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LAS LUCHAS POLITICAS DE 1831 A 1833
16. La reforma militar. La lucha
contra los extranjeros en el ejército
Una vez aplacado, aunque momentáneamente, el peligro resultante del poder de Santa Cruz
en Bolivia y de los vínculos anteriores que él, así como su patria, tenían con el
Perú empieza la segunda etapa del gobierno de Gamarra caracterizada por las luchas que en
la política interna se produjeron desde 1831, después de la deposición de La Fuente, a
1833.
Gamarra para sostenerse en el mando apeló a dos recursos principales: rodearse de un
ejército adicto y tomar medidas preventivas y represivas contra sus enemigos.
Con el pretexto de hacer disminuir las cargas del tesoro remitió a las Cámaras, en los
primeros días de su gobierno, un proyecto de reforma militar. Según él los vencedores
en Junín y Ayacucho eran irreformables, salvo expreso deseo; pero, en cambio, debían ser
reformados sobre todo los que hubiesen servido después de la Independencia. Quedaban,
así, sin colocación los capitulados en Ayacucho y el Callao, los alistados en el
ejército nacional después de esas jornadas. La ley estableció al efecto la clase y la
escala de goces correspondiente. (Promulgada el 12 de diciembre de 1829.)144
Había un grupo de jefes y oficiales descontentos con Gamarra a causa de la campaña con
Colombia y del motín contra La Mar; ante la franquicia que les abrió esta ley se
apresuraron a pedir su reforma. Otros sectores de la oficialidad se sintieron vejados por
dicha ley. Gamarra aprovechó de todo esto para acabar de poner en manos seguras el mando
de los diferentes cuerpos de ejército y de los diferentes departamentos y comandancias
generales. Violó la ley para ello dando preferente cabida a jefes extranjeros y a
capitulados en Ayacucho. Los principales fueron los generales Cerdeña, que le había
aconsejado y lo había auxiliado en el motín de Piura, Cortez que fue nombrado director
del colegio Militar, Pardo de Zela, Benavides y los coroneles Escudero y Plasencia. Otros
jefes extranjeros en servicio activo eran los generales Necochea, Miller, Plaza.
Contra el predominio de estos elementos, que despectivamente eran llamados los
suizos, se irguieron voces airadas en el Parlamento y plumas panfletarias en
la prensa. Leader de esta agitación, que en realidad prolongaba el nacionalismo esgrimido
contra Bolívar y después por el mismo Gamarra contra La Mar y que encarnábase en su
frase No más extranjeros, no más, se hizo Iguaín el plumario de La Patria
en Duelo, el diputado que había contribuido eficazmente a frustrar el plan de la guerra
con Bolivia.
A fines de ese año, tramitándose ya el arreglo con Bolivia, se intensificó esta
propaganda.
El Congreso a pedido de Zavala dio una ley según la cual, como el ejército una vez
producido el arreglo con Bolivia quedaba reducido a 3000 hombres y no podían permanecer
en sus puestos todos los jefes y oficiales, la plana mayor y oficialidad del
ejército permanente se compondrá con preferencia de jefes y oficiales nacidos en el
Perú y demás secciones de América y entre éstos serán preferidos los vencedores en
Junín y Ayacucho (promulgada el 30 de septiembre de 1831 y aprobada el 25).145
Esta ley no se publicó entonces por Reyes, encargado del mando en Lima, por debilidad
para que no causara protestas de los perjudicados. Mientras llegaba a los cuarteles del
ejército y se ponía en práctica arreció la campaña periodística. En La Miscelánea
aparecieron varios remitidos contra los españoles.146 Censurábase también el
exceso de ascensos que había dado Gamarra en el breve periodo en que estaba mandando el
ejército en el sur. Denunciado uno de estos escritos resultó ser su autor el oficial
Romualdo Gamarra, sobrino del Presidente. Por cierto que también intervenía en esto
Iguaín, quien recibió numerosos avisos de que desde Arequipa Pardo de Zela y Benavides,
especialmente, pensaban asesinarlo.147 Iguaín tenía conexiones con grupos de
oficiales que sentían idéntica repulsa a los suizos; entre ellos, con el
coronel Ramón Castilla.
La oposición de Castilla y sus cofrades había surgido ya durante las negociaciones con
Bolivia y se había detenido por la celebración del tratado; pero se preparaba a estallar
ya por medio de una revolución, como después los acusó Gamarra, ya por medio de una
representación escrita con motivo de que, a instigación del general Cerdeña, el coronel
Lastres comenzó a hacer firmar un acta protestando a nombre del ejército por la actitud
del Congreso.148 Fue detenida esta oposición luego por la ley; y hubiera
producido algún trastorno si Gamarra no cumple las disposiciones sobre reducción de
fuerzas.
Pero Gamarra, que había acatado los mandatos del Congreso imponiéndole la paz, ofrecía
también esta vez acatar la opinión pública. Los suizos fueron poco a poco
removidos de sus altos puestos. ¡Pero qué se han figurado que yo soy menos peruano
que U.U.!, díjole al coronel Valle Riestra que le habló de este asunto en Sicuani.
Tan resuelto como todos estaba yo a separarlos; pero yo como jefe del gobierno
necesitaba hacerlo de otro modo; y hacerlo presentándoles recompensas para que no
quedasen quejosos. La separación de Cerdeña provocó un incidente en Arequipa.
17. La prisión de Iguaín y de Castilla en enero de 1832
Algunos de los autores de este movimiento nacionalista procedían dentro del respeto al
gobierno; pero, según los documentos publicados, otros como Castilla estaban en conexión
con Iguaín y Zavala quienes a su vez estaban en conexión con La Fuente. En una de sus
cartas decía La Fuente, con el habitual optimismo del conspirador: Me causa
extrañeza cómo en el ejército ha reinado esa apatía; creo que con dos regimientos que
den la voz y llamen al orden, Gamarra desaparece. ¿Por qué esta inercia?149
Gamarra regresó a Lima el 14 de diciembre de 1831 después de reorganizar el ejército.
Separó o trajo consigo a los oficiales más inquietos o temibles.
El 1º de enero de 1832 por la noche el coronel Castilla, que tenía entonces el cargo de
ayudante general de Estado Mayor, fue llamado a Palacio y allí apresado. Después de 37
días en un calabozo del Callao fue llevado al bergantín Arequipeño donde
estuvo once días y luego a la corbeta Libertad. Castilla no sólo fue
víctima de los rigores de la prisión; cayó, además, enfermo de escorbuto.150
También fueron apresados el comandante Soffia, el mayor Ríos, el capitán reformado
Uriarte y el diputado Iguaín.
Ese día Iguaín que, según él, se había dirigido a cumplimentar a una familia en el
Callao, fue llamado por el gobernador quien lo redujo a prisión. En uno de los calabozos
del castillo Iguaín sufrió las incomodidades de su situación y fue interceptada por
algunos días la reclamación que presentó al Consejo de Estado. Por fin le fue posible
ponerse en contacto con este cuerpo ante quien el gobierno pasó el expediente con el
sumario sobre la revolución que dijo haber descubierto para que dictaminase si Iguaín
gozaba de los privilegios de diputado no obstante estar concluidas las sesiones para las
que se le nombró. El Consejo de Estado se decidió por el fuero y, en consecuencia,
retuvo el proceso para juzgar con arreglo al caso 6° del art. 94 de la Constitución si
había o no lugar a formación de causa. Iguaín pronunció un elocuente discurso de
defensa en que comenzaba comparándose con el caminante asaltado por indignos malhechores
en su tránsito y que es salvado por la fuerza pública. Relatando su prisión y la
tardanza de la intervención legal decía que le había parecido que una espantosa
catástrofe había hecho desaparecer la generación presente salvando sólo sus enemigos
repletos de ira y él para beber hasta sus últimas heces el cáliz de la amargura que con
horrible sonrisa le presentaban.151
El gobierno publicó como pruebas de la conspiración las cartas cambiadas a fines del
año anterior entre Castilla, Zavala, Iguaín, Castilla, Valle Riestra. También presentó
algunas de La Fuente a Iguaín; pero todas, o la mayor parte, fueron encontradas en el
registro del domicilio de Iguaín y Castilla al producirse las prisiones. También
presentó un volante excitando al pueblo por las prisiones y un papel dirigido a Nieto y a
Andrés Martínez a Arequipa, con letra de doña Mercedes Subirat de la Fuente,
comunicándoles la noticia de las prisiones.
El Consejo de Estado declaró que no había lugar a formación de causa e Iguaín fue
puesto en libertad. Gamarra publicó entonces parte de la documentación sorprendida, con
breves comentarios en abono de sus medidas, en un folleto titulado: El Presidente de la
República presenta al público las razones en que se fundó para la prisión del señor
ex-diputado Iguaín que se ha puesto en libertad con arreglo a lo decidido por el Consejo
de Estado (Lima, 1832, Imp. de J. Masías).
La causa, sin embargo, continuó y de los cargos que se deducían de su correspondencia
con Castilla se reivindicó el coronel Francisco Valle Riestra que había sido nombrado
con una comisión en Bolivia, afirmando que su actitud no había sido política sino
patriótica y reuniendo testimonios de diferentes compañeros de armas para comprobar que
en sus charlas y planes no había intervenido la idea de la sedición. Valle Riestra desde
La Paz había relatado a sus amigos una conversación con el presidente de Bolivia, Santa
Cruz, donde refiriéndose a los motivos que causaron las diferencias entre el Perú y
Bolivia Valle Riestra le dijo que en el Perú se decía que él (Santa Cruz) tenía el
empeño de intervenir en cuanto pudiese en los asuntos del Perú; respondiendo Santa Cruz
bajo su palabra que ése no era su empeño.152
18. Nuevo proyecto contra los extranjeros. Suspensión de la reforma militar
La agitación contra los extranjeros tuvo todavía algunos estertores más. Se propuso en
la legislatura de 1832, por el diputado Manuel Zapata, una ley para que no pudiesen tener
empleos los extranjeros aun cuando fuesen ciudadanos. Aprobada en la Cámara de diputados
y aprobada con modificaciones en el Senado no fue, sin embargo, proseguida según los
periódicos oficiales porque el Presidente de la República, a quien se quería hostilizar
con ello, hubo de dejar el mando transitoriamente.
