II

 

El Perú en la Enciclopedia Francesa

La Enciclopedia Francesa, empezada a publicar en 1751, constituyó en su momento un extraordinario acontecimiento cultural. Se trataba de formular en ella1  una síntesis del saber moderno, de crear un "corpus" de la sabiduría erudita puesta al servicio de la sociedad, y, al mismo tiempo, el planteamiento de nuevas ideas flotantes en el ambiente de su época o un tanto disimuladas u ocultas en obras de poca difusión o de restringido tiraje.

Por eso la Enciclopedia Francesa dio nombre a toda una generación, la de los famosos "enciclopedistas" como Voltaire, Rousseau, Montesquieu, Condillac, y Daubeton, el barón de Holbach, Turgot y Quesnay, Marmontel, quienes colaboraron en sus páginas. Reunió también a hombres de ciencia tan notables como Laplace, Herschell, Buffon, Lavoissier, Berthollet.

La Enciclopedia que constituyó una gran empresa, ideada por Diderot (1713-1784), en gran parte realizada por D’Alembert (1717-1783), se convirtió en vehículo de divulgación de la cultura francesa, que era también la cultura europea dominante en el XVIII. Pretendía ofrecer, al mismo tiempo, una síntesis de los conocimientos humanos y exposición de los principios generales de toda ciencia y arte. Con el tiempo habría de convertirse, como ha dicho el gran crítico Francesco De Sanctis, en "la más formidable máquina de guerra" contra la opresión, el despotismo, y contra los privilegios de una clase enquistada en el poder.

No fue sin embargo, el primer intento de condensar los conocimientos, pues ya en 1697 había aparecido en Francia un Diccionario de la misma índole confeccionado por Bayle, y ya existían también antecedentes como el de Chambers (1728) en Inglaterra y el de Hoffmann (1677) en Suiza alemana.

La publicación de la Enciclopedia Francesa demoró 22 años (de 1750 a 1772) y abarcó 28 volúmenes, más 5 de Suplementos y 2 de cuadros y láminas. No fue fácil la tarea de editarlos ni en lo material ni en lo espiritual. El proceso de publicación sufrió dos interrupciones: una en 1771, después de aparecido el II tomo, y otra en 1757 después de salir el VII. Tales ceses se originaron por dificultades con la censura oficial, a la que hubo que burlar con el recurso de cambiar el pie de imprenta. De tal suerte, los primeros tomos señalaban París como lugar de edición y a partir del VIII figura Neuchatel (Suiza), aunque en verdad la sede seguía siendo París. Se explican esos reveses por la peligrosa y moderna influencia doctrinaria que ostentaba, intencionadamente orientada hacia una concepción liberal de las instituciones sociales.

D’Alembert, a raíz de su polémica con Rousseau, sobre la naturaleza de los espectáculos, y para obviar más problemas, optó por retirarse de la empresa en 1758 (después de aparecido el tomo VII). La continuó con gran perseverancia Diderot hasta su fin.

La Enciclopedia Francesa de Diderot y D’Alembert mantuvo su vigencia y actualidad hasta muy entrado el XIX. Como obra de consulta fue perdiendo su importancia, hasta convertirse en mera obra de erudición del siglo XVIII. El desarrollo de las ciencias la superó prontamente, al punto que ya no cabe concebirla como una obra que resuma todo el saber. En nuestro tiempo se han multiplicado más bien los diccionarios especializados en cada rama del saber: el derecho, la filosofía, las ciencias sociales, las ciencias naturales, las matemáticas, etc.

Los artículos que componían la Enciclopedia Francesa, fueron confeccionados en un comienzo para un público letrado y más tarde se inspiró en múltiples intentos hechos en diversas lenguas para popularizar los conocimientos de todo orden. La redacción de sus partes fue encargada por lo general a personas expertas de reconocida trayectoria intelectual, aunque la regla admitió excepciones, y se pudieron advertir algunos artículos mediocres.

Juzgando la obra con una óptica peruanista, habría que plantear dos cuestiones: a) lo que significaron la Enciclopedia y los llamados enciclopedistas en el Perú de fines del XVIII y comienzos del XIX, incluyendo la etapa de la Independencia; y b) lo que significó el Perú y sus instituciones en el texto mismo de la Enciclopedia.

Es indudable que la Enciclopedia constituyó un manual de consulta obligada en nuestros ilustrados varones desde antes de la aparición del Mercurio Peruano en 1791. Burlando la censura oficial e inquisitorial se filtraron ejemplares de la primera edición de 1751-72. Se encontraban ejemplares en las bibliotecas privadas de Unanue, Baquíjano, Rodríguez de Mendoza y Urquizo, y en otras de Lima y Cuzco.

En el Convictorio de San Carlos, en 1785, Rodríguez de Mendoza introdujo las ideas de Descartes, la lógica de Condillac y el estudio de las ciencias naturales siguiendo las ideas de Buffon y sus discípulos. A partir de 1790 se lee y se cita a Montesquieu, a Rousseau, a Voltaire, a D’Alembert, a Diderot, el diccionario de Bayle y la propia Enciclopedia, glosando sus ideas reformistas, aunque como dice Raúl Porras, los hombres del Mercurio Peruano fueron "refractarios a la renovación política y filosófica que encarna la Enciclopedia".

