XI

 

La Efusión Sentimental: Lamartine y Musset

Alfonso de Lamartine (1790-1869) produjo una verdadera conmoción entre sus primeros lectores peruanos y mantuvo su impacto poético hasta muy entrado el siglo XIX. Lo testimonia Ricardo Palma en sus recuerdos:

"Allá por los años 1848 a1850, ... Lamartine, Musset y Victor Hugo, entre los franceses, eran manjar delicioso para la juventud latinoamericana ... Márquez (José Arnaldo) se sabía de coro a Lamartine".

Desde años anteriores se difundían en todo el Perú las versiones castellanas de Lamartine. Según aviso inserto en un periódico, en 1834, se vendía en el "Baratillo" de la Plaza de Regocijo del Cuzco, una edición de las Poesías del poeta, al lado de otras obras de Madame Stael y Chateaubriand2. Luis Benjamín Cisneros consideraba un ejemplar de las Oeuvres (de 1838) de Lamartine "el más querido de mis libros"3 . En una carta personal de 1858, el mismo Cisneros decía, desde París, a su amigo José Casimiro Ulloa: "Estudio el francés ... leo a Lamartine y a Víctor Hugo"4. Manuel Amunátegui, quien dirigía El Comercio de Lima traduce para ese diario poesías de Lamartine desde 1855.

En 1840, el peruano Juan Manuel de Berriozábal, Marqués de Casa Jara, (1814 - 1892) editaba en París, una selección de Poesías de A. Lamartine5  de amplia difusión en el Perú e Hispanoamérica. Las versiones se siguen publicando no sólo en periódicos literarios, sino en las ediciones comunes de los diarios. En La época que dirigió por breve tiempo, J. Arnaldo Márquez dio a publicidad en 1862, algunas versiones trabajadas los años anteriores como el famoso poema de Lamartine "A la muerte de su hija"6   y algo más tarde, en 1865, reveló su traducción del prólogo de "Jocelín" en el diario El Nacional 7  y más tarde también "El delirio de Jocelín". Un poeta de la misma generación, Carlos Augusto Salaverry, registra el impacto de Lamartine en su propia expresión de la lírica romántica peruana, según el consenso del criterio posterior más exigente.

La publicación de versiones lamartinianas se hace más frecuente en los años 60 y 70. Destacan nuevos traductores como Arturo Morales Toledo, Federico Flores Galindo (bajo su seudónimo "Dalmiro"), Ricardo Rossel, quienes publican en un semanario notable El correo del Perú8 . Allí aparece también un estudio de Felipe G. Cazeneuve titulado "Realidad y Ficción"9 , cuya médula son las lecturas de Lamartine, Musset y Jorge Sand.

Ese fervor lamartiniano se esparció por todo el Perú. Es notable el aporte de los poetas de Arequipa como Samuel Velarde, Eduardo F. Forga y José María de la Jara a quienes se deben nuevas versiones de "Jocelín", "Recuerdo" y "Tristeza".10 y otras más. El ambiente arequipeño favorable a Lamartine indujo a Mariano H. Cornejo (más tarde sociólogo orador y político de nota) a escribir un estudio sobre Lamartine en su libro Artículos literarios.11

Es muy revelador que el entusiasmo inicial por la poesía de Lamartine va decreciendo en los poetas peruanos a medida que pasan los años. En Ricardo Palma sobre todo, el ídolo de su juventud se derrumbó ante la impresión desfavorable que le produjo el conocimiento personal del poeta francés, durante su viaje a Francia en 1865:

"Cuando en mi primer viaje a Europa,
cediendo a petulante empeño mío,
mi amigo el poeta argentino Hilario
Ascasubi me llevó en París, a casa
de Lamartine, a pesar de que estaba
yo aún en plena mocedad, no
experimenté emoción igual a la que ante
Zorrilla sentía. En Lamartine el
hombre me desencantó a los cinco minutos.
Me pareció un simple mortal, con
levita negra y corbatín de cerda, uno
de tantos que pasean el bulevar de la
Magdalena. No correspondió a mi ideal,
lo confieso"

Probablemente algo semejante había acontecido a los demás integrantes de la bohemia romántica peruana. Abonaba el desencanto la propia trayectoria de Lamartine, políticamente desafortunada; mientras Víctor Hugo merecía la gallarda fama de luchador a favor de los humildes y el arrogante título de enemigo de los déspotas, a quienes tanto aborrecían los románticos peruanos. El culto por Lamartine no trascendió al siglo XX, La llama de su intensa acogida se apagó pronto.

Semejante destino que el de Lamartine presidió la recepción de la obra de Alfredo de Musset (1810?1857) en las letras peruanas. Fue relativamente temprana y muy fervorosa su primera acogida. Habría de figurar su nombre entre los predilectos de la generación romántica peruana. Tanto las Poesías en la edición de 1867 como la novela La confesión d'un enfant du siécle se encontraban entre las obras predilectas de Luis B. Cisneros12. Siguiendo la misma inquietud del modelo y parafraseando el título, Cisneros había escrito en París una de las primeras tentativas del género novelístico realizada por un peruano: Edgardo o un joven de mi generación (París, 1864)13.

