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HECHOS QUE CONTRIBUYERON A LA
GUERRA DE CHILE
CONTRA SANTA CRUZ
1. Pardo y Riva-Agüero. El empréstito de Riva-Agüero
Consejero y secuaz de Salaverry, don Felipe Pardo y Aliaga había obtenido de aquél el
nombramiento de ministro del Perú en España (1° de junio de 1835). Con él satisfacía
un interés nacional, cuya importancia demostróse en la malhadada cuestión española
treinta años después; y satisfacía quizá también un anhelo íntimo de volver a
Europa, evadirse de la cárcel que era el Perú, imitar a José María de Pando. Pero la
investidura de Pardo comprendía también la plenipotencia en Chile, que debía ejercer a
su paso por ese país; circunstancia que no era simplemente un honor y una franquicia para
librarlo de incomodidades en el viaje y darle relieve oficial, sino que tenía honda
importancia política ya que desde un principio Salaverry pensó en la amistad chilena
contra Santa Cruz y aún en la intervención.
Llegado Pardo a Chile, tras de demorarse más de lo pensado en un principio porque se
ofreció a hacer el viaje al Cuzco en misión ante Gamarra, fue aceptado por el gobierno
chileno quien se decidió a tratar en esos días con dos diplomáticos peruanos: Pardo y
Riva- Agüero, pues éste último, en Chile a la sazón, desterrado por Salaverry,
recibió credenciales de Orbegoso (octubre de 1835). También actuaba ante la cancillería
chilena don Juan de la Cruz Méndez enviado de Santa Cruz cuando sólo era presidente de
Bolivia.
En Chile, los sucesos ocurridos en el Perú habían sido seguidos con profundo interés.
Para ello influían no sólo las naturales razones derivadas de la vecindad sino también
el dramatismo y la trascendencia de aquellos sucesos muerte de Salaverry,
instauración de un nuevo Estado y de un nuevo poder, crecimiento de la importancia de
Santa Cruz; y, sobre todo, los vínculos comerciales afectados por la actitud de
Orbegoso ante el tratado Távara y el gran número y distinguida calidad de los peruanos
que hallaron un refugio en Chile.
Las instrucciones de Riva-Agüero firmadas por Orbegoso y redactadas por su Secretario
Sierra enemigo de Pardo eran injuriosas para éste al imponer el reclamo del
dinero que había recibido para su misión. Con ello no sólo se satisfacía una cuestión
personal sino que se procuraba un beneficio para el erario con la posible restitución de
aquel dinero, utilísimo dada la penuria fiscal.
Relaciónase con esto también la cuestión del empréstito que Riva-Agüero estaba
autorizado a hacer hasta por 79 mil pesos según poder otorgado por Orbegoso en la villa
de Sicuani a 3 de noviembre de 1835. Se ha llamado la atención sobre la circunstancia de
que solamente en marzo de 1836, cuando las relaciones chileno-peruanas estaban en mal pie,
se preocupara Riva-Agüero de hacer efectiva esta autorización concedida por Orbegoso en
una ya pasada hora de angustia. Intervino en este asunto don José María Novoa, chileno,
ex ministro de Riva-Agüero en 1823 y partidario del desterrado chileno general Freire.
Dicen los historiadores chilenos que Novoa hizo entender a algunos individuos
correligionarios y acreedores suyos que se presentaran a simular un
empréstito a Riva-Agüero para que éste se diera por recibido de las supuestas sumas,
girando a favor de los prestamistas las letras correspondientes contra el tesoro del
Perú. Para ello alegóse que Riva-Agüero era acreedor del gobierno por cantidades
también considerables; que un buen arbitrio que tenía Riva-Agüero para pagarse era
suponer contratado el empréstito y otorgar en consecuencia letras de crédito contra el
erario del Perú; que aceptadas éstas, como no podían menos de serlo, su valor pasaría
a manos de Riva-Agüero ya que en realidad los supuestos prestamistas no tenían derecho
de apropiárselo y que, terminada esta operación, Riva-Agüero pagaría a Novoa y éste a
sus acreedores. Firmadas las escrituras, Novoa regresó al Perú y el dinero así recogido
sirvió, según creen los historiadores chilenos, a la expedición Freire.29
Si esta intriga es auténtica, hipótesis que no se desbarata con decir que don Rafael
Bilbao, nombrado apoderado de los prestamistas en Lima, cobró 25.000 pesos que le
correspondía, pues lo hizo a título de que Riva-Agüero había retenido esa suma,30
hay un hecho clarísimo: la inocencia de Orbegoso. Revisando su correspondencia íntima
con Santa Cruz se encuentra reiteradamente manifestado su disgusto por el carácter
gravosísimo, escandaloso, indecoroso que para el erario había tenido este empréstito; y
por ello emite severos juicios contra Riva-Agüero a quien pensó expedirle su carta de
retiro y a quien ordenó que devolviera las can-tidades que libró si los prestamistas lo
querían y se quedase sólo con 25,000 pesos para pagar el libramiento contra Riva-Agüero
por el valor del bergantín Orbegoso que había sido comprado en Chile.
