Capítulo XII: Sala Santa Rosa del Hospital Dos de Mayo
1º agosto 1907 - 1º agosto 1957  Cincuenta años de Tisiología en el Perú

 

Escribir la historia del pabellón de tuberculosos del Hospital Dos de Mayo es trazar en breves líneas la historia de la Tisiología peruana, pues es en este Servicio, que ahora cumple 50 años de fundado, donde se comenzó a cultivar la disciplina tisiológica y donde se han desarrollado los principales hechos dignos de ser rememorados en ocasión como ésta.

Además, aquí se han formado casi todas las generaciones de tisiólogos que han combatido y combaten la extinción definitiva de la Peste Blanca. Por sus salas han desfilado y/o iniciado su aprendizaje nuestros mejores especialistas que en la actualidad son herederos y continuadores de las enseñanzas aquí recibidas.

Por eso, los que tenemos el honor de formar parte de su personal médico, este año del cincuentenario de la inauguración del primer pabellón no hemos querido pasar en silencio esta fecha trascendental y hemos elaborado estos sencillos apuntes que son un homenaje a los maestros que nos antecedieron y un agradecimiento al viejo servicio en donde nos estamos formando.

Como muchas obras en el Perú, Santa Rosa estuvo largos años en proyecto antes de llegar a su ejecución e inauguración.

Remontándonos en el pasado histórico vemos que a fines del siglo pasado el problema de la tuberculosis en Lima había llegado a una agudeza tal que no era posible continuar soslayándolo. Las salas del Hospital Dos de Mayo, los departamentos como se les llamaba entonces, rebosaban de tuberculosos. Se hacía imprescindible la creación de un servicio especial para ellos.

Lo mismo ocurría en el hospital para mujeres, el vetusto Santa Ana, donde hacia 1893 se habían reunido ya las enfermas tuberculosas en un Servicio de 42 camas, la tétrica sala de San Luciano, pero donde por una aberración increíble en una época donde se conocía el nivel de contagio de la tuberculosis, se aislaba también a las niñas coqueluchosas. En realidad San Luciano no era un Servicio de Tisiología sino un «depósito», un lugar donde se recluía a las tuberculosas.

El 10 de agosto de 1895, una comisión formada por don Domingo Almenara, don Manuel Espinoza y el Dr. Celso Bambarén, aprobó el proyecto del señor Romero, por el cual debía construirse en el Dos de Mayo, dos salas de tuberculosos con capacidad para 100 enfermos, así como un hospital especial para ellos en Tamboraque. La climatoterapia de la tuberculosis estaba en boga. De su historia entre nosotros, muy interesante, nos hemos ocupado en el Capítulo II.

Sin embargo, tuvieron que pasar cinco años para que en 1900 el director de la Beneficencia don Pedro Gallagher aludiese en su Memoria Administrativa Anual a la necesidad de construir una sala para tuberculosos en el Dos de Mayo, puesto que el 10% de los ingresos diarios a este nosocomio eran ínfimos y el 60% de la población hospitalaria, en un momento dado, padecía de esta enfermedad (112).

Había sin embargo, algunas salas del hospital que permanecían cerradas por refacción o por falta de recursos para sostenerlas y es así como en 1902, siendo director de la Beneficencia don Domingo Olavegoya, se reabrieron al Servicio las salas de San José (ahora San Andrés) y las de San Vicente y San Luis. Se encomendó la jefatura de la primera al Dr. Manuel Montero, condiscípulo de Carrión y la jefatura de las dos últimas al Dr. Francisco Salazar y Alarco.

En la sala San José se reunieron provisionalmente todos los tuberculosos del hospital y así vemos que el Dr. Manuel Montero, clínico y reputado director, se convirtió en el «prototisiólogo» del Dos de Mayo. Este año de 1902 fue decisivo. Además de este primer aislamiento o primera selección, la Beneficencia Pública de Lima conoció el informe del Dr. Daniel Lavorería, médico auxiliar del hospital, dirigido con fecha 16 de Julio de ese año al inspector del hospital, Dr. Manuel Barrios, quien lo elevó a la Beneficencia.

En este informe –que ahora es clásico–, se propone la creación de un departamento para tuberculosos en los terrenos eriazos que se encontraban a la espalda del hospital y que eran propiedad de la viuda de don Antonio Bazo. El Servicio debía constar de cuatro pabellones con 96 camas. Lavorería hizo un informe minucioso, precisó características, detalles importantes y acompañaba un plano de las futuras construcciones. La Junta General de la Beneficencia lo aprobó y se dispuso la inmediata iniciación de la obra.

