Comentarios y estrategias sobre la prosa del Inca Garcilaso 

En memoria de José Durand

 

El evento internacional reunido en Madrid (abril, 1990) tuvo la virtud de poner a los asistentes en actitud de airear, refrescar y repensar nuestras adhesiones, dudas y viejos amores –fogueados a la sombra de las páginas de nuestro Inca Garcilaso–.

A menudo, no es extraño que los historiadores desplacen el interés –por deformación profesional– de la escritura del Inca a la novela (a la imaginación); y, al revés que los estudiosos de la crítica literaria, filológica o la lingüística, subrayen las dotes de este notable escritor, a partir de su raíz histórica, al tiempo que reconocen y ponderan las calidades de la prosa y el rol de texto de cultura, adquirido por esta obra en la sociedades andinas y el mundo iberoamericano, en el visor más amplio. Por décadas hemos asistido a eventos en los que, maestros y jóvenes investigadores –muchos de ellos ya difuntos– hacen avanzar propuestas y contribuciones que se han ido acopiando al corpus del que ahora se dispone.

En esta ocasión –tanto en Madrid como en Montilla– los aportes que me han remecido y me han invitado a pensar nuevamente en antiguos temas, los quiero dividir en dos clases de enfoques, ligados al carácter interdisciplinario de este congreso. Puedo decir que después de las sesiones, en conversaciones formales e informales, todos hemos cambiado un poco nuestro modo de juzgar, y leer la obra principal, difícil y fascinante de Garcilaso.

Son muchas las áreas, los temas y las cuestiones propuestas hasta ahora y, por cierto, aparecerán otras más, y no se dude. Pero de todas, dos tipos de cuestiones me plantean nuevas preguntas, pues se remiten a la forma de encarar el estudio y la colación de los escritos.

La primera se refiere al contexto cultural y sus valores filosóficos-teológicos, los que enlazan al Inca con León Hebreo, y a ambos los uncen al Renacimiento europeo, en especial al italiano y al español, y a sus influjos en el sur de Europa y el Mediterráneo.

Esta coyuntura nos remite a la traducción de los Diálogos de Amor hecha por Garcilaso, del italiano (toscano) al español, hito que es sabido ocurrió en 1590, como primera obra édita en español, por un escritor del Nuevo Mundo.

Sabemos que al progresar en la citada traducción, el Inca ya estaba avanzado en La Florida, para lo cual se trasladó a Las Posadas, a fin de aprovechar mejor el tiempo y hacer de escribiente del relato de Gonzalo Silvestre, que fue partícipe en la expedición de De Soto en tierras de la Florida. Este crucero nos invita a reconocer que, si bien el Inca empezó su actividad escritural a edad avanzada, lo hizo con tal empeño y tal dedicación –salvando toda suerte de tropiezos– que al fin concluyó todo cuanto se había propuesto terminar, antes que lo sorprendiera la muerte.

Sabemos también, por una de las anotaciones puestas por el Inca en Historia de las Indias de Gómara (Porras Barrenechea 1955: 230), que no dejan dudas que el plan global incluía en su proyecto la descripción de vida de los Incas, en honra a las líneas materna y paterna, de cuyas culturas tenía prendas.

Cómo abordar el tratamiento del paso de la tradición oral a la otra, la hispánica, en la que la escritura definía la existencia y la validez de la historia. En su encuentro primero en Madrid y en el rechazo a sus pretensiones de mercedes reales, hay una marca definitiva en esta convicción dolorosa, aunque para la posteridad, afortunada, por su efecto liberador a través de la escritura del autor en ciernes. Pero siempre injusta para él.

Veamos ahora –desde esta orilla del tiempo– ¿cómo abordar metodológicamente la recolección de datos y, cómo situarnos frente a los Comentarios (1ª y 2ª partes)? ¿Con qué estatuto argumentativo transitar de la oralidad a la escritura, y recoger las versiones del otro en la representación y en la memoria?

¿Cuál es el papel reservado a las técnicas modernas, después del quehacer filológico y de la historia de las ideas, implicadas previamente? Aquí quiero rendir un homenaje a otro maestro sanmarquino: Mariano Iberico, quien puntualizó la importancia del neoplatonismo en la obra del Inca, con ocasión de otro congreso, habido en el Cusco.

La segunda inquietud que me asalta es la siguiente: el desbalance o la querella entre el criterio de verdad en los datos manejados por el Inca y el sentido del proceso historiográfico, asumido como totalidad configuradora. Este punto se conecta con la Utopía Andina y con el efecto que Garcilaso autor imprime en una corriente de la Identidad Nacional, y su aporte al rescoldo de lo andino.

Recuperar al Inca implica, pues, acercarnos al Renacimiento, e interpretarlo, supone, además, asumir una condición que nos incluya dentro de los linderos de lo occidental. Repensemos lo dicho, una vez más, al hurgar las páginas y las anotaciones que las prolongan.

