PRESENTACIÓN
Saludamos con especial complacencia la presencia en este catálogo de los nombres de
muchos de nuestros poetas que fueron convocados para dirigir su mirada, sus recuerdos y
sus reflexiones a lo creado y difundido por ellos mismos en el transcurso de las últimas
tres décadas del siglo XX. Podemos decir que, en cierto modo, se convocaron ellos mismos,
por iniciativa de sus propios compañeros de oficio, como Gonzalo Espino, Esther
Castañeda, Elizabeth Toguchi, Daniel Mathews, Milagros Munive, Dante Gonzalez y otros
que, a su vez, integraron con nosotros la Comisión Organizadora de 30 años de
poesía peruana en revistas (1971-2000) y de la respectiva exposición
hemerográfica. Poetas de varias generaciones, especialmente de las más jóvenes,
atraídos quizás por la historia de su más inmediato pasado, nos acompañaron de manera
protagónica, con sus recuentos de andanzas culminadas o con sus recitales de creaciones
recientes, en el concurrido acto de inauguración del 14 de junio y en los varios
reencuentros de las cuatro semanas siguientes, sea en el Auditorio o en la Sala de
Exposiciones de la Biblioteca Central Pedro Zulen. Durante un mes entero, los propios
poetas (viejos consagrados y jóvenes), los estudiantes de literatura y humanidades,
muchos de sus profesores y público interesado, tuvieron la oportunidad de mirar en las
vitrinas o en las paredes, o en la página web, las coloridas tapas de innumerables
revistas en las que fueron publicados tantos poemas, de conversar sobre sus autores y
animadores, de discutir sobre el peculiar valor de su contribución y trayectoria,
recorriendo quizás, a través de las imágenes y las palabras, algunas estancias y
avenidas de aquellas décadas tan singularmente agitadas y convulsionadas en lo que va de
la historia del Perú contemporáneo.
Quisiéramos
decir unas palabras sobre el tiempo trans-currido que hoy nos interesa. Durante ese
tiempo, muchas cosas cambiaron de punta a punta. El Perú que ingresó a los años
setenta, cambió demasiado y nunca más volvió a ser lo que fue; tanto es así que, 30
años después, el de hoy es radicalmente otro Perú. La década del 70, fue la del
gobierno revolucionario de las fuerzas armadas que se consideraba, a su vez,
nacionalista, antioligárquico y antiimperialista. En
su primera fase, bajo el liderazgo del general Juan Velasco Alvarado, entre octubre de
1968 y agosto de 1975, dicho gobierno llevó a cabo un conjunto de reformas que terminaron
por erradicar buena parte de las bases de un prolongado dominio oligárquico y de
modalidades tradicionales de dominación imperialista; algunas de las medidas más
radicales en este sentido, fueron las nacionalizaciones de poderosas empresas del
imperialismo yanqui, la reforma agraria, la reforma de la empresa, la estatización de la
prensa; además, el establecimiento de relaciones diplomáticas y comerciales con los
países que entonces pertenecían a lo que se llamaba campo socialista. Las
reformas del velasquismo, desarmaron políticamente a la vieja derecha, desconcertaron a
los partidos socialdemócratas y a buena parte de las agrupaciones de la entonces
izquierda revolucionaria; pero, al mismo tiempo, despertaron el entusiasmo y la simpatía
de gruesos sectores populares. Sobrevino el estallido de la crisis internacional de la
economía capitalista y, bajo su impacto, se encresparon los movimientos de masas en el
país. El general Velasco fue derrocado en agosto de 1975 y comenzó la segunda fase del
gobierno de las fuerzas armadas, con la presidencia del general Francisco Morales
Bermúdez, y se prolongó hasta julio de 1980. En esta fase, tuvieron lugar varios
procesos simultáneos: la contención de las reformas y la aparición de las primeras
señales de lo que más tarde sería el neoliberalismo destructivo y desnacionalizador,
las sistemáticas medidas de represión estatal contra dirigentes sindicales y políticos
y de despidos masivos de trabajadores, medidas concebidas dentro de un plan de