Es así que la construcción avanza durante los años 1903, 1904 y 1905; en 1906 se terminó de construir el primer pabellón quedando autorizado el desembolso de S/. 15,000 soles para la construcción del segundo pabellón. Es por esa época que el Dr. Manuel Montero deja la dirección del Departamento de Tuberculosos que funcionaba aún en San José, debido a delicada enfermedad.

Llegamos así al 1º de agosto de 1907 en que se inaugura el primer pabellón de Santa Rosa con 33 camas y según carta publicada en Gaceta de los Hospitales del 15 de noviembre de ese año, es el Dr. Francisco Graña, nombrado médico auxiliar en 1905, quien había asumido la jefatura de la sala San José por la enfermedad del Dr. Montero el que se hace cargo de la jefatura del primer pabellón de Santa Rosa (83).

En la carta mencionada, el Dr. Graña hace observaciones relativas a su nuevo cargo, señala las deficiencias que existen y concluye proponiendo la creación de un Consultorio Externo que sirva como dispensario.

En realidad, el Dr. Graña permaneció muy poco tiempo en el pabellón de tuberculosos; el Dr. Juan Voto Bernales, también médico auxiliar, parece que se ocupó del servicio un cierto tiempo y él fue quien trajo a la sala a su condiscípulo el Dr. Aníbal Corvetto, en quien Santa Rosa encuentra su verdadero jefe.

Aníbal Corvetto era interno en 1902 y médico desde 1903; trabajaba en forma libre en el Dos de Mayo y en 1905 fue nombrado médico auxiliar. Los médicos auxiliares no tenían servicio. Eran similares en sus funciones a los médicos residentes actuales; hacían guardia nocturna y en el día concurrían libremente a los servicios que les interesaban. De esta manera Corvetto, que había sido interno de Manuel Velásquez en San Pedro y asistía a Santo Toribio con Ernesto Odriozola, comenzó a concurrir a Santa Rosa en calidad de libre poco tiempo después de la inauguración de este pabellón.

Aquí ya la historia de Santa Rosa se confunde con la obra inmarcesible de Corvetto, que plumas más autorizadas como las de Voto Bernales y García Rosell han trazado en ocasiones memorables. Sin embargo, nosotros mismos nos atrevimos a hacerlo con ocasión del XX aniversario de su fallecimiento en 1955.

El 1º de julio de 1908 se estrenó el pabellón Nº 2 con un número de camas similar al anterior. Bendijo la obra el Padre Carlos que era Capellán del hospital y que nos ha suministrado valiosos datos de esa época vivida por él (143).

Contando con su espíritu trabajador y con dos Servicios con 66 camas, Corvetto comenzó a hacer obra tisiológica. Trazó las bases de la tisiología nacional. No referiremos de nuevo toda su obra, digamos solamente que en una de sus salas se creó por primera vez en el Perú en 1912 el Neumotórax terapéutico y por primera vez también se clasificó la tuberculosis en sus formas clínicas en 1915, con cuyos aportes hizo su tesis doctoral el ilustre precursor.

Por esos años como refiere Molinari en su tesis de bachiller, el pabellón ya desbordaba de enfermos nuevamente y sin embargo, no se construían los otros dos pabellones planeados en el proyecto de Lavorería. Solamente en 1928 debía comenzarse a construir el pabellón N° 3, el cual fue terminado en 1931 recibiendo 40 enfermos más, que junto con los 66 que tenían el pabellón N° 1 y el pabellón N° 2 elevó el número de camas a 106 (116).

Es en 1928 cuando Corvetto, debido a su mal estado de salud y después de haber trabajado la mayor parte de su vida profesional haciendo la tisiología peruana en Santa Rosa al comienzo solo y luego ayudado por dilectos discípulos que escogieron otras disciplinas, como Rafael Alzamora, Óscar Soto, Pedro Weiss, Eleazar Guzmán Barrón; es ese año, decimos, que comienza a espaciar sus visitas al Servicio.

Ya concurrían a esa sala en calidad de "libres" los Drs. Ovidio García Rosell y Eulogio Colichón. El primero hacía la clínica mientras el segundo hacía la cirugía de la época; vaciamientos ganglionares, amputaciones, resección de fístulas, pues la sala se había dividido en dos partes la clínica y la quirúrgica, donde se agrupaban las formas extrapulmonares: coxalgía, Pott, escrófulas, etc.

