VACAS SECAS Y
EN TRANSICIÓN1
Hans Andresen S.2
. CAMBIOS ENDOCRINOS
. ESTADO INMUNOLÓGICO
. CONSUMO DE NUTRIENTES
. HÍGADO GRASO, HEPATOSIS PUERPERAL Y CETOSIS
. EDEMA DE LA UBRE
. PARESIA PUERPERAL (Hipocalcemia)
. HIPOMAGNESEMIA
. RETENCION DE PLACENTA (RP) Y
METRITIS
. DESPLAZAMIENTO DE ABOMASO (DA)
. ACIDOSIS RUMINAL Y LAMINITIS
. DEPRESIÓN DE LA PRODUCCIÓN DE GRASA
A medida que avanza la gestación
hacia el parto cae la insulina y sube la STH. Al parto ambas se elevan significativamente.
La tiroxina se incrementa con la gestación avanzada y cae en 50% al parto. Los
estrógenos placentarios suben durante la gestación avanzada, pero caen al parto. La
progesterona se encuentra elevada durante la seca para mantener la gestación, pero cae
rápidamente 2 días antes del parto. Los glucocorticoides y la prolactina aumentan el
día del parto, pero sus valores se normalizan al día siguiente. Los cambios endocrinos y
la disminución en el consumo de materia seca (MS) durante la gestación avanzada influyen
sobre el metabolismo y conducen a la movilización de grasa desde el tejido adiposo y del
glucógeno hepático.
Los ácidos grasos no esterificados (NEFA, en inglés) se incrementan al doble o más
entre las 2 a 3 semanas previas al parto y 2 a 3 días antes del parto. A partir de ese
día hay un incremento dramático hasta la culminación del parto, en parte inducido
hormonalmente. El incremento el día del parto se debe, presumiblemente, al estrés del
parto. Los niveles caen después del parto, pero se mantienen por encima de los niveles
pre-parto.
La glucosa aumenta dramáticamente al parto y luego cae. Este aumento se debe a un
incremento en los glucocorticoides y el glucagón, que agotan las reservas hepáticas de
glucógeno. Estas se recuperan y aumentan hacia 2 semanas postparto, a pesar de la demanda
de glucosa para la síntesis de lactosa por la ubre después del parto. Esto se debe,
probablemente, al incremento en la neoglucogénesis necesaria para la lactancia.
El calcio cae durante los últimos días antes del parto por la síntesis de calostro. Los
niveles de calcio son controlados por la acción coordinada de la hormona paratiroidea y
el 1,25 (OH)2 colecalciferol. Estas hormonas actúan sobre el intestino, los riñones y
los huesos para aumentar la calcemia durante el período peripartal. La adaptación de
estos órganos a una mayor demanda de calcio toma varios días, razón por la cual la
calcemia no se normaliza hasta varios días después del parto.
Dinámica ruminal
Desde el inicio de la seca hasta el parto ocurren varios cambios en el rumen inducidos
mediante la nutrición. El cambio de una ración alta en concentrados a una alta en fibra,
modifica la microflora y el epitelio ruminal. Los concentrados favorecen las bacterias
amilolíticas y la síntesis de ácidos propiónico y láctico, mientras que los forrajes
favorecen la flora celulolítica y la producción de metano.
Las papilas del rumen son responsables de la absorción de los ácidos grasos volátiles.
El ácido propiónico, formado a partir de los granos, favorece el alargamiento de las
papilas3, mientras que las dietas ricas en fibra mantienen cortas a las papilas. Durante
las primeras 7 semanas del período de seca, se pierde hasta 50% del área de absorción
del rumen y la recuperación de esta situación toma varias semanas después de la
reintroducción del concentrado.
Por consiguiente, la súbita introducción de granos inmediatamente después del parto,
tiene varias consecuencias negativas. El ácido láctico tiene mayor capacidad para
reducir el ph del rumen que los ácidos grasos volátiles, y éstos podrían ser
absorbidos con mayor rapidez en un medio ácido; pero al no haber tenido las papilas
ruminales suficiente tiempo para alargarse, la absorción es limitada.
Se encuentra comprometido durante
el período de transición. La función de los neutrófilos y los linfocitos está
deprimida, y la concentración de otros componentes del sistema inmune está disminuida.
Se supone que la inmunodepresión esté relacionada al estado nutricional y fisiológico
de la vaca.
Los estrógenos y los glucocorticoides son agentes inmunosupresores y sabemos que ellos se
elevan a medida que se acerca el parto.
La ingestión de vitamina A y E y de otros nutrientes esenciales para la función inmune
puede estar disminuida a medida que se reduce la ingestión de MS durante el período
peripartal.
Está en relación con el consumo
de MS y la densidad de nutrientes en la ración. Raciones más energéticas antes del
parto, resultaron en mayor consumo de MS y de energía.
Las vacas sin complicaciones post-parto fueron aquellas que consumieron mayor cantidad de
MS antes del parto; mientras que las vacas con hepatosis puerperal consumieron menos MS en
el preparto.
La presentación de trastornos metabólicos durante la transición -como hipocalcemia-
puede causar una reducción en el consumo de MS. La hipocalcemia causa un menor tono
muscular que puede afectar la motilidad del rumen, el peristaltismo intestinal y disminuir
el tránsito de la ingesta, factores éstos que pueden afectar negativamente el consumo de
MS.
