Capítulo XX: La Lepra en la Biblia

 

Es conocida la antigüedad de la enfermedad de Hansen en el mundo. Desde las más remotas épocas se ha hablado de ella, ya sea en la Biblia, en los relatos de las Cruzadas o de las expediciones en la Edad Media y luego en la época Moderna y del Renacimiento.

La intención de este capítulo, al efectuar una minuciosa revisión de la Biblia, es hacer notar una vez más que no todo lo que se señaló como «lepra» en los escritos del Antiguo y Nuevo Testamento fue o tuvo que ver algo con la enfermedad de Hansen tal como la conocemos en la actualidad. Hemos revisado cada uno de los libros, deteniéndonos más atentamente en aquellos en los que se señala la palabra lepra o se hace mención a ella y a la verdad no podríamos afirmar con certidumbre si aquello de lo que se habla o menciona corresponde a lepra. Confirmaría entonces la opinión ya emitida por distinguidos investigadores de la enfermedad que en aquellas remotas épocas se llamaba o calificaba como «lepra» a cualquier manifestación dermatológica, quizás sarnas, piodermitis y hasta vitiligo, como veremos después. Hemos notado que en ninguno de los casos señalados se hace mención a uno de los síntomas y signos mayores de la Hanseniasis como es la anestesia o en el mejor de los casos a la presencia de nódulos, tubérculos o retracciones tendinosas, mano en garra, etc. Casi todos los casos señalados son de llagas o úlceras difusas, manchas blancas en el cuerpo pero que se asocian con cabellos también despigmentados lo cual da una evidencia clara que se estaba hablando de vitiligo.

Hecho este breve exordio procedemos con orden en la revisión de los textos bíblicos.

 

Antiguo Testamento

El Levítico.- Es el que nos da más precisiones o donde se menciona más la lepra. Hay un capítulo entero a tratar sobre la enfermedad: «Y habló el Señor a Moisés y Aaron diciendo...»; y en el texto que hemos consultado hay hasta 59 instrucciones sobre la enfermedad entre las que se anota: «el hombre en cuya piel apareciera color extraño o postema o especie de mancha reluciente...». Nótase que no se menciona la anestesia síntoma fundamental que hubiera sido detectado por tan magníficos observadores, y se agrega: «el cual si viere lepra en la piel con el vello mudado en color blanco», síntoma importante del vitiligo. Y así sucesivamente siguen las indicaciones del Señor para que el presunto enfermo sea puesto a disposición del Sacerdote quien lo examinará y controlará, diríamos ahora, dos veces cada siete días para observar la evolución, y si las manchas persisten con el carácter de «hundidas o deprimidas» el individuo será declarado leproso y sometido al régimen draconiano destinado a «los inmundos».

Por otro lado, en las mismas instrucciones se hace saber que «el hombre o la mujer en cuyo cutis aparecen manchas blancas y si esto tiende a oscurecerse sepa que no es lepra sino ciertas manchas de color blanquecino y que la persona está limpia». Lo cual nos hace ver que si bien se hacía diagnósticos erróneos de lepra, también se tenía cuidado de establecer cierto grado de «diagnóstico diferencial».

No pretendemos ser exhaustivos en este comentario sobre las instrucciones sobre la Hanseniasis que dio el Señor a Moisés y Aaron para que tengan cuidado de despistar la enfermedad en el pueblo judío y mencionemos ahora las 57 indicaciones que da el Señor, en relación a la «Purificación de la lepra». «Habló el Señor a Moisés diciendo: éste es un rito para la purificación del leproso: será llevado al Sacerdote» y siguen las indicaciones sobre el sacrificio de pájaros vivos, las condiciones de la casa en que habitó el enfermo y detalles minuciosos que sería largo el mencionarlos pero que terminan con estas palabras: «esta es la ley acerca de toda especie de lepra y de llaga que degenera en lepra».

En Números.- Aquí notamos que más bien la lepra la considera el Señor como un castigo sin dar mayores detalles en relación a la sintomatología, pues María, mujer de Aaron, es castigada por haber hablado mal de Moisés que se había casado con una mujer de tez oscura que era la Etiopisa. En esas condiciones María se vio cubierta de «lepra blanca como la nieve y fue echada del pueblo durante siete días» y sanó gracias a la intercesión de Moisés.

