El Fundador de la Narrativa Moderna: Gustavo Flaubert
Con esta obra (sobre Flaubert) y con su libro sobre García Márquez, Mario Vargas Llosa se ha revelado como un escritor muy calificado de literatura de reflexión, aparte de su extensa producción de literatura creativa en el género narrativo. Si bien Baudelaire ha producido un apreciable impacto sobre gran parte de la más calificada poesía lírica peruana, principalmente en los comienzos del presente siglo, Gustavo Flaubert y su obra novelística, sólo tuvo inicialmente alguna débil asimilación en nuestra narrativa, esto es, sobre la novela y el cuento, y ya desde fines del siglo anterior. Es preciso reconocer que nuestro romanticismo no tuvo una floración novelística importante, haciendo excepción de Luis Benjamín Cisneros. La novela peruana surge más próspera con las generaciones realistas o naturalistas después de 1885. La preponderancia del impacto europeo está sin duda en Emilio Zola, pero lateralmente se acogieron también las enseñanzas de Flaubert, sobre todo en ciertos perfiles psicológicos de personajes comunes que se vislumbran en las obras de Clorinda Matto de Turner o de Mercedes Cabello. El culto flaubertiano ha de insinuarse más nítidamente en el presente siglo, aunque un tanto mezclado con otros elementos europeos. Acaso Flaubert llegó tal vez algo tarde al Perú. La primera exposición de su técnica y estilo la encontramos en tres artículos que le dedicó a comienzos del presente siglo, un notable creador de cuentos que fue Manuel Beingolea1. En una primera instancia , hizo escuela, sobre todo en ciertos intentos de reconstrucción histórica del pasado, con aliento parnasiano más que romántico, como podría serlo alguna novela de Angélica Palma como Tiempos de la patria vieja, o alguna de las novelas de Francisco Vegas Seminario, El pueblo del sol de Augusto Aguirre Morales, en las que encontramos la asimilación del doble aspecto de Flaubert, el del análisis psicológico y el de la reconstrucción de escenas del pasado. Podríamos concluir que entre nosotros inicialmente prosperó más el magisterio de Flaubert autor de "Salambó", que el creador de "Madame Bovary". Su genio resultó siempre un tanto exótico en el ambiente americano. Esa angustiosa búsqueda de forma bella (en parnasiano y atormentado anhelo de encontrar la perfección del estilo) se contradice con los rumbos que elige la nueva narrativa hispanoamericana, insistente en atender en esa primera mitad del siglo XX, la exigencia de la denuncia de los problemas sociales, por encima de la preocupación del lenguaje formal. La novela hispanoamericana supone entonces la negación del torturado y perfeccionista formalismo que significó Flaubert. Pero en otro sentido Flaubert hacía escuela en América, esto es, en cuanto fue un rebelde, capaz de enfrentarse a los prejuicios sociales, arrancando el velo de la hipocresía y denunciando los males de una sociedad en crisis. Existía pues para los hispanoamericanos un Flaubert bivalente, de un lado el novelista de los grandes recursos técnicos, y de otro lado, el creador de la novela de reconstrucción histórica. En señalar esos valores de Flaubert fue fecunda la celebración del centenario de la aparición de Madame Bovary, (en 1957), que organizó, en la Facultad de Letras de la Universidad de San Marcos, un espíritu abierto a la inquietud literaria y buen traductor del francés que fue Manuel Beltoy, autor de la primera versión castellana de La leyenda de San Julián Hospitalario2. En esa ocasión, el profesor francés André Coyne ofreció una conferencia sobre "Flaubert y la ilusión del realismo"3 , en la cual señala como propia de Flaubert una:
Más adelante, extremando su elogio de la capacidad creadora del autor tratado, endereza un requisitoria contra la opinión de cierta crítica pesimista en cuanto a la permanencia artística de Madame Bovary, y proclama su vigencia y un interés duradero. Señala los verdaderos límites del realismo de Flaubert y asevera lo siguiente:
Finalmente, adelantándose a la nueva crítica esclarecedora de las virtudes artísticas de Flaubert, lo define como:
Veinte años después del homenaje de la Universidad de San Marcos, habría de producirse un libro crítico, definitivo, acerca de la obra de Flaubert, escrito por un novelista peruano quien revela su vínculo -y el de los creadores contemporáneos- con el autor de Madame Bovary5 , Mario Vargas Llosa ha trazado el cuadro analítico más completo, dentro de las letras castellanas, de la creación flaubertiana. Utilizando una óptica crítica tridimensional, ha examinado sus características desde diferentes perspectivas. En esos términos, traza la visión personal y subjetivista del crítico, su propia experiencia frente a la obra tratada, en una suerte de comentario que podría denominarse "ëxhaustivo". Está allí formulada la propia experiencia de Vargas Llosa en la lectura apasionada de Flaubert y el impacto de su obra en los comienzos de una carrera novelística del joven escritor peruano, quien asiste a la revelación, recién llegado a Francia, de muchos secretos del narrador y relata los