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TUMORES
INTRARRAQUÍDEOS
(Continúa)
La tumoración compromete
agujero de conjunción C5-C6 derecho e invade canal medular, comprime
médula hacia la izquierda. |
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El tratamiento es quirúrgico fundamentalmente, no siendo
de utilidad la radioterapia.
8.2. Meningioma
Es el segundo tumor medular más
frecuente en un 22%. Son lesiones globulosas con base en la duramadre. Son 10 veces más
frecuentes en mujeres que en varones, entre la cuarta a la sexta década de la vida (41).
Se localizan en cualquier nivel del canal espinal, siendo la mayoría en el segmento
dorsal (41). Están frecuentemente adheridos a la inserción del ligamento dentado.
Generalmente son benignos (41), rara vez se malignizan y de crecimiento lento que puede
evolucionar durante años. La mayoría de estos tumores son de ubicación
intradural-extramedular en un 90% (48).
La sintomatología que presentan son
déficit motor y sensitivo en un 90% y 60%, respectivamente, y en un 50% de los casos se
presenta disfunción de los esfínteres y dolores (locales, radiculares y funiculares)
(41).
La radiografía de columna suele ser
normal, puede haber una lesión ósea (pedículo o cuerpo vertebral) (9); las
calcificaciones son raras y visibles sólo en 1-5% de los casos (41). La mielografía
muestra una masa localizada en compartimiento extrame-dular-intradural. El espacio
subaracnoideo del lado de la lesión está ensanchado y la médula espinal y las raíces
nerviosas desplazadas. Los tumores de gran tamaño pueden bloquear el flujo del contraste
hacia arriba.
La resonancia magnética permite observar
con claridad su extensión y su relación con la médula espinal (41); la mayoría de los
meningiomas son isointensos con respecto a la médula espinal tanto en las secuencia en T1
como en T2 (41). Tras la administración del contraste se ve un realce moderado y
relativamente homogéneo (26). La mayoría de meningiomas presentan una ancha base de
adherencia a la duramadre y en estos casos se ve el signo de la "cola" dural
(26).
El tratamiento de elección es el quirúrgico, con
extirpación completa en la mayoría; lo que técnicamente es dificultoso. El tratamiento
de radioterapia y quimioterapia no es útil (Figura N° 2)
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Figura 2
Tumor intradural-extramedular(Meingioma) muestra como
la masa(flechas grandes) desplaza a la médula (flechas pequeñas
) y ensancha el espacio subaracnoideo del mismo lado (puntas d eflecha).
Entre la columna del contraste y la superficie inferior de la masa hay
una línea en media luna (Flecha abierta). El esopacio subaracnoideo está
bloqueado (flecha curva) y el LCR por encima del blqueo no se opacifica. |
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Figura 3
Dibujo anatómico con engrosamiento multisegmentaio de la médula de un
astrocitoma quístico, con reducción del espacio subaracnoideo. |
8.3. Ependimoma
Estos tumores son el 13% de los tumores
medulares. Son los tumores medulares más comunes en la cauda equina (filum terminal), el
cono medular 56% y en un 44% intramedulares (27). Son lesiones bien diferenciadas de
crecimiento lento, tendencia a ser encapsulados, a menudo quísticos con hemorragias
frecuentes (29-33) y su capacidad infiltrante es considerablemente menor que la de los
astrocitomas. Proceden de las células ependimarias que tapizan el conducto central así
como de las células del filum terminal. Macroscópicamente tienen el aspecto de una masa
blanda de color rojo o gris violáceo. Es característica su expansión simétrica por la
médula (12). Los ependimomas son el tumor intramedular de mayor frecuencia en el adulto y
tiene predilección por el sexo masculino (29).
El tipo mixopapilar es el que se
encuentra con mayor frecuencia en la cauda equina, mientras que el intramedular lo hace en
la médula cervical (29). El síntoma inicial en el 65% de los pacientes con ependimoma
intramedular es el dolor de espalda o de cuello; puede haber signos leves deficitarios
motor es de miembros a predominio de miembros inferiores. Los ependimomas mixopapilares
pueden causar dolor lumbar y radicular con posterior debilidad de miembros inferiores y
disfunción de los esfínteres en un 20-25% de los pacientes.
La mayoría de estos tumores
(mixopapilares) son de crecimiento lento (2-4 años) aunque algunas veces se comportan de
forma agresiva (lesiones sacras y presacras) que pueden producir metástasis a ganglios
linfáticos, pulmones y hueso (43).
La radiografía simple muestra un
conducto ensanchado o destrucción ósea en un 20% de los casos (43). La mielografía de
un ependimoma intramedular muestra ensanchamiento inespecífico de la médula; los
ependimomas del cono medular y filum terminal se ven en forma de masa intradural bien
delimitada con un "menisco" de contraste alrededor del tumor. Puede haber
bloqueo del contraste (43).
La resonancia magnética muestra una
médula ensanchada o masa del filum terminal. La mayoría de los ependimomas son
isointensos en comparación de la médula en T1 (34); se ven lesiones mixtas en casos de
formación quística, necrosis tumoral o hemorragia. Se vuelven normalmente hiperintensos
en T2. Es frecuente una hipointensidad en el borde del tumor en T2 en los tumores
intramedulares, imagen que es sugestiva de ependimoma (33). Todos los ependimomas se
realzan intensamente con el contraste (34) y delimitan claramente la extensión del tumor
y son útiles para distinguir un quiste neoplásico de una siringomielia benigna (45).
El tratamiento es quirúrgico; sin
embargo puede ser posible en algunos casos como los de una cauda equina un tratamiento
complementario con radioterapia. (Foto N° 3)
8.4. Astrocitoma
Son tumores medulares menos frecuentes
que el ependimoma (36). Pueden afectar cualquier localización con predilección en la
región cervical y dorsal. Casi todos se extienden en sentido longitudinal por lo que
afecta varios segmentos y a veces puede comprometer a la totalidad de la médula (12).
