letrero_cir_vic.gif (8571 bytes) CREACION

                                       LA JOVEN POESIA
                                                          EN SAN MARCOS


Testimonio y Antología
por Roger Santiváñez


       Toda antología es en parte subjetiva, tanto para el que la realiza como para el que la juzga. En consecuencia, resulta difícil poder alcanzar la selección idónea y la satisfacción completa.

                       Concientes de este criterio publicamos una antología (que es a la vez un testimonio personal de su autor) de la poesía reciente hecha por sanmarquinos. Ella fue preparada especialmente por nuestro colaborador, Róger Santiváñez.
Si bien en esta selección es notoria la ausencia de algunos poetas y de otros que despuntan como tales, creemos necesario señalar que ésta no es una visión definitiva del autor y que Inkarrí comparte tal opinión, y por lo tanto ofrecerá sus págínas a otras maneras de entender el proceso poético sanmarquino.

                       Cuando llegué a San Marcos –o más precisamente al Patio de Letras– en el invierno de l975, el movimiento de la poesía vivía cierto reflujo. Habían cesado las revistas Alma Matinal y Textos. La primera –interdisciplinaria– contaba en el campo de la literatura con la actividad personalísima de Alfredo Madrid, joven y talentoso escritor incomprensiblemente muerto antes de tiempo, por un destino contra el que siempre nos rebelaremos.

                        La segunda, editada por el Centro de Estudiantes de Literatura (CEL), bajo la responsabilidad de Carlos Orellana, había publicado a tres interesantes poetas jóvenes: Luis Alberto Castillo, Cronwel Jara y Enrique Sánchez Hernani. Todo esto había ocurrido hasta 1974.

                        Ante el vacío panorama y la inercia, Mito Tumi y Castillo –al momento de mi llegada– hablaban de sacar una revista que difundiera la joven poesía de San Marcos. Habiendo trabado amistad con ellos –reunidos bajo la soledad de Lima– fui de la partida que logró lanzar la revista en el otoño de 1976 con el nombre de Escritura. En sus tres números aparecieron poemas de Rosa Carbonel, Carlos Orellana, José Morales, Guillermo Falconí, Jara, Sánchez H. –entre otros– y acogió a los entonces novísimos J.L. Dammert, Jorge Roncal y Orlando Germán.

                        El postulado básico de Escritura podría definirse en la exigencia de una alta calidad formal, no nos interesaba mayormente el contenido o si se quiere la ideología del poema. Pero llegó el 19 de Julio de 1977 y  arrasó con todo. Cesáreo Martínez que había publicado un texto francamente metafísico en Escritura, deviene en una poesía abiertamente política, lanzando el controvertido Poema Coyuntural. Surge en nosotros un nuevo proyecto poético virando hacia el marxismo. Luis Alberto Castillo    y yo nos embarcamos en él, conjuntamente con Enrique Sánchez Hernani y jóvenes de la U. Católica. Se disuelve Escritura. Fundamos La Sagrada Familia mientrasMitoTumi opta por la ataraxia.

                       Un proceso similar corrió la revista Disturbios de Jaime Urco, Marcela Garay y J. Roncal. Este último aceleradamente politizado y Gonzalo Espino organizan el taller 19 de Julio lanzando un único número de Arcilla.

                       Ya en 1978, comienza a activar Esteban Quiróz y la revista Lluvia, logrando convertirse en él hoy nutrido grupo de trabajo Río. Aparte de la continuidad de la revista y diversas publicaciones, este grupo cuenta con uno de los más interesantes poetas jóvenes recientemente aparecidos en San Marcos: Pedro Escribano.

                       Así mismo tiene anunciada la edición del primer libro de Orlando Germán, cuya poesía llamará la atención –estamos seguros– en breve. Por ese tiempo entran a La Sagrada Familia Oscar Malca y Julio Heredia, quienes con Dalmacia Ruiz-Rosas –que había entrado un poco antes con una clara posición marxista– serán la sangre joven que renovará al grupo. Todos eran de San Marcos.

