Sobre el Ensayo y la Crítica
Los clásicos de nuestra literatura del siglo XIX, Ricardo Palma (1833-1919) y Manuel González Prada (1848-1918), viajaron en su momento a la república francesa, el modelo cultural de ese siglo. Palma lo hizo ya en 1864, restando meses a su programado viaje al Brasil. Encontró París en pleno hervor del romanticismo, para ver de cerca a Hugo, a Lamartine, a Jorge Sand, a tantos otros que leyó y tradujo apasionadamente. Alfredo de Musset, que ya había muerto en 1857, cumplió Palma con rendirle tributo en su tumba del cementerio de Pére Lachaise, situado no lejos del mausoleo de Abelardo y Eloísa. En su homenaje escribió después una octava que empieza: "Poeta del dolor ". Pero su predilección no estaba en esta poesía dolorida sino en las estrofas arrogantes de Víctor Hugo, entonces en el destierro, desde donde arrojaba dardos poéticos contra el tirano Napoleón III. La impresión que le produjo Lamartine fue deplorable, viéndolo convertido en un burgués frío, taciturno, sin ningún atractivo especial. Palma regresó al Perú exaltando y divulgando la lírica del alemán Enrique Heine, pero desencantado de los otros poetas franceses que no superaron a Víctor Hugo, tanto poeta como novelista. Su afición por Baudelaire se encuentra en algún epígrafe. Había leído detenidamente a Théodore de Banville y tradujo extensamente a Hugo, convertido en símbolo de capacidad creadora. Mucho más tarde, en 1891, le tocó a González Prada vivir la experiencia de la visita personal a París y algunas provincias francesas, durante varios meses. No iba en pos de los románticos a quienes había traducido en sus años juveniles. Pero ya en plena madurez a los 44 de su edad, lo atraían otros intereses poéticos más trascendentes, los parnasianos y simbolistas, como Baudelaire, Verlaine y Camille Mauclair. En su poemario Exóticas (Lima, 1911) González Prada propone nuevas formas de versificación, y además desarrolla una extensa tarea de ensayista de buenas letras y de combate. Mantiene el culto por Víctor Hugo, seducido por su actitud de luchador empedernido en favor de la democracia y en pro de la renovación de las ideas. Alcanzó en París a conocer a Paul Verlaine en sus críticos últimos años de bohemia. Antes de viajar a Francia González Prada ya había escrito su ensayo sobre "La Revolución Francesa", uniéndose a la celebración del primer centenario de ese hecho social, político y cultural. También había dedicado otro ensayo en los días de la muerte de Víctor Hugo en 1888. Recién llegado a París, pudo sentir de cerca tanto la desaparición de Verlaine como la de Ernesto Renán, su maestro en el culto de libre pensamiento. Pero el estudio sobre Víctor Hugo revivió su predilección por la grandeza del genio de Hugo que supo sobrepasar las limitaciones del romanticismo, movimiento por él creado, pero también superarlo y juzgarlo en toda la amplitud de su capacidad creadora. Hasta donde alcanza nuestros datos, que no son completos ni menos definitivos, podemos seguir apuntando algunos nombres y obras de este siglo XX terminal. Nombres múltiples han seguido mostrando su interés y su personal inclinación hacia el culto de la lengua y la cultura francesa, en diversas formas de comentario y de exégesis. Las valiosas aportaciones de sus lecturas y aptitudes deben destacarse. * * * Un recuento final informativo de la reflexión peruana aplicada a la literatura francesa, debe empezar, en justicia, con la referencia a Mario Vargas Llosa (n. 1936), en sus contribuciones especiales referentes a Flaubert y Rimbaud. En cuanto al primero, el capítulo de este libro dedicado a Flaubert ya incluye la exégesis crítica contenida en un estudio memorable en el Perú y en Francia, titulado La orgía perpetua - Flaubert y Madame Bovary (Barcelona, Editorial Seix Barral, 1975, 280 p.) Con él se ha enriquecido