| GRANDEZA Y
MISERIAS DE LOS PROSCRIPTOS PERUANOS
LA ETAPA ANTIGAMARRINA EN LA POLÍTICA CHILENA
1. Las conspiraciones de los emigrados.Reconciliación entre Gamarra y La Fuente
Los emigrados y desterrados en el Ecuador, a cuya cabeza estaba Gamarra, empezaron a
conspirar activamente desde principios de 1836. De un lado, haciendo muchos sacrificios,
allegaron armas y municiones y procuraron seducir a buques y a jefes que obedecían a la
Confederación. De otro lado, se aliaron con el general Juan José Flores, caudillo que en
ese momento no se hallaba en el poder, para propiciar la intervención del Ecuador en el
Perú. A su vez, uno de los más activos y más resueltos corifeos de la conspiración, el
coronel Juan Antonio Bujanda, intentó reconciliar a Gamarra con La Fuente. Una carta de
Bujanda a éste le recuerda que a raíz de los pasos que diera en Chile a favor de doña
Francisca (¿auxilió de algún modo el perseguido de 1831 a su enemiga?). Gamarra
escribió a sus amigos para que en los colegios electorales, que la revolución de
Salaverry luego obstaculizó, votaran por él, por La Fuente; y que causa de la ruptura
entre Santa Cruz y Gamarra había sido el pedido que éste hiciera de la presidencia del
Estado Norte para La Fuente, a lo que Santa Cruz se había negado porque no era originario
de allí. A su vez le interrogaba sobre diversos puntos necesarios para convenir un plan
de acción común. La Fuente contestó que había olvidado la injusticia del año 31 sobre
cuyo carácter de tal ya Gamarra seguramente estaba conbencido tanto más
cuanto sabía que había hecho buenas ausencias de él. Y en cuanto a lo que llamaba
los interrogantes dijo que todos debían unirse, trabajar cada cual por la
independencia eligiendo a un jefe director de la empresa; restablecer la Constitución del
28 y hacer valer la legalidad de quien era vicepresidente cuando Gamarra renunció; la
presencia de Gamarra y Bujanda en el Ecuador era útil, agregaba, y a él debía
dejársele el Sur: puede ser que haigan cooperadores de alta categoría y de
bastante poder. Pocos días antes, eh carta a Torrico, había expresado La Fuente
simpatía a Gamarra, aunque agregando que a él no le correspondía reiniciar la amistad
que no perdió. Gamarra y la Fuente decía deben presentarse formando
una sola persona, a ninguno de los dos deven conducirlos ningún género de
preferencia, mande el uno o mande el otro, todo deve ser una misma cosa, por mi parte juro
ante las aras de mi Patria que seré inseparable de estos principios y que juro sostener
estas opiniones con mi propia vida si fuera necesario.97 La
reconciliación se consumó más tarde con la carta de Gamarra a La Fuente que Bujanda
llevó a Chile; carta en la que Gamarra, en tono de inferior a superior, se decide a
escribir él en el conflicto de quién debe escribir primero. La patria está en
peligro le dice y ello basta. Retrocedamos al año 30 y vea el mundo las
virtudes y el patriotismo de ambos y no su amor propio.98
2. Las conspiraciones de los emigrados. Impotencia de los emigrados en el Ecuador
Poco a poco se hizo claro que el centro de operaciones contra Santa Cruz estaba en Chile
y, además, el gobierno ecuatoriano no daba señales de apoyar a los conspiradores.
