ÍNDICES DE PRODUCCIÓN Y
SU REPERCUSIÓN
ECONÓMICA PARA UN ESTABLO LECHERO
Sergio Olivera1
. PRODUCCIÓN LECHERA
. PRODUCCIÓN POR NÚMERO DE PARTOS
. CURVA DE LACTACIÓN
. DÍAS EN LACTACIÓN (DEL)
. EDAD AL PRIMER PARTO
. ESTADÍSTICAS DE SACA
. COSTO DE ALIMENTACIÓN/FACTURADO DE LECHE
No basta con "ver" a las vacas; es
necesario "mirarlas". A las vacas las podemos mirar físicamente en sus
corrales, pero también debemos "mirarlas" a través del análisis de sus
índices productivos. Y estos índices productivos se obtienen mediante los registros que
se llevan en el establo. En consecuencia, el punto de partida para una correcta
evaluación de un hato lechero son registros bien llevados. De nada sirve un análisis muy
bien hecho si los datos analizados no corresponden a lo que sucedió en la realidad. Y,
para que la ecuación de la evaluación funcione se deben juntar estas 2 cosas: buenos
registros + análisis correcto. Al decir buenos registros me estoy refiriendo a que sean
registros veraces y completos, y no a que se lleven en un formato en papel de lujo o en un
cuaderno lleno de colorinches. Entonces, para precisar un poco, los registros deben tener
las siguientes cualidades principales:
Registros verdaderos: esto es, que no sean
registros mentirosos. Que registren exactamente lo que pasó con las vacas. Aunque no nos
guste mucho, por ejemplo, si registramos un día en que la producción bajó más de la
cuenta, y justo tocaba el control lechero.
Registros completos: que incluyan toda la
información concerniente al evento en cuestión, la misma que, más tarde, nos ayudará a
hacer una mejor evaluación.
Registros simples: para registrar completamente
un evento no hace falta llenar una "sábana" de datos, que lo único que hace es
marear y confundir al encargado del establo.
Registros bien diseñados que ahorren tiempo:
diseñar los formatos de modo tal que puedan ser usados por las diferentes áreas de la
empresa, ganadera, almacenes, área contable, etc.
Con esta premisa en mente se pasará a señalar
las áreas más importantes que hay que "mirar" cuando evaluemos un establo,
incluyendo ejemplos locales reales o ejemplos simulados, para apreciar su impacto
económico en la operación lechera.
Los registros de
producción lechera constituyen una herramienta muy valiosa para evaluar varios aspectos
de la explotación lechera, como cambios nutricionales, manejo de las vacas (primerizas y
frescas), lotes de producción, crianza de reemplazos, etc.
Es sabido que las vacas
aumentan su producción conforme avanzan en sus partos. Es así que las vacas de segundo
parto producen más que las de primer parto, y las vacas de tercer parto producen más que
las de segundo parto, y las adultas "alguito" más que las de tercer parto. Los
porcentajes de incremento en la producción pueden variar de un establo a otro, de una
cuenca lechera a otra, de un nivel de producción a otro, de una calidad genética a otra,
pero lo que es un hecho cierto e incuestionable, es lo que se señaló al comienzo: que la
producción aumenta conforme aumentan los partos. Normalmente las vacas se agrupan en 1
parto, 2 partos y 3+ partos (adultas) para este análisis. Donde mayor variación existe
es en el salto de la producción del primer al segundo parto. Las cifras encontradas en la
revisión de literatura, los promedios de diferencias porcentuales en la producción de
leche, para establos bien manejados, se muestran en el Cuadro 1.
Así por ejemplo, si en un establo las vacas primerizas promedian 20 litros, y el establo
está bien manejado, las vacas de 2º parto deberían estar en 22.8 litros (= 20 + 14.1%)
y las vacas adultas en 23.5 (= 20 + 17.6%). Si ocurre lo contrario, o no hay diferencias
entre partos, quiere decir que hay un problema de manejo.
