| CAPÍTULO 19
TRASTORNOS DE ADAPTACIÓN
Alberto PERALES Francisco RIVERA Oscar VALDIVIA
CONCEPTO La vida implica inevitables circunstancias que la mayoría de seres humanos aprenden a manejar adaptando sus respuestas bio-psico-sociales para superarlas. Tal resultado no ocurre en el trastorno de adaptación, cuya característica es la respuesta no adaptativa a situaciones de estrés, con desarrollo de síntomas psíquicos y conductuales ante un estresor identificado y cuya acción se produce dentro de los 3 meses previos. Luego de producido el trastorno evoluciona generalmente en pocas semanas, nunca más de seis meses, aunque puede tener un curso más prolongado si el estresor resulta crónico y persistente. Se distingue de la reacción normal ante el estrés porque sus componentes emocionales y conductuales resultan de mayor intensidad o son más incapacitantes que lo esperado.
ESTRÉS, ACTIVACIÓN Y DESAJUSTE Todo estímulo, situación o acontecimiento que impacte en el individuo y lo obligue a esfuerzos de ajuste adaptativo constituye un estresor; por ejemplo, el cambio a una nueva escuela, la mudanza a otra ciudad, un cambio laboral, una agresión tal como un asalto, una pérdida como la muerte de un ser querido. El estresor puede afectar tanto a individuos como a grupos. El impacto y la respuesta global personal, biológica y conductual ante el estresor, constituyen el estrés. Este implica dos elementos fundamentales: a) por un lado una toma de conciencia de la demanda o amenaza impuesta; y, b) una activación de la vigilia (arousal) la cual se expresa, al menos inicialmente, como una mejora del rendimiento. Sin embargo, de mantenerse o incrementarse el estrés, tarde o temprano se produce una disminución o alteración de la respuesta. El momento crítico en el cual la curva de rendimiento disminuye varía de persona a persona y también en el mismo sujeto de acuerdo a su circunstancia vital. Hecho importante en ello es el grado de capacidad que la persona, subjetiva u objetivamente, se asigna autoevaluativamente para superar tal situación.
EPIDEMIOLOGÍA Se desconoce en nuestro medio tasas de prevalencia a nivel de población general, aunque es probable que éstas sean más altas en aquellas económicamente desfavorecidas. Internacionalmente se ha informado de una prevalencia del 5-20% en población asistida (hospitales y clínicas). En el Perú, en el Hospital Hermilio Valdizán un centro especializado de atención, los porcentajes fueron: 2,8 y 3,9% en 1995 y 1996, respectivamente. Las prevalencias aumentan en situaciones de desastre (Ver capítulo 32).
ETIOLOGÍA Es probable que el porcentaje de población afectada dependa de la época y el lugar en que vive el sujeto, y de la influencia producida por las macrovariables sociales, económicas, políticas, culturales y ecológicas en general. Entre los factores que intervienen en la dinámica patogénica consideramos los estresores, la persona y el entorno social.
1. LOS ESTRESORES Holmes y Rahe elaboraron la escala de evaluación de mayor difusión en torno al tema. Por otra parte, en el DSM-III-R ya se utiliza una escala de severidad de estresores psicosociales (v. cuadros 1 y 2), que deben ser codificados en el eje IV de su sistema diagnóstico multiaxial. Cuadro Nº 1 SEVERIDAD DE ESTRESORES PSICOSOCIALES (DSM IV) ESCALA PARA ADULTOS (Con ejemplos de estresores)
Cuadro Nº 2 SEVERIDAD DE ESTRESORES PSICOSOCIALES (DSM IV) ESCALA PARA NIÑOS Y ADOLESCENTES (Con ejemplos de estresores)
Sin dejar de reconocer la importancia de los desastres naturales, es de fundamental importancia aceptar que los estresores generados por la humanidad misma propician más frecuentemente el T.A. en muchos individuos. El señalamiento de la especie humana como generadora de conflicto ha sido múltiple. Veamos algunos de ellos: Morris ha denominado a las grandes urbes industrializadas no con el apelativo de jungla (que implicaría naturalidad), sino con el de zoos humanos; Miller alude al factor estresógeno de la civilización occidental cuando habla de Pesadilla de aire acondicionado; Freud teorizó sobre el malestar en la cultura; y, los ecologistas han acuñado el vocablo Tecnósfera, resaltando, así, el reemplazo parcial del medio ambiente natural por un conjunto de estresores de manufactura humana.