la asimilación original de fuentes universales acerca del gran novelista. Agotando esas fuentes y aplicando el criterio subjetivista y asociado a la investigación analítica y metódica de recientes tiempos, Vargas Llosa logra una apreciación orgánica y reveladora de los secretos técnicos del gran novelista francés. Ha logrado de tal suerte una semblanza ejemplar del personaje novelado. En el primer sector de su libro incluye el relato del surgimiento de la idea primaria de un ensayo sobre Flaubert, las distintas fases de su redacción, la mención de los libros y artículos existentes sobre Flaubert, la lectura de la correspondencia del autor con distintas personas a propósito del tema, la pormenorizada presentación del debate entre censuras y alabanzas, los cambios de criterio a través del tiempo y finalmente los planteamientos adversos y favorables del más difundido y trascendente crítico: Jean Paul Sartre, así como los comentarios que impresionan a lo largo de un siglo transcurrido desde la aparición del personaje Emma Bovary. El debate centenario fue siempre contradictorio, discutible y fogoso, y a veces con largos lapsos de silencio. Parecía agotada toda posibilidad de nuevas interpretaciones y planteamientos, cuando surgió la voz de Vargas Llosa, para animar el aparentemente casi clausurado problema y para descubrir nuevos aspectos y facetas. Pero al margen de su considerable obra de narrador, debe reconocerse en Vargas Llosa su capacidad crítica, aptitudes disímiles que no suelen darse juntas, con magnitud similar en los grandes autores. Como ensayista y cultivador de la crítica, Vargas Llosa ha publicado al lado de las novelas que le han dado nombradía universal, valiosas contribuciones exegéticas y analíticas sobre la obra magna de Flaubert, la novelística de García Márquez, la técnica y el arte de novelar, la reivindicación literaria de Víctor Hugo y otros autores de valor secular. Debe agregarse su revelación y traducción de un desconocido texto juvenil del poeta Arturo Rimbaud, una revelación precoz, titulada Un corazón bajo la sotana - Un coeur sous une soutane (Lima, Prólogo y traducción de Mario Vargas Llosa, J. Campodónico, Editor, 1989.) * * * La visión crítica peruana de la literatura de la Francia reciente, la de los años que siguen a las dos grandes guerras, la del 1914-1918 y la del 1939-1944, la ofrecieron algunos escritores nacidos en el siglo anterior, como José María Eguren (1874-1942), Alberto Ureta (1885-1966), Enrique A. Carrillo (1871-1936), además del ya mencionado Ventura García Calderón. Quienes inmunes al influjo del gastado romanticismo francés, captaron las nuevas posibilidades de la poesía y la prosa postromántica existentes en las páginas de Baudelaire, de Rimbaud, de Verlaine, o sean los originales impulsos del simbolismo. En sus comienzos, Alberto Ureta había estudiado a Alfredo de Vigny al lado del peruano Salaverry, sobre quien versó su tesis de grado. Posteriormente estudió y tradujo a Albert Samaín y a Paul Valery. De acuerdo con su formación francesa, Alberto Ureta se mantuvo dentro de su propia obra, a una discreta distancia de Carlos Augusto Salaverry, y también de José Santos Chocano, muy atados a la tradición romántica. Como maestro de Humanidades en la Universidad de San Marcos, Ureta conducía su investigación aplicada en la enseñanza de la literatura francesa, según acreditan un texto de Literatura Moderna y algunos ensayos como La desolación romántica de Alfredo de Vigny (Lima y Buenos Aires, 1925), así como otros comentarios bien informados acerca de Julien Benda, Paul Valery, Francis Jammes y sobre todo, Georges Duhamel. Otro traductor y cronista de esa generación fue Enrique A. Carrillo, de muy fina formación francesa que luce en sus crónicas dedicadas principalmente a cosas y sucesos limeños. Asimismo el nuevo