COMUNICACIONES APLICACIÓN DE TUBERCULINA EN ALPACAS Matilde Fernández O1. y Raúl Rosadio A1
Abstract Bovine M was administered intradermally in the left thorax (axilar area) of 651 alpacas to test for mycobacterium infection. A dosis of 0,1 ml (1 mg/ml) was utilized per animal and the results were read 72 hours post innoculation. Both macroscopic observation of the innoculation site and comparison of the average of three skin thickness measurments taken prior to and 72 hours post innoculation were utilized. All 651 alpacas proved negative in two rounds of testing separated by 90 days. These results indicate that the thorax area is adequate for tuberculin testing in the South American camelids so long as special care is taken, especially in regard to antigen innoculation. Key Words: Tuberculin . test, Mycobacterium bovis, alpacas, South American camelids. Palabras clave: Prueba de tuberculina, Mycobacterium bovis, alpacas, camélidos sudamericanos.
El principal agente de la tuberculosis (TBC) zoonótica es el Mycobacterium bovis. A pesar de desconocer la susceptibilidad patogénica de los lamoides a infecciones núcobacteriales, existen evidencias que las alpacas son altamente susceptibles a infecciones naturales y experimentales de tuberculosis (Barsallo et al., 1980 Castagnino et al., 1968), e infecciones naturales de M. bovis y M. avium (Fowler, 1989; Johnson, 1994). Consecuentemente, existe cierta preocupación en los Estados Unidos de Norte América y Canadá sobre el posible rol portador de las llamas de M. bovis, M. avium y M. paratuberculosis (Frost, 1993). Todo esto ha creado la necesidad de contar con pruebas diagnósticas confiables para detectar infecciones micobacteriales en estos animales. Las recientes exportaciones de alpacas y llamas peruanas a países con programas sanitarios estrictos para el control de la tuberculosis, refuerzan la necesidad de disponer de técnicas diagnósticas de relativa sensibilidad y especificidad para los lamoides. El diagnóstico de la TBC en rumiantes, a pesar del desarrollo de nuevas pruebas diagnósticas (Wood y Rothel, 1994), la tuberculina sigue siendo la prueba internacionalmente aceptada (Monaghan et al., 1994; OIE, 1996). Esta prueba ha sido usada para el diagnóstico de infecciones micobacteriales en alpacas y llamas (Castagnino et al., 1968; Johnson, 1994), sin embargo aún no ha sido validada en estos animales (Frost, 1993; Hesketh et al., 1994). Por otro lado, se reporta cierta inconsistencia de la prueba debido a una supuesta baja sensibilidad, quizás producto de la desuniformidad para identificar sitios de aplicación de la tuberculina. A pesar de estas ciertas desventajas, el Servicio de inspección de salud animal y vegetal de Estados Unidos (APHIS) y el Servicio de inspección cuarentenaria de Australia (AQIS) han decidido utilizar la prueba de tuberculina para el diagnóstico de TBC en camélidos recomendando la región axilar como sitio de inoculación antigénica. El presente reporte describe tuberculinizaciones utilizando al PPD de origen bovino como antígeno inoculado en la región axilar, para descartar infecciones tuberculosas, en 651 alpacas con fines de exportación. La prueba de tuberculina se realizó utilizando los materiales descritos para la prueba de tuberculina y consiste en: Jeringas multidosis McLintock o de tuberculina (descartables), agujas intradermales calibre 26 (0,45 mm de diámetro y 3/8" de longitud), calibrador o centímetro graduado en milímetros, plumones o marcadores indelebles, material para razurar, tablero y hojas de registro, calculadora y el antígeno respectivo. La tuberculina se aplicó, de acuerdo al protocolo de exportación, en el tórax izquierdo, en la zona adyacente al proceso olecranon y dorsal al esternón. Se identificó el área de la piel más fina y preferentemente, sin previa aplicación antigénica (AQlS, 1995). Durante el desarrollo de la prueba se consideró a la finura de la piel del animal como una posible dificultad para la medición del grosor y la administración del antígeno. Por lo que se tuvo especial cuidado en administrar el inóculo intradérmicamente, evitando el subcutáneo. Para esto se insertó la aguja en forma oblicua depositando el antígeno intradérmicamente y observando y/ o palpando la formación de una pequeña vesícula conteniendo el antígeno inoculado. La técnica se inició razurando la piel y delimitando con plumón indeleble, a manera de cruz el punto de inoculación tuberculínica (Fig. 1). Posteriormente y con la ayuda de dos asistentes, se procedió a medir tres veces el grosor de la piel (Fig. 2). Durante la lectura se evitó tensión de la piel y diferencias mayores de 0,5 mm entre mediciones. Después de la aplicación de la tuberculina intradermalmente en dosis de 0,1 m1 (1 mg/ml) (Fig. 3 y 4), se procedió a la verificación de los datos necesarios para la medición e identificación del animal (número de arete y medidas del grosor de la piel). La lectura postinoculación se hizo a las 72 horas, realizándose tres mediciones en el mismo punto de inoculación antigénica. La reacción a la inoculación tuberculínica fue determinada observando cualquier cambio macroscópico en el lugar de administración antigénica y fundamentalmente analizando los promedios producto de tres mediciones del grosor de la piel, antes y después de la tuberculinización. Las diferencias de los promedios menores de 2,5 mm fueron consideradas como reacciones negativas.
