| El olvido está lleno de
memoria. Juventud, universitaria y violencia política en el Perú: la matanza de
estudiantes de La Cantuta. Sandoval López, Pablo G. |
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LIMA EN LA ESPIRAL DE LA VIOLENCIA7
2.1 El contexto de la violencia en la ciudad
La madrugada del 18 de julio de 1992, la ciudad aún no se reponía de la terrible
violencia que la había golpeado días antes. En la antevíspera, dos vehículos cargados
con unos quinientos kilos de anfo habían estallado a las 8 de la noche en el jirón
Tarata, en pleno corazón del exclusivo distrito de Miraflores. El resultado: veintidós
muertos, más de cien heridos, alrededor de doscientas viviendas
inutilizadas, varios
edificios destruidos y el pánico generalizado.
Simultáneamente, los milicianos senderistas hicieron estallar un coche bomba contra las
instalaciones del municipio del populoso distrito de Villa El Salvador y la comisaría del
lugar. La fuerte explosión dañó el local de Radio Stéreo Villa y unas cien casas de
las inmediaciones. Los atentados habían sido precedidos de un apagón, y de ataques a
comisarías ubicadas en el vecino distrito de Villa María del Triunfo. Cercano estaban
los coches bombas en la residencia del embajador de Estados Unidos, contra las
instalaciones del canal 2 y el cuartel del Ejército "Los Borbones".8
Las bombas de mediados de julio remecieron políticamente al gobierno. Tres meses antes,
el 5 de abril, el presidente Fujimori planificó con las FFAA un autogolpe de Estado
disolviendo el Parlamento, interviniendo el Poder Judicial, el Tribunal de Garantías
Constitucionales y el Jurado Nacional de Elecciones; contando con el 81% de apoyo de la
opinión pública a nivel nacional. El principal argumento esgrimido por Fujimori para
sustentar esta drástica medida era la de enfrentar eficientemente la violencia política
y reconstruir la gobernabilidad del país.9 1991 y 1992 fueron los años de
mayor acciones subversivas. En ese contexto para las FFAA, ciertos sectores del Ejecutivo
y en especial para el Servicio de Inteligencia Nacional (SIN), se desprendía la necesidad
de actuar con firmeza y sentían que el formato democrático constituía un elemento que
perturbaba y atentaba contra la eficacia de las medidas antisubversivas necesarias.10
Sin embargo, los sucesos de Tarata ponían en cuestión el autogolpe. Más bien crecía en
la opinión pública la certidumbre de que era SL el que tenía la iniciativa en la
guerra, asediando la capital, tocando las puertas mismas del centro del poder político.11
A pesar de las medidas legislativas dictadas por el nuevo gobierno de Reconstrucción
Nacional, las acciones subversivas no habían parado. Entre enero y julio del 92 se
produjeron en todo el país 1,116 atentados y 1,778 víctimas, concentrando Lima el 65% de
las acciones senderistas12. El 18 de mayo, SL celebraba en todo el país sus 12
años de "guerra popular", decretando paros armados en Arequipa, Cusco, Junín,
Pasco y Puno. La táctica de "batir el campo" había sido trasladada a Lima
pero, a diferencia del campo, en la ciudad tenían que enfrentar a un tejido social mucho
más denso en la cual los dirigentes barriales eran un factor determinante. Para SL, estas
dirigencias, así como el entorno que las promueve, sean ONGs, partidos o la propia
iglesia, eran el "revisionismo" y en tal condición, "sostén del Estado
caduco y genocida". Por ello desatan una campaña de eliminación y aniquilamiento
selectivo de las principales dirigencias barriales y populares13 . En total,
durante 1992, en las barriadas periféricas de Lima cayeron acribillados por SL 27
dirigentes vecinales, 5 dirigentes políticos, 7 ex-dirigentes, 3 sindicalistas y 73
pobladores de distintas ocupaciones.14
Un clima de inseguridad se apoderó entonces de Lima. El 14 de febrero SL realizaba un
paro armado, el 15 de del mismo mes la dirigente barrial de izquierda María Elena Moyano
era asesinada por SL en el distrito de Villa El Salvador, y entre el 6 y el 9 de junio
tropas del ejército y la Policia Nacional asaltan y debelan un motín senderista en el
penal de Canto Grande. Según una encuesta aplicada en junio del 92, el 84% de limeños
afirmaba que el terrorismo había conseguido crear miedo en la población; y un 72% de que
el terrorismo no terminaría para 1995 como lo había prometido el presidente Fujimori en
199215. Durante 1991 SL perpetró en Lima más de 900 atentados que dejaron
más de 400 muertos. En 1992, el número de atentados fue similar, aunque las víctimas
llegaron a 350. Así, en estos dos últimos años (1991-92), el accionar propiamente
militar de la organización senderista en Lima se intensificó; el número de atentados en
relación a los dos años anteriores (1989-90) creció en un 100% y el de víctimas en un
600% (Tapia 1997:145).