Entre tanto, en 1860 había aparecido en Lima, traducido por un español radicado en el Perú, La confesión de un hijo del SigIo14, editado en las mismas prensas de La Revista de Lima (Establecimiento tipográfico Aurelio Alfaro). El traductor fue don Manuel José Peralta, conocido en España como Marqués de Casares. La versión era fidedigna aunque un tanto fría y retórica. Peralta participaba de las mismas inquietudes del grupo romántico limeño (Palma, Márquez, Salaverry, Cisneros, etc.) y colaboró en la mencionada revista. Se había educado en Francia y había vivido en el ambiente literario de ese país.

Los diarios de Lima publicaron, en la década del 60, muchas traducciones de poesías y de cuentos de Musset. En el folletín de El Nacional encontramos los cuentos "El secreto de Javotte» y la "Historia de un mirlo blanco" (aparecido en agosto de 1867), traducidos especialmente para el diario15. Incluso, en 1852, el folletín de El Comercio reprodujo La frascatana, novela del hermano de Alfredo, Pablo Musset, autor de menor importancia,. En La Sociedad 16 apareció en 1870 la versión castellana de "Rapelle?toi" por Teodoro Valenzuela, reproducida más tarde, en 1873, en El Correo del Perú, periódico en el que también aparece "Tú y yo», en versión libre de Abel de la E. Delgado. También en La Revista Social 17 encontramos una versión del poema "Adiós", por Simón Martínez Izquierdo. Otros poemas se registran en El Lucero (mayo de 1907) y en Balnearios, (abril y junio de 1911)18, estas últimas versiones debidas a la pluma de Juan Tassara, excelente intérprete.

Pero el impacto poético mayor parece haber recaído en el peruano Carlos Augusto Salaverry, la cifra más alta de la poesía romántica peruana. Lo evidencia uno de sus mejores poemas, "Acuérdate de mí" que constituye una afortunada paráfrasis de "Rapelle?toi" de Musset19. La imitación (sin mengua de la originalidad de Salaverry) se encuentra en el motivo poético: la ausencia del objeto amado; y el requerimiento para que no amengüe el recuerdo, y no prospere el olvido, pese a la distancia material que separa a los sujetos. El motivo no sólo fue cultivado por Salaverry como vemos a continuación.

Tanto Carlos Augusto Salaverry como Luis Benjamín Cisneros y también Manuel González Prada, escribieron sendos poemas siguiendo en líneas generales el "ritornello" de "Rapelle-toi" de Alfredo de Musset, pero introduciendo variantes de inspiración que ha estudiado en detalle Alberto Escobar 20 La nota poética más alta la ofreció Salaverry:

...........................................
Parece ayer! ... De nuestros labios mudos
el suspiro de ¡Adiós! volaba al cielo,
y escondías la faz de tu pañuelo
para mejor llorar!
Hoy! ... nos apartan los profundos senos
de dos inmensidades que has querido,
y es más triste y más hondo el de tu olvido
que el abismo del mar!
Pero qué es este mar? qué es el espacio?
qué la distancia, ni los altos montes?
ni qué son esos turbios horizontes
que miro desde aquí;
Si a través del espacio y de las cumbres,
de ese ancho mar y de ese firmamento,
vuela por el azul mi pensamiento
y vive junto a tí?
...................................


Cisneros ofrece, en su variante, el lamento amoroso:

..........................
Siempre que vi irradiar la misteriosa
faz de la luna, triste me sentí:
cuando yo duerma en mi ya abierta fosa
    y alces los ojos a la luna hermosa,
    acuérdate de mí!
Siempre que vi la mar, a la esperanza
no sé por qué mi corazón abrí:
cuando llegue la muerte, que ya avanza
y contemples el alma en lontananza
    acuérdate de mí!
siempre amé de los cielos el paisaje
que en las serenas tardes descubrí;
cuando mi cuerpo en polvo se desgaje
y en los cielos admires un celaje,
    acuérdate de mí! 21

En contraste, González Prada ofrece una motivación menos lúgubre:

Acuérdate de mí, Gacela hermosa
cuando la luz expire en occidente
cuando la tarde asome silenciosa
cuando en celajes de carmín y rosa
levante el sol la coronada frente.

En las dolientes horas de la ausencia,
cuando yo me acuerde sin cesar de tí,
oh, embriagadora Flor de mi existencia
Acuérdate de mí!

Cuando descorra en el azul del cielo
la quieta noche su estrellado velo
oye la voz de lánguida ternura
que hiende el aire murmurando así:
Luz de mis ojos, Reina de hermosura,
acuérdate de mí!22

Y finalmente, veamos la última estrofa del propio poema de Musset, en la versión casi literal de Teodoro Valenzuela.

Acuérdate de mí cuando ya helado
mi corazón por siempre dormirá
y sobre mi sepulcro abandonado
las flores del miosotis se abrirán.

Nunca más te veré, pero mi alma
fuego inmortal, no puede perecer,
y de la noche en la apacible calma
te buscaré como tu hermana fiel.