pormenores de un descubrimiento novedoso de los recursos del maestro. (De ellos no participaron las novelas románticas, de las cuales, sin embargo, procede Madame Bovary, aunque luciendo otros nuevos atributos de que carecían aquellas). La devoción del escritor peruano por la figura de Flaubert lo lleva inexorablemente a la información exhaustiva de sus exégetas pasados y presentes -los miopes y los lúcidos- y a la indagación detenida en los trece volúmenes de su Correspondencia, fuente preciosa para estudiar su teoría personal del arte de narrar. En una segunda parte del libro de Vargas Llosa, la parte más valiosa de su examen, éste ingresa al terreno de la evaluación estilística de Madame Bovary. En diferentes acápites estudia la génesis de la obra, la elaboración de las anécdotas reales, la superación de gustos juveniles, para llegar a establecer los orígenes y el progreso penoso y torturado de la confección de la obra de Flaubert. En este punto, se analiza el método de trabajo y se revelan las fuentes utilizadas por el novelista, a saber, la correspondencia con amigos, las experiencias personales, lecturas, documentación anexa, viajes, consultas, captación de ingredientes reales identificables o no. Entra luego en el análisis del "elemento añadido" a esos otros elementos tomados de la realidad y de las fuentes, o sea las transfiguraciones operadas en la concepción del autor, que conformarán "lo original" y característico de su obra. Así abarca el comentarista el examen de los fenómenos que observa en el texto: la humanización de las cosas, la cosificación de los hombres, el contrapunto dinero-amor, el mundo binario en que se mueve la acción, el problema de la utilización del tiempo heterogéneo y múltiple o lo que llama el tiempo singular, el tiempo circular o repetitivo, el tiempo inmóvil y el tiempo imaginario. Ha de coronar esta laboriosa y ejemplar tarea estilística y estructuralista, la observación del lenguaje dentro de las formas variadas del narrar, el personaje plural, el narrador invisible, el narrador que filosofa, el narrador normal. Termina esta parte con el estudio del nivel retórico, las imágenes obstructoras y el estilo indirecto libre, el monólogo silencioso, en lo cual resulta Flaubert el precursor en el empleo de la técnica que consagró, en posteriores años, James Joyce. El meollo del libro de Vargas Llosa se encuentra es este análisis sistemático del estilo y de la estructura de la obra de creación, realizado con la ayuda de amplia documentación y severa disección de la obra. Finalmente, en una tercera parte, se estudia el significado de la novela de Flaubert en relación con obras similares que la antecedieron o con las que aparecieron después o sea la trayectoria histórica de su fama. Madame Bovary, "primera novela moderna" y fundadora, significó una apertura de nuevas perspectivas narrativas que escasamente fueron vislumbradas por sus contemporáneos. Sólo a raíz del primer centenario de la aparición de la obra, la crítica contemporánea, con nuevos métodos e impulsos, con instrumental y perspectivas distintas, parece inclinada a aceptar la validez de la "novela total" que planteó Flaubert. Según su estética, los personajes son escogidos entre los hombres vulgares y mediocres, dejando un tanto al margen a las figuras epónimas. Todos los temas, los malos y los buenos y aun los triviales y anodinos, son posibles de ser incorporados a su narrativa. Todo depende de la forma en que fueren elaborados. Y así entran en juego las originales concepciones suyas del tiempo y del lenguaje, de la vida y del arte, de lo que es realidad y de lo que es ficción. Vargas Llosa ha escrito así un libro medular, buen ejemplo de las corrientes nuevas de la crítica, y resulta tal vez el único ensayo de este jaez escrito en el mundo hispánico, dotado de una información de primera mano, exhaustivo en sus referencias a otros trabajos sobre Flaubert escritos en los últimos tiempos. En su desarrollo sugerente e iluminado, exhibe las altas dotes de un escritor que, tanto en la novela como en la prosa virtuosista, se ha mostrado una de las más altas figuras de la literatura actual. Con el libro de Vargas Llosa se ha robustecido el conocimiento, dentro del acontecer literario del Perú y de América Latina, de la obra de Flaubert, en los años siguientes a su aparición y apogeo. El rigor, y la fortuna hacen de este libro de análisis tal vez una de las pocas aportaciones validas de la crítica peruana a las letras francesas . Así lo ha reconocido el comentario bibliográfico francés, en los años posteriores a 1975, cuando ya se creía agotada la posibilidad de nuevas aportaciones interpretativas.
1 En El Comercio, Lima, 1°, 5 y 7 de noviembre de 1902. 2 G. Flaubert, La leyenda de San Julián Hospitalario, traducción de Manuel Beltroy, Lima, UNMSM, 1957, 24 p. 3 Publicada en Letras, órgano de la Facultad de Letras de la UNMSM, Lima, 2° semestre de 1958, N° 61, p. 5-19. 4 Coyné, A., Conferencia citada. 5 Mario Vargas Llosa, La orgía perpetua-Flaubert y Madame Bovary, Barcelona, De. Seix Barral S. A., 1975, 281 p. |