2. LA PERSONA Para que el T.A. se desarrolle, se requiere alguna insuficiencia de la personalidad. Presentamos algunas hipótesis que son de utilidad para el trabajo diagnóstico, terapéutico y preventivo. 2.1. Si observamos las respuestas normales de adaptación ante el estrés (tristeza ante las pérdidas, miedo ante las situaciones de peligro, cólera o indignación ante la usurpación de algo propio, por ejemplo) apreciaremos, sin dificultad, que cuando de TA se trata, la intensidad y calidad de la respuesta son diferentes a las culturalmente esperadas. Se observa, por ejemplo, reacciones de irritabilidad y retraimiento, en instantes que bien pudieron ser expresados por tristeza y solicitud de apoyo afectivo. El individuo proclive a un TA estaría inhibido de expresar una respuesta adaptativa, ya sea por autolimitación o por condicionamientos inhibitorios. 2.2. Lázarus ha identificado que hay dos grandes esquemas de afronte (coping) ante los estresores. Uno de ellos dirigido a la resolución del problema, previo acopio de información con dicho fin; el otro, la inmersión en la emoción y la búsqueda de apoyo emocional. En los T.A. suele no practicarse el primer afrontamiento sino el segundo y, a veces, ninguno de ellos. Lázarus ha señalado además, con toda propiedad, que el impacto del estrés no depende exclusivamente de la amenaza real que representa el estresor, sino de la valoración subjetiva (cognición) que el individuo adjudica a tal amenaza. J King y colaboradores han señalado, que el impacto del estresor aumenta cuando el sujeto percibe o evalúa que él no será capaz de hacerle frente. 2.3. Se considera que otra característica personal implicada en el T.A. es la coexistencia de contradicciones subjetivas internas, que interfieren con la solución del problema, como cuando se considera un deber el no expresar llanto o pedir apoyo a pesar de ser consciente que ello es indispensable; o creer que por atravesar una situación de sufrimiento, sea por enfermedad grave de un familiar o por su muerte, no se debe acceder a situaciones de alegría o de placer.
3. EL ENTORNO SOCIAL Puede constituir un factor de protección (como lo serían un contexto social de respeto o una familia bien estructurada) o cumplir un rol estresor. Contar con el apoyo social otorgado por otra persona disminuye el nivel de tensión. Un grupo familiar integrado resulta toda una barrera protectora. La influencia de la red parental queda demostrada, por ejemplo, en el estudio de Chess y Tomas: en casos de niños diagnosticados de trastornos de conducta entre los cuales el 89% fue calificado de padecer de TA, hallaron una relación directa entre conflictos conyugales de los padres de infantes de 3 años de edad y su dificultad de adaptación ulterior en la vida adulta.
CUADRO CLÍNICO De acuerdo a los criterios diagnósticos del DSM-IV los síntomas deben emerger en los primeros tres meses subsiguientes a la situación estresora y durar menos de seis meses una vez que el impacto de aquel ha cesado. El trastorno suele cursar con síntomas de angustia y depresión a los cuales se suman, algunas veces, emociones no adaptativas como la irritabilidad o sentimientos de desesperanza, así como conductas impulsivas por conflicto interpersonal. Casi siempre se observa una disminución del rendimiento laboral o académico. No es infrecuente que en adolescentes el síntoma ostensible sea una conducta que quiebre las normas socialmente aceptadas.
TIPOS CLÍNICOS Los tipos clínicos, según la DSM-IV, adquieren sus nombres de acuerdo al síntoma predominante. Son los siguientes:
El DSM IV recomienda especificar si el trastorno es agudo, con duración menor a 6 meses, o crónico. La especificación crónica se aplica cuando la duración de la alteración es superior a 6 meses en respuesta a un estresor crónico o de consecuencias permanentes.
ASPECTOS BIOLÓGICOS El estrés afecta al sistema inmunológico, lo cual juega un rol importante en procesos infecciosos, alergias y cáncer. Zakowski, Hall y Baum, y Cohen, Tyrell y Smith comprobaron que el estrés se asociaba a un incremento del 20% en la posibilidad de desarrollar el resfrío común. Esto hace considerar, como lógica asociación, que la segunda forma de comorbilidad sea las enfermedades crónicas.
DIAGNÓSTICO De acuerdo a lo expuesto el diagnóstico se hace en base a: 1) Los síntomas y, 2) el antecedente de un acontecimiento biográfico, o la presencia de un cambio vital significativo con características de estresor ocurrido en un lapso previo no mayor de tres meses al inicio del cuadro. El estresor puede ser masivo en caso de desastres naturales.
DIAGNÓSTICO DIFERENCIAL El diagnóstico diferencial cabe hacerlo con las otras respuestas ante situaciones de estrés (ver fig. 1), además con la distimia y el trastorno de ansiedad generalizada que duran más de seis meses. El trastorno de estrés post-traumático y la reacción de estrés agudo cursan con la re-experiencia del hecho traumático (flashback), lo que no sucede en el T.A. Hay que tener en cuenta que el T.A. debe ser precedido por un estresor o por un conjunto de ellos.
