Desde mediados del siglo xx,
cuando R. Wellek y A. Warren [Teoría Literaria, Madrid, Gredos, 1974 (1954)] en su
conocido manual definieran la teoría literaria como un organon o conjunto de principios
que regían la historia y la crítica literarias, hasta fines de dicho siglo, cuando
Jonathan Culler [Breve introducción a la teoría literaria, Barcelona, Crítica,
2000 (1997)] se refiere a ella como un nuevo género textual que produce efectos fuera de
su ámbito original, han pasado muchas cosas. Tantas que sería imposible resumirlas en
esta presentación a un libro que, en esencia, brinda a los lectores más especializados
una muestra elemental de dicho campo.
Los estudios literarios como disciplinas
humanísticas se han desarrollado de manera extraordinaria durante todos estos años, al
punto de constituirse en un ejemplo del dinamismo extremo de la actividad científica en
el terreno de la investigación social y cultural. Dentro de las ciencias humanas la
llamada teoría aparece sin duda alguna como la reflexión privilegiada, en la que han
confluido los más diversos enfoques, corrientes y modelos. No hay en las últimas
décadas, prácticamente, propuesta sobre el conocimiento que no haya incidido en,
dialogado con o asumido el terreno estético. Estamos, pues, a gran distancia del
influjo monocorde de la lingüística que dio origen al estatuto científico en la
disciplina. Ésta se nutre en la actualidad, más que de una ciencia en particular, de
todo el campo epistemológico, y dialoga con él con voz propia.
Por supuesto que cabe preguntarnos qué
cambios de paradigmas ha implicado todo este proceso. Salvo las breves líneas que César
González Ochoa [Función de la teoría en los estudios literarios, México, UNAM, 1982]
dedica a las hipótesis de Kuhn en los estudios literarios, no conocemos en nuestra lengua
una evaluación integral de dicho tema. Obviamente, el asunto va más allá de la simple
evidencia de una nueva terminología en los análisis o de la adscripción al enfoque
conceptual dominante, pues ninguna de estas posturas implica un cambio efectivo de
paradigma. Tales son los casos del estructuralismo francés en relación con los llamados
formalistas rusos: constituyen ambos un mismo modelo lingüístico aplicado al fenómeno
literario y la variación de metalenguaje no puede ocultar dicha constatación. Del mismo
modo la estilística, a pesar de incluir en su perspectiva el calificativo estructural,
como es el caso del libro de M. Riffaterre [Ensayos de estilística estructural,
Barcelona, Seix Barral, 1971], continúa perteneciendo al mismo enfoque textual.
En ese sentido, la precisión de José
María Pozuelo Yvancos [Teoría del lenguaje literario, Madrid, Cátedra, 1994] de que en
los últimos años se estaría ante la redefinición del objeto en el ámbito de la
Poética, lo que obliga a una opción entre una teoría de la lengua literaria y una
teoría del uso literario, nos parece que sí configura el mapa de un cambio de paradigma
en los estudios literarios. Frente a una mirada básicamente inmanentista, que fue
fundamental en su momento para generar un cambio frente al positivismo dominante, se ha
abierto el horizonte de la comunicación como un nuevo enfoque que, sin negar las
contribuciones previas, permite una síntesis al ubicar el texto y sus mecanismos en
diálogo con la sociedad y la cultura. Nos encontramos frente al fenómeno literario en un
punto en el cual es posible superar falsas dicotomías y sintetizar diversas
contribuciones con plena conciencia de que un modelo de código resulta insuficiente para
su comprensión.
No se pretende, como en las anteriores poéticas lingüísticas, una estructura verbal
diferenciada sino una comunicación socialmente diferenciada. La creación verbal que
denominamos literatura es en realidad un modo sociocultural de comunicación más que
alguna peculiaridad inherente al sistema lingüístico. No hay nada en el texto literario
diferente o ajeno a cualquier otra creación verbal propia de la comunidad de hablantes.
El análisis de esta práctica estética, vista desde la perspectiva comunicativa,
requiere ir más allá de un modelo de código, pues éste no explica suficientemente los
diversos aspectos involucrados (contextuales o situacionales, cognitivos y culturales,
etc.) en su manifestación.