Precisamente este disgusto del gobierno de Lima fue causa de la renuncia de Riva-Agüero.31
Por lo demás, Riva-Agüero se defendió de este modo:
Como ministro del Perú
recibí orden de levantar en Chile un empréstito en cantidad de cien mil pesos, cuyo
encargo recibió al mismo tiempo el señor agente de Bolivia. A pesar de que ambos hicimos
separadamente y de consuno cuanta diligencia estuvo a nuestro alcance, muy luego se dejó
sentir la dificultad de conseguirlo. Ofrecí en Valparaíso ventajas de consideración;
pero la existencia del Perú estaba vacilante al parecer de aquellos capitalistas; su
gobierno no ofrecía entonces seguridad y nada pudo sacarse. Marché a Santiago, capital
de aquella república, esperando en que siendo el centro de los recursos como el punto de
reunión de los principales capitalistas podrían allí facilitarme. Por la relación que
tienen las casas de comercio de uno y otro lugar, fué preciso tocar de nuevo con
Valparaíso y D. Ramón Navarrete, a quien de antemano había conocido, me significó que
podría hacerse por medio de un sujeto del país inteligente en estos negocios y conocedor
de las personas, a quien dándole por supuesto la ventaja que en esos casos se da a un
agente, lo concebía capaz de realizar un empréstito. Era don Ramón Barra la persona de
quien hablaba; y habiendo obtenido informes satisfactorios de su honor le confié en
efecto este encargo por medio de un sujeto que le hizo las explicaciones del caso. Partió
el señor Barra para Valparaíso y aún emprendió dos viajes con este motivo sin haber
logrado el fruto que se prometía. Debo notar aquí que una de las instrucciones que
llevó fué de la que se recibiría en cuenta de los cien mil pesos, la mitad y aún los
dos tercios en artículos navales, incluso en esta suma el valor de uno o dos buques cuyo
costado fuese capaz de armarse en guerra útilmente.
Tres chilenos amigos del Perú y sinceramente deseosos del progreso de sus
armas tomaron sobre sí este encargo y diariamente me daban aviso de haber hablado a la
señora tal, al comerciante cual, al chacarero tal. A pesar de tanta diligencia no pudo
lograrse más que la reunión de setenta y nueve mil pesos porque reinando el terror y la
desconfianza no era fácil disiparla con reflexiones sobre la seguridad del pago.
Las circunstancias del Perú iban variando y tanto esto como la distancia en
que estaban de Santiago algunos peruanos emigrados inspiradores de las principales
desconfianzas a los negociantes de Valparaíso, hizo concebir a algunos amigos que en la
capital podría realizarse con el aliciente de un interés doble al que tenía el dinero
en Chile, pero no en grandes sino en pequeñas cantidades.
Yo no sé hasta ahora si por vitalidad propia o por proyecto de los agentes a
quienes confié esta pesadísima diligencia, resultó que los prestamistas quisiesen
reducir el contrato a un pequeño número de escrituras, ni que procediese que las
encabezaran tales o tales personas. De mi resorte no era más que averiguar si se
conseguía el dinero, y a mi objeto importaba muy poco que siendo de Pedro o Juan
apareciese ser de Antonio y firmase éste o aquél. No siendo nuevo sino muy frecuente que
un sujeto no quiera aparecer en un contrato y busque personas interpósitas que salgan a
su frente, o para darle más respetabilidad a las negociaciones, o por ocultar sus
posibilidades, o por otros motivos que no es el caso inculcar, no tuve por qué pararme en
esta circunstancia, ni ella era la de mi incumbencia. Debía únicamente contraerme a que
presentándoseme seis personas como propietarias de aquel capital, tuve que reconocerlas
por tales, sin indagarles si el dinero fuese suyo, a pesar que privadamente sabía que
alguna parte era de otras personas, en cuyos actos de confidencialidad no tenía por qué
mezclarme. Pedro y Juan se decían propietarios de tal cantidad: a nombre de Pedro y Juan
se me entrega, pues a ese Pedro y Juan debía yo en lo legal reconocerles por dueños, sin
entremeterme a inculcar sobre la razón que hubiese para que no quisiesen aparecer como
tales Diego y Antonio que privadamente se me había dicho que eran propietarios de aquella
suma. Ello es que ésta se puso a mi disposición: que de ella saqué la cantidad
necesaria para varios usos de que dí conocimiento al Supremo Gobierno, y que a su
disposición estuvo lo demás.
Al devolverlo sucedió lo mismo, esto es previne que estando pronto el
dinero, lo entregaría poniéndose la cancelación, y se hizo así, sin que fuese de mi
resorte indagar si había ido a las manos de los que se decían prestamistas, o a las de
los que realmente lo fuesen, supuesto que veía cancelada por aquel las escrituras de
obligación otorgadas por mí. Esto es lo que hay en lo legal que en lo privado supe y
aún he visto documentos firmados por esos tres prestamistas cuyas confesiones se
estractan en que declaran que el dinero no era propiedad suya, sino de otras personas a
quienes nombran; que esas otras personas lo dieron a nombre de ellos, y que su
intervención en aquel contrato es un acto de pura confianza, solicitado por los
verdaderos prestamistas, por convenir así a sus intereses. Este es un hecho que no
podrán negarlo, y si todos tres hubiesen explicado esta circunstancia se habría visto
que no importa a la efectividad del contrato, que sea de Pedro o Juan el numerario
recibido, ni que hace al caso que los tales señores lo hubiesen dado o no, porque dinero
hubo sin sacarlo ellos de sus arcas; y una vez que se personaron en la escritura, hicieron
suyo aquel contrato, por más que siendo de otros la cantidad, tuviesen respecto de éstos
la obligación que les firmase. Vemos que uno de ellos (el Sr. Prado y Sotan) habla de ese
documento en que declaraba que el dinero era propiedad de otro sujeto a quien se lo había
firmado, y sin embargo se le hace decir o se le arranca las célebres expresiones de que
regalaría, cancelaría, etc., etc., cosas que se estamparan sin duda por libertarse de la
prisión en que se le tenía; porque de lo contrario pendiente un documento como el que
indica, no podía hacer esos regalos ni chancelaciones, so pena de que tendría que pagar
la cantidad al propietario de ella.
