| CAPÍTULO III
GAMARRA Y SANTA CRUZ HASTA 1829
(Continuación)
11. La Mar y Gamarra en campaña
El presidente La Mar se puso en campaña desde septiembre de 1828. Se apresuró a llamar
al ejército del sur al mando de Gamarra a quien primero sus soldados y luego el Gobierno
habían hecho Gran Mariscal; este ejército era quizá más aguerrido y mejor organizado
que el de La Mar. Gamarra demoró calculadamente su viaje. Al pasar por Arequipa se
sublevó el primer batallón Pichincha (30 de noviembre de 1828) según parece porque su
coronel y comandante, que era apañado por Gamarra quien en esto seguía la
política de granjearse las simpatías de los jefes a toda costa, se robaba el
dinero de la caja para jugarlo y tenía a la tropa hambrienta. Gamarra castigó esta
sublevación, disolviendo a dicho batallón.92
El prefecto del departamento, que era La Fuente, le ofreció un banquete en el cual
brindó descaradamente por Gamarra el único y primer general peruano que puede
hacer la felicidad del país. El 6 de diciembre marchó a Islay, el 9 se hizo a la
vela con 3034 hombres de infantería y caballería. El 15 de diciembre de 1828 llegó
recién a Lima donde se realizaron corridas de toros, funciones teatrales y banquetes en
su honor. En una de las funciones teatrales fue recitado por la actriz, señora Samaniego,
un soneto de Felipe Pardo y Aliaga, recién llegado de España, dedicado a Gamarra:
Tú, huestes de esforzados campeones
Oh Gamarra celoso acaudillaste;
Tú a Bolivia del cetro libertaste
que al cetro sucedió de los Borbones.
Tú de nuevo esplendor los pabellones
de los libres peruanos adornaste
y la senda difícil allanaste
para triunfar de bárbaras legiones.
Mas, término aún no diste a tu carrera;
Aún no has llegado a coronar tu gloria,
De ti el bravo La Mar auxilio espera.
Corre veloz a las boreales playas
y el laurel inmortal de la victoria
lo hallarás en las márgenes del Guayas.93
La guerra se inició favorablemente para
el Perú. Llegaban noticias de pronunciamientos en Colombia contra Bolívar, por obra de
Obando, López y otros. La Mar se apoderó de Loja sin resistencia conservando las
autoridades (19 de diciembre de 1828). Dos compañías al mando de Raulet tomaron Saraguro
aunque replegándose luego (23 de diciembre). La escuadra bombardeó Guayaquil (23 y 24 de
noviembre) pereciendo en la refriega el almirante Guisse que la comandaba. Se apoderó
luego de esa ciudad (1 de febrero 1829).
Gamarra se embarcó el 27 de diciembre a Paita, y las disposiciones de la secretaría de
La Mar para su desembarco en Tumbes y en Sechura revelaron la falta de conocimiento del
terreno, la desorganización, la imprevisión del comando peruano. Desobedeciendo aquellas
disposiciones Gamarra desembarcó en Querecotillo y luego, con alguna demora por la
dificultad para el transporte, se puso su división en marcha hacia Loja. Era estación de
lluvias y las tropas sufrieron mucho también por los pantanos.
El 25 de enero se dio una orden general incorporando al ejército la división del sur y
dejando a Gamarra el ejercicio de las funciones de Gran Mariscal. Esas funciones no
estaban consignadas en las ordenanzas; equivalían a anularlo. Gamarra se quejó mucho y
llegó a afirmar, en contradicción con las comunicaciones, que con su firma aparecían en
los periódicos que la invasión a Colombia era un crimen de ingratitud y más por quien
era hijo de su suelo; dijo también que, salvo Guayaquil, nada valioso había para
conquistar.94 El 29 se dio una orden general nombrándolo general en jefe del
ejército, encargándose al Presidente de la dirección de las operaciones de la guerra.
El ejército peruano no debió ir a la ofensiva. Ella se produjo, sin embargo, sin
cálculo, sin tener reunido el ejército, sin previsión de movilidad, ignorándose los
más de los días la posición del enemigo, sus movimientos, la calidad de sus tropas, su
número, sus jefes y otros datos de importancia. Sin embargo, proposiciones de arreglos
hechas por Sucre fueron rechazadas. Esta campaña se diferenció de la campaña en Bolivia
grandemente: en la de Bolivia hubo unidad en el comando, unión en el ejército,
superioridad numérica, apoyo de algunos sectores de la opinión y de la oficialidad del
enemigo.
Del 2 al 6 de febrero el ejército vivaqueó en Saraguro. Una columna exploradora al mando
del coronel Raulet ocupó brevemente Cuenca (10 de febrero). Pero Sucre, que mandaba a los
colombianos, logró batir a las fuerzas peruanas en el puente de Saraguro donde, se dice,
que se dispersaron o perdieron 1400 hombres con 20 que atacaron, perdiéndose también el
parque. Con un movimiento estratégico Sucre presentó luego batalla al grueso del
ejército de La Mar atacando y flanqueando su vanguardia, que había quedado aislada en el
Portete de Tarqui (27 de febrero de 1829), con resultado favorable para los colombianos
muriendo, entre otros jefes, Raulet.