Que se discuta la naturaleza de los
modelos concomitantes o complementarios (cognitivos, fenomenológicos o socioculturales) o
que se incida en la pertinencia de algunas propuestas para la descripción de los procesos
desencadenados por la productividad textual ( teoría de la ostensión-inferencia,
enfoques probabilísticos, catastróficos, autopoiéticos, etc.), no altera en nada la
evidencia de que las propias preguntas y problemas han cambiado. Las interrogantes que se
plantean los estudios literarios abriendo el siglo xxi inauguran un campo nuevo, un
dominio inter, trans y multi-disciplinario en donde se reformula el objeto de estudio.
Desde esa perspectiva, podemos señalar
que en la investigación literaria se viene produciendo una superación progresiva de la
vieja concepción de cientificidad. Más que persistir en la búsqueda obsesiva del
estatuto de ciencia, el propio devenir de la disciplina ha terminado coincidiendo con los
esfuerzos en otros campos disciplinares por superar la concepción clásica de la ciencia
y la epistemología tradicional. Estas dos formas de entender la ciencia son al mismo
tiempo dos visiones de la relación hombre-mundo. Si el arte y la literatura han abogado
desde tiempos inmemoriales por una lectura a favor de una vinculación en el conocimiento
entre el sujeto y el objeto, una adecuación del método al objeto, una explicación
comprensiva y, sobre todo, una descripción probabilística más que determinista, los
estudios literarios, al asumir dicho programa, han terminado contribuyendo desde sus
propios desarrollos analíticos al nacimiento de esa nueva epistemología.
En esta nueva visión de la ciencia se
recupera una concepción de la teoría que, aunque presente etimológicamente en el
término griego, el surgimiento de la episteme occidental ocultó. En ella la esencia de
la teoría no es la observación neutra y distante del objeto sino la participación
efectiva, la actividad, el hacer del sujeto que no niega el sentimiento, la emoción o el
pathos que antes caracterizaba sólo al hacer artístico o literario. Todo este proceso,
con sus ambivalencias positivas o negativas, ha sido señalado en los estudios literarios
por el llamado giro hermenéutico. Una de las versiones más sencillas al respecto, dentro
de nuestra tradición iberoamericana, es el valioso texto de Manuel Asensi, Theoría de la
lectura [Madrid, Hiperión, 1987].
Todo este extraordinario desarrollo de la
teoría nos debe llevar a una refle-xión de cara a la realidad de la formación literaria
en el sistema educativo nacional. Muchos maestros todavía siguen anclados en una visión
del fenómeno literario propia del siglo xix. La difusión del estado actual de la
cuestión en el campo de los estudios literarios constituye una necesidad para impulsar,
en la formación humanista, un cambio indispensable para el futuro de la educación en el
Perú. Desarrollar la capacidad de lectura e interpretación, incentivar el espíritu
crítico y creativo, propiciar una actitud de diálogo y de respeto hacia el interlocutor
son conocimientos, habilidades y actitudes claves de una educación para el desarrollo.
Ello sólo se puede obtener si se educa en forma integral a los individuos, con plena
conciencia del factor humano como eje de la investigación científica. Actividad que es
más que la simple aplicación del conocimiento o difusión tecnológica y que entiende lo
humanístico como constitutivo de su proceso y rechaza cualquier reducción de la tarea
educativa a una mera instrucción.
Esta compilación reúne ocho fragmentos
de textos seleccionados de la vasta bibliografía existente sobre teoría literaria. Se
les ha escogido porque presentan en forma simple y didáctica los temas y problemas
esenciales en torno al fenómeno estético. En tal sentido, constituyen un material de
lectura complementario e indispensable para todo aquel público (fundamentalmente
estudiantes y profesores) que desee ampliar y perfeccionar sus conocimientos al respecto.
Con la publicación de este manual se
pretende facilitar al interesado el acceso al material bibliográfico especializado e
iniciarlo en la lectura de obras académicas. Se recomienda su utilización como material
complementario y su empleo dentro de actividades formativas o de actualización. Temas
como el fenómeno literario, la creatividad, lo lúdico, la ficción, el discurso o la
comunicación literaria son algunos puntos de una agenda básica que se intenta presentar
para su profundización posterior.
Para finalizar esta breve introducción,
debemos agradecer al Fondo Editorial de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y a la
Facultad de Ciencias Histórico Sociales y Educación de la Universidad Nacional
"Pedro Ruiz Gallo" de Lambayeque por publicar este libro que nos permite cumplir
con la intención de incentivar en los profesores y estudiantes de lengua y literatura el
manejo de los libros y estudios más destacados.
Miguel Ángel Huamán