Capítulo XVIII: Gerhard Armauer Hansen y la Lepra

 

Si la Medicina no cultiva su historia, lo ha dicho el gran Littré, quedará reducida a la categoría de simple oficio. También se ha afirmado, y nada menos que Claude Bernard, que «no se conoce una ciencia cuando no se conoce su historia».

Es obligación, pues, de todos los que cultivamos esta ciencia y arte divinos, estar familiarizados con los conocimientos históricos de la misma y rendir permanente homenaje a nuestros grandes antecesores; los que permitieron con su genio, su ciencia y su perseverancia el que adquiriésemos los conocimientos de los que nos ufanamos en esta segunda mitad del siglo XX.

Con las líneas que siguen vamos a rendir homenaje a Gerhard Henrik Armauer Hansen, quien hace cien años anunciaba al mundo en una breve comunicación, el descubrimiento del germen causante de la «Morfea».

Armauer Hansen fue una personalidad interesante, poco estudiada por los historiadores de la medicina, pionero de la lucha antileprosa en una época en que esta enfermedad hacía estragos en Europa y en particular en su patria, Noruega. Nacido en 1841, comenzó casi inmediatamente después de terminar sus estudios de medicina a trabajar en la asistencia de los enfermos de lepra, lo que le valió para ser nombrado médico del Leprosorio de Bergen en su país.

Para comprender exactamente el valor de la trascendencia del descubrimiento que realizó Hansen, así como las proyecciones que tuvo su obra, conviene aquí que dividamos nuestro trabajo en los siguientes capítulos:

1. Los conocimientos leprológicos antes de 1873, y

2. Los conocimientos leprológicos después de 1873 hasta 1923.

 

1. Los conocimientos leprológicos antes de 1873

Si queremos dar una ojeada a los conocimientos en lepra antes de 1873, tendríamos que remontarnos a la más lejana antigüedad. A muchos países del Asia y del África se les atribuye el origen de esta enfermedad. Algunos historiadores como Zambaco Pachá, señalan que existió en la China 27 siglos a. J.C.; que la palabra "lepra" así escrita derivaría del hindú "lap", que quiere decir escamas, lo que significaría que la India había conocido esta enfermedad hace muchos siglos, como efecti-vamente así ha sido.

De estos países habría pasado a los asirios y caldeos; la mitología señala que el asirio Iztubar habría sido leproso. Bien es verdad que en aquella época y hasta muy avanzada la Edad Media, se designaba con el nombre de "lepra" a toda enfermedad de la piel, confundiéndosela muy a menudo con la sífilis (199).

Los asirios y caldeos habrían diseminado la enfermedad en Egipto, y aquí viene una polémica que no ha sido definitivamente aclarada, pues los egipcios sostenían que habrían sido los hebreos los que trajeron la enfermedad a su país, mientras que los hebreos afirmaban que el pueblo judío la adquirió durante la cautividad. Sea de ello lo que fuere, el hecho real es que existió en el Egipto de los faraones, inclusive el faraón Thomses II fue leproso y por los hebreos Moisés parece haberlo sido, pero de todas maneras es reconocido como el primer leprólogo del mundo. Basta leer el capítulo XIII del Levítico para conocer las normas severas dictadas por este gran hombre con el fin de limitar la propagación de la enfermedad en el pueblo hebreo.

De Egipto pasó a Fenicia, país de navegantes, quienes se encargaron de difundirla al mundo europeo, inclusive a Escandinavia.

Esbozada así la antigüedad de la enfermedad, los conocimientos que de ella tenían se basaban en la clínica, con muchas equivocaciones, como hemos señalado, con otras enfermedades de la piel y la sífilis. Hecho importante es la existencia del concepto de contagiosidad, de ahí que se dictaran las severas medidas que conocemos por los relatos medioevales y comenzaran a crearse un sin número de leprosorios en Europa. En aquella época, todo enfermo de lepra había de ser eliminado de la sociedad, constituyéndose lo que se llamaba "la muerte civil del leproso". Los que deambulaban debían estar provistos de unas castañuelas especiales para llamar la atención, estar vestidos con un traje característico y eran privados de entrar en las ciudades. Existía, pues, el concepto de contagiosidad y de la segregación inmediata del enfermo.