Con fecha 21 de diciembre de 1832 el Legislativo dio una ley suspendiendo la reforma
militar. El Ejecutivo le puso el cúmplase con fecha 14 de enero de 1833.
19. Las prisiones de marzo de 1832. Fusilamiento de Rosel. Callarán las
leyes para mantener las leyes. Leyes sobre destierros y fueros
Castilla continuó en prisión en la Libertad. En la tarde del 18 de marzo,
segundo día que estaba en la Libertad y 77 de su prisión, subieron a esta
corbeta algunas personas de visita. Aprovechando un momento oportuno uno de los
visitantes, el subteniente Aldea, se acercó donde Castilla y le dijo que ese día iba a
estallar la revolución. Supuso Castilla que se trataba de una celada de Gamarra o de los
suyos y creyó dar un golpe maestro para revelar su inocencia, denunciando la noticia.153
Esta denuncia y otra hecha por el capitán Manuel Antezana en la noche del 18 pusieron las
manos del gobierno sobre una conspiración a base de la deposición o del asesinato de
Gamarra.
Con la reducción del ejército, después de la negociación de Tiquina, Gamarra había
conservado a su lado a la columna de Piquiza que era de toda su confianza; llegaba a
conversar con sus soldados en su propio idioma. A ella pertenecía el capitán cuzqueño
Felipe Rosel, uno de sus protegidos, y que con su compañía debía prenderlo y matarlo en
la noche del 18 al mandar la guardia de Palacio. Gamarra personalmente fue al cuartel para
apresar a Rosel quien, al ser llevado a la prevención, logró desprenderse de quienes lo
custodiaban y corrió a la cuadra de su compañía sacándola armada; pero el peligro para
Gamarra y su escolta se evitó con la actitud del comandante del cuerpo Sargento Mayor
Rufino Echenique que arengó a las tropas y prendió a Rosel. Condenado a muerte, Rosel
fue ejecutado en la Plaza de Armas en la mañana del 19.154 Rosel marchó
al patíbulo como se marcha a una parada, dice Távara,155 quien elogia
también el valor y la serenidad, la prudencia y la magnanimidad de Gamarra. Antes de 15
días, según él, se paseaban muchos sospechosos. Esa indulgencia no hubo para Iguaín.
Hallándose Iguaín enfermo, con fiebre en su alojamiento, recibió la noticia de que
venía una turba y que se le iba a apresar. Apenas tuvo tiempo para fugar; su casa fue
asaltada con escalas y registrada dos veces. Iguaín fugó a Guayaquil.156 Los
extranjeros Fabián Gómez, Domingo Ballarino y Mariano Castilla fueron obligados a salir
del país. Numerosas prisiones, además, completaron la fisonomía convulsa de aquel
momento; contándose entre ellas las de Uría, el editor de La Miscelánea, el coronel
Odriozola, etc. La costumbre de asaltar los domicilios privados se hizo corriente y como a
veces los polizontes entraban de la calle a los techos el prefecto Eléspuru, quien
dirigía estas maniobras, recibió el nombre de el general de las escaleras.
A raíz de la prisión de Rosel, Vidaurre, ministro de gobierno, publicó en El
Conciliador un aviso sobre la revolución descubierta que concluía diciendo: Ha de
reinar el orden. Si fuese preciso, callarán las leyes para mantener las leyes.
Se evitará cuanto se pueda este último y fuerte partido. Una obediencia ciega a la
carta ha expuesto la vida del jefe supremo y con ella la vida de la nación. Se dará
cuenta al Congreso de las medidas que la necesidad obligue a tomar. No se presume que se
desaprueben. Valdrá más entregarle la carta con la suspensión de un artículo por
algunas horas que quedar dos millones de virtuosos habitantes expuestos a ser el juguete
de facciosos demagogos y de inicuos aspirantes. Si todo lo desaprobasen las Cámaras, si
fuese su resultado la mayor de las penas, los que se hallan en la administración se
gloriarán de ser inocentes víctimas por la salud de su patria.157
El consejo de guerra de oficiales generales compuesto por los generales Necochea,
Tristán, Rivadeneyra, Salazar, Aparicio, Cortez y Mendiburu (J) expidió su fallo con
fecha 7 de abril. No se contentó con el fusilamiento de Rosel, realizado sin su
intervención, a causa de la actitud de Rosel en el cuartel; condenó a muerte a los
tenientes Manuel López y Narciso Sarria; el capitán Manuel Antenaza fue eximido de pena
y sometido a vigilancia; absolvió a otros de los acusados; a algunos tenientes prófugos
también los condenó a ser pasados por las armas. Al ex diputado Iguaín lo declaró
fuera de la jurisdicción del consejo. En un informe que luego pasó al gobierno, tomando
en cuenta que López, encargado de la prisión de Gamarra como oficial de guardia, estuvo
determinado a delatar y no ejecutó este proyecto por la infamia que implicaba sacrificar
a sus mejores amigos; y tomando en cuenta también que la revolución no pasó de conato
dejó al Presidente en libertad para usar de su benignidad con los dos oficiales
condenados. Gamarra conmutó la pena de López y Sarria por el destierro de seis años.158
Ante la recrudescencia de los casos de destierro el Congreso de 1832 dio una ley con fecha
2 de noviembre de ese año declarando a los capitanes de buque que se prestaran a esos
destierros sin formación de causa ni sentencia de juez competente, piratas; y a quienes
condujeran por tierra a expatriados, ladrones. Así mismo dictó otra ley declarando que
sólo en tiempo de guerra extranjera quedaban sujetos al fuero militar los que cometieran
el crimen de asaltos a castillos, plazas y cuarteles; pero, en el de paz serían juzgados
por los jueces comunes sin excepción de fuero. El Ejecutivo observó ambas leyes, pero el
Congreso permaneció inflexible aunque entonces el Ejecutivo no las promulgó.159
20. Tellería, presidente interino. La acusación a Gamarra
Con fecha 27 de septiembre, por motivos de salud, después de presentar su renuncia ante
el Congreso, que no la aceptó indicando que el Presidente del Senado podía reemplazarlo
interinamente, Gamarra llamó al presidente del Senado don Manuel Tellería para
manifestarle que debía encargarse del Poder Ejecutivo. Tellería prestó juramento
aquella noche pronunciando un discurso en el que afirmó que cumpliría ciegamente la ley,
aunque para ello arriesgara la existencia.
Al encumbrar a Tellería, Gamarra no encumbraba a un adepto incondicional como había
ocurrido con Reyes a quien correspondió el mando después de la deposición de La Fuente
cuando Gamarra estaba en el sur. Era Tellería un hombre honrado y entero, con tendencias
hacia el liberalismo. Su carácter civil hacía, sin embargo, inofensivo para Gamarra su
supremo poder; no habla por eso el temor de otra deposición como la de La Fuente.
Pero pronto su nombre estuvo mezclado en conspiraciones y hubo de ser apresado y
expatriado como ha de verse luego.
Cumpliendo con una de las disposiciones de la Constitución, al inaugurarse la legislatura
de 1832 y el consejo de Estado pasó al Congreso una lista de las infracciones cometidas
por el Ejecutivo durante el receso parlamentario. Ante la noticia de que se iba a entrar
en esta discusión Gamarra reasumió el mando de la República (31 de octubre). La Cámara
de Diputados empezó a discutir la cuestión de las infracciones el 2 de noviembre porque
hubo que remitirla a comisión para que dictaminasen sus conclusiones. Las conclusiones
fueron en el sentido de que debía acusarse al Presidente de la República. Esta solución
provenía de la insipiencia de nuestro parlamentarismo en aquella época. Más tarde,
desde 1839, nuestras constituciones establecieron la irresponsabilidad del Presidente,
salvo traición a la Patria; atentar contra el Congreso, contra la forma del gobierno o
contra la integridad nacional. La acción represiva del Congreso vino a localizarse
después de la ley de ministros dictada en 1856.
Presidía las sesiones Vigil, primer vicepresidente, por hallarse el presidente don José
María Pando de ministro. La discusión duró hasta el 17. De ella se ha destacado sobre
el olvido de las generaciones postreras y sobre lo yerto de las páginas amarillentas que
nos quedan de aquellos días, nítido, grávido, indeleble el discurso de Vigil. Antes de
la votación Vigil dejó la presidencia y subió a la tribuna para cumplir con el deber de
emitir su opinión a pesar de que, reglamentariamente, no tenía voto.
21. El yo debo acusar y acuso de Vigil. 36 contra 22
Vigil comienza por felicitar a la patria por la discusión promovida.160 El
debate en sí es ya un adelantamiento. Rebate enseguida a los que desde la misma tribuna
han tenido sonrisas ante la insignificancia de algunas de las infracciones del Ejecutivo:
en la Constitución nada hay pequeño, todo en ella es grande y sagrado. Basta que el
Ejecutivo haya impuesto contribuciones doblando el impuesto al papel sellado; haya
disuelto la junta departamental de Lima; haya expulsado del país sin sentencia al
ciudadano Jaramillo. Él agrega algunas expulsiones y antes la del coronel Bermúdez y el
sometimiento del diputado Iguaín a la justicia militar y el callen las leyes para
salvar las leyes. Esas infracciones son efectivas; pero algunos no quieren acusar
porque, según ellos, de por medio están la respetabilidad del gobierno, la paz
doméstica y la salud del pueblo. A la primera razón responde que el Poder Legislativo es
el máximo poder. La respetabilidad del jefe de la República no puede apoyarse en ningún
punto que se halle fuera del círculo de las atribuciones constitucionales.
