VIOLENCIA, CUERPO Y
SENSUALIDAD:
LOS 80's
Entre 1980 y 1992 el Perú vive uno de sus excepcionales momentos
democráticos: elecciones, parlamento, municipios de izquierda y con ello un cierto apoyo
oficial a la cultura. Desde el gobierno central se instauran premios que han ido creciendo
en importancia como el de Petroperú (COPE); se impulsa la promoción editorial con
CONCYTEC; se realizan grandes recitales en el CICLA. Desde el municipio en cambio se
fortalece la cultura alternativa dándole espacios para su difusión. Los bajos del puente
Santa Rosa son recuperados por la ciudad para instalar en ellos una enorme Carpa Teatro;
en los barrios la Campaña Metropolitana de Lectura no sólo crea bibliotecas y lectores
sino que también permite que tomen la palabra los hasta entonces mudos. Se publica los
Munilibros que luego, cuando la izquierda pierde la Municipalidad de Lima, devienen en
Periolibros. En las provincias el esfuerzo cultural también tiene sus logros: comienzan
los Encuentros Regionales de Literatura en el centro del país y aparecen revistas que
reúnen escritores de Huancayo, Cusco, Arequipa, entre otros.
La democratización de la cultura no sólo estaba cruzada por la
palabra del migrante (Pedro Escribano) sino sobre todo por la cuestión de género. La
presencia de la mujer en la poesía peruana es tan antigua como las anónimas coloniales.
Lo novedoso de los 80 no es que las mujeres escriban sino que un grupo bastante
numeroso con Carmen Ollé a la cabeza (Dalmacia Ruiz Rosas, Rocío Silva Santisteban,
Mariela Dreyfus, Patricia Alba, Giovanna Pollarolo, Rosella di Paolo) deciden tener una
voz diferenciada de lo que ellas llaman poesía de varones, una voz que
explore la intimidad femenina. La crítica, que siempre llega tarde, está estudiando hoy
la poesía escrita por mujeres pero el fenómeno de los 80 parece estar
terminado. A las más jóvenes no les interesa establecer diferencias.
Pero la democracia trajo esta vez su sombra: la guerra interna. Los
grupos alzados en armas aparecieron al mismo tiempo que las urnas. Y aunque ya nadie
creía que la revolución estuviera a la vuelta de la esquina, la violencia política
marcó a buen número de poetas. Es desde ahí que aparece el grupo Kloaka y no es raro
que terminaran vinculados al Diario de Marka. Kloaka debe ser visto tanto como una
búsqueda estética dirigida a asumir la mayor cantidad de voces de la
realidad (Mazzoti), como una repetición de los permanentes deseos de fundar
artificialmente generaciones poéticas. Roger Santiváñez ya había estado en varios
colectivos antes de unirse a voces más nuevas como Mary Soto o Domingo de Ramos.
Junto a estos grupos aparecen en los 80 algunas voces
individuales interesantes como Jorge Eslava que muestra gran depuración técnica y
densidad semántica, ganando el premio Poeta Joven en 1980. Otros tantos (Iván Orbegozo,
José Morales Saravia) centraron su preocupación en la palabra como objeto poético
mostrando capacidad en sus reelaboraciones semánticas y juegos fónicos. Los años eran
jóvenes y había que poner al día el idioma.
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