| Boletín de la Sociedad Peruana de
Medicina Interna - Vol.14 Nº 2 - 2001 |
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Editorial
Medicinas alternativas y complementarias
Oscar G. Pamo Reyna
No hace mucho fui invitado a hablar sobre
Medicina Alopática dentro de un curso sobre Medicinas Alternativas y Complementarias1.
Lo primero que pude apreciar fue que mis colegas se extrañaron al saber el título del
tema pues supusieron que hablaría sobre cosas esotéricas. En segundo lugar, me llamó la
atención la numerosa asistencia a este curso, corroborando la apreciación de otros
colegas sobre lo atractivo que, en los últimos años, también resulta este tipo de
materias en los cursos que se desarrollan en el extranjero, especialmente en los países
desarrollados.
Medicina alopática es la medicina que ejercemos, es la medicina científica, académica o
convencional. Fue llamada así en oposición a la medicina homeopática que surgió en
Europa a mediados del siglo XIX.
Con los nuevos conocimientos, a partir del siglo XVII, la medicina clásica o
hipocrática, que devino en medieval, fue tomando un nuevo cariz de tal modo que a
mediados del siglo XIX teníamos el embrión de lo que ahora es la medicina moderna. A la
medicina hipocrática, que se transformaba en moderna, le salió al paso otra medicina que
se denominó homeopática y por exclusión la primera fue llamada alopática.
A diferencia de la medicina hipocrática, de la que uno de sus principales principios es
el de curar por los contrarios u opuestos (contraria contrarii curantur) nació
la medicina homeopática bajo los auspicios del médico alemán Samuel Hahnemann
(1755-1843) y que curaba por los símiles (similia similibus curantur), es decir
con sustancias que reproducían los síntomas de la enfermedad si eran administradas en
dosis muy pequeñas (potenciación).
En realidad, nuestra llamada medicina occidental, heredera de la medicina hipocrática,
nunca estuvo sola pues siempre han habido tantas formas de curar como grupos humanos o
culturas han existido. Es cierto también que muchas veces estas medicinas o formas de
curar han tenido denominadores comunes, bien sea por influencia de una sobre otras o por
simples coincidencias. Esto último nos lleva a especular sobre un patrón primario en la
forma de pensar y actuar de la especie humana.
El reconocer que siempre han existido varias formas de tratar de curar o de aliviar el
dolor y el sufrimiento, obedeciendo a concepciones empíricas, religiosas o racionales, es
muy importante. Cuando los españoles llegaron a lo que ahora es el continente americano
encontraron diversas etnias y artes curanderiles desconocidos para ellos.
En lo que nos concierne, con la medicina europea medieval que heredamos se desarrollaron
paralelamente otras medicinas que fusionaron los elementos nativos con los recién
llegados. Así se formó nuestra medicina folklórica que aún persiste con mucha
influencia en ciertos sectores de la población.
Esta medicina folklórica, heredera de las medicinas ancestrales de nuestras culturas
aborígenes o nativas, tiene diversos matices según la región de que se trate o del
grado de influencia de las manifestaciones culturales hispánicas o modernas. Actualmente,
aunque siempre ha ocurrido, es muy común encontrar pacientes que al no encontrar
solución a sus problemas de salud en la medicina que les ofrecemos, o al percibir nuestra
incapacidad cultural de llegar a ellos, recurren a algunas de estas medicinas
folklóricas.
La medicina folklórica tiene como una de sus características principales el hecho de que
se basa en la tradición oral y, por ende, cambia continuamente en el tiempo. Además,
incorpora una serie de elementos culturales que no le son propios tal que pasan a formar
cuerpo de ella. Y, es una forma de medicina mágico-religiosa pues se sostiene
principalmente con la fe y la sugestión.
Con la sugestión, la medicina folklórica se encuentra en condiciones de lograr el alivio
de muchas molestias antes que de enfermedades. Esto no está mal si reconocemos que la
mayoría de las consultas de los pacientes son por molestias antes que por enfermedades.
No queremos dejar de reconocer la dosis de empirismo que tiene la medicina folklórica con
su herbolario medicinal. En efecto, muchas de las hierbas empleadas tiene una acción
farmacológica determinada es difícil reconocer o cuantificar dicha acción debido a las
mezclas de composición variable y arbitraria que se prescriben.
Una de los problemas que suele suscitarse con el ejercicio de la medicina folklórica es
el engaño o fraude ya que, al tener como pilares a la fe y la sugestión, este ejercicio
en manos de gente inescrupulosa fácilmente incurre en lo que se conoce como
charlatanería.
A diario vemos, junto a los anuncios de nuestra medicina convencional, las promociones de
quiroprácticos, de la masoterapia, de la irisdiagnosis, de la medicina ayurvédica,
naturoterapia, etc. Es decir, tenemos un hecho concreto: la medicina que ejercemos
coexiste, como siempre lo ha hecho, con otras medicinas. Estas son las actualmente
llamadas Medicinas Alternativas y Complementarias.
Aunque hay algunos estudios que sugieren que los remedios prescritos en estas alternativas
pudieran ser mejores que placebo hay que tener mucha cautela en aceptar estas conclusiones
pues dichos estudios no soportan el rigor de la prueba científica que caracteriza a
nuestra medicina.