El reconocimiento de una reducción en el consumo de MS antes del parto, así como de los
cambios fisiológicos y nutricionales asociados a gestación avanzada, parto y
lactogénesis, han llevado a la necesidad de formular una ración especial para las vacas
de preparto, capaz de reducir el riesgo de trastornos metabólicos en el período
postparto y mejorar el rendimiento de la lactancia. El problema principal radica en que
los requerimientos en consumo de MS y de nutrientes de la vaca en el período de preparto
cambian con relativa rapidez.
Al formular raciones para vacas en transición hay que considerar también la fisiología
del parto, la dinámica microbiana del rumen y los efectos farmacológicos de los
nutrientes. Debe contener un mínimo de 12% de proteína para vacas y 15% para
vaquillonas. Niveles más elevados no parecen ser necesarios, tomando en cuenta que las
vacas en el período peripartal tienen una menor capacidad para metabolizar amoniaco.
En cuanto a energía, 1.25 Mcal de ENL/kg MS son suficientes para la vaca seca. Para los
animales en transición se requiere 1.62 Mcal de ENL/kg MS. Aunque este nivel podría ser
insuficiente para vaquillonas, no se recomiendan niveles más elevados porque podrían
incrementar el consumo de carbohidratos rápidamente fermentables que podrían afectar la
fermentación en el rumen y la ingestión de MS. El incremento en el consumo de
carbohidratos (C no F) permitirá a la flora ruminal adaptarse a las dietas altas en
concentrado que se emplearán en el postparto.
La mayor producción de ácidos grasos volátiles estimulará el crecimiento de las
papilas ruminales e incrementará su capacidad de absorción después del parto. La mayor
producción de ácido propiónico podría activar la respuesta insulínica y así evitar
la movilización de grasa del tejido adiposo y los consiguientes trastornos metabólicos
relacionados.
El hígado graso ocurre cuando
están elevados los niveles sanguíneos de NEFA. Estos se elevan dramáticamente al parto.
La capacidad del hígado para captar los NEFA es proporcional a la concentración de
éstos en la sangre.
Los NEFA captados por el hígado son esterificados a triglicéridos u oxidados en las
mitocondrias o en peroxisomas (microsomas).
Los triglicéridos pueden ser almacenados o exportados como parte de una lipoproteína de
baja densidad. En comparación con otras especies, la capacidad de exportación de
triglicéridos del hígado es baja en los rumiantes, desconociéndose la causa.
Bajo circunstancias en que se produce una elevación en la captación hepática de NEFA
(por ejemplo, cuando hay niveles bajos de glucosa e insulina en la sangre), ocurre la
esterificación de los ácidos grasos y acumulación de triglicéridos en el hígado.
La oxidación completa de los NEFA forma CO2. La oxidación incompleta produce cuerpos
cetónicos (en especial aceto-acetato y beta-hidróxi-butirato. La formación de cuerpos
cetónicos también se ve favorecida cuando los niveles sanguíneos de glucosa e insulina
son bajos, parcialmente debido a una mayor movilización de ácidos grasos del tejido
adiposo.
Niveles bajos de insulina probablemente aumentan la oxidación de los ácidos grasos
mediante disminución en la concentración de malonil-CoA en los hepatocitos y
disminución en la sensibilidad de la carnitina palmitoiltrasferasa-1 a la acción de
malonil-CoA. La carnitina palmitoiltransferasa-1 es responsable de la translocación de
ácidos grasos del citosol a las mitocondrias para su oxidación; acción que es inhibida
por malonil-CoA.
El ácido propiónico es anti-cetogénico, probablemente debido a sus efectos indirectos
como promotor de la secreción de insulina y a sus efectos directos sobre el metabolismo
hepático.
La acetonemia (que no es una entidad nosológica) es común al parto durante la súbita
elevación de NEFA, cuando los requerimientos para la producción de leche exceden
ampliamente la ingestión de energía, y es un trastorno secundario a otros problemas que
pueden causar una depresión en el consumo de MS y una elevación en NEFA.
La elevación en la concentración hepática de triglicéridos es común inmediatamente
después del parto, sugiriendo que se deben tomar medidas antes del parto para prevenir el
cuadro clínico de hepatosis puerperal.
La hepatosis puerperal (o síndrome de hígado graso) es la entidad nosológica que se
presenta en vacas lecheras como consecuencia de una severa lipidosis hepática (hígado
graso) poco después del parto, usualmente precipitada por otros procesos concomitantes
asociados al parto (distocia, RP, hipocalcemia, desplazamiento de abomaso, etc.) que
afectan su apetito. Cursa con leucopenia, postración frecuente, severa acetonemia que no
responde al tratamiento, perfil hepático muy alterado y alta concentración de grasa en
el hígado (prueba de flotación de muestras de hígado en soluciones con PE de 1.000,
1.025 y 1.055; la flotación en las 3 indica tenor de grasa de más de 34% y hepatosis
puerperal; flotación en soluciones con PE de 1.025 y 1.055 indica tenor de grasa entre 25
y 34% y afección hepática moderada; flotación sólo en solución de 1.055 indica tenor
de grasa entre 13 y 25% y es normal para la mayoría de las vacas postparto). El
pronóstico es desfavorable en casos severos.
