EPIDEMIOLOGÍA E INFORMACIÓN
EPIDEMIOLÓGICA La epidemiología como ciencia se confunde muchas veces con la denominada información epidemiológica, de la misma forma en que la ciencia estadística es confundida con la información estadística. Esta confusión ha llevado a pensar que la epidemiología se reduce a un sistema de información que va a ser utilizado de diferentes formas, principalmente en salud pública. Pero la información epidemiológica ni es patrimonio de la epidemiología, ni se reduce a lo que comúnmente se denomina como tal. Así, por ejemplo, las estadísticas de natalidad y mortalidad pertenecen más bien al campo de la información demográfica y cumplen con fines más amplios que las necesidades de la epidemiología o la salud pública; del mismo modo la información sobre morbilidad, tal cual es recogida en la actualidad, obedece mayormente a necesidades administrativas que a requerimientos o necesidades de la investigación epidemiológica. De otro lado, la investigación ep¡demiológica con frecuencia requiere de información que formalmente puede estar muy alejada del campo sanitario; sin embargo, es relevante para determinados fines. La introducción del concepto de vigilancia epidemiológica amplió esta concepción simplista del uso de la epidemiología en Salud Pública. La vigilancia epidemiológica se plantea como un sistema de inteligencia sanitaria, donde lo más importante, pero paradójicamente más descuidado, es la interpretación del dato y la acción que sigue a la información generada por el sistema. El sistema debería funcionar como un sensible captador de datos, que introduce éstos en un proceso donde los convierta en información útil para la toma de decisiones. Un ejemplo interesante de como funciona este sistema, es el caso del inicio de los estudios del SIDA en el CDC (Centro para el Control de Enfermedades de los Estados Unidos) donde el sistema se alertó no por la notificación de una enfermedad, sino por el consumo inusual de un medicamento cuyo uso estaba restringido a cierto tipo de enfermedad. En ausencia de este sistema de inteligencia, el dato, recogido rutinariamente con otros fines, habría pasado inadvertido. Es, pues, indispensable que haya un equipo de gente que analice, interprete y le dé significado al dato, de modo tal que pueda plantear o resolver problemas. De esto se deduce que más que unidades informantes, vías de comunicación, sistemas de procesamiento, lo que implica un sistema de vigilancia son unidades de inteligencia que busquen y usen la información. La vigilancia epidemiológica es información para la acción, reza una conocida frase en salud pública. Pero en el trabajo cotidiano da la impresión que para muchos no está claro que se quiere decir con acción ni quien la debe tomar. Esa acción bien podría ser la búsqueda de más información o bien podría ser la de alertar a un sistema de respuesta que permita tomar ciertas medidas de control o prevención. Salvo en situaciones extremas, esto no es lo que regularmente ocurre en nuestro medio con la información. La causa es el escaso número de equipos profesionales que se encargue de esta tarea, puesto que el sistema está concebido sobre la base de unidades notificantes y no de unidades de inteligencia, que en pocas palabras significa unidades de epidemiología. Pero, se dirá, estas unidades existen. Cierto, pero en la mayoría de casos éstas, más que unidades de epidemiología concebidas como unidades de inteligencia son unidades registradoras y transmisoras de datos, que muchas veces tienen que competir con sistemas de información más específicos. Esta limitada idea de vigilancia epidemiológica ha conducido a que en la mayoría de establecimientos de salud se considere que el encargado de epidemiología no requiere una calificación particular, y que cualquier profesional puede asumir el rol de epidemiólogo de la noche a la mañana. Así se hicieron muchos "epidemiólogos" en el país, y aunque se están realizando esfuerzos para que las cosas cambien el problema todavía persiste en muchas partes. También, por este error de concepción, alguna vez se pensó que el problema de la vigilancia epidemiológica en el país se resolvía mejorando la rapidez, la fluidez y la oportunidad del dato. Pero la tozuda realidad se encargó de demostrar que tampoco ahí estaba el problema, pues pese a los esfuerzos que se hicieron y la disponibilidad de nuevos recursos tecnológicos, el problema ha subsistido. No, no es asunto de rapidez, aunque ésta sea deseable; es asunto de que existan esas unidades de inteligencia, y que esas unidades sepan qué hacer con la información y cuándo y dónde apretar el sistema de respuesta antes de que el hecho se convierta en noticia y la prensa haga las veces de unidad de epidemiología. En la historia de la epidemiología, como en la de muchas otras ciencias, el dato sólo ha cobrado sentido en manos de quienes le dieron "vida". El dato registrado, probablemente recogido con otros propósitos, no es nada a menos que sea convertido en información dotada de sentido dentro de un sistema interpretativo de la realidad. He aquí el quid del asunto. W Farr, Goldberger y otros no inventaron los datos que dieron inicio a sus originales investigaciones, ellos tomaron el dato existente, lo analizaron, buscaron más datos, y finalmente lo incorporaron en un sistema interpretativo. Esto es epidemiología. ¿Sucede esto en nuestras unidades de epidemiología? Muy pocas veces, pese a que esta es la idea de fondo del sistema de vigilancia. Por el contrario, vemos con frecuencia unidades de epidemiología atrapadas en tarea de recoger y transmitir información, sin mayor tiempo ni recursos para ejercer la función de inteligencia epidemiológica. De otro lado, sin las exigencias de una unidad de inteligencia, el sistema de información en salud tampoco tiene posibilidades de mejorar en calidad y eficiencia. En este simple, singular y vital uso de la epidemiología en la salud pública, se ve con claridad las limitaciones que se producen a consecuencia de una equivocada percepción de lo que es epidemiología y de su rol en el sistema de salud. La epidemiología es una ciencia que busca constantemente explicaciones científicas acerca de las causas que desencadenan y mantienen procesos epidémicos. Para ello el epidemiólogo usa el método científico, gracias al cual puede hacer observaciones sistemáticas, plantear hipótesis, ordenar y concatenar hechos aparentemente inconexos, y diseñar intervenciones para interrumpir o controlar el proceso epidémico. Tener claridad respecto a esto, es el requisto para que el sistema de salud haga un adecuado uso de la epidemiología; de lo contrario se seguirá confundiendo el dato con la ciencia, los instrumentos con el conocimiento, la realidad con la apariencia.
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