Los reproches y exigencias al gobierno no se dejaron esperar, incluyendo el pedido de pena
de muerte para los senderistas. Por el miedo generado aquellos días, un amplio margen de
la población "delegó" su confianza en el nuevo poder fujimorista para que
éste devuelva la paz y el orden a la sociedad16. Esta "delegación"
coincidiría paradójicamente con el ánimo de venganza y de escarmiento en ciertos
sectores de las Fuerzas Armadas, que pensaban que la solución al problema senderista
pasaba, exclusiva o principalmente, por el exterminio físico de los subversivos17.
Como se revelaría años después, cada uno de los pasos de la matanza de los estudiantes
fue cuidadosamente planificado y conversado por altos mandos militares, oficiales
operativos del Servicio de Inteligencia y miembros del grupo Colina18. Pero
antes narraremos los antecedentes y el contexto político de la universidad anterioe a la
matanza en 1992.
2.2 Fujimori y Sendero: una visita y una presencia
En la mañana del martes 21 de mayo de 1991, el presidente Fujimori decidió visitar La
Cantuta, jaqueada por una minúscula pero hegemónica militancia senderista. Desde
temprano las fuerzas del ejército habían acordonado la zona, mientras helicópteros
sobrevolaban el lugar a la espera de cualquier movimiento sospechoso. Fujimori presumía
el recibimiento que le esperaba. Unos años antes, el 13 de febrero de 1987, como rector
de la Universidad Nacional Agraria y presidente de la Asamblea Nacional de Rectores,
lideró una comitiva para liberar a centenares de estudiantes de San Marcos, La Cantuta y
de Ingeniería, detenidos en un operativo policial. "Yo no admito -declaraba por
entonces Fujimori- que se diga que las universidades son un foco de subversión o la causa
del terrorismo. La ineficacia de la estrategia antisubversiva para combatir al terrorismo
no puede encubrirse con este tipo de intervenciones" (citado en: Rúa 1996:18).
Cuatro años más tarde, en una posición distinta, Fujimori realizaría una visita que
presagiaba cambios radicales en la vida futura de los cantuteños.
Apenas cruzó la puerta de ingreso, los estudiantes advirtieron su presencia y armados de
piedras y huevos, generaron un pandemonium: una lluvia de piedras recibió a Fujimori y
éste apenas pudo transponer la puerta de ingreso. Policías y soldados lanzaron disparos
al aire para contener a los enfurecidos estudiantes. Controlada momentáneamente la
situación, la comitiva se apresuró en organizar la entonación del himno nacional,
acallado por una poderosa silbatina. Enfurecidos, los estudiantes lanzaban gritos contra
el presidente. A pocos metros un pequeño pero belicoso grupo agitaba consignas
identificadas como senderistas: "Combatir y resistir la represión del fantoche
Fujimori", "Proteger La Cantuta trinchera de combate del pueblo". El rector
de La Cantuta, Alfonso Ramos Geldres, le dio alcance a Fujimori mientras éste avanzaba
hacia la vivienda universitaria. Luego intentó visitar algunas facultades, pero
nuevamente una lluvia de piedras lo hizo desistir. Un tomate le cayó cerca, una piedra lo
alcanzó por la espalda. Con los brazos en alto, optó por retirarse, cubierto por
soldados y guardaespaldas que trataban de protegerlo. Antes de marcharse en su carro
blindado dijo al rector Ramos Geldres: "... hemos hecho todo lo posible por ayudar a
su universidad."