impulso literario modernista le debe el haber revelado la índole propia de José María Eguren, considerado el poeta por excelencia de la nueva poesía peruana. Eguren fue artífice de una amplia recepción de motivos antes intocados de los antiguos mitos germánicos y de la delicada presencia de imágenes originales y de otros ambientes europeos, al lado de sus contemporáneos. * * * Manuel Beltroy (1893-1965) mantuvo en la revista Mercurio Peruano, de Lima, entre 1919 y 1920, una sección de traducciones poéticas modernas titulada "Mieses de Francia". Persistió en esta tarea de promotor y traductor durante muchos años, publicando al final de su vida un volumen Florilegio Occidental (Lima, UNMSM, Fac. de Letras 1963), cuya mayor extensión está dedicada a la poesía de Flaubert, Baudelaire y otros autores franceses y mediante sus informadas lecciones en la Universidad de San Marcos sobre literatura medioeval. * * * Por esa misma época, en la década de 1920 a 1930, aparece con otro tono de expresión, un crítico de aguda estimativa social como José Carlos Mariátegui (1894-1930), al revelar autores franceses en su revista Amauta (1926-1930) y en otros periódicos (Mundial y Variedades) tales como Romain Rolland, Henri Barbusse, Jean Cassou, André Breton, así como algunos adláteres de los movimientos de vanguardia, conforme ya se ha expuesto en el capítulo dedicado a la recepción del surrealismo, en cuya revelación jugó papel preponderante. * * * En esta reseña, abreviada y deshilvanada, los peruanos que han vivido la cultura francesa en sus letras, en su arte y en su genio, no puede dejar de figurar el nombre de un artista cabal como Fernando de Szyszlo pintor de producción universalmente reconocida. En un reciente libro Miradas furtivas, (México-Perú, F.C.E., 1996) recoge su delicado registro de experiencias vividas en la acogedora tierra francesa durante los años de la postguerra II, cuando alcanzo la fórmula universal para adentrarse en los secretos del arte. Desde entonces ha logrado la visión del arte desde dentro y desde fuera del Perú, siguiendo la perspectiva de una plenitud creadora. * * * Pablo Macera (n. 1928), uno de los discípulos más destacados de Raúl Porras Barrenechea, ha escrito un libro que gravita entre la historia y la literatura, titulado La imagen francesa del Perú (Lima, INC, 1978). Ha utilizado el caudal de datos que registra la literatura francesa de viajes y otros volúmenes afines, en un libro cuyo contenido resulta la otra cara de los ensayos de Porras y persiguen, en contraste, presentar la fisonomía del impacto francés en la historia peruana. Una y otra empresas, resultan así complementarias aunque no siempre rigurosamente congruentes. * * * Luis Alberto Sánchez (1900-1994) historiador de nuestra literatura, es el autor más caudaloso de la bibliografía nacional y cultivador de todos los géneros literarios e históricos. Mostró su afinidad a la cultura francesa a través de varias traducciones de libros (A. Maurois, A. Malraux, H. de Montherlant, R. Rolland, F. Mauriac, J. Benda, J. Mariatain), actividad que no corresponde tratar en este volumen. En cuanto a estudios críticos de figuras literarias francesas, mencionaremos su ensayo sobre Madame de Graffigny ("Una iluminista olvidada, sus cartas peruanas", en Cuadernos Americanos, México, vol. XCIII, N°. 