Entre las sombras quizá fangosas de esta jornada es una luz aislada el episodio
romancesco que, cuéntase, ocurrió entre el jefe colombiano Camacaro y el general peruano
Nieto. Camacaro mandó decirle que ahorrasen la sangré de sus regimientos y que ambos
peleasen con sus lanzas. Nieto, montado en un caballo negro, que luego se hizo famoso,
mató a Camacaro atacando entonces su tropa a los Húsares peruanos quienes la pusieron en
fuga. Al retirarse Nieto y los suyos se encontraron en el camino único que tenían que
pasar, que el ejército vencedor de Sucre ocupaba la ladera. Sucre dio orden de que no
disparasen sobre Húsares. Nieto, que marchaba a su cabeza, se quitó el sombrero
saludándolo.95
La batalla del Portete no fue un desastre para los peruanos que se retiraron sólo
después de la batalla a un llano inmediato al pueblo de Girón esperando el ataque final
que no vino.96 Más bien se iniciaron arreglos y los comisionados peruanos, que
eran Gamarra y Orbegoso, fueron transigentes en vista de que estaban lejos de la frontera,
sin municiones, sin recursos, sin poder reunir los dispersos ni hacer marchas forzadas en
terreno quebrado donde la caballería no podía operar una retirada rápida por tener que
vadear ríos crecidos. Se firmó entonces el convenio de Girón que estipuló la
desocupación de los territorios invadidos, la reducción de tropas del Perú a 3000
hombres, el nombramiento de una comisión para el arreglo de los límites y las deudas, el
respeto recíproco de la independencia y la abstención en los asuntos domésticos de la
otra parte, satisfacciones mutuas por lo de Armero y lo de Villa, el pago con tropa
peruana de los reemplazos colombianos (28 de febrero de 1829).
A raíz de la derrota de Tarqui se acentuó la discordia latente desde la llegada de
Gamarra; primero manifestada en los celos entre la división del norte y la división del
sur y en la rivalidad entre Gamarra y Bermúdez, jefe de Estado Mayor a quien se atribuía
ambiciones para la sucesión de La Mar. En los encuentros con los colombianos
prácticamente quedó disuelta la división del norte viniendo la del sur a constituir el
núcleo del ejército. Muchos enemigos de Gamarra, posteriormente, entre ellos Santa Cruz
y Castilla, afirmaron que había coadyuvado a la derrota en el Portete y aún antes
mediante órdenes infames.
El parte que Sucre había dado de la batalla, humillante para el Perú, las crueldades
cometidas por los colombianos, el enrolamiento de los prisioneros exacerbaron el
descontento del ejército contra el tratado de Girón y contra sus firmantes. Las tropas
de Guayaquil se negaron a cumplir el tratado y el gobierno de Lima lo desconoció con
fecha 2 de abril. Las rivalidades y las ambiciones fueron, sin embargo, más poderosas que
la venganza y el encono patriótico aprovechando de que la reputación de La Mar quedó
mellada con el resultado de la campaña y de que la falencia de la hacienda pública era
grande. La guerra, además, perdió el apoyo en Lima y en el Sur, si alguna vez lo tuvo.
En Guayaquil, en medio de una situación sin gloria, exacerbada por el malsano efecto que
sobre las tropas peruanas causaba el clima (en dos meses murieron alrededor de 400
hombres); apareció redactado por los capitanes Manuel Ignacio Vivanco, Manuel Ros y
comandante Manuel Odriozola un periódico, El Atleta de la Libertad, atribuyendo graves
responsabilidades a Gamarra. En Lima aparecieron también varios papeles infamatorios
entre ellos La Patria en Duelo que redactaba don José Félix Iguaín.
12. El triunvirato
Que Gamarra en Piura, La Fuente en Lima y Santa Cruz primero en el sur y luego en Bolivia
estaban entonces unidos, es un hecho evidente. La Fuente, Santa Cruz y Gamarra deben
ser y son en hecho tres cuerpos con un alma, le decía Gamarra a La Fuente en una
carta que éste publicó más tarde.97 Las cartas entre La Fuente y Santa Cruz
son igualmente reveladoras; Gamarra le decía a Santa Cruz: Ojalá fueras tú el
salvador del Perú, entonces trabajaría con doble acierto. La Fuente, a su vez,
hablaba de los tres generales peruanos que pueden y deben salvar al país. De
consuno había resuelto la federación de los departamentos del sur y la fusión con
Bolivia; la guerra con Colombia impidió este proyecto.98
Los tres eran las figuras militares más prominentes del país. Habían luchado durante
toda la guerra de la Emancipación; se consideraban naturales usufructuarios de la
victoria de Ayacucho. Tenían el orgullo de su predestinación, de su rango, de su
uniforme. La gente de ropaje negro sólo sirve para escribir bellas teorías
imposibles de practicarse, escribía Gamarra en una de aquellas cartas.
Si uno de ellos hubiera sido ungido con la presidencia, no hubiera habido triunvirato sino
binomio desde el principio. Postergados los tres dieron un sorprendente pero fugaz ejemplo
de unión.