Es bien sabido, asimismo,
que la curva de producción típica cae paulatinamente después de alcanzar el pico de
producción. La caída en la curva de producción varía también en función del número
de lactación. En el Cuadro 2 se señala los porcentajes de caída mensual.
Como en el caso anterior, los porcentajes de caída de las curvas de lactación pueden
variar de un hato a otro, de una cuenca a otra, de una calidad genética a otra, de una
raza a otra, etc., pero es incuestionable que la curva cae después del pico.
La caída de la curva de lactación, en conjunción con el promedio de días en lactación
(DEL) del hato, puede afectar los ingresos del establo como veremos más adelante en un
ejemplo.
Los días en lactación
promedio de un establo están determinados por el intervalo entre partos. Para nuestro
medio, 13.5 meses de intervalo entre partos es muy buen promedio. Esto resulta en 175 DEL
promedio para el hato. Una forma simple de calcular los DEL promedio es multiplicando el
intervalo entre partos en meses por 30.4 (días/mes), al producto se les resta 60 (días
en seca) y este resultado se divide entre 2 (lactación promedio).
Puede considerarse que 174 a 178 días de DEL promedio es una meta razonable que refleja
un buen manejo reproductivo. A modo de comparación, el Servicio Nacional de Mejoramiento
Lechero de los EEUU (Dairy Herd Improvement Association -DHIA-) fijó sus metas para 1995,
a nivel nacional y para la raza Holstein, en 13.6 meses de intervalo entre partos y 175
DEL promedio, para los hatos por encima de 7,700 Kg de promedio dinámico de hato
("rolling herd average"- (RHA).
El Cuadro 3 muestra el análisis de un establo de la cuenca lechera de Lima, con datos
recolectados en enero del año 2000. Podemos apreciar claramente la enorme cantidad de
leche que está dejando de facturar, solamente por no tener sus cifras ordenadas. Es
posible que no se logre tanta leche adicional, pero lo que sí es irrefutablemente cierto,
es que este establo está produciendo por debajo de su potencial. Y para producir esta
leche adicional, prácticamente no tiene que gastar más: el mismo tiempo de ordeño, la
misma mano de obra, quizás algo más de alimento por la mayor producción, pero nada
más. Me atrevo a decir que la leche de menos es mayor aún que los 1,600 Kg que figuran
en el cuadro porque, si revertimos esta situación mejorando el manejo, mejorarán
también los promedios.
Este establo cayó en esta situación porque no analizó sus cifras a tiempo para poner
los correctivos oportunamente. Salir de este estado de cosas toma tiempo. Así como se cae
lentamente, la subida también es lenta.
Está ampliamente
demostrado que la edad óptima para el primer parto es a los 24 meses de edad. Sabemos que
para lograr que una vaquillona llegue al parto con suficiente talla y peso a los 2 años
hay que criarla bien. Muchos productores fallan en este aspecto porque toman la crianza de
la recría como si fuera un gasto, cuando es totalmente lo contrario: es una inversión, y
de las mejores que podemos hacer. Estamos criando nuestra vaca del futuro, la que
reemplazará a nuestras vacas viejas cuando se vayan al camal. Es más, no criar bien a la
recría significa desperdiciar el avance genético porque las vaquillonas no estarán en
condiciones de demostrar su potencial genético.
Además de desperdiciar vida productiva futura por un primer parto atrasado, el hecho de
mantener más tiempo del necesario a las vaquillonas antes de parir significa una carga
económica inútil para el establo.
El ejemplo del Cuadro 4 ilustra al respecto.
Vemos cómo este establo de 100 vacas está incurriendo en un gasto innecesario de casi
5,800 dólares anuales por no criar mejor a sus vaquillonas y preñarlas a tiempo.
Analizando el inventario categorizado de la recría también podemos percatarnos si las
vaquillonas se están preñando con retraso (aunque no podemos precisar cuánto). El
ejemplo del Cuadro 5 nos enseña al respecto:
Salta a la vista la diferencia notoria entre uno y otro hato en el porcentaje de
vaquillonas servidas y preñadas: 42 vs. 25 %, en el porcentaje de vaquillonas de más de
25 meses de edad (se supone que ya han debido parir y, en consecuencia, salir de este
inventario): 1.6 vs. 20.4 %, la división más pareja entre mayores de 12 meses y menores
de 12 meses de 50:50 contra 60:40, todo lo cual nos indica que el hato A tiene mejor
manejo reproductivo que el hato B.