Admirablemente instruido estaba Orbegoso y por ende Santa Cruz de los manejos de Gamarra y
por ello Orbegoso escribió con insistencia al presidente Rocafuerte ofreciéndole
auxilios en caso de que pretendieran derrocarlo y protestándole que no había ninguna
amenaza por parte del gobierno peruano contra el Ecuador; escribió también al general
Flores reiterándole estas protestas, lo mismo que al poeta Olmedo.99
La neutralidad del Ecuador obtenida por los factores que se enumeran más adelante y que
inutilizaron la gestión del ministro ecuatoriano en Chile Gonzales y la del ministro
chileno en Quito, Lavalle, se vislumbraba ya a mediados de 1836; era urgente además
coordinar los esfuerzos con los proscritos de Chile, sacar hombres de allí para una
expedición al Perú y lograr el suministro de armas, municiones y hasta barcos de parte
de Portales. Fue así como Gamarra despachó hacia Valparaíso a Bujanda, con dinero para
adquirir elementos y con cartas para Portales, La Fuente y otros.100
3. Las conspiraciones de los emigrados. Bujanda, emisario de Gamarra en Chile
Puede encontrarse en Bujanda un representativo de los conspiradores de entonces. Había
sido uno de esos prefectos despóticos que sostuvieron a Gamarra durante su primera
administración y le era fiel a través de todas sus vicisitudes, con lealtad que se
acrisolaba en las privaciones y desgracias del destierro primero, en las soledades de
Costa Rica, con su vida tan barata pero de tan pocos goces, y luego en las inquietudes,
planes y esperanzas del Ecuador. Era hombre resuelto, minucioso, valiente, tozudo, activo
y abnegado; temible en sus odios; con cierto criterio, pero sin brillo mental. Su viaje se
detuvo primero porque el buque confederal Yanacocha estaba realizando el
registro de los pasajeros que salían de Guayaquil y tuvo que viajar bajo la salvaguarda
del pabellón mejicano, trayendo un cargamento de chocolate, especulación que le
permitía allegar más fondos para la empresa común.101
Pero antes de embarcarse dejó lista la sublevación de la corbeta Libertad
que con la goleta Yanacocha estaban en el río Guayas refugiadas después de
lo ocurrido con el Aquiles. Bujanda tuvo con Rodulfo y Ferreyros la idea de
esta sublevación y se puso en relación con el piloto de la corbeta Leoncio Señoret,
francés, acordándose que se sublevaría apenas saliera de la ría, dirigiéndose a
Valparaíso a ponerse bajo las órdenes del gobierno de Chile; se le darían a Señoret
dos ascensos y dinero en Chile. El golpe se efectuó el 12 de noviembre en alta mar,
mientras los jefes de la corbeta dormían, dirigiéndose la corbeta efectivamente a
Valparaíso, donde llegó el 8 de diciembre. El gobierno chileno premió, además, a
Señoret dándole más tarde el mando de un barco, el Colo-colo.102
Después de una navegación de 41 días, Bujanda llegó a Valparaíso el 17 de noviembre
de 1836, cuando las relaciones entre Chile y la Confederación marchaban de frente a la
guerra. Los emigrados peruanos hallábanse en plena anarquía. Ya había sido enterado de
antemano el grupo de Guayaquil, inclusive por el propio La Fuente, de que se estaba
procurando organizar un nuevo partido. Pardo, Vivanco y Martínez habían formado una
camarilla queriendo sacar otro Salaverry del joven Vivanco; el autor de todo era Pardo,
enemigo personal de Bujanda; y la actitud que tenían contra Gamarra y La Fuente era
descarada, porque sabían agregaba éste con típico énfasis que mientras
existan esos dos hombres no progresará su héroe.103 Este factor de política
menuda no había quizás dejado de influir en la reconciliación que La Fuente aceptó con
Gamarra.
El emisario de Gamarra procuró en medio de un ambiente de chismes formar un centro de
unión entre los emigrados dentro de sus ideas y solicitar la ayuda del ministro Portales
para la expedición planeada por los del Ecuador. Para lograr lo primero permaneció doce
días en Valparaíso donde casi todos vivían y procuró estar bien con ellos, evitando
sólo a Escudero sobre quien pesaba la acusación de que era espía de Santa Cruz y estaba
considerado como el fénix de la infamia.104 A los doce días pasó a Santiago
donde, aristocráticamente, vivían Pardo y Vivanco. Pese a su feroz enemistad con aquél,
conservaba buenas relaciones con éste, a quien consideraba hombre honrado y delicado.
