La atracción de Francia en las letras del Perú
Desde el siglo de las Luces, pudo advertirse en el Perú la atracción del prestigio intelectual e ideológico renovador de la cultura francesa. En las páginas del Mercurio Peruano (1791-1794), y en sus redactores era visible el decoro e inquietudes cartesianas de José Hipólito Unanue (1758-1833), quién rebasó el culto de las letras hacia el campo de la ciencia médica. Los índices de la revista registran multitud de autores franceses, como lo ha revelado el profesor Jean Pierre Clément de la Universidad de Poitiers. Años antes, Pedro Peralta y Barnuevo (1670-1748), sabio sedentario y barroco, logró dominar la lengua francesa y hasta verificar en ella y también su erudición severa abarcó las ciencias físicas, naturales y médicas, con acopio abundante de bibliografía enciclopédica. En el desarrollo del interés cultural semejante habían sido decisivos, desde comienzos del siglo XVIII, los viajeros Amedeé Frezier y Louis Feuillée, quienes así sembraron las semillas del cultivo de las letras y las ciencias de la Francia moderna1
1 Véase los capítulos referentes a viajeros por el Perú desde el siglo XVIII, en mi libro Viajes y viajeros por el Perú, Lima, Concytec, 1989.
Ese carácter renovador de la letras francesas en el XVIII, era paralelo al auge de las ciencias, debido al contacto de los libros, no siempre lícitamente autorizados por la censura. El control político-religioso prohibió con preferencia obras francesas, consideradas portadoras de fermentos peligrosos para la estabilidad social de las colonias españolas. Pero ediciones como las de la Enciclopedia francesa lograron ser difundidas clandestinamente. Pablo de Olavide (1725-1803), brillante intelectual peruano del siglo XVIII, llegó a poseer ya desde sus años juveniles ejemplares clandestinos de obras francesas y más tarde en España, tradujo buena parte del teatro clásico francés y sobre todo los nuevos aportes de la escena teatral moderna y asimismo escribió novelas "morales" al impulso de las nuevas tendencias de la narrativa francesa e inglesa coetáneas. Denunciado ante la Inquisición, fue condenado y apresado varios años. Logró huir a Francia, y allí recibido por los filósofos de la Ilustración, vivió los azarosos años de la Revolución que transformó la vida social y política de todo el mundo moderno2 . En América hispánica prosperaba el ideal de la independencia, había prendido y prosperaban las inquietudes por lograr el ideal democrático de la libertad difundidas por los ideólogos franceses en todo el campo de la cultura, incluyendo necesariamente el Derecho. Para ilustrar este fenómeno, basta señalar dos nombres de juristas: don Manuel Lorenzo de Vidaurre (1773-1841) y don José Palacios (1803(?)-1850(?)), de los cuales nos ocuparemos más adelante. Adelantaremos que Palacios trajo de Francia las inquietudes por implantar en el Perú, las ideas del pensador positivista francés Augusto Comte (1789-1857) y difundió sus obras desde 1830. En el Cuzco, cuando todavía vivía Comte en su país. Como ideología de avanzada esta corriente fue difundida hasta años posteriores del siglo XIX, en varios ambientes universitarios del Perú y al lado de otros notables juristas y filósofos franceses hasta fines del siglo XIX y aun más adelante.
2 Pablo de Olavide, Obras selectas. Colección Clásicos del Perú, Banco de Crédito del Perú, 1989.
La crítica de nuestras letras del siglo XIX, -incluyendo la generación de la Independencia y sobre todo la llamada "bohemia romántica", se ha mostrado acorde en reconocer el fuerte impacto de los escritores franceses sobre los lectores y creadores peruanos de la época y la imitación consecuente de modelos literarios galos. Parece no obstante un tanto fuera de comprobación la rotundidad de cierto juicio que pretendió sostener la vía indirecta del impacto, o sea la captación de la obra extranjera por el conducto de los escritores españoles. Así decía Riva Agüero:
La atracción de los modelos franceses en su idioma original -Hugo, Lamartine, Béranger, etc., es innegable. Pero no le va muy a la zaga, la predilección por los ingleses -Byron y Thomas More- o por los alemanes (estos sí en versiones francesas o en directas castellanas), como lo hemos demostrado en otras páginas.
