CÁNCER DE OREJA Y CONDUCTO AUDITIVO (C.O. Y C.A.)
 


Anatómicamente, la oreja y el conducto auditivo constituyen un órgano que tiene como función la audición y el equilibrio; constituido en su parte externa por la oreja, que capta las ondas sonoras, se continúa con el conducto auditivo, que se divide en tres compartimentos, externo, medio e interno.

El primero, llamado también oído externo, tiene como función conducir las vibraciones captadas por la oreja y se extiende desde la base del trago hasta el tímpano. La segunda porción, u oído medio, está constituida por la cavidad timpánica, en la que desemboca la Trompa de Eustaquio, que lo comunica con la faringe y también lo hace con el antro mastoideo.

Su vecindad a órganos importantes, como la fosa media craneal, el nervio facial, las celdas mastoideas, la arteria carótida interna y la vena yugular, permiten que las lesiones originadas en ella invadan rápidamente dichas zonas.

En este compartimento se encuentran los huesecillos, llamados martillo, yunque y estribo, que tienen como función transmitir las ondas sonoras captadas por la membrana timpánica hacia la perilinfa del oído interno.

El tercero lo constituye el oído interno, donde se encuentran el caracol y la perilinfa, que desempeña funciones no sólo de transmisión del sonido, sino también del equilibrio.

La oreja está constituida por fibrocartílago, ligamentos y músculos rudimentarios, cubierto todo por piel delgada con muy escaso tejido subcutáneo, excepto en el lóbulo. El conducto auditivo externo está constituido parcialmente por fibrocartílago en su parte externa y la piel que lo cubre, así como al resto del conducto. En la parte interna, carente de cartílago, la piel se adhiere al periosteo y, en su parte cartilaginosa, al pericondrio.

El desarrollo, comportamiento, evolución y capacidad metastasiante de las lesiones malignas localizadas en la oreja o conducto auditivo externo, siguen los mismos parámetros que esas lesiones lo hacen en otras partes del cuerpo humano.

Las estadísticas son discrepantes respecto al predominio de uno u otro tipo de neoplasia maligna en la oreja.

El carcinoma epidermoide predomina en las zonas expuestas directamente al medio externo como helix, antehelix y trago, mientras que el baso celular lo hace mayoritariamente en la región retro auricular (23-38-83).

El conducto auditivo externo desarrolla tumores usualmente epidermoides, muy raramente adeno carcinomas. Se le atribuye etiología subsecuente a infecciones crónicas de larga evolución con secreción purulenta, aunque no existe sustento científico (83).

La neoplasia tiende a localizarse en dicha zona por largo tiempo, debido a que el componente cartilaginoso y óseo detienen su expansión.

Finalmente la invasión se produce incluyendo el tímpano y comprometiendo al oído medio.

La cirugía es el medio electivo de tratamiento. La extensión de ella dependerá del compromiso de la neoplasia; resección total del mastoides, resección parcial o total del hueso temporal, son operaciones indicadas; la radioterapia complementaria y la quimioterapia, son elementos coadyuvantes.

El pronóstico de sobrevida es malo, alcanzando apenas el 25%  

 
TUMORES EN EL OIDO MEDIO (T.O.M.)

Neoplasias de esta parte anatómica son raras; pueden desarrollar tumores benignos, como adenomas, y malignos, siendo éstos los más frecuentes, predominando el epidermoide y, en algunos casos, sarcomas.

El diagnóstico de estas lesiones casi siempre es tardío, pues la sintomatología de otorreas crónicas semeja la de una otitis media supurada y como tal se trata; otorragia, dolor, pérdida de audición, compromiso del facial y vértigo, son claros indicios de tumor maligno, que indican la necesidad de biopsia confirmatoria (83).

El examen indispensable es la Tomografía Axial o Resonancia Magnética, que nos dará, con cierta precisión, localización, extensión de la enfermedad y compromiso de órganos importantes vecinos.

Los tumores benignos generalmente se mantienen en el sitio de origen, sin invadir o destruir tejido que lo encierra, mientras que las lesiones malignas destruyen e invaden rápidamente elementos vitales, como la duramadre y masa encefálica.

Es interesante remarcar que, histológicamente, los adenomas son semejantes a los adenocarcinomas y sólo su comportamiento agresivo los diferencia (57).

Raramente se pueden presentar tumores de origen neuroendocrino, cuyo diagnóstico es difícil y sólo el auxilio de la electromicroscopía e inmunología pueden diagnosticarlo (148). Plasmocitoma es otro tumor raro que también ha sido descrito en esta localización (117).

También han sido estudiados tumores metastásicos de algunos órganos alejados, como el cardias gástrico, esófago y tumores mesenquimales, como rabdomiosarcoma, leicomiosarcoma y sinovioma (20).

Prassad (116), en un estudio hecho en 1994, de su propia casuística y revisión de la literatura de tumores del hueso temporal, encuentra 96 publicaciones, de las cuales 26 tenían información adecuada de 144 pacientes; concluye que neoplasias malignas del conducto auditivo externo son más frecuentes y su pronóstico es mejor que las originados en el oído medio o que han invadido dicha parte anatómica.

Waldemar (164), en 1995, presenta una adecuada casuística de 37 pacientes tratados entre los años 1983 y 1993, encontrando 24 pacientes con cáncer del oído medio y 13 del conducto auditivo externo, sin predominio del sexo y con edad promedio de 67 años; la variedad epidermoide fue del 84%. El pronóstico de sobrevida fue de 89% para los pacientes con cáncer del conducto auditivo externo y 39% para los tumores del conducto auditivo medio.

Es interesante hacer notar la posibilidad de tumores sincrónicos del oído medio, como nos hace saber Murray et.al. (94).

Como en toda lesión maligna, el diagnóstico precoz es la mejor forma de obtener resultados mejores de sobrevida. Lamentablemente, ésta casi nunca es posible por lo expuesto previamente. Lo usual es que el paciente llegue al especialista después de una larga secuencia de tratamiento como infección crónica.

La cirugía, con los avances obtenidos, es la mejor alternativa que estos pacientes pueden tener.

La resección parcial o total del hueso temporal, con los riesgos y complicaciones que ello conlleva, seguida de Radioterapia y Quimioterapia, es el tratamiento que mejores posibilidades de sobrevida puede ofrecer dentro del pronóstico sombrío que tienen. Creemos que la Radioterapia sola no ofrece expectativas favorables, aunque Han nos ofrece, en su modesta casuística, un buen resultado (59).

El compromiso de la duramadre y su resección, acompañándose de segmentos de masa cerebral comprometida, no tiene al presente estudios que indiquen mejoría de sobrevida.

Operaciones como resección lateral del hueso temporal, mastoidectomía radical, no superan los resultados de resección total del hueso temporal cuando hay compromiso del oído medio.




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