Los odios y rivalidades de que por desgracia están plagadas las secciones de
América hacen pararse a los hombres en ápices despreciables con abandono de la sustancia
de las cosas, dando por lo común un alto valor a aquellas, cuando pueden presentar
apariencias útiles para el desahogo de pasiones innobles. Tal fue la conducta de los que
hubiesen inspirado al gobierno de Chile la idea de que se había levantado un empréstito
para auxiliar al general Freire, porque si esta estravagante invención fuera efectiva:
quiere decir si los prestamistas hubiesen tenido ese plan, sería lo más irracional del
mundo pensar en su ejecución por medio de empréstito. Habrían remesado el dinero en
efectivo, o en libranzas, y no sujetándolo a un empréstito que podría frustrar la
empresa, o por lo menos demorarla medio año o uno; porque siendo éste el término
forzoso convenido, estaba en la voluntad del gobierno llegar a él o anticipar el pago, y
de consiguiente quedaba el soñado auxilio sujeto a vicisitudes que no tendría mandado
ese dinero en libranzas o efectivo.
Las tales confesiones aparecen como resultado de una causa criminal promovida
contra aquellas personas por razón de ese empréstito, y por cierto que era cuanto
podría oírse en la materia. Permitamos por un momento que en ese contrato nada hubiese
de efectivo, y como se ha intentado figurar con esos ápices, el plan hubiera sido
cubrirme de lo que mi gobierno me debía de atrasado, o los sueldos que actualmente estaba
devengando o los gastos a que mi existencia y la misma legación me precisaba; ¿qué
había en esto respecto de Chile? Malo sería, no digo lo contrario, pero malo respecto de
la administración peruana y la de Chile no habría tomado ingerencia en el asunto si no
se le hubiese representado insidiosamente como un acto contraído al trastorno del orden
de aquel país, de cuya peregrina idea ya he hablado antes. Las cartas particulares dicen
de este suceso que luego que se supo la ida del general Freire se puso en prisión a
cuantos se creyó que podrían cooperar al éxito de su empresa, en cuyo número entraron
esos tres señores por su opinión y relaciones en el país: que fué preciso hacerles
parecer como criminales, ya que se les había preso; y que no habiendo de qué echar mano
para ésto, no faltó quien sugiriese la idea de que se apelase a una cosa tan común, tan
indiferente y tan insustancial como ésta. El empréstito estaba chancelado meses antes, y
aún cuando alguno de los que se espanta con su misma sombra hubiesen podido pensar
temerariamente sobre su objeto, ya no había caso, y de consiguiente esas confesiones y
esa inserción han llevado un plan diverso; se encaminan a sacar un fruto muy distinto.
He llamado común, indiferente e insustancial al hecho de aparecer como
prestamistas los que lo hubiesen sido, porque en verdad este es muy frecuente en iguales
casos, y lo testifican los empréstitos que se hacen regularmente en Europa. Hay 100 ó
1000 individuos que concurren unos con grandes y otros con pequeñas y muy pequeñas
sumas, y jamás suena el empréstito como hecho por ese sinnúmero de accionistas. Una
casa, cuatro o seis cabezas: a nombre de esas casas se dá el numerario: con ellas y no
con la multitud se entiende el que levanta el empréstito: en favor de ellas se hacen los
documentos y ellas naturalmente han de firmar otro en que declaran que la cantidad que
suena embebida no es propiedad suya sino de fulano o sutano y éste sin necesidad de que
hayan los motivos particulares que suelen haber en otros casos para que los hombres no
quieran aparecer en un contrato y busquen personas interpósitas por cuyo medio hacerlo
personas de quienes reciban el simple préstamo de su nombre como sucede diariamente en
infinitas transacciones de la vida. ¿Tiene esto algo de raro? Todo lo contrario y por eso
he llamado común, indiferente e insustancial esa circunstancia.
Aún suele haber en este un principio de utilidad para los que aparecen
prestamistas, porque acontece muchas veces que alguno solicita de sus relaciones, dinero
para sí o para otros sujetos al interés corriente de la plaza, y reporta el provecho de
ponerlo a su nombre o al de otro cualquiera en aquella especulación, que por suplemento
deja por lo común una ventaja doble a la que se consigue en el país. El 1½ por ciento
se ganaba en Chile el que lo hubiese hecho, porque siendo el 1 por ciento el corriente de
aquella plaza en dinero dado a particulares, tomándolo ello para sí o para otros, y
dándolo al Perú con el 2½ por ciento, era visto que reportaban la ventaja de un 1½ por
ciento, sin más trabajo que agenciar con los particulares. ¿Sabe el sugeridor de esa
pérfida invención si hubo algo de esto? Pues yo creo que lo habría y lo creo porque
estoy persuadido de que es frecuente en iguales casos, sin que mi objeto sea vituperar ese
ramo de especulaciones, que antes por el contrario la concibo justa, porque constituído
un hombre por su responsabilidad particular en propietario de la suma que toma para darle
el destino que mejor le acomoda, nadie puede quitarle el arbitrio de darle a otro que
contribuye por ello un interés mayor.