La dignidad presidencial misma es irresponsable, y por lo tanto, su respetabilidad es
inmarcesible; el que se sobrepone a las leyes es el hombre y ese hombre es un tirano. Se
habla también de la paz pública: no hay paz en el desorden. Quien sostiene la
Constitución no puede perturbar la paz. Y a los que por su dignidad sacerdotal le
pudieran pedir a él, a Vigil, otra actitud, les recuerda la frase de Cristo sobre que no
vino a traer paz sino guerra pues traía la buena guerra contra la paz mala. Se habla, por
último, de la salud del pueblo: ella es el motivo que impele a obrar a los buenos
ciudadanos; es a nombre de ella que excita a los padres de la patria. Advierte enseguida
que la acusación en sí no puede producir ningún efecto disociador: el Ejecutivo queda
en su puesto; es al Senado a quien toca deliberar y pronunciar su fallo. Así lo entiende
la Constitución dificultando los procedimientos del Senado para la sentencia e
imponiendo, en cambio, a la Cámara de Diputados el deber de acusar. Se habla de la
anarquía que puede venir; lo que se ve son las infracciones de la Constitución, todo lo
que actualmente sucede; háblase de lo que puede ser, ellos hablarán de lo que es, el
despotismo y la ignominia.
Él también considera a los hombres como son; porque los ve, de esa manera constata que
la impunidad aumenta el crimen. Porque los hombres son lo que son se han hecho las leyes
para que sean lo que deben ser.
Desvanece luego el temor que pudiera haber: él cree en los pueblos que son las víctimas
de las infracciones, cree en el ejército que no es sino el pueblo. Él de alguien teme
tan sólo: de la prudencia de los legisladores.
Por último presenta el cuadro de lo que ha ocurrido años antes, de lo que puede ocurrir
si la impunidad sale coronada. Anima a los legisladores, les presenta a la nación
mirándolos; en lo que a él respecta la patria y los pueblos libres deben saber que
cuando se trató de acusar al Ejecutivo por haber infringido la Constitución, el diputado
Vigil dijo: Yo debo acusar, yo acuso.161
La acusación fue desechada por 36 votos contra 21. Votaron a favor los diputados Mariano
Ureta, Manuel Hurtado Zapata, Manuel Rivero, Ildefonso Zavala, Francisco Velarde, Alejo
Orderis, José Oré, Juan de Dios López Unsueta, Juan Manuel del Mar, Bonifacio Álvarez,
Francisco Álvarez, Manuel Olave, Juan de Echevarría, José María Monzón, Pablo Reina,
Patricio Iparraguirre, José Goycochea, Juan Gualberto Hevia, Manuel Mariano Basagoytia,
Manuel Choqueguanca, Andrés Fernández. Votaron en contra los diputados Mariano Blas de
la Fuente, Andrés Martínez, Miguel Ríos, Pedro José Flores, Marcos Ríos, José María
Flores, José Feyjó, Martín Concha, Juan Caballero, Mariano Santos, Marcelino Castillo,
Juan Luis Oblitas, Carlos Julián Agüero, José Irigoyen, Francisco Solano Pezet,
Gregorio Cartagena, José Ugarte, Ilario Lira, Antonio Velásquez, Pedro Bermúdez, Manuel
Urquijo, José Delfín, Manuel Dieguez, Francisco García, Modesto Vega, José León
Olano, Isidro Bonifás, Lucas Pellicer, Esteban Salmón, Isidoro Caravedo, Blas José
Alzamora, Manuel Sebastián García, Ramón Dianderas, Valentín Ledesma, Pedro Miguel
Urbina, Bonifacio Deza.
No todos los diputados que votaron en contra de la acusación eran adeptos incondicionales
de Gamarra. Algunos que no querían bien a Gamarra creyeron, sin embargo, que éste no
había cometido delitos políticos cuya gravedad exigiera la acusación.
Sobre la inquieta endebles de aquella época se encumbraba Gamarra empapado con las
impurezas de la realidad; mas se encumbraba también con el relieve intangible, pero
imperecedero de la conciencia, Vigil. Al pronunciar su discurso que junto a las volutas
barrocas de la oratoria de Vidaurre, junto a la oratoria de Iguaín hecha de peñascos sin
labrar, tiene la solidez y la sobriedad de la arquitectura dórica, algunos diputados lo
insultaron: al oírlos (los insultos) yo miraba a mi patria y le ofrecía el
sacrificio de mi sufrimiento, dijo más tarde. Pero en cambio, por todos los
ámbitos conscientes del país, se extendió el deslumbramiento del milagro: sólo,
inerme, sin ambiciones de mando o de lucro, exponiéndose a la persecución, a la
prisión, al destierro, este sacerdote llevó a la tribuna las únicas palabras con raza
que se pronunciaron en ella desde el día en que el Congreso Constituyente solemnemente
declaró que el Perú adoptaba al surgir como Nación libre, la forma republicana,
democrática, representativa. La democracia había sido en el Parlamento, tramitación
burocrática de expedientes, legalización de la fuerza o de la intriga, búsqueda
acomodaticia de prebendas, exhibición de teoricismos académicos, oposicionismo hirsuto y
menudo. ¡Y el caudillaje y las revoluciones estaban imperando con sus trastornos, con sus
arbitrariedades, con sus envilecimientos! La democracia emanando la fe que suele inspirar
la religión, la abnegación a que incita la gloria, el amor con que suele torturar la
mujer, la certeza que a veces obtiene la ciencia; redimiendo lo que hay de zafio y de
sucio en el hombre y justificando el sacrificio de todos los héroes que en todos los
tiempos, en todos los países y en todas las razas murieron besando su enseña, se
encarnaba en Vigil.
La voz que sonó esperanzada y ardorosa en las cartas del Solitario de Sayán
contra la monarquía sonaba aquí acusadora; pero serena, encarnada en un sacerdote que en
su conciencia no tenía una mancha y que en sus labios no tenía un insulto. Esa misma voz
desoída entonces y olvidada más tarde; fue acaso la que mucho después, en las frases de
González Prada, estigmatizó, lapidó.
22. Las prisiones de noviembre de 1832
A medida que había avanzado el año 1832 la lucha política se había agudizado. La
acusación y las incidencias alrededor de ella suscitadas fomentaron esta ofensiva.
El 11 de noviembre, cuatro días después del discurso de Vigil, fueron apresados los
diputados Reyna y Mar, el general Cerdeña, los coroneles Salvador Soyer y Pascual Saco y
el señor Sarratea. Vigil, que estaba en la calle cuando supo la noticia, cuidó de volver
a su casa habitación para que lo encontrasen si acaso lo iban a buscar para apresarlo. La
causa de las prisiones fue, según el gobierno, una conspiración hecha para entregar el
Perú a Santa Cruz; acusación que, personalmente, hizo Gamarra en el Congreso. Los
diputados Reyna y Mar acababan de votar a favor de la acusación al Presidente.
El general Blas Cerdeña, que era el de más relieve entre los conjurados, al ser apresado
hizo retirar el piquete de tropa que había ido a buscarlo haciendo valer su rango y,
acompañado sólo por el oficial que lo mandaba, fue al cuartel de Santa Catalina.
Cerdeña había sido amigo y consejero de Gamarra, inclusive en su pronunciamiento de
Piura, y jefe principal del ejército que se movilizó en el sur en 1831. Al descender de
su puesto, Cerdeña eligió Arequipa para vivir con su familia; y pidió su reforma al
Congreso. A raíz de este pedido, según él, Gamarra lo llamó llegando a Lima cuando
estaban de moda en la capital las conversaciones sobre la acusación; según el gobierno
Cerdeña vino para llevar a cabo sus planes. ¡Es preferible vivir entré las
fieras!, cuéntase que dijo Gamarra refiriéndose a la intervención de Cerdeña, su
amigo de otrora, en la conspiración.
Incomunicado primero en Santa Catalina y trasladado luego a San Francisco a los cuatro
días recibió Cerdeña al fiscal militar para su instructiva y a los 18 días fue puesto
en comunicación.162 Los diputados, a solicitud de la Cámara, quedaron en
libertad. Gamarra mandó que se sobreseyese al juicio por ahora hasta
consultar con la Convención la manera de conciliar la jurisdicción militar con el fuero
de los representantes (21 de enero de 1832).
A pesar de que no se publicó el sumario de la causa pudo saberse que el coronel Saco dio
aviso al gobierno de la revolución que se preparaba y en la que no quiso mezclarse,
aunque fue invitado a ello; así como los tenientes coroneles Echenique y Carrillo, que,
según se deduce, eran agentes del gobierno en las juntas de los conspiradores. Se dijo,
aunque no llegó a comprobarse, que habíase capturado un documento de puño y letra del
señor Tellería relacionado con la revolución y que habíanse entregado al gobierno más
de 2000 pesos destinados a corromper a la tropa.
Juez Fiscal de la causa fue el coronel Allende, perito ya en estos asuntos por haber
actuado en la causa por la conspiración de Iguaín.
23. El segundo sermón cívico de Vigil. Confinamiento de los procesados por la
conspiración de noviembre
En las declaraciones de algunos de los militares gobiernistas ante el fiscal de la causa
fue mencionado el nombre de Vigil. Éste publicó entonces un manifiesto negando su
participación en la revolución, si es que la había habido. Si los revolucionarios
habían querido aprovechar los incidentes relacionados con la acusación no era culpa de
él, que había cumplido su deber. Porque no es revolucionario, porque ama la tranquilidad
quisiera que después de establecido el primer gobierno de la independencia se hubiera
dado anteriormente ejemplos de sumisión a las leyes y a las legítimas autoridades.
¡Siempre estamos empezando! Los ambiciosos son la causa de nuestros males. Ellos hacen
padecer a la patria: sin orden político no puede haber orden en lo demás.
Entienda el Presidente de la República que mi campo de batalla es la tribuna
y que fuera de ella soy lo que siempre he sido, lo que debo ser, un ciudadano
pacífico. Pronto está a repetir su acusación si ocurren iguales circunstancias
para ella. No importa que dicha acusación no haya prosperado: la semilla está arrojada.
