Capítulo IV: Los 60 años de la Sociedad Peruana de Tisiología y Enfermedades Respiratorias

 

El 7 de noviembre de 1956 nuestra Sociedad celebró una sesión extraordinaria para conmemorar los 20 años de la instalación de la Junta Directiva inicial y de la aprobación de los primeros estatutos de la institución, que en realidad fue fundada el 4 de agosto de 1935 por un grupo de pioneros esclarecidos que luchaban contra la enfermedad en forma tesonera, capaz y sacrificada.

En agosto de 1958 Ángel Luis Morales, ya desaparecido, hizo una Breve Historia de la Sociedad Peruana de Tisiología y Enfermedades Respiratorias, texto que fue publicado en el Nº 1 de enero de 1991 de la Revista de la Sociedad.

No se trata ahora de elaborar una nueva reseña histórica de la Sociedad poniéndola al día sino hacer semblanza de su vida –porque las Sociedades viven– y de la obra de esta señera Institución.

Es el momento de señalar que la primera Junta Directiva estuvo encabezada por don Octavio Espinoza Saldaña, distinguido tisiólogo de la época, fallecido el 2 de octubre de 1966. También señalaremos que la Asociación Médica Peruana «Daniel A. Carrión», «la Carrión», la «vieja Carrión», ahora en peligro de extinción por nuestra desidia y los avatares del destino, creó el 15 de octubre de 1933 el Comité de Estudios sobre la tuberculosis, que se instaló en nuestro benemérito y querido Hospital Dos de Mayo teniendo como secretario a otro grande como fue don Juan Werner. Fue él quien presentó en la Conferencia Médica Nacional de enero de 1935, realizada dentro de los actos conmemorativos del 4º Centenario de la Fundación de Lima, la idea de reunir en una Institución a los especialistas en tuberculosis. Fue pues la asociación Carrión la generadora de nuestra Sociedad. En la conclusión 29 de la conferencia antes citada se declaraba la necesidad «urgente e impostergable» de la creación de «la Sociedad de Tisiología peruana». En esa declaración tomaron parte principalísima dos figuras preclaras de nuestra Tisiología: don Ovidio García Rosell y don Juan Werner, ambos maestros nuestros.

Pero examinemos más de cerca y tratemos de comprender mejor en esta semblanza de la Sociedad la obra por ella realizada y para ello retrocedamos un poco más en el tiempo, por ejemplo al inicio de este siglo que ya se va.

¿Cómo era?, ¿cómo vivía la tuberculosis en el mundo y en el Perú a finales del siglo XIX? Los datos mundiales nos lo proporcionan las estadísticas médicas publicadas en la revistas de la época y también los novelistas. Todos recordamos las magníficas descripciones de la miseria, hacinamiento y condiciones de vida infrahumanas que relata Zola en La taberna o en Naná.

Acerquémonos entonces al Perú donde la tisis era la más frecuente de las causas de hospitalización y muerte. Ahí está la tesis de Bachiller en Medicina de José T. Alvarado de 1892 sobre la tuberculosis en Lima y las estadísticas del Hospital Dos de Mayo suministradas por Ricardo Quiroga y Mena, médico del hospital, sala de San Pedro y luego Director del Instituto de Vacuna, futuro Instituto de Higiene. Él mencionaba que a fines del siglo pasado más del 50% de la clientela hospitalaria del Dos de Mayo eran chinos y la mayor parte de ellos eran tuberculosos. Ya que para las mujeres tuberculosas se había hecho un intento de aislamiento en la sala de San Luciano del Hospital de Santa Ana.

