Capítulo XXII: La Facultad de Medicina de San Fernando

 

El 9 de setiembre de 1856 abría sus puertas oficialmente la Facultad de Medicina de San Fernando reintegrada al seno de San Marcos gracias a la reforma de la educación que dispuso el gran Ramón Castilla y en virtud del Reglamento para la Facultad de Medicina de la Universidad de Lima, primera carta orgánica del estudio universitario de la Medicina en el Perú. Su primer decano, el Dr. Cayetano Heredia, nombre de gloriosa memoria, venía ya dirigiendo el Colegio de la Independencia y el Protomedicato de manera que fue un acto de justicia darle el gobierno de la facultad naciente.

El primer currículum de estudios se pone en vigencia en base a la propuesta de Cayetano Heredia, dictaminada y ligeramente modificada por la comisión que formaron los beneméritos Miguel E. de los Ríos, Camilo Segura y Julián Sandoval. La facultad comienza a otorgar títulos de Médico y grados de bachiller en Medicina desde su fundación, siendo la creación del doctorado obra de una disposición que data de 1875. El internado en los hospitales, para el último año de la carrera y en acuerdo con la Beneficencia Pública de Lima, se efectúa desde los primeros años de la fundación de la facultad, en el Hospital de San Andrés para hombres y en el de Santa Ana para mujeres. Cuando se abre el Hospital Dos de Mayo en 1875 se inicia el internado en ese hospital, dejando el de San Andrés ya desafectad. Como dato curioso según apunta el recordado Alzamora Castro en su libro Mi Hospital la primera huelga de internos se produce al año de inaugurado el hospital, en 1876.

Comienza así la larga carrera en pro de la educación médica que efectúa San Fernando. Comienzan a desfilar por sus aulas y a servir en los hospitales lo más graneado que tuvo la medicina peruana. Ya en 1858 se presentan tesis de bachiller siendo una de ellas la de Tomás Salazar sobre la verruga andícola; en 1861 la de Armando Vélez, futuro decano de la facultad, sobre la anatomía patológica de las verrugas, y la de Urbano Carbonera, esposo de la distinguida educadora Mercedes Cabello de Carbonera, sobre el tétano. Como dato curioso esta tesis fue revisada exhaustivamente por el entonces alumno nuestro Hugo Lumbreras Cruz en el trabajo bibliográfico que le dimos en 1950. Como se sabe, con el correr de los años Hugo Lumbreras llegó a ser un gran tropicalista y director del Instituto de Medicina Tropical «Alexander Von Humboldt» hasta su prematura muerte. Luego Félix Minaya en 1875 diserta en su tesis sobre la Uta del Perú o Lupus; y siguen presentándose trabajos de primer orden, y sigue San Fernando brindando al país médicos excelentemente preparados y con gran mística de su profesión. En esos años su local se encontraba en la plazuela de Santa Ana, ahora Plaza Italia, aledaña a los hospitales de San Andrés y de Santa Ana, así como al de San Bartolomé que después de haber sido para negros ahora era para militares. Dentro de Santa Ana funcionaba también la Casa de Maternidad. ¡Qué gran visión la de nuestros gloriosos predecesores en la educación médica en materia de disposición de locales para la enseñanza!

En 1879, con ocasión del conflicto bélico, los estudiantes de San Fernando, codo a codo con sus maestros, se ponen a disposición de la patria en peligro, se suspenden las clases para los últimos años y los alumnos marchan a incorporarse en el Ejército del Sur regando con su sangre los campos de Arica, Alto de la Alianza en Tacna y Tarapacá. Ahí han quedado grabados los nombres de Marini, Meza, Angulo, Montes y cuantos más.

Los alumnos de los primeros años quedan en la defensa de Lima y aquí se bate en la batalla de Miraflores un alumno de 2º año, que años después se inmortalizaría con su heroico sacrificio. Su nombre: Daniel Alcides Carrión.

