CATHEDRA - ESPÍRITU DEL DERECHO
N° 2 - Año 2 - Mayo 1998


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Conversando con el Maestro Estuardo Nuñez

 

 

Usted es integrante de un grupo de intelectuales que coincidentemente estudiaron en el mismo colegio: el Colegio Alemán. Ese hecho permite pensar que el colegio ejerció decisiva influencia en la formación humanística de todos ustedes. ¿Cómo era la educación que recibieron en el Colegio Alemán?

Yo cursé mis estudios en el Colegio Alemán de Lima entre los años 1918 y 1926, en mi aula tuve como compañeros a Martín Adán, Emilio Adolfo Westphalen, Xavier Abril (que resultaron grandes poetas) y Ricardo Grau (un pintor muy reconocido). En el colegio - aunque no en mi misma aula - estudiaban también Luis Felipe Alarco (filósofo), Andrés Aramburú Menchaca (jurista), Gabriel Tizón (arquitecto) Carlos Cueto Fernandini (educador), y además Eugenio Alarco (historiador) y Federico Mould Távara (elegante cronista y fino escritor).

En este colegio dominaban circunstancias especiales, teníamos muy buenos profesores, tanto peruanos como alemanes, estos últimos actuaban como profesores de secundaria, pero tenían categoría universitaria; por una razón: era la época posterior a la Primera Guerra Mundial, cuando muchas universidades alemanas cerraron a causa de la inflación y se produjo la desocupación de maestros. Aquellos profesores no podían dedicarse a otra cosa porque eso siempre habían hecho: enseñar, así que averiguaban y al saber que había vacantes (en un colegio ubicado en el Perú), venían a ocupar la plaza. Esa fue la razón por la que tuvimos profesores de alta categoría, que vinieron, permanecieron unos años y después volvieron a Alemania. Nuestra educación humanística por eso fue muy buena, pues nos hacían leer a los clásicos alemanes e ingleses, en el idioma original, de tal modo que antes de terminar la secundaria ya habíamos leído a Goethe, Schiller, Uhland, Lessing y Shakespeare.

¿Cómo recuerda su etapa universitaria?

Cuando nosotros entramos a San Marcos en 1927, teníamos en la Universidad una representatividad importante al punto que orientamos a algunos profesores antiguos, les creamos el ambiente para que ellos renovaran su cultura. Teníamos un caudal de lectura muy bueno, nutrido de cosas que eran novedad en Europa y que aquí apenas se conocían, por lo que incluso llegamos muchas veces a señalarle al profesor la bibliografía que debía consultar, los libros nuevos que debía leer para la clase.

Era el tiempo de la Reforma Universitaria en San Marcos; hasta esa época los profesores entraban a la Universidad más que por sus méritos, por tener alguna influencia en las autoridades. Hubo tres Reformas Universitarias, la de 1918, la de 1927 y la de 1931. Luego de la Reforma de 1927 cambiaron las autoridades e ingresaron a la docencia verdaderos estudiosos, como Jorge Basadre, Luis Alberto Sánchez y Raul Porras Barrenechea, quien empezó en San Marcos enseñando literatura y luego pasó a historia del Perú.

También la nueva generación de alumnos estaba compuesta por gente que tenía un criterio nuevo de las cosas.

En Ágora1 usted ha señalado que la información novedosa la habían adquirido por lecturas privadas y por su asistencia a la tertulia de Mariátegui.

Las lecturas privadas fueron independientes de la tertulia de Mariátegui, ellas fueron anteriores a nuestro conocimiento de Mariátegui, nuestras lecturas ya se habían afianzado en nuestra época escolar, en tercer, cuarto, quinto año de media, nosotros devorábamos todos los nuevos autores españoles, franceses, alemanes e ingleses que llegaban bien directamente en los idiomas respectivos o en traducciones.

A veces alguno de nosotros no tenía dinero para poder comprar esas nuevas ediciones, pero había uno que quizas si podía comprarlas como Westphalen; Westphalen tuvo suerte, pues su padre sabía que él era un muchacho que tenía muchas inquietudes, y entonces le daba todo su apoyo para poder comprar libros. Westphalen llevaba a la clase de secundaria las obras de Gabriel Miró, de Luis de Góngora, de la generación poética de 1927, de Juan Ramón Jiménez, de Ortega y Gasset y su Revista de Occidente, de Marcel Proust y Jean Giraudoux, etc. Cuando nosotros fuimos a la tertulia de Mariátegui ya habíamos entrado a la universidad, era el año 1927.