3, pp. 185-195) y además un comentario prologal acerca de Aspectos de la biografía de André Maurois y una semblanza de Marcel Proust, en su Panorama de la literatura actual, ( Ed . Ercilla, Santiago de Chile, 1934). * * * Ocupa destacado lugar en este recuento de escritores peruanos volcados a la exégesis de la obra de creadores franceses, el nombre de Emilio Adolfo Westphalen (n. 1911). Desde sus comienzos literarios y durante varios años en el extranjero, produjo una obra de creación y crítica de calidad excepcional. Poeta en parte adicto al vanguardismo y al surrealismo, ha producido libros memorables y dirigido en el Perú revistas de alta calidad como Las Moradas (1947-1949) y Amaru (1967-1971) en las cuales acogió colaboraciones peruanas de todas las artes y de gran selección, con preferente índole francesa. En la primera, figura un ensayo de Jorge Eduardo Eielson (n. 1924) titulado "Rimbaud y la conducta fundamental" y un "Homenaje a Bonnard" de César Moro y además poemas de Benjamín Péret, traducidos por el mismo Moro. También el revelador ensayo de un notable siquiatra y humanista, Honorio Delgado, titulado "Marcel Proust y la penumbra anímica", después ampliado e inserto en su libro De la cultura y sus artífices (Madrid, Ed. Aguilar, 1961). Este trabajo formó parte de todo un homenaje a Marcel Proust, en el que intervinieron César Moro, Aurelio Miro Quesada y el mexicano Francisco M. Zendejas. Westphalen recuerda la muerte de Antonín Artaud, traduciendo su texto "Escenificación y Metafísica". A su vez, César Moro tradujo textos de Leonora Carrington; además de una reveladora "Pequeña antología de Pierre Reverdy". * * * Tanto en Las Moradas como en Amaru, revistas ejemplares, Westphalen difundió con su autoridad a Jules Supervielle, André Breton, Gerard de Nerval, Jean Paul Sartre y también a Lautréamont y Antonín Artaud. Por esos años sesenta ya se iniciaban como eximios traductores de poesía francesa Javier Sologuren, Enrique Ballón Aguirre y Armando Rojas. En su misma atmósfera, aunque fuera de las citadas revistas, en diversos momentos ha demostrado Carlos Rodríguez Saavedra una original captación del fenómeno francés y especial penetración estética en los caracteres de Marcel Proust, (en Palabras, Lima, Ed. Apoyo S.A., 1987). * * * La vocación literaria de César Moro (1903-1956) dio muestras tempranas coincidiendo con el fervor del vanguardismo de los años veinte. Viajó a Francia y se familiarizó con la corriente surrealista desde 1924. Conoció a André Breton, a Benjamín Péret, a Paul Eluard, a Pierre Reverdy y a Louis Aragon, a pintores y poetas de esa escuela. El mismo era un artista temperamental que alternaba la expresión de su capacidad en poemas y dibujos con los cuales ilustró diversas ediciones. Volvió al Perú. Admiró y tradujo a poetas como Breton, Reverdy, pero sobre todo lo anterior, volcó su interés y su comentario en una célebre conferencia sobre "Imagen de Proust" (en 1953) dicha en la Universidad de San Marcos de Lima, Comentó en varias oportunidades la poesía y la actitud intelectual de Charles Baudelaire. Moro fue un poeta bilingüe y lo mejor de su poesía la escribió en francés como consta en sus libros Le chateau de Grisou (Lima, Ed . Tigrondine, 1943) y Lettre damour (México, 1944) y en castellano La tortuga ecuestre (Lima, edición póstuma de André Coyné, 1958) y Los anteojos de azufre (1958) y Obra poética (Lima, 1980) también bajo el cuidado de André Coyné . Vivió largos años en México, colaborando en las revistas Letras de México y El hijo pródigo, publicaciones de gran calidad. * * * El alto nivel de la investigación literaria se mantiene gracias a la vocación humanista de Luis Jaime Cisneros (n. 1921). Formado al lado de Amado Alonso, empezó desde la Universidad de Buenos Aires, una constante exigencia en la investigación de grandes figuras de las literaturas de España y Francia. Poco afecto a revelar sus trabajos, mantiene créditos en parte, rompiendo esa modestia intelectual, ha publicado sin embargo "Una relectura de Le Cid de Corneille" (en Letras, UNMSM, N° 44), un ensayo sobre Rimbaud (Revista de la PUC, N° XVI) y unos "Procedimientos lingüísticos en el teatro de Giraudoux" (en Anuario de Letras, México, II, N°. 11, pp. 251-258). Igualmente ha estudiado con singular originalidad a "Rilke y la lengua francesa" (publicado en Sphinx, N°. 