Como dato curioso, copiamos aquí un certificado elaborado por el gran Ambrosio Paré a fines del siglo XVI:

"Nosotros, Cirujanos de París, por orden del señor Procurador General del Rey en el Chatelet, dada el 28 de Agosto de 1583, por la cual hemos sido nombrados para determinar si el llamado G. P. es leproso.

 

Por tanto, lo hemos examinado como sigue: Primeramente hemos encontrado su rostro con un tinte de caparrosa (verde azulado), pálido y lívido y lleno de manchas azules; igualmente hemos tirado y arrancado cabellos y pelos de la barba y cejas y hemos visto que a la raíz del pelo estaba adherida alguna pequeña porción de carne.

Sobre las cejas y detrás de las orejas hemos encontrado pequeños tubérculos glandulosos, la frente plegada, la mirada fija e inmóvil y los ojos enrojecidos y brillantes; los orificios nasales anchos por fuera y angostos por dentro, casi cerrados, con pequeñas úlceras costrosas; la lengua hinchada y negra y por encima y por debajo hemos encontrado pequeños granos como se ve en el cerdo "leproso" (triquina, N. del A.), las encías corroídas y los dientes descamados y su aliento muy penetrante, teniendo la voz enronquecida y hablando por la nariz.

También lo hemos visto desnudo, encontrando su cuero áspero y desigual como el de una oca delgada y desplumada y en ciertos lugares muchos dartros. Además lo hemos pinchado bastante y profundamente con una aguja sin haberla sentido apenas. Por estos signos más unívocos que equívocos, decidimos que el llamado G.P. es leproso confirmado. Por lo cual será bueno que sea separado de la compañía de los sanos dado que este mal es contagioso.

Todo esto lo certificamos ser verdad poniendo como testigos nuestros signos manuales (firmas) aquí colocados ..."

 

La segregación era pues realizada en los leprosorios de los cuales algunos eran establecimientos dantescos, y otros en cambio eran bastantes confortables; enfermos y sanos se disputaban el ingreso e inclusive pagaban algunas sumas, tal como lo prueba este certificado dictado en Montpellier:

"El año 1578 los Cónsules han recibido en el hospital y ladrería al llamado Jehan Guiraud, atacado y declarado enfermo de lepra como lo informan los señores Doctores en Medicina y maestros cirujanos, habiendo pagado cuarenta libras tornesas".

 

Este concepto de la contagiosidad continuó durante toda la Edad Media, y durante los siglos XVII y XVIII. En Noruega, por ejemplo, en 1772, habían tres leprosorios: en Tronheim, Berg y Romsdale que albergaban 140 enfermos (125).

A comienzos del siglo XIX nace la tendencia de dejar de lado el concepto de la contagiosidad directa de la lepra por otras teorías etiológicas, como por ejemplo de que era debida a comer carne de animales leprosos.

Danielssen, que era el director del Leprosorio de Bergen y Boeck comenzaron a difundir la teoría etiológica de la herencia. También nace la doctrina ictiofágica de la que Hutchinson se haría el abanderado años después.

El Real Colegio de Medicina de Londres, en su informe de 1862, llegó a la conclusión de que la lepra no era contagiosa y que no existían pruebas que justificasen las medidas de segregación compulsoria a los enfermos de elefantiasis.

Sin embargo, Dreguat-Landré, en su libro de 1869 Sobre la contagiosidad de la lepra se atreve a insinuar de nuevo esta posibilidad, la cual sería confirmada años más tarde por Armauer Hansen (46).

 

2. Los conocimientos leprológicos después de 1873 hasta 1923

Durante la época en que Hansen fue médico del Leprosorio de Bergen, la enfermedad hacía estragos en Noruega. En 1857 por ejemplo existían registrados 2 233 enfermos, teniendo por lo tanto material humano suficiente para su investigaciones (26).

Hansen realiza el descubrimiento del bacilo en 1873, observando en preparaciones frescas tomadas de lepromas y sin coloración previa, la presencia de bastoncitos rectilíneos resistentes a la acción de la potasa. La naturaleza microbiana de estos bastoncitos fue establecida en 1879 por Neisser quien pudo colorearlos adoptando la técnica de Ziehl-Neelsen. El mismo Neisser habría de describir luego los "globi" o globías: los cúmulos de bacilos en forma de paquetes de cigarrillos, una de las características del Mycobacterium leprae según la terminología actual de la clasificación por Prevoc, y según esa clasificación el bacilo de Hansen es de la clase de los actino-micetales, orden myco bacteriales, familia myco-bactereaceas, género mycobacterium.

