también en su pretensión absoluta, conviniendo en la suprema jefatura chilena aunque podían formarse cuerpos de ejército peruanos. Triunfó.

En una carta fechada el 13 de mayo, Gamarra escribió a La Fuente que la noche anterior había arreglado con el Presidente la marcha al Perú. Habría ejército peruano y sus hombres no serían para aumentar la fuerza chilena. Le parecía que el Presidente estaba de muy buena fe y que nunca había hablado con más franqueza que aquella noche, inclusive quejándose de las exigencias de Las Fuente. “Cualquier paso —agregaba— que dé Ud. sobre el armamento creo que será inútil; así silencio y marchemos. Dentro de cuatro días saldré tal vez de aquí y a nuestra vista hablaremos sobre lo demás”.181


5. Instrucciones de Bulnes. El mando del ejército

El segundo ejército expedicionario era mucho más numeroso que el primero. Se componía de los batallones Santiago, Valparaíso, Colchagua, Voluntarios de Aconcagua, Carampangue, Portales y Valdivia; de los regimientos de Catadores y de Granaderos, del escuadrón de artillería. Ascendía a 5400 hombres. Jefe de Estado Mayor era el general chileno José María de la Cruz y segundo el coronel Pedro Godoy, también chileno. Los peruanos no eran sino agregados a la expedición: estaban allí Gamarra, La Fuente, Castilla, Vivanco, Pardo, Martínez, etc.182

Las instrucciones que recibió el general Bulnes, jefe de la expedición, se referían a los propósitos de Chile de buscar su propia seguridad y la de las demás repúblicas limítrofes en la destrucción del poder de Santa Cruz; de restituir al Perú a su independencia, evitando dejarlo bajo las garras de la guerra civil; de no tomar propiedad alguna peruana a título de empréstito, contribución ni otro alguno, sino en los casos absolutamente necesarios.

En lo que respecta al mando de los ejércitos, las instrucciones dadas a Bulnes por su gobierno decían textualmente: “Las fuerzas peruanas que U. S. organice permanecerán constantemente bajo las órdenes de U. S. sin que por ningún motivo deban substraerse hasta que U. S. se retire a Chile con la fuerza chilena de su mando. Por consiguiente, entonces y sólo entonces podrán las tropas peruanas tener un jefe que se ponga a la cabeza de ellas, pero este jefe estará siempre a las órdenes de U. S. que como ya se ha dicho ejercerá el mando de ambos ejércitos hasta la evacuación del Perú”.183 

Gamarra y La Fuente, pues, claudicaron en parte al embarcarse en la expedición. El arreglo a que llegaron fue una transacción entre sus extremas exigencias y las exigencias extremas de Chile, aunque más favorable para éste. Lo que consiguieron a cambio de esta cesión en sus reclamaciones de un ejército peruano absolutamente autónomo fue su participación personal en la dirección y organización de la campaña y la formación de tropas peruanas con jefes peruanos aunque bajo el supremo comando chileno.


6. Partida de la expedición

En 26 transportes escoltados por cuatro buques de guerra se embarcó la tropa. El general Bulnes se embarcó el 10 de julio. De Valparaíso el convoy, fraccionado, se dirigió a Coquimbo donde demoró cuatro días antes de partir para el Perú.

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162 Gamarra a Portales, de Cuenca, 8 de septiembre de 1836. “No tenemos más esperanza que Ud.”, le dice. Desde el año
29 ha empleado Santa Cruz el oro y la seducción para gobernar el Perú. “Yo lo acusé ante las Cámaras el año 31”, agrega. Copia en el Archivo de la BNP.

163 Nota de Lavalle agradeciendo este homenaje (30 de agosto de 1837). Carta de Rodulfo a Gamarra felicitándolo por lo mismo (30 de agosto de 1837). Archivo de la BNP.

164 Defensa que hace Luis José de Orbegoso, pp. 14, 33, 53.

165 El Eco del Norte, N.º 48 de 13 de diciembre de 1837.

166 Lavalle a Gamarra, 24 de septiembre de 1838, alude a ellos y a la gratitud de Gamarra.

167 El Mercurio de Valparaíso, N.º 2729, 17 de enero de 1838.

168 Salcedo a Gamarra, 31 de octubre de 1837. Archivo de la BNP.

169 Allende a Gamarra, 8 de octubre de 1838. Archivo de la BNP.

170 Izquierdo a Gamarra, 23 de marzo de 1838, Archivo de la BNP.

171 Izquierdo a Gamarra, 26, 27, 29 de marzo de 1838. Archivo de la BNP.

172 Allende a Gamarra, 3 y 21 de junio de 1838. De El Eclipse salieron 10 números, el primero de ellos el 5 de febrero y el último dedicado a Portales cuyos manes invoca, el 11 de junio.

173 La Fuente a Gamarra, 10, 18, 19 de marzo. Archivo de la BNP.

174 La Fuente a Gamarra, 28 de marzo, publicada por Paz Soldán, p. 168. Archivo de la BNP.

175 La Fuente a Gamarra, 31 de marzo de 1838. Archivo de la BNP.

176 La Fuente a Gamarra, 17 de abril de 1838. Original en la BNP.

177 Gamarra a La Fuente. Publicada por Paz Soldán, p. 169. Original en la BNP.

178 La Fuente a Gamarra, 10 de mayo de 1838. Publicado por Paz Soldán, p. 169. Originales en la BNP.

179 “El general La Fuente se hizo jefe supremo del Perú —dice Irrisari en su Defensa de los tratados de Paucarpata citado ya— desde que llegamos a esta ciudad (Arequipa) y descubrió una nulidad completa para desempeñar las funciones de su cargo en tiempo tan difícil. Ni pensaba ni hacía cosa que no fuese un desatino político y una medida perjudicial”. Vivanco decía de él: “Nada tiene en sí mismo y todo lo ha debido a las circunstancias o a los caprichos de la revolución”.

180 Curioso es que, ante el ejemplo que habían dado Bujanda e Irrisari, los recelos de que el despecho podía llevar al acercamiento a Santa Cruz tocaron también a Pardo. Izquierdo estaba convencido de que Pardo hacía el juego a Santa Cruz. Sus relaciones de familia, la suspensión de hostilidades repentinamente cuando le dejaron parte del dinero que reclamaba el gobierno de la Confederación, la amistad íntima de Santa Cruz con su cuñada Mercedes Lavalle, el carácter de espía público que tenía su concuñado Soyer en Lima, la amistad con Mora: tales eran los indicios que tenia Izquierdo. Los insultos a Gamarra eran —según él— para inmovilizar las medidas contra Santa Cruz (Izquierdo a Gamarra, 8 de mayo. Archivo de la BNP).

181 Publicada por Paz Soldán, p. 161. Original en la BNP.

182 Diario militar de la campaña restauradora, p. 1.

183 Historia de la campaña del Perú en 1838, por Gonzalo Bulnes, Santiago, 1878, Imp. Los Tiempos, p. 22. Uno de los motivos que colaboraban en el ánimo de Bulnes era su “amistad amorosa” con la viuda de Salaverry, doña Juana Pérez, según varias cartas de la época (Archivo de la BNP.).

 


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