Revista de Sociología - Volumen 11 - 1999 - Número 12


Ángel Espina Barrio


    

 

Amor y Muerte en la Subcultura Castrense

Apuntes hacia una antropología de la vida militar
Ángel Espina Barrio

 

Resumen

En una consideración de las relaciones existentes entre las instituciones y grupos militares y la sociedad en general, resulta revelador desentrañar las complejas interacciones personales y afectivas que se dan en el ámbito de la milicia y que diferencian a ésta radicalmente de la vida ordinaria o civil. Tal es el propósito del presente estudio que quiere, desde el prisma de la antropología socio-cultural y ayudado por observaciones psicodinámicas, explicitar la "diferencia" de lo militar y explicar el porqué de la dificultad en la relación Ejército-Sociedad, Grupo militarizado-Sociedad. Dicha relación estará siempre problematizada, no sólo –y como podrá verse– por una diferencia de normativas; sino también por una disparidad irreconciliable de finalidades. Nos centraremos en mostrar lo que podríamos denominar "estilo psíquico" que genera el Ejército o el grupo castrense en general, enmarcándonos, por ello, en la tradición antropológica de estudios sobre cultura y personalidad, con un enfoque marcadamente psicológico nunca incompatible, más bien complementario, con otras visiones sociológicas o políticas. Tal labor nos desvela, en la dimensión erótica, que la confluencia de una serie de pautas subculturales (sumisión a un individuo de igual sexo, exclusión de lo femenino, penalización de la homosexualidad, escisión vida civil-vida militar, etc.) con nudos afectivos infantiles (de tipo paterno-materno-filial) pueden favorecer expresiones o tendencias psicopatológicas especiales (obsesión-compulsión, rasgos paranoides, riesgos de esquizodependencias). En la vertiente agresiva se produce una exaltación inusitada y enigmática de la figura de la muerte.

 

La difícil economía pulsional de la vida militar

Cada individuo tiene una particular forma de vivir y satisfacer sus necesidades primarias y, muy especialmente, las eróticas. No será, sin embargo, la idiosincrasia individual la que nos interese aquí, sino el estilo y las típicas canalizaciones pulsionales determinadas por las normativas ideales de la subcultura castrense. En efecto, de la repetición, institucional o no, de ciertos comportamientos, prohibiciones y rituales –y del encomio de figuras ideales definidas–, se sigue la configuración de un determinado tipo de personalidad que subyace en los miembros de ese estrato o grupo social, especialmente en aquellos individuos más identificados o representativos del mismo. La investigación presente se orienta al descubrimiento de esas peculiares interacciones militares y al impacto que tienen en la personalidad, sobre todo en el ámbito de lo afectivo.

En primer lugar puede observarse una pauta relacional muy marcada, como es la de dominación-sumisión a un individuo generalmente de igual sexo. Es, quizá, la norma interactiva más paradigmática del ejército, importante también en otros grupos armados (guerrilla, etc.). Nunca hay posición de igualdad con el interlocutor: es un superior o un inferior1. La escalilla es mucho más que una lista ordenada de nombres pues pasa a dividir el grupo para cada individuo en dos mitades: una, ante la que tengo que someterme, y otra, a la que puedo dominar. Naturalmente que existen grados cercanos donde tal estilo de relación se difumina para permitir una inevitable convivencia; pero en caso de duda, y en cualquier momento, puede hacerse prevalecer la propia posición frente a la del otro2.

La obligatoriedad del saludo al mando, y del empleo de fórmulas precisas dirigidas al superior cuando se ingresa en un lugar, hace que sea imprescindible el uso de emblemas y divisas bien visibles que recuerdan repetidamente el propio estatus. No hay situación que cause más desasosiego en una relación militar que la incertidumbre respecto al grado de un interlocutor desconocido3. Por ello se insiste en el uso del uniforme y de los distintivos, elementos casi imprescindibles para que se dé una verdadera situación castrense. Por otro lado, se recomienda al jefe que, en el trato con los subordinados, sea correcto pero "sin permitirse familiaridades que en el servicio o fuera de él, que puedan afectar a su autoridad o prestigio"4. Tal es así que suele darse una territorialidad bien definida, entre los diferentes subestamentos, en los lugares de roce cotidiano: residencias, bares, etc. En estos sitios se aglutinan separadamente individuos cuya diferencia de graduación sea soportable.

Todo este tipo de relación está haciendo referencia en lo pulsional a lo que los psicoanalistas denominan un estilo afectivo-competitivo que tiene como símbolo la amenaza de la anulación psico-sexual. Se da en la primitiva rivalidad que el niño suele tener con su padre al recibir las primeras restricciones a sus deseos. Este inicial choque con la figura paterna –en el que el niño llevaría todas las de perder– queda como modelo para las situaciones de sumisión entre individuos del sexo masculino5. Ya veremos cómo, en este complejo afectivo, juega un importante papel la agresividad, remarcando ahora la abundancia de momentos de tal estilo que se dan en la vida militar: signos de sumisión en el trato, diferencias excesivas en medios materiales entre los distintos empleos, voces de mando en el orden cerrado, etc6.


1- "El orden jerárquico castrense define en todo momento la situación relativa entre militares, en cuanto concierne a mando, obediencia y responsabilidad". (Art. 12 de las Reales Ordenanzas para las Fuerzas Armadas, T. del Servicio Geográfico del Ejército, Madrid, 1979).
2- "La precedencia en los Ejércitos, excepto cuando por razón del cargo corresponda otra, se basará en primer lugar en el empleo, a igualdad de éste en la antigüedad en el mismo, y así sucesivamente hasta llegar a la fecha de ingreso en el servicio. En último extremo se resolverá en favor del de mayor edad". (Art. 190, R. Ordenanzas, O.C.)
3- Existen signos establecidos para disminuir esa incertidumbre en el trato cotidiano. Los soldados que están en las puertas de las dependencias militares tienen la obligación de anunciar en voz alta la presencia de un superior en las mismas. De esta manera, los mandos del interior pueden prepararse para su llegada y, el que viene, puede apercibirse de que no hay nadie de mayor grado que él en el edificio. De no ser anunciado significaría que hay alguien con más mando en el interior y que conviene estar preparado para un posible encuentro.
4- Art. 35 de las R. Ordenanzas, O.C.
5- La dominación-sumisión viene determinada por el temor a un castigo, simbolizado en la amenaza de castración. Freud empezó a entrever esta ambivalencia en la relación paterno-filial, en su análisis del "Caso Juanito". S. FREUD, Análisis de la fobia de un niño de cinco años (1909), en: Obras Completas, Madrid, 1973, pp. 1435-1437.
6- "Como si la impotencia motriz fuera correlativa de la castración. Podríamos citar otros muchos ejemplos de la vida cotidiana que confirman esta interpretación: el soldado recibe las órdenes fingiendo impotencia motriz (en posición de firme), etcétera". G. MENDEL, La rebelión contra el padre, Península, Barcelona, 1975, p. 120.


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