El hígado graso puede ser una complicación secundaria a cualquier trastorno que conduzca
a la vaca a tener un balance energético negativo. Una vez que se ha desarrollado hígado
graso, y debido a la baja tasa de exportación de triglicéridos bajo la forma de
lipoproteínas, el hígado graso persistirá por un periodo largo. La reducción del
depósito graso en el hígado se inicia usualmente cuando la vaca entra en balance
energético positivo, y terminará de agotarse en el curso de varias semanas.
La cetosis se presenta, con un desfase respecto del hígado graso, usualmente de 2 a 4
semanas después del parto. No se conocen las razones para este desfase. Sin embargo, las
vacas con niveles altos de triglicéridos y bajos de glucógeno en el hígado son más
susceptibles a la cetosis; y el hígado graso precede a la cetosis cuando ésta es
inducida experimentalmente.
Las más probables rutas para la disminución del exceso de grasa en el hígado, son la
oxidación de ácidos grasos y la cetogénesis. Los cuerpos cetónicos pueden inhibir la
movilización de ácidos grasos del tejido adiposo y finalmente reducir la captación
hepática de ácidos grasos y la acumulación de triglicéridos. Crucial para la
prevención de hígado graso y de cetosis es la reducción en la severidad y duración del
balance energético negativo. El momento crítico para prevenir el hígado graso es desde
una semana antes del parto hasta una semana después del parto. Es en este momento cuando
la vaca es más susceptible para desarrollar hígado graso, que es un indicador de
cetosis. Para maximizar el consumo de MS en este período, hay que evitar:
vacas sobre-condicionadas
cambios bruscos en las dietas
alimentos no palatables
enfermedades en el período peripartal
Estrés ambiental
Los efectos de la condición corporal sobre la
salud y la productividad son variables. Debe evitarse vacas muy delgadas o vacas
sobrecondicionadas.
Las vacas delgadas (condición corporal de <3.0) pueden ser suplementadas con energía
adicional durante el período de seca para restaurar su condición, lo que no causa
hígado graso ya que el hígado no es un depósito de grasa durante el período de balance
energético positivo.
A las vacas sobrecondicionadas (condición corporal de >4.0) no se les debe restringir
la alimentación, ya que esto promoverá la movilización de grasa del tejido adiposo y
elevará los niveles de NEFA en sangre y de triglicéridos en el hígado.
Se ha sugerido la utilización de compuestos para disminuir la movilización de grasa del
tejido adiposo y para incrementar la exportación de lipoproteínas del hígado, a fin de
prevenir el hígado graso y la cetosis.
La suplementación de la ración con 3 a 12 gramos de niacina al día puede reducir el
nivel de cuerpos cetónicos en la sangre, pero no se ha observado algún efecto benéfico
sobre la concentración hepática de triglicéridos.
La glucosa o compuestos glucogenéticos administrados por vía endovenosa pueden causar
una disminución de los cuerpos cetónicos. Esta respuesta es probablemente mediada por la
insulina, la cual suprime la movilización de ácidos grasos del tejido adiposo.
El propilenglicol, que es un precursor de glucosa, puede ser administrado en toma oral
para reducir los niveles sanguíneos de NEFA y la severidad de hígado graso al parto, o
de los cuerpos cetónicos después del parto.
Las sales del ácido propiónico también son precursores de glucosa y pueden ser
efectivos, suministrados en el alimento, para disminuir los niveles de cuerpos cetónicos.
No hay suficientes evidencias que apoyen el uso en rumiantes de conocidos agentes
lipotrópicos en monogástricos para prevenir o tratar hígado graso o cetosis (por
ejemplo, colina, inositol o metionina).
El edema de la ubre es un trastorno
peri-partal caracterizado por una excesiva acumulación de líquidos en los espacios
intercelulares del tejido mamario. En casos severos la congestión y el edema pueden ser
prominentes. Su incidencia y severidad son mayores en vaquillonas que en vacas. Parece ser
una condición multifactorial. Hay factores circulatorios y de permeabilidad vascular
involucrados. Quizás factores hormonales, nutricionales y hereditarios pudiesen estar
asociados.
Parece que hay cierta evidencia que indica que niveles altos de concentrados en el
preparto causan edemas más severos, sobre todo en vaquillonas. Las vacas gordas son más
propensas a hacer edema. Los niveles altos de proteína causan edemas más severos en
vaquillonas. El consumo de niveles altos de sodio y de potasio causan edema de la ubre,
especialmente en vaquillonas. El consumo de cloruro de calcio (sal aniónica con
propiedades diuréticas) en el preparto produjo menos edema y su más rápida regresión
en el postparto, sobre todo en vaquillonas.
Se ha planteado la hipótesis de que metabolitos oxidantes generen un estado de estrés de
oxidación en el tejido mamario, que podría jugar algún rol en la génesis del edema. La
generación de metabolitos muy reactivos (superóxido y peróxido de hidrógeno) por
incremento en la actividad metabólica de la ubre, o una excesiva exposición a
aflatoxinas, pueden generar reacciones oxidativas anormales, pueden causar peroxidación
de lípidos, daño a proteínas, polisacáridos y ADN; daño a la integridad tanto de la
pared como del contenido de las células y, por consiguiente, del tejido.
Las moléculas de oxígeno no son de por sí suficientemente reactivas para causar
reacciones peroxidativas en cadena, pero su conversión a radicales libres más reactivos
puede ser desencadenada por elementos de la transición como el hierro (que es un
pro-oxidante). La liberación de hierro catalítico ocurre bajo condiciones de estrés,
trauma o desbalance nutricional. El zinc puede tener un efecto protector contra la acción
catalítica del hierro. Ciertas moléculas endógenas (transferrina, lactoferrina,
ceruloplasmina, albúmina sérica, enzimas antioxidantes y glutatión) y antioxidantes
exógenos (por ejemplo beta-caroteno y alfa-tocoferol), son importantes para reducir una
oxidación excesiva.