PRONÓSTICO En general, el pronóstico es variable, pues estudios de seguimiento a largo plazo demuestran que las personas afectadas pueden o no desarrollar patología mental diversa. Así, Hoenk, halló que en un grupo adolescente con T.A. el 44%, luego de 5 años de seguimiento, desarrolló otra patología psíquica, tal como: esquizofrenia, depresión mayor, personalidad antisocial y abuso de drogas. Consecuentemente el TA no debe ser considerado un cuadro obligadamente benigno y los seguimientos a largo plazo tienen alto valor preventivo de nuevas patologías. La importancia de mantener contacto con el terapeuta debe ser enfatizada al paciente y familiares.
TRATAMIENTO El tratamiento comprende:
1. Uso de psicofármacos Si los síntomas son perturbadores se puede utilizar una dosis pequeña de ansiolíticos, por ejemplo 10 ó 20 mg de diacepán o 0,5 mg de alprazolam b.i.d. por día. Si el insomnio es acentuado, 1-2 mg de flunitrazepán pueden ser convenientes. A veces se requiere el uso de antidepresivos. Si ésto último fuera indispensable, se puede usar 20 mg de fluoxetina al día. La medicación debe suspenderse gradualmente una vez que los síntomas que motivaron su indicación cedan.
2. Psicoterapia Suele ser el tratamiento de elección. Implica el diseño de un programa de entrevistas sucesivas que pueden ser de 8 a 12 a lo largo de algunas semanas. La técnica de psicoterapia de apoyo, descrita en el Capítulo 20, es útil. Los objetivos son los siguientes: a) Alivio directo en los síntomas utilizando la abreación y el diálogo terapéutico cuando la angustia no es abrumadora. Las técnicas de relajación pueden ser útiles. b) Adiestramiento y soporte en el afronte del problema o el manejo de la crisis, buscando reestructuración cognoscitiva y corrigiendo las distorsiones interpretativas de la situación. c) Reestructuración y reforzamiento del sistema de soporte social. Se debe facilitar nuevos elementos de apoyo, entre los que destaca la proporcionada por una positiva relación emocional médico-paciente. d) Identificación de los factores de personalidad que favorecieron la continuidad de la patología, buscando su manejo asociado al aprendizaje y la asimilación positiva de la experiencia. e) Mantenimiento de contactos posteriores de seguimiento evaluativo para prevenir desarrollo de nuevas patologías.
PREVENCIÓN Es factible diseñar seminarios informativos sobre manejo de crisis. La población general debería tener información sobre las formas y técnicas de afronte de situaciones de estrés. Algunas creencias desadaptativas, como el que un hombre no debe ser sensible o no debe expresar su tristeza, que una mujer no debe defender sus derechos, u otros, pueden ser cuestionadas en programas de Prevención de Atención Primaria de Salud Mental. Un sector importante de la población tiene la fantasía que la felicidad es un régimen de vida sin angustias, tristezas y sin grandes preocupaciones. Esas creencias erradas pueden facilitar un mal afronte a situaciones adversas. La felicidad no es un premio ni un castigo, es un momento de la vida, y la vida siempre es una secuencia de etapas de estabilidad (orden) con etapas de inestabilidad (o incertidumbre). Las etapas de inestabilidad pueden ser puntos de apoyo para realizar cambios que intenten mejorar el nivel anterior de la existencia cuando son bien asimiladas. Otra acción indispensable resulta ser el establecimiento y fortalecimiento de las redes sociales de soporte. Es fundamental favorecer los programas de integración familiar y vecinal, así como la intensificación de los vínculos comunitarios.
LECTURAS RECOMENDADAS 1. DAVIDSON y NEALE: Abnormal psychology. New York, Whiley & Sons, 1996. 2. KREITLER, S. y KREITLER, H. "Trauma and Anxiety. The Cognitive Approach". In: J. of Traumatic Stress. No. 1, 1988: 35-56. 3. ALVARADO , C.: Función del Soporte Social en el Desorden de Adaptación. Tesis de Segunda Especialización en Psiquiatría, Lima, Universidad Peruana Cayetano Heredia, 1985. 4. VALDIVIA, O. Migración interna a la metrópoli. Contraste cultural. Conflicto y desadaptación. Universidad Nacional Mayor de San Marcos. 1970. 5. SEGUÍN, C.A.: "El Síndrome psicosomático de desadaptación". En: Anales de Salud Mental, VI (1 y 2); 1990: 135-143. CAPÍTULO 19: PRUEBA DE CONOCIMIENTOS TRASTORNOS DE ADAPTACIÓN
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