16, pp. 114-116). Mantiene tercamente inéditos "Mise en relief en el teatro de Giraudoux" (1979) y "Rabelais: una fe y un estilo" (1995). * * * Dominando con gran aplicación y empeño los secretos del idioma francés, Edgardo Rivera Martínez (n. 1933) ha ofrecido felices versiones de notables peruanistas, como el escritor y dibujante Leonce Angrand y el viajero Charles Wiener. Ha traducido además poemas de Mallarmé. Sus publicaciones abarcan otros temas afines como su ensayo "La literatura geográfica francesa del siglo XVI como antecedente de lo real maravilloso" (en Revista Crítica Literaria Latinoamericana, Lima, N°. 9, 1979) y también "Diana de Castro, una olvidada novela (francesa) del siglo XVII", en la revista San Marcos, Lima N°. 12, 1975. * * * Un caso especial de rigurosa exigencia intelectual y de seria investigación literaria, revelan los trabajos de Ricardo Silva Santisteban (n. 1949) Las tareas del recopilador han ido parejas con las de traductor, reveladoras de una auténtica vocación cultural. No trataremos ahora de sus versiones tan sensibles a los más disímiles testimonios poéticos. Pero sí resultan pertinentes sus trabajos críticos sobre Rimbaud (en Poetas y místicos (Lima, PUC, 1992), sobre André Breton ("Leyendo un poema de André Breton"), sobre Guy de Maupassant ("La magia narrativa de Guy de Maupassant" en Homenaje: El hechizo Guy de Maupassant, Lima, Ed. Los Olivos, 1993) y sobre Mallarmé ("Mallarmé y la poesía de lo absoluto", en Escrito en el agua, Lima, Ed. Colmillo Blanco, 1989). Este último trabajo es la primera muestra de un libro mayor, todavía inédito, que se titulará Mallarmé en castellano, el cual contiene el proceso de la recepción hispanoamericana del genial poeta francés, visto desde la perspectiva peruana pero relacionada con todo el mundo lector de América de habla castellana, con el de un crítico que agota la bibliografía de la materia. * * * Hizo mucho por tender coordenadas y vínculos de relación entre las dos literaturas, Víctor M. Llona (1886-1953), escritor trilingüe, nacido en el Perú, educado en Francia pero muy vinculado a la nueva literatura peruana. Compartía personalmente la amistad con André Gide en Francia, tradujo novelas norteamericanas al francés y al castellano y participaba en las tertulias de la bohemia francesa y norteamericana después de los años 20 y alternaba con Herny Poulaille, el editor de la bella revista Le Crapouillot, con Paul Morand, Roger Martín du Gard y aun con Proust, Valéry Larbaud, Paul Valery y con miembros de las generaciones posteriores como Malraux, Aragon, Breton e Ivan Goll. Escribió en francés unas Memorias sobre la vida literaria en París, después de la Primera Guerra Mundial. Ha sido el único peruano e hispanoamericano que ha publicado en francés, dos novelas cortas en las páginas de la Nouvelle Revue Francaise (1913). Hemos recogido parte de su obra en Víctor M. Llona, Obras Narrativas y Ensayos, Lima, Ed. Biblioteca Nacional del Perú, 1971. * * * Su residencia prolongada de unos 4 años, en Francia, no perjudicó las raíces peruanas de los relatos de Julio Ramón Ribeyro y al contrario diversificó sus temas, aguzó su ingenio literario, ennobleció su prosa tan original y afirmó sus recursos de gran narrador. Intentó algunas versiones de cuentistas franceses como Maupassant que dio a conocer en edición limeña. * * * Bajo el signo de Vallejo Cesar Vallejo (1992-1938) vivió en Francia los últimos 15 años de su vida. Antes de viajar a París en 1923, había ya publicado en Lima, el libro clave de su original poesía: Trilce, (Lima 1923). Ningún otro libro de poesía apareció en vida del autor. Libros póstumos fueron: España aparta de mi este cáliz y Poemas humanos, este último publicado en París en 1939. En su obra poética no se dan por lo tanto impactos directos o indirectos