No se hacen gastos efectivos con oraciones o arengas, y los que se hicieron
en Chile por mi mano, demandaban una suma que supuesto que no había ido de acá,
necesariamente salió de la que se había allá colectado. Entre esos gastos estaba
también el pago de los sueldos que me correspondían, y supuesto que aquel fondo era del
Perú que debía sostenerme, nada más justo y natural que el echar mano de lo necesario
al efecto, como realmente lo hice, facultado por la imperiosa ley de la necesidad y por
contestaciones dadas por el supremo gobierno a varias indicaciones que por mí y por medio
de otros le hacía con relación a mis urgencias. Otro en mi caso tal vez habría hecho
uso de una suma doble, o triplemente mayor, cuando independiente de sueldos atrasados y
créditos activos de preferencia, tenía un haber que el erario del Perú debía
contribuirme de hecho y tanto más, cuanto que mantenía en un país extraño aquella
representación.
[...]
Mucho más diría si no conociese que podría hacer en Chile muchas víctimas
inocentes. Aún este poco que arranco de mí la más indispensable necesidad, recelo que
puede causar ese efecto sensible. Si no obstante se me obligase, no será mía la culpa,
ni tendré el remordimiento de no haber excusado males que pudiese remediar. Lima,
Octubre 4 de 836. José de la Riva-Agüero.32
Volviendo al entredicho Riva-Agüero-Pardo, que antecedió y coincidió con estos hechos,
es importante recordar que Riva-Agüero acudió al gobierno chileno solicitando primero la
detención y el arraigo de Pardo hasta que entregara los fondos que había recibido como
plenipotenciario en España; luego, que se castigara a ciertos libelistas que la
emprendieron contra él, según sospechaba, a instigación del gobierno, a raíz sobre
todo del affaire del empréstito; y por fin que en razón de la desaparición de Salaverry
y su gobierno se declarara que la misión de Pardo había cesado.
Al acceder a este pedido, el ministro chileno no hizo sino cumplir con una fórmula
elemental en la que Pardo estaba de acuerdo, esmerándose, por lo demás, en ser cortés
con el diplomático caído. En esto y ante el pedido de rendición de cuentas, la
protección oficial a Pardo se hizo tan evidente que Orbegoso la calificó de
escandalosa.33
El arreglo de las cuentas fue hecho recién en diciembre de 1836 entre Pardo y Olañeta,
ministro de la flamante Confederación que fue a reemplazar a Riva-Agüero y a Méndez.
Pardo había recibido 25.000 pesos y entregó alrededor de 10.000, deduciendo sus gastos
conforme a los comprobantes respectivos debidamente aceptados. Con una carta de retiro en
blanco, con el concepto de que la administración confederal era usurpadora, un pícaro
hubiera impunemente evitado toda entrega.34
Ataques a Riva-Agüero, recelos por el empréstito, complacencias con Pardo: siempre el
gobierno chileno resultaba hostil al que había surgido en el Perú.
Pero antes de todo esto, ya el propio agente boliviano Méndez había tenido motivo de
queja. Cuando fue comprada la goleta Yanacocha para el Perú y Bolivia fue
detenida dos veces antes de salir de Valparaíso. La correspondencia de Méndez fue
violada varias veces. El general Domingo Nieto, ministro del gobierno de Orbegoso ante el
Ecuador no recibió el tratamiento debido.35
2. La guerra de papel contra Santa Cruz
Desde que fue privado de su investidura en marzo de 1836 o quizá desde antes, Pardo se
lanzó a la guerra de papel contra Santa Cruz. De esos meses datan quizá las letrillas
tituladas La Jeta36 que publicó con el seudónimo de Monsieur
Alphonse Chunga Capac Yupanqui para resaltar la fusión serrano-napoleónica que el
imperialismo de Santa Cruz implicaba. Desde la dedicatoria a la muy noble y augusta
señora la Cacica de Calaumana se ven la saña y la gracia:
Yo te estoy dedicandu señoracha
Los vers que uste va lir fer sur la queta
Grata dirás, pues no más vos la pueta
Can bon vasallo devan vu sagacha
Medio quechua yo estás, medio gabacha
...
He aquí algunas de esas letrillas:
La jeta del galán
A Lima vuelvo, limeñas.
El cielo me hace propicio
tan singular beneficio.
Dadme los brazos, risueñas,
que no los dáis a un veleta
pues mi seso
tiene aplomo con el peso
de mi jeta.
...
Os daré tertulia y en torno
bailaréis de vuestro amante
y si os molesta el bochorno
en la diversión completa
con la afición más constante
que os dedico,
|
haréis todas abanico
con mi jeta.
O Chorrillos y cuan listo
en samacueca graciosa
brillaré en tu playa hermosa
a fé que nunca habrás visto
tanta y tan fácil pirueta
ni aún en sombras
pues barreré las alfombras
con mi jeta.
En cabalgatas, o bellas,
ofertas os hago francas.
Tú, Inés, irás a mis ancas
y tú, Juana, que descuellas |
por lo diestra en la jineta
porque salgas
más envidiable, cabalgas
en mi jeta.
La hora es del baño: a la mar.
Nadie tema su furor |
con un poco de valor
aunque no sepa nadar
cada una a la mar acometa
Gocen, huelguen
y si hay riesgo, que se cuelguen
de mi jeta. |
La jeta del guerrero
Vestido con elegancia
de guerra está don Jinés.
