Capítulo VI: El primer Tisiólogo del Perú Dr. Aníbal Corvetto Bisagno

 

El creador de la Escuela Tisiológica Peruana, profesor Aníbal Corvetto, nació en Lima, en los Barrios Altos, el 25 de julio de 1876. Fue el mayor de los cinco hijos del matrimonio italiano que conformaban Don Agustín Corvetto Rosasco y Doña Carmela Bisagno Dellepiani, ambos naturales de Génova.

Aníbal Corvetto hizo sus estudios primarios en el Colegio Italiano, y los secundarios en el Colegio Nacional Nuestra Señora de Guadalupe. Antes de ingresar a la Universidad Nacional Mayor de San Marcos quiso seguir la carrera de Jurisprudencia, pero convencido por su padre optó por la Medicina.

En 1895 fue alumno de ciencias y en 1896 ingresó a San Fernando, a lado de una pléyade de jóvenes, que más tarde figuraron brillantemente en la Medicina Peruana. Citamos al azar entre ellos a Juan Voto Bernales, Francisco Graña, Felipe Merkel, Juan Cipriani, Belisario Sosa Artola, Juan Chávez Velando, Luis Felipe Arce, Enrique Portal, Juan Manuel Ramírez, Carlos Granda, Ricardo Saettone, Aurelio de la Fuente, etc.

Corvetto hizo su externado, que era obligatorio, en el Hospital de Santa Ana, servicio del Dr. Corpancho, al lado de César Sánchez Aizcorbe, que era el interno. Su internado lo efectuó en el Hospital 2 de Mayo, nosocomio que no habría de dejar hasta su muerte. Trabajó ahí, en la sala de San Pedro, servicio del Dr. Manuel Velásquez.

Corvetto se ayudaba económicamente en sus estudios dando clases de ciencias en el conocido Colegio de Barrós y en octubre de 1902 presentó su tesis de bachiller en Medicina a la Facultad, bajo el decanato de don Armando Vélez. Su jurado estuvo compuesto por los ilustres profesores Ernesto Odriozola, Francisco Almenara Butler y Aníbal Fernández Dávila, y versó sobre el Citodiagnóstico de las Pleuresías.

Se recibió de médico en 1903, y fue nombrado poco después Médico Asistente del Hospital 2 de Mayo y luego, en 1908, Médico Jefe de la sala de Santa Rosa, que estaba destinada a enfermos tuberculosos y que era de reciente creación.

En 1912, el profesor Corvetto contrajo matrimonio con Doña Lucciola Vargas Ugarte, dama limeña, perteneciente a antiguas y distinguidas familias españolas afincadas en el Perú desde los años de la conquista. La señora Lucciola Vargas Ugarte era hija mayor del insigne historiador don Manuel Nemesio Vargas Valdiviezo, quien hizo la primera Historia del Perú Independiente.

A partir de 1913, con ocasión del V Congreso Latinoame-ricano de Ciencias Médicas, Corvetto inició una serie ininterrumpida de publicaciones que no cesaron sino hasta 1923.

Para el congreso citado presentó los primeros resultados obtenidos en el tratamiento de la tuberculosis pulmonar, empleando la Colapsoterapia Gaseosa de Forlanini. Introdujo pues en el Perú la práctica del neumotórax artificial; su trabajo terminaba con estas palabras:«ojalá también la experiencia venga a demostrar que no han sido vanos los esfuerzos que se han hecho para contar con un elemento efectivo de combate contra el formidable enemigo».

En 1915 puso en orden las ideas entonces reinantes sobre la tisis en su notable tesis doctoral Sobre las formas clínicas de la Tuberculosis Pulmonar.

Luego continuó en la brega contra la tuberculosis publicando numerosos trabajos, fruto de la observación diaria de sus pacientes en la sala de Santa Rosa. Al referirse a la forma fibrosa densa de la tuberculosis pulmonar, dijo sabiamente, con palabras que se aplican hoy a cualquier forma de la tuberculosis: «No se debe sobrealimentar siempre. La sobrealimentación está indicada en los enfermos enflaquecidos, débiles, no será excesiva, será mixta y variada y no será empleada sino en la medida que el tubo digestivo lo soporte perfectamente».