Presumiblemente la ración debe proporcionar niveles adecuados de alfa-tocoferol (vitamina
E) como un antioxidante capaz de romper cadenas, de cobre, zinc y manganeso para la
superóxido-dismutasa, selenio para glutathion-peroxidasa, zinc para desplazar hierro
catalítico, así como manganeso y zinc para estabilizar membranas y mantener la
integridad celular.
La suplementación de 1000 UI de vitamina E/animal/día a vaquillonas durante 6 semanas
antes del parto redujo el edema durante la primera semana después del parto, si las
raciones no tenían niveles excesivos de hierro.
Ocurre cuando falla la homeostasis
del calcio, y su nivel sanguíneo -que normalmente se encuentra entre 9 y 10 mg/dl- cae a
concentraciones por debajo de 5 mg/dl debido al drenaje de calcio exigido por la
lactancia.
La hipocalcemia afecta la función de músculos y nervios a tal punto que la vaca es
incapaz de levantarse. La administración EV de calcio le da tiempo a la vaca con
hipocalcemia a que se adapten sus mecanismos de homeostasis intestinal y ósea. Las vacas
con historia de hipocalcemia son más susceptibles a otras enfermedades como:
Casi todas las vacas hacen una hipocalcemia
subclínica durante los primeros días después del parto mientras sus intestinos y huesos
se adecuan a las demandas por calcio de la lactancia. Esta hipocalcemia subclínica
contribuye a la inapetencia de la vaca recién parida y la predispone al desarrollo de las
mismas enfermedades mencionadas arriba. Las medidas que se tomen para elevar los niveles
de calcio de la vacas recién paridas pueden mejorar la producción de leche aún en hatos
sin problemas de fiebre de leche.
Durante los críticos primeros días deben operar tres mecanismos de adaptación, que
dependen de la liberación de PTH, a fin de minimizar la hipocalcemia. Ellos son:
Reducción en la pérdida renal de calcio
Movilización de calcio de los huesos
Aumento en la síntesis de 1,25(OH)2- D3
Hay varios factores de riesgo que reducen el
eficiente funcionamiento de uno o más de estos mecanismos. Uno de éstos es el estado del
equilibrio ácido-básico de la vaca al momento del parto. Si la vaca se encuentra en
alcalosis metabólica, se afecta la actividad de la PTH (cuyos receptores son alterados)
de modo que se reduce la movilización de calcio de los huesos y la producción de
1,25(OH)2-D3, y por consiguiente se reduce la habilidad de la vaca para ajustarse con
éxito a la demanda de la lactación por calcio.
Las vacas secas, que consumen raciones relativamente altas en K o Na, es decir con exceso
de cationes de fácil absorción, se encuentran en un estado relativo de alcalosis
metabólica, y son más susceptibles de presentar hipocalcemia al parto. Esto no ocurre
con cationes de difícil absorción, como Ca y Mg. Por el contrario, niveles adecuados de
Mg son necesarios para la secreción de la PTH y para mantener en buen estado los
receptores y el complejo proteico de estimulación-G, necesarios para una adecuada
respuesta tisular a la PTH.
Las vacas con adecuado suministro de Mg en el preparto van a presentar una leve
hipermagnesemia al día siguiente del parto; pero si los valores de Mg en sangre están
por debajo de 2.0 mg/dl a las 24 horas después del parto, significa que no hay una buena
absorción de Mg de la dieta.
La paratiroides reconoce el inicio de la hipocalcemia y secreta adecuada cantidad de PTH,
pero los tejidos responden pobremente a la hormona. Hay inadecuada actividad de los
osteoclastos e inadecuada síntesis renal de 1,25(OH)2-D3, particularmente en vacas con
hipocalcemia que han sido tratadas que requieren de más tratamientos a causa de
recaídas. Estas vacas tienen niveles muy altos de PTH en sangre, pero producen poco
1,25(OH)2-D3 al parto y a veces por 24 a 48 horas.
La edad de la vaca es otro factor. Las vacas de primer parto casi nunca presentan
hipocalcemia, porque ellas producen menos calostro, porque sus huesos (aún en
crecimiento) poseen mas osteoclastos y porque tienen más receptores intestinales de
vitamina D. La raza es otro factor, siendo las Jersey más susceptibles. El calostro y la
leche de las Jersey contiene más calcio y poseen menos receptores intestinales para la
absorción de vitamina D.
Prevención de la paresia puerperal (hipocalcemia)
Ajuste de la Diferencia Dietética de Cationes - Aniones (DCAD, en inglés). Se han
propuesto varias fórmulas para calcular el exceso en cationes de una ración.. La más
completa, pero menos usada, es la fórmula de Goff, que asigna coeficientes a los
principales cationes y aniones de acuerdo a su potencial como base o como ácido:
DCAC = (Na+P+0.15Ca+0.15Mg) - (Cl+0.6S+0.5P).