3 José de la Riva Agüero, Carácter de la literatura del Perú independiente, Lima, 1905, p.136.
Aquella preferencia por lo francés no se debió solamente a la lectura y a las versiones, sino también a la inclinación por el viaje a Francia, ideal realizado por casi todos los escritores peruanos del XIX, a lo largo de tres o cuatro generaciones sucesivas. Existe, sin embargo, otro aspecto que no deja de tener un interés complementario. No se refiere estrictamente a la producción intelectual sino a una situación colateral que atañe a la sociología de la literatura. Se trata de las ediciones y la impresión en Francia de nuestros libros literarios o de materias afines como historia y geografía. En tal forma, los autores de las generaciones románticas lograron el ideal, un tanto excéntrico, de editar sus libros en Francia, como signo de consagración. En París principalmente se editó buena parte, y tal vez lo más significativo, de las obras poéticas de Ricardo Palma (1864, 1865, 1870, 1875 y 1877), de Manuel Nicolás Corpancho (1854), de Carlos Augusto Salaverry (1871), de Juan de Arona (1863), de M. Adolfo García (1872), de Manuel Atanasio Fuentes (1866, 1867 y 1868), de Clemente Althaus (1862). También aparecieron por esa época ediciones tardías como las de Felipe Pardo y Aliaga (1869) y Mariano Melgar (1878). Faltan agregar los nombres de Ricardo Rossel, Manuel Castillo, Pedro Elera, Manuel Trinidad Fernández, José Mariano Llosa, Juan Vicente Camacho, que también editaron poesías en París. En prosa, salieron en prensas francesas los libros de Luis Benjamín Cisneros (1861, 1864 y 1885), Mariano Felipe Paz Soldán (1868, 1870 y 1874), Fernando Casós (1874), Juan Bustamante (1849), Francisco García Calderón (1879), Sebastián Lorente (1870) y algunos más. Se escogió las imprentas de Francia para ediciones especiales como las del Mercurio Peruano (1861 a 1864), Las Memorias de los Virreyes, recopiladas por Manuel Atanasio Fuentes, el Atlas y la Geografía de Paz Soldán, la "crónica" de Miguel Cabello Balboa (1840) y la traducción de Ollanta al francés de Gavino Pacheco Zegarra (1878). Estas ediciones francesas del romanticismo peruanos -que exceden del 50% de la entonces producción literaria total del país- se hicieron no sólo en París, sino también algunas en El Havre y Nancy. No cabe duda que las prensas francesas fueron acogedoras para gran número de libros peruanos -y entre ellos los esenciales de la época- sino que pusieron esmero en utilizar bella tipografía, excelente papel y empaste y, en algunos casos, ilustraciones litográficas notables. ¿Cuál fue la causa de esta preferencia por las prensas de Francia? Se buscaba tal vez lograr el buen trabajo y diagrama de los libros, la excelente calidad del papel y la encuadernación atractiva y a veces lujosa. Pero no podemos ignorar que también era posible alcanzar estos objetivos en el propio Perú, pues aquí ya existía una antigua tradición tipográfica e imprentas aceptables y capaces de obtener buenos resultados. Sin duda había la razón económica de precios más bajos, aún abonado los fletes costosos por la lenta y larga travesía entre Europa y América en esa época. Pero aquella preferencia tenía también su causa profunda en una cuestión de rango y prestigio y también de efecto publicitario, pues una edición en Francia resultaba ya un tanto consagratoria -y mucho más que la retórica y vacua crítica literaria de la época- aunque el contenido del libro no lo mereciera tanto. Comunicaba lustre literario y prestigio singular poder ostentar una bibliografía con pie de imprenta foránea y sobre todo francesa. El escritor lograba así enrolarse en la órbita de lo selecto y destacado. La predilección por lo francés era dominante en toda la América