4. Bujand y La Fuente contra Portales, Pardo y Vivanco. La proyectada expedición
al norte
Bujanda llegó a tener varias entrevistas con Portales. En la primera, presenciada por
Vivanco y que él creyó fuese de etiqueta, Portales le habló con vehemencia de que Chile
lograría arrojar al usurpador del Perú, pero que en seguida se sucedería la guerra
civil supuesto que sin ocupar un palmo de terreno formaban los emigrados muchos partidos.
En la segunda, Portales le habló con mucha estimación de Pardo y Vivanco y calificó a
Escudero como traidor, malvado y enredador y le ofreció el auxilio de armas y municiones
para la expedición desde el Ecuador. Ya desde entonces mediados de diciembre de
1836 esperaba Bujanda partir con o sin auxilio de Portales, llevando más o menos
200 hombres y pedía a Gamarra que mandara un comisionado a Machala para esperarlos con
órdenes y avisos. Sabía en tanto que se estaba preparando una expedición chilena a
órdenes de Blanco con rumbo a Trujillo para evitar la intervención de Gamarra y Flores
en el norte y poner en el camino de la presidencia a Vivanco; pero confiaba en adelantarse
a ella.105
La mayoría de los emigrados y proscritos no miraba con simpatía el encumbramiento de
Vivanco. Aparte de Pardo y de Martínez, tan sólo Gonzales, Balta y Ugarteche parecían
habérsele plegado. La Fuente había entrado en decidida alianza con Bujanda e iba a ser
de los expedicionarios al norte. Los que gozaban del favor de Portales llamaban a los
demás malvados y anarquistas, encarnizándose sobre todo en Gamarra, en Bujanda a quien
calificaban de bribón y traidor, en Salas, ladrón, inmoral e inepto y aún en Rodulfo,
cándido por confiar en Flores; y aun sabía Bujanda que Pardo había tratado de inclinar
a su bando con varias promesas al periodista Bonifacio Lasarte, siquiera por ser
limeño y de cara blanca. A su vez los así tratados veían en sus enemigos a gente
intrigante, maléfica y creían preferible a Santa Cruz. Sin el apoyo del gobierno
chileno, y aun con su posible hostilidad, seguían adelante. Tenían alrededor de 3000
fusiles, 500 sables, pólvora, plomo, piedras de chispa, instrumental bueno de cornetas y
algunas telas para vestuario; La Fuente había comprado por su cuenta 1500 de los fusiles
mencionados. Estaban dispuestos a salir 100 hombres más o menos, entre ellos 30 jefes.
Portales llegó a ofrecer a Bujanda un buque de guerra en convoy a Guayaquil; pero las
noticias que del Ecuador llegaron fueron aplazando su viaje a pesar de que todo estaba
listo. Súpose la firma del tratado Miller-Rocafuerte, (es decir de la Confederación y el
Ecuador) el distanciamiento de Flores, la posibilidad de una acción contra los emigrados
y el viaje de Gamarra a Chile. En esas condiciones ¿cómo sostener en Guayaquil o en otro
puerto del litoral norte a los 100 hombres enganchados? A la menor noticia volarían: tal
prometía, sin embargo, el impaciente Bujanda a Gamarra ya a fines de enero de 1837 y le
repetía lo mismo, siempre dentro de esa obligada y desesperante inacción a mediados de
febrero.
Mientras esta expedición para el norte estaba lista, la realización de la guerra de
Chile contra la Confederación se hacía inminente. Ambos factores debían llevar a
Portales a proteger los planes de Bujanda, Gamarra y La Fuente; pero, al lado de su
antisantacrucismo y de su chilenismo, Portales tenía otra obsesión: su antigamarrismo.