La fórmula de Ender es más simple y es la más empleada: DCAC=(Na+K) - (Cl+S). Para
proceder al cálculo, hay que conocer la concentración porcentual de los diferentes iones
en la ración (que es proporcionada por los programas al balancear una ración) y
transformarlos en valores de miliequivalentes (mEq) en 100 gramos de la ración:
(%Na/0.023 + %K/0.039) - (%Cl/0.0355 + %S/0.016), donde los denominadores son el resultado
de dividir el peso atómico entre la valencia x 1000.
|
PA |
Val |
| Sodio (Na) |
23.0 |
1 |
| Potasio (K) |
39.1 |
1 |
| Cloro (Cl) |
35.5 |
1 |
| Azufre (S) |
32.1 |
2 |
Para lograr una ración preparto baja en DCAC, para prevenir hipocalcemia, se recomienda:
o Mejores resultados se obtienen con SoyChlor o Bio-Chlor - con una matriz orgánica que
contiene cloruro de amonio que son palatables y no afectan el consumo de MS.
o Agregar aniones para inducir una leve acidosis metabólica compensada. Las sales
aniónicas recomendadas por el NRC no son palatables. Mejores resultados se obtienen con
Bio-Chlor o SoyChlor - con HCl - que son palatables y no afectan el consumo de MS.
Bio-Chlor tiene un valor aniónico (-) 296 mEq/100 g, 43% de PC y 1.52 Mcal/kg; su
recomendación de uso es de 1.0 kg/día/ vaca en transición. La adición de aniones debe
hacerse en pequeños incrementos a las vacas en preparto.
Se recomienda verificar el pH de la orina de las vacas una semana antes del parto para
verificar la efectividad en la adición de aniones a la ración de preparto. Esta se logra
si el pH se encuentra entre 6.2 y 6.8 después de 3 días de la adición de aniones (NRC).
Según muchos veterinarios de USA, el pH adecuado de la orina debe estar alrededor de 6.0
(no menos de 5.5 ni más de 6.5)
Las raciones de preparto deben contener 0.35 a 0.40% de Mg para evitar la caída del Mg al
parto (tener presente que no hay reservas de Mg en los tejidos de los animales). Estos
niveles altos son necesarios para compensar las reducción en el aporte de Mg por el menor
consumo de MS de las vacas en el período peripartal.
Los requerimientos en P se pueden cubrir con 40 a 50 g de P por vaca al día. Cantidades
menores a 25 g de P al día pueden causar hipofosfatemia, que es una de las razones para
que se produzca el síndrome de vaca caída. Cantidades mayores de 80 g de P al día
pueden causar hipocalcemia.
Es difícil establecer los niveles óptimos de calcio en el preparto. Si bien el
suministro de menos de 15 g de calcio por vaca al día por lo menos 10 días antes del
parto, reduce la incidencia de paresia puerperal, resulta difícil formular raciones con
niveles tan bajos en Ca. De lograrse esta concentración, la vaca se encontraría en un
balance negativo de calcio, lo que permitiría estimular la secreción de PTH antes del
parto. A su vez, la secreción de PTH activaría los osteoclastos a movilizar el calcio de
los huesos, así como la reabsorción de Ca de los túbulos renales, e iniciaría la
síntesis de 1,25(OH)2-D3 antes del parto.
De esta manera los mecanismos homeostáticos del calcio se encontrarían activos al
iniciarse la lactancia, previniéndose una severa declinación en la concentración del
calcio en la sangre. Los niveles de 35 a 45 g de calcio por vaca al día, aunque adecuados
nutricionalmente, no estimulan bien a la paratiroides y no previenen la paresia puerperal.
Por eso es preferible recurrir a otros métodos. La administración de calcio en toma oral
al parto reduce la incidencia de paresia puerperal. Los mejores resultados se han obtenido
con cloruro de calcio o propionato de calcio en gel o emolientes, debido a que el cloruro
de calcio es irritante.
Se mezclan 250 g de propionato de Ca (21% de Ca), o 150 g de cloruro de Ca, con 100 g de
propilenglicol. Se administran 3 dosis por vía oral (con sonda): la 1ª el día antes del
parto, la 2ª el día del parto y la 3ª al día siguiente del parto. Se pueden
administrar mezclados con una base emoliente, como linaza (cocimiento de semillas de lino)
o mucílagos a base de goma tragacanto.
Generalmente se encuentra asociada
a vacas al pastoreo en pastos exuberantes, con alto contenido en K y N y bajo en Mg y Na.
El cuadro clínico puede ser más severo si se acompaña de hipocalcemia. También se
puede presentar en animales estabulados con reducido consumo de MS. Puede predisponer a
paresia puerperal.
Si se presenta hipomagnesemia en un hato, se recomienda suplementar diariamente a las
vacas secas con 10 a 15 g de Mg y a las vacas en lactancia con 30 g.
Los ionóforos mejoran la absorción del Mg en 10%.
Análisis retrospectivos han
mostrado que la RP está directamente asociada a riesgo de metritis e incremento en el
número de días a1 1er servicio, e indirectamente - mediada por metritis - a una mayor
casuística de quistes ováricos, menor producción de leche y saca más elevada de vacas.
Entre los factores asociados a RP y metritis se encuentran:
a) Factores fisiológicos
Distocia en vaquillonas incrementa el riesgo en
3 a 4 veces
Gestación de mellizos
Períodos cortos de seca
Infecciones uterinas subclínicas persis- tentes
desde la concepción o arribadas al útero durante la gestación
Micotoxinas, nitratos
Paresia puerperal
Concentraciones bajas en prostaglandina F2-alfa
en los placentomas; así como ni- veles sanguíneos anormales en esteroides hormonas de
hipófisis y de adrenales
Inmunosupresión en el período peripartal
Diversos factores de stress (clima, trans-
porte, manejo de la vaca seca)
Herencia
b) Factores nutricionales
Están relacionados con la alimentación de las vacas durante todo el período de seca.