En los Reyes.- En el libro IV se menciona que Eliseo, heredero del profeta Elías curó a Naaman Siro que era general de los ejércitos de Siria y un hombre de gran consideración, y también curó a Gizei el criado infiel que había cometido impostura. En este libro nuevamente se vuelve a mencionar la enfermedad como castigo.

En Crónicas 26.- Se menciona la lepra en la siguiente forma: «Uzias u Ozias, descendiente de Salomón, tuvo ira contra los Sacerdotes y le brotó la lepra en su frente y al mirarlo el sumo Sacerdote vio la lepra en su frente y así el rey Uzias fue leproso hasta su muerte, lo sepultaron con sus padres en el campo de los sepulcros reales pero fuera de ellos porque dijeron: 'leproso es'».

En el Libro de Job.- Se lo sindica como leproso. Aquí se dice: «Satanás hirió a Job con úlcera horrible que iba de los pies a la cabeza». No se menciona algo más orientador sobre la enfermedad de Hansen.

 

Nuevo Testamento

Aquí disminuyen enormemente las menciones sobre la lepra, pero siempre sin señalar síntomas capitales de la enfermedad. Más bien es mencionada como milagros efectuados por Jesucristo en el curso de sus años de peregrinaje y de prédica.

Evangelio de San Mateo.- Aquí se menciona uno de ellos: «Habiendo bajado Jesús del monte le fue siguiendo una gran muchedumbre de gentes y en esto viniendo a el un leproso lo adoraba diciendo: "Señor si tu quieres puedes limpiarme", y Jesús extendiendo la mano le dijo: "Quiero, queda limpio", y al instante quedó curado de su lepra».

Evangelio de San Marcos.- Es el mismo caso del anterior. Pues se describe que cuando Jesús predicaba en Galilea vino un leproso a pedirle favor «e hincándose de rodillas le dijo: "Si tú quieres puedes curarme". Jesús dijo "quiero" y al instante desapareció su lepra».

Evangelio de San Lucas.- Este evangelista no conoció a Jesús. Vivió después de él. Da sin embargo abundantes noticias sobre la lepra.

 

Él menciona por ejemplo la parábola del rico Epulón en cuya mesa o cerca de ella había un mendigo llamado Lázaro que era leproso y que comía las migajas que caían al suelo. Cuando ambos murieron el rico fue al infierno y el pobre al cielo al lado del Señor. De aquí nació el error de llamar a la enfermedad «Mal de San Lázaro», pues por la misma época se realiza el milagro de la resurrección de Lázaro, el hermano de Marta y María y que posteriormente fue santo, mas no leproso. Error histórico que ha perpetuado como tantos otros.

En este Evangelio de San Lucas también se menciona a diez leprosos encontrados por Jesús caminando por tierras de Samaria y Galilea y a quienes también curó.

Evangelio de San Juan.- En este evangelio está relatada también la resurrección de Lázaro y están consignadas las famosas frases «Yo soy la resurrección y la vida, el que cree en mí aunque muera vivirá».

 

Conclusiones:

1.- Si bien la lepra es mencionada frecuentemente en los libros del Antiguo Testamento, no hay evidencia precisa que todas las enfermedades de la piel ahí mencionadas hayan corres-pondido a dicha enfermedad. Esto no niega desde luego la antigüedad de la dolencia.

2. En el Antiguo Testamento la enfermedad llamada «lepra» fue considerada más bien como castigo del Señor, pero son loables las medidas dadas para su control tanto en el enfermo como en su ambiente*.

3.- En el Nuevo Testamento la lepra fue más bien utilizada para justificar los milagros de Jesús, quien curó a numerosos enfermos del mal conocido con ese nombre.

4.- Se ratifica el concepto ya conocido que el nombre «Mal de San Lázaro» fue mal aplicado pues San Lázaro, hermano de Marta y María, no fue leproso. El posible leproso fue el mendigo que comía las migajas del rico Epulón y era contemporáneo probablemente de San Lázaro.

 

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