INVESTIGACIONES PECUARIAS : Enero - Junio 1993,  Vol. 6 Nº 1


PENTATOMIASIS EN PRIMATES NO HUMANOS E IMPORTANCIA EN SALUD PUBLICA.

Alfonso Gozaloª

 

Los pentastómidos constituyen un grupo de artrópodos altamente aberrante. Tienen apariencia de gusanos cilíndricos o aplanados, generalmente anillados, sin patas y de color blanco. Poseen dos pares de ganchos desiguales localizados en la parte ventral anterior alrededor de la boca. Los adultos viven en el tracto respiratorio de animales carnívoros, generalmente serpientes; en tanto que la larva desarrolla en los tejidos de varios animales, usualmente mamíferos. El hospedero intermediario se infecta al ingerir el huevo en el agua o alimentos contaminados con materia fecal o muco del tracto respiratorio de un animal que alberga pentastómidos adultos; el hospedero definitivo se infecta al ingerir animales o vísceras que contienen las ninfas.1 El desarrollo y evolución en el hospedero intermediario toma generalmente varios meses: la larva migratoria, la larva en reposo que muda varias veces, y la ninfa, que se enquista en los tejidos, generalmente en la cavidad peritoneal. La ninfa permanece enquistada hasta que es ingerida por el hospedero definitivo, pero algunas veces, por razones no conocidas, escapa del quiste que lo envuelve y migra a través de los tejidos del hospedero intermediario causando una peritonitis aguda y en ocasiones la muerte.2

Diversos autores han descrito varias especies de pentastómidos en primates no humanos (PNH). En PNH sudamericanos la gran mayoría son atribuidos al Porocephalus clavatus.3,4,5 Self y Cosgrove3, mencionan que el P. clavatus es aparentemente común en Saguimus sp. de laboratorio obtenidos de el hábitat natural v notifican una incidencia del 29%. Es frecuente encontrar ninfas de Porocephalus en monos del género Saguimus y Saimiri. Alrededor del 33% de los animales procedentes de áreas naturales se encuentran infectados con una o más ninfas. El género Aotus en cambio parecería ser menos susceptible a la infección. El P. clavatus se distribuye en toda sudamérica, mientras que P. crotali se encuentra en todo el continente americano, sin embargo, no hay notificación de hallazgo de ninfas de este último en PNH. Los adultos de P. crotali son comunes en vipéridos6, mientras que los adultos de P. clavatus se encuentran en boas.2

En PNH, las ninfas se enquistan en diversos tejidos, incluyendo el hígado, pulmones, peritoneo, riñones y meninges, pero rara vez producen lesiones. La reacción inflamatoria es mínima hasta que la ninfa muere, entonces, se produce una reacción a cuerpo extraño y reabsorción gradual.4 Las ninfas de pentastómidos son poco patógenas, se encuentran generalmente enroscadas y cubiertas de una membrana fibrosa delgada y muy resistente que los aísla literalmente de los tejidos del hospedero, evitando de esta manera la reacción inmunológica de rechazo por parte M mismo.7 Incluso se ha demostrado que retienen la cubierta del estadio larval anterior como un sistema de protección adicional al enquistarse. Así mismo, poseen diversas glándulas secretoras de sustancias que actuarían evitando la respuesta inmune del hospedero.7 Es de suponer que estas ninfas tengan un período infectivo sumamente largo ya que en varios casos se han hallado ninfas a la necropsia de primates que tenían hasta dos años y medio en cautiverio, siendo prácticamente imposible que se hayan infectado en cautiverio puesto que la única vía de infección es ingiriendo agua o comida contaminadas con heces de serpientes infectadas. No se conoce quimioterapia alguna.2 Al no producir lesiones, el diagnóstico de la infección se realiza hallando la ninfa en la necropsia.

Según Fain8, Porocephalus no reviste ¡mportancia en salud pública y todas las notificaciones de ninfas en humanos son de dudosa validez. Sin embargo, en el continente africano se ha reportado la presencia de ninfas de pentastómidos en humanos. En un hospital de Zaire se reportó una prevalencia de 22.5% del total de autopsias realizadas, 8% en Camerún y en 1.4% de las radiografías en Nigeria.9,10 La mayor prevalencia ha sido reportada de las autopsia practicadas en los aborígenes Seno¡ de Malasia (45.4%), siendo el hígado y los pulmones los órganos donde mayormente se alojaban los quistes.11

Por lo tanto, la pentastomiasis representa un riesgo potencial para la salud pública, aunque no cause trastornos o signos clínicos, existe una alta probabilidad en el poblador del campo de infectarse al ingerir agua y frutos contaminados con heces de serpientes infectadas. Además, el campesino de la selva amazónica tiene la costumbre de cazar mamíferos silvestres para su consumo, incluidos los primates no humanos, existiendo la posibilidad de infectarse al ingerir carne o vísceras crudas o insuficientemente cocidas contaminadas con ninfas de pentastómidos. Incluso el uso de boas como mascotas representa un riesgo para el humano, pudiendo ocurrir infección vía fecal-oral. La verificación de esta parasitosis en humanos se torna más difícil debido a que son las poblaciones rurales las que están en mayor riesgo, las mismas no tienen acceso a asistencia médica ni se realiza autopsia al fallecer. Es necesario realizar la educación sanitaria del poblador rural para que prevea esta y otras infecciones de origen parasitario.

 

LITERATURA CITADA

1. Soulsby EJL. Parasitología y enfermedades parasitarias en los animales domésticos. 7a ed. México DF: Interamericana. 1987: 823.

2. Flynn RJ. Parasites of Laboratory Animals. Ames: lowa State Universitv Press. 1973: 884.

3. Self JT, Cosgrove GE. Pentastome larvae in laboratory primates. J Parasitol. 1968; 54: 969.

4. Cosgrove GE, Nelson EM, Self JT. The pathology of pentastomid infection in primates. Lab Anim Care. 1970; 20: 354-360.

5. Fox JG, Díaz JR, Barth RA. Nymphal Porocephalus clavatus in the brain of a squirrel monkey, Saimiri sciureus. Lab Anim Sci 1972; 22: 908-910.

6. Tantaleán M, Gozalo A. Parásitos de Bothrops atrox (Viperidae) de la Amazonía Peruana. Rey Asoc Med Vet Esp Anim Peq (Perú) 1985; 20: 11 -12.

7. Riley J. Pentastomids and the Inmune Response. Parasitol Today 1992; 8 (4): 133-137.

8. Fain A. La pentastomose chez I'homme. Bull Acad Roy Med Belg Ser VI 1960; 25: 516-532.

9. Self JT, Hopps HC, Williams AOPentastomiasis in Africans. Trop Geogr Med 1975; 271-13.

10. Acha PN, Szyfres B, Zoonosis y enfermedades transmisibles comunes al hombre va lo sanimales. 2a ed. Publicación Científica No. 503. Washington D.C.: Organización Panamericana de la Salud. 1986: 989.

11. Prathap K, Lau KS, Bolton JM. Pentastomiasis: A common finding at autopsy among Malaysian aborigines. Am J Trop Med Hyg. 1969; 18: 20-27.


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