Las reuniones con Mariátegui tenían un nivel más desarrollado pues asistían a ellas intelectuales, periodistas, gente muy culta. Mariátegui tenía muy buena formación, había estado en Europa y conocía las novedades de allá, donde también dejó amigos que le enviaban los libros que recién habían aparecido. Como Mariátegui sabía que nosotros conocíamos idiomas (alemán e inglés), nos entregaba libros nuevos que venían en idioma extranjero para que nos ocuparamos de ellos y escribiéramos notas críticas para Amauta2. Yo me acuerdo que la biografía de Napoleón, escrita por Emil Ludwig, recién aparecida, Mariátegui me la entregó para hacer una nota bibliográfica en Amauta

Es por esta razón que Mariátegui nos tomó mucha estimación y mucho afecto, y aunque Amauta era una revista que promovía el pensar socialista, Mariátegui entendía que nosotros estabamos allí no tanto interesados en el socialismo cuanto en la cultura en general. A nosotros nos tomaba en grupo aparte para fomentarnos ese afecto por la lectura, nos respetaba mucho y nunca tuvo una propuesta de violentar nuestra independencia política.

¿Qué otros libros recién editados en Europa recuerda?
El primer ejemplar de «Ulises» de James Joyce nosotros (todavía escolares de secundaria) lo tuvimos en el año 1925, porque había un amigo de José María Eguren que le había enviado de obsequio un ejemplar desde Francia. Como se sabe, «Ulises» se había publicado en Francia mas no en Londres o en Dublin, porque las autoridades no lo permitieron. Con la versión en inglés tuvimos dificultades idiomáticas pues Joyce empleaba muchos dialectos del inglés, de tal modo que ese libro no pudimos captarlo del todo. Esas dificultades fueron vencidas en la primera versión en francés (1928), porque los editores tuvieron que contratar a diecisiete traductores especialistas en los diferentes idiomas y dialectos en que estaba escrita la obra; de esta versión se hicieron las traducciones al español y a otros idiomas. En cambio pudimos leer una versión española de «Retrato de un Artista Adolescente» del mismo Joyce.

Con anterioridad a la tertulia de Mariátegui, nosotros habíamos concurrido a la tertulia de José María Eguren, en Barranco, los domingos en la tarde. Este fue, siendo todavía escolares desde 1924, nuestro primer contacto con gentes de letras de renombre. Allí conocimos a Bustamante y Ballivián, a Luis Alayza, pero no alcanzamos a conocer a González Prada y a César Vallejo, que años antes habían frecuentado la casa de Eguren.

Cuándo se produce el cierre de San Marcos ¿Qué hizo?

El año 32 San Marcos fue clausurado por el gobierno de Sánchez Cerro, entonces quedamos los estudiantes en la calle, algunos se pasaron a la Católica, pero nosotros que habíamos animado la Reforma no podíamos aceptar matricularnos en la Católica, que en ese entonces tenía un carácter cerrado, aunque hoy las cosas han cambiado y muestra un criterio verdaderamente universitario. Yo me quedé en Lima, y en vez de perder el año 32 y 33, me levantaba temprano y me dirigía a la Biblioteca Nacional para buscar libros que nadie leía en idiomas extranjeros. Luego continué mis estudios de Derecho en Arequipa (1934) y en el Cusco, donde terminé mi quinto año de Derecho en 1935. En 1936 reabrieron la Universidad y regresé a San Marcos, donde me gradué de Bachiller en Derecho con la tesis «Las Ideas Jurídicas Alemanas y el Derecho Peruano»3. Pero ya en 1932, días antes delcierre, me había graduado de doctor en Letras, con una tesis sobre la poesía de Eguren.

Luego de la clausura de San Marcos se estableció una lista negra de personas que no podían enseñar en la Universidad por su participación en las actividades anteriores a la clausura, en la que me pusieron a mí. Estuve en esa condición hasta el año 1946 cuando empezó el primer rectorado de Luis Alberto Sánchez.

¿ Cómo era la universidad de 1946, en comparación con la universidad anterior a la Reforma?

Hubo algunos cambios importantes, pues antes los docentes asistían la universidad sólo

por horas, dictaban su clase y se retiraban, sin dedicarse exclusivamente a la Universidad. Después, se empezó a exigir a los profesores el cumplimiento de horas adicionales. Ingresaron nuevos docentes, recuerdo que el profesor dictaba su programa y el tema que había planteado en clase se continuaba discutiendo en el patio, es decir ya se daba la convivencia entre el profesor y el alumno. Recuerdo mucho las clases del doctor Raul Porras Barrenechea, que eran a salón lleno. También existió mayor participación de los alumnos en la marcha de la universidad, gracias a la implantación de la representación estudiantil en los Consejos Directivos.