Penacho ostenta y arnés;
más la cruz del Rey de Francia
para él, la honra más completa
que al pecho lleva colgada
va tapada
con la jeta.
Lleva caballos, cañones,
lleva, cinco mil guanacos
lleva turcos y polacos
y abundantes municiones.
Pero lo que más inquieta
su marcha penosa y larga
es la carga
de su jeta.
Mira cual padre amoroso
a los soldados que guía
y tanto, que al mediodía
Hijos, suele cariñoso
decirles, el sol aprieta |
yo a cualquier cosa me amoldo
haced toldo
de mi jeta.
...
Si le castiga la suerte,
si adversa le es la victoria
ha resuelto hacer con gloria
de su jeta, plaza fuerte
pensando: no hay quien someta
aunque triunfe en cien batallas
las murallas
de mi jeta.
Mientras conserve el guerrero
su jeta, no ha de temblar
pues ve en ella un Gibraltar.
Tendrá razón; mas yo espero
ver clavada la peruana
bandera que osado reta
en la jeta
calaumana.37
|
Estas y otras letrillas alcanzaron una inmensa popularidad. Algunas fueron puestas en
música. Aún en el Perú fueron conocidas y repetidas de memoria. El calificativo de
Jetiskan, alteración de Gengisk-han se hizo común entre los
enemigos de Santa Cruz, para designar a éste. El hecho de que Santa Cruz no fuera
fotogénico como se diría ahora en términos cineásticos constituía, al
parecer, el mayor o uno de sus mayores delitos.
Pardo hizo mucho más. El 13 de junio de 1836 apareció El Intérprete por él solo
redactado, pues el distinguido literato que prometiera ayudarle con
colaboración ajena al tema peruano-boliviano no llegó a cumplir su propósito por una
enfermedad primero y luego por un viaje, según reza una advertencia de El Intérprete en
hoja suelta. Los documentos que habían dado origen a la intervención boliviana y que
aparentaban darle un carácter legal eran objeto de su examen pulverizador; y comentarios
sardónicos o indignados eran hechos a los decretos y demás actos oficiales del flamante
gobierno de la Confederación, así como también el esclarecimiento tendencioso de las
hostilidades de este gobierno contra Chile. Pronto la gravedad de la situación
internacional aumentó el relieve de este semanario de cuatro páginas acentuando su
campaña y acallando a quienes censuraran el abuso que con sus ataques hacía de la
hospitalidad de Chile. Y en vano gentes interesadas en el buen crédito de Santa Cruz
publicaron constantes defensas de su caudillo y su obra en El Barómetro de Chile y El
Eventual. La polémica aguzaba el ingenio y la dialéctica del El Intérprete. Tuvo la
desgracia el ministro boliviano Juan de la Cruz Méndez de querer llevar a los tribunales
a Pardo y aún de contestar, de acuerdo con órdenes superiores por medio de letrillas. Y
entonces empezaron aquellas famosas burlas que aquí se reproducen para dar idea de las
armas puestas en juego contra Santa Cruz y por qué no fueron incluidas, como tampoco las
anteriores trascritas, en las llamadas Obras completas de Pardo:
La demanda de don Mendo
Don Mendo, vuestra demanda he visto.
García del Castañar.
El procurador don Mendo
Mendizábal y Mendieta
Mendíbil y Mendinueta
de Mendiburu, ejerciendo
el poder con que me inviste
jeneral e ilimitado
el nunca bien ponderado
caballero de la triste
figura, parezco y digo...
No era antes Embajador
responda por Dios amigo |
don Mendo el procurador?
El procurador don Mendo
era y soy embajador
y tan gozo de ese honor
que de embajador cumpliendo
estoy con los altos fueros
puesto que procuro hoy día
apoderarme ante Usía
de unos cuantos majaderos
rebeldes ¡oh desacato!
a mi amo el conquistador. |
Pues prosiga en su alegato
don Mendo el procurador.
El procurador don Mendo
embargo pido y prisión
contra un malandrín follón
que de mí se está riendo
que pague o sufra tortura
y que no se haga ilusión
el libelo infamatorio
que exhibo en vez de escritura.
Preciso es ya que asegure
la justicia a un salteador.
Despacio y no se apresure
don Mendo el procurador. |
El procurador don Mendo
será exigente y activo
mientras no se haga efectivo
el derecho que defiende.
Decretad si no queréis
que se escape el zascandil.
Valparaíso, diez de abril
de ochocientos treinta y seis.
Vistos con el documento
que presenta a su favor
declaro que es un jumento
don Mendo el procurador.
(N.º 12)
|
Las aflicciones de don Mendo
Del pueblo la voz siniestra
contra Jetiskan se escucha
pero con el pueblo a lucha
nadie sale a la palestra.
Muéstrase el pueblo impaciente
al ver que se eleva audaz
de una choza de La Paz
al solio del continente
y grita como un verraco
¡Que su poder se aniquile!
¡Qué! ¿No tiene agente en Chile?
D. Mendo observa la mengua
de su ultrajo señor
mas vá a hablar en su favor
y se le traba la lengua.
Cree que más que la palabra
el discurso escrito vale
pero va a escribir y sale
con una pata de cabra.
Mas por vida del dios Baco,
hay algo en esto que espante?
¿Qué será del representante
cuando el monarca es guanaco?
La ira del amo desata
este silencio fatal |
y de la jeta imperial
las dimensiones dilata.