También hay estudios que demuestran que muchas de estas formas alternativas de curar
pueden ser dañinas y, aún, mortales. Este ha sido el caso de algunas hierbas
hepatotóxicas.
Los Instituto de Salud de los Estados Unidos de Norteamérica, en 1992, trataron las
áreas más importantes de estas medicinas alternativas y trazaron las líneas de
investigación en este campo2. Y definió siete grupos de medicinas
alternativas:
1. Sistemas alternativos de práctica médica: comprende las medicinas folklóricas y los
sistemas organizados de cuidados de la salud, como la homeopatía, la naturopatía, la
acupuntura, etc.
2. Bioelectromagnéticos: el uso de los campos electromagnéticos para restablecer la
salud, especialmente en el tratamiento de la osteoartritis y las fracturas.
3. Dietas y nutrición: el uso de dietas especiales para restablecer o preservar la salud,
como la dieta macrobiótica y la medicina ortobiomolecular.
4. Hierbas: el uso de hierbas y plantas para promover y mejorar la salud. Muy usada en
nuestro medio para el alivio de diversas molestias.
5. Métodos de curación manual: basado en que la manipulación o los toques promueven o
mejoran la salud, como la quiropraxia, masajes, terapias de toques, etc. Nuestra versión
vernácula está dada por los hueseros.
6. La intervención mente-cuerpo: utiliza las interacciones mente-cuerpo para solucionar
los problemas de salud, como la psicoterapia, la hipnosis, la meditación, las oraciones,
etc.
7. Tratamientos farmacológicos o biológicos: el uso de fármacos o vacunas no aceptadas
por la medicina convencional, quelantes, megadosis de vitaminas, cartílago de tiburón,
etc.
En una encuesta realizada en los Estados Unidos de Norteamérica en 1997 se encontró que
el porcentaje de pacientes que concurría a algunas de estas formas alternativas de
medicina se había incrementado de 34% a 42% en los cinco años anteriores, significando
una cantidad importante de consultas y de dinero que se movilizaba en esos sistemas. Esta
preocupación se viene renovando en los últimos años. La proporción de adultos que
concurre a alguna de esta medicinas alternativas es mayor en algunos países como es el
caso de Alemania.
Dos ensayos publicados en una de las más importantes revistas médicas norteamericanas
llevan a la conclusión de que la recientemente incrementada percepción de las medicinas
alternativas representa un continuismo histórico de su pluralismo médico y un dramático
alejamiento del antagonismo yendo hacia un actual reconocimiento de la diversidad, que
quedan muchas cosas por precisar3. No se propone una definición de medicinas
alternativas porque se trata de una categoría residual compuesta por métodos curativos
heterogéneos y, mas bien, se propone otra clasificación. Esta consiste en dos amplias
condiciones: una principal denominada propiamente Medicinas Alternativas y
Complementarias, que comprende las mencionadas líneas arriba, y otra cultural
o religiosa o mística que abarca las etnomedicinas (curanderismos), las curaciones
religiosas y ciertas prácticas folklóricas4.
Esta tendencia de acudir a las medicinas alternativas empezó en los estados Unidos hace
unos cincuenta años y se muestra creciente para los siguientes veinticinco años,
afectando los sistemas de cuidados de la salud5.
Volviendo a lo nuestro, diremos que aparte de la continua presencia de la medicina
tradicional o folklórica, el ejercicio de las otras medicinas alternativas se ha
incrementado a juzgar por la variedad y cantidad de ofertas. Es de resaltar algunos
centros de estudios en algunas universidades, o de algunos institutos que se encargan de
su estudio, como el Instituto Nacional de Medicina Tradicional (INMETRA), o de
instituciones que han desarrollado un avanzado programa de atención para pacientes
crónicos como es el Programa de Medicina Complementaria de EsSalud, sin desmerecer el
trabajo de otros que no mencionaré porque escapa a la idea que se quiere resaltar.
En conclusión, los que tenemos una formación científica no nos queda más
que rendirnos ante las evidencias. Siempre hubo y hay otras medicinas que también hacen
lo que nosotros hacemos, parafraseando a Osler: curar rara vez, aliviar frecuentemente
pero siempre alentar.
REFERENCIAS
1- Encuentro Intercultural Las Otras Medicinas y la Salud (Medicinas
Complementarias, Naturales y Tradicionales). Organizado por el Colegio Médico del Perú,
el Instituto Nacional de Protección del Medio Ambiente para la Salud y EsSalud, 28-30 de
mayo del 2001, Lima.
2- Steyer TE. Complementary and Alternative Medicine: A Primer. Family Practice Management
March 2001. (http://www.aafporg/fpm/20010300/37comp.html)
3- Kaptchuk TJ y Eisenberg DM. Varietes of Healing. 1: Medical pluralism in the United
States. Ann Intern Med 2001; 135: 189-195
4- Kaptchuk TJ y Eisenberg DM. Varietes of Healing. 2: A Taxonomy of Unconventional
Healing Practices. Ann Intern Med 2001; 135: 196-204
5- Kessler RC et al. Long Term in the Use of Complementary and Alternative Medical
Therapies in the United States. Ann Intern Med 2001; 135: 262-268
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