Existe, a la fecha, una extensa información para rastrear cómo influyó en la prosa del Inca, la cosmovisión neoplatónica que sustenta el andamiaje de los Diálogos de Amor. La familiaridad con la obra literaria y su relación con el registro histórico, implican una suerte de enlace que nos lleva a comprender el sentido que fluye de la primera traducción del Inca a su esquema de la obra Imperial y Teocéntrica de la Historia, que, aún patrocinaba España, visión ésa, que el Inca exaltaba –en parte, por razones subjetivas y biográficas–, con la vehemencia del converso.

Importa reparar en el itinerario del autor que motiva esa primera traducción de Garcilaso, la cual fue publicada en 1590, recuérdese.

León Hebreo, especie de peregrino que transita de Lisboa a Toledo y después de expulsado, se coge a Italia, lo cual, por lo menos, grafica la experiencia del migrante y lo pone en relación con el pensamiento que procede de la escolástica y del neoplatonismo. De modo que Avalle-Arce (1964: 10) subraya el paralelismo entre Garcilaso y León Hebreo, cuando recuerda "el criollo aparece como el primer ejemplo de ese tipo humano tan moderno que es el desarraigado, al menos a los ojos españoles. Si esto es así ¿cuánto más lo sería el criollo, mestizo, bastardo?", es decir, el caso de nuestro Garcilaso.

De allí procede evidentemente para éste, la doble urgencia de crearse mecanismos de identificación personal y americana. El cambio del propio nombre y el uso del apelativo Inca o Indio son –sin duda– pruebas de esta necesidad y una forma de superarlas. La traducción de los Diálogos es un intento de acercarse e identificarse con el humanismo renacentista, pero también camino para iniciar su proeza memorable. Los documentos hallados por Raúl Porras en Montilla y publicados por él mismo (Lima 1955), y la atención consedida a La Florida (Riva-Agüero, especialmente en la tesis de 1910: 43-52), echan luz oportuna sobre la obra de Garcilaso. José Durand no duda, de que esta última esté dominada por la figura de orden y concierto, en base a la cual Aurelio Miró Quesada bosquejó su estudio sobre el relato de Silvestre, y después Maticorena (1981) ha desarrollado sus proposiciones sobre el cuerpo político y la restitución, que aplica a una serie de documentos ligados al proceso de Micaela Bastidas, en una perspectiva ulterior, dentro de un proyecto del siglo XVIII.

Todo lo anterior nos pone en la pista de que el tópico de orden y concierto que ha sido recorrido y acectado, como constante desde los Diálogos, a través de La Florida y Los Comentarios, fluye que Garcilaso asumió el Incario como un arquetipo de sociedad. Esto es una sociedad ideal que se completa con una concepción armónica, debido al providencialismo de la visión platónica, que conciliaba Garcilaso con la armonía universal, de origen agustiniano y escolástico. De modo que lo anterior propone un todo ordenado y formado por partes. "Cada parte individual es, con respecto a toda la comunidad, lo que parte respecto al todo". La antítesis en Garcilaso queda subsumida a lo que él llama orden y concierto. Y esto último es una simetría establecida por la Providencia, que se trasluce en el cosmos integrado por sus partes.

Tal razonamiento ha servido a los garcilacistas para entender el todo con las partes, o sea: las repúblicas de indios y españoles que constituyen la armonía, bajo el imperio del reino y bajo la obediencia a la Divinidad.

De modo que esta arquitectura que hemos diseñado, en cuanto a la concertación del todo y las partes en lo social y político, se extiende también a interpretar la relación del hombre con el cosmos, y del individuo con las partes del cuerpo humano. No se puede negar que el pensamiento de Garcilaso surgía de un esquema elaborado y coherente, y por eso es posible perseguirlo en distintos momentos, desde la traducción de los Diálogos hasta La Florida y los Comentarios, en ambas partes.

Un texto muy citado porque lo señaló en un tiempo Avalle Arce, aparece en La Florida: "Un cacique estornudó y los indios le saludan El sol te salve. Los españoles quedan admirados que tengan igual salutación que ellos. Hernando de Soto dice a los españoles: ¿No miráis cómo todo el mundo es uno? (Lib.V, p. 2, cap. 5). También el cuerpo político del Estado y de la Iglesia o de la Comunidad tienen también un orden orgánicamente establecido donde la armonía y la complementariedad funcionan como elementos que mantienen a la humanidad y conciertan las partes con el todo "como un solo cuerpo". Por la misma razón se explican las comparaciones entre el rol que cumple el Cusco, a semejanza de Roma, y el quechua como lengua de cultura, semejante al latín.