En la cresta de su popularidad, y cuando todas las encuestas le daban porcentajes de
aprobación por encima del 60%, Fujimori se retiraba humillado por un contingente de
estudiantes, al que no tardó de tildar de subversivos:
"Esta es una primera inspección. Esperábamos este recibimiento. Pero lo que no
podrán detener es la firme decisión de poner orden en las aulas. No es posible tener una
universidad donde se enseña a destruir al país con ideologías terroristas. No olvidemos
que aquí se forman los futuros profesores de nuestros hijos".19
Los estudiantes, posicionados en los techos y las áreas de acceso al campus celebraron la
retirada con aplausos y gritos desenfrenados. Ese mismo día por la tarde, Fujimori se
dirigió a la ciudad universitaria de San Marcos. Allí se volvió a repetir, en menor
medida, la escena anterior: gritos de protesta, piedras sobre el presidente. Dos petardos
se hicieron escuchar por la Facultad de Letras. No obstante, Fujimori logró ingresar por
unos minutos, los suficientes para declarar a la prensa y resarcirse de los malos momentos
pasados en La Cantuta:
"... es hora de poner orden y disciplina en las universidades para poner fin a la
infiltración subversiva... tenemos que erradicar y extirpar la presencia de estos grupos
subversivos, que atenta contra la autonomía de la universidad... No haremos
intervenciones violentas de ninguna manera, pero sí vamos a realizar trabajos con orden y
disciplina, no queremos hacer requisas ni detenciones masivas de estudiantes, como se
hacía anteriormente."20
Sin embargo, a las tres de la madrugada del día siguiente, las tropas del ejército
hacían su ingreso a La Cantuta y San Marcos. En La Cantuta entraron cerca de un millar de
policías y soldados del ejército. Lo primero que hicieron fue dirigirse a la residencia
de los estudiantes. Buena parte de los 300 residentes habían abandonado el local
prevenidos por los anuncios de la intervención. Disparos y explosiones se escucharon en
los alrededores. 56 estudiantes fueron sacados de sus habitaciones.
En algunos dormitorios los soldados lograron encontrar propaganda senderista: folletos,
volantes, afiches y algunos videos que mostraban la acción del "partido" en la
universidad y la carretera central21, donde se ubica el campus. Las imágenes
iban acompañadas por una voz que narraba que La Cantuta era: "... la vía de entrada
del campo a la ciudad, que necesariamente el Partido Comunista del Perú, a través del
Ejército Guerrillero Popular, habría de transitar cuando llegue el asalto final".
Proseguía la voz: "La Cantuta es una universidad con sello de clase", mostrando
las "heroicas" pintas hechas en la residencia universitaria, el comedor, las
facultades: "¡Gloria al día de la heroicidad!"; "Viva la Guerra
Popular"; "Combatir y resistir, PCP, Socorro Popular". En una de las
paredes del comedor universitario, se podía apreciar el rostro del "Presidente
Gonzalo"22, quien con mirada enérgica, vigilaba el diario trajinar
ideológico y digestivo de los estudiantes. "Aquí se forman los mejores hijos del
pueblo...", continuaba el narrador.
En efecto, desde 1986 los cuadros senderistas en La Cantuta dejaron de ser un grupúsculo
y pasaron a tener una presencia más activa en la universidad. Su crecimiento lento y
pausado se produjo gracias a la acción de muchos profesores, la formación de talleres de
estudios marxistas, grupos de música y danza folklórica, academias pre-universitarias, y
por cierto, al fraccionamiento de los grupos de izquierda que actuaban en la universidad.
Para muchos estudiantes los partidos de izquierda23 ya no representaban una
opción de cambio real para el país, pero dejaban el terreno abonado con ideas del
marxismo-leninismo-maoísmo24. En ese contexto, los discursos radicales
provenientes del marxismo en su versión maoísta y leninista encontrarían eco en los
sectores estudiantiles más excluídos25, quienes al no encontrar canales
democráticos para hacer llegar sus demandas al estado optan por una radicalización
ideológica que lindaba con el llmado a la insurrección armada, y donde SL y el MRTA eran
uno entre otros que proclamaban la necesidad de la violencia revolucionaria para la toma
del poder. En el caso de SL, estos pensaban que la revolución comunista para un país
como el Perú, semifeudal y semicolonial, asumirían la forma de "guerra popular
prolongada del campo a la ciudad (Degregori 1990, Hinojosa 1999)26. El MRTA,
inspirado en el modelo foquista de guerrila latinoamericana, consideraba que la
edificación del socialismo y el poder popular sería posible gracias al accionar del
proletariado y los sectores democrático-nacionales. En ambos casos, sus proclamas no se
distinguirían notoriamente de los demás partidos de izquierda, sino fuera por haber
descartado todo rastro de ambivalencia y abrazado el camino de la violencia.