Deficiencias dietéticas en energía, proteína
o ambas, pueden resultar en RP. Las vacas con raciones de 8% de proteína tienen una
incidencia más de 2 veces mayor que las vacas con raciones de 15% de proteína.
Un exceso de energía, resultando en hígado graso, también suele estar asociada a una
mayor incidencia de RP y metritis.
Fósforo y calcio. No parece haber ninguna
influencia entre niveles altos o bajos de P en la ración y la incidencia de RP. Hay una
asociación entre hipocalcemia en el período peripartal (y todos los factores dietéticos
que la causan), con RP y metritis.
Selenio y vitamina E. Al igual que en el edema
de la ubre (ver arriba), un exceso de metabolitos muy reactivos de oxígeno (peróxidos y
superóxidos), pueden causar daño a las membranas celulares y ciertos componentes
celulares, interfiriendo con su funcion metabólica normal, incluyendo esteroidogénesis
normal.
Se requieren antioxidantes nutricionales (como Se y vitamina E) para reducir la
peroxidación. Las vacas con RP tienen niveles plasmáticos más bajos de antioxidantes
desde 2 semanas antes del parto, en comparación con vacas sin RP.
A pesar de algunos trabajos con resultados negativos, otros demuestras que la
suplementación con Se y vitamina E reducen la incidencia de RP y mejoran la
reproducción. La combinación de ambos compuestos es más efectiva.
La suplementación de Se en las raciones está legalmente limitada a no más de 0.3 mg/kg
de MS (o sea 0.3 ppm) desde 1997 en los Estados Unidos.
Vitamina A y beta-caroteno. Ambos factores
nutricionales reducen la incidencia de RP. La administración de 600 mg de beta-caroteno
por vaca/día durante 4 semanas previos al parto, redujo la incidencia de RP en
comparación con vacas que recibieron 240,000 UI diarias de vitamina A.
Yodo. No hay evidencias concluyentes de que la
suplementación de yodo reduzca la incidencia de RP.
El período de transición entre 3
semanas antes y 4 semanas después del parto es el de mayor riesgo para el desarrollo del
desplazamiento del abomaso. El 85% corresponde a DA a la izquierda.
A medida que la gestación progresa, el útero va ocupando mayor espacio en la cavidad
abdominal y se va deslizando debajo de la parte caudal del rumen. Al final de la
gestación el volumen del rumen se ha reducido en más del 30%. Estos movimientos fuerzan
al abomaso hacia delante y algo a la izquierda, aún cuando el píloro se mantiene en la
parte derecha del abdomen. Después del parto el útero se retrae hacia la entrada de la
pelvis y permite, bajo condiciones normales, que el abomaso regrese a posición original.
Cuando ocurre desplazamiento de abomaso a la izquierda, la extremidad pilórica del
abomaso se desliza completamente por debajo del rumen hacia el lado izquierdo de la
cavidad abdominal. Hay 3 factores que se cree son los responsables de permitir que el
abomaso se desplace hacia la izquierda:
1. El rumen no es capaz de ocupar el vacío dejado por el útero. Si el rumen se moviera
hacia su posición normal en el piso ventral izquierdo del abdomen, al abomaso no le
sería posible deslizarse debajo de él.
2. El omento que sujeta al abomaso debe haberse estirado para permitirle a éste moverse
hacia la izquierda.
3. El tercer factor, que es necesario para que ocurra el desplazamiento, es la atonía del
abomaso. Normalmente se forman gases en el abomaso debido a la fermentación de los
alimentos o debido a la formación de CO2 al reaccionar el bicarbonato proveniente del
rumen con el HCl del abomaso. También normalmente estos gases formados en el abomaso, son
expulsados hacia atrás, hacia el rumen, gracias a las contracciones del abomaso. Se cree
que estas contracciones están debilitadas o afectadas, por causas no bien esclarecidas,
en las vacas que hacen desplazamiento del abomaso.
Alrededor del parto hay un decrecimiento lineal de las contracciones del abomaso, que
guarda relación con la declinación de las concentraciones plasmáticas de calcio, que se
sospecha conduzca a la atonía y distensión del abomaso.
En muchos hatos hasta un 50% de las vacas pueden encontrarse con hipocalcemia subclínica
(7.5mg/dl de calcio plasmático) hasta por 10 días. Se ha reportado que la
administración oral de cloruro de calcio al parto para disminuir la incidencia de
hipocalcemia subclínica resultó en una disminución significativa en la incidencia de
desplazamiento de abomaso.
Bajo condiciones de alimentación normal de la vacas seca, en el rumen se forma un grueso
colchón fibroso (formado principalmente por forrajes de fibra larga). Este colchón
atrapa las partículas de granos, cuyo producto de fermentación son ácidos grasos
volátiles (VFA, en inglés) que se absorben a través de la pared ruminal.
