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ALMA MATER
© UNMSM. Fondo Editorial

ISSN versión electrónica 1609-9036

Alma Mater     1997;  (13 - 14) : 131 - 135

UN NARRADOR DEL 50 EN LAS TRAMAS DE LA INIQUIDAD 

Ricardo Falla Barred


En el cuento "Juana la campa te vengará" de Carlos Eduardo Zavaleta (incluido en Niebla cerrada, editado por Joaquín Mortiz, México) 1970), el tema de la iniquidad (visto como maldad extrema) aparece como la trama principal del tejido literario. Sin embargo, antes de proseguir se hace conveniente observar algunas consideraciones generales:

1. ARGUMENTO

Juana es una joven perteneciente a la comunidad nativa de los campas, 

afincados en la selva central alta del Perú. Por las condiciones de pobreza extrema, agravadas por los desajustes sociales y culturales de la realidad peruana, su madre la vende (trueque) por una pieza de tela ordinaria, tocuyo en este caso. A partir de ese momento se inician las peripecias de Juana; es decir, se convierte en mercancía por ello, es vendida y revendida sucesivamente, y en cada circunstancia su propietaria es asesinada por su marido, recayendo en Juana la culpabilidad.

El autor se detiene en precisas descripciones, y presenta con meridiana claridad el drama de la comunidad nativa de los campas, en el contexto de los cambios sociales y económicos que el Perú vivió a fines de la década del sesenta, hasta el primer lustro de los años setenta.

 

Juana, nombre de la protagonista de la obra, connota el lugar común de la sociedad peruana. El autor, en tal sentido, hace ver la situación de injusticia y opresión que vive el pobre el explotado y expoliado, hasta convertirse en objeto, en cosa. Y la acción de Juana, en su naturaleza de campa ? lo último dentro de la estratificación peruana adquiere matices notables en cuanto a redención humana. Porque precisamente este ser ínfimo y miserable, en la medida que comienza a tomar conciencia del ser humano que la habita, se solidariza con su semejantes, adoptando una actitud digna y altiva frente a opresor del pobre. La propuesta de Zavaleta, en suma, se ubica en señalar a través de Juana la campa te vengará, que todo cambio, para ser auténtico, debe provenir de la base, del lugar común de la acción de los insignificantes de la historia, en sí pugna por conquistar la justicia social. 

Marco Geográfico: Juana la campa te vengará se desarrolla en Tarma, sin embargo se hace referencia a Oxapampa, La Merced, San Ramón. La acción, pues, sucede en la ciudad. En el criterio de Zavaleta, al parecer, el escenario urbano es el más propicio para presentar los cuadros donde se observa el drama de los insignificantes, los marginados. El escenario geográfico viene a ser la Sierra?Selva alta.

Marco Histórico: La obra fue publicada en México, en momentos que en el Perú se desarrollaban profundos cambios sociales de carácter antioligárquico y antiimperialista impulsados por el General Juan Velasco Alvarado, que, entre otras medidas, promulgó la Ley de Comunidades Nativas. Así, por primera vez en la historia del Perú, se reconoció la personalidad cultural, económica, administrativa y jurídica de las comunidades nativas.

Las comunidades nativas de la selva se desarrollaron en condición de marginales de las diversas formas de Estado que tuvo el Perú a través de su historia: Inca, Colonial y Republicana. Por ello, cuando se construyó el ferrocarril central a mediados del siglo XIX, el gobierno de Balta entregó en propiedad a la Peruvian Corporation dos millones de hectáreas comprendidas entre los ríos Ene y Perené, incluyendo todo lo que en su interior existía. Hecho que contemplaba, obviamente, a los seres humanos, los campas. La "donación" que hiciera el gobierno fue para "compensar a la empresa por los grandes servicios prestados a la nación". En este inmenso latifundio, se ejecutaban prácticas de caza indiscriminada de animales, donde se incluía a los campas. De modo que asesinar a estos nativos fue considerado un "hecho natural".

Esta inhumana situación se mantuvo hasta 1940, fecha en la que se produjo la denuncia de un comandante de aviación, de apellido Galindo, en torno al trato cruel de que eran objeto los campas.

Por otro lado, estos maltratos, desde el punto de vista ideológico, fueron reforzados por la influencia del cine estadounidense que presentaba a los nativos indígenas como seres semi?salvajes, enemigos de los blancos "bondadosos", "civilizados", etc. La matanza de aborígenes y la limpieza étnica se justificaban veladamente como "defensa de los más elevados principios de la civilización".

La conducta de los personajes de Juana la campa te vengará, que nos presenta Zavaleta, responde a una ideología formada en relaciones sociales afincadas en el racismo euro?centrista.

Marco Social
Este relato muestra básicamente tres estratos sociales de la ciudad de Tarma en la década de los años cuarenta del siglo XX:

- La burguesía advenediza (los comerciantes, el profesor)

- La clase baja (los indios explotados)

- Los esclavos (los nativos)

Marco espiritual: En Juana la campa te vengará el tono espiritual dominante es el de la tragedia.