Los progresos se preparan en una época para que se sientan en la siguiente. El que
sostiene la causa de la libertad defiende la del género humano y es por eso ciudadano de
todos los pueblos.
Los principios son invocados en todo el mundo civilizado. La verdad es luz y la luz se
difunde; ella es fruto de la meditación y de la experiencia. Se dice que carecemos de los
elementos necesarios para tener fidelidad a la Constitución; hay que adquirirlos y no
retrogradar. Se dice que la Constitución es inaplicable en parte: una Convención se
reunirá pronto para reformarla. Si se quiere virtudes patrióticas la primera de ellas es
el amor a la ley. Si el presidente da el ejemplo tendrá en el corazón de sus
conciudadanos la más sólida base de su estabilidad y el afecto a su persona permanecerá
más allá de su muerte.
La base de una tranquilidad perdurable está en destruir el germen fecundo de
revoluciones: el descontento nacional. Con palabras que aseveran su sinceridad, su
inculpabilidad, su tranquilidad y su prescindencia de todo partido que no sea el de la
patria, pidiendo a los peruanos todos, su veredicto, concluye este sermón cívico;
reafirmación y continuación del que pronunciara en la tribuna.163
A los 42 días de la prisión se produjo la sentencia confinando a Cerdeña al
departamento de La Libertad; al coronel Soyer a Chachapoyas; al coronel Saco a Maynas. La
sentencia incluyó castigos menores para el teniente coronel Bernardo Soffia y el sargento
mayor Basilio Cortezana.
24. El asalto al impresor Calorio
Otro de los incidentes que contribuyó a acentuar la intimidación fue el que ocurrió con
el impresor Calorio. Ya el 18 de marzo la imprenta de don Manuel Corrales había sido
asaltada por agentes policiales y luego se habían producido algunas prisiones de
impresores; pero este episodio revistió caracteres más ruidosos. Don Juan Calorio era el
dueño de la imprenta donde se publicaba El Telégrafo de Lima, el editor de este diario.
En El Telégrafo de Lima Calorio escribía o dejaba escribir una serie de zafios ataques
bajo la forma de diálogos entre negros. Se dijo que la señora de Gamarra, víctima
principal de estas groserías, mandó o dirigió un grupo de militares que en la noche del
26 de noviembre de 1832 fue a casa de Calorio y lo llevó al Martinete donde le propinó
una paliza feroz.
El Congreso, ante quien la esposa de Calorio reclamó, resolvió que el asunto era de la
incumbencia del Poder Judicial y éste nada condenó. Toda esta tempestad quedó
disipada con unos cuantos palos cuenta Távara que decía un personaje del gobierno.164
Cuando meses más tarde, en julio de 1833, un oficial fue a buscar a Calorio para que se
presentara a la Prefectura, éste aleccionado con lo que le había sucedido fugó,
pidiendo luego garantías al gobierno.165
25. Elecciones para la Convención. Convocatoria a Congreso extraordinario
Las elecciones para miembros de la Convención se verificaron con algunos incidentes,
sobre todo en relación con los soldados a quienes algunos presidentes de mesas
electorales como las del Sagrario y Bellavista negaron su derecho de voto. Con fecha 16 de
marzo el Gobierno convocó a Congreso extraordinario sin perjuicio de la Convención
preparando ya quizá, un plan contra ella puesto que la mayoría de las elecciones fueron
ganadas por candidatos de oposición. El objetivo principal del Congreso extraordinario
debía ser la apertura de las actas electorales para presidente y vicepresidente de la
República y la proclamación de los electos. El Consejo de Estado interpeló al Ejecutivo
para que suspendiera la convocatoria hasta que fuera acordada por él; pero el Ejecutivo
insistió.166
26. Las prisiones de marzo de 1833. Aparición de Salaverry
En marzo de 1833 se produjeron nuevas prisiones y con motivo de ellas aparece en política
la personalidad de Salaverry. Salaverry tenía entonces 26 años y el grado de teniente
coronel. Había entrado a los 14 en el ejército de la Emancipación. Había actuado en
las dos campañas de intermedios y en la campaña final que dio lugar a los triunfos de
Junín y Ayacucho. Partidario y relacionado de La Mar se cuenta que al estallar en Lima,
durante los primeros meses del gobierno de La Mar, una revolución en un cuartel que
estaba en la actual plaza del Congreso Salaverry fue personalmente a este cuartel e
increpó a las tropas sublevadas; y cuando el jefe del movimiento, que era el comandante
Huavique, quiso oponérsele vino un duelo a sable entre los dos que presenció la tropa
inmóvil y que dio por resultado la muerte de Huavique y una arenga de Salaverry a las
tropas que hizo fracasar a la sublevación.
Después de la deposición de La Mar, Salaverry que era del grupo de jefes que
culpaban a Gamarra de la derrota del Portete y que censuraron su pronunciamiento
pidió su reforma militar a principios de febrero de 1831; pero fue llamado al servicio en
septiembre de 1831. Ocupó el cargo de subprefecto de Tacna renunciando en octubre de 1832
para, ya casado, venir a Lima como consecuencia de un decreto que mandaba amortizar los
créditos del Estado contraídos por reformas militares con la venta de bienes que
pertenecían al Estado.
En la tarde del 13 de marzo Salaverry había ido con su esposa al Callao según él de
visita donde el comandante Postigo que, al mando de la corbeta Libertad, se
preparaba a viajar. No llegaron a embarcarse cuenta Salaverry en vista de que
la gente de la Libertad estaba ocupada embarcando un regimiento de Dragones; y
fueron de visita donde la familia del consejero de Estado don José María Corvacho que
ocupaba una de las casas de la fortaleza principal. El deseo que ambas familias tenían de
verse, el cansancio que a la señora Salaverry había causado el viaje hicieron que se
quedaran esa noche; y Salaverry no se separó de la casa sino para ver al Presidente y
otros funcionarios. Gamarra, sin embargo, optó por asilarse en la fortaleza del sol
ordenando que se vigilara a Salaverry con un piquete de cazadores de Pichincha. Al día
siguiente, en la mañana, cuando Salaverry manifestó su sorpresa al ministro de guerra
por lo ocurrido éste le dijo que se le iba a expatriar por medio de una licencia o por la
fuerza. Salaverry le respondió que Gamarra hiciera con él todo hasta asesinarlo; pero,
que no consentiría en una infracción de la ley que prohibía las expatriaciones; y que
regresaría a la capital para que allí se realizara la arbitrariedad con él y el pueblo
viese cómo estaba decretado el exterminio de sus amigos y de cuantos se han
conducido con honor en los combates, no han vendido a la patria y no están
manchados.
Salaverry, efectivamente, regresó a Lima donde publicó con admirable audacia una
exposición de todos estos hechos.167 En esta exposición concluye afirmando
que jamás ha conspirado ni conspirará y que el general Gamarra sabe bien que cuando a
ello fue invitado, despreció y reprendió a su seductor. No hay militar ni tal vez
ciudadano alguno del Perú que no esté al cabo de mi historia. No pertenezco a los
valientes que despedazaron la junta gubernativa, ni me persigue a todas horas la ilustre
sombra del general La Mar; no soy vencedor del 16 de Abril168 ni he sido
miembro del juri del Martinete. Mi carrera, muy gloriosa aunque subalterna, la he hecho
toda por los senderos del honor y nada me es más halagüeño que llevar en comprobante en
833 las insignias que vestía en 28. Me arrojarán del país, me harán pedazos, pero no
lograrán amedrentarme... Conciudadanos: con este aviso que precipitadamente os dirijo
acabo de sellar mi desgracia. ¡Ojalá que tienda a vuestra felicidad, ojalá que
despertéis del letargo en que estáis adormecidos! Los tiranos no existen sino por la
cobardía de los pueblos y por eso son libres todos los que quieren serlo. El ejército
peruano tiene todavía muchos valientes que adoran los derechos de sus conciudadanos. Es
verdad que los destruyen tan luego como los conocen; más por eso mismo es preciso no dar
a que concluyan. Cualquiera que sea el destino que se me prepare allá en los consejos del
crimen, allá en los dictados de una venganza infame e inmerecida, siempre dirigirá sus
esfuerzos a la libertad de la patria vuestro amigo Felipe Santiago de Salaverry.
Después de publicar este escrito Salaverry anduvo a caballo por las calles más
céntricas de Lima y cuando regresó a su casa hasta las 11 de la noche dejó la puerta
abierta. A más de las doce de la noche una partida de soldados penetró en la casa por
medio del ya acostumbrado procedimiento de poner escaleras para entrar por los techos; y
Salaverry fue llevado preso al cuartel de San Francisco de Paula.169
La versión dada por el gobierno acerca de todos estos acontecimientos era, en mucho,
diferente a la de Salaverry ya relatada.
Según el gobierno todo esto obedecía a una conspiración que debió estallar el 14 en
Lima, tan luego como se recibiera la noticia de que en el Callao había sido asesinado el
presidente y tomadas las fortalezas. En la noche se pensaba sorprender el cuartel de
artillería y distribuir armas al populacho. Uno de los oficiales comprometidos había
denunciado. Salaverry había logrado seducir a algunos oficiales asegurándoles que la
revolución en Lima era infalible, dirigida por gentes de la más alta categoría; y con
la compañía de cazadores de Pichincha pensaba apresar y asesinar al Presidente a cuya
mesa se había sentado ese mismo día. Ya se iba a realizar el crimen pues se llevaban al
capitán León, que tenía su compañía en el castillo del Sol, con el pretexto de dar un
paseo cuando la presencia del Presidente en el mismo castillo desconcertó el golpe.