13. El triunvirato contra La Mar. Santa Cruz, presidente de Bolivia. Actuación
masónica e indirecta de Santa Cruz
La elección de Santa Cruz como presidente de Bolivia abrió una nueva época en su vida
pues anteriormente se había considerado más peruano que boliviano. Antes de aceptar
pidió el consentimiento paternal de la Comisión Permanente del Perú. Como uno de los
motivos para su aceptación adujo la cooperación que Bolivia podía prestar al Perú si
el gobierno peruano mostraba deseos de obtenerla. Los vínculos que me ligan al
Perú me hacen ver sus intereses como los de Bolivia y si algo me lisonjea en la elección
con que ahora se me ha honrado es verme en estado de llevar a efecto mis más ardientes
anhelos, trabajando igualmente por la causa de ambas repúblicas. El gobierno del
Perú le concedió el permiso para que conservara la ciudadanía del Perú; pero
dejando pendiente esta necesaria y política resolución a la aprobación del
próximo Congreso.99
Una comisión fue a buscarlo a Arequipa donde se había establecido a observar los
acontecimientos. Palabras de sentimiento tuvo al separarse del Perú, país al que se
sentía ligado por la gratitud y por la sangre. Bien he sabido
agregó cuánto debo al Perú y que éste ha sido el campo de mis trabajos y
donde algunos de mis servicios, protegidos por la fortuna, han sido consagrados por la
afección (abril de 1829).100
El 24 de mayo de 1829 prestó juramento como Presidente de Bolivia. El 11 de abril de
1829, pocos días después de la ceremonia en que Santa Cruz aceptó la presidencia de
Bolivia, se inauguró una sociedad masónica con el nombre de Independencia
Peruana.101 En ella figuraba, entre otros, Rufino Macedo, prefecto de
Puno. Fueron en total diez amigos reunidos al O... Titicaca en un lugar sagrado
donde reinan el silencio y la humildad. El gran maestre fundador que era el
Hermano Arístides, Santa Cruz, manifestó el cuadro melancólico en que
se hallaba la nación peruana de resultas de la guerra prematura declarada a Colombia y
cuyos azares la ponían en la cruel alternativa o de suscribir los bochornosos e
impracticables tratados de Girón o de continuar una guerra emprendida sin su voto cuyas
consecuencias todavía serían más funestas. Que en esta lamentable situación y no
pudiéndole ser jamás indiferente la suerte de una nación a quien estaba ligado por
afección y vínculos de sangre, aseguró que, para salvarla del naufragio que la
amenazaba, no encontraba otro arbitrio que fundar sociedades masónicas exclusivamente
encargadas de uniformar los votos de los pueblos por una línea de conducta que sea más
análoga a sus intereses y principios.
Después de que el gran maestre tomó juramento a los hermanos de guardar inviolablemente
el secreto de esta nueva sociedad y cuanto en ella se tratara so pena de que vuestra
garganta sea cortada, vuestro cuerpo despedazado y vuestra memoria borrada como infame
entre los hombres y en particular entre vuestros hermanos, vino un debate sobre la
situación. El gran maestre manifestó que los pueblos de los departamentos de Arequipa y
Cuzco eran hostiles a la guerra y que había recibido cartas en las cuales se le decía
que sólo aguardaban sus instrucciones para ir a la revolución. Otro hermano propuso que
comisiones marcharan a esos departamentos y se pusieran en contacto con las sociedades
afines y se consultara el modo de salvar los tres departamentos del sur
segregándolos de la capital y uniéndolos bajo la protección de Bolivia. Otro
aludió al apoyo que la transformación recibiría seguramente de Gamarra y de La Fuente.
Se acordó, por fin, hacer la transformación y que los senadores y diputados marchasen al
Congreso y si éste no seguía sus propósitos se considerase roto el pacto social
uniéndose estos tres departamentos a la República de Bolivia poniéndose bajo la
protección de su gobierno, debiendo marchar las comisiones a los departamentos de
Arequipa y Cuzco. Fue así como en mayo de 1829 se firmó, en Puno, un acta pidiéndole al
Congreso que eligiera a Santa Cruz Presidente del Perú.
El gobierno de Lima había nombrado prefecto del Cuzco a don Pío Tristán; y bajo el
pretexto de que había sido un servidor leal del régimen español, inclusive con el
título de Virrey del Perú después de Ayacucho, la Municipalidad y la opinión pública
tuvieron entonces ocasión para exteriorizar su oposicionismo. Pero, fue bajo el pretexto
de la desgraciada guerra con Colombia que la Municipalidad depuso al prefecto interino
León nombrando al coronel José A. Bujanda (12 de junio 1829) implorando de Santa Cruz, a
quien Bujanda llama en sus comunicaciones oficiales Gran Mariscal del Perú,
la protección ofrecida. Al hacer este movimiento no podían tener noticia
oficial de lo ocurrido en Lima. Don Martín Gabino Concha y don Pascual del Castillo
fueron comisionados ante Santa Cruz. Uno de los acuerdos del acta del Cuzco habla de la
necesidad de abolir la contribución de castas; y otro dice textualmente:
Originándose los azares del Perú por el más pérfido de los hombres y el más
pésimo de los demagogos, el D.D. Francisco Luna Pizarro como lo decantan el clamor
general de la República y la multitud de periódicos, el departamento del Cuzco pide sea
juzgado y castigado con arreglo a las leyes. Otro artículo de este documento pide
que Cuzco sea la capital del Perú (16 de junio).102 El prefecto de Puno,
Rufino Macedo, uno de los miembros de la logia, declaró públicamente que se iba a
adherir al cambiamiento del Cuzco cuando llegó la noticia de lo ocurrido en Lima.103
14. El triunvirato contra La Mar. Cuartelazo de La Fuente en Lima
La Fuente había llegado en mayo a Lima sin manifestar apuro para reforzar el ejército
que había sido vencido en el norte. Se instaló en el cuartel de la Magdalena. Apenas
llegó se enteró de los trabajos sediciosos que hacían los amigos de Gamarra, de la
inminente deposición de La Mar en Piura, del malestar originado por cierta inercia
administrativa y por la falta de recursos, del abandono en que se encontraban los ramos de
policía urbana y de seguridad pública en Lima pues los ladrones llegaban a realizar
fechorías no sólo en las calles sino también en las casas asaltándolas en plena
tertulia; y en los templos. Recibió instancias reiteradas para que realizara la
revolución; pero, no se decidió a hacerla hasta que el vicepresidente Salazar y
Baquíjano le exigió que se embarcara con su división al norte.