Pero si se reduce la relación forraje:concentrado (F:C) de la ración de pre y postparto,
o si el forraje es picado en partículas o trozos demasiado cortos, entonces se reduce la
profundidad del colchón fibroso del rumen, el mismo que ya no es capaz de retener las
partículas de granos de la ración. Las partículas de granos caen al piso del rumen,
donde una parte fermenta con la producción de VFA que pasan hacia el abomaso a través
del canal omasal antes de ser absorbidos por el rumen. La otra parte de las partículas de
granos entra al abomasum donde también fermentan con formación de VFA.
Los VFA en el abomaso reducen y debilitan sus contracciones. El abomaso se distiende con
gas y como consecuencia aumenta la incidencia de desplazamiento de abomaso.
Otros factores a tomar en cuenta son:
Que la profundidad del colchón fibroso del
rumen se reduce rápidamente al inicio de la lactancia, especialmente si la vaca está
sufriendo una caída pronunciada en su consumo de MS.
Que la consistencia y profundidad del colchón
fibroso, así como las contracciones del rumen son determinadas por la cantidad de fibra
efectiva. Sin embargo, la determinación de la fibra efectiva no está bien definida.
Que aquellas raciones total mezcladas (TMR) que
permiten a las vacas escoger los insumos que contienen, pueden afectar la relación F:C de
ciertas vacas y predisponer a un desplazamiento de abomaso. Si no se usa TMR, el consumo
de granos después del parto debe incrementarse lentamente (0.20 a 0.25 kg/día) hasta
alcanzar el pico de consumo. La ración concentrada debe distribuirse por lo menos en 3
raciones diarias.
Las vacas que se secan sobrecondicionadas corren
un mayor riesgo de presentar desplazamiento de abomaso ya que tienen un pobre consumo de
MS alrededor del parto.
Que al inicio de la lactancia las papilas
ruminales no están bien desarrolladas, lo que dificulta la absorción ruminal de los VFA
producidos en la parte ventral del rumen.
Que la neutralización de ácidos en el medio
ruminal está disminuida porque la secreción de saliva (rica en buffers) se reduce si la
dieta es rica en granos y el colchón fibroso del rumen no está bien formado. Normalmente
un buen colchón fibroso favorece la rumia y la secreción de saliva.
Los ácidos producidos durante la
fermentación de los granos mantiene, por lo general, el pH del rumen ligeramente por
debajo de 7.0. El pH del rumen puede caer a niveles más ácidos dependiendo:
Del ritmo de producción de los ácidos
De la cantidad de ácidos producidos
Del ritmo de absorción de ácidos por el rumen
De la cantidad de saliva secretada.
Las raciones altas en forrajes producen ácidos lentamente y promueven la producción de
gran cantidad de saliva mediante la masticación, manteniendo un pH ruminal más alto. La
acidosis ruminal está asociada con el uso de raciones con gran cantidad de granos y
ocurre comúnmente en el primer mes de la lactancia.
Después de ser secada, la vaca recibe una ración alta en forraje, con menor densidad
energética y con mayor cantidad de fibra detergente neutra (FDN) que la ración de
lactancia. Esto afecta el funcionamiento del rumen de 2 maneras:
1. Al disminuir la cantidad de almidones
fermentables de la ración, se reduce la flora ruminal productora de ácido láctico (como
Streptococcus bovis y los lactobacilos) y la flora convertidora de ácido láctico en
productos útiles para la vaca como los ácidos acético y propiónico o ácidos grasos de
cadena larga (Megasphaera elsdenii y Selenomonas ruminantium).
2. La reducción de granos y consiguiente disminución en la producción de ácido
propiónico durante la seca afectan la longitud de las papilas del rumen y su capacidad de
absorber los VFA. Durante las primeras 7 semanas del período seco se pierde hasta un 50%
del área de absorción. Si luego del parto se cambia abruptamente a una ración de
lactancia rica en almidones, se va a observar una rápida respuesta en el incremento de la
flora amilolítica con gran producción de ácido láctico, mientras que la flora
convertidora de ácido láctico sólo responde lentamente y necesita de 3 a 4 semanas para
evitar la acumulación de ácido láctico en el rumen.
El ácido láctico es un ácido más fuerte (pKa = 3.86) que los ácidos propiónico (pKa
= 4.87), acético (pKa = 4.76) o butírico (pKa = 4.82). Su presencia tiene un efecto algo
más prolongado sobre el pH del rumen que los VFA, especialmente si el pH del rumen cae a
niveles debajo de 6.0.
Por otro lado, el ácido láctico y los VFA sólo son absorbidos por el epitelio ruminal
cuando no están disociados. A medida que el pH del rumen disminuye, aumenta la
concentración de VFA en su estado ácido no disociado. Debido a que el pKa del ácido
láctico es más bajo que el de los VFA, se absorbe más lentamente del rumen que los
ácidos acético, propiónico y butírico.
Normalmente se produce sólo poco ácido láctico en el rumen, que se encuentra como
L-ácido láctico. Actualmente se cree que la acidosis del rumen, observada en vacas
lecheras en las fases de lactancia inicial y media, no está asociada tanto a la acción
del ácido láctico (sea L- o D-) sino a la producción y acumulación total de VFA en el
rumen, a diferencia de lo que ocurre en ganado de engorde en el cual el ácido láctico si
parece jugar un rol importante en la etiología de la acidosis ruminal.
Si los ácidos orgánicos producidos durante una crisis de acidosis ruminal son absorbidos
a la circulación general en cantidad tal que sobrepasen la capacidad del hígado y otros
tejidos para ser metabolizados, se desarrolla un estado de acidosis metabólica.
