Boletín de la Sociedad Peruana de Medicina Interna - Vol. 13 Nº1 - 2000

 

Las visitadoras de Pantaleón en los tiempos del SIDA


Oscar Pamo Reyna

El reciente film Pantaleón y las Visitadoras, basado en la novela de Vargas Llosa, ha concitado la atención del público peruano porque toca uno de los temas más controvertidos de la sexualidad humana: la prostitución. En el caso del film, y de la obra, se trata de la prostitución organizada dentro del Ejército para contener los desbordes sexuales, léase violaciones sexuales, por parte de la tropa destacada en la selva amazónica en agravio de las lugareñas. Esto originó preñeces inesperadas, dice el film. Los excesos sexuales habían traído consigo matrimonios forzosos, agravios a mujeres casadas, hasta "casos de mariconería y algunos de bestialismo", dice la novela.
Lo interesante, y que nos ha llamado la atención, es que en el film, al igual que en la obra, no obstante que en el primero la historia ha sido actualizada a los tiempos que vivimos, en ningún momento se hace alusión al sexo seguro que tanto preconizamos para disminuir las enfermedades de transmisión sexual (ETS), especialmente el temible SIDA
Los que hemos seguido de cerca a Vargas Llosa podemos darnos cuenta que en sus descripciones del mundillo puteril de la Lima y del Perú entre los años cincuenta y setenta ninguno de sus personajes contrajo enfermedad venérea alguna, o simplemente una venérea como se le conocía en ese entonces o, mejor aún, una quemada acorde con la jerga local muy usada en sus cuentos y novelas. En La Ciudad y los Perros recuerdo un pasaje relacionado con ladillas. En La Casa Verde, burdel en las afueras de una ciudad norteña, no recuerdo pasaje alguno relacionado con lo que estamos tratando. Lo mismo ocurre con Pantaleón y las Visitadoras, donde todo sucede de maravillas, pues se satisfacen los deseos carnales sin ningún problema. Que la tropa se vaya de putas los fines de semana resulta jocoso para el lector y el espectador. Claro, se puede argüir que las prostitutas están controladas pero en el film y en la obra nunca pasan por un examen médico ni son sometidas a exámenes auxiliares para el despistaje de ETS y tampoco se relata alguna circunstancia con la adquisición de estas.
En realidad, en los momentos actuales, el problema de la tropa no es no tener donde desfogar sus naturales impulsos sexuales contenidos durante la reclusión semanal a que obliga el Servicio Militar sino cómo evitar el contraer una enfermedad, una ETS, durante la satisfacción de dichos impulsos.
A continuación vamos a mostrar algunos estudios recientes sobre el comportamiento sexual de los jóvenes reclutas.
- De 62 integrantes de la base militar de la provincia de Sihuas, entre enero y junio de 1997, el promedio de pareja diferente fue de dos por mes, 42 (87.8%) nunca usaron preservativos y el resto lo hacía ocasionalmente, y 28 (53.9%) tenían el antecedente de una ETS alguna vez en su vida (1).
- De 306 reclutas de la base naval de San Lorenzo, en mayo de 1999, 222 (75.2%) tenían actividad sexual; el 35.1% tenía una pareja sexual mientras que el 21.6% tenía cuatro o más; 41 (18.5%) tenían relaciones con prostitutas; el 39.2% utilizaba el condón ocasionalmente y el 32.4% nunca lo usó; de aquellos que usaron preservativos, sólo tres cuartas partes de ellos lo hacía correctamente (2).
- De 178 reclutas de la base aérea del Callao, en junio de 1999, 156 (87.6%) refirieron tener vida sexual activa. De ellos, el 33.3% siempre usaba condones, el 38.4% lo hacía ocasionalmente y el 28.2% nunca lo usó. El 12.2% refirió conducta bisexual (3).
- De 52 reclutas del cuartel Miguel Cortez, de Sullana, Piura, en octubre de 1998, 38 (73.1%) tenían vida sexual activa; de ellos, 27 (71%) lo hacían con prostitutas, sólo 10 (26.3%) usaban siempre preservativos y 6 (15.7%) lo hacían ocasionalmente; y, de los que usaban preservativos, el 87.5% lo hacía desde el inicio del acto sexual. Nueve (23.6%) tuvieron contacto homosexual. Cuatro (10.5%) refirieron haber tenido una úlcera genital y uno con verruga genital (4).
- De 157 conscriptos de la base militar fronteriza Teniente López, en Andoas, Loreto, en abril de 1999, el 93% de ellos era sexualmente activo, el 85 % tenía relaciones sexuales con prostitutas y sólo el 60 % usaba condones. Y, el 90% opinó que los preservativos entregados eran muy gruesos, lo que aparentemente era el motivo para no usarlos. Las ETS diagnosticadas alguna vez entre ellos fueron gonorrea, en el 10%; herpes genital, dos casos; y, sífilis, un caso (5).
- De 286 reclutas de Cerro de Pasco y caseríos aledaños, 238 tenían vida sexual activa, el 9% refirió haber tenido una úlcera o secreción genital pero el conocimiento sobre las ETS fue muy rudimentario (6).