hispánica durante los decenios del 50, del 60 y del 70, tanto en las costumbres, en arquitectura, en pintura como en todas las artes y hasta en la moda femenina y masculina de la indumentaria. El idioma francés era por esos años lengua obligatoria en la enseñanza secundaria y superior. Los estudios universitarios se nutrían también de bibliografía francesa en la filosofía, la medicina, el derecho y las ciencias políticas, a partir de la segunda mitad del XIX, gracias a la iniciativa y promoción de Manuel Atanasio Fuentes y a universitarios como Pradier-Foderé y sus respectivos textos. Por 1872, se editaba en Lima, en lengua francesa, un periódico que tuvo vida corta titulado Journal du Pérou. Hubo escritores que, como Nicanor de la Rocca de Vergalo, escribió casi todos sus libros en francés. Pero también es cierto que esa predilección empezó a amainar un tanto a raíz del resultado adverso para Francia en la guerra con Prusia en 1870-71 que puso en evidencia la existencia de una cultura alemana pujante que empezaba a llamar la atención de nuestros hombres de pensamiento y de los creadores. No obstante, en los primeros decenios del siglo XX, aún se mantiene el auge de las prensas francesas para escritores peruanos residentes en Europa, predilección explicable por razones de proximidad. Casi toda la producción de Francisco y de Ventura García Calderón, del sociólogo Mariano H. Cornejo, del poeta José Lora y Lora, se imprimió en Francia. El prestigio de la imprenta francesa parecía seguir ofreciendo un halo consagratorio.
Recapitulando vemos ciertamente que la atracción cultural de Francia en el Perú y en toda la América Hispánica, había empezado ya desde comienzos del siglo XVIII y fue desenvolviéndose gracias a la mejor y más fluida comunicación y el libre comercio entre las colonias del Nuevo Mundo y Francia, gracias a un cambio de la política operado desde el advenimiento de la dinastía borbónica en España. El carácter renovador en las letras se hizo así evidente con el contacto de los libros y la acción de los viajeros. Según dijimos ya, un escritor sedentario como Pedro de Peralta, que nunca pisó más allá del suelo natal, aprendió en Lima el idioma galo y se permitió la libertad de escribir poesía en esa lengua. Viajeros como Amadeo Frezier y Luis Feuilée establecieron, alrededor de 1715, contrastes y semejanzas e hicieron críticas constructivas de nuestra sociedad y sus costumbres, al mismo tiempo que señalaban las pautas de vida más acordes con los tiempos de la Ilustración. No hay duda que también el cambio monárquico operado en la Metrópoli introdujo módulos nuevos y ciertas liberalidades en la vida social. La acción de los hombres y la nueva ideología se asocia y complementa con los ingresos de los medios de comunicación, a raíz de la utilización del vapor y especialmente en la navegación marítima, cuya aceleración y desarrollo determina pronta y amplia recepción de noticias, de ideas, de libros y otros medios escritos aptos para difundirse entre la alta clase social y también en la clase media antes un tanto excluida de la vida cultural. Las ideas de la Ilustración penetran decisivamente en la vida de la Universidad, que desde entonces empieza a ser penetrada por nuevos conceptos como el de libertad, la elección y representación del pueblo en el gobierno y la división de los poderes del Estado en el mismo.
* Considero más procedente disculpar algunas reiteraciones en diversos capítulos de este libro, pues fueron elaboradas en distintas épocas y oportunidades, a lo largo de un lapso prolongado de más de veinticinco años, durante los cuales fueron apareciendo los temas referentes a la literatura inglesa, italiana y alemana en sus relaciones con la literatura peruana. |