El 4 de junio los jefes de ejército, que tenían sus cuarteles en la Magdalena, le
dirigieron una representación diciéndole que se hiciera cargo del poder. A la campaña
contra Bolivia la llamaban más de alta política que de invasión o
conquista, añadiendo que correspondió a los deseos del héroe que la
dirigió. La guerra con Colombia, en cambio, era cálculo militar errado
inspirado por intereses particulares. Aludían también a la apatía del gobierno, a
su falta de opinión y de recursos, a su obstinado empeño de continuar la guerra
sosteniendo Guayaquil. En pleno día La Fuente vino a Lima con una cabalgata entrando en
Palacio, y nadie hubiera imaginado que salvaba a la patria; Salazar y
Baquíjano no hizo renuncia del mando entonces como se dijo oficialmente; se dirigió a la
Comisión Permanente comunicándole lo ocurrido y manifestando que sólo podía realizar
dicha renuncia ante la Representación Nacional. Al día siguiente hubo una reunión
pública en la Municipalidad en donde a nombre de la patria moribunda se
acordó invitar a La Fuente a que se invistiera del poder y procurara apartar a los
pueblos de la guerra (6 de junio). La Fuente tomó el nombre de Jefe Supremo hasta que se
reuniera la Representación Nacional.104
15. El triunvirato contra La Mar. El cuartelazo de Gamarra en Piura
Lo ocurrido en Piura fue una coincidencia significativa. Dos días después, a las 10 de
la noche del 6 de junio de 1829, se reunieron en alojamiento de Gamarra los principales
jefes militares y salieron a la plaza dirigiéndose a los cuarteles. El general Cerdeña,
que entró al cuartel donde estaban Pichincha y Zepita cuando ya la guardia y una
compañía estaba sobre las armas, mandó alistar al resto de la tropa y separó un
piquete que se dirigió al alojamiento del Presidente. Pocos pasos antes de llegar se le
mandó hacer alto y Cerdeña dijo al teniente coronel Lira: Ud. acompañado
del comandante San Román llevará esta carta a S. E. ¿Y qué
contiene?, cuenta Lira que le respondió, pues había sido llamado sin noticiársele
para qué.105 En ella le dice el general en jefe que haga su renuncia
porque no se puede sufrir más, que sus caprichos de llevar adelante la guerra con
Colombia en odio particular al Libertador arruinen al Perú, Ud. lo verá y le hablará
para persuadirlo que no le queda más partido que tomar. Lira, ante una razón de
fuerza mayor, cuenta que no tuvo más partido que tomar que obedecer aunque bien pudo, si
tan tiernos eran sus sentimientos para la víctima de Gamarra, excusarse de tan oprobiosa
comisión afrontando cualquier eventualidad. Entró Lira al aposento del Presidente. Era
cerca de las 12 de la noche. El Presidente dormía. Un ruido involuntario del visitante lo
despertó preguntando ¿quién es?, con una voz que Lira llama angelical.
Después de una breve conversación convino en renunciar y escribió su nota; pero quiso
dársela personalmente a Gamarra. San Román, que había presenciado semioculto la escena,
llevó el encargo; pero Gamarra no quiso ir; Aún soy Presidente de la República y
se me desprecia así? Pues no, dijo La Mar y rompió su renuncia. Pidió entonces
ser desterrado y que le dieran caballos.
Mi querido general y amigo comienza la carta de Gamarra es llegado el
momento preciso de hablar a usted la última verdad. Afirma enseguida que amenaza
venir la esclavitud, que hay clamores generales contra su gobierno, que intrigas y papeles
incendiarios han salido de su palacio. Un nimio recelo de perder amistades que
jamás le han hecho honor ha sido quizá el miserable motivo de que se haya resuelto Ud. a
proteger a los que han puesto al Perú al borde del abismo en que lo miramos. Ha hecho Ud.
propósito firme de procurarse un buen nombre a todo trance y este sistema ha desplomado
la máquina política y entregado la suerte de los pueblos al capricho de una facción...
Miles de hombres gimen bajo el despotismo de Luna Pizarro que, semejante al hijo de
Temís-tocles, se ha hecho el regulador de nuestros destinos y el patriarca de esas
nocturnas sesiones donde se juzga todo, dispone en jefe, ordena y manda. Le
manifiesta enseguida que los departamentos del Sur, que el Perú todo está conmovido y
descontento. Le recuerda también que todas las indicaciones que él Gamarra
le ha hecho han sido recibidas con la añeja prevención que ha trascendido ya al resto
del ejército. Manifiesta el temor de que la anarquía provoque el retorno de la
dominación española. Cita el artículo 85 de la Constitución según el cual el
Presidente debe ser peruano de nacimiento. Termina pidiéndole su renuncia.106
En la madrugada del 9 fue embarcado La Mar con el general Bermúdez, jefe de Estado Mayor
del ejército, con rumbo a Guayaquil; de allí a San José de Costa Rica. La Mar dejó una
carta a Necochea que mandaba en Guayaquil para que se pusiera a órdenes de Gamarra; hizo
esto para evitar la anarquía y por el temor de Bolívar. Antes de embarcarse abrazó al
teniente coronel Lira que lo escoltó: Hago de cuenta, dijo, que abrazo a todos mis
buenos peruanos de quienes me separan violentamente como de la tierra que había elegido
para mi sepulcro. El comandante Javier Estrada, amigo y protegido de La Mar, que
había luchado en el Portete a su lado hasta caer herido, quiso acompañarlo en su
destierro; pero llegó a Paita cuando ya había partido la goleta Mercedes que
lo alejaba del Perú para que sólo regresara después de muerto. Entonces pidió estar al
lado de Salaverry, que era comandante general de la frontera con Colombia, porque La Mar
había preferido a este jefe como a pocos.