- Entre mayo de 1998 y abril de 1999, entre los soldados de la compañía Sanidad y Veterinaria N° 115 de Iquitos, se registró 115 casos de ETS: 51 (43.4%) de linfogranuloma venéreo, 43 (37.4%) de gonorrea, 19 (16.5%) de chancro blando, 2 (1.7%) de infección por VIH y uno (0.9%) de herpes genital. Dichos soldados tenían en común la promiscuidad sexual, el 100 % de ellos; relaciones sexuales con prostitutas, 46 (40%); y, relaciones con homosexuales, 69 (60%)(7).
Como podemos apreciar, el comportamiento sexual de la tropa es de alto riesgo para contraer una ETS.
Por otro lado, la prostitución no está en cuestión. Las honorables damas que la ejercen merecen todo nuestro respeto. Recuerdo las palabras de un viejo profesor, ya fallecido, el Dr. Max Arnillas Arana, para quien el proxeneta mayor y más grande del Perú era el propio Estado. Razón no le faltaba pues los lenocinios siempre funcionaron al amparo de la Ley. Y, cuando se les quiso prohibir el funcionamiento, la medicina resultaba ser peor que la enfermedad: Lima dejaba de tener un barrio rojo pero se convertía en una ciudad rosada. La prostitución clandestina se ubicaba en diversos puntos de la ciudad.
Para justificar la permisividad estatal se partía de la premisa de que en la prostitución legalizada, al someter a controles médicos periódicos a las prostitutas, la probabilidad de contraer una venérea se reducía. En realidad, la protección para los usuarios que brindaban los antiguos dispensarios antivenéreos consistía en la relativa detección de casos evidentes de enfermedad venérea (examen vaginal con espéculo, tinción para gonococo y VDRL) y en aplicar la quincenal dosis intramuscular de penicilina benzatínica a las prostitutas, profilaxis que estaba dirigido contra la sífilis mas no así con la larga lista de ETS que ahora reconocemos mejor pero que ya existían en ese entonces.
La seroprevalencia para VIH en nuestro medio entre las prostitutas, o trabajadoras sexuales, como se prefiere llamarlas ahora, ha estado por debajo del 1%, en promedio, per puede ser mayor en algunas regiones (8-10). Mucho ha tenido que ver con esto la campaña del Programa de Control de las ETS y SIDA (PROCETSS) del Ministerio de Salud. En efecto, el uso del preservativo por parte de las trabajadoras sexuales ha sido un factor importante en el control de la infección por el VIH aunque las ETS´s en general siguen siendo un problema (11).
Una prostitución organizada sería una aparente solución inmediata al problema de los reclutas. Digo aparente porque la cosa no es sencilla. La prostitución legalizada o el ejercicio de las prostitutas "carnetizadas" aún tiene sus riesgos. Y, probablemente, este riesgo será mayor en las prostitutas "no carnetizadas" o clandestinas.
Lo más importante sería la educación sexual. Pero, esto es una solución mediata o de muy largo plazo porque supone empezar en los hogares y en la escuela, antes de que empiece el despertar de la sexualidad y mucho antes de que lleguen a la edad de ser convocados al Servicio Militar.
Un detalle que no quiero pasar por alto. Cuando se escribió la novela el Servicio Militar era exclusivo para los varones. Desde hace varios años las mujeres también participan en dicho servicio. Por tanto, cabe preguntarnos si ellas también tendrían derecho a algún tipo de beneficio o facilidad sexual.
En el momento de escribir esta nota, diciembre pasado, la publicidad anunciaba que el film había sido visto por 750 000 personas y la cifra seguía aumentando. Por otro lado, es necesario conocer que el promedio anual de casos de SIDA en el país, entre 1995 y 1999 fue de 1 039; que en el 96% de los casos la transmisión fue por la vía sexual; que existen unos 7 000 casos con SIDA registrados, de los que el 60% ha fallecido, y unos 70 000 infectados con el VIH, cifras que pueden quedar cortas por el subregistro (12).
Por esto considero que realmente se perdió una gran oportunidad para reforzar el mensaje de sexo seguro que todas las instituciones de salud vienen predicando. Más aún, ahora que estamos en la era del marketing, la publicidad indirecta o subliminal de determinada marca de preservativo en algunas escenas del film hubiera sido vendida fácilmente y a buen precio.
Lo que he querido resaltar es que la ficción novelística le quedó corta al autor ante la contundencia de la realidad. Pues, como podemos inferir, el problema mayor de un desborde sexual sería la alta probabilidad de adquirir una ETS, lo cual sí justificaría un sistema de prostitución organizada, y no los desatinos sexuales a los que aluden la novela y el film.