INTRODUCCIÓN


 

Todo pueblo tiene su religión y esta religión tiene una historia propia, la misma que es parte integrante de su peculiar tradición cultural, histórica, social, política y económica. Sin embargo, en el trasfondo de cada una de las manifestaciones religiosas del mundo se encuentran muchos rasgos semejantes, rasgos que al ser develados permiten reconocer tendencias, regularidades y leyes. Precisamente, al descubrimiento y constatación de éstos aplican todos sus esfuerzos las diversas ciencias que han hecho de ella su objeto de estudio. No ignoramos que el tratamiento dado a la religión no siempre fue el mismo. Tradicionalmente, estudiada por la teología y la filosofía era entendida de manera abstracta y ahistórica, esto es, como aquel ámbito donde los pueblos dan forma trascendental y última a su realidad, a sus ideas de seres sobrenaturales y al mundo1. Este acercamiento abstracto fue progresivamente abandonado durante la época de la Ilustración. En este período se dieron los primeros pasos en la búsqueda de lo común entre las diferentes culturas y religiones basándose de los informes difundidos por los viajeros y misioneros de la época. Sin embargo, el esfuerzo desplegado por descubrir lo común entre las diferentes religiones fracasó, pues dejaba de lado las condiciones históricas de cada uno de los pueblos correspondientes. Como su interés se dirigía en primera instancia, a los contenidos transcendentales, no alcanzaba avanzar más allá de la contemplación de sus aspectos fenoménicos. En consecuencia, la religión continuó siendo vista como un elemento muy importante, como la fuerza motriz que mueve todos los demás elementos de la sociedad; y que al tomar la religión como algo peculiar y único, de cada cultura, se torna imposible encontrar aspectos comunes y esenciales a partir de los cuales se pueda generalizar y explicar.

Con el surgimiento de las ciencias sociales, en la segunda mitad del siglo XIX aumentaron los conocimientos acerca de la formación de las sociedades; se hizo evidente que los factores de más influencia en la constitución de una cultura y de la sociedad no giran alrededor de su cosmovisión religiosa sino más bien alrededor de los procesos materiales. Esta conclusión produjo cambios sustanciales sobre los métodos y las técnicas de investigación aplicados en los estudios sobre las religiones. Surge, entonces, la necesidad de someter la religión a una investigación que tome en consideración su desarrollo histórico real. Lo que importa ahora ya no es su contenido trascendental, anteriormente base de los estudios sobre la religión, sino más bien sus efectos sociales. Sobre todo ahora que ya no existen dudas de la existencia de la religión formando parte de otros procesos sociales. Con esta modificación en la percepción de la religión cambió también su valoración: ya no se le ve como un ente místico al cual el estudioso debía aproximarse con mayor respeto que a cualquier otra manifestación social. Se le ve más bien como un factor que influye sobre el comportamiento humano y que esta influencia es, por lo general, de manera inconsciente. En su afán de entender mejor sus raíces y sus efectos, la religión es observada como un proceso de cosificación. Naturalmente, esta transformación de la percepción no se da libre de conflictos; los creyentes son los primeros en rechazar esta manera de juzgar la religión y la acusan de reduccionista. Por su parte, los científicos sociales aparentemente no le prestan mucha atención y la califican como residuo de tiempos remotos en un mundo moderno y secularizado; pero, luego de restarle importancia a este argumento se dedican a estudiar la religión con la mayor serenidad posible.

Teniendo como base este desarrollo en la percepción de la religión en general, nosotros trataremos de exponer el desenvolvimiento del trabajo científico en el Perú sobre la temática religiosa. Nuestro interés se centrará, entonces, en dar respuesta a la siguiente pregunta: ¿cuáles han sido las primeras disciplinas científico-sociales que se atrevieron a hacer de la religión su objeto de estudio sistemático?