Precisamente, SL creó el "Movimiento Juvenil Popular" que fue ganando adeptos,
desnudando y exacerbando la inconsecuencia de los otros partidos de izquierda demostrando
la disociación entre su "teoría y su praxis", pues privilegiaban la lucha
política dentro de los parámetros de la "democracia burguesa" y no en el
diario trajinar de los camaradas que se encontraban en las "luminosas trincheras de
combate", como llamaban a sus militantes del Ejército Guerrillero Popular. Para el
pueblo, o para ser más específico, para los "hijos del pueblo" no quedaría
más opción que la lucha armada.
EL Partido Comunista Peruano, Patria Roja, por entonces la agrupación maoísta más
fuerte en la universidad, iba perdiendo su hegemonía en los gremios docentes y
estudiantiles. Ya no eran sus clásicos rivales (PUM, UNIR, Vanguardia Revolucionaria
Marxista-Leninista, Partido Comunista Peruano) con los que se disputaban la Federación de
Estudiantes, sino ahora lo hacían frente a una agrupación que en la medida que
radicalizaba sus discursos multiplicaba sus adeptos, defensores y simpatizantes. Las bases
sociales senderistas no habrían estado compuesta sólo por sus militantes activos
(cuadros políticos-militares), sino además por esa gran base potencial de simpatizantes
entre estudiantes, docentes y administrativos que les otorgaba un sentido de legitimidad
en la universidad.
Desde entonces SL lograría captar a los jóvenes más pobres, muchos de ello/as
provenientes de las provincias serranas, o en todo caso descendientes de los primeros
migrantes que transformaron a mitad de siglo XX el rostro de una Lima aún criolla y
señorial27. Sendero les anteponía un discurso hiperclasista que escamoteaba y
negaba la violencia de las discriminaciones raciales y étnicas, subordinándolas a la
lucha de clases y a la construcción de un nuevo poder: el Estado de Nueva Democracia, La
República Popular del Perú. En efecto, Sendero les ofrecía mediante un lenguaje
hiper-clasista una identidad grupal con la posibilidad de quebrantar el viejo y decadente
orden social, y el poder de construir otro nuevo, donde la igualdad clasista borraría por
"añadidura" la discriminación sociocultural de la que eran víctimas. La
mayoría carecían del "brillo intelectual" de sus competidores de izquierda, a
los cuales aplastaban con argumentos como la inevitabilidad de la lucha armada, y la
verdad irrefutable del marxismo-leninismo-maoísmo, "pensamiento Gonzalo". Es
que para los militantes de Sendero la percepción de desconfianza hacia el sistema
político sumado a la discriminación y exclusión cotidianas motivaban la idea y la
posibilidad de crear un orden alternativo, claro e inexorable, donde la lucha armada era
la única salida viable. Muchos de ellos/as encontrarían en las certidumbres y acciones
del partido la posibilidad de recuperar una iniciativa y un poder que hasta entonces les
habían sido negados. Estos contrastes y confrontaciones políticas, nos sirven para
entender la radicalidad y muchas veces el drama biográfico que se escondían detrás de
los discursos ideológicos.
Según Rúa (1996), SL logró hegemonía en los centros federados de Pedagogía, Ciencias
Naturales, Matemáticas y Ciencias Sociales. También pasó a dominar los comités de
Comensales y de Transporte; y por último, proponían la formación de una nueva
Federación de Estudiantes. Con el control de escenarios claves, como el comedor y la
residencia universitaria, SL esperaba ganar adeptos y militantes a través del reparto de
los boletos de comida y la administración de las habitaciones en la residencia28.