4. El MOVIMIENTO DE TRAMAS

En la Teoría de la tragedia, Aristóteles sostiene que la acción teatral debe orientarse a provocar el "phobos", la repulsión, rechazo, asco, por aquello que perturba el desenvolvimiento del "ethos", la virtud que reposa en el espíritu, con la finalidad de purgar las pasiones nocivas, sin que por ello suponga la eliminación de las pasiones. Es decir, sólo se suprime lo nocivo, lo que Aristóteles denomina "katharos", catarsis. Para ello se hace necesario un conocimiento del mundo real, la "polis", la sociedad, mediante un examen de las relaciones que ligan y separan a sus miembros.

Esta concepción clásica del arte de presentar al mundo, aparece con claridad en este cuento, mediante el cual su autor, a imitación del personaje mítico que teje y desteje el lienzo de cada mortal en la historia -las Parcas-, entrega en su fino ejercicio la textilería literaria un cuadro de parte de la vida social en el Perú de los años cuarenta. 


La hebra de la historia que hábilmente entrecruza Zavaleta, se llama enajenación de los sentimientos. Para ello, define el hilo pilar: la despersonalización de la persona. Es decir, Juana no se rebela por sí misma, sino mediante las palabras de su último propietario, el profesor que le cuenta cómo es ella:

"Una noche, después de lavar las ollas y ensartar un trozo de carne en el alambre a la intemperie, tendiste en el suelo tu cama de pellejos, donde no tardarías en morir hasta resucitar mañana bien temprano(...) De repente se abre la puerta y entra algo así como un monstruo con la vela encendida; coges el hacha de partir la carne y sin duda diste un grito. Tu viejo patrón estaba ahí con el lamparín de kerosene y finalmente te arrolló y te dejó sin hacha, cogiéndote de los pelos(...)".

Así, bajo la característica de este hilo pilar, se presentan las siguientes hebras:

  1. Humillación. Juana pierde la noción de sí misma "mientras agacho la cabeza me está diciendo quién soy, como salí de Oxapampa hasta la cocina de mi primera ama ya muerta(...) Me cuenta hasta cómo, sin saberlo, yo estaba resentida de que mis padres me hubieran vendido por un corte de tocuyo de veinte soles".

  2. Mercancía. El ser humano, Juana, es reducido a objeto de ínfima calidad: "Pagaron por ti un corte de tocuyo de veinte soles(...)Tú eras otro monito gritón y miedoso escondido en los andrajos de tu madre(...)

    Ella no te ofrecía en voz alta ni decía tu precio, pero los hombres de La Merced y San Ramón ya sabían cómo comprar niñas(...)"

  3. Animalización del humano. Juana es despojada de su condición de persona "Tú creíste, por un momento, que lo,, chanchos, nuevos para ti, conspiraban en su propio lenguaje; subiendo entre muchas vueltas, terminaste por gruñir como ellos y vomitar un embarrado de plátano y yuca que hizo fruncir la cara del chico y alejarse de ti".

  4. Desarraigo. Juana, llorando desconsoladamente su destino, es arrancada de cuajo de su medio: "Sin duda gritaste mucho viendo que tu madre te dejaba(...) Con el camión en movimiento la tierra dio vueltas por primera vez para ti y el monte fue como un árbol cortado en dos por la cicatriz del camino, sobre el que ya caían hojas y ramas para tratar de borrarlo".

  5. La urbe, símbolo de maldad bíblica. Reducida a su condición de animal, Juana es exhibida en la plaza pública "Así, conociste La Merced. En la plaza te dejaron como en una jaula, para que los curiosos te miraran una campa, oh! una campa de monte, sentadita en la plataforma, envuelta en la manta rota lo único que te dejó tu madre y sin poder hablar, primero por que apenas estabas aprendiendo a hacerlo cuando empezó el viaje".

  6. Citadinos, cultores de la maldad. El aprendizaje de Juana se convierte en un doloroso tormento: "Cuando abrió el pesebre con pocos chanchos, si duda para enseñarte a darles de comer el sango, te fuiste derecho a dormir a ese lado; pero ella con dos tirones de pelo, te volvió la cocina para que los cuyes conejos te enredaran las piernas con sus chillidos y vocecitas. Así comenzaron la muerte de la vieja, sus gritos señalándote el nombre de las cosas mientras ella cogía las cosas mismas en alto, metiéndotelas por los ojos; sus empujones en una dirección para que fueras en esa dirección; sus miradas furiosas sobre las ollas para que aprendieras como hacía los potajes; los golpes sobre ti y hasta sobre la escoba, si barrías mal; y los extraños modos de conectar ese demonio llamado plancha".