Qué es esto? el príncipe exclama
¿yo en solio augusto me hallo
y en presencia de un vasallo
se me insulta, se me infama?
¿Callas por tonto o bellaco
tales ultrajes oyendo?
¿Qué haces en Chile don Mendo?
¿Qué haces en Chile guanaco?
Mustio y mohíno don Mendo
así explica su dolor:
Viracocha, protector
Que el conquista estás regiendo
anda la Chile dejeste
don Mendo embarca al momento
Mas no deste la talento
coando el credencial me deste.
Con credencial nada saco
ni diplomacea estoy diestro
Hombre ¡Cuando haces menestro
¿por qué me dejas guanaco?
(N.º 13)
|
Satisfacción a don Mendo38
Pues don Mendo
me acribillas
repitiendo
por letrillas
pues aprecias
estas rimas
aunque necias
las estimas
pues mi audacia
no te pesa
ni te sacia,
sóplate esa.
Mi don Mendo
no te alteres;
que ya entiendo
lo que quieres.
No me jimas
ni te enfades
ni me imprimas
necedades.
Te hace un canto
y una gruesa
y entre tanto
sóplate esa.
Presto Chile
gente embarca
que vacile
tu monarca
es amargo
ciertamente. |
Con el cargo
de su agente
tiene el duelo
tu alma opresa.
Por consuelo
sóplate esa.
En tus cosas
poco avanzas.
Las hermosas
esperanzas
del rey necio
miras mustias.
Bien aprecio
tus angustias,
bien tu llanto
me interesa
y por tanto
sóplate esa.
No tu pluma
lidie fiera
ni consuma
tu mollera
ni presentes
flancos varios
a inclementes
adversarios.
Deja, tonto,
tal empresa.
Y de pronto
sóplate esa. |
Ves bajando
raudo al suelo
al nefando tiranuelo.
Buen provecho!
Que sucumba!
Y si al lecho
de la tumba
cae a priesa
dile: toma!
Sóplate esa!
Y tú, apoca
tu desdicha
con la coca,
con la chicha
que del cielo
tuvo en gaje
de consuelo |
tu linaje
don süave
con que cesa
pena grave:
sóplate esa.
Aquí sello
ya mi labio
Mendo sabio,
pero aguarda
llevar puesto
nueva carda.
Soy en esto
generoso
mientra impresa
te la endoso:
chúpate esa.
(N.º 17) |
Campaña festejadísima; pero después del N.º 22 de 2 de noviembre de 1836, El
Intérprete interrumpió su publicación; y a poco aparecieron otros órganos de los
emigrados peruanos. El primero de ellos fue La Aurora que redactó un íntimo amigo de
Pardo, Andrés Martínez. Llamó la atención La Aurora por los documentos que empezó a
reimprimir para probar las intrigas de Santa Cruz en el Perú desde 1829; pero sobre esto
y sobre la situación humillada y oprimida en que vivía el Perú tendió, con mengua de
la agilidad periodística, a larguísimos artículos llenos de frondosa dialéctica que a
la gente vulgar cansaba, por lo que calificaban a este periódico como
narcótico.39 Fue entonces probablemente que se pensó en un
periódico más accesible y Bonifacio Lasarte, el brillante periodista que en El Limeño
había hecho oposición a Orbegoso en 1834, comenzó la publicación de El Popular. Ya el
prospecto anunciaba que no escribía para sabios sino para las masas.40 A poco,
Bujanda y otros peruanos empezaron a sacar La Bandera Bicolor caracterizando a El
Intérprete por su limpieza, elegancia y fluidez, a La Aurora por su nervio,
vehemencia y energía, a El Popular por su facilidad, precisión y ornato. Este
periódico fue el de menos altura, el que en más procacidad y cosas menudas cayó. Si
Pardo y Martínez evitaron la alusión a personajes de la emigración, en cambio, Lasarte
un poco y sobre todo los editores de La Bandera Bicolor, hicieron reiteradamente el elogio
de Gamarra, a quien La Bandera Bicolor llamaba el Néstor de los peruanos.41
Los nombres de Patria, Libertad e Independencia inspiraban a los escritores de estos
papeles, vanguardia de la expedición inminente, destinada a llegar hasta el Perú. Pero
al lado de estos mitos había algo más que daba sus mejores ironías a la musa del más
relevante de aquellos periodistas; también le había inspirado antes, cuando defendía a
Salaverry y anunciaba con una burla que los patíbulos de Arequipa tornaron trágica:
Torrón, ton, ton,
que viene, que viene
el cholo jetón.
Era el desdén del blanco, del limeño al serrano, al indio, el desdén del peruano al
boliviano, desdén estulto, inspirado en prejuicios de raza o de geografía, desdén de
quienes (muchas veces equivocadamente) se sienten el pariente rico ante el pariente pobre.
Por aquellos años fue Chile también el refugio de los emigrados de la Argentina.
