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PRESENTACIÓN

 

La relación de Jorge Basadre con San Marcos comprende varias etapas de una intensa historia. La más temprana y entrañable de ellas corresponde a sus años de estudiante universitario, a sus experiencias iniciales en la investigación y la docencia. Apenas cumplidos los 16 años de edad y recién matriculado en la Facultad de Letras, Basadre participará en las luchas por la reforma universitaria. En medio de las tensiones y conflictos generados por la pelea reformista, se formó un grupo de estudios llamado Conversatorio Universitario y cuyos integrantes eran destacados alumnos y entre ellos el propio Jorge Basadre. En 1921 este grupo fue presentado en las páginas de la revista Mundial por el poeta José Gálvez bautizándolo con el nombre de Generación del Centenario, la que luego se convertiría, como es admitido por muchos, en una de las más prestigiosas y fecundas de todas las habidas en el transcurso del Perú republicano. Basadre también integró la delegación estudiantil que participó en el primer congreso de estudiantes que en 1920 se realizó en la ciudad del Cusco donde se discutieron y acordaron un conjunto de reivindicaciones tendientes a la democratización de la universidad y la sociedad peruanas. Los años 20 se desarrollan en el Perú corrientes ideológicas y políticas modernas, básicamente de carácter democrático nacional y socialista y, en la partida, son de común orientación antioligárquica y anti-imperialista; también adquieren mayor presencia movimientos intelectuales como el indigenismo enfrentado a los hispanistas asociados desde siempre al poder del Perú oficial. Basadre no es ajeno a estas nuevas corrientes, tiene simpatías por ellas pero no toma partido ni interviene en sus polémicas muchas veces candentes y apasionadas. En los últimos años de aquella década, es víctima de persecuciones y encarcelamientos por orden de Leguía pero, al mismo tiempo, publica sus primeros trabajos de crítica literaria y de investigación histórica.

En el trascurso de los años 30 y comienzos de los 40, con una larga interrupción debido a viajes de estudio en el extranjero, Basadre se desempeña como profesor de historia y director de la Biblioteca Central de San Marcos. También pone en marcha la organización de su más ambicioso proyecto, el de su Historia de la República, la misma que fue creciendo y desarrollándose a través de sus varias ediciones, habiendo arrancado con la primera edición de 1939. Este período de renovado compromiso de Basadre con San Marcos, aparece atravesado por tensiones y conflictos, no tanto con los estudiantes sino con ciertas autoridades y con la burocracia que antes de facilitar el quehacer académico e intelectual lo entorpecían. Por estas razones, en 1942 se vio obligado a dejar la dirección de la Biblioteca Central a cuya modernización había contribuido imprimiendo continuidad a la tarea iniciada por su maestro Pedro Zulen.

Más tarde, entre mediados de los años 40 y durante los 50, el ya afamado historiador de la República, será Ministro de Educación en dos oportunidades, con gobiernos de orientación democrática, especie de débiles paréntesis en un país como el nuestro donde la mayor parte del tiempo el Estado empírico, como él lo llamaba, es manejado por desenfrenadas dictaduras al servicio de los explotadores y dominadores de siempre. Por otra parte, Basadre aún continuaba desplegando su labor docente en San Marcos, pero entonces ya tenía que hacer frente a la indiferencia o el desplante de estudiantes que lo consideraban, quizás, un independiente no comprometido vitalmente con las causas populares o alguien que no era un combatiente activamente contra la dictadura de Odría. En tales circunstancias, en los inicios del 50, Basadre se alejó definitivamente de las aulas sanmarquinas.

Finalmente, desde el distanciamiento sin rencores, como correspondía a su edad madura y crecido prestigio, durante las décadas de los 60 y 70, seguramente Basadre sabía que el liderazgo político de los estudiantes en San Marcos había sido hegemonizado por izquierdistas radicales, que lo consideraban un historiador tradicional, cuando no conservador, y que no estarían dispuestos a admitir su retorno a las aulas. Contra toda clase de conflictos y mezquindades, su obra de historiador nunca dejó de ser una permanente construcción y quizás, por eso, su más notable herencia es una sólida obra culminada con el nombre de Historia de la República, cantera fecunda para quienes buscan profundizar la investigación de temas especializados de este periodo de nuestra historia.



Ciudad Universitaria, febrero de 2003.


Manuel Valladares Quijano
Jefe de la Biblioteca Central Pedro Zulen

 

          
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