¿Cómo recuerda a la Biblioteca Nacional de los años treinta?

Consultar libros en la Biblioteca Nacional era un trabajo enorme porque no existían ficheros y mi pasión era buscar libros en alemán o inglés (algo que uniera nuestra cultura con otros países). El bibliotecario mayor que me atendía era un hombre culto que sabía los libros que existían pero desconocía idiomas, entonces cuando yo pedía los libros en otros idiomas, el me decía que estaban en el estante más elevado pues nadie los pedía, entonces me dio permiso para subirme en una gran escalera y escoger dichos libros, así pase más de un año y medio. Allí encontré un ejemplar del Mercurio Peruano4 en alemán, que había sido editado en Weimar. Hipólito Unanue le había regalado a Alejandro de Humboldt cuando estuvo en Lima, en 1802, la colección completa del Mercurio Peruano, una revista que ya entonces había dejado de aparecer. Humboldt envió dicha colección nada menos que a su amigo el gran poeta Goethe quien vivía en la Corte de Weimar. En Weimar fue traducido y publicado el Mercurio en una editorial, propiedad de Friedrich Justin Bertuch. Por esa época, Weimar y Jena eran lugares donde había un ambiente cultural europeo muy importante, destacando las figuras de Savigny, Ihering, Fichte, Schiller y Goethe, quien - como lo señalo en mi artículo «Goethe y la Vocación por el Derecho»5 - había tenido una aproximación al Derecho, llegando a recibirse de abogado.

En su tesis sobre la influencia alemana en el Derecho Peruano, usted hace un paralelismo entre la recepción que tuvieron fuera de Alemania Max Nordau y Karl Christian Friedrich Krause.

Krause era un filósofo de segunda clase en Alemania, pero que introducido en España, logró que su pensamiento ejerciera un gran dominio; igualmente pasó con Max Nordau , quien a fines del siglo XIX habló del fenómeno de «Fin de Siglo», que llamó el fenómeno del Decadentismo. Con su oportunismo didáctico aprovechando una imaginación fácil y exhuberante como la suya, trató de explicar con buena lógica pero con poca ciencia, dogmáticamente, el fenómeno de la decadencia «Fin de Siglo» (el XIX, se entiende). Indudables puntos de contacto pueden pues precisarse entre Nordau y Krause. Nordau fue en lo literario lo que Krause en lo filosófico y en lo jurídico. Lástima grande que mientras la cultura alemana pueda pasarse sin mencionarlos casi en los manuales, nosotros estemos ineludiblemente obligados a exhumar todavía sus ideas aunque sea para examinar sus estragos o su influencia negativa en nuestra vida cultural. Homenaje que ni siquiera merecen.

Cuando fue nombrado director de la Biblioteca Nacional, ¿Cómo encontró a ésta?

Hubo dos aspectos; en lo referente a los libros lo encontré bien porque ya Basadre había reconstruido la Biblioteca después del incendio del 43, se había conseguido muy buenos libros del extranjero gracias a la compra de Bibliotecas privadas y por supuesto a las donaciones. En esto apoyó mucho el Gobierno de Prado, se realizó una bolsa común entre los Bancos de Lima. En el aspecto administrativo se tenía algunos problemas, pues no existía mucho orden. Por esa época se había dispuesto un nuevo sistema para las clases escolares, según el cual los profesores ya no dictaban las clases sino que señalaban trabajos a los alumnos para que estos los desarrollaran consultando los libros. Así la Biblioteca se vio sobrepoblada de escolares los cuales muchas veces aprovechaban el tiempo para conversar o jugar animadamente. Los profesores les dejaban trabajos como por ejemplo, resumir crímenes habidos en Lima durante 1960 ó 1882, información que sólo podían encontrar en los periódicos de la época. La gran cantidad de escolares y la fragilidad del papel de los periódicos provocó que se destruyeran invalorables colecciones completas de periódicos de época de la Guerra con Chile. Por eso, mi Dirección estableció un orden para la atención a escolares y se restringió el acceso de menores de edad a

periódicos de gran valor.

¿ Alguna vez ejerció el Derecho?

Hubo una época en la cual estuvimos ejercitando el Derecho porque necesitábamos tener ingresos que nos permitieran vivir y comprar libros; pero mi verdadera vocación era la literatura y la cultura en general, a las cuales no podía dedicarme debido a que figuraba en la lista de excluidos de la universidad. Yo me había graduado de Doctor en Letras en 1932, en vísperas de la clausura de la universidad, con mi tesis «La Poesía de Eguren». El año 1936, al reabrirse la universidad, me pude graduar de Bachiller en Derecho y luego obtener el título de abogado, con el que estuve habilitado para ejercer. Como estuve excluido de la docencia en la Universidad desde el año 32 hasta el 46, me dediqué al Derecho a partir de 1937.