Como un dato curioso, podemos observar los efectos del fenómeno del Niño en el
inventario del hato A: una cantidad mucho mayor de animales en las categorías de 16 a 21
meses que se repite exactamente un año después, 4 a 9 meses.
La forma como registremos
la saca de vacas al camal nos puede ayudar para corregir algunas deficiencias. Además,
por supuesto, de anotar las razones por las cuales se saca a las vacas, debemos también
registrar, entre otras cosas, el número de lactaciones de la vaca y los días en
lactación al momento de la saca.
La saca de vacas de primer parto no debe ser mayor de un 10 a 12% del total de la saca. Si
este porcentaje es más alto, significa que no estamos haciendo un buen manejo de las
vaquillonas al parir, o que estamos criando mal a las vaquillonas pues llegan muy
disminuidas al parto. Por otro lado, tendríamos un lucro cesante elevado por la cantidad
de vacas que se van sin producir y amortizar la inversión en su crianza.
Si el promedio de DEL de las vacas de saca es corto, tampoco es buena señal. Significa
que las vacas se están yendo muy pronto. Toca revisar todo el manejo del período de
transición y postparto.
Alimentación
Para efectos de hacer evaluaciones en las respuestas de las vacas a su alimentación es
fundamental registrar fielmente el consumo de materia seca de los grupos de vacas. Todas
las mediciones y comparaciones en este aspecto están referidas al consumo de materia
seca. Señalar el consumo de una vaca en materia fresca no nos sirve para nada, a no ser
que indiquemos con certeza el contenido de humedad de la ración. Algunas pautas se
indican a continuación:
Por cada Kg de consumo adicional de
materia seca (por encima del consumo actual), la producción de leche se incrementa en 2
Kg.
Los primeros 5 a 6 Kg de materia seca
consumidos por las vacas Holstein son destinados a cubrir sus requerimientos de
mantenimiento (10 Mcal de energía neta). Restando 6 Kg de materia seca al total de
materia seca consumida por la vaca, nos da un cálculo de la energía disponible para la
producción de leche. Multiplicando esta materia seca remanente por 2 nos da un estimado
del potencial para la producción de leche. Por ejemplo, un grupo de vacas Holstein de
alta producción que estén consumiendo 24 Kg de materia seca, pueden soportar una
producción de 36 Kg de leche (24 Kg de MS - 6 Kg de MS = 18 Kg MS X 2 = 36 Kg de leche).
Dividiendo los Kg de leche (3.5% de
grasa) de una vaca Holstein por los Kg de materia seca que consume, es una medida de la
eficiencia de la conversión alimenticia. Una conversión alimenticia mayor a 1.5 es
excelente (por ejemplo, 36 Kg de leche divididos entre 24 Kg de MS = 1.5). Una conversión
alimenticia por debajo de 1.3 debe ser revisada (o la producción de leche es muy baja, o
las vacas están comiendo mucho, o ambas cosas).
Para terminar tocaré un
último parámetro que es el ratio o relación entre el costo de alimentación de las
vacas (ordeño + secas) y el valor del facturado de la leche, expresado en
porcentaje.
No conozco cuál sea el promedio de este ratio para la cuenca de Lima, pero estimo que un
45 a 47% es bastante bueno. Esto quiere decir que lo que nos cuesta alimentar a las vacas
en ordeño y vacas secas no debe ser mayor al 47% del ingreso por venta de leche (en los
EEUU hay hatos lecheros en los que este valor está por debajo de 38%).
En el ejemplo del Cuadro 6 se aprecia que si la conversión alimenticia mejora llegando a
las metas planteadas, tanto el promedio de producción, como la relación costo de
alimentación / producción ingresan dentro de rangos aceptables.
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1 Ingeniero Zootecnista, consultor privado
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