La Mar llegó el 24 de junio a Punta Arenas, Costa Rica, de donde pasó a la capital de
aquella República, San José. Si don Francisco Távara no se hubiera ocupado de embarcar
algunos víveres habría tenido que comer las raciones de los marineros durante el viaje.
Se ocupó, ante todo, de elevar al Congreso peruano una representación refiriendo los
atropellos de que había sido víctima y pidiendo que se instaurase el juicio
correspondiente para esclarecer quién era el reo de lesa patria. El mal estado de su
salud, el clima, las tribulaciones morales lo fueron minando. Murió el 11 de octubre de
1830.
Fue La Mar hombre serio pero sencillo y afable. Poco amigo del boato inauguró su gobierno
desembarcando en Chancay y entrando clandestinamente en Lima para evitar las
manifestaciones populares; y lo concluyó cuando los enviados para deponerlo penetraron
sin dificultad en su casa, y aun en su alcoba. Tenía una brillante foja de servicios que
se iniciaba con las campañas hechas en España contra la invasión napoleónica y con el
grado de Mariscal de Campo que obtuvo en el ejército español; y que incluía la batalla
de Ayacucho en cuyo comando tuvo intervención eficaz. Pero, íntimamente, La Mar no era
soldadesco. Por eso, reiteradamente, los liberales que manejaba Luna Pizarro lo ungieron
llevándolo al poder. Él lo aceptó con repugnancia; quizá fue el único militar en el
Perú que no recibió la banda presidencial con la sensualidad satisfecha de recibir el
último, el más preciado de los entorchados. Él fue el único que pudo decir, al jurar
la Constitución de 1828, sin que pudiera llamársele hipócrita o inconsciente: No
levantará su voz ciudadano alguno para acusar al gobierno de haber violado la seguridad
de su persona y de sus bienes, ni de haber puesto a la preciosa facultad de expresar su
pensamiento otra restricción que la designada en la ley... A la hora que le plazca a la
Nación hacerme descender del alto puesto que ocupo con repugnancia, colmará el voto de
mi corazón. Hernando de Soto, el conquistador caballeresco, podría haber sido su
hermano mayor.
Pero era La Mar, al mismo tiempo, según le dijo alguna vez Bolívar, el más tenaz y el
más tímido de los hombres, capaz de todo lo grande y de todo lo bello y, a la vez,
incapaz de quererlo hacer. Sus virtudes personales resultaban, en la convulsa vida
pública de entonces, defectos y deficiencias. Así como por su sencillez de vida pudieron
sus enemigos capturarlo; por su afabilidad lo habían dominado sus consejeros y por su
tolerancia habían germinado a su lado ambiciones rivales. Era una ventaja tenerlo como
contendor o enemigo.
Las circunstancias del momento lo lanzaron a una guerra discutible y, en vez de recoger en
ella laureles que hubieran señalado para el Perú un nuevo trazo en sus linderos y una
más permanente tranquilidad, obtuvo el estigma de la derrota y el desencanto de ir en un
barquichuelo a morir en una tierra extraña. Pero, al lado de las turbulencias y de los
pecados que luego tuvieron su morada en el Perú, al lado de las arterías de Gamarra y de
Santa Cruz, de los arrebatos de Salaverry, la figura de La Mar se engrandeció. Puede
censurársele que no fuera un certero cazador del éxito; pero su gloria es la gloria un
poco pálida, sin apasionados ni detractores, que sugiere el respeto y acaso la
veneración y también a veces algo de piedad.
Con fecha 11 de junio escribía Gamarra a La Fuente en nota oficial: Habiéndose
desengañado el ejército de que no se cumplían los designios de la nación en la
reciente campaña sino que, por el contrario, se tendían por todas partes criminales
redes para hacerlo fracasar al frente del enemigo y que la intriga del Palacio se había
apurado hasta el extremo de formar dos partidos pronunciados que estaban a punto de
acuchillarse entre compañeros llamados por su instituto a unión y obediencia y viendo,
por otra parte, que toda esta artería era reducida a anular la división del Sud a la que
se había constituido en el último grado de abatimiento titulándola servil: ha tenido
que conformarse con la renuncia que ha hecho de la presidencia el señor G.M.D. José de
La Mar.107
En una nota fechada el día anterior, dirigida al vicepresidente Salazar, Gamarra
enumeraba las causas con que cohonestaba su actitud: la demora en la reunión del
Congreso; la formación de un partido con el fin de atacar la unidad de las fuerzas, de lo
que era un exponente El Atleta de la Libertad que había hecho renunciar a algunos jefes,
salvando otros su responsabilidad ante una posible insubordinación, sin que el Presidente
nada hiciera al respecto la falta de pago pues se debía cinco y seis meses de sueldo
efectivo al ejército; la autodesignación de la división de Guayaquil con el nombre de
ejército, del general Necochea como general en jefe, del coronel Prieto como
jefe de Estado Mayor General, todo ello con un prurito de independencia respecto del
cuartel de Piura y de él, Gamarra, general en jefe; el avance de los colombianos a la
frontera sin que se aceptaran indicaciones para que se dictasen providencias enérgicas y
fuertes; el cruel deseo demostrado de derramar sangre americana.108 Y la
proclama que publicó con motivo de todos estos hechos concluía con una frase alusiva no
sólo a La Mar sino, quizá, a su amigo de la víspera, Santa Cruz: No más
extranjeros, no más.