  7. El conocimiento del ser. Juana, en la medida que descubre el ser de las cosas, comienza a tomar conciencia de su propio ser, pero en la voz de otro: "Te quedó la acción aunque ella no lo soñara ¿Verdad? Aprendiste el nombre de las cosas(...) Creciste y abultabas más cada semana, pero sólo supiste quién eras un domingo en que la vieja se tardó en la calla y creíste entrar en su dormitorio, pero te metiste un buen trecho, casi un viaje, dentro del enorme espejo de su ropero: tenías la cabeza en forma de canoa, en tu cara se velan las líneas azules del tatuaje, tus dientes enfermos estaban flojos(...)".

  8. La conciencia de sí y del mundo. Juana intuye la existencia del tiempo: "empezaste a contar los días sin saber todavía los números así como tampoco sabías ver el reloj, ese aparatito brujo que estando lejos de la cocina tenla que ver con las ollas y con los puños de la vieja que te entraban por las costillas".

  9. La autoconciencia conduce a la libertad. Juana, cansada de tantos maltratos, se rebela: "Hubo que darle su merecido con lo primero que hallaras, el cuchillo del tamaño de tu brazo, manejado sólo para seguir el movimiento de la vieja, la invitación a cuchillo (...) No la mataste de veras, la heriste, dice él. La mató su marido".

  10. El sufrimiento del ser, destino del oprimido. "Así por fin te conocí de cerca. Te había visto desde el día que llegaste ahí al lado y siempre te miré con curiosidad, no lo niego". "Por mi cabeza fea como un mate, por mis rayas pintadas en la cara, por mis piernas torcidas....?". "No lo niego, porque eres campa y nada más".

  11. El trabajo, utopía de la distinción humana. Juana es consciente que su actividad le permite mejores relaciones sociales y anhela una mejor situación: "Te vi hacer el locro de zapallo, hervir en su punto las ocas, resbalar también con cenizas el mote de trigo a maíz, hacer el arroz". "Gracias por defenderme de los guardias, señor, pero usted sabe que tarde o temprano me iré". "También he pensado en eso. Quizá te vayas a Lima donde a lo mejor estudies para secretaria o te pones a trabajar en una tienda". "No se burle, don, no me engañe".

  12. La solidaridad de los oprimidos. Ante la violencia de que es objeto la india, Juana sale en su defensa y amenaza a la patrona: "Tú y tu amiga la sirvienta de la señora Bolaños cantaban felices y lavaban la ropa de sus patronas, cuando la vieja Bolaños, ese hueso para perros, llega a la acequia y empieza a regañar a tu amiga porque se demora mucho, porque dejó cortar a la leche del día anterior, porque se agarró dos panes en vez de uno... Entonces le da un segundo para responder, pero con el susto a la india se le traba la lengua y sólo se cubre la cara, esperando los golpes (...) Te frunces así para que digan que te pego ¿no!, grita después y le va a tirar de las trenzas cuando le das un empujón".

  13. "Si le tocas un pelo a mi amiga yo la mato (...) No te asustes, Juana la campa te vengará si algo te hacen".

  14. La ideología de la prepotencia racista. La dignidad de Juana es vista como acto de maldad: "Ya era costumbre decir que todo lo malo lo hacía YO, Juana la campa".

  15. La libertad, anhelo supremo del oprimido. Juana trama un plan de fuga: "No hay tiempo para caerse de sueño. Me visto de nuevo y muy calladita por que mi patrón sabe lo que sucede en la casa, día y noche. A él nadie lo engaña. Vestirse en silencio, recoger mi atadito de ropa que por años me ha esperado ahí, bajo el fogón, y escaparme con los zapatos viejos (también regalados por ella) en la mano, para no quedarme a solas con su mujer (...)".

  16. El fracaso del proyecto individual. Juana abandona la casa patronal, gana la calle, pero fracasa en el intento de lograr su libertad: "¡Atájenla! ¡Que no se vaya! Yo la he comprado y no puede irse sin mi autorización (...) ¡Calla, animal! grita a su vez, más fuerte que yo, para después llamar de nuevo a sus amigos: ¡Vamos, agárrenla entre todos! ¡Cuidado que me muerdas, campa! dice el primero de ellos, y viene contra mí, cerrando el cerco".

El lienzo tejido por Zavaleta, no es otra cosa que la sociedad establecida por la dinámica de la explotación de clases. Por ello, el mundo subjetivo sufre violentos desgarrones: la infelicidad del oprimido y el envilecimiento del opresor. Ambos impiden ver 1a esencia humana, como es el sentirse humanos, la capacidad de descubrir la grandeza que habita en el ser, con la finalidad d establecer la verdadera relación sujeto-objeto.

En este propósito, Zavaleta conmueve al lector, hace que éste sienta asco, repulsión por el cuadro social; obliga a tomar conciencia en torno a las monstruosas relaciones humanas genera das en el Perú, como en cualquier otro lugar donde se violenta la dignidad de las personas humanas. De ahí, que el "fracaso" de Juana por "conquistar su libertad", la tragedia de su vida, es en realidad, la victoria del humanismo: desgarrar el velo de la alienación, insuflar la voluntad de cambio e invitar a construir una vida nueva, donde el miedo y la angustia - la iniquidad - se tornen inexistentes en el comporta miento individual y social. 

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