Los trabajos de Hansen relativos al hallazgo del bacilo fueron Patología de la Morfea, publicado en los Archivos de Dermatología y Sifilografía de Berlín en 1871, en el que insinúa esta posibilidad; y el confirmatorio Bacilum-Leprae publicado en esa misma revista en 1880.

Durante toda su actuación como médico del leprosorio de Bergen y hasta el año 1912 en que falleció, Hansen produjo unos cuarenta trabajos y no solamente sobre la bacteriología. También describió la mano simiesca de la lepra I y T, descripción discutida por Zambaco Pachá.

También demolió la teoría de la ictiofagia con sus estudios en la región de Finmark, donde demostró que la ingestión de pescado aun en malas condiciones no producía lepra.

Su gran mérito sin embargo consiste en haber impuesto la doctrina del contagio con el hallazgo del bacilo que lleva su nombre. Muchas dificultades tuvo que vencer como todo pionero. Sarcásticamente se le llamaba "el campeón del ultra contagiosismo".

Felizmente la Conferencia de Lepra de Berlín de 1896 sancionó su teoría, ya que pudo contar con el apoyo de dos distinguidos investigadores partidarios de sus ideas, como fueron los alemanes Albert Ludwig Neisser, secretario del Congreso y Ehlers, conocido por los dermatólogos por el síndrome de Ehlers-Danlos.

La conclusión N° 2 del Congreso sancionó que la lepra es una enfermedad de etiología bacteriana y contagiosa.

La conclusión motivó la protesta de los anticontagionistas presentes, entre ellos Danielssen, Zambaco Pachá y el ilustre Virchow, presidente del Congreso, quien había dicho que la conclusión N° 2 de la contagiosidad de la lepra se había impuesto tiránicamente por mayoría de votos y que, puesto que ningún miembro de la asamblea había demostrado su tesis, el contagio se aceptaba solamente como un dogma.

Viviéndose la época de la efervescencia de la Bacteriología iniciada por Pasteur, los partidarios de la herencia acusaban a los contagionistas de "hombres de laboratorio" y "teóricos". "La der-matología está sufriendo de panmicrobismo", había exclamado Jacquet.

Lo que daba armas a los adversarios de Hansen y Neisser era la presencia de casos de lepra en los que no se encontraba el bacilo, lo cual hacía suponer al primero que la lepra benigna era causada por bacilos poco virulentos. Besnier afirmaba que esta enfermedad no siempre es contagiosa. Finalmente la voz serena del austriaco Kaposi en dicho congreso hizo notar que podía aceptarse la teoría de la contagiosidad de la lepra admitiendo que era una enfermedad poco contagiosa (177).

Hansen continuó trabajando en el leprosorio de Bergen hasta su muerte en 1912, habiendo contribuido a consolidar uno de los pilares del diagnóstico de la lepra, cual fue la bacteriología. No alcanzó sin embargo a conocer el otro pilar que fue el de la inmunología, cuyos trabajos iniciados por Mitsuda en 1915 fueron definitivamente aceptados en el Congreso de Lepra de Estrasburgo y según los cuales la inyección de una suspensión de bacilos de Hansen provoca diferentes tipos de reacciones en los enfermos de lepra: los lepromino negativos en los enfermos de lepra lepromatosa o maligna como se llamaba; los lepromino positivos en los enfermos de lepra tuberculosis o benigna y las reacciones positivas o negativas en los enfermos de lepra indiferenciada.

Pero esto es la historia moderna. En la actualidad, gracias al empeño de Abrahao Rotberg, de Sao Paulo, Brasil, se está estableciendo una corriente para eliminar definitivamente el nombre de lepra, tal como se ha eliminado el de "tísico" y "loco", sustituyéndola por la de "mal de Hansen" o "Hanseniasis".

En nuestro Primer Seminario de Lepra "Hugo Pesce" realizado en Pucallpa, en setiembre de 1971, recomendamos al ministerio de Salud esta sustitución; en las facultades de medicina se enseña a los estudiantes la enfermedad bajo este nuevo nombre.

Deseamos que prospere mundialmente esta corriente, como merecen los enfermos de esta dolencia y como tributo al ilustre descubridor de la etiología bacilar de esta enfermedad.

 

Regresar