Salaverry confesó su plan al ministro de guerra y dijo que venía a Lima a precipitar el
movimiento sin obtenerlo. El gobierno supo también que en la noche del 16 salieron varios
montoneros para sublevar las provincias del departamento: Ninavilca con Zárate y otros a
la quebrada de Chontay; Marzana, Suárez, Covarrubias y otros por Carabayllo donde fueron
dispersados o apresados por un piquete de tropa.170
Salaverry negó terminantemente las inculpaciones que se le hicieron llamándose
jefe que jamás ha dado la espalda al riesgo.171
Ciudadanos prominentes lo acompañaron en la prisión y en la persecución. En la mañana
del 16 de marzo fue apresado en Chorrillos don Manuel Tellería que acababa de desempeñar
la presidencia en ausencia de Gamarra.
El nombre de Tellería había sonado en el proceso de la conspiración de noviembre de
1832; pero él se había negado a declarar aduciendo cuestiones de fuero. Luego, al
discutirse la cuestión de los tratados con Bolivia, se declaró partidario de la paz sin
previo tratado de comercio, en tanto que el gobierno predicaba que el uno era imposible
sin el otro en nombre del decoro, de las conveniencias económicas, del resguardo ante
caprichos posibles del gobierno de Santa Cruz.172
Conducido Tellería al Callao, donde se encontraba el ministro de Guerra, éste alegó no
tener noticia al respecto hasta que le llegó una nota del jefe de Estado Mayor, coronel
Allende, de orden de Gamarra. El Consejo de Estado, advertido por una nota de Tellería,
reclamó su libertad sin resultado. Quedó en la fortaleza de la Independencia hasta que
vino orden para conducirlo a la goleta de guerra La Peruana. Se procedió con
él en forma que revelaba el deseo de descartarlo, no de juzgarlo.173
También fue registrada esa mañana la casa del Gran Mariscal Riva-Agüero que se vio
obligado a esconderse y luego a expatriarse. Cuando recién llegó Riva-Agüero a Chile el
gobierno, influenciado entonces por La Fuente, le había negado el permiso para regresar
al Perú y lo había acusado de conspirador. Al romper Gamarra con La Fuente y al ser
éste depuesto el gobierno permitió que Riva-Agüero regresara, fuera festejado y
obtuviese el voto absolutorio de la Corte Suprema. Pero cuando Riva-Agüero se
reincorporó en la política, publicándose periódicos que lo loaban y logrando ser
elegido diputado por Lima ante la Convención, resultó por breve tiempo un caudillo de la
oposición. El gobierno se apresuró a tomar, entonces, las mencionadas medidas de
persecución contra él y a hacerlo atacar rudamente por los periódicos.174
27. Convocatoria a elecciones presidenciales. La sublevación de julio de 1833 en Ayacucho
Con fecha 25 de marzo Gamarra convocó a elecciones de Presidente y Vicepresidente
debiéndose remitir las actas al Congreso extraordinario.
Pero, la revolución acechaba a pesar de que sólo le faltaban al gobierno unos cuantos
meses de vida. Vencida quizá en la capital, emergió en provincias y emergió sangrienta.
En la madrugada del 24 de julio los capitanes Deustua y Flores, del batallón Callao, con
parte de la tropa se sublevaron. Este pronunciamiento estuvo acompañado por el asesinato
del coronel Mariano Guillén en su cama y al lado de su esposa que escapó, pero con una
contusión en el rostro; y del prefecto don Juan Antonio González acribillado por una
descarga en las puertas de su casa.175 Tales horrores se hicieron más odiosos
con una contribución forzosa a la ciudad de Ayacucho y un reclutamiento general que
siguieron a la inauguración del nuevo orden de cosas.
Los sublevados tomaron el nombre de división vengadora de las leyes.
Apenas tuvo conocimiento de la sublevación Gamarra, que se hallaba enfermo, dando una
muestra de su característica actividad, dejó al mando al Vicepresidente del Senado,
Camporedondo, y marchó el 30 de julio con las pocas fuerzas del ejército que pudo
reunir. El general Bermúdez, que estaba enfermo en Tarma, marchó a Huancavelica y en
unión del general Frías reunió y organizó tropas. También se puso en movimiento con
las tropas de su guarnición el prefecto del Cuzco, Bujanda, para interceptar a los
rebeldes la vía del sur.
Gamarra llegó el 8 de agosto a Huancavelica uniéndose a Bermúdez quien recibió el
nombre de comandante de operaciones sobre Ayacucho. Los rebeldes abandonaron Ayacucho con
dirección a Huanta quizá con el fin de retirarse a las punas de Iquicha.
Gamarra avanzó a Huanta el 15 precedido por Bermúdez y los rebeldes se movieron de su
campo de Culluchaca al cerro de Pultunchara; pero las tropas del gobierno, a pesar de
tener las fatigas de las marchas forzadas, escalaron este cerro ocupándolo previa
sangrienta derrota y dispersión de los rebeldes.
La Municipalidad y la junta departamental de Ayacucho, en cuyo nombre se habían publicado
actas favorables a la sedición, se vieron obligadas a rectificarse; la junta
departamental llegó a afirmar que los caudillos de la rebelión le dejaron por escrito
los puntos que esta acta debía tratar y que un batallón fue colocado amenazadoramente
frente a la casa consistorial que era el local de sus sesiones.
Algunos de los vencidos fueron cogidos y las más de las veces fusilados. Otros quedaron
vagando por la montaña y las punas de Iquicha. Con estas persecuciones las consecuencias
del pronunciamiento de Ayacucho fueron más terribles que los males causados en la
refriega misma de Pultunchara.
Esta revolución, que no proclamó ningún caudillo, fue imputada por los periódicos
oficiales a la oposición liberal que se agitaba en Lima considerando que era por lo menos
resultado de sus campañas periodísticas; pero parece haber consistido tan sólo en una
sedición militar de carácter local.
28. Salaverry, redactor de La patria en duelo. Su confinamiento y actuación en el
norte
Desde la prisión Salaverry comenzó a escribir un furibundo libelo contra el gobierno
la más criminal de cuantas publicaciones se han dado a la prensa desde los
días de Marat, según la calificó La Verdad llamándolo como el de Iguaín en los
días posteriores al Portete, La Patria en Duelo.176 La
reunión de los presos en la cárcel estaba originando un club peligroso. La causa estaba
suspensa y aunque el gobierno había oficiado a la Corte Superior y ésta instó al juez
los abogados de los acusados habían logrado interponer providencias interlocutorias
contando, quizá, con la tolerancia de este magistrado. Fue así como el gobierno decidió
el confinamiento a Maynas. En la fragata Monteagudo salieron el once de julio
el teniente coronel Salaverry, el sargento mayor Cortezana, el capitán Iriarte, el
teniente Rivero y varios paisanos entre los que estaba el famoso montonero Chiquiarqui.177
Confinado en Chachapoyas, Salaverry se sublevó. Contra él marchó el comandante general
del departamento de la Libertad, general Raygada. Una reacción de los mismos que le
acompañaban hizo fracasar la empresa de Salaverry, quien fue enviado preso a Cajamarca.178
En Cajamarca la misma tropa que lo conducía preso se sublevó a favor suyo. Entonces el
gobierno mandó una expedición al mando del coronel Vidal que llevó el título de
comandante general de la 2.a división y prefecto de la Libertad. El choque de las tropas
de Vidal y Salaverry dio lugar a otro rasgo brillante de este caudillo: el combate
conocido con el nombre de Garita de Moche (hoy puerto de Salaverry) donde Salaverry se
había parapetado. Las tropas de Vidal venían fatigadas por la marcha, pero lucharon con
vigor atacando primero el batallón Zepita a la bayoneta siendo rechazado por la
artillería. Enseguida el Zepita cargó por retaguardia; pero perdiendo las alineaciones
por lo cual, y habiéndolo recibido Salaverry en columna cerrada, trepidó un momento
cayendo prisioneros algunos jefes. Volvió a atacar Zepita y dispersó la columna de
Salaverry, pero como la caballería de Vidal se había sobrepasado al cargar en medio del
combate quedó cortada por el enemigo reuniéndose a Vidal sólo después por lo cual
Salaverry alcanzó a hacer aún una nueva matanza179 (19 de noviembre). El
combate duró desde las 6 hasta las 11 de la mañana.
Salaverry dio muestras de tanto valor en este combate que su derrota, en vez de opacarlo,
aumentó más su relieve. Enseguida Salaverry se retiró hasta Piura. Viéndose rodeado
por los milicianos de las poblaciones vecinas dispersó a sus fuerzas y fugó al Ecuador,
al pueblo de Zozoranga; pero, temiendo ser robado por los habitantes de este pueblo,
regresó al Perú. Reconocido en una de las haciendas al norte de Paita por una partida de
soldados, destinada a obtener recursos de movilidad, cayó en manos de su perseguidor el
coronel Vidal. Pero Vidal, por un acto de caballerosidad, en vez de cumplir las órdenes
que disponían el fusilamiento de Salaverry lo libertó con la condición de que se
dirigiera al Ecuador. Y Salaverry hizo que el barco que lo llevaba tomara otro rumbo y
regresó a la costa norte del Perú desembarcando en San José solo e inerme.
Allí intervino en los sucesos que se eslabonaron posteriormente.
29. El debate periodístico a fines del gobierno de Gamarra
A fines de 1832 y a principios de 1833 se acentuó la polémica de los periódicos
gobiernistas con los periódicos de oposición. Se constituyó un ministerio homogéneo
con Pando en Relaciones Exteriores y Gobierno, Andrés Martínez, eminente figura
intelectual íntimamente vin-culada a él, en Hacienda, Bermúdez en Guerra. Esta clase de
ministerio era casi una innovación pues antes se había acostumbrado la provisión
aislada, según las necesidades del momento, llegándose a juntar en las diferentes
carteras individuos sin relación previa y a veces de ideas distintas.
En diciembre de 1832 apareció La Verdad cuya redacción ha sido atribuida a don José
María de Pando y también al coronel español Escudero. Lo probable es que fuera escrita
por varios redactores y muy posiblemente estuvo entre ellos Pando por el buscado
casticismo, por las citas en latín y en francés, por la armazón doctrinaria que
pretende construir, por las nociones que sobre Derecho, política y aun cuestiones
económicas revelan algunas páginas.