No más extranjeros, no más, dijo Gamarra. Pero, este nacionalismo exacerbado
estaba acompañado por una tendencia pacifista ante el problema internacional, aunque el
motín de Piura no condenó la guerra como la condenaron los de Lima y el sur. Fue así
cómo firmó el armisticio de Piura, que estableció la suspensión de hostilidades, y la
devolución de Guayaquil a Colombia (10 de julio 1828); y más tarde envió al
plenipotenciario don José Larrea que firmó el tratado Larrea-Gual (Guayaquil, 22 de
septiembre de 1829).
Los motines de junio de 1829 señalan la entronización de los motines militares que
infestan la historia de nuestra primera República. Y su antecedente no está en el motín
de Balconcillo, en 1823, que encarna la intervención del ejército contra el utopismo
parlamentarista, ni en el motín del 26 de enero de 1827 contra el régimen vitalicio,
hecho sin beneficio para los militares, contra un régimen acusado de tiránico. Los
motines de 1829 tienen la intención personalista del de 1823 y la fundamentación
nacionalista del de 1827. Implican, además, la madurez de este fruto de nuestra realidad
político-social pues aquí se produce ya la intervención directa del caudillo que se
beneficia con el cambiamiento.
16. La segunda derrota política de Santa Cruz en el Perú. Santa Cruz,
extranjero y conspirador
Emergido en el ejército y en la política peruana después de la Emancipación, Santa
Cruz pasa, después de su actuación en el Consejo de Gobierno, por un proceso de
desplazamiento hacia Bolivia que, para su desgracia, coincide con la acentuación del
sentido nacionalista en ambos Estados. El primer paso en aquel proceso fue la elección
presidencial, en 1827. El segundo, la prisión de amigos suyos en Arequipa en agosto de
1829 bajo el pretexto de conspiración. Fue ésta la primera vez que reaccionó
públicamente el sentimiento peruano para acusar a Santa Cruz de extranjero.
Fueron incluidos en esta persecución el general Aparicio, el prefecto Reyes, el coronel
Escobedo, el deán Córdoba, el chantre Rivero y otros a causa de hablillas por sus
concomitancias con Santa Cruz, reveladas por la propaganda verbal que por él hacían. Se
reunió el 8 de agosto de 1829, un grupo de jefes entre los que estaban Amat y León,
director de Arequipa Libre; el teniente coronel Ramón Castilla y otros; todos deseosos de
salir de su mala situación personal y de ganar prestigio y fuerza ante el gobierno.
Alegaron que Aparicio se había negado a entregar la base del batallón Reserva y de que
se iban a mandar fusiles a Puno, donde imperaba el prefecto santacrucino Rufino Macedo, y
decidieron apresar a los santacrucinos mencionados; realizado este golpe de mano el 9,
mandaron a los presos esa misma noche a Lima. Amat y León, Castilla y sus compañeros
lograron incautar parte de la correspondencia entre Santa Cruz y sus amigos, que fue
descifrada por el entonces alumno del Colegio de la Independencia Manuel Toribio Ureta.
En las cartas, que fueron interceptadas y que los jefes antisantacrucinos publicaron,
Santa Cruz instaba a sus amigos de Arequipa para que trabajaran como otros lo hacían en
el Cuzco y Puno afirmando que él estaba dispuesto a pasar el Desaguadero cuando le dieran
la señal. Parece que en aquellos instantes pugnaban en él dos proyectos: la fusión
entre el Perú y Bolivia o, lo que le era más grato, crear un nuevo Estado cuyos límites
llegaran al Apurímac o al Pampas. Ya a La Fuente le había escrito en una carta, que por
cierto no figura en este epistolario, que Perú y Bolivia debían reunirse y que los
comunes amigos debían formar el manojo de flechas que aconsejaba el rey de los
escitas a sus hijos.109 Y parece, al mismo tiempo, que esperaba más bien
que su influencia hiciera depender a Lima de él, lo que estaba de acuerdo con sus
incitaciones para que Gamarra y La Fuente fueran halagados con los primeros puestos en lo
que quedara del Perú.
La segregación del sur... Tres años antes, sin embargo, instalado en el solio
presidencial del palacio de Lima, Santa Cruz la había combatido con horror.
Aliados ocultos de La Fuente, por lo menos meses antes, los presos fueron bien recibidos
en Lima; La Fuente, que gobernaba entonces porque aún no había regresado Gamarra del
norte, censuró a Amat y León y sus compañeros que hubieran atropellado la moral y
disciplina que recomienda la ordenanza. Santa Cruz amenazó al coronel Estrada, otro de
los autores del golpe, si se movía sobre Puno. Santa Cruz se jactaba de la amistad de La
Fuente en una de las comunicaciones interceptadas dirigida al deán Córdoba: Entre
las pruebas de la buena comportación de La Fuente son haber nombrado los ministros
indicados por mí, haberse rodeado de mis amigos y haber en todo procedido según mis
indicaciones, según me lo dice en todas sus cartas, menos en no haber fusilado a Luna en
lo que ha obrado muy a medias (15 de julio).110
Los documentos y la sumaria correspondiente fueron enviados a Lima; ya estaba Gamarra
allí y entonces oficialmente, del Ministerio de Guerra, los apresadores recibieron las
gracias.