Termina la guerra, las clases se reanudan pero a raíz de diferendos con el gobierno de Miguel Iglesias, quien quiso imponer autoridades a la facultad, los profesores, encabezados por su decano don Manuel Odriozola, renuncian en masa con el apoyo del alumnado. Esto sucede en 1884 y entre los alumnos firmantes que se adhieren a sus maestros figura nuevamente el joven del 5º año Daniel A. Carrión.

Lo acompañan en la firmas todo lo más selecto del grupo estudiantil de San Fernando.

Viene luego el año 1885 y allí se consagra para siempre el nombre del ínclito fernandino Daniel A. Carrión, a quien mencionamos nuevamente y cuyo sacrificio ha sido citado exhaustivamente. Continúan saliendo de San Fernando trabajos de tesis de bachiller o doctorales que contribuyen al estudio de la realidad peruana, como los de tuberculosis, verruga, paludismo, fiebre amarilla, viruela, higiene pública, obstetricia, cirugía general y de especialidades como la oftalmología, con el gran Aurelio Alarco, o de pediatría, con el no menos grande Francisco Almenara Butler o Enrique León García, su sucesor, o Ricardo Pazos Varela en urología. Vienen los progresos en la cirugía con Guillermo Gastañeta, en la bacteriología con David Matto hermano de la escritora célebre Clorinda Matto de Turner; en las enfermedades infecciosas y tropicales con Barton, Hercelles, Arce y Rebagliati.

En la Clínica Médica, ahora se diría Medicina Interna, los progresos continúan con Odriozola, González Olaechea, Voto Bernales, Bernales; en la psiquiatría con Valdizán, investigador de nuestro pasado médico y continuador de la obra del gran José Casimiro Ulloa, primer secretario de la facultad y reformador de la asistencia psiquiátrica en el Perú. En Higiene, futura Medicina Preventiva y Salud Pública con Paz Soldán, Ribeyro, Rebagliati, Portal. Hay que señalar además, que antes de la creación de la Dirección General de Salubridad, San Fernando primero solo y luego con la Academia Nacional de Medicina, fue el órgano consultivo del gobierno en asuntos de salud. Y lo siguió siendo aún muchos años después de la creación de aquella dirección. De paso diremos aquí que a partir de ese año (1903) San Fernando se traslada a su local actual en la entonces flamante y limpia Alameda Grau (hoy avenida Grau).

Y así transcurren los años, los lustros y la centuria del siglo XX próximo a terminarse, y San Fernando continuó, lo hace todavía y lo hará por los siglos por venir, su obra de ayuda a la población peruana. Las últimas décadas nos dan los nombres de otros ilustres fernandinos: Alzamora, Aldana, Weiss, etc. Los Paladines de la reforma del 61: Pesce, Castillo, Castro M., Cornejo U. Carrasco, Cuba, Colichón, los dos Zegarra (Puppi y Reyna), Lanfranco. Es decir, la lista es interminable y si estas líneas son el homenaje al Alma Mater, solamente han querido reflejar en pálida semblanza el valor, la importancia y la dignidad de los hombres que nos precedieron y que se dieron íntegros para el bienestar del Perú en una casa de estudios imperecedera.

Pero San Fernando no se ha quedado estático viviendo en el recuerdo de su pasado glorioso. En la actualidad se encuentra en plena renovación, adaptando sus currícula de estudios a la realidad nacional y a las necesidades perentorias en salud y formando al nuevo médico con gran conciencia epidemiológica y siendo gestor y parte preponderante en el Programa Nacional de Integración Docencia-Atención de Salud, que abre nuevos rumbos a la enseñanza y a la cobertura de salud.

Cuenta para ello con la acción decidida de su grupo profesoral y de los alumnos así como con la participación del equipo de salud que forma en sus escuelas de Medicina, Enfermería, Obstetricia, Nutrición y Tecnología Médica.

Así, San Fernando seguirá siendo el faro y guía de la enseñanza médica en el Perú.

¡Loor a San Fernando!

 

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