El descubrimiento espiritual del Perú comienza recién en el siglo XIX por parte de los historiadores nacionales, quienes continuaron dentro de la tradición filosófica de la Ilustración, la misma que fue difundida por los precursores y los principales dirigentes del movimiento independentista. Aun cuando los historiadores asumen las perspectivas propias de las élites, abren las vías para una percepción intelectual y la consideración de la presencia real de los pueblos autóctonos del subcontinente. Interpretamos este hecho como un gran despertar, pues se consideran a estos pueblos como las raíces genuinas de la historia peruana. Dado que en las sociedades nativas la religión jugaba un rol importante, ésta se vuelve poco a poco un tema atractivo vinculado con la cultura y el mundo imaginario de esos pueblos.

La Universidad Nacional Mayor de San Marcos es el primer centro científico donde se dio inicio a las investigaciones de los fenómenos religiosos. Según nuestro parecer, el primero en realizar estudios religiosos durante los años treinta, en el siglo pasado, fue el arqueólogo Julio C. Tello. Sus trabajos forman parte de la corriente indigenista la cual buscaba la reivindicación de los pueblos autóctonos de América antigua. Él y su alumna, Rebeca Carrión, pueden ser considerados pioneros en los estudios científicos sobre las religiones del Perú antiguo. Ambos trabajaron en base a restos materiales de los pueblos antiguos. Compararon varias fuentes como las pictóricas, las cerámicas, las narraciones populares, las representaciones en monumentos arquitectónicos, a partir de las cuales llegaron a importantes conclusiones que marcaron las pautas de posteriores investigaciones en este ámbito.

Las ponencias presentadas en el Primer Congreso Internacional de Historia del Perú, en el año 1951, constituyen otro hito importante en la dedicación científica sobre las religiones. Este congreso, organizado como parte de la conmemoración del IV centenario de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, y bajo el nombre de Congreso de los Peruanistas, reunió a muchos investigadores del mundo que realizaban trabajos sobre el Perú. En él se presentaron ponencias referidas al sistema religioso del Perú antiguo, considerando la religión como parte de su sistema cultural, social y político.

En el acercamiento hacia la historia de los pueblos antiguos del Perú, daremos preferencia a los trabajos arqueológicos sobre los de etnohistoria, por cuanto la arqueología trabaja en buena base a restos materiales de la cultura y formula con mucho cuidado sus hipótesis para realizar una buena interpretación, y evitar así, las especulaciones sin fundamento. El caso es distinto en la etnohistoriografía. Ella da prioridad a las crónicas de los siglos XVI y XVII y a la tradición oral. Su método de dividir el proceso general de la historia según las regiones la conduce a realizar una interpretación fenomenológica. Nos parece que se acerca al pasado sin considerar suficientemente la relación entre el presente y el pasado; por eso, representa un acercamiento conservador a la historia de los pueblos antiguos. Por eso, nuestra reserva con respecto a este método, y consecuentemente a sus resultados.

En este libro presentamos tres ensayos. El primero aborda el desenvolvimiento de las Ciencias de la Religión en el Perú. El segundo está dedicado a tematizar la función de la religión en la actualidad. El tercero presenta el proceso de transformación de las divinidades nativas; se tomaron como ejemplo el Huracán y el Amaru por ser mecanismos de sobrevivencia de los mismos. A esto se añaden dos entrevistas.

Una a la arqueóloga Ruth Shady, quien tiene el mérito de haber encontrado restos de una cultura bastante desarrollada, que pertenece al período precerámica. Estos restos son llamados Caral y se encuentran ubicados en el Valle de Supe. Ruth Shady organizó en el año 1999, un Simposio Internacional de la Religión en el Perú, en el cual se presentaron ponencias que abordaron temas muy próximos a los aquí tratados. En este simposio ella trató una pregunta significativa para el presente trabajo: ¿se puede hacer de la religión un objeto de investigación científica?

Tomando los problemas del Perú como punto de partida trataremos de aplicar teorías vigentes para ver de qué manera nos ayudan a esclarecer las representaciones religiosas y sus respectivas interpretaciones. Nuestro otro entrevistado es Daniel Morales, también profesor sanmarquino y destacado investigador. Él reflexiona sobre el significado del dios Jaguar y su presencia en las distintas culturas de la costa, sierra y selva.


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1 Vea Hegel, F. W. G. Filosofia de la Religión, México, FCE, 1992, p. 8
2 Vea Feuerbach, F., La esencia del cristianismo, Salamanca, Sígueme, 1975, p. 61 ss.