Vistas estas apostillas, tiene sentido decir que Los Comentarios Reales son una "escritura que reflexiona sobre su propia naturaleza, que termina por cuestionarse en varios órdenes. La palabra que se desdobla y que en sus estados óptimos de tensión suscita la condensación epigramática, la imagen o el relato autosuficiente" (Pupo-Walker, 1982: 146). Por tanto persisto en reconocer, que la escritura de Los Comentarios se apoya sobre una perspectiva lingüística, como comento y glosa, que en sí califica alguno de los aportes documentales más importantes que contiene la obra: "A su manera el Inca trabajó, como el historiador humanista, que al traducir y explicar temas clásicos rescataba, desde varios ángulos la sabiduría de un pasado glorioso. En última instancia, el ángulo crucial de afinidad entre Los Comentarios y sus modelos italianos radica, pues, en que el código lingüístico se asume, en varios planos, como base epistemológica de la realidad" (Pupo-Walker 1982:147, Bendezú 1986: 34-40).

En resumen es posible dar una visión de lo permanente y lo cambiante, en los distintos libros del Inca Garcilaso. A la vez que se puede distinguir entre la formación de la escritura y la recepción de los distintos lectores y épocas, según el ángulo que escoja o corresponda al estudioso o al lector.

Creo pertinente volver la mirada a Benveniste (1966: 86) y sus comentarios sobre el discurso : "Se puede al nivel del lenguaje precisar que se trata de procedimientos estilísticos del discurso… es en el estilo, más bien que en la lengua, que tendremos un término de comparación con las propiedades que Freud ha revelado como señales de identificación de un lenguaje onírico. Las analogías que se bocetan aquí son asombrosas. El inconsciente hace uso de una verdadera retórica, que, como el estilo, tiene sus figuras y su viejo catálogo de tropos, y ofrece un inventario apropiado a los registros de la expresión. Allí se encuentran, de una parte y de otra, todos los procedimientos de sustitución engendrados por el tabú: el eufemismo, la ilusión, la antifrase, la preterición, la litotes. La naturaleza del contenido hará aparecer todas las variedades de la metáfora…" (1956: 86-87).

Eugenio Asencio (1954: 583-589) es enfático al decir que "La breve correspondencia con el Lic. Juan Fernández Franco nos brinda las segundas Confesiones del Inca y algunos datos aprovechables para la historia textual de La Florida y el León Hebreo. Las Confesiones primeras, contenidas en la dedicatoria a los Diálogos a Felipe II, con su tono entre festivo y solemne de memorial de servicios, carecen de amargura. Las segundas nos lo muestran sangrando por heridas que nunca se cerrarán; ingratitud de Juan de Austria y desvío del monarca, penuria monetaria, nostalgia de América" (1955: 267).

Miguel Maticorena subraya que "Garcilaso es un historiador que busca conjuntos, concordancias, totalidades. Una memoria moldeada por la idea organicista de la unicidad del mundo y el género humano. Es la unidad y diversidad del todo y las partes que aprendió de su predilecto León Hebreo. Es muy posible que conociera también, aunque de su inventario sólo menciona la introducción a la sabiduría, la Concordia et discordia del humano genere de Luis Vives. No podía estar ausente Vives en las conversaciones del Inca con los doctos y humanistas de Córdova".

Igualmente Maticorena (1985) continúa su razonamiento en los siguientes términos que vale la pena recordar: "Los errores y aun los silencios del Inca son secundarios frente a su genial concepción o modelo unitarista de lo que llama ambas naciones. En este sentido, Garcilaso es uno de los preclaros constructores de la idea de nación peruana. Dio a ésta su dimensión de un pasado glorioso y llamada a un providencial destino. El esquema garcilasista coincide con el de cohesión o sociedad global de la nación. Garcilaso procura ver las tendencias que apuntan a la reunión sin detrimentro de la pluralidad. Éstas quedan subsumidas en su providencialismo y en una solución política".

A partir de la propuesta de Menéndez y Pelayo hasta las imputaciones de González de la Rosa, y de los historiadores que se fundan en el olvido o cambio de los datos históricos, existe una evidente tendencia a poner en tela de juicio el valor histórico de la obra del Inca Garcilaso. Desde la primera edición de mi trabajo sobre el Lenguaje e historia en Los Comentarios Reales publicada en Sphinx Nº 13, 1960, aunque una segunda edición, en 1965, es la más conocida por haber sido recogida en Patio de Letras, tengo que admitir que, para mí, tienen validez todavía los primeros párrafos de ese trabajo, que dediqué a Fernando Martínez, amigo muy querido y compañero en las clases de la Universidad de Florencia. En ese entorno me convencí de lo que sigue: "De Los Comentarios habrá que decir aquello que Vossler escribió (1943: 67-84) de la Cultura del Renacimiento de Burckhardt y la Historia de la literatura italiana de De Sanctis, esto es que, aunque la crítica histórica le reste valor probatorio, su lugar e influencia en la historiografía son inconmovibles, porque su calidad más duradera radica en el hallazgo artístico y en concertar el destino de un pueblo con la expresión individual del creador".

Por tanto, para un estudioso de la cultura y de la prosa, es obvia la validez de la obra del Inca. Quizá sea posible, que las opiniones de los unos y los otros, historiadores y críticos, haya cambiado con el tiempo; pero, la del Inca, nos sobrevivirá, sin duda.

 

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