Los resultados de la tuberculinización en 651 alpacas fueron considerados negativos, ningún animal mostró evidencia de reacción inflamatoria alguna en el sitio de inoculación y las diferencias de los promedios fueron menores de 1,54 mm. La media del grosor de la piel preinoculación fue de 2,24 mm y la media de las lecturas postinoculación fue de 2,94 mm (Cuadro 1). La prueba se repitió, de acuerdo al protocolo de importación de AQIS, a los 90 días de aplicada la primera. Los resultados en la segunda tuberculinización fueron también negativos.
Nivel de confianza: 95% La prueba de tuberculina en lamoides ha sido aplicada anteriormente, al parecer, todas simulando tuberculinizaciones en rumiantes, es decir inoculando en la tabla del cuello y pliegues caudales (Blood y Radostits, 1992; Fowler, 1989; Johnson, 1994). La tuberculinización en estas áreas ha dado resultados inconsistentes y debido a que la piel en la región cervical de los lamoides, es gruesa y muy flexible, y que el área caudal no tiene los suficientes pliegues que presentan los bóvidos. Por estas razones se han experimentado otras áreas como sitio de inoculación tuberculínica, tales como el pabellón de la oreja en llamas (Sinimons, 1989) o el área axilar en alpacas. Estas dos últimas ofrecen ciertas ventajas frente a la región cervical y la caudal. La piel de la oreja y a nivel axilar es delgada, pero sin embargo la piel del pabellón auricular de los lamoides es muy móvil y no tiene suficiente área para una buena medición. Por esta razón, la región axilar es una buena alternativa para la aplicación de la prueba de tuberculina en lamoides. Si bien es cierto que la prueba de tuberculina no ha sido estandarizada en los lamoides, sin embargo, los resultados del presente reporte, refuerzan la recomendación del área axilar como un buen sitio de inoculación antigénica en los camélidos sudamericanos. Las mediciones realizadas en 651 animales indican que la piel del tórax tiene un grosor relativamente estándar y posee buena superficie epidermal, suficientemente flexible, permitiendo la inoculación del antígeno aun cuando el animal está en posición de pie y con la ayuda de un sólo asistente. Para un buen diagnóstico de la TBC en camélidos, se recomienda extremar los cuidados al momento de la inoculación antigénica. Se debe, además, tener cuidado en la elección del tamaño y longitud de la aguja. Si es demasiado gruesa se puede extravasar el antígeno y si es muy larga, el operador podría depositar el antígeno subcutáneamente. Las jeringas y agujas deben revisarse cuidadosamente antes y durante su uso para asegurar un trabajo eficiente. Se debe utilizar material completamente estéril, revisando que las jeringas y agujas no contengan residuos de alcohol u otros antisépticos, pues trazas de estas sustancias podrían dañar la tuberculina invalidando la prueba o causar inflamación, resultando en falsos positivos. La administración del antígeno es por demás crítico. Se deberá tener especial cuidado en visualizar la formación de una vesícula conteniendo la tuberculina (Fig. 4) y para reducir errores por factor humano, es recomendable que solamente una persona realice todo el proceso de la tuberculinización. A pesar de que la prueba de tuberculina, utilizando la axila como sitio de inoculación antigénica, en los lamoides es confiable, se deben todavía realizar estudios para determinar sensibilidad y especificidad de la prueba en animales inoculados experimentalmente con cepas de campo o vacunales. Agradecimientos Los autores agradecen al Consorcio Alpacas Peruanas y al Bachiller en Medicina Veterinaria Rito Huayta por la colaboración brindada durante el trabajo de campo.
Ver Literatura Citada
|
|||||||||||||||||||||||||||||||||||