El objetivo político era la construcción y legitimación, ante los ojos de los
estudiantes, de espacios territoriales de microorden social, posibles de crear sobre el
vacío y ausencia dejadas por el Estado en las universidades nacionales29. Con
estas acciones Sendero esperaba pasar directamente de la reinvindación económica a la
lucha armada, sin la intermediación de la política entendida como representación de
intereses sociales. Pero, el trabajo de SL adquirió nuevo impulso con la directiva
senderista de alcanzar el "equilibrio estratégico"30. En ese
contexto se produjo la matanza.
2.3 La noche de la matanza31
Aquella madrugada del 18 de julio de 1992, todos dormían plácidamente en las
habitaciones de la vivienda universitaria. La noche anterior habían celebrado hasta las
ocho de la noche el cumpleaños de una de las residentes. A pesar de estar prohibidas las
reuniones por órdenes del ejército acantonado en la universidad, los estudiantes
insistieron y lograron celebrar el onomástico de su compañera. De repente, entre la 1 y
las 3 de la madrugada un contingente de militares encapuchados irrumpió en las
habitaciones, portando armas de corto alcance con silenciadores. Obligaron a todos a
arrodillarse, con las manos en la nuca y mirando hacia el piso. Mientras un efectivo
encapuchado, linterna en mano, pateaba y golpeaba a los que se atrevían a levantar el
rostro, otro pedía que digan sus nombres completos. "Terrucos de mierda, así que
ustedes eran las cabezas, ahora ya se acabó... esto se acabó". De un total de 40
internos fueron separados nueve. Al mismo tiempo, otros efectivos arrestaban al profesor
Hugo Muñoz, que también habitaba en la Universidad junto a su esposa y sus dos pequeños
hijos.
Los nueve jóvenes (siete hombres y dos mujeres)32 fueron sacados sin
miramientos. Sus captores los jalaron de los pelos y los arrastraron fuera del edificio,
mientras los demás residentes permanecían en el suelo. Se escuchaban los gritos de los
muchachos, las quejas, los golpes interminables, los llantos de dolor. "Ya se
jodieron, ustedes son senderistas", les decían. Uno de los estudiantes atinó a
preguntar: "¿por qué nos están llevando de esta forma, desnudos, en calzoncillos,
por lo menos déjanos llevar nuestra ropa." El ruido de los motores empezó a
resonar. "¡Arriba, carajo!", gritaron los encapuchados antes de introducir a
los detenidos en los vehículos. Ellos gritaban desesperados presintiendo su final.
Cruzaron la garita de control, supuestamente vigilada por efectivos del ejército, y
cruzaron un puente de caracol que permitía la salida de la universidad.
Minutos después las camionetas se estacionaron en una bocanada conocida como la
"boca del diablo", un paraje desolado y desierto en las afueras de Lima.
Santiago Martín Rivas, mayor en Ingeniería del ejército y jefe operativo del grupo
"Colina", ordenaba a los detenidos que delataran a los responsables del
coche-bomba en la calle Tarata.33 Al no recibir respuesta, seguía acusándolos
de terrucos y asesinos, al mismo tiempo que se escuchaban golpes, llantos, gemidos y
crujir de huesos. Rivas ordenó cavar una fosa en unos cerros adyacentes. Con las manos
atadas en las espaldas, los detenidos fueron arrodillados al costado de la fosa. Sujetos
armados se colocaron detrás de cada uno. La orden final la dio Rivas. Los cuerpos se
estremecieron con los impactos. En medio de la tierra arenosa quedaron regados los cuerpos
del profesor Hugo Muñoz y los estudiantes Amaro Cóndor, Enrique Ortiz, Dora Eyague,
Bertila Lozano, Juan Mariños, Robert Teodoro, Felipe Flores Chipana, Marcelino Robles y
Heráclides Pablo Meza.34
2.4 ¡Que el equilibrio estratégico remezca el país!: la construcción de la
certidumbre revolucionaria
Para 1991, la violencia política iniciada en 1980, había provocado más de 22 mil
atentados y cobrado más de 21 mil víctimas. Los costos materiales durante la década del
ochenta ascendieron a 22,000 millones de dólares, monto equivalente al valor total de la
deuda externa del Perú de aquellos años. En 1992, el accionar militar de Sendero se
intensificaba en Lima, con la militarización y expansión de Socorro Popular, organismo
generado por el partido, el fortalecimiento del Comité Metropolitano de Lima y el
Movimiento Revolucionario de Defensa del Pueblo (MRDP). Del total de atentados ocurridos
hasta 1990, los departamentos más afectados fueron Lima (4245), Ayacucho (3541), Junín
(1813), Pasco (788) y Puno (684). Se trataba además de atentados que se incrementan de
manera exponencial a través del tiempo: de un total de 219 en 1980, paso a un promedio
anual de 3000, entre 1989 y 199235. Incluso, considerando el aspecto
geográfico de la violencia, se verá su desplazamiento de las serranías hacia la ciudad.