El congreso, a quien pasaron los autos con sus comprobantes, relegó al olvido estos
sucesos. Macedo había proseguido en sus comunicaciones con Santa Cruz entrando también
en negociaciones con él para ropa del ejército boliviano. Todo ello indujo a algunos
puneños a deponerlo nombrando en su lugar a D. Domingo Infantas (19 de agosto). Macedo
fugó a La Paz, aunque regresó a Puno más tarde.
Santa Cruz realizó también un acto sintomático: aproximó al Desaguadero un fuerte
contingente de tropas e interpuso al mismo tiempo su mediación entre el gobierno del
Perú y los que estaban acusados del plan de separación de los departamentos del Sur.
17. Gamarra ante Santa Cruz después de su encumbramiento. Disolución del
triunvirato.
El binomio Gamarra-La Fuente
Gamarra una vez en el poder no quiso compartirlo con Santa Cruz. Reveladora sobre sus
ideas ante Bolivia es su carta a Macedo,111 a raíz de estos últimos sucesos:
Señor coronel Macedo. Lima Agosto 27 de 1829. Mi querido amigo, las apreciables de
U. fueron recibidas en el camino y aunque llegaron los sucesos de Puno bajo de un aspecto
alarmante, di cuarentena a todo porque me era imposible creer las cosas bajo el aspecto
que se presentaban. A la verdad ¿quién es capaz de imaginar ni creer que un peruano sea
capaz de pensar en desmembrar el territorio peruano? ¿Quién es capaz de creer que el
general Santa Cruz entre en esos manejos? Lo único que creo es que U ha procedido con
alguna ligereza y que algunos locos han comprometido el nombre sagrado del presidente de
Bolivia: que en los pasos que dieron UU. para reconocer el nuevo Gobierno y en las
instrucciones de los diputados han obrado con ligereza y con sobreposición a sus
facultades; todo lo demás queda despreciado y aún olvidado porque es imposible que haya
peruano que quiera la degradación de su patria y el envilecimiento de sus hijos. El
general Santa Cruz sabe que nadie más que yo se interesa en la fusión con Bolivia, que
quiero que él aparezca como un peruano de nacimiento y que siempre trabajaré por él con
preferencia a mi persona; pero por el camino de la decencia y por aquel que proporcionan
los trámites internacionales separados, de manejos ocultos y de arterías. Nadie me hará
salir de este paso.
Racionalmente se entenderán Bolivia y el Perú, y formaremos del todo la nación peruana
no la boliviana. Los bolivianos se presentan con la escarapela blanca y encarnada y los
peruanos jamás podrían presentarse sin infamia con una escarapela dada a los alto
peruanos por una dominación extranjera. El Perú nunca ha sido de Bolivia. Bolivia
siempre ha sido del Perú. El Perú no necesita de nadie para existir y Bolivia no; jamás
podrá salir de la clase de pupila del Perú: su independencia y libertad son dadas por
esta nación generosa y por el esfuerzo de sus hijos respiran esos miserables pueblos bajo
la sombra de un jefe de Bolivia y por consiguiente son mandados más bien por un padre y
hermano que por una autoridad. Sin el Perú, Bolivia estaría respetando y aún adorando a
los negros de Colombia que trasladaron desde el Orinoco sus galpones guineos para
manejarlos como a unos degradados colonos. Éstos son los bienes que el Perú ha llevado a
Bolivia y sería una degradación y una infamia que el último pescador del Desaguadero
buscase incorporación en aquella pequeña y miserable patria. Sería lo mismo que querer
que la Francia se refundiese en cualquiera de los Estados Italianos; sería querer meter
una cartuchera en un cañón de fusil sólo porque el que manda manda. Marchemos con
juicio: el decoro nacional es lo mismo que el honor personal o como la mujer propia: todo
se puede dar o se puede perder menos el honor ni la mujer. Si por falta de experiencia ha
dado U. algún paso ligero, contramarche U. no se meta en camisa de once varas.
Continúa con una serie de consejos; enseguida dice: Acabaré esta carta diciéndole
que para el general Santa Cruz formaré altares y le prepararé inciensos cuando se
presente como peruano; como boliviano le querré y le respetaré sin salir de lo que
prescriben nuestras leyes. En una palabra, Santa Cruz será para mí siempre el jefe del
Perú si se presenta en medio de nosotros incorporándonos Bolivia, de otra manera
nunca.
Con fecha 31 de agosto de 1829 Gamarra fue elegido por el Congreso Presidente de la
República y La Fuente vicepresidente. Recién entonces hizo renuncia de la
vicepresidencia Salazar y Baquíjano. También hizo renuncia de sus derechos eventuales
sobre la Presidencia, Reyes, el Presidente del Senado. El Congreso admitió ambas
renuncias, sin mencionar la de La Mar que había sido aludida por los documentos
revolucionarios de Piura, pero que no llegó a producirse; convocó a los colegios
electorales para que antes de la clausura de la legislatura procedieran a hacer elecciones
de Presidente y Vicepresidente y procedió a elegir Presidente y Vicepresidente
provisorio. Gamarra obtuvo 55 votos para Presidente provisorio, Bermúdez 2, La Fuente 3,
Orbegoso 1 y el Presidente del Senado Reyes, 1. Para Vicepresidente La Fuente tuvo 89
votos, 4 D. Juan Francisco Reyes, 6. D. Nicolás Araníbar y otros dispersos. Las
elecciones populares se verificaron enseguida; desde el 20 de diciembre de 1829 la
investidura de ambos tuvo ya el sello de la constitucionalidad. Como era natural, las
elecciones populares se produjeron sin lucha. Apenas si los amigos de Riva-Agüero se
esforzaron por conseguir siquiera la Vicepresidencia.