La oposición tenía numerosos órganos algunos de los cuales aparecían unas cuantas
veces. Sus órganos permanentes eran El Telégrafo de Lima y El Penitente. El Telégrafo
de Lima tenía cierta altura a veces en los editoriales, aunque era procaz en sus
comunicados. El Penitente era peor. Su fuerza estaba también en los remitidos; entre
ellos aparecían la beata y el penitente que en forma de diálogos en el
mercado, en la plaza de armas o en alguna comilona decían, en estilo chocarrero,
tremendas cosas contra los personajes del gobierno; algunas de esas alusiones no tienen
sentido para nosotros que no podemos conocer los apodos y las minucias de la vida
política de entonces. También aparecían en El Penitente unos diálogos de la
niña constitucional con su abuelita, del loco de un convento con su
zambo loquero aunque estos personajes eran menos parlanchines que la beata; los
secundaban algunos apólogos árabes de análoga factura. El calificativo más común para
los escritores y los defensores del gobierno era el de pinganillas aludiendo,
quizá, a la elegancia, al orgullo de José María de Pando, Felipe Pardo y su
aristocrático cenáculo. En forma velada e intermitente esta oposición también atacaba
a la esposa de Gamarra, doña Francisca, contra la cual se vendían caricaturas y
pasquines clandestinamente. He aquí por ejemplo, inclusive con sus incorrecciones
gramaticales, una muestra del ingenio de la beata en esta letanía, cada una
de cuyas frases se refiere a un personaje del gobierno; descubrirlo y comentar el acierto
de la chunga debió ser pasatiempo socorrido en los cafés y en los portales:
De la perversa ambición del siento
piéé
Líbranos patria querida
De la perversa aspiración de aquel diablo
calato cara de asesino de la libertad
Líbranos patria querida
De la nociba ambición de Bracamontéé
Líbranos patria querida
De la temeraria aspiración de un mazo
de tabaco podridóóóó
Líbranos patria querida
De la junta de los dos que por brutal
ambición recetaron beneno a la libertáááá
Líbranos patria querida
De dos pejes de disforme aspiración y malignidad
Líbranos patria querida
De la atrevida ambición de aquel cobarde
piernas de sanco, bombero de los chapetones
en el año 20 por una infame pagáááá
Líbranos patria querida
De la necia aspiración de dos hediondos
floripondios que hecharon a perder
la fragancia de once claveles de la bella unión,
y otros tantos lirióós
Líbranos patria querida
De la ambición con que un instrumento infernal
forma un desconcierto en lugar de harmoniááá
Líbranos patria querida
De la hipócrita aspiración con que a una
peseta cobruna se hace por corientééé
Líbranos patria querida
De la nefanda ambición con que un lago de
agua inmunda aparenta ser mas de lo que ééés
Líbranos patria querida
De la brutal aspiración con que dos tor-
rentes de pestilencia, rompiendo su cau-
se natural, se desgajan sobre el mas
hermoso y fértil terreno en que está
tirado la semilla de los librééés
Líbranos patria querida
De la avaricia de todos esos druidas hi-
jos de Satanás que jamas harán bien y
siempre si, el insoportable mas, espe-
rimentado en todas ocaaionééés
Líbranos patria querida
De la atrevida y escandalosa ambición
con que los enemigos de la independencia
persiguen con crueldad a sus libertadores
oprimiéndolos y persiguiéndolos de
muertééé
Líbranos patria querida
Entusiasmo santo de los libres que siem-
pre y a tanta costa redimes a los pue-
blos de toda esclavitúúúúúd
Redobla tus esfuerzos
Entusiasmo santo de los libres que siempre
y a tanta costa redimes a los pueblos
de toda esclavitúúúd
Redobla tus esfuerzos
Entusiasmo santo de los libres que siempre
y a tanta costa redimes a los pueblos
de toda esclavitúúúúd
Redobla tus esfuerzos
Rogámoste patria y bendecimoste, pues con el santo espíritu
del siglo 19, vencerá la libertad en la lucha contra la tiranía.
Libertad, sálvanos.
Libertad, vigorizanos.
Libertad, robustécenos.180
Pocas veces los órganos del gobierno
contestaron en igual forma a esta clase de oposición. Procuraron hacerle sentir, si, su
desdén como por ejemplo en esta letrilla A la Beata cuyo ritmo delata la
pluma de don Felipe Pardo:
De esa diatriba indecente
de esa frase vil y baja
con que a la virtud ultraja
el inmundo Penitente;
de ese lenguaje bestial
con que insulta a la moral
¿quién es el torpe autorzuelo?
¿De qué asquerosa ralea
sale este osado mochuelo?
¡qué pregunta! De Guinea
El patriota verdadero
quiere ver a la nación
digna de veneración
y de honra en el extranjero.
¿Y a todo el Perú mancilla
una ignorante gavilla?
¡Qué! ¿ no hay a mano una tranca?
¡Ay, Jesú! ¿puqué resea
buca preito con lo branca
utere lo re Guinea?
¿Tú haciendo sucios borrones
tú al público fastidiando
y están por brazos clamando
Quebrada y Matarratones?
¿Quién en tal cosa, te mete?
Ponte en camino a Cañete:
nos da grima hasta tu estampa:
No hay quien sin asco te lea.
Sí; es mejor que pluma, lampa
Para manos de Guinea.181
Numerosos enemigos del gobierno vieron,
seguramente, con disgusto los desbordes de este periodismo; y fueron a la publicación de
periódicos como El Convencional, primero y luego El Constitucional redactado por Vigil y
El Genio del Rímac en cuya redacción intervenía Mariátegui. Mediante ellos se hizo
posible continuar el debate que ya había sido iniciado entre monarquistas y republicanos
en 1822.
La oposición denominábase liberal porque defendía los principios básicos del sistema
representativo la Constitución y dentro de ella sobre todo las garantías
individuales y el equilibrio de los tres poderes del Estado como reacción contra el
sentido omnipotente y absoluto de las funciones del Ejecutivo. El Convencional llegó a
decir que: la sociedad existe por nuestras urgencias, el gobierno por nuestra
malicia: la primera promueve nuestra felicidad de hecho, reuniendo nuestros afectos
el segundo de derecho restringiendo nuestros vicios. La una fomenta el comercio; el
otro anima la política ésta protege, aquel castiga. La sociedad de todos modos es
un bien; el gobierno más reglado en cualquier sentido, es un mal necesario: sin embargo
indeterminado en sus atribuciones o fuera de sus límites, es el mayor de todos los males,
es peor aún que la misma tiranía.182
30. La defensa del gobierno fuerte por La Verdad y otros periódicos oficiales
Frente a los principios liberales que eran los que habían triunfado en las Constituyentes
de 1822 y de 1828 se irguió por primera vez en forma desembozada y polémica en nuestro
periodismo, la teoría del gobierno fuerte que había sido defendida en la
tribuna de la Sociedad Patriótica por el clérigo Moreno al propiciar la fórmula
monárquica entonces oficial; en el folleto por Monteagudo al hacer la reseña de su
breve, autocrítica y odiada administración ministerial; en la literatura
constitucionalista por los planes políticos de Bolívar y por los principales documentos
que los secundaron: la Epístola a Próspero de José María Pando; y la
Exposición de Benito Laso. Ahora, la teoría del gobierno fuerte se despoja
de deslumbrantes perspectivas: no es la defensa de la monarquía ni de la presidencia
vitalicia. Exenta de ambiciosas utopías, vencida cuando quiso implantarlas después del
primer y del último episodio de la campaña de la Independencia, se contenta con
cohonestar los actos de un gobierno arbitrario.
La defensa del gobierno fuerte hecha por los periódicos El Conciliador y La Verdad en
Lima, El Atalaya del Cuzco, La Oliva de Ayacucho principalmente, estuvo quizá inspirada y
en parte redactada por don José María de Pando quien análogas ideas hubo de desarrollar
más tarde en sus Pensamientos sobre moral y política. Dicha defensa tuvo aquí un
carácter anónimo y periodístico y se distinguió por la galanura y el casticismo de su
estilo. Tuvo también un objetivo inmediato y circunscrito, no un carácter genérico o
teorético; estuvo exenta de preocupaciones religiosas y providencialistas; careció,
además, de espíritu de apostolado; no cuidó de infiltrarse en la enseñanza de la
juventud. Por todo esto se diferencian Pando y su grupo de Bartolomé Herrera quien,
después de haber sido acallado este debate por el ruido de las armas en los diez años
siguientes; aparece sobre el féretro de Gamarra en su sermón de la Catedral en 1842,
impónese a la juventud de San Carlos, se exhibe desafiante en el sermón del 28 de julio
de 1846, así como en la tribuna parlamentaria y en el periodismo católico. Filosófica,
providencialista, apostólica, clerical, sistematizada en la cátedra y en el pulpito, la
doctrina de Herrera se identifica, sin embargo, con la de Pando y sus amigos por el valor
primordial que da al orden, por la desconfianza ante la obra oratoria de los Congresos,
por el afán de ampliar las funciones del Ejecutivo.
