En torno a la naturaleza, la sociedad y la cultura

 

EMILIO BARRANTES REVOREDO

 

V

Pluralidad y Unidad de la Cultura

 

La palabra «cultura» es materia de diversas acepciones.

Generalmente se recurre a ella para referirse a un alto nivel en el cual se tienen en cuenta las artes, las ciencias, la filosofía, la política y otras manifestaciones del espíritu.

Se habla, por ejemplo, de «elevar la cultura», de favorecerla, de difundir sus valores, de intensificar los estímulos, de mantener el ambiente que le es propio.

De acuerdo con este concepto, existe en algunos países un Instituto de Cultura y hasta un Ministerio de Cultura y de Educación.

La UNESCO, una rama de Naciones Unidas, tiene este nombre porque ha sido creada para servir a la Educación, la Ciencia y la Cultura, a las que se ha añadido la Comunicación.

Los países de «alta cultura» se caracterizan por la excelencia de sus realizaciones en este campo.

No es raro que se utilice la palabra «cultura» en referencia a pequeños grupos identificados por matices diferentes de la línea que se considera normal.

Los Hijos de Sánchez de Oscar Lewis, corresponde a esta acepción. El autor habla reiteradamente de la «cultura de la pobreza». «En el uso antropológico –dice el autor– el término cultura supone, esencialmente, un patrón de vida que pasa de generación en generación. Es también algo positivo en el sentido de que tiene una estructura, una disposición razonada y mecanismos de defensa sin los cuales los pobres difícilmente podrían seguir adelante.

En resumen, es un sistema de vida, notablemente estable y persistente, que ha pasado de generación en generación a lo largo de líneas familiares(45)».

En la Antropología de la Pobreza, otro de sus libros, Lewis presenta a cinco familias mejicanas cuyo denominador común es la cultura de la pobreza. Por lo demás, él encuentra caracteres comunes a otros grupos de diversas partes del mundo, aun de gran desarrollo industrial como Inglaterra y Estados Unidos.

«Nos parece –dice el autor– que la cultura de la pobreza rebasa límites de lo regional, de lo rural y urbano y aun de lo nacional(46)».

En publicaciones recientes de UNESCO, el escritor checo Vacla Havel declara en un reportaje: «A principios de los años sesenta aparecieron en Checoslovaquia las culturas antagónicas.
Una oficial y autoritaria, la otra clandestina e independiente».

En otro reportaje a Sergei S. Averintsev, escritor ruso, se encabeza la entrevista con estas líneas: «Liberada de las ideologías, ¿la cultura caerá acaso en el vulgar hedonismo de una
sociedad técnica?» Y el subtítulo del reportaje es inquietante: «Por una cultura del pudor».

Averintsev se refiere a la cultura más de un vez, especialmente a lo que él llama cultura del pudor, en una época de manifestaciones aberrantes. «Resulta muy difícil en nuestros días –dice– hablar de una cultura del pudor, sobre todo en mi país donde la gente está harta de las normas de buena conducta que un gobierno paternalista impone por la fuerza a sus conciudadanos.

La cultura del pudor –continúa– pertenece a la historia; sus manifestaciones concretas forman parte de la relatividad de la historia,de tal modo que, por ejemplo, el pudor de los paganos de la Antigüedad es impúdico desde un punto de vista cristiano o musulmán, pero jamás, en ningún momento, la humanidad ha vivido sin el principio mismo del pudor.

La originalidad de una cultura se mide, entre otras cosas, por su capacidad de asimilar de manera creadora lo que procede del exterior. La lógica del totalitarismo prohíbe a la cultura ser cultura(47)».

Hasta aquí Averintsev.

De acuerdo con estas expresiones, es posible referirse a una matriz cultural, más que a la cultura misma.

Si se admite la comparación, así como se habla del microclima en el mundo físico, hasta el punto de que se lo puede distinguir en cada uno de los ángulos de una habitación, así también es posible hablar de una pluralidad de «culturas» como partes de la Cultura, con mayúscula.

Es evidente que algunas agrupaciones humanas comparten la misma cultura, a pesar de sus diferencias. La cultura griega, por ejemplo, nos muestra su unidad, aunque Atenas, Esparta, Tebas y las colonias dispersas y distintas las unas de las otras, tenían, en cada caso, una fisonomía particular.

Las manifestaciones culturales del Perú antiguo han sido diferentes, pero todas forman parte de la cultura andina, una de las «sociedades» de Arnold Toynbee.

Además, se habla de las «culturas» como una suerte de organismos que nacen, crecen, alcanzan la plenitud, decaen y mueren.

Quien llevó hasta el extremo esta tesis, que tuvo en Vico un precursor, fue Spengler, con su libro La Decadencia de Occidente que produjo una verdadera conmoción.

Los cuadros que se incluyen en el libro, contienen «épocas», correspondientes a las «culturas», no sólo comunes a todas sino inexorables.

Cabe, sin embargo, más de una reflexión. En nuestro tiempo, de comunicación creciente entre los pueblos, de interrelación e interdependencia progresivas, de universalización de los medios informativos, de noticias mundiales al minuto, ¿es posible la coexistencia de «culturas» aisladas e independientes?

¿No nos encaminamos, más bien, hacia una Cultura que comprenda a todas, como un signo de la unidad del mundo?

Y, en suma, después de todas estas consideraciones, ¿qué es la cultura?

La hemos definido como un mundo humano, distinto del mundo de la Naturaleza. Sin embargo, recurramos a algunos autores.

Según Linton, «en un sentido amplio, cultura significa la herencia social íntegra de la humanidad, en tanto que en un sentido restringido una cultura equivale a una modalidad particular de la herencia social».

Para Kluckhohn, «la cultura es una manera de pensar, sentir, creer. Una cultura es nuestra herencia social, a diferencia de nuestra herencia orgánica».

Spengler dice que «una cultura es el conjunto orgánico de acciones teleológicas puestas al servicio de la conservación de la vida del grupo unitario que la sustenta».

Konrad Lorenz habla de «la tradición acumulativa, es decir, la cultura, algo totalmente nuevo en el hombre, algo que no existe en ningún otro organismo. Con la cultura nació en el mundo una cosa totalmente nueva: la inmortalidad potencial del pensamiento, de la verdad, del deber. La cultura no es una idea que flota sobre el hombre: es el hombre mismo».

Fernand Braudel se pregunta y se contesta: «¿Qué es una cultura? Al mismo tiempo, un arte, una filosofía, una matemática, una manera de pensar; realidades todas ellas nunca válidas, nunca comprensibles fuera del espíritu que las alienta».

La cultura, nos atreveríamos a añadir, es un estilo de vida comunitaria que comprende todas las variantes del pensamiento y la acción.


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