Tanta era la influencia de la tuberculosis en la capital que la Sociedad de Beneficencia Pública de Lima decidió edificar un sanatorio para tuberculosos en la quebrada del Rímac, Tamboraque o en el valle del Mantaro, Jauja, que ya gozaba de una fama secular. Como siempre, tuvieron que pasar 30 años para que al fin se inaugurara el Sanatorio Olavegoya de Jauja en 1922 y para el Hospital Dos de Mayo se pudo inaugurar el Pabellón N° 1 de Santa Rosa en 1907, bajo la jefatura indiscutible del padre de la Tisiología peruana, don Aníbal Corvetto. En este viejo servicio, el maestro hizo asistencia, docencia e inves-tigación, sentando las bases de nuestra Escuela Tisiológica. Corvetto murió en enero de 1935, el mismo año de la fundación de la Sociedad, cuando sus viejos discípulos de Santa Rosa, como fueron Óscar Soto, Pedro Weiss, Rafael Alzamora o Eleazar Guzmán Barrón, ya estaban dedicados a otras especia-lidades. Pero felizmente quedaban los recientes, los más jóvenes que integraron la asociación Carrión y que fundaron la Sociedad Peruana de Tisiología.

Se forma así una nueva Escuela Tisiológica que contaba ya con mejores servicios hospitalarios como la nueva Santa Rosa en el Dos de Mayo, el pabellón 7 en el Loayza, San Sebastián en el Carrión o el Sanatorio Olavegoya de Jauja, y entonces todo ello permite el surgimiento de la Sociedad llamada a cumplir un primerísimo papel en el desarrollo de la clínica y de la lucha antituberculosa en el Perú.

Absuelta así la primera interrogante que nos planteamos, veamos ahora cómo estaba la tuberculosis entre nosotros cuando aparece la Sociedad Peruana de Tisiología.

Nuestros índices de infección eran muy elevados. Se mencionaba cifras de 90% de positivos a la tuberculina para todas las edades y de 25% en los menores de 15 años.

La morbilidad también era elevadísima: 533 tuberculosos x 100,000 habitantes, con datos tomados de la I Conferencia Nacional de Tuberculosis, Lima 1942 y los del II Congreso Nacional de Tuberculosis, Lima 1954, eventos organizados por la Sociedad. Certámenes históricos, perdurables, llenos de ense-ñanza, como los que se sigue haciendo, habiéndose llegado a completar en forma ordenada hasta el XVIII de Lima (1992) después de haber recorrido casi todo el país en los congresos de realización bienal.

La mortalidad por tuberculosis era tomada en cuenta en esos años y se llegaba a cifras de 200 y hasta 364 tuberculosos x 100,000 habitantes. Gracias a este impulso científico brindado por la Sociedad que surge como el elemento de choque frente a la tuberculosis, las cifras comienzan a estabilizarse y además se incrementa el personal de nuevas generaciones gracias a los cursos de perfeccionamiento que se organizaban en diferentes lugares del país en colaboración con la Facultad de Medicina de San Fernando, de San Marcos.

La actividad de nuestra Sociedad era entonces incesante. Formación de personal, planteamientos de doctrina de lucha, participación en los programas de la misma investigación, que veremos más adelante.

El programa antituberculoso actual que desarrollan los servicios públicos está inspirado en las enseñanzas recogidas de la Sociedad Peruana de Tisiología y Enfermedades Respiratorias. Así se ha comprendido al fin que no hay lucha antitubercu-losa sin Programa de Lucha y se ha logrado introducir en nuestra conciencia que la verdadera lucha antituberculosa no es la lucha contra la enfermedad sino contra la infección y más precisamente contra el agente responsable de la misma, es decir el bacilo tuberculoso. Como dice la OMS, la población de los hombres debe luchar contra la población de bacilos.

A propósito del tema, en 1978 Mahler decía en Ginebra: «hace 30 años la tecnología sanitaria acababa de nacer y estaba henchida de promesas. Desde entonces su expansión ha rebasado todos los sueños para convertirse en una pesadilla por su complejidad y costos excesivos, dicta desgraciadamente nuestra política de salud y lo útil se aplica a unos pocos».