descabezamiento y aplastamiento de los movimientos obreros, campesinos, magisteriales y
populares que organizaban la resistencia y la defensa de su autonomía organizativa y
política. En esa ruta de creciente agudización de conflictos sociales, ante las
generalizadas e intensas movilizaciones de los trabajadores, que avanzaron hasta el gran
Paro Nacional del 19 de julio de 1977, el gobierno de Morales Bermúdez se vio obligado a
decidir una salida democrática, anunciando la convocatoria a elecciones para una Asamblea
Constituyente que legalizara lo fundamental de las reformas. Luego, vendrían las
elecciones generales de 1980 y éstas volvieron a instalar en el poder a su antiguo
inquilino Belaunde Terry. La década del 80 fue, a partir de entonces, la del retorno de
la democracia, primero con Belaunde Terry y luego con Alan García; fue una democracia
cuyos gobiernos apenas se mantuvieron en pie, sin consistencia, sin capacidad y sin tiempo
para siquiera administrar lo existente, sin voluntad y sin convicciones para hacer
elementales concesiones materiales a los trabajadores; fue la década de la aparición en
escena de Sendero Luminoso y de su desafiante crecimiento, del enfrentamiento entre el
terrorismo senderista y el terrorismo de Estado.
En ese contexto,
el Apra y el grueso de la izquierda organizada en Izquierda Unida (IU) se disputaban la
dirección hegemónica de los trabajadores y las masas; al terminar los ochentas, estaban
desinflados y no eran sino direcciones disminuidas; Sendero Luminoso convocaba juventudes
y sectores de trabajadores y parecía amenazar el poder del Estado; la vieja derecha
peruana y sus retoños se organizaron en el Fredemo y amenazaron con hacerse del poder
político bajo el liderazgo del escritor Mario Vargas Llosa. La década del noventa, se
inaugura con la derrota electoral del Fredemo y la llegada al poder del entonces casi
desconocido ingeniero Fujimori; esta década es la del dominio de un rampante pragmatismo
neoliberal, de las privatizaciones y la gigantesca corrupción estatal, de la eliminación
de infinidad de derechos de los trabajadores, de aplastamiento de la autonomía
universitaria, de la erosión y casi aniquilamiento de los partidos políticos, incluidos
los de izquierda y el propio Sendero Luminoso (post caída del muro de
Berlín, del colapso de la URSS y del campo socialista); en fin, los años noventa
han sido los de una grave derrota sindical y política de los trabajadores. Recién en los
tramos finales del siglo, comenzaron a aparecer en escena los signos de un nuevo
resurgimiento de los movimientos de masas. Hasta aquí, pues, algunos de los cambios,
acontecimientos y escenarios que comprometieron de diverso modo la tarea creadora de los
escritores y poetas peruanos en las décadas finales del siglo XX.
Retomando el motivo de esta presentación, debemos decir a nuestros lectores que son
fundamentalmente los propios escritores y poetas quienes hicieron llegar las revistas
publicadas a lo largo de esas tres décadas en Lima, Cajamarca, Chiclayo, Trujillo,
Chimbote, Casma, Huarmey, Puno, Huaraz, Arequipa, Huancayo, Tacna, Ayacucho, Huancavelica,
Cerro de Pasco, Cusco y otros lugares. Receptivos a nuestra propuesta, muchos de los que
se han desprendido de estas joyas bibliográficas, han aceptado que ellas se queden aquí
y pasen a formar parte del Fondo Reservado de esta Biblioteca. Por esa razón, las
revistas que se exhibieron en la Sala de Exposiciones, fueron catalogadas en nuestra
Unidad de Desarrollo de Colecciones. Igualmente, se nos ha entregado una gran cantidad de
folletos, muchos de ellos a mimeógrafo. Agradecemos el gesto de desprendimiento de los
escritores y poetas peruanos que han entregado sus revistas y folletos al cuidado de la
Biblioteca Central Pedro Zulen.
Lima, octubre del 2002
Manuel Valladares Quijano
Jefe del Sistema de Bibliotecas y
Biblioteca Central . |
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