Para los editores de El Conciliador y La Verdad el clamor para que el Ejecutivo observara
la Constitución era injusto porque se quería que sólo el Ejecutivo se sometiese a ella
mientras los otros poderes y clases sociales se emancipaban. En cambio la acción del
Ejecutivo debe ser la más enérgica por ser la más permanente y la más amplia (N.º 1
de La Verdad). Todo parte de su autoridad entre nosotros; pero a él se le exigen
obligaciones mientras los demás sólo reclaman garantías cubriéndose así los
sediciosos (N.º 7). La Constitución de 1828, como todas las constituciones liberales,
habíase excedido en las restricciones. Tanto valdría poner en la silla presidencial un
muñeco de madera como condenar a un hombre al áspero trabajo de gobernar una nación con
tantos impedimentos. El honor de ser presidente se volvía horrendo peso ante los peligros
y tormentos (N.º 27 y siguientes). La autoridad sólo se puede ejercer legalmente cuando
se supone la equidad y la pureza en todos (N.º 6). Queremos que la autoridad tenga
trabas cuando con ellas se puede obrar todo el bien para el cual ha sido erigida
pero jamás inmolaremos a teorías metafísicas, a escrúpulos pueriles ni a recelos
fantásticos la independencia de la nación, la integridad de su territorio ni el decoro
de sus banderas (N.º 9). Para algunos el liberalismo defínese como el prurito
desenfrenado de atacar el poder en todo tiempo (N.º 35). Desde la caída de Napoleón las
teorías políticas han progresado extraordinariamente; pero el arte desgobernar ha
perdido terreno. Las ideas populares fundadas en la justicia y en la naturaleza han
traspasado sus límites naturales y justos y la acción administrativa se ha encontrado
entorpecida por una especie de pudor que le impide chocar con las pasiones de moda (N.º
35). Siempre han amado los hombres la libertad. En el siglo xix los progresos de la razón
han descubierto una doctrina que favorece altamente aquella predisposición: los hombres
que no piensan o piensan mal en lugar de someter aquel amor a la razón han hecho que la
domine y así la libertad es, a sus ojos, el desenfreno de las pasiones y la facultad de
hacer cada uno lo que quiera. De ahí una cáfila de errores: la inferioridad del
Ejecutivo ante el Legislativo, las falsas nociones sobre soberanía, el falso derecho de
deponer a los que mandan. El orden es la primera necesidad de los pueblos; es preciso que
haya orden a toda costa y cuando están en conflicto el orden y la libertad o la libertad
cede o la nación perece (N.º 42). Si en Inglaterra la consolidación del orden data
sólo de un siglo y medio, si en Francia no ha habido gobierno que no se saliera de las
leyes cómo exigir en el Perú un ciego respeto a ellas cuando no hay educación,
principios, hábitos de libertad (N.° 1).
Corolario de estas ideas era la de que la aristocracia no era una institución sino una
necesidad. Históricamente se había basado en diferentes causas la aristocracia: ahora es
la aristocracia del saber (N.º 23). La política, además, es una ciencia difícil aunque
muchos se crean omnisapientes (N.º 37).
Para el Legislativo las palabras de La Verdad eran crueles. La funesta doctrina de la
omnipotencia parlamentaria es la gangrena de las naciones. Su prurito es sobreponerse al
gobierno como si el gobierno no fuera su igual y llevar el principio de la inviolabilidad
al punto de degenerar en infalibilidad; pero, el despotismo no está meramente en uno solo
y de todos los géneros de despotismo después del que ejerce el populacho, el peor es el
que se arroga una asamblea compuesta de elementos tan discordantes como los que se reúnen
en nuestros Congresos (N.º 59). Las legislaturas de aquella época se ocupaban en exceso
de cuestiones particulares. La desorganización del tesoro, la miseria de la agricultura,
el abandono del comercio, el atraso de la educación les preocupaba menos, inclusive al
señor Vigil. Su función más importante, el llamado poder de la bolsa,
tampoco había sido cumplida pues el ministro de Hacienda presentó al Congreso de 1852 el
estado en bosquejo de los ingresos y no hubo diputado que preguntase su inversión,
manifestó el déficit y no fue buscado el arbitrio para llenarlo (N.º 2).
La Verdad entró, además, en una extensa crítica artículo por artículo de la
Constitución de 1828 (N.º 27 y siguientes). Su primer defecto era el exceso de
artículos por haber incluido materias reglamentarias que debieron ser objeto de leyes
orgánicas; aunque otros artículos exigían esas leyes que no se habían dictado. Tenía,
además, defectos de redacción, galicismos, vaguedades, pleonasmos. En resumen, aparte de
innumerables críticas de detalle insistió en el exceso de restricciones al Ejecutivo y
la inutilidad de las Juntas Departamentales, instrumentos fiscales por un lado y asambleas
representativas por otro, a veces con papel de gobernantes, a veces meros cuerpos
científicos. Habían sido tomadas de la Constitución española, la cual las tomó del
régimen imperial francés cuyo objeto en general, y aquí en particular, había sido
antitético al sentido que se les dio aquí pues era multiplicar hasta lo sumo los agentes
del poder. Aludió, igualmente, al Consejo de Estado, organismo tomado de la organización
monárquica aunque los mismos legisladores habían tomado el voto casi universal de la
organización democrática pura y de la Constitución de los Estados Unidos habían
derivado la configuración del Poder Ejecutivo sin considerar que el Presidente de aquel
país no es el único centro de gobierno, como ocurre en el Perú, pues la acción
gubernativa está allá distribuida en los estados federales (N.º 65). El origen
legislativo y las facultades administrativas, fiscales, censoriales y consultivas del
Consejo de Estado reunión de hombres dedicados a contradecir eran
una monstruosidad.
En cuanto a la política del momento tenían desdén y burla ante la insignificancia y la
procacidad de la oposición.
No decían que el gobierno era inatacable ni tampoco halagaban a Gamarra desmedidamente.
Leyes poco premeditadas, inclusive la Constitución, el aislamiento del Ejecutivo, la
condición misma de aquella sociedad habían impedido, según ellos, a aquel gobierno
hacer más de lo poco que había hecho; pero, comparándose con los gobiernos anteriores y
con otros de América, mostrábanse satisfechos. Por lo demás decían que había atendido
a la primera obligación del Estado que era la conservación de la sociedad. Se
horrorizaban por lo que pasaría con el triunfo de los liberales con sus utopías y con
sus rencores que tanto favorecían a la enfermedad americana de las revoluciones.
31. Caracteres generales del gobierno de Gamarra. Resumen de la obra administrativa de
Gamarra
El gobierno de Gamarra resultó creando, aunque fugazmente, una oligarquía militar.
Estableció un hábil mecanismo en los cuerpos de ejército por medio del cual los jefes
controlaban a los oficiales y los oficiales controlaban a los jefes y se controlaban entre
sí. Las jefaturas militares y las prefecturas y comandancias generales de departamentos
fueron confiadas sólo a coroneles y generales adeptos de Gamarra. Los medios para obtener
esta lealtad fueron, entre otros, dejarles con libertad en sus manejos personales,
preferirlos y favorecerlos en el pago de los sueldos y prodigar los ascensos. En lo que a
esto último respecta, Gamarra creó una gran cantidad de generales y coroneles y provocó
la animadversión de algunos militares al Congreso porque éste no quiso favorecer todas
las solicitudes de ascenso por su crecido número.
Al concluir su periodo Gamarra disponía, pues, de un formidable poder. San Román en
Puno, Bujanda en el Cuzco, Raygada en el norte, Frías en Ayacucho donde quedó
establecido merced a la lenidad de Gamarra un despotismo feudal, Zubiaga, Echenique,
Allende, Guillén en Lima mantenían el control del ejército.
Gamarra contaba también con la colaboración de un cenáculo compuesto por Pando, Pardo y
Aliaga, Martínez, La Torre, Mora y otros. Pando, ministro y periodista; Pardo y Aliaga,
periodista, oficinista y diplomático; Martínez, ministro y periodista; La Torre,
diplomático; Mora, periodista. A este grupo estaba incorporado un militar de academia y
de salón: el coronel Vivanco, que era director del Colegio Militar.
Estos intelectuales autoritaristas no habían ungido a Gamarra, aunque algunos de ellos
habían tomado una actitud simpatizante ante él desde su campaña en Bolivia, como
reacción contra el círculo que dominaba a La Mar. Su proceso había sido más bien un
proceso de acercamiento y de adaptación a Gamarra tomándolo como mal menor en aquellas
circunstancias y ante el peligro de un nuevo entronizamiento de los liberales.
Además Gamarra contaba con el apoyo de algunos políticos inclinados al poder como
Camporedondo; y contaba, sobre todo, con el acicate de la voluntad de dominio que imperaba
en su esposa, doña Francisca Zubiaga.
Del apoyo de los extranjeros, que tanta resistencia le suscitó al principio, casi nada
quedaba. Mas bien los extranjeros habían pasado a la oposición. El extranjero más
relevante al servicio de Gamarra era el habilísimo coronel español Escudero.
La obra administrativa de Gamarra, a pesar de las interrupciones y dificultades que tuvo
por las conspiraciones, revoluciones y peligros exteriores, no es desdeñable. En el haber
de la primera administración de Gamarra están la inauguración del muelle del Callao, la
ordenación de la Casa de Moneda, la apertura del puerto de Cerro Azul, la fundación del
colegio militar y de los colegios de ciencias y artes del Cuzco, de San Juan de
Chachapoyas, de ciencias y artes de Huancavelica, del Carmen de Piura, de ciencias de
Chiclayo, el establecimiento del hospital de San Andrés para mujeres en Lima y algunas
medidas de organización en los departamentos. Algunas de sus ordenanzas administrativas
continuaron rigiendo por largo tiempo.
Valor sintomático tiene el hecho de que antes de la reorganización del colegio de San
Carlos, que había caído en decadencia desde la Emancipación, se organizara, aunque
fugazmente, el colegio militar. Una intentona hecha en 1831 por Pando, Mora, Unanue, Pardo
y otros para fundar el Ateneo del Perú, destinado a dar enseñanza de Literatura,
Economía Política, Gramática, Matemáticas y otras disciplinas culturales, no tuvo
éxito pues las suscriciones no alcanzaron el número necesario.
Además de las circunstancias políticas Gamarra estuvo dificultado por la penuria del
erario. El atraso en el pago de los sueldos de los empleados, la escasez de recursos para
los diferentes servicios públicos, fueron constantes.
___________________________________________________________
144 Dancuart, Anales Parlamentarios, tomo i, pp. 243-245.
145 Oviedo, Colección de leyes, tomo xiii, p. 177.
146 La Miscelánea, N.º 402, de 2 de noviembre de 1831, 409 de 9 de
noviembre, 418 de 19 de noviembre, 447 de 24 de diciembre.