Viene al caso decir en este aspecto de la tecnología y de los avances terapéuticos que nuestra Sociedad fue una de las primeras en señalar las pautas para un tratamiento correcto de la enfermedad. En el alba de los avances en tratamiento al aparecer la estreptomicina, el PAS y la INH casi uno detrás de otro, y en materia de prevención, preconizaba el uso del BCG cabalmente para prevenir la infección virulenta de la que hablaba Mahler más arriba.

En investigación, se estimulaba la misma con el otorgamiento del Premio Corvetto, que nació oficialmente en 1948, pero ya desde años atrás se otorgaba con el aporte de los propios socios. Hagamos figurar aquí sus nombres como un homenaje merecido a estos dignísimos colegas: con 200 soles aportaron los Drs. García Rosell y Espinoza Galarza; con 100 soles, Néstor Acevedo Vargas, Román del Castillo, Juan Escudero Villar, Segundo Huaco, Ángel Luis Morales, Mario Pastor, Carlos Peschiera, Fernando Robinson y Pedro Zevallao. La familia del profesor Corvetto colaboró con S/. 1,000 soles inicialmente y en los años sucesivos a partir de 1949 solamente la familia contribuyó al Premio. El Premio se otorga el 30 de agosto de cada año al mejor trabajo de investi-gación en tuberculosis o enfermedades respiratorias. Digamos además que el 30 de agosto es el Día del Tisiólogo, Día de Santa Rosa patrona de los tuberculosos, y es una fecha que no debe variarse y sí conmemorarse espléndidamente como lo hicieron nuestros predecesores.

Nuevas corrientes han surgido últimamente. La tuberculosis se trata y cura con relativa facilidad si se hace uso de un diagnóstico precoz y si el tratamiento es correcto para evitar las cronicidades y las complicaciones temibles de esta década como es el SIDA.

Sin embargo, si debemos sincerarnos a pesar de estos avances, en nuestro país la tuberculosis sigue siendo una causa de morbi mortalidad importante y no ha disminuido en la forma que se hubiera esperado pues nuestras cifras son casi iguales a las de hace 50 años. Los últimos informes que brinda el Ministerio de Salud para 1993 nos dan una tasa de morbilidad de 248,6 tuberculosos x 100,000 habitantes.

Una tasa de incidencia en la que considera los casos nuevos más las recaídas de 238,5 x 100,000. La incidencia, consi-derando solamente a los BK positivos, es de 161,1 x 100 000, la tasa de meningitis tuberculosa en menores de 5 años sí ha descendido a 23 x 100 000, pues en nuestra tesis doctoral de 1972 encontramos que solamente para el Hospital del Niño de Lima se reportaron 52 casos de meningitis. Se podrá deducir solamente o inferir la cifra del país y relacionarla a 100 000 habitantes. La tasa de mortalidad en el Informe del Ministerio es de 54 x 100 000, es decir, una baja importante en relación a 50 años atrás. Pero esto no es ninguna novedad.

Terminemos esta semblanza repitiendo: sesenta largos años han transcurrido entonces desde aquel lejano e invernal 4 de agosto de 1935. Muchos de los fundadores ya se fueron, pero es un honor y un privilegio tener entre nosotros todavía a dos de ellos como son don Juan Escudero Villar y don Luis Cano Gironda. Reunámonos en esta fecha para rendir homenaje a la Sociedad Peruana de Tisiología y Enfermedades Respiratorias, una de las más antiguas de nuestro mundo científico.

Unas palabras finales para referirnos a su actividad gremial. Fundadora de la Federación Médica Peruana cuando ésta era una mezcla de Cuerpos Médicos y Sociedades Científicas, la Sociedad brindó el primer Presidente de la Federación Médica Peruana, don Ovidio García Rosell, y luego siempre estuvo representada con tres delegados que participaron en los diversos comités de la Federación y en las duras y arduas tareas que nos brindó la década del 50 al 60. Que esta semblanza traiga el recuerdo de la vida y la obra de una institución tan altruista y que ha dado y seguirá dando beneficios para la salud del pueblo del Perú.

 

 

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