Sea porque recordara al mandatario peruano que había hostilizado al comercio chileno en
1832; sea porque creyera conocer a ese hombre que difícilmente podría convertirse en
instrumento suyo o de Chile; sea porque efectivamente los hechos de la administración de
Gamarra y la actitud posterior de éste en la génesis de la Confederación lo presentaran
como un ser odioso; sea, por último, por la influencia de Pardo y Vivanco que querían la
regeneración del Perú mediante la renovación de sus hombres, Portales fue más que duro
con Gamarra. Hay una comunicación de él a Bujanda que es típica. La fuerza que organiza
Chile lentamente le dice allí no prestará su cooperación ni indirecta para
que Gamarra ejerza autoridad alguna en el Perú porque el Perú bajo la influencia
de este general volvería a ser el teatro de las maniobras, de las intrigas y de la
anarquía a cuyos males debe preferirse la administración de Santa Cruz y Chile después
de haber salido de la guerra con Santa Cruz tendría que emprenderla con Gamarra si no se
resigna a sufrir como en otro tiempo la arbitrariedad y vejaciones y agravios gratuitos
que este general ha querido inferirle y que le inferirá si restablece su poder en el
Perú. Chile no se ha de oponer, agregaba, si la voluntad nacional lo quiere; pero
no lo impondría contra esa voluntad. El general Gamarra no inspira confianza, todo
se teme de él y sus manejos en el Perú dan un justo derecho para temerlo.106
Bujanda respondió, de acuerdo con La Fuente y Salcedo, gamarrista fervoroso, que era
resolución de Gamarra no mandar en el Perú aunque lo llamaran y que serviría si lo
creían apto. Los emigrados decía con tajante alusión habían designado como
jefe a La Fuente, caudillo con respetabilidad y prestigio a quien se podía obedecer sin
que se resintiera el amor propio de los jefes y oficiales, acostumbrados a obedecerlo.
5. Las conspiraciones de los emigrados.La Fuente se une a Portales,Pardo y Vivanco
Pero entonces ocurrió lo inesperado. Los sucesos de Maquinguayo han quedado
obscurecidos por otros más degradados y horribles, escribió Bujanda a Gamarra.
La llegada del almirante chileno Blanco, destinado a mandar la expedición, fue la causa
de este cambio. La Fuente, comprometido ya con Bujanda, fue a conferenciar con Blanco y le
demostró que todo estaba listo para la expedición para lo cual utilizó una relación de
los elementos de guerra firmados por aquél. La Fuente manifestó luego a Bujanda la
irritación incontrolable que había contra Gamarra y la próxima entrevista que junto con
Blanco iba a tener con Portales. Al mismo tiempo Blanco procuró seducir a Bujanda,
expresándose duramente de la administración, de la vida pública y de la vida privada de
Gamarra, magistrado perverso sin fe ni lealtad, militar inepto y cobarde, ciudadano
pernicioso; Bujanda se enojó y Blanco acabó por llamarle obstinado
fanático.
Hasta el birlocho que lo llevó a La Fuente a Santiago lo acompañó Bujanda, oyéndole
sus juramentos de que para él, para el país y para el ejército era conveniente la
presencia de Gamarra en la expedición, aunque Bujanda se resignaba a aceptar, con ciertas
condiciones, esa exclusión así como la suya propia y la de algún otro. En su primera
carta de Santiago, La Fuente insistió en esta actitud; aunque ya por varios
corresponsales de distintos círculos sabía Bujanda que había capitulado con Pardo y con
Vivanco. Regresó La Fuente a Valparaíso y pasó Bujanda a su alojamiento encontrando a
muchas visitas que habían ido a cumplimentar al flamante jefe supremo del Perú, pues su
convenio con Portales y Blanco ya se había divulgado. Comieron juntos ambos ex aliados y
La Fuente confesó que para alcanzar su alta investidura y ante la amenaza de la paz de
Chile con la Confederación había tenido que convenir con todo, inclusive la exclusión
de Gamarra, Bujanda y Salcedo y en la dación de determinados puestos a determinadas
personas, entre ellas el mando de las tropas a Vivanco y la secretaría del gobierno a
Pardo. Pero prometió que apenas llegara al Perú haría variar esto; que Gamarra
procurara entrar en el territorio peruano; que al propio Pardo eliminaría él si se
apartaba de lo legal; y que Gamarra y sus amigos debían rodearlo. Con ansiedad preguntó
luego a Bujanda qué haría con los útiles de guerra y éste aceptó entregarlos, pues
eran para el ejército peruano, pero pagándosele ciertas sumas. A los dos días La Fuente
buscó nuevamente a Bujanda; Portales estaba irritadísimo contra Bujanda por una carta de
éste a Flores que había impedido la alianza del Ecuador con Chile y había advertido a
La Fuente que si quería disfrutar de su benevolencia, se separara de Bujanda. Para no
enojar al todopoderoso ministro, La Fuente le pidió el mutuo alejamiento.