En medio de sus sombras misteriosas
y en los ayes del céfiro el gemir
escucharás las voces cariñosas
que te dicen: Acuérdate de mí23

La composición peruana que más se acerca al poema de Musset es, objetivamente, la de Cisneros, con la alusión directa a la muerte. En cambio, Salaverry y González Prada han recreado y conformado una nueva concepción poética, más original y tan valiosa como la de aquellos versos que le dieron origen. Con todo, los cuatro ejemplos muestran un aire de familia común, la singular actitud de los románticos frente a la melancolía, la lejanía y el amor, tanto como el intenso y mítico temor al olvido.

A finales del siglo, el mismo Manuel González Prada, quien en su juventud había participado en la admiración por la nota sentimental de Musset, podía resumir en las dos líneas de uno de sus "grafitos", su desencanto y hartazgo de la musa melancólica y un tanto monocorde del poeta francés:

Musset
Leído a ratos, embriaga;
mas de un tirón, empalaga24


____________________________
1 Ricardo Palma, "La bohemia de mi tiempo» en Tradiciones peruanas completas, Madrid, Aguilar, 1905.

2 El Sol del Cuzco, colección de 1834.3 L. B. Cisneros, Obras completas, vol. III. Lima, 1939.

4 L. B. Cisneros Obras completas, vol. III, epistolario . Lima, 1939.

5 Poesías de Lamartine, trad. por Juan Manuel de Berriozábal, París, Lib.      V. Salvá, 1840.

6 "Fragmento a la muerte de su hija" por A. de Lamartine en La Epoca, Lima, 19 de agosto de 1862.

7 "Prólogo de Jocelín” por A. de Lamartine, taducido por J. Arnaldo Márquez, en El Nacional, Lima, 19 de diciembre de 1865.

8 «Tristeza», traducida libremente por Arturo Morales Toledo, en: El Correo de/ Perú, Lima, Nº 10, año VII, 11 de marzo de 1877. El mismo poema, trad. por Dalmiro (Federico Flores Galindo) en El Correo del Perú, Lima Nº 29, año VII, 22 de julio de 1877. "El valle" de Lamartine, trad. por Ricardo Rossel en: J.M. Gorriti, Veladas literarias de Lima, Buenos Aires, 1892. "La Marsellesa" de A. Lamartine, en El Perú ilustrado, 28 de mayo de 1892. Véase también de R. Rossel, Obras literarias, tomo II, Lima, Benito Gil Editor, 1890?1891.

9 Felipe G. Cazeneuve, "Realidad y ficción" en: El correo de/ Perú, Lima, Nº 37, setiembre de 1872.

10 Samuel Velarde, Propio y ajeno, Arequipa, Tip. Cáceres, 1899, 130 p., incluye muchas versiones de¡ francés, entre ellas algunas de Lamartine y Heine.
Eduardo F. Forga, Nueva Vida, (traducciones del francés y alemán) Arequipa, Tip. Cáceres, 1898. José María de la Jara publicó sus versiones en: Lira arequipeña, Arequipa, Imp. Manuel Pío Chávez, 1899.

11 Mariano H. Cornejo, Artículos literarios, que incluye el estudio sobre Lamartine, Lima, Imp. de Gómez y Ledesma, 1888.

12 Luis B. Cisneros, Obras completas, vol. III, Lima, 1939.

13 L. B. Cisneros, Edgardo o un joven de mi generación, París, Imp. Rosa y Bouret, 1864.

14 A. de Musset, La confesión de un hijo del siglo, Lima, Establecimientos tipográficos Aurelio Alfaro, 1860. (trad. de M.J. de Peralta), 176 p.

15 A. de Musset, “El secreto de Javotte” en El Nacional, Lima, 1º, 2, 3, 5, 6 y 7 de agosto de 1867. "Historia de un mirlo blanco" en: El Nacional, Lima, 29 de agosto de 1867.

16 A. de Musset, "Acuérdate de mí", trad. de “Rapelle?toi" por Teodoro Valenzuela, en La Sociedad, Nº 124, Lima, 2 de noviembre de 1870, reproducido en El Correo del Perú, año 111, Nº 5, Lima, octubre de 1873.

17 En La Revista Social, N'40, Lima, marzo de 1886.

18 En El Lucero, Lima, mayo de 1907 y Balnearios, Barranco, Lima, abril y junio de 1911, Nºs 26 y 35.19 Carlos Augusto Salaverry, poema «Acuérdate de mí» en Albores y destellos, El Havre, Imp. Lemale Ainé, 1872.

20 Salaverry ? Poesías, Lima, UNMSM, 1959, (prólogo y recopilación de Alberto Escobar)

21 L.B. Cisneros, Obras completas, vol. I., Lima, 1959.

22 M. Gonzáles Prada, Minúsculas, Lima, Tip. El Lucero, 1909.

23 Poema “Acuérdate de mí” - “Rapelle?toi” traducido por Teodoro Valenzuela en: El Correo del Perú, Lima, año III, Nº 5, 1º de febrero de 1873.

24 M. G. Prada, Grafitos, París, Tip. de Louis Bellenand et Fils, 1937.

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