Diálogo de un preso y un sordo

 

 

 

 

George:

No nos alcanza el pájaro campana? Alinea el sueño

muertos y resurrectos sobre unas paredes pegajosas?

        La mujer olía a lino.

Dime,escuchas ese rumor? Es como sitrajeran a un

     preso, y ese

chirrido de cadenas es lo único que nos separa del mundo

irreal.

La mujer olía.

Y voilà que se vienen

unas falsas sandalias caminando, y nos hablan de Europas

que no conoceremos, de pagodas ahora; esos rastros

indican que han pisado tierra roja, y dónde hay esta

tierra roja, George?

Un desierto, seguramente, algo calcinado por el sol. El

sol. Recuerdas?

Hay un sol afuera!

      /Él dice que no hay afuera/

       La mujer olía a mujer.

«Clang, clang» tañen las monedas sobre un plato de estaño,

 oyes?

No te duermas! Quieres

más sueño todavía? George? Cualquier cosa, ese clang

 clang idiota,

esa imaginación que va extinguiéndose, esas palabras que

 no quieren

salir,

nos acerca a la realidad.

       Realidad, tu nombre escribo.

       La mujer es ese ruido. El

universo es ese ruido, eh, Capitán? Las esferas oxidadas

producen ese ruido, Saturno gira sobre Escorpión y crispa

  los nervios;

hay un mar también, y la lluvia, y a veces se revuelven,

  quiero decir

que llueve sobre el mar, y caen rayos, y da ganas de

  ponerse a aullar

como un loco. Capitán?

  Un cepo guarda unos huesos, los helados corredores

esconden barricadas de amontillado.

         Realidad?

           George?

El pájaro paro se para en las ramas del manzano.

         La mujer olía a sándalo.

Has oído ese cuento

del hombre que cae dentro de un barril, y se va hundiendo,

y al principio se aterra y hace intento de salir,

y luego advierte que ha retornado al vientre de su madre?

          Ese hombre

volvió a ser puro, George.

Los catatónicos vagan por el centro de la ciudad. Una

multitud de estudiantes y gente de bien arman una pedrea.

 Pero los simples siguen, exclamando, rezando:

«Son los santos, son los santos, oyes, mamá?»

          Ella se sacaba el vestido

por la cabeza./ Pero por qué hablas de ella!

       Ella te empujó con ambas manos

para arrojarte dentro del barril.

    Pero olía a sándalo y a sopa de cebollas.

Esa sombra fue un pájaro, una mariposa,

el sueno de este sueño? Despierta, George!

      Adminístrate. La ronda del sol

no se ve desde aquí. Imposible determinar el tiempo. El

tiempo, esa

sucia palabra. Habla, George. Tú sabías de números

alguna vez,

con música: «Dos por uno dos/dos por dos cuatro/dos

 por tres seis».

Realidad? Hay que robar estacas y clavarlas

sobre una realidad que se deshace?

         Ella.

/Él dice que no hay afuera/

      Te mataría, George. Pero no.

Yo también he dormido varios años,

intermitentemente. Tal vez duermo ahora mismo, y tú

eres el despierto.

Oh! Entonces sí te mataría. Capitán.

Ningún ruido. El pájaro tilín no suena tilín no suena.

Los sentidos se pudren, se pudren. Mañana será el tacto,

los bellos ojos de cuarzo. George? Estás allí?

          Que oiga tu voz,

un sonido vocálico, cualquier cosa

que no calle jamás.  

 

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