¿Por qué llamaron a La Fuente desde Santiago? Era éste el jefe reconocido y el de más
graduación entre los emigrados. La expedición para Tumbes estaba lista. Chile se hallaba
al mismo tiempo en el caso de abrir la campaña. Había que evitar a Gamarra. No podía
ser Vivanco el caudillo que Chile protegiera porque apenas era coronel; en el Perú no se
le conocía mucho y tenía muchas resistencias entre la mayoría de los peruanos que
debían formar el núcleo de la expedición. La Fuente era ya conocido y además era
hombre manejable; estaba mal con Pardo y Vivanco contra quienes había hablado
amargamente, pero eso podía obviarse si se estimulaba a su ambición con el señuelo del
apoyo de Chile y además se le dijo que Gamarra sería siempre peligroso y no lo dejaría
figurar y que con Pardo y Vivanco tendría a su lado a jóvenes honrados, etc. En realidad
el primer plan de Portales no había variado. El gobierno de La Fuente sería el eco del
gobierno de Chile y el encumbramiento de Pardo y Vivanco se hacía efectivo. Pardo
sería el Portales del Perú, decía Bujanda.
6. Las conspiraciones de los emigrados. Bujanda y otros gamarristas inician su
acercamiento a Santa Cruz. Nada con ellos, ni la gloria
La llamada traición de La Fuente produjo una inmensa sensación entre los gamarristas
acérrimos. La exclusión había comprendido sólo a Gamarra, Bujanda y Salcedo; pero La
Puerta, Negrón, Lasarte y Arrisueño decidieron no marchar en la expedición, y pidieron
pasaportes para el Ecuador inútilmente. Joaquín Torrico se presentó en Pisco pasándose
a Santa Cruz. Bujanda estaba iracundo. Con cierta épica grandeza, aún sospechando la
hostilidad de Chile, había estado allegando infatigablemente elementos de guerra contra
Santa Cruz; pero ahora viéndose no sólo burlado sino también inmovilizado, pues vino
orden de que ningún peruano se embarcara, escribió a Iguaín que Santa Cruz y Orbegoso
estaban justificados y canonizados. Decía que todo lo vivido hasta entonces era poco y
que sentía náuseas. Estaban él y los suyos proscritos del Perú y proscritos ahora por
segunda vez. Desde Chile se había organizado antes de la caída de Santa Cruz, la guerra
civil. Pero en medio de todo, si en un rapto de pasión escribió a Flores instándolo a
actuar, daba a Gamarra un consejo prudente: dejar correr las cosas, no mezclarse en nada;
el alma del Perú, a pesar de todo, haciendo comparaciones era gamarrista porque Gamarra
prestaba más que nadie garantías de seguridad. La Fuente, agregaba, con el énfasis de
los hombres de entonces, sería víctima de su infamia. Y tenía, refiriéndose a Pardo, a
La Fuente, a los emigrados que iban a venir con los chilenos, una frase que simboliza las
pasiones profundas de este hombre representativo: Nada quiero con ellos, ni la
gloria.107 Años más tarde, esta frase ha de repetirse en su esencia en
aquella otra, también representativa: Primero los chilenos que Piérola.