Todos los astrocitomas medulares son
infiltrantes y de crecimiento lento con bajo grado de malignidad, comparado con los
tumores cerebrales (9). Los límites son mal definidos y de naturaleza progresiva, por lo
que en la mayoría no suele ser posible su extirpación completa y curativa. Alrededor del
15% de los astrocitomas medulares son malignos y pueden producir metástasis. Es frecuente
la formación de quistes intratumorales y a menudo se observa una siringomielia asociada.
Estos tumores intramedulares son más
frecuentes en niños, la edad promedio es de 21 años; no hay predilección por el sexo
(40).
El dolor es el síntoma inicial
frecuente, de carácter local en los segmentos óseos que comprometen el tumor, un dolor
recidivante puede ser el síntoma de un tumor.
La radiografía simple suele ser normal,
en pocos casos se puede observar un aumento de la distancia interpedicular (9). La
mielografía muestra un ensanchamiento medular inespecífico y multisegmentario. La
resonancia magnética es actualmente el procedimiento para la evaluación de tumores
espinales. Los astrocitomas son iso a ligeramente hipointensos en T1 e hiperintensos de
T2; con el contraste todos realzan las imágenes (34-45).
El tratamiento quirúrgico consiste en
una laminectomía descomprensiva; exceresis limitada del tumor para posteriormente luego
de la identificación histológica plantear el tratamiento radioterápico (Figura N° 3).
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Tumor Intramedular
Proceso neoformativo intramedular ce C3 a D5. Tumor sólido captador de
contraste periférico con área central necrótida o quístic. Edema
desde bulbo raquídeo hasta D9 |
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Astrocitoma
Tumor sólido, captador de contraste desde C2 a C7, de 8 cms,
intradural-extramedular con dilatación quística en parte
caudal(ependimo). |
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8.5. Tumores Metastásicos
La afectación metastásica de la columna
vertebral y de la médula es una complicación frecuente y devastadora del cáncer
diseminado y constituye el 55% de todas las neoplasias raquídeas (16).
La consecuencia principal de estas
metástasis es la compresión epidural de la médula espinal que si no se diagnostica
conduce a la parálisis permanente con pérdida del control vesical e intestinal. Por
tanto, la compresión metastásica de la médula espinal constituye una urgencia en la que
una acción inmediata puede a menudo restablecer, reducir al mínimo o evitar una lesión
neurológica permanente.
Los tumores primarios que con frecuencia
producen metástasis son los carcinomas de pulmón, de mama, próstata, riñón y linfoma
(6).
La mayoría de las metástasis raquídeas
afectan al compartimiento epidural (20) aunque en alguna rara ocasión se encuentra de
localización intramedular (<5%); cuando se ubican en el espacio extradural el
crecimiento es rápido y aparecen las alteraciones funcionales que pueden llevar a un
estado irreparable de sección transversal de la médula.
La columna dorsal es la localización
más frecuente (70%), luego la lumbosacra (20%) y cervical (10%) (1-2). Las metástasis
afectan a los cuerpos vertebrales y comprimen la médula en sentido ántero-posterior.
El síntoma inicial más frecuente e
importante de las metástasis en la columna vertebral es el dolor de espalda. Es
axiomático que todo paciente con cáncer que presente dolor de espalda de nueva
aparición sufre una metástasis raquídea mientras no se demuestre lo contrario. El dolor
suele preceder en días, semanas o meses a los signos neurológicos y puede ser local
radicular o mixto. El dolor se debe a la distensión del periostio y es constante,
progresivo, sordo y empeora al acostarse en la noche; luego aparece debilidad, pérdida de
sensibilidad y alteración de los esfínteres, por lo que es necesario un diagnóstico
precoz antes de que las funciones neurológicas sean irreversibles (6).
En la radiografía simple de columna, en
un 80%, se encontrarán signos positivos, como erosión de los pedículos, colapso
vertebral, luxaciones y fractura patológica, presencia de sombra en los tejidos blandos,
sospechosa de masa paravertebral. La mayoría de las metástasis producen lesiones
osteolíticas aunque el cáncer de mama y de la próstata pueden causar lesiones
osteoblásticas o esclerosantes. Un signo sutil, pero útil en la radiográfica simple es
la borrosidad del borde superior del cuerpo vertebral. La mielografía descubre un bloqueo
extradural por efecto de la masa. La resonancia magnética es muy sensible para detectar
metástasis vertebrales (mejor que gammagrafía ósea) y delimita el compromiso de tejidos
blandos epidurales y paraespinosos. El contraste en estos casos no es rutinario. El grado
y patrón de realce con el contraste varía, algunas pueden mostrar marcado realce
mientras que otras no lo hacen en absoluto.
El objetivo del tratamiento consiste en
aliviar el dolor, restablecer la función neurológica y preservar la estabilidad de la
columna. Las estrategias terapéuticas han de particularizarse y participar un equipo
multidisciplinario. Entre las opciones terapéuticas se encuentra la descompresión
quirúrgica; la radioterapia como tratamiento inicial de elección en los pacientes con
dolor que no tienen deficiencias neurológicas rápidamente progresivas ni en
inestabilidad de la columna.
La cirugía se realiza cuando: a) la
compresión de la médula espinal persiste en pacientes que ya han recibido la dosis
máxima de radioterapia; b) cuando las alteraciones neurológicas se agravan durante la
radioterapia; o c) compresión medular debida a inestabilidad de columna; d) pacientes en
los que se produce una compresión medular sin historia de cáncer y en los que es
necesario llegar a diagnóstico histológico.
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