de la cultura o el ambiente francés, salvo algunas páginas no poéticas. Siguiendo las crónicas y artículos de la recopilación de Jorge Puccinelli, tampoco encontramos en ellos identificación precisa con la vida francesa. Vallejo se limita al papel de expectador que sigue de cerca los hechos, figuras, ambientes, acontecimientos, espisodios del suceder latinoamericano en la vida cultural, literaria, artística de París, sobre todo en lo que acontece a personajes latinoamericanos que llegan, viven o se van de París. Cuenta tambien lo que les ocurre a los propios franceses. Pero Vallejo permanece espacialmente distante y reemplaza la exactitud con la ironía, la cual le sirve para no contaminarse. Vivía placente-ramente dentro del ambiente pero no se vinculaba personalmente a él. Actuaba de observador certero y agudo, pero no se sentía nunca parte del mismo acontecer. Esta objetividad del cronista era su característica actitud de mero e inteligente espectador. Escribió crónicas valiosas por la información que contenían, por el escenario singular en que se desenvolvían los sucesos narrados y los libros comentados. Pero su ser y su existir no estuvieron nunca vínculados estrechamente con el ser y el existir de los parisienses. Su poesía y su alma, sus angustias y sus demonios interiores estuvieron siempre al margen del medio en el cual vivió casi tres lustros, en un país al que siempre trató con simpatía y comprensión, a pesar de ciertos episodios de represión policial que sufrió. Pero es otra la conducta observada, en las crónicas que versan sobre España o Rusia, países a cuya existencia vinculó sus campañas, sus inquietudes y sus experiencias existenciales más intímas. En contraste, había escogido Francia para proteger su espíritu creador, para subsistir en ella, para disfrutarla, y para morir en París, y para que en tierra francesa reposasen sus restos. También su libro agónico Poemas Humanos apareció póstumo en prensas francesas. De Vallejo no podría decirse nunca que fue un "afrancesado" a pesar de que vivió -los mejores años de su existencia- en tierra francesa. Fue tal véz un francófilo receptor de la escena cultural francesa de su momento. Su poesía quedó indemne a toda, extraña influencia, al igual que José María Eguren (que nunca puso un pie fuera del Perú) o Martín Adám que escribió unos "sonetos a Chopin", (en Travesía de Extramares) con epígrafes en francés , desafiando en las citas a su germanofilia y anglofilia formativas características. Tanto como Vallejo quedaron los tres indemnes a todo influjo dominante europeísta que fuese extraño a su ser peruanista y a su genial inspiración.
Queremos dejar para el final el recuerdo y la cita de la figura -inolvidable- de Raúl Porras Barrenechea, brillante historiador y hombre de letras, formado en los mismos claustros francófilos donde desenvolvieron vocaciones precoces Riva Agüero, Ventura y Francisco García Calderón. Pero en Porras anidaba, aparte del culto de la historia peruana, una auténtica vocación literaria, estudiada, con ocasión de su jubileo al cumplirse cien años de su nacimiento. En en su temprana vocación literaria va implícito un efecto decisivo sobre su prosa recientemente estudiada por Luis Loaysa, sagaz crítico, en La Marca del Escritor, (Fondo de Cultura Económica, México, Lima 1994). En su juventud se había desarrollado con gran vigor, el movimiento modernista cultivado con fervor continental. El penate era el nicaraguence Rubén Darío y su influencia gravitó en todo el mundo hispánico incluida España. El modernismo significaba la incorporación de moldes y módulos de estilo francés asimilables al castellano que a pesar de críticas, enriquecieron con fuerza decisiva en el lenguaje y, el arte de la poesía y la prosa castellana. Porras asimiló esos avances modernistas de útil y vital francofilia, pero