En el Mercurio Peruano se reprocha a los autores de la Enciclopedia por haber dudado de la existencia de antiguos caminos construidos por los Incas en el Perú. Se cita a los principales colaboradores de las misma, aunque se les agrega epítetos destinados a burlar el celo inquisitorial. Así se menciona el "elocuente y peligroso" Rousseau, el "abominable" Helvecio y al "impío" Voltaire. Pero sus ideas se filtran, se asimilan y se aplican a la realidad y los libros de aquellos "réprobos" se difunden clandestinamente. La Enciclopedia sirve de fuente para dos generaciones que preceden a la Independencia y aún a los que la realizaron y fundaron la república; su sistema ideológico se difunde ampliamente ya sea por la lectura directa o también indirectamente, adaptando las ideas de la Declaración de los Derechos del Hombre, consagrada por los ideólogos de la Revolución de 1789, herederos de los enciclopedistas.

En su momento, la Enciclopedia constituyó una de los monumentos bibliográficos de mayor impacto en el mundo entero y por supuesto en los países de América que pugnaban por la independencia y con una condigna y concorde organización política y social.

Una revisión de las entradas "peruanistas" de la Enciclopedia puede ser de interés. El artículo "PÉROU" consigna una descripción geográfica un tanto sumaria definiendo al país como una vasta región que "limita al norte con Popayán, al sur con Chile, al oriente con el país de Amasones (sic) y al oeste con el Mar del Sur y que mide alrededor de seiscientas lenguas de longitud de norte a sur y 50 de ancho". Agrega una breve historia de la conquista. Hay referencia a la "cordillera de los Andes", a las producciones naturales, a la organización colonial española en tres gobiernos (sic) o audiencias: las de Quito, Lima o Los Reyes y Charcas". Y dice una nota final: "Véase sobre esta gran región de América el comentario real de Perú del caballero Paul Ricaut, 2 volúmenes en folio, que es una bella obra (D.J)". La deficiencia de datos sobre el país es notoria pues no se refiere en nada a la producción minera, entonces la única valiosa, ni a los antecedentes y antigüedad de sus habitantes.

Pero lo más significativo es la remisión a la citada obra de Ricaut. El autor del artículo parece haber trabajado sin las fuentes entonces accesibles. Sir Paul Ricaut no era autor digno de mención sino un mediocre traductor de los Comentarios Reales de Garcilaso de la Vega Inca al idioma inglés, versión que apareció en Londres, en 1688. Se ha tomado al traductor como autor de la obra, lo que indica que faltó la diligencia de leerla. De haberlo hecho, hubiera resultado el artículo más ajustado a la verdad y más completo. Además no es explicable por qué el autor del artículo "Pérou" tuvo que referirse y remitirse a un traductor de Garcilaso al inglés (de 1688) cuando desde 1633 existían múltiples ediciones de la traducción francesa, bastante más aceptable que la de Ricaut, debida a la pluma de J. Baudoin, siendo la más reciente de esas versiones entonces la de 1744.

Todo esto demuestra que algunos de los colaboradores de la Enciclopedia (como D.J.) no fueron suficientemente idóneos o responsables.

En cambio, en la entrada "INCA" la información, aunque breve, resulta aceptable y la misma acusa procedencia de las versiones francesas de Garcilaso aparecidas entre 1633 y 1744, tituladas "Histoire des Incas", lo que también sucede con el artículo "AMAUTAS", calificado como "filósofos del Perú", creadores y poetas, según el colaborador que firma "G".

La entrada "AMAZONES" muestra más amplitud. Hay referencia al mito, creado por algunos viajeros antiguos de un pueblo de mujeres guerreras que prosperó a la orilla del Mar Negro y que otros viajeros modernos lo sitúan en Etiopía. Y sobre todo, destaca la información valiosa del "río de las Amazonas" que atraviesa a la América Meridional, de oeste a este, considerado "el más grande río del mundo". Su descubrimiento por Orellana, la cita de la descripción del Padre Acuña que acompañó al explorador Texeira, y del relato y mapa del P. Samuel Fritz culmina con el relato de la hazaña entonces reciente de La Condamine. El colaborador "O" ha usado evidentemente los datos exactos aportados por La Condamine y consignados en su Relación abreviada aparecida en 1745, seis años antes de la publicación del tomo I de la Enciclopedia.

Mucho más fue lo que irradió la Enciclopedia en influencia ideológica sobre los países latinoamericanos que lo que contuvo de ellos como información. América era para los europeos un tanto la comarca exótica, una realidad envuelta todavía con los cendales de la fantasía y lo ignoto. Hasta ese momento -mediados del XVIII-, no

estaba todavía difundida en Europa una noción exacta de nuestras realidades. Téngase en cuenta que no se habían producido aún los grandes viajes de Bougainville (1778), de La Pérouse (1787) y de Humboldt (1799-1804) y que en Francia, aún en 1746, causaban enorme impacto las curiosas Cartas de una peruana de Madame de Graffigny y que en plena vigencia de la publicación de la Enciclopedia en 1777, Francois Marmontel había escrito y editado Los Incas, creación novelesca en la cual se mezclaban caracteres y situaciones propias de aztecas y de incas en un solo engendro unitario, que no distinguía zonas geográficas ni diferencias históricas dentro del vasto panorama americano.


1 La obra se editó con el titulo: Encyclopédie ou Diccionaire raisonnié des Sciences, des arts et des métieres. París, 1751-1772, 28 tomos.

 


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