Sarmiento y otras víctimas de la tiranía de Rosas también lucharon con su pluma desde
el destierro. Pero ¡qué diferencia! ¡Qué distancia hay entre las letrillas de La
Jeta con su limeña gracia y Facundo o Civilización y Barbarie, el panfleto contra
Rosas y Quiroga, que es un libro medular en la historia y la sociología de América!42
3. Santa Cruz y Orbegoso contra Chile
No sólo Santa Cruz, sino aun el propio Orbegoso miraron bien el peligro que Chile
implicaba. Pudo éste en enero de 1836 escribir a Riva-Agüero que no importaba mucho su
buena o mala inteligencia con aquel gobierno;43 pero pronto la interdicción
comercial, el desenfreno de la imprenta, la acogida prestada a los emigrados, lo pusieron
sobre aviso. Aún más: la noticia de que Chile proyectaba un empréstito de 400,000 pesos
para su fuerza naval causó gran alarma. Creía Orbegoso que en Chile se clamaba por
Freire, desterrado entonces en el Perú. Ya en mayo de 1836 escribía a Santa Cruz que
había celebrado una entrevista grave con Freire y que no había contestado nada y por eso
quería ver cuanto antes a Santa Cruz.44 Esto convirtióse en una de sus
obsesiones: en su carta siguiente, de 11 de junio, le decía que Chile estaba minando a la
Confederación, pero que había un remedio. Cuando en julio salió Orbegoso a recibir a
Santa Cruz dio severas prevenciones a Morán, ante el peligro de Chile y de Nueva Granada,
para que arreglara bien la escuadra recorriendo prolijamente los bergantines
Congreso y Arequipeño que estaban en el Callao en mal estado. La
Yanacocha fue mandada carenar en Paita. La Libertad y la
Limeña eran entonces esperadas de regreso de su expedición al norte llevando
prisioneros. La Peruviana estaba inútil y la Santa Cruz, en el
sur. El bergantín Orbegoso y la Monte-agudo habían sido
desarmados y arrendados, el primero porque aunque es un buen buque necesita mucho
gasto y el segundo únicamente es bueno para transporte. Casi no hay duda
agregaba Orbegoso que el actual gobierno de Chile armará rápidamente su
escuadra contra nosotros y estamos en la necesidad de conquistar nuestra absoluta
superioridad en el Pacífico. He escrito para que si durante mi ausencia se proporciona en
el Callao alguna fragata inglesa o americana que pueda cargar artillería de 24 y 18
procure iniciar un trato dando repetidos avisos y sin cerrarlo hasta que yo y U. le
avisemos o lleguemos a Lima. La Libertad, la Santa Cruz y el
Congreso eran sus esperanzas. ¡Y estaban en condiciones de inferioridad a los
barcos chilenos!
OHiggins y Freire eran partidarios de una variación del régimen en Chile. Freire
quería escribía Orbegoso en esta misma carta desde Huancayo a Santa Cruz que
se le diera un barco y municiones con algunos cañones en bodega y fusiles. Yo le he
contestado que aunque mi deseo sería ver variado un gobierno que nos ha hecho tantos
males no daría un paso sin acuerdo de V. en asunto de tanta gravedad. Lo mismo le he
contestado en cuantas ocasiones me ha vuelto a hablar. En la última me manifestó que era
el tiempo preciso y que las cosas en Chile habían llegado a su término y los momentos
eran apreciables, le aseguré mi respuesta a la primera entrevista con U. Mas demorándose
ésta y viendo por su estimable citada que coincidimos exactamente, he escrito al general
Morán para que haga una visita al general Freire y con toda reserva le diga que estamos
convenidos y que tome con el mayor sigilo sus medidas, que a nuestra llegada a Lima
acordaremos sobre todo. El general OHiggins, como U. sabe, no está bien con Freire
pero podremos unir ambos partidos. Me repugna, sin duda, turbar un gobierno establecido;
pero estoy cierto de que no podremos reorganizarnos con el enemigo de aquel gobierno y que
refugiados allí todos nuestros enemigos nos atacan como de un baluarte.45
Esta carta tiene fecha 5 de julio y fue escrita en Huancayo. El 7 de julio levaron anclas
en el Callao el bergantín Orbegoso y la fragata Monteagudo con
rumbo nominalmente a Guayaquil y Centroamérica respectivamente llevando cargamento de
chocolate; pero en realidad llevando a bordo al general chileno Ramón Freire y con rumbo
al archipiélago de Chiloé para iniciar allí la revolución por la libertad de
Chile.
29 Sotomayor
Valdez, ob. cit., ii-130 y siguientes. El Eco del Protectorado, N.º 16 de 12 de octubre
de 1836 refuta los recelos chilenos.
30 Vargas, ob. cit., cree por eso que el impuesto fue
verdadero y que las acusaciones a Riva-Agüero son falsas.
31 Orbegoso a Riva-Agüero, 28 de mayo de 1836. A Santa Cruz, 27 de
mayo (Archivo de la BNP).
32 Suplemento al Telégrafo, N.º 959. Imp. Constitucional
por G. Vivero. Copiado porque se trata de un documento desconocido. Riva-Agüero publicó
en Chile un folleto, El Ministro del Perú refuta a sus calumniadores, que no ha llegado a
mi poder.
33 Orbegoso a Riva-Agüero, 28 de mayo de 1836. Archivo de la
BNP.
34 Cuentas de don Felipe Pardo con el Tesoro del Perú,
folleto de 20 páginas, Santiago, enero de 1837.
35 Exposición de los motivos que asisten al gobierno
protectoral para hacer la guerra al de Chile. En El Eco del Protectorado, N.º 50 de
8 de febrero de 1837.
36 La Jeta, meditaciones poéticas por Monsieur Alphonse
Chunca Capac Yupanqui, Bachillere en sagrados cánones en la Universidad de Chuquisaca y
membre de lInstitut de Paris. Lima, Imp. Tadeo I. López.
37 Además, sendas letrillas se ocupaban de la jeta del
conquistador y de la jeta del legislador.