147 Iguaín publicó en La Miscelánea de 30 de noviembre, N.º 427, un
anónimo que se le había dirigido expresando que se le iba a matar. Podía ser, según
él, una burla o una intimación; pero si se refería
a algo efectivo, se defendería, arrostraría la muerte y sería vengado. Aludía en este
escrito, una vez más, a la "gran empresa de la total y absoluta emancipación del
Perú". Según él, el 10 de agosto de ese año ya se le había querido asesinar.
148 Carta de Valle Riestra en el folleto El coronel Francisco Valle Riestra
en contestación a las acusaciones que se le hicieron en las notas del papel publicado a
nombre de S. E. el presidente de la República sobre las causas de la prisión del
diputado Iguaín. Arequipa, 1832. Imp. de Francisco Valdés y Hurtado.
149 Cartas publicadas en el manifiesto de Gamarra citado más adelante.
150 Recurso a la Corte por atentados contra el coronel de caballería y
ayudante general de Estado Mayor General don Ramón Castilla. Lima, 1832. Ver también
el manifiesto de Castilla de 1834, citado más adelante.
151 Documentos relativos a la causa seguida contra el diputado J. Félix
Iguaín. Su defensa y la sentencia del Consejo de Estado, Lima, Imp. de Manuel Corral,
1832.
152 Representación de Valle Riestra citada y también Representación que
eleva al soberano Congreso doña Isabel García de la Riestra a nombre de su hijo el
coronel graduado don Francisco Valle Riestra por habérsele comprendido en la
conspiración de que fue absuelto por el Consejo de Estado el diputado D. José Félix
Iguaín, Lima, 1832. Imp. Constitucional de J. Calorio.
153 Manifiesto del coronel Ramón Castilla rebatiendo a los que injustamente
le han atribuido la infausta muerte del ilustre cuzqueño Capitán D. Felipe Rosel
fusilado por Gamarra en la plaza de Lima. Arequipa, 1834.
154 Parte del ministro de Guerra al de Gobierno y RR.EE. en El Conciliador,
N.º 24 de 24 de marzo de 1832.
155 Publicación citada. El Comercio de 22 de septiembre de 1862.
156 En Guayaquil continuó su obra de panfletario. Parece suya una injuriosa Carta
de un particular al General El-es-burro prefecto de Lima. Impresa en Guayaquil, año
de 1832, imp. del Mercurio. Está firmada por Juan Evangelista Montes de Oca, hijo de
Tacna y nieto de Camaná.
157 El Conciliador, N.º 23 de 21 de marzo de 1832.
158 Sentencia, informe y resolución gubernativa en El Conciliador, N.º
30 de 14 de abril de 1832.
159 Observaciones a la ley sobre deportación en El Conciliador, N.º 98
de 1° de diciembre de 1832 y sobre juicios en el N.º 96 de 12 de diciembre de 1832.
160 El texto de este discurso en el folleto A sus conciudadanos, el diputado
Vigil, enero 7 de 1833. También se publicó en El Telégrafo. Insertado en Historia
de Salaverry por M. Bilbao y en Oradores parlamentarios del Perú por Vivero.
161 He aquí cómo juzgó La Verdad a Vigil entonces. El juicio tiene
acaso el valor de ser escrito por Pando quien tiene, también en La Crónica Política,
una semblanza de La Mar y en Mercurio Peruano una semblanza de Vidaurre.
"El señor Vigil no es un mal hombre; sus intenciones no han podido ser perversas ni
torcidas. Conociendo en sí lo que realmente tiene un mérito superior a la inmensa
mayoría de los hombres de su carrera, tuvo la desgracia de colocarse en un círculo en
que este mérito debió sobresalir con exceso, al lado de la inferioridad de los que lo
componían. Inde mali labes. En aquel pequeño foco de pasiones mezquinas, de miras
sórdidas, de intrigas despreciables, el señor Vigil contrajo un defecto de aquellos que
más se arraigan en el corazón del hombre porque se les trasmite por el más eficaz de
los instrumentos, que es el amor propio. Vio las cosas públicas al través de la
adulación que se le prodigaba y las cosas públicas mudaron de aspecto a sus fascinados
ojos. Abierta una vez tan ancha entrada al error ya fue imposible contenerle. De ilusión
en ilusión y de quimera en quimera, el señor Vigil se creyó llamado a salvar la patria
del abismo que se le representaba en el espejo fantasmagórico de la facción y de aquí
esa embriaguez de popularidad, esa jactancia de valor cívico y esa obstinación hostil
con que un hombre estimable ha viciado para siempre una carrera, en que quizá hubiera
podido señalar su nombre de un modo más honorífico y más provechoso al país.
Ha entrado, además, otro elemento a nuestro modo de ver en el giro que ha querido abrazar
y que ha abrazado, en efecto, con tan tenaz ahinco el ex vicepresidente. Este elemento es
el irresistible influjo de una profesión que apoderándose del espíritu, del corazón y
de los actos externos del que se consagra a ella no puede menos de ejercer un constante y
universal predominio en toda su conducta. El señor Vigil es un eclesiástico de los de la
oposición; es decir, pertenece a aquella clase de canonistas que reprueban las
usurpaciones romanas y que, por consiguiente, viven en una lucha perpetua con sus
formidables antagonistas; siempre obligados a rebatir sus sofismas, a contradecir sus
calumnias y a pelear frente a frente con un poder inmenso. Es muy difícil que el
carácter del hombre no se amolde a esta actitud de defensa y ataque, no se impregne de un
espíritu de desconfianza, no sospeche de toda autoridad establecida y no sonría y
simpatice con todo síntoma de resistencia. La imaginación del señor Vigil, alucinada
por unos hábitos antiguos, trasladó espontáneamente a la escena política las ideas que
le son tan familiares en la escena canónica. En la lucha del congreso con el poder
ejecutivo vio la gran cuestión de la superioridad del concilio sobre el papa; los
diputados favorables al orden fueron a sus ojos los discípulos de Ignacio, prontos
siempre a sostener la usurpación; el presidente de la República fue Hildebrando y las
disposiciones administrativas anatematizadas después con el nombre de
infracciones, no le causaron menos horror, ni excitaron su bilis con menos energía que
los falsos decretales de Isidoro Mercator... Lo que más nos confirma esta opinión es el
candor y la buena fe, si no de raciocinio a lo menos de persuasión que reina en todo el
contesto de la memoria recién publicada... La especie de unción mística con que habla
de la situación de su espíritu, de sus escrúpulos y de sus inquietudes son otros tantos
caracteres genuinos e inequívocos de la escuela de Port Royal". (La Verdad, N.º
17 de 28 de enero 1833.)
162 Exposición que presenta a sus conciudadanos el general de división
Blas Cerdeña sobre su prisión y posteriores consecuencias dimanadas de la conducta del
Supremo Gobierno en la capital de la República en 11 de noviembre de 1832. Trujillo,
1833. Imp. del Sol.
163 Manifiesto de 1833, citado.164 Távara, publicación citada, El Comercio
de 12 de septiembre de 1862. Documentos del Congreso y del gobierno en El Conciliador,
N.º 92, de 28 de noviembre de 1832.
164 Távara, publicación citada, El Comercio de 12 de setiembre de 1862.
Documentos del Congreso ydel gobierno en el Conciliador, N° 92, de 28 de noviembre de
1832.
165 El Telégrafo, N.º 334 de 31 de Julio de 1833, La Miscelánea,
N.º 966 de 14 de octubre de 1833.
166 El Conciliador, N.º 24 de 30 de marzo de 1833.
167 Alcance a El Telégrafo de Lima, N.º 229 de 15 de marzo de 1833.168
El 16 de abril, fecha de la deposición de La Fuente. "El juri del Martinete",
alusión a que los juicios de imprenta, muy comunes entonces, se resolvían por jurados a
pesar de lo cual Calorio fue apaleado por un grupo de militares en el Martinete.
168 El 16 de abril, fecha de la deposición de la Fuente."El juri
del Marinete",alusión a que losjuicios de imprenta, muy comunes entonces, se
resolvían por jurados a pesar de lo cual Calorio fue a paleado por un grupo de militares
en el marinete.
169 Representación de doña Juana Pérez de Salaverry para que se cumpla la
ley que sujeta al fuero ordinario las causas por conspiración. Suplemento a El
Telégrafo de Lima, N.º 231.
170 El Conciliador extraordinario de 18 de marzo de 1831, N.º 21.
171 Suplemento a El Telégrafo de Lima, N.º 251.
172 La Verdad, N.º 9 de 5 de enero de 1833.
173 Exposición que hace a los pueblos del Perú el Presidente del Senado
sobre los sucesos escandalosos de su prisión y expatriación por el Ejecutivo en el mes
de Marzo del presente año. Guayaquil, Imp. Vivero, 1833. Ver el suplemento a El
Telégrafo de Lima, N.º 233, representación de doña María del Carmen Palacio de
Tellería.
174 Véase el capítulo I de este volumen.
175 El Conciliador, N.os 58 de 31 de julio, 60 de 6 de agosto, 63 de 15
de agosto, 66 de 22 de agosto, 69, de 29 de agosto. De esta revolución las únicas
versiones que hay son las del gobierno, publicadas en los números citados del órgano
oficial y copiadas por los demás periódicos. No debe olvidarse su origen para darles una
verosimilitud relativa.
176 La Verdad, N.º 60, 12 de julio de 1833.
177 La Verdad, N.º 62, 19 de julio de 1833.
178 Comunicaciones oficiales sobre este movimiento en El Conciliador,
N.º 86 de 23 de octubre de 1833 y N.º 87 de 26 de octubre.
179 El Conciliador, N.º 100, 9 de diciembre de 1833.
180 El Penitente, N.º 71 de 26 de noviembre de 1832.
181 A la Beata, Lima, 1832. Imp. de Manuel Corral.
182 El Convencional, transcrito por El Penitente, N.º 108 de 29
de abril de 1833 y glosado por La Verdad, N.º 16.
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