En efecto, durante 1991 y 1992 Sendero Luminoso hizo explotar 46 coches-bomba en Lima,
siendo las más "conocidas" y de mayor impacto nacional las que explotaron en el
Canal 2 TV, y en la calle Tarata, en Miraflores. Según el Instituto de Defensa Legal
(IDL), durante 1991 Sendero Luminoso perpetró en Lima más de 900 atentados que dejaron
cerca de 400 muertos. En 1992, el número de atentados fue muy similar, aunque las
víctimas llegaron a 350.
En los barrios exclusivos, las casas se amurallaban, las calles eran bloqueadas por
rompemuelles, y los puestos de vigilancia privada se multiplicaban por doquier. El miedo
se instaló no sólo en los distintos barrios populares en los que Sendero se movilizaba,
sino que se expandió hacia las residencias de los sectores medios y altos de Lima que
vieron siempre ajena y distante la violencia desatada desde 198036. Para los
sectores acomodados de Lima, el coche bomba en la calle Tarata transfiguró la violencia y
adquirió, paradójicamente, "carácter nacional" y la "indignación
anti-senderista fue canalizada como sentimiento nacionalista" (Méndez 2000:238).
Pero el recrudecimiento de la violencia en la ciudad no era resultado del azar. Por el
contrario, respondía a la consigna lanzada por Guzmán en un documento circulado en
noviembre de 1991: "¡Que el equilibrio estratégico estremezca al país!"37
En sus páginas Abimael Guzmán, el presidente Gonzalo para sus camaradas, realizaba un
balance optimista del desarrollo de la "guerra popular" y alentaba a sus
seguidores a enfrentarse a las fuerzas represivas y genocidas del Estado en forma
definitiva y contundente: "Necesitamos que el pueblo sea partícipe directo,
protagonista, que las masas mismas lleven más y más la guerra popular. Así la guerra
popular expresaría más su fuerza porque es guerra de masas" (1991:4). Entonces, el
equilibrio estratégico se intensifica cuando "... el enemigo trata de recuperar
posiciones para mantener su sistema; y nosotros, preparar la ofensiva estratégica"
(Guzmán 1991:6).
El equilibrio estratégico conllevaba una "evolución" en la guerra popular,
acelerándose el tránsito de la guerra del campo a la ciudad, y ésta última se
convertía en el escenario fundamental de las acciones armadas38. Pero al
interior de este nuevo horizonte estratégico, ¿cómo se sitúa para los estudiantes
senderistas la matanza de La Cantuta?, ¿cuáles son sus memorias acerca de estos hechos
7 Para la reconstrucción de los hechos han sido valiosos los distintos informes y
crónicas periodísticas. Para los informes véase: Aprodeh (1994), Rúa (1996), Cubas
(1998). La información periodística se basa principalmente en los diarios La República,
El Comercio , la revista Ideele, el Resúmen Semanal de Desco, el Reporte especial de
violencia política de Desco.
8
Entre enero y julio de 1992, SL hizo explotar en Lima Metropolitana 37 coches bombas, y
sólo en julio fueron 22. Las víctimas fueron en ese período fueron de 47 personas y en
julio 33 víctimas. Véase, Reporte especial de violencia política, No. 20, diciembre de
1992, Desco, Lima.
9 En
buen tono decía aquellos días: "No soy un dictador. Soy y seré siempre un
demócrata... Las medidas del 5 de abril no son antidemocráticas, sino imperiosas para
hacer posible la disciplina interna que haga posible el restablecimiento de la democracia
y la paz amenazada por el terrorismo senderista. Ese es mi compromiso con el país".
El Comercio, 25-6-1992.
10 Para
una lectura detallada de la coyuntura política 1990-1992, véase Tanaka (1998:203-229).