quedó indemne al cabo de años, para valorar las figuras de Valdelomar y las de Eguren y Vallejo que Ventura García Calderón no logró entender en su exacta dimensión. Porras fue un prosador modernista, pero no obstante, entendió el sentido de la modernidad. A Francia ofrendó Porras páginas memorables en torno a los viajeros franceses que visitaron el país desde Amedeé Frezier en el siglo XVIII hasta los de comienzos del XX. Este panorama fue ya esbozado en un prólogo del libro dedicado a dos viajeros por primera vez traducidos. Le faltó tiempo para el estudio total, (pues murió prematuramente a los 63 años) para madurar sus conclusiones sobre todos esos viajeros franceses. Ese libro hubiera hecho pareja con el que dejó escrito y publicado sobre los visitantes y exploradores italianos. Sus estudios sobre viajeros franceses, se encuentran en los volúmenes que contienen sus prólogos al hermozo relato de Sartiges (E.S. de Lavandais 1834) y al A. De Botrniliau (1848), y dejó además proyectada la versión de Max Radignet que nosotros acogimos diez años después de la desaparición del maestro Porras.* Para otro de sus libros (Antología de Lima, Madrid, 1935, Lima 1965) Porras seleccionó textos franceses alusivos y señaló los fragmentos que debían traducirse, encomendando esa tarea discípulos y colaboradores como Manuel Solari Swayne y Juan Ríos quienes no suscribieron esas traducciones de fragmentos de Frézier, Bachelier, Radiguet, Cotteau, Monnier, textos que adornan dicha antología preparada para conmemorar el cuarto centenario de la Fundación de Lima. El mencionado prólogo a los dos viajeros que editó Porras y otros útiles textos circunstanciales se recogieron, traducidos el francés, en un folleto titulado La Culture Francaise au Pérou (discours et écrits). (Lima, 1958, 48 pp.) en cuyas páginas, Porras alcanzó a señalar lúcidamente los vínculos culturales que legan a los dos pueblos, ante la historia. Evaluó Porras cuáles fueron los agentes de esta obra cutural. Han coincidido en esa fusión no sólo en lo literario sino tambien vinculan a lo económico, lo social, lo juridico, ya que las instituciones peruanas del XIX descansaron sobre ideologías y estructuras mentales que fueron comunes. Porras estudió la comprensión demostrada por los viajeros franceses de épocas posteriores a la conquista española del Perú, desde los testimonios de los marinos franceses aventureros que practicaban el comercio ilícito hasta el fortalecimiento de las relaciones comerciales regulares y la acción civilizadora de hombres de ciencia de Francia como Frezier, Feuilléc y Las Condamine y luego, en el siglo XIX, Castelnau, Radiguet, de Sartiges (o Lavandais), portadores de las nuevas ideas y la contribución de científicos etnógrafos, naturalistas, exploradores y especialistas como DOrbigny, Crevaux y Flornoy, Vellard y Paul Rivet. De todo ello se concluye que la acción de Francia en el Perú y en toda la América Latina, tuvo una intención y una directiva civilizadora y enriquecedora que en tiempos recientes, se condensa en la creación del IFEA, Instituto Francés de Estudios Andinos.
* Debemos hacer mención de honor a dos mujeres intelectuales que tradujeron con dominio y precisión formal importantes textos franceses mencionados en este libro: Emilia Romero de Valle y Catalina Recavarren Ulloa. De la primera es la versión de los Peregrinaciones de una paria de Flora Tristán y de los textos de los viajeros Lavandais y Botrniliau publicados por Porras y citados en este libro. A la segunda pertenece la delicada versión francesa de la parte peruana de los Souvenirs de Max Radiguet, editada bajo nuestro cuidado en la Biblioteca Nacional del Perú, entonces a nuestro cargo. Esta nota es un adelanto mínimo del contenido de nuestro libro La traducciones Literarias en el Perú, de próxima publicación. |