38 Se refiere quizá a Filípica Parda. Alusiones
poéticas. Al signori Garrafali, Ministro de Uñate, pleni cerca del gobierno de Chile y
potenciario en la corte de Madrid, digno representante del alma de Felipe Santiago
Salaverry, ajente de los muertos &&&. Dedicadas al melifluo Bernardito, Barón
de Rapio, Chile, Imp. del Mercurio. Justicia elemental es decir que el trabajo definitivo
sobre la vida y la obra de Felipe Pardo, con valiosísimas noticias inéditas sobre su
participación en la política y en el periodismo de su época está casi concluido ya por
Raúl Porras Barrenechea, quien ha revelado muchas de las letrillas que aquí han sido
transcritas a guisa de información y de amenidad. Como dice Porras, la Filípica
Parda fue una venganza de Santa Cruz mediante la ley del talión.
39 Carta de Bujanda a Gamarra, 12 a 14 de diciembre de 1836.
Archivo de la BNP.
40 El Popular, N.º 1, de 16 de diciembre de 1836. El último
número es el 7, de 19 de febrero de 1837. Las páginas más vibrantes que acaso produjo
la emigración peruana en Chile pertenecen a El Popular. Muy hermosas son algunas de sus
frases. Al redactor de El Eco del Protectorado, Mora, español de nacimiento, le
preguntaba: ¿Qué pensáis que es la Patria, la Roma eterna de que hablaba el
historiador? La Patria estaba donde Viriato esgrimía su espada, donde Pelayo llevaba su
valor. Y le recordaba también que así como los peruanos pedían la intervención
chilena contra la conquista boliviana, España extendió sus manos suplicatorias a
Inglaterra contra la conquista napoleónica. Comparaba la emigración peruana a la
francesa: ésta, contra la libertad y la igualdad, aquélla contra una libertad que
sólo consistía en obedecer y contra una igualdad que se reducía a cargar igual cadena;
ésta contra la opinión nacional y por la monarquía, aquélla con la opinión nacional y
con la democracia. Refiriéndose a Orbegoso decía al contestar a quienes creían
que la expedición chilena significaba la intervención extranjera y la subyugación del
Perú: ¡Hombre de maldición! No será imitado. Sosiegas sus celos el
Eco. Chile no compra pueblos ni se le presentan vendedores. Si
llamamos a Orbegoso peruano, ¿quién podrá llevar este apellido sin que el rubor le
obligue a bajar los ojos?. He aquí un retrato magnífico de Salaverry: Sujeto
Salaverry a las inspiraciones epilépticas de un genio extraordinario, educado enmedio de
la agitación y el bullicio de los combates y en una edad en que no se vive sino de
ímpetus y delirios, carecía de la calma necesaria a la combinación, del valor sereno y
calculado propio de un jefe, de la moderación única que inspira confianza y del porte
atrayente que afirma el afecto del amigo y la conversión del contrario. Conocedor de su
superioridad mental desdeñaba el examen de las opiniones y consejos ajenos y zeloso de
que se quisiese participar de sus glorias se aislaba en sus desconfianzas. Sus repentinas
transformaciones procedían de ese mismo genio que parecido al agente secreto que revelaba
a los profetas de la antigüedad los sucesos del porvenir lo arrebataba a regiones
fantásticas o lo dejaba sin guía en el mundo positivo. Distinto del saber adquirido por
el estudio, la meditación y la experiencia, lo que llamamos genio es esa impulsión
secreta que nos arrastra a pesar nuestro, esa fuerza misteriosa que a ningún poder es
dado domar y que se irrita si le ponen obstáculos... Aguijoneado por las pasiones,
excluye como ellas, todo razonamiento sosegado. Y luego decía al hablar de la rota
de Socabaya: Cansada la fortuna de sufrir el abuso que hacía de sus dones el jefe
peruano... Y refiriéndose a la llamada de Orbegoso a Santa Cruz: Salaverry
dejó a Orbegoso en Arequipa poseedor tranquilo de una banda y un bastón para que se
divirtiera con ellos al modo que los mayorazgos arruinados lo hacen con sus cruces y
medallas. Imprudente! Olvidó que no hay cosa más temible que la debilidad
desesperada. Y refiriéndose al mismo asunto: En el Perú pudo aplicarse
entonces un viejo proverbio escocés: el viento del sur no trae nada bueno. Orbegoso,
así, enseña al extranjero el camino de la tierra sagrada, se postra a los pies de su
auxiliar, depone como un rey destronado las insignias de su quimérico poder, huye de los
campos de batalla y aguarda en el deleite el resultado de la campaña. Una frase de
Tácito fue también glosada a este propósito: La República hecha extranjera por
sus mismos hijos.
41 La Bandera Bicolor, N.º 1, Valparaíso, 1 de enero de
1837; último número el 11 de marzo de 1837.
42 Al periodismo antisantacrucino debe incorporarse El
Ariete que en mayo de 1838 sacó en Guayaquil don Manuel Ferreyros, con sobrado ingenio y
dialéctica.
43 Orbegoso a Riva-Agüero, 26 de enero de 1836. Archivo de
la BNP.
44 Orbegoso a Santa Cruz, 27 de mayo.
45 5 de julio de 1836, Orbegoso a Santa Cruz, desde Huancayo.
A pesar de aludir Paz Soldán a estas cartas, Sotomayor Valdés prescinde de ellas en
absoluto, si bien toma en cuenta los datos y documentos de Paz Soldán en otros pasajes de
sus estudios sobre esta época.
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