11 Como
decía un documento senderista de la época: "En la ciudad estamos aislando,
golpeando, desgastando y socavando el viejo orden, para que cada vez más el pueblo vea la
impotencia en que queda reducido el Estado peruano, por tanto, no discutimos una lucha
reivindicativa o gremial, sino desarrollamos una labor militar para socavar el viejo
orden". PCP-SL, Elecciones No, Guerra Popular Sí, julio de 1992.
12"Un
Sendero sin fin...", Ideele, agosto, Lima, 1992.
13 Sobre
una visión más amplía de la actuación de Sendero en los barrios populares de Lima,
véase, Burt (1999), Zapata (1998), Muñoz (2001).
14 Por
esos meses (enero-abril de 1992) los conos más afectados, y en orden de incidencia,
fueron el Centro (Cercado, Laa Victoria, San Isidro, Miraflores), Este (El Agustino, San
Juan de Lurigancho, Ate-Vitarte, Chosica, Santa Anita), Sur (Villa El Salvador, Villa
María del Triunfo, San Juan de Miraflores, Norte (Comas, Independencia, Los Olivos,
Carabayllo) y Oeste (Callao, Puente Piedra, Ventanilla). Véase, Reporte especial de
violencia política, No. 20, Desco, diciembre de 1992.
15 Boletín
de opinión, Apoyo, junio, 1992.
16 Sobre
la democracia delegativa existe un amplio debate a partir de los postulados de Guillermo
O´Donell (1996). Para una revisión crítica de sus propios postulados véase O'Donell
(2000). Para el caso peruano, Carmen Rosa Balbi (1993), matiza esta propuesta.
17 En
1991 un secreto documento militar decía: "... el mejor subversivo es el subversivo
muerto; por lo tanto no se capturarán prisioneros". En 1991 se produce la matanza
por comandos paramilitares de 16 personas presuntamente senderistas, incluyendo mujeres y
niños, en una pollada en Barrios Altos (Lima). Asimismo, los atentados con sobres bomba
contra el abogado de derechos humanos, Augusto Zúñiga y el director del diario de
izquierda Cambio. Según los organismos de Derechos Humanos, entre 1988 y 1992, Perú
tenía el primer lugar en el ranking de países violadores de DD.HH en el mundo. Los
detenidos-desaparecidos en los tres primeros años del gobierno de Fujimori fueron: 1991
(535), 1992 (239) y 1993 (105). Sobre las políticas antisubversivas véase, Tapia (1997),
Rospigliosi (1996), Taylor (1997).
18 Sobre
la planificación de la matanza pueden verse las denuncias del general Rodolfo Robles y de
COMACA (Comandantes, Mayores y Capitanes), grupo institucionalista al interior de las FFAA
(Aprodeh 1994).
19 La
República, 22 de mayo, 1991
20 Resumen
semanal de Desco, 23 de mayo de 1991.
21 Desde
1987, el MOTC (Movimiento de Obreros y Trabajadores Clasistas), organismo generado del
PCP-SL gana la dirección de la Coordinadora Sindical de la Carretera Central, extendiendo
sus acciones en barrios aledaños como Huaycan y Raucana, dentro de la perspectiva de
preparar el camino al Ejército de Liberación Nacional cuando se desarrolle y profundice
el "cerco a las ciudades".
22 Pintado
después de la matanza de presos senderistas en el Penal de El Frontón, en 1986.
23 Entre
los principales grupos que actuaban en la universidad se encontraban: el PUM (Partido
Unificado Mariateguista), PCP, Patria Roja (de tendencia maoísta), el Partido Comunista
Peruano (pro-sovietico), Vanguardia Revolucionaria Marxista-Leninista.
24 Para
una reflexión mayor sobre la expansión del marxismo-leninsimo en las universidades
nacionales, véase Degregori (1990).
25 Entre
ellos el Frente Estudiantil Revolucionario, más conocido por aquellos años como el FER
antifascista, por la caracterización ideológica que hicieran del gobierno militar
velasquista (Lynch 1990).