A partir de ese año también comenzaron a demolerse las barracas primitivas en los pabellones N° 1 y N° 2 y fue habilitado provisionalmente como local el ideado para mortuorio y que la donación de don José Luis Orbegoso había hecho posible construir en la espalda del hospital. En ese lugar, a partir de 1937 en que se le habilitó con un aparato de rayos X, donación de don Ántero Aspíllaga, comenzó a funcionar el actual Dispensario «Orbegoso».

Sobre los terrenos que ocupaba el pabellón N° 1 se ha construido actualmente el moderno salón de clases de la Facultad de Medicina, y sobre los terrenos que ocupaba el pabellón N° 2 se ha edificado el moderno de dos pisos inaugurado en 1938 y que consta de dos salas: la A en los bajos y la B en los altos con 50 camas la primera y 48 la segunda. El pabellón N° 3 subsiste sin modificación y tiene 48 camas: en total 146 camas.

Cuando se construyó el pabellón N° 3 fue llamado a ocupar la jefatura el Dr. Leonidas Klinge, siendo el asistente el Dr. Juan Werner, quien ya concurría a trabajar con Corvetto desde años antes. Klinge dejó al poco tiempo la jefatura para ocupar la del Sanatorio Olavegoya en Jauja. Es así que en 1931 ocupa la jefatura del pabellón N° 3 el Dr. Juan Werner, quien hiciera meritísima labor agrupando a su lado a numerosos discípulos.

En el pabellón N° 2 continuaban García Rosell y Colichón por esa época, pero eran "ad honorem" y no se había oficializado su nombramiento. Luego se sacó a concurso la plaza, y fue nombrado el Dr. Max Arias Schreiber, quien la ocupó poco tiempo, haciendo de asistente el Dr. García Rosell, además del Dr. Juan M. Escudero Villar, quien ya desde 1930 colaboraba con el Dr. García Rosell en el Servicio 2 (79).

Es así que trabajando en Santa Rosa, García Rosell inaugura la enseñanza tisiológica en la facultad, haciendo a partir de 1934 una cátedra auxiliar de la Clínica Médica que regentaba el ilustre don Max González Olaechea, y a partir de 1938 cátedra principal de Tisiología que forma parte del Plan de Estudios del 4to. año de Medicina.

Otro hecho notable sucedido en Santa Rosa en los últimos años es la realización de los primeros "Jacobaecus" o Sección de Bridas por Francisco Villa García en la sala del Carmen (antes San Andrés) a enfermos de Santa Rosa. Después el Dr. Víctor Tejada las realizó en el Servicio.

Al llegar a las épocas quirúrgica y antibiótica del tratamiento de la tuberculosis, Santa Rosa no fue el último servicio en implantarlas. Ya hemos dicho que desde 1930 Colichón hacía cirugía en Santa Rosa; siguió con las plastías y plombajes que se comenzaron a hacer en este Servicio. En la época de las resecciones es ya Huaco, ayudado por los actuales como Rosell y Vásquez que hacen las resecciones de los hospitalizados en el Servicio.

Finalizando estos apuntes históricos quizás incompletos, debemos decir que después de la retirada de García Rosell, que pasó a ocupar la jefatura del Hospital Sanatorio Nº 1 de Bravo Chico, ocupó la jefatura del pabellón N° 2 el Dr. Juan M. Escudero Villar, ya antiguo asistente del Servicio. Esto ocurrió en 1949 y después del fallecimiento tan sentido del Dr. Juan Werner en 1952 fue ocupada la plaza de jefe del pabellón Nº 3 por el Dr. Federico Vargas Jiménez; ambos son los actuales jefes de los pabellones N° 2 y N° 3 (59).

Así pues, en cincuenta años de vida, Santa Rosa ha sido demolida y reconstruida; ha pasado por sus salas los mejores tisiólogos del país, pero siempre subsiste como el "Alma Mater" de la tisiología peruana (85).

Addendum.- En el año de la publicación de este libro ya no existe el viejo Santa Rosa. Los programas de la terapia ambulatorial de la tuberculosis han hecho que Santa Rosa reciba pacientes con enfermedades infecciosas y en particular los atacados por la Peste Rosa, el SIDA, y el pabellón N° 3 ha sido demolido.

 

 

 

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