1918 fue el año que se vió aparecer a Corvetto estudiando las afecciones parasitarias de los pulmones como la equinococia pulmonar o «tisis hidatídica». Manifestó gran visión cuando insistió en la necesidad de un diagnóstico precoz para entregar a los enfermos a manos de un cirujano.

Ese mismo año aparecieron los Anales de la Facultad de Medicina, gracias a los esfuerzos de Hermilio Valdizán y de Corvetto. Éste último tiene el mérito de publicar en la flamante revista una primera descripción en el Perú de la espiroquetosis broncopulmonar de Castellani o bronquitis hemorrágica, presen-tando un caso clínico que estudió en el Preventorio Byron con el Dr. Orrego.

El 24 de febrero de 1919 fue incorporado como miembro de la Academia de Medicina, en la misma sesión en que fuera incorporado el Dr. Oswaldo Hercelles (padre).

Ese mismo año se produjo la famosa pandemia gripal que llegó a nuestro país con el nombre de «gripe española». El maestro estudió las relaciones de la influenza con la tuberculosis, estableciendo que aquélla no es siempre factor desfavorable de esta última. Desgraciadamente, a consecuencia de la gripe, su salud se vió alterada seriamente. El Dr. Corvetto fue atacado de encefalitis, enfermedad que lo iría minando lentamente hasta ocasionarle la muerte.

En relación a su carrera universitaria, por esos años fue Jefe de Clínica Propedéutica en la cátedra del ilustre profesor Maximiliano González Olaechea y Jefe de Trabajos Prácticos de Anatomía Patológica en la cátedra del profesor Oswaldo Hercelles. En 1920 fue nombrado catedrático del ahora extin-guido curso de Física Médica.

A pesar de su enfermedad, continuó desarrollando intensa labor intelectual, efectuando publicaciones sobre esbozos de campañas antituberculosas en el Perú; sobre las inyecciones subcutáneas o intramusculares de sacarosa en el tratamiento de la tuberculosis; sobre las formas clínicas de la tuberculosis, entre ellas la forma abortiva. En 1921 volvió a convertirse en pionero al publicar el sexto caso observado entre nosotros de una enfermedad rara entonces: la Paragonimiosis pulmonar. Antes de él, Alberto Barton había descrito dos casos, Julián Arce dos y Orrego uno. En 1922 aparecieron los últimos trabajos de Corvetto sobre Equinocócosis pulmonar, otras enfermedades parasitarias de los pulmones y neumotórax artificial, precisando en este último sus indicaciones y contraindicaciones.

En 1924, después de tan sólo doce años de feliz matrimonio, falleció su esposa, dejando en la más tierna infancia a los cuatro hijos habidos y en un total abatimiento al profesor Corvetto. Sin embargo, no dejó de concurrir a su querido servicio de Santa Rosa del Hospital Dos de Mayo y de dictar sus clases en la Facultad de Medicina, así como la atención de sus enfermos particulares en el consultorio que tenía conjuntamente con el Dr. Ramón Ribeyro, en la calle Belén Nº 1081.

En 1930, la situación física del profesor Corvetto se agravó hasta que el 26 de enero de 1935 dejó de existir, cuando todavía no había cumplido 59 años de edad. Trabajador incansable, ya gravemente enfermo un día antes de su muerte concurrió al hospital a las siete y treinta de la mañana, como lo hizo durante todos los días de su vida profesional.

El fundador de la Escuela Tisiológica Peruana dejó discípulos inmediatos que continuaron su obra en el período de 1925 a 1935 en el que su salud no le permitía gran actividad. Por esos años estaban a su lado Ovidio García Rosell, Juan Werner, Juan Escudero Villar, Eulogio Colichón, Max Espinoza Galarza, Leonidas Klinge, etc.

Del matrimonio Corvetto-Vargas nacieron cuatro hijos: el abogado Dr. Aníbal Corvetto Vargas y las señoras Lucciola, Josefina y Alina, todos ellos con numerosa descendencia actual.

 

 

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