Uno de los gamarristas, el periodista Lasarte, no obstante su vibrante campaña en El
Popular, entró en tratos con Santa Cruz.108 Se descubrió que le habían sido expedidos
pasaportes para el Callao. El precedente de Torrico parecía que tenía imitadores. Hubo
nuevos chismes y aviesos recelos. Bujanda, Salcedo, Lasarte, La Puerta y otros publicaron
un comunicado que La Fuente replicó. Acabaron por ser internados en el interior,
retirados de la costa. Se cernió sobre todos los gamarristas la sospecha de traición. El
Eco del Protectorado se manifestó enterado de todo lo que ocurría. Con satánica ira,
Bujanda dirigióse amigablemente a Santa Cruz y le reveló el plan acordado entre La
Fuente y Portales, cuyas bases eran: 1° Reconocimiento de la deuda que Chile reclama al
Perú y pago por éste de los gastos de la guerra actual. 2° Cesión completa y
reconocida de todos los buques de la escuadra apresados por el Aquiles y
obligación por parte del Perú de no tener fuerzas navales, bajo el pretexto de
equilibrar por este medio el exceso de fuerzas de tierra. 3° Abolición del Reglamento de
Comercio y restablecimiento del tratado de Salaverry. 4° Ocupación de los puertos del
Callao y de Islay con facultades de armar el primero por las tropas chilenas hasta el pago
completo de la deuda y de los gastos de la guerra.109 Otras dos bases más
fueron por el mismo Bujanda reveladas después: la persecución a los partidarios de
Gamarra y a los antiguos liberales y el reemplazo de las bajas del ejército chileno con
soldados peruanos. Bases todas estas que no se pueden aseverar si son auténticas o si son
fruto de la emponzoñada odiosidad de Bujanda para con La Fuente y demás actores en la
expedición.
_________________________________________
97 Bujanda
a La Fuente, 31 de mayo de 1836. La Fuente a Bujanda, 8 de julio de 1836. La Fuente a
Torrico, 27 de junio de 1836. Archivo de la BNP.
98 Cuenca, 8 de septiembre de 1836. Archivo de la BNP.
99 8 de abril de 1836. Archivo de la BNP.
100 Cartas de Bujanda a Gamarra, 20 de septiembre, 3, 4, 5 y
9 de octubre. En el Archivo de la BNP.
101 Carta de Bujanda a Gamarra, de Guayaquil: 6 y 9 de
octubre; de Valparaíso 18 de noviembre. Archivo de la BNP.
102 La Fuente a Bujanda, 4 de septiembre de 1836. Archivo de la
BNP.
103 La Fuente a Bujanda, 4 de septiembre de 1836. Archivo de
la BNP.
104 Escudero, a quien Valdelomar ha pintado tan galantemente
después de su actuación equivoca dentro de los emigrados que provocó reticentes
alusiones en El Araucano, se fue a Europa llevándose las joyas que doña Francisca
Zubiaga de Gamarra había dejado en poder de Lamotte. Bujanda estaba muy apesadumbrado no
tanto por el robo en sí sino porque las alhajas hubieran podido servir para comprar
útiles de guerra. Consideraciones debidas al nombre y al respeto de Gamarra impidieron
toda acción judicial (Bujanda a Gamarra, 17 de febrero de 1837. Archivo de la BNP).
105 Esto y lo que sigue en cartas de Bujanda a Gamarra, 18 de
noviembre; 12, 14 y 27 de diciembre; 22 de enero; 17 de febrero; 7 de marzo; 25 de abril;
30 de mayo. En la BNP.
106 Portales a Bujanda, 26 de febrero de 1837. Copia en
la BNP.
107 Carta cit. 25 de abril.
108 Carta de Orbegoso a Santa Cruz, 27 de junio, Archivo
de la BNP. De qué se queja Bujanda si hasta La Fuente es tan malo como él,
decía Orbegoso.
109 Publicada en El Eco del Protectorado, N.º 68 de 10
de mayo de 1837 con una relación de todos los acontecimientos ya mencionados, en
conexión con la misión de Bujanda y las actividades de los emigrados peruanos cerca del
gobierno chileno: relación muy minuciosa e idéntica a la que hizo Bujanda en sus cartas
a Gamarra. Ya podemos decirlo con
franqueza y sin comprometer al individuo que hizo la revelación decía El Eco del
Norte del 21 de julio de 1838 (tomo ii, N.º 5) y cuyos documentos existen en
nuestro poder. D. Juan Ángel Bujanda escribió al Protector por un conducto seguro cuanto
había ocurrido de más indigno... Y enumera una vez más las supradichas bases. Las
dos bases complementarias en El Eco del Protectorado, N.º 63 de 23 de mayo de 1837.
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