Usted es considerado la primera autoridad en el estudio de la vida y obra de Pablo de Olavide y de Juan de Arona. ¿ De dónde nace su interés por estos autores?

Mi interés se centra en la gente interesada en los problemas modernos tanto en la vida como en las letras. El caso de Olavide es memorable. En el siglo XVIII es cuando comienza a transformarse el teatro, pues no se podía seguir viviendo del pasado, tenían que adecuarse los argumentos y el reformador es Olavide, y para eso era necesario estudiar sus obras. Olavide llegó a ser Alcalde de Sevilla, ciudad desde la cual renovó el teatro nacional español, mediante la creación de nuevas escuelas de actores, la construcción de locales escénicos y la sustitución de repertorios obsoletos. Juan de Arona fue otro innovador de las bases culturales del Perú, gracias a su conocimiento de los idiomas francés, alemán e inglés.

Conocemos su infatigable labor de investigador en las principales bibliotecas del mundo, aprovechando los ratos libres que le deparaba la docencia en otros países, lo cual le permitió descubrir y publicar varias obras desconocidas de Olavide.

 Lo que sucede es que hasta 1971 los libros de Olavide que comúnmente se conocían eran tres: «El Evangelio en Triunfo», «Poemas Cristianos», y «Salterio Español» o Versión de los Salmos de David.

En 1971, iniciamos la revelación de la obra de creación literaria de Olavide y dimos cuenta de hallazgos bibliográficos que han cambiado la imagen de la figura intelectual y creadora de Pablo de Olavide. Editamos entonces dos volúmenes, uno con las obras dramáticas desconocidas, y otro con las novelas originales publicadas en New York; en 1828, inadvertidas e ignoradas por la crítica.

¿ Qué podría comentarnos de la polémica entre Juan de Arona y Arnaldo Márquez, la cual llevó inclusive a que Márquez escribiera en el periódico «El Cosmorama» unos sonetos en tono burlón sobre las traducciones de «Las Geórgicas» de Virgilio hechas por Juan de Arona?

Juan de Arona fue nieto de Hipólito Unanue, dictó literatura griega y latina en San Marcos, tradujo a Horacio, Virgilio, Ovidio, Fedro; fue poeta, traductor de idiomas extranjeros, dramaturgo, diplomático, ensayista. Fue el primer intelectual peruano que estudió sistemáticamente nuestra habla popular y además encarnó y promovió la iniciación y el interés por la cultura Alemana en el Perú. Lo que pasó entre Juan de Arona y Arnaldo Márquez es que existía una gran rivalidad entre ellos y esto porque ambos tenían personalidades muy difíciles, estando acostumbrados a satirizar a todo el mundo. Arnaldo Márquez había vivido mucho tiempo en el extranjero y no se acostumbraba al clima espiritual existente en el Perú, quejándose constantemente del país. Continuamente estaban cruzando puyas, inclusive Arona en vez de decir Arnaldo Márquez decía Asnaldo Márquez.

Se cuenta incluso que Juan de Arona habría muerto como consecuencia de una paliza que le mandaron propinar cerca de su propia casa, como venganza por los dardos conflictivos que solía usar, lo que por lo demás era usual en su época, el siglo XIX. Pero ambos, en el fondo, Olavide y Márquez participaban de la misma inquietud de traducir la literatura europea y el de elevar el nivel de la cultura popular.


1 Revista Cultural de la SUNAT, en cuyo primer número figura una entrevista conjunta al poeta Emilio Adolfo Westphalen que realizaron Estuardo Nuñez y Marco Martos.

2 Amauta es la revista cultural que fundó y dirigió José Carlos Mariátegui desde 1926 hasta 1930.

3 La tesis fue sustentada el 20 de marzo de 1936 y aprobada acordándose su publicación por la Facultad. La tesis fue publicada con el título «La Influencia Alemana en el Derecho Peruano» en la Revista de Derecho y Ciencias Políticas (UNMSM) Año I, Número III, Lima, 1937.

4 El Mercurio Peruano fue la conocida revista editada por la Sociedad Amantes del País entre 1791 y 1794.

5 Publicado en Revista Jurídica del Perú. Año 1, Número 1, Lima, Enero - Abril 1950. Pp. 39-46.

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