Santa Cruz, pospuesto ante La Mar en 1827, pospuesto en los pronunciamientos contra La Mar
en 1829, quedaba, con estos solemnes formulismos electoral-parlamentarios, alejado
definitivamente del poder en el Perú e impedido para cisionar los departamentos del Sur.
Era acuerdo íntimo entre Gamarra y La Fuente que éste sería el presidente luego.
¿Mañana, concluido el periodo constitucional, no ha de entrar U. mi lugar?,
decía Gamarra a La Fuente aún en vísperas de su ruptura.112 Pero, encerrado
en el altiplano Santa Cruz no por ello se resignó. Ya en 1829, en algunas de las cartas
que le sorprendieron Castilla y sus amigos, había dicho que Bolivia sería para América
del Sur lo que Macedonia había sido para Grecia.
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92 Los documentos en El Sol del Cuzco, N.º 207, tomo iv, de 13 de
diciembre de 1828. Ver Lira, manifiesto citado.
93 Mercurio Peruano, N.º 404 de 17 de diciembre de 1828.
94 Esto y lo anterior en el manifiesto de Lira citado.
95 Valdivia, Revoluciones de Arequipa, p. 59.
96 Ricardo Rossell, "La Campaña de 1828", en Revista Histórica,
tomo ii, pp. 200 y ss.
97 Piura, junio 2 de 1829. En el anexo al Manifiesto de La Fuente en
1831. Otras cartas citadas por Vargas, tomo iv, pp. 265-259.
98 Paz Soldán, Historia del Perú Independiente, 1835-1839, p. 14;
Vargas, Historia del Perú Independiente, tomo iv, p. 62.
99 Archivo de RR. EE. del Perú. Citado por García Salazar en Historia
Diplomática, p. 74.
100 "El general Andrés Santa Cruz", documentos históricos
recopilados por O. de Santa Cruz, p. 438.
101 El acta de la sociedad fue publicada en un folleto titulado Los cinco
primeros capítulos del manifiesto de Santa Cruz de 24 de Octubre de 1840. Se dice que
esta acta es de puño y letra del coronel Magariños quien rompió el secreto masónico.
La citan Arguedas: Los caudillos letrados, pp. 260 y siguientes; e Iturricha, op.
cit., p. 774 y ss.
102 En El Sol del Cuzco, N.º 236 de 27 de agosto de 1829.
103 Esto resulta de las comunicaciones oficiales insertas en El Sol del
Cuzco. Vargas dice que cuando Macedo supo el pronunciamiento del Cuzco congregó una
asamblea que proclamó presidente a Santa Cruz y vice a Gamarra; y que veinte días
después llegó la noticia de lo ocurrido en Lima; Macedo pidió entonces instrucciones a
Santa Cruz quien le ordenó que reconociera a La Fuente. Lampa se limitó a mandar un
propio a Santa Cruz poniéndose bajo su proclamación (Vargas, op. cit., tomo v,
pp. 101 y 102).
104 La proclama de La Fuente en Mercurio Peruano, N.º 539 de 9 de junio
de 1829. Los demás documentos en el N.º 542 de 12 de junio. Ver también la
"Historia de los partidos" de Távara en El Comercio de 1862 y la carta
de La Fuente explicando su conducta en 1829, publicada en El Comercio de 20 de
agosto de 1862. La Fuente niega sus concomitancias con Santa Cruz comprobadas por algunas
cartas que él mismo incluyó en su manifiesto de 1831. La nota de Salazar y Baquíjano
está reproducida en El Genio del Rímac, N.º 265 de 12 de noviembre de 1834. El
viajero alemán Eduardo Poeppig ha narrado en su libro Reise in Chile, Perú und auf
der Amazonerstrohme (Leipzig, 1836, tomo ii, p. 21) la revolución de La Fuente, de la
que fue testigo presencial.
105 Lira, manifiesto citado.
106 Mercurio Peruano, N.º 562, 8 de julio de 1829. Ver Representación
del General La Mar al Soberano Congreso del Perú, San José de Costa Rica, 6 de
septiembre de 1829.
107 Mercurio Peruano, N.º 551, 23 de junio de 1829.
108 Mercurio Peruano, N.º 557, 2 de julio de 1829.
109 Vargas, tomo 5, p. 95.
110 Manifiesto que dan al público los jefes que apresaron en Arequipa el 9
de agosto de 1829 al general de brigada don Manuel Martínez de Aparicio, al coronel
prefecto Juan Francisco Reyes y a otros individuos que atentaban contra la integridad de
la República Peruana. Imp. Libre.
111 Iturricha, p. 790 y ss. Publicado originariamente en OLeary, Memorias,
tomo x.
112 Lo referente a la elección de Presidente y Vice provisorios, en el acta de
la sesión de Congreso de 31 de agosto de 1829, en El Genio del Rímac, N.º 41 de
20 de diciembre de 1833. La carta de Gamarra, de Cuzco, marzo 12 de 1831. Publicada en el
manifiesto de La Fuente de ese año.
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