                       El círculo que conformaban Julio Heredia, Fela Barrueto, Mariela Dreyfus, lrene Vásquez, Jaime Luna Victoria, Guillermo Altamirano hizo posible la aparición solitaria de Warmakuyay –un solo número–, editada por el CEL. La revista publicó excelente material de Cronwel Jara, Cesáreo Martínez, Orlando Germán –entre otros–.

                       También ese año inicia tu publicación la revista Qlisgen. A lo largo de sus números esta revista ha dado a conocer a dos poetas interesantes: Rodolfo Milla y sobre todo Víctor Tataje, que se distingue por la preocupaci6n.con que asume la escritura.
Más recientemente y buscando una comunicación más directa –políticamente hablando– se vienen editando hojas en formato tabloide: es el caso de Letrapueblo de Jorge Roncal y de Qantu dirigida por Gonzalo Espino del taller Oquendo de Amat, donde destaca la poesía quechua de Dida Aguirre.

                        Después de la disolución de La Sagrada Familia O. Malca y J. Heredia se unen a Patricia Alba y José Mazzotti para publicar Sic. Estos jóvenes poseen un talento en pleno despegue. Juncalí y La casa de cartón son las dos revistas que impulsa Sandro Chiri, joven poeta no aficionado a los grupos. Más solitario es Gonzalo Mendoza Nación, cuya insularidad es casi un desgarramiento. Lo mismo puede decirse de Iván Suárez –aunque más politizado– y de Ricardo Gonzales, Juan Carlos Coya o Jorge Colán, cuyas prosas cortas revelan un logrado trabajo del lenguaje popular.

                        Otra marginal es Cilette Chávez Tafur, ya decidida a romper el silencio. Raíces Edicas es la revista de Nérida Adrianzén, Fernando Obregón y Guillermo Gutiérrez. De estos tres jóvenes –archinovísimos– llama la atención Gutiérrez por la violencia con que asume la poesía.

                         En los programas de Ciencias Sociales, a despecho de la científica formación académica, la poesía ha proyectado su sombra rebelde sobre varios estudiantes: es el caso de Guillermo Falconí, César Valcárcel y Max Castillo. Este último edita Campo de concentración con Oscar Orellana, procedente de una zona más extraña: Matemáticas Puras.
    
                         A esta altura del recuento cabría hacer una breve reflexión interpretativa. Desde los años 77-78 la agudización de la lucha de clases, abrió una discusión en torno a las posibilidades de contribuir a la causa de los explotados con una poesía de filiación ideológica marxista. Esta preocupación no ha sido en San Marcos, un juego intelectual, sino realidad vivida, recibiendo y contestando golpe por golpe la crisis económica y la guerra contra la burguesía. La politizaci6n es un hecho auténtico, enmarcado en el esfuerzo por construir una poesía alternativas la de las clases dominantes.

                         Todo el movimiento de grupos y revistas reseñado anteriormente se explica en este proyecto. Con aciertos y desaciertos esta opción creadora es la característica principal del actual proceso de la poesía peruana, en el que los jóvenes de San Marcos aportan toda su experiencia social, su desesperación, su lucidez y su talento.
En esta selección hay por lo menos dos ausencias notorias: Escribano y Germán, con quienes no me ha sido posible contactar. Ellos y otros ausentes –por razones de espacio– aparecerán en la próxima entrega. Finalizo dejando constancia de mi reconocimiento a los autores, por haber confiado a mis manos, este notable material de poesía.

Villacampa del Rímac, 28 de Octubre de 1980.

                      (Tomado de: Santiváñez, Roger. “La joven poesía en San Marcos :
                           Testimonio y antología”. En:
Inkarrí. No. 2. Lima, abril 1981;
                                                             p. 94-96.)


 

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