La acidosis metabólica y la absorción sistémica de ácido láctico, histamina y
endotoxinas liberados por la flora ruminal que muere durante un proceso de acidosis
ruminal, pueden afectar la microcirculación de la lámina del corion de las pezuñas,
causando laminitis (pododermatitis aséptica difusa).
La etiología de la laminitis es multifactorial y se cree que está asociada a varios
factores independientes. El manejo nutricional es un componente fundamental en el
desarrollo de laminitis, particularmente la alimentación con raciones altas en
carbohidratos fermentables capacidad de desarrollar un estado de acidosis
metabólica.
Las raciones con una relación F:C de 40:60 aumentan la incidencia de cojera clínica y
pezuñas más blandas. Trastornos metabólicos y digestivos pueden predisponer a
laminitis. La suplementación con biotina puede mejorar la fortaleza de las pezuñas y
proporcionar mayor resistencia a la laminitis.
En el curso de procesos infecciosos como mastitis, metritis y pedera se pueden liberar
endotoxinas que podrían contribuir a la laminitis.
Hay diversos factores de efecto traumático que pueden contribuir a la laminitis (animales
muy pesados, pobre conformación de patas y pezuñas, larga permanencia de las vacas en
superficies duras, falta de cama, etc).
Nos limitaremos a mencionar algunos
de los principales factores dietéticos que afectan la producción de grasa en la leche:
Niveles altos de concentrado.
Forraje finamente picado.
Raciones altas en ácidos grasos
poli-insaturados (aceites).
Falta de buffers en la ración. Cuando el pH del
rumen cae por debajo de 6.0 se produce una depresión en la producción de grasa láctea;
la adición de buffers a la ración corrige este efecto.
Actualmente se cree que la depresión en la
producción de grasa es el resultado de cambios en el proceso ruminal de
bio-hidrogenación (saturación), y no a cambios en la estructura de los VFA. La
bio-hidrogenación ruminal es un proceso en el cual los ácidos grasos poli-insaturados
(PUFA, en inglés) presentes en la ración son saturados por bacterias del rumen.
Bajo condiciones normales pocos ácidos grasos insaturados llegan al intestino delgado,
aún cuando la ración contenga gran cantidad de PUFA, gracias a su saturación en el
rumen.
Los PUFA predominantes en las raciones de vacas lecheras son:
En grasas vegetales: ácido linoléico (C 18:2)
y ácido linolénico (C 18:3).
En aceites marinos: ácido eicosapentaenoico (C
20:5), docosapentaenoico (C 22:5) y ácido docosahexaenoico (C 22:6)
Los procesos de saturación incluyen: hidrólisis
de triglicéridos, isomerización de PUFA (como en la formación de ácido linoléico
conjugado), hidrogenación del ácido linoléico con formación de ácido esteárico (C
18: 0), entre otros, predominando la formación de isómeros "trans".
Cuando se deprime la producción de grasa en la leche, predominan los trans-ácidos grasos
(TFA, en inglés). Pero sólo si se incrementan los trans-10 (C18:1), no cuando los
trans-11 (C18:1) aumentan.
La adición de buffers a la ración disminuye la producción de TFA e incrementa el % de
grasa en la leche. Una ración alta en concentrado con adición de grasa vegetal está
asociada a un incremento en trans-10 (C 18:1) y deprime la producción de grasa en la
leche; mientras que una ración alta en forraje con adición de grasa vegetal resulta en
un incremento en el isómero trans-11 (C 18:1), sin causar depresión en la grasa de la
leche.
Se requieren 10 g o menos del isómero trans-10 del ácido linoléico conjugado para
inhibir la síntesis de grasa en la leche. Se presume que se origina en la fermentación
del rumen. Cuando se deprime la síntesis de grasa en la leche, se afecta sobre todo la
producción de ácidos grasos de cadena corta (C <16); razón por la cual se piensa que
los trans-ácidos grasos que intervienen lo hacen reduciendo la neosíntesis de ácidos
grasos.
La producción y el % de grasa pueden ser alterados por niveles de PUFA y de fibra en las
raciones. Los PUFA son requeridos para la síntesis de ácido linoléico conjugado y de
TFA.
Inadecuados niveles de fibra en la ración resultan en una baja del pH del rumen; un pH
ruminal bajo influye sobre la proporción de ácidos grasos trans-10 producidos en el
proceso de hidrogenación o saturación que ocurre en el rumen, y puede inhibir la
saturación completa de ácidos grasos trans-18:1 a ácido esteárico.
La depresión que causan los ácidos grasos trans-10 ocurre sólo con raciones bajas en
forraje (con pH bajo del rumen) suplementadas con aceite vegetal como fuente de PUFA. La
adición de altos niveles de PUFA a raciones con niveles normales de forraje no deprimen
la producción de grasa láctea. Las fuentes de PUFA pueden ser aceites marinos o
vegetales adicionados directamente a la ración, o insumos que los contienen en niveles
relativamente altos (harina de pescado o semillas de oleaginosas).
Las raciones formuladas con adecuada cantidad de fibra efectiva que mantengan un pH
ruminal adecuado, y también aquellas que restrinjan las cantidades de PUFA en la ración
(como fuentes potenciales de TFA), deben resultar en un % normal de grasa en la leche.
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1 Según versión
del NRC (7ª ed, 2001) con modificaciones y ampliaciones
2 Práctica Privada
3 En los terneros esta acción la ejerce principalmente el ácido butírico
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