| EDITORIAL ¿Cómo podemos mejorar la atención
médica de los
peruanos en el próximo milenio?
Miguel E. Campos *
Como nuevo secretario de Filiales de la
Sociedad Peruana de Medicina Interna (SPMI), en lo que va del año he tenido ocasión de
entrevistarme con colegas de la especialidad que trabajan en centros médicos, privados o
estatales, y que atienden a pacientes de todos los estratos sociales, tanto en Lima como
en provincias. Así he llegado a conocer y comparar los problemas y vicisitudes de ambos
-médicos y pacientes en su diario batallar con tantas enfermedades prevalentes
(clásicas, emergentes o reemergentes).
Me ha causado honda preocupación el que en muchos hospitales grandes los médicos se ven
frecuentemente limitados en la práctica de la medicina que saben hacer debido a las
restricciones impuestas por las cada vez más poderosas compañías de seguros (privadas o
no) y a las directivas establecidas por los mismos jefes de los hospitales; por ejemplo,
las prohibiciones de enviar muestras de sangre a laboratorios particulares para verificar
un resultado anormal o de prescribir medicamentos que pueden adquirirse fuera, dado que
"hay que usar el armamentario de genéricos del hospital".
Todo esto se traduce en la pobre atención médica que recibe la mayoría de nuestros
compatriotas afectados por la crisis económica y que tienen la mala suerte de caer
enfermos. Dentro de mi práctica de medicina privada, algunos de mis pacientes que han
tenido que recurrir a los hospitales grandes o a sus servicios de emergencia, testimonian
igualmente graves problemas o complicaciones, los cuales consignamos parcialmente:
1. Falta de recursos materiales para brindar una buena atención médica, ya que
"somos un país... pobre y existen otras prioridades económicas".
2. Abusivas compañías de seguros que con cualquier pretexto cancelan sus beneficios a
los pacientes mayores de 65 años (¡los que más los necesitan!), se niegan a retribuir
los gastos cuando "se trata de una enfermedad preexistente" o no aceptan cubrir
los de un tratamiento preventivo.
3. Pobre atención médica integral en los hospitales grandes: camas precarias y poco
confortables, muchas veces sin almohadas; confinamiento casi permanente de los pacientes
("están tirados en sus camas"); enfoque parcial del tratamiento al anciano
pobre, concentrándose en el problema agudo que lo lleva al hospital y desatendiendo otros
males y deficiencias que pueda presentar, tal como la malnutrición; atención
despersonalizada y nulo seguimiento de cada paciente por parte de un médico primario, que
se responsabilice por él.
4. En general deficiente Educación médica Continua (EMC), o limitada a la que ofrece la
industria farmacéutica.
5. Excesiva oferta de medicamentos genéricos (algunos de dudosa procedencia o faltos de
control) y poca efectividad de los mismos, características que muchos colegas no
mencionan para no ser acusados de rebeldía ante "las disposiciones que vienen de
arriba".
6. Escasa credibilidad de los laboratorios de hospitales "pobres" (sobre todo en
los análisis bacteriológicos), agravada por la prohibición arriba mencionada de
verificar los resultados en laboratorios particulares, "para cuidar el prestigio del
hospital". Por esta razón, muchos de nuestros colegas tienen que recurrir a terapias
empíricas, o tratar sólo los síntomas reportados por cl paciente. Un aspecto
particularmente álgido es la precaria atención que reciben los pacientes con SIDA,
inclusive en Lima.
7. Nula información al paciente de alta sobre su hospitalización. Si requiere reiniciar
o continuar su tratamiento, su nuevo médico no tendrá acceso a su historia clínica.
8. Alta incidencia de reacciones adversas a medicamentos (RAM's), algunas de ellas
mortales. Lo grave es que los colegas responsables las ignoran o no las reportan porque
"no hay donde hacerlo". He aquí algunos ejemplos:
- Recetar Ergoven a paciente con vasculitis, fiebre y cefalea, produciéndole cianosis
grave en ambas manos (típico caso de "ergotismo").
- Recetar 60 mg I.M. de Ketoralaco a anciano de 82 años con lumbago (el paciente murio a
las 48 horas por insuficiencia renal y shock).
- USO indiscriminado de Indometacina genérica ¡en ancianos! (a veces hasta 90 cápsulas
por mes) o del Nifedipino de corta duración para "crisis hipertensivas", a
pesar de los reportes en contra (algún nefrólogo me replicó que se usaba de rutina y
"sin ningún problema" por tenerlo en abundancia en su hospital).
- Empleo de varias ampollas de AINES parenterales para aliviar o prevenir el dolor
postoperatorio, porque los cirujanos o médicos jóvenes tienen en cuenta sólo sus
propiedades analgésicas, olvidando que también son antiinflamatorios, interfieren con la
cicatrización y alteran la función plaquetaria, propiciando cl sangrado en el
postoperatorio.
- Uso de medicinas obsoletas: Terfenadina, Indometacina, Clorpropamida, Dextropropoxifeno,
Diazepam en ancianos, Nifedipino sublingual, etc.
Entre otras posibles soluciones sugerimos las siguientes:
- Cada hospital debe tener, además de su director médico, otro director médico
académico, que asegure actividades de EMC en el hospital.
- Creación de comités para lograr una óptima atención al paciente (de infecciones
intrahospitalarias, de atención al gerente, al paciente diabético, al adicto al tabaco,
al alcohólico). Uno de los más importantes seria un comité terapéutico y de
adquisición de medicinas, conformado no por burócratas sino por profesionales médicos
activos, que se encargaría de depurar periódicamente las medicinas obsoletas y de
recibir los reportes de RAM's en el hospital.
- Enfatizar la responsabilidad personal de cada médico de actualizar su EMC y su libertad
para solicitar las interconsultas que considere necesarias.
- Además de las conferencias magistrales "para todo el hospital", dar
facilidades para la realización de frecuentes rounds clínicos, con visitas a los
pacientes, invitando a catedráticos o miembros de las diferentes sociedades médicas.
- Exigir la permanente actualización de las charlas científicas, patrocinadas por el
propio hospital o por los laboratorios de la industria farmacéutica.
- Nombrar (o contratar) internistas para cada piso de especialidad del hospital, en
constante interacción, para una mejor terapéutica y para evitar las comunes RAM's. Si
fuera posible, asignar a cada paciente un internista-clínico como médico de cabecera,
cuyo rol seria determinante en los pisos de cirugía, al decidir junto con el cirujano
sobre la procedencia y oportunidad de una operación y sobre el tratamiento pre y
postoperatorio.
- Cada paciente de alta recibirá una tarjeta, qUe debe llevar siempre consigo, donde se
precisarán los eventos (favorables o adversos) de su hospitalización.
- Instalación de un buzón de sugerencias, donde los colegas puedan manifestar sus
experiencias o sus denuncias.
Estoy seguro de que estas muy personales opiniones generarán muchas controversias,
especialmente entre las autoridades de los hospitales que no aceptan o no quieren hacer
públicos estos problemas. La SPMI tiene el mayor interés en conocer las opiniones y
consejos que al respecto puedan hacernos llegar nuestros colegas. Nuestra meta es mejorar
la atención de nuestros pacientes ahora que comenzamos el tercer milenio.
* Fellow American College, of Physicians
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