26 Por
ejemplo, en Ayacucho el Partido Comunista del Perú, a través de su Comité Regional
"José Carlos Mariátegui", y en alianza con Bandera Roja, ambo com amplias
bases entre estudiantes y profesores de la UNSCH deslindan en 1965 con la tésis del
tránsito pacífico al socialismo que por entonces enarbolaba el PC Unidad de influencia
sovietica.
27 Sin
embargo, hay que anotar que las principales dirigencias del partido eran blancos o
mestizos urbanos, según los "estandares" peruanos. Muchos de ellos provenían
de las universidades provincianas como la Universidad nacional San Cristóbal de Huamanga,
por ejemplo. Véase, Degregori (1990).
28 Parecido
proceso ocurrió en Ayacucho. En los setenta, en la Universidad Nacional San Cristóbal de
Huamanga, en la década del setenta. Antonio Díaz Martínez, profesor de Agronomía e
importante cuadro senderista muerto años después en la matanza de los penales en 1986,
fue Jefe de la Oficina de Bienestar, que administraba el comedor universitario, la
residencia estudiantil y el transporte universitario. Asimismo, Abimael Guzmán se
desempeñaba en los setenta como Jefe de la Oficina de Personal.
29 Carmen
Rosa Balbi (1995) sugiere la misma idea para el caso de las fábricas y barrios populares
en Lima, en la carretera central muy cerca de la universidad La Cantuta.
30 El
mismo Guzmán sustentó esa transición político militar en: "¡Que el equilibrio
estratégico remezca más el país! (gran culminación de la III campaña de
Impulsar)", mecanografiado, noviembre de 1991.
31 Para
la reconstrucción de la matanza hemos contado con las siguientes fuentes: Testimonios de
estudiantes de la desaparición de la Universidad La Cantuta (Aprodeh 1992), Rúa (1998),
Cubas (1998), Aprodeh (1994), Vargas Llosa (2000); entrevistas a estudiantes y diarios de
la época.
32 Los
estudiantes eran: Juan Mariños Figueroa (32, electrónica), Heráclides Pablo Meza (28,
Ciencias Biológicas), Robert Teodoro Espinoza (24, Ciencias Biológicas y Matemáticas),
Armando Amaro Cóndor (25, Electromecánica), Luis Enrique Ortiz Pereda (21, Cultura
Física y Deportes), Dora Eyague Fierro (21, Educación Inicial), Felipe Flores Chipana
(25, Electrónica), Bertila Lozano Torres (21, Facultad de Artes y Humanidades), Marcelino
Rosales Cárdenas (Facultad de Artes) y el profesor Hugo Muñoz Sanchez (47).
33 Álvaro
Vargas Llosa (2000) narra en base a los testimonios de una ex agente del Servicio de
Inteligencia del Ejército destacada en La Cantuta, que la noche del coche bomba en la
calle Tarata, algunos senderistas habrían entrado al campus universitario heridos por las
balas de los agentes de seguridad de los bancos aledaños a la calle Tarata.
34 Para
una mayor descripción de la matanza véase, Álvaro Vargas Llosa (2000)
35 Banco
de datos sobre violencia política, Desco, Lima, 1993.
36 Por
ejemplo, sólo en julio de 1992 en los distritos de Miraflores, San Isidro, San Borja y
Surco hubo 14 atentados con un saldo de 31 víctimas. Asimismo, en El Cercado, Breña, La
Victoria, San Luis se realizaron 46 atentados con 9 víctimas.
37 "El
equilibrio estratégico es una situación objetiva de la guerra popular a la que se ha
llegado después de once años de defensiva estratégica (...) Una muestra patente y
prueba irrefutable del desarrollo del equilibrio estratégico es la ingobernabilidad del
viejo orden. Lo es la desesperación y el despliegue de tropas, la intervención
extranjera yanqui, la transgresión de su propio parlamento y leyes burguesas comenzando
por la Constitución del 79, el fracaso de sus elecciones complementarias, la
proliferación y descontrol de sus mesnadas, la mayor corrupción y desgobierno",
Confesión de genocidas y fracasados: 'FF.AA. defienden el sistema cuestionado y
obsoleto'. Equilibrio estratégico los acorrala y aplasta, El Diario, 13/09/1991, Lima.
38 Para
el maoísmo la guerra revolucionaria pasaba por tres grandes etapas: